P. BASILIO MÉRAMO: CLAUDICACIÓN DESAPERCIBIDA

CLAUDICACIÓN DESAPERCIBIDA

Recordar es tarea ingrata muchas veces, y ahora, cuando la mayoría de los sacerdotes y fieles lo han olvidado o no lo quieren recordar, se les puede decir las sabias palabras del gran Martín Fierro:

«Es la memoria un gran don,

calidá muy meritoria;

y aquéllos que en esta historia

sospechen que les doy palo,

sepan que olvidar lo malo,

también es tener memoria».

Cuántos no se ruborizan cuando llega a sus puros, castos y cándidos oídos (cual rubicunda doncella virginal quinceañera) la afirmación categórica y contundente, proveniente de una santa intransigencia al decir: que Monseñor Fellay y su cúpula han vil y miserablemente claudicado. Esto es para muchos Superiores de Distrito como el Padre Trejo, quienes con argumentos, (razones) desprovistos de lógica y sin inteligencia, tildan de desequilibrados a los pocos sacerdotes (incluido el que habla) que han tenido el valor de decir las cosas tal y como son, e incluso advirtiendo antes de que se verifiquen en los hechos.

Para otros sacerdotes (entre ellos algunos Priores), todo lo que sea dicho con firmeza y contundencia es una falta de respecto a la autoridad, no dándose cuenta que una autoridad desnaturalizada, al igual que la sal que se desaliniza, solo sirve para ser tirada y que la pise la gente. Por lo menos esto es lo que dicen las Sagradas Escrituras: «Si la sal pierde su salinidad ¿con qué se la salará? para nada vale ya, sino para la tiren fuera y la pise la gente». (Mt. 5, 13).

De todos modos, todo va de acuerdo al plan, como bien dijo Monseñor Fellay, y por etapas sucesivas bien dosificadas, no de golpe y porrazo sino con lenta maduración (cocción) para que nadie se asuste ni espante. Como en el cuento de la rana que si la echan viva al agua hirviendo salta y se salva, pero si se le entibia y se le hace creer que se trata de un suave y relajante baño, ésta (la rana) se apresura a comprar un buen jabón de tocador para quedar toda limpia y perfumada, con lo cual gustosa se entretiene hasta que, poco a poco (relajada con el calor que le adormece) cuando viene a ver, se encuentra completamente sumergida en su baño hirviente no pudiendo reaccionar ni saltar del agua, sino que se queda flotando en el agua que se había calentado, dosificada y lentamente, hasta su completa ebullición; quedando la rana lista para ser ingerida.

Recordemos la famosa declaración que hicieran todos los Superiores de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, el 6 de Julio de 1988 (con motivo de la excomunión latae sententiae a los Monseñores Lefebvre, de Castro Mayer y a los cuatro obispos que ellos consagraron el 30 de junio del mismo año en Ecône), en la Carta abierta al Cardenal Gantin, Prefecto de la Congregación de los Obispos, quién (cual payasito de turno) fue encargado de proclamar la parodia de excomunión; le escribieron así: «Eminencia, reunidos en torno al Superior General, los Superiores de Distrito, Seminarios y Casas Autónomas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, piensan conveniente expresarle respetuosamente las reflexiones siguientes. Usted creyó deber suyo, por su carta del 1 de Julio último, hacer saber su excomunión latae sentenciae a Su Excelencia Monseñor Marcel Lefebvre, a Su Excelencia Monseñor Antonio de Castro Mayer y a los cuatro obispos que ellos consagraron el 30 de Junio último en Ecône. [Ahora viene lo bueno] Quiera Usted mismo juzgar sobre el valor de una declaración que viene de una autoridad que, en su ejercicio, rompe con todos sus antecesores hasta el papa Pío XII, en el culto, enseñanzas y el gobierno de la Iglesia».

Esto parece que ya fue superado (olvidado), pues estas palabras por sí solas evidencian la verificación de una escisión o cisma por parte de la autoridad que blandió la excomunión, ya que en su ejercicio rompe con la Iglesia de siempre representada por todos los papas hasta Pío XII (inclusive), produciéndose un cisma en el culto, la doctrina y el gobierno de la Iglesia.

Pero no para aquí la cosa, en aquel entonces, se le enrostraba al Cardenal Gantin y con él, a toda la curia Romana oficial, que juzgasen ellos mismos: de qué lado se encontraba la ruptura, puesto que se les dice: «En cuanto a nosotros estamos en plena comunión con todos los Papas y todos los Obispos que han precedido el Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y enseñando el Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales. Quiera usted entonces juzgar de que lado se encuentra la ruptura. Estamos extremadamente tristes por la ceguera de espíritu y el endurecimiento de corazón de las autoridades romanas». Pero esto no es todo, como si por caso esto fuera poco, se les llega a decir con firme y tenaz valentía (cosa que ya no se dice): «Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a si mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Misae, el ecumenismo indiferentista y la laicización de la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable».

¡Ah caramba! Están diciendo que si ellos fuesen excomulgados al igual que los seis Obispos, eso sería el sello de garantía de su ortodoxia, cosa que hoy ya ni se piensa ni se dice. Pero continuemos con la valiente proclama que hoy es contradicha: «No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles». ¡Eureka! qué palabras valientes de paladines, cual quijotes defensores del bien, la verdad y la justicia, que brillan hoy por su ausencia, pues se volvieron feminoides, débiles y timoratos, puesto que hoy dicen que esas excomuniones son una afrenta, una ignominia y un obstáculo para el apostolado; les cerraban las puertas, haciéndose necesario quitar esa etiqueta infamante y dejar de ser mirados como un zoo (es decir como animales de un zoológico), y otras cosas por el estilo, todo lo cual se encuentra en la Carta de Monseñor Fellay de 31 de enero de 2009.

