MONS. TISSIER DE MALLERAIS: SERMÓN EN LAS CONSAGRACIONES DE WINONA – 15 JUN – 2012

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En tanto va la traducción de la publicación de Rivarol…

RIVAROL

Mons. Tissier de Mallerais: «La fe está antes que la ley»

Rivarol: Se habla mucho de la «reintegración» inminente de la FSSPX a la «Iglesia oficial». ¿Qué es exactamente?

Mgr Tissier  de Mallerais: “Reintegración”: la palabra es falsa. La FSSPX jamás ha dejado la Iglesia. Ella está en el corazón de la Iglesia. Ahí donde está la predicación auténtica de la fe, ahí está la Iglesia. Este proyecto de “oficialización” de la FSSPX me deja indiferente. Nosotros no lo necesitamos y la Iglesia no lo necesita. Nosotros estamos ya sobre el pináculo, como un signo de contradicción que atrae las almas bien nacidas, que atrae mucho a jóvenes sacerdotes a pesar de nuestra situación de paria. Se quisiera poner nuestra luz bajo el celemín por nuestra integración en el orbe conciliar. Este estatus que se nos propone de prelatura personal, análoga a la del Opus Dei, es un estatus para un estado de paz. Pero actualmente estamos en un estado de guerra en la Iglesia. Sería una contradicción querer “regularizar la guerra”.

R: Pero algunos en la Fraternidad piensan que esto sería a pesar de todo una buena cosa. ¿No siente Ud. malestar por esta situación “irregular”?

Mons. Tissier: La irregularidad no es nuestra. Es de Roma. Una Roma modernista. Una Roma liberal que ha renunciado a Cristo Rey.  Una Roma que ha sido condenada por anticipado por todos los papas hasta la víspera del concilio. Por otra parte, la experiencia de las sociedades sacerdotales que se han unido a la Roma actual es que una tras otra, incluidos Campos y el Buen Pastor,  han sido puestos en situación de aceptar el Concilio Vaticano II.  Y se sabe a lo que ha llegado Mons. Rifan, de Campos, que ahora no ve más objeción para celebrar la nueva misa y que prohíbe a sus sacerdotes criticar el Concilio!

R: ¿Qué responde Ud. A quienes creen que Roma ha cambiado con Benedicto XVI?

Mons. Tissier: Es exacto que Benedicto XVI ha hecho algunos gestos a favor de la tradición. Principalmente al declarar que la misa tradicional no ha sido jamás suprimida y  en segundo término al suprimir en 2009 la llamada excomunión que había sido declarada en nuestra contra luego de nuestra consagración episcopal por Mons. Lefebvre.  Estos dos gestos positivos han atraído a Benedicto XVI amargas recriminaciones de parte del episcopado. Pero el papa Benedicto XVI, todo lo papa que él sea, permanece modernista.  Su discurso programático del 22 de diciembre de 2005 es una profesión de la evolución  de verdades de fe según las ideas dominantes de cada época.  A pesar de sus gestos favorables su intención real es integrarnos en el orbe conciliar, a volver al Vaticano II. El mismo se lo había dicho a Mons. Fellay en agosto de 2005 y una nota confidencial suya publicada de manera fraudulenta lo ha confirmado recientemente.

R: Sin embargo, algunos piensan que Benedicto XVI, proveniente de la católica Baviera, y que es, se lo sabe, » de una profunda piedad desde su juventud», inspira confianza. ¿Qué dice usted?

Mons. Tissier: Es cierto que este Papa es muy simpático. Es un hombre amable, educado, reflexivo, un hombre discreto pero de una autoridad natural, un hombre de  decisión que ha resuelto diversos problemas en la Iglesia por su energía personal. Por ejemplo, cuestiones de moral en tal o cual instituto sacerdotal. Pero  él está imbuido del concilio. Cuando él dice que la solución del problema de la FSSPX es una de las tareas principales de su pontificado, él no ve dónde está el verdadero problema. Lo sitúa mal.  Él ve en nuestro llamado cisma.  Ahora bien,  el problema no es la FSSPX,  el problema es de Roma, de la Roma neo-modernista que  ya no es más la Roma eterna, que ya no es más maestra de sabiduría y  verdad, sino que se convirtió en fuente de error desde  el Concilio Vaticano II y lo sigue siendo hoy en día. Sin embargo, la solución de la crisis sólo puede venir de Roma. Después de Benedicto XVI.

R: Entonces, ¿cómo ve Ud.  la solución de este desacuerdo considerado por muchos escandaloso de la Fraternidad San Pío X con Benedicto XVI?

Mons. Tissier: Es cierto que la Fraternidad San Pío X es una «piedra de escándalo» para aquellos que se resisten a la verdad (cf. 1 Petr 2, 8) y esto es bueno para la Iglesia. Si nosotros fuéramos «reintegrados»,  dejaríamos por este hecho mismo de ser esta espina clavada en el costado de la iglesia conciliar, de ser un reproche viviente por la pérdida de la fe en Jesucristo, en su  divinidad, en su realeza.

R: Pero, Monseñor, Ud. ha escrito con sus dos colegas una carta a  Mons. Fellay para rechazar un acuerdo puramente práctico con Benedicto XVI. ¿Cuáles son las razones de ese rechazo?

Mons. Tissier: La difusión de nuestra carta se debió a una indiscreción de la que no somos culpables. Rechazamos un acuerdo puramente práctico porque la cuestión doctrinal es primordial. La fe está antes que la legalidad. No podemos aceptar una legalización sin que el problema de la fe sea resuelto. Someternos ahora sin condición   a la autoridad superior impregnada de modernismo sería exponernos a tener que desobedecer. Entonces, para qué?  Monseñor Lefebvre decía en 1984: «No hay que ponerse bajo una autoridad, cuando esta  autoridad tiene todos los poderes para destruirnos». Y creo que eso es sabiduría.  Quisiera  que produjéramos un texto que, renunciando a las sutilezas diplomáticas, afirme claramente nuestra fe y, por lo tanto, nuestros rechazo a los errores conciliares. Esta proclamación tendría primeramente la ventaja de decir la verdad abiertamente al Papa Benedicto XVI que es el primero en tener el derecho a la verdad y, en segundo lugar, para restaurar la unidad de la tradición católica en torno a una profesión de fe  combativa  e inequívoca.

R.: Algunos creen que el status  de  prelatura personal que se les propone  es garantía suficiente contra  cualquier peligro de abandonar el combate de la fe. ¿Qué responde usted?

Mons. Tissier: Esto es inexacto. Según el proyecto de prelatura, no seríamos libres de establecer nuevos prioratos sin el permiso de los obispos locales y asímismo nuestras recientes fundaciones deberían ser confirmadas por estos mismos obispos. Sería entonces  esclavizarnos  innecesariamente a un episcopado globalmente  modernista.

R.: ¿Podría ud. precisarnos este problema de Fe que usted desea ver resuelto en primer lugar?

Mons. Tissier: Com mucho gusto. Se trata, como decía Mons. Lefebvre, del intento del Vaticano II de reconciliar a la Iglesia con la Revolución, de conciliar la doctrina de la fe con los errores liberales. Es Benedicto XVI, el mismo que en su entrevista con Vittorio Messori en noviembre de 1984 decía: «el problema de los años 60 (es decir, los del concilio) era  la adquisición de los mejores valores madurados en dos siglos de cultura liberal. Estos son valores que, aunque nacidos fuera de la Iglesia, pueden encontrar su lugar, una vez purificados  y corregidos  en su visión del mundo. Y esto es lo que se hizo.

He aquí la obra del Concilio: una conciliación imposible. Qué conciliación puede haber entre La luz y las tinieblas? Dice el Apóstol : Qué  acuerdo  entre Cristo y Belial? «(2 Cor 6, 15). La manifestación emblemática de esta  conciliación es la Declaración sobre la Libertad Religiosa. En lugar de la verdad de Cristo y de su reino social sobre las Naciones, el Concilio pone a la persona humana, su conciencia y su libertad. Es el famoso «cambio de paradigma», que confesaba el cardenal Colombo, en la década de 1980. El culto al hombre que se hace  Dios en el lugar del culto a Dios hecho hombre (cf. Pablo VI, Discurso de clausura del concilio, 7 de diciembre de 1965).

Se trata de una nueva religión que no es la religión católica. Con esta religión no queremos ningún compromiso, ningún peligro de corrupción, ninguna apariencia de conciliación, y es esta apariencia  la que nos daría  la llamada «regularización». Que El Inmaculado Corazón de María, inmaculada en su fe, nos guarde  en la fe católica.