CARTAS IMPORTANTES: “Las Cruzadas de Rosarios fueron herramientas políticas”

Comentario de Charls en Ignis Ardens

ORIGINAL AQUÍ

Traducción de Radio Cristiandad

Ahora que tenemos la perspectiva de semanas, meses y años:

Una vista de las excomuniones, levantadas o no:

Hecho: en 1988, autoridades romanas «anuncian» que han incurrido en excomunión automáticamente por violar la (más bien reciente) ley de la iglesia que requiere un mandato papal para consagrar obispos para la Iglesia Católica. Los dos consagrantes, el Arzobispo Lefebvre y el Obispo de Castro-Meyer y los cuatro obispos consagrados son declarados excomulgados.

Hecho: a causa principalmente de este evento, muchos abandonan la FSSPX y forman la Fraternidad de San Pedro, la cual, no teniendo obispos, recurre a obispos «novus ordo» consagrados en el nuevo –y ciertamente inválido– rito (de acuerdo con Mons. Tissier y muchos otros pensadores católicos).

Hecho: Mons. Lefebvre declara que las excomuniones son falsas y las califica como un «distintivo de honor» – ¡BRAVO!

Hecho: MUCHOS años después, los fieles de la FSSPX son extrañamente presionados a participar en una cruzada de rosarios, cuyo propósito es mover a Benedicto XVI a declarar que esas seis excomuniones fueron espurias, nulas, vanas, nunca válidas, quizá hasta falsamente aplicadas con predisposición de mala intención (no, borra esa última frase –sabemos que Mons. Fellay nunca mencionó realmente la verdad completa sobre el asunto en su petición escrita, ¿o sí?). Siempre se nos había dicho que esas eran falsas excomuniones. ¿Por qué confundir a los fieles con oraciones para que las falsas excomuniones sean quitadas por los falsos excomulgadores? ¡Pecado de escándalo! No nos sorprenda que la mitad de la tercera generación de niños de la FSSPX abandonen la fe completamente. ¡Escándalo!

Hecho: una vez que las excomuniones (sólo las de él y las de los tres obispos que aun viven, NO las de Mons. Lefebvre y de Mons. de Castro-Meyer) fueron «levantadas» –no declaradas «falsamente aplicadas desde un inicio»– Mons. Fellay dijo, «Expresamos nuestra gratitud filial al Santo Padre por este acto que, más allá de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, representará un beneficio para toda la Iglesia. Nuestra Fraternidad desea poder ayudar siempre al Papa a remediar la crisis sin precedentes que sacude actualmente al mundo católico, y que el Papa Juan Pablo II había calificado como un estado de «apostasía silenciosa»»

Hecho: me hace ponerme pensativo…

Una especulación no inútil: Entonces, ¿qué pasó en realidad aquí? ¿Qué pasó con lo falsamente aplicado? Y más importante, ¿qué pasó con aquello de que las excomuniones eran un distintivo de honor? ¿Es algo normal el querer regresar un dispositivo de honor? ¿Conocen a alguien que haya recibido una medalla de honor del congreso de los Estados Unidos que vaya a la Casa Blanca y diga: «Sr. Presidente, si le presentamos un ramillete de tres millones de rosarios, nos quitaría por favor esta medalla de honor». Y después, «Sr. Presidente, expresamos nuestra filial gratitud por este gesto con el cual beneficia al país entero»?

Patética y casi blasfema conclusión: Mons. Fellay aceptó el «levantamiento» de las excomuniones porque él ya no quiere el «honor» de llevarla –simple. Para Mons. Fellay, el honor de estar excomulgado por modernistas heréticos pasó a ser el deshonor de ser considerado en verdad excomulgado por gente sin fe, quienes antepusieron la legalidad de la excomunión a la Fe de exoneración y nobleza.

¡Y Mons. Fellay «acepta» todo este «levantamiento» SIN forzar una mención de Mons. Lefebvre y de Mons. de Castro Meyer! Suena un tanto como: «¡al diablo con ellos!» –literalmente. Quiero decir, si se va a decir –fingidamente o no–, que las excomuniones eran vergonzosas, malas, terribles y aun peor, ¿CÓMO PUDO MONS. FELLAY ACEPTAR QUE SU SUPUESTAMENTE AMADO ARZOBISPO QUEDARA EXCOMULGADO Y HUMILLADO?

¿Y cómo es que se nos contó acerca de los MARAVILLOSOS frutos de esta cruzada de rosarios, la cual es –de hecho– en el mejor de los casos, una humillación y una humillación a la persona más importante de todos (no, no Mons. Fellay): el gran Arzobispo Marcel Lefebvre y también el gran Obispo de Castro-Meyer.

Si eso es un buen fruto ¿por qué apesta como si ya estuviera malo?

Mons. Fellay pudo haber dicho: «De ninguna manera: si ustedes no van a decir que la cosa completa fue falsa, especialmente en lo concerniente a Mons. Lefebvre, no queremos parte de su «levantamiento» de nada»

En vez de eso, él dijo: «expresamos nuestra filial gratitud al Santo Pa…»

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Sólo puedo concluir que las cruzadas de rosarios fueron herramientas políticas usadas para hacernos aceptar la idea radicalmente cambiada (del «distintivo de honor» de Mons. Lefebvre) a este falso levantamiento de falsas excomuniones hechas por gente falsa – en realidad frutos malos, no buenos frutos. ¿Y acaso no huelen, saben y se ven mal, pero dado que se rezó por ellos, se espera que digamos: «¡me gusta, es una gracia!»?

He visto algunas cosas en mi vida, pero no creo haber visto jamás algo tan malo antes. Preferiría ser culpable de agregar una falsa decena al rosario que lo que se ha hecho aquí con el Santísimo Rosario. Y esa es la simple verdad.