Todo lo anterior denota que hoy hay otro enfoque, otra visión, otra concepción en la cúpula de la Fraternidad, es decir, mentalmente han sido abusados y violados por el imperativo de la Revolución Anticristiana y Modernista. Pasaron de ser vírgenes sabias a vírgenes bobas, sin lámpara ni luz, tontas y estúpidas, que aunque muy virgencitas, por tontas e imbéciles se condenaron.

¡Sí señores, son unos perjuros! Pidieron ser excomulgados en muestra de solidaridad a Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer y hoy piden lo contrario. Para colmo agradecen pública y solemnemente la actitud bondadosa y paternal de Benedicto XVI, reconociendo su magnánimo gesto en favor de la Tradición, que le limpia la cara llena de salivazos, incluso festejando con champaña, como hizo con supina imbecilidad el Padre de la Rocque, quién fuera uno de los teólogos en los diálogos doctrinales con Roma, posando con una enorme botella de champaña.

Todo esto es aberrante, denigrante, es bazofia que no sirve más que para ser esparcida y pisoteada como la sal que pierde su razón de ser (la salinidad). Pidieron en 1988 valientemente ser excomulgados del espíritu adúltero de la Nueva Iglesia postconciliar del Panteón de las religiones de Asís y hoy claudican con el manoseo espurio y vil de los diálogos en busca de acuerdos fornicarios con el error. Se parecen a la gran ramera, forneguera o prostituta que fornica con los reyes de la tierra, ya no se sienten con la valentía, la entereza y la pureza doctrinal para decir, como lo dijeron (en el pasado) en la mencionada carta: «El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina los seis Obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles». Esta distinción de honor y signo de ortodoxia son hoy una mancha, una infamia, un deshonor, etc. De hecho este estigma glorioso fue quitado por unánime petición y benévola aceptación según el plan de reinserción progresiva y gradual sugerido por la Roma modernista, no olvidemos que fue el Cardenal Castrillón Hoyos, como una medusa o sirena que astuta y viperinamente sopla a los oídos de Mons. Fellay, quien dijo: «Escríbale al Papa pidiéndole que levante las
excomuniones». (Sermón de Mons. Fellay en Flavigny del 2 de febrero de 2006).

Todo esto nos hace pensar en lo señalado en el pasaje suprimido del exorcismo de Papa León XIII: «Allí donde está constituida la Sede del bienaventurado Pedro y Cátedra de la verdad para luz de las gentes, allí pusieron el trono de la abominación de su impiedad; para que abatido el Pastor, puedan aniquilar también el rebaño». Esto es lo que fue anunciado por Nuestra Señora de La Salette al decir que: «La Iglesia será eclipsada» y que «Roma perderá la fe y será
la sede del Anticristo». También concuerda con lo que el Papa San Pío X dijo refiriéndose a la misión de la Iglesia y de su sagrado deber en mantener en esta tierra la doctrina de la verdad y de su imperio: «Cuando esta doctrina no pueda más guardarse incorruptible y que el imperio de la verdad no sea ya posible en este mundo, entonces el Hijo de Dios, aparecerá una segunda vez. Pero hasta ese último día, debemos mantener intacto el depósito sagrado y repetir la gloriosa declaración de San Hilario: ‘Más vale morir en este siglo que
corromper la castidad de la verdad’ «. (Pie X, Jérome Dal-Gal, 1953, p. 107-108). Y podemos, además decir, en el mismo sentido: más vale morir en este siglo que corromper la virginidad inmaculada de la verdad. Esto es lo que hoy y a partir del nefasto Concilio Vaticano II constituye la abominación de la desolación en Lugar Santo (la Iglesia), y por esto se habla en las Sagradas Escrituras de la Iglesia reducida a un pequeño rebaño (pusillus grex) en San Lucas 12, 32.

Como se podrá apreciar en las palabras San Pío X se desvela el misterioso obstáculo (el katejon) que de tiene la manifestación del Anticristo. De sus sabias palabras afloran, cual manantial de pura y fresca agua, cual sea el famoso y misterioso obstáculo, y es el imperio de la verdad por la Iglesia mantenido. Pues es esto lo que se revela de sus palabras.

¡Qué lejos estamos de aquella hermosa y firme proclama, y cuán lejos están hoy, cuán bajo han caído pero sin percatarse ni darse cuenta! Tan grande es la presión y muy poderosa la seducción. Han caído al fondo del abismo sumergidos en el putrefacto lodo. Son sus propias palabras las que los condenan. Y por si no bastara lo dicho, decían en aquel entonces, refiriéndose a los fieles: «Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista (…)» ¡Cuán lejos, cuán lejos estamos de todo esto!

Todo esto nos recuerda las palabras de Porfirio Díaz: «Pobre Méjico, tan lejos de
Dios y tan cerca de los Estados Unidos», y ahora guardando el paralelismo, podemos decir: Pobre Fraternidad Sacerdotal San Pío X, tan lejos de los Monseñores Lefebvre y de Castro Mayer (y de lo que ellos representaban con la Sacrosanta Tradición de la Iglesia), y tan cerca, tan cerca de Roma Apóstata y del Anticristo, al punto de un acuerdo.

Termino esta triste, dolorosa y dramática historia diciendo de todo corazón con el Martín Fierro:

«Mas naide se crea ofendido,

pues a ninguno incomodo;

y si canto de este modo

por encontrarlo oportuno,

no es para mal de ninguno

sinó para bien de todos«.

P. Basilio Méramo

                            Bogotá, 22 de agosto de 2012 Fiesta del Inmaculado Corazón de María