Extractos del Libro Corrija a su hijo
Por Monseñor Álvaro Negromonte
Tomado del excelente blog A Grande Guerra
http://a-grande-guerra.blogspot.com.ar/2010/04/crianca-que-falta-verdade-como-educa-la.html
Traducción de Radio Cristiandad
El niño que miente
¿Cómo educarlo?
Mentir es hablar contra lo que se piensa, con la intención de engañar.
Quien falta a la verdad por no conocerla, erra; pero no miente.
Quién mezcla los hechos con escenas de la imaginación debido a la edad (poca o mucha…), no miente, sino que altera la verdad.
El tenor práctico de nuestro estudio no discutirá si los niños por naturaleza son sinceros o mentirosos. Si a veces nos molestan con sus franquezas, otras son incapaces de repetir lo que ven y oyen sin mezclarlo con sus desvaríos.
Al educador, lo que más le importa es distinguir los naturales engaños infantiles de las mentiras verdaderas, conocer las causas, saber como enfrentar unos y otras.
Mentiras infantiles
Ante la falta de verdad de un niño, nuestro primer cuidado debe ser investigar la causa, para conocer la verdadera situación del niño, evaluando su condición psíquica o moral, y proporcionarle los medios
de curación….
Veamos por qué mienten los niños y cómo ayudarlos.
Miedo
A) Es la fuente más abundante de la mentira infantil. El miedo es causa en el 72.9%, mientras que el interés solamente en el 7.6%, la ficción en el 3.5%, y la maldad en el 2.6%.
De por sí mismo, el niño es inseguro; muchas veces tímido e intimidable. Cuando los padres están inclinados a castigar con frecuencia y severidad, en una actitud de defensa, se niega a confesar la falta.
Los que utilizan la dureza para corregir a los niños, obtienen solamente multiplicar las faltas. Del niño que desobedeció, golpeó, rompió un florero, etc., también harán un mentiroso.
B) Procuren corregir por maneras suaves. Demuestren calma y comprensión. Convivan con los niños en relaciones de respetuoso y tierno afecto. Esto no significa debilidad: el niño entenderá, si los padres saben permanecer en sí mismos.
Sepan oír, ponderar, discernir. Perdonen muchas cosas en vista de la debilidad del niño, de modo que vea que vale la pena ser leal.
Se suprime así la causa más frecuente de la mentira.
Interés
A) Incluso tratados con blandura y comprensión, hay niños que mienten por el interés.
Para obtener de los padres lo que de otra manera no alcanzarían; para salir antes de la escuela; para guardar el buen nombre: niegan las faltas cometidas, incluso si son castigados fuertemente.
Se vuelven a veces irritantes: niegan lo que les vimos hacer; dan explicaciones estrafalarias, contradictorias.
B) Es necesario revestirnos de inmensa calma antes casos así. No podemos dejar que ellos nos juzguen cómplices de sus actitudes; pero no podemos ceder a la irritación. La corrección acertada requiere calma y autodominio.
Los padres se alarman, pensando en la falta del sentido moral, la irresponsabilidad, el cinismo. No; el niño revela más bien la falta de la lógica del acto, y, por lo tanto, su carácter reflejo o instintivo.
Compensación
A) Inventan las historias más inesperadas. Muchos padres no creen que aquello convenza a sus hijos. Sin embargo, es otro mundo en el cual se refugian de la realidad donde viven.
– Los malos alumnos, se jactan de ser los primeros de la clase.
– Los pobres, de gozar de caramelos y frutas costosos.
– Se dicen huérfanos, sin serlo.
– Se promueven a clases avanzadas, cuando todavía están en las primeras.
Y así sucesivamente.
Se sienten insatisfechos con su realidad exterior o interna. Buscan en la ayuda de lo irreal el apoyo del cual carecen. Sus historias fantaseadas de grandeza, abundancia, éxito o libertad, resuelven las tensiones o carencias psíquicas o materiales.
B) Un educador avisado, en el lugar de decir: «Un niño de este tamaño no tiene vergüenza de mentir así«, debe percibir que el niño está procurando (muchas veces inconscientemente) una compensación por la vida infeliz que lleva… Vive de lo que «hace de cuenta»; hace de cuenta que es el primero de la clase, que se alimenta bien, etc.
Entonces, vean los padres como esto es grave: hay niños que desean ser huérfanos…
¿Qué hay en el origen de estas mentiras? ¿De qué cosa son compensaciones?
Frente a estos embustes, importa distinguir la causa (que puede ser legítima) del medio (ilegítimo) al cual el niño recurre; y encaminar el problema por otros rumbos, de manera práctica y cordial.
Sugestión
A) Disgustan profundamente a los padres las mentiras de los niños… Uno diría que la mentira es… el privilegio de los adultos. Sí, porque mientras se censuran las mentiras infantiles, se dan los ejemplos más eficientes de engaños, simulaciones e incorrectas restricciones mentales.
– Los padres mienten por comodidad o interés. Mienten las madres que disminuyen la edad, exageran el costo de las joyas, ocultan los traspiés de la familia… Impregnan de mentira el ambiente doméstico.
– Enseñan a los niños cómo deben mentir: «¿Cómo vas a decir eso?» Obligan a la mentira: «Di que no estoy en casa«. Los engañan con frecuencia: «Da la muñeca que te doy otra«, y nunca la dan. «Vamos a dar un paseo» y llevan al niño al dentista.
– Los censuran cuando dicen la verdad. «¿Para qué has dicho eso? ¡Tonto!»…
Después, se indignan cuando mienten los niños, olvidando que son los culpables.
B) Es muy importante dar siempre y en todo el ejemplo de la verdad. Hay que ser en este punto que más cuidadoso: escrupuloso.
Hay que eliminar incluso la restricción mental, cuando los niños no son capaces entenderla, de modo que no deseen usarla indiscriminadamente…
Fantasía
A) El mundo del niño no es el nuestro. Tiene su mundo, en el cual nuestras realidades aparecen deformadas, aumentadas, adornadas por su imaginación. Este gira alrededor de él (egocentrismo), exactamente porque fue creado por él…
Carece de la objetividad, que tantas veces falta a los adultos…
Contando lo que vio u oyó (sobre todo cuando esto es emocionante), mezcla lo verdadero con lo imaginario, sin saber discernirlos. Y modifica la narración cada vez que la repite, según los caprichos de la fantasía, con la mayor ceremonia, cediendo a las impresiones subjetivas con entera libertad.
Las minucias se le escapan o toman más proporciones de modo que sobrepasan lo principal.
Llamar por esto mentirosos a los niños es a condenar de una vez sola vez a todos los romancistas y libretistas de teatro del mundo.
Acusarlos de estar convencidos, mientras ellos saben que inventan, les sirve más de defensa que de acusación…
A veces, los adultos que castigan o censuran a los niños que toman lo imaginario por lo verdadero, son los mismo que lloran leyendo los romances de la lectura y viendo el filme…
B) Dicen que la diferencia entre un loco y un niño es que con el tiempo el niño se cura y no siempre el loco.
Con el niño, el tiempo es el mejor terapéutico. Con la edad va pasando la fase fantasiosa, y llega la de la objetividad; aumenta paulatinamente la capacidad de percibir y comparar; se extiende el campo de la objetividad, mientras que disminuye la aprehensión defectuosa de los hechos y de las cosas.
Solamente el educador ayudará suavemente a la edad: enseñando la verdad; haciendo pequeñas y frecuentes llamadas a la realidad. Sin fijarse en lo real, el niño confunde los acontecimientos, niega lo dijo hace poco, inventa nuevas circunstancias.
Ejemplo: Jorgito, de 6 años, cuenta el paseo que hizo a la sierra y al jardín zoológico; dijo que en este vio caballos. Rectificó después, diciendo que los vio en la sierra, negando haber dicho que los había visto en zoológico. Habíamos registrado el coloquio, el cuan le fue dado para oírlo de modo que fuera convencido de su engaño. Se justificó: «No dije esto«. Y señalando el aparato: «Se engañó«…
Por lo tanto, algunos pedagogos llaman a estas narraciones «alteraciones de la verdad«, porque carecen del deseo de engañar, que es lo específico de la mentira.
Otras veces, estamos frente a poetas y romancistas… Crean historias maravillosas e inverosímiles. Conservan los episodios. Explican lo que reputamos difícil. Se molestan cuando dudamos de su narración. Inventan nuevas circunstancias cuando se ven en peligro.
Ejemplo: El mismo Jorgito cuenta cómo su padre cría indios en casa. La tía, que conoce la casa, pregunta en qué sitio. Presionado, localiza a los indios en el garaje. El tío le dijo que desea ver a los indios. Pero él explica que no puede abrir la puerta, porque sino ellos que salen. Y la imaginación va trabajando…
Ejemplo:
«Papá, en el salón hay más de 100 hombres que te buscan«, dijo la niñita que anunciaba una comisión que llegó. Tranquilamente, el padre le pidió: «Ve a contar cuántos son los hombres, y vienes a decirme«. Vuelve la niña, y dice sin gracia: «Son 8 hombres, papá». Lección excelente. No fue dicha una mentira, no se la reprendió ni humilló, pero si le enseñó a dominar las impresiones y someterse a la realidad.
– Esta fase, fuerte entre los 5 y 6 años, declina enseguida, extinguiéndose generalmente a los 8, conservando a veces resquicios hasta los 10 años.
– El educador enseñará al niño a ver, a observar, a precisar el conjunto y los detalles determinados.
Para educar la atención y la memoria hay ejercicios interesantes, fáciles y eficientes.
El dibujo y los trabajos manuales tienen también valor en éste particular.
– La enseñanza de las matemáticas puede convertirse en correctivo excelente de esta especie de «mentira».
Las exigencias exactas de los números irán dando al niño el sentido de la medida, de la evaluación y de la precisión que carece.
Pero para esto es necesario que la escuela tenga la preocupación de educar, y no sólo de dar los programas.
Continuará
