EL DOCUMENTO DEL PADRE GRÉGOIRE CÉLIER
POR FIDELIDAD A MONSEÑOR LEFEBVRE,
LA FRATERNIDAD SAN PÍO X,
¿TIENE QUE FIRMAR UN ACUERDO LO ANTES POSIBLE CON ROMA?
Segunda Parte
Monseñor Marcel Lefebvre, ¿rechazaría hoy todo contacto con Roma?
Si desea profundizar sobre quién es el Padre Grégoire Célier, usted puede ir a los siguientes enlaces:
Radio Cristiandad ya ha publicado cuatro notas sobre este documento del Padre Célier. Los que no están al tanto, pueden informarse en los respectivos enlaces:
https://radiocristiandad.wordpress.com/2012/05/29/el-documento-del-padre-gregoire-celier-1o-parte/
En la entrega anterior hemos dicho que, en la Primera Parte de su trabajo, el Padre Célier fundamenta su posición sobre la autoridad de Monseñor Lefebvre entresacadas principalmente de la Revista Oficial del Distrito de Francia, Fideliter.
En relación al tema de la alegada autoridad de Monseñor Lefebvre, quedamos en analizar en el documento del Padre Célier lo que omite citar.
Entre lo que oculta, hay textos importantes en otras publicaciones y también en la propia Revista Fideliter.
Destacamos que desde el número de mayo-junio de 1988, fecha de la ruptura de las relaciones con Roma y de las Consagraciones Episcopales, hasta el de enero-febrero de 1991, fecha del deceso de Monseñor Lefebvre, el Padre Célier cita, de 18 números de la Revista Fideliter, ¡solamente 6!…
Y preguntamos: ¿no hay nada importante en esos ejemplares de Fideliter que merezca ser citado para esclarecer el tema debatido?
¡Claro que sí!
Y no sólo en esos 12 números hay textos significativos, sino también en los 6 que el mismo Padre Célier trae como referencia, es decir los números 64, 66, 68, 70, 71 y 79. Sin embargo, el omite citarlos…
¿De qué se trata?
Esta tercera entrega dilucida este enigma.
Aclaramos que las citaciones son «relativamente» cortas y bien precisas. La finalidad es solamente mostrar las omisiones, que van en contra de lo que el enigmático personaje pretende demostrar.
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Fideliter
Número Fuera de Serie
del 29-30 de junio de 1988
Página 56:
Carta de Monseñor Lefebvre a Juan Pablo II, Écône, 2 de junio de 1988:
Los coloquios y reuniones con el Cardenal Ratzinger y sus colaboradores, a pesar de que tuvieron lugar en una atmósfera de cortesía y de caridad, nos han convencidos de que el momento para una colaboración franca y eficaz no ha llegado todavía.
(…)
Vamos a continuar rezando para que la Roma moderna, infestada de modernismo, vuelva a ser la Roma Católica y recupere su Tradición bimilenaria. Entonces el problema de la reconciliación no tendrá más razón de ser, y la Iglesia podrá experimentar una nueva juventud.
Página 60:
Declaración pública con ocasión de la Consagración Episcopal de varios sacerdotes de la FSSPX:
El día que el Vaticano sea liberado de esta ocupación modernista y vuelva a encontrar el camino seguido por la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II, nuestros Obispos estarán enteramente en las manos del Soberano Pontífice, incluyendo la eventualidad de no ejercer sus funciones episcopales.
Página 61:
Carta a los futuros Obispos:
Queridos amigos,
Estando la Sede de Pedro y los puestos de autoridad en Roma ocupados por anticristos, la destrucción del Reino de Nuestro Señor continúa rápidamente en el interior mismo de su Cuerpo Místico en la tierra (…) Es esto lo que nos ha ganado la persecución de la Roma anticristo. Esta Roma, modernista y liberal, continúa con su labor destructiva del Reino de Nuestro Señor, como lo demuestran Asís y la confirmación de las tesis liberales del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa (…) Yo os conferiré esta gracia, confiando que sin tardar la Sede de Pedro será ocupada por un sucesor de Pedro perfectamente católico, en cuyas manos podréis deponer la gracia