Sr. D. Fabián:
He leído con detenimiento la proclama de varios sacerdotes de EE. UU. proponiendo una reacción a los desvaríos de M. Fellay y sus adláteres, pero me ha causado una gran tristeza el observar que en la tesitura actual, la de 2012, con una posición totalmente descontextualizada en el tiempo, ya que la oportunidad de la consagración de Rusia caducó precisamente con la promulgación del conciliábulo V2, donde se desoyó la petición de Nuestra Señora y la antes Iglesia Católica se deslizó hacia posiciones contradictorias con la doctrina de siempre para desembocar en la triste posición de iglesia conciliar que ya no tiene nada que ver con la Iglesia que conservaba las notas de identidad, se pretenda poco menos, que meterse en la «máquina del tiempo» y retroceder 50 años atrás.
No se dan o no quieren darse cuenta de que esta época, como bien dicen los Rvdos. Padres: Méramo, Ceriani y Grosso entre otros, coinciden con los tiempos parusíacos donde ya no cabe la consagración de Rusia.
¿No se advierte que ésta es la última y definitiva crisis que se ajusta, sin ningún género de dudas, con la gran apostasía apocalíptica de la que nos habla la Escritura?
Ahí está el punto discriminante del problema, los que esperan la venida de Ntro. Señor en breve y la de aquellos que a base de «músculos», intentan solucionar un problema de por sí irresoluto. Es una posición que se puede parangonar muy de cerca con la de M. Fellay, que cual «gurú iluminado» pretende dar la vuelta a toda la revelación del Apocalipsis de S. Juan.
Es una verdadera pena que se comience una reacción que está abocada al más absoluto fracaso, siendo sus planteamientos los mismos que los de la Neofraternidad, aunque edulcorados no precisamente con lo fundamental, sino con vanas lindezas accidentales, más propias de ilusos nostálgicos que de teólogos conscientes.
Como bien dice el P. Méramo, faltan filosofía, teología y sentido de la historia. He ahí el problema.
M. L. Aguirrebengoa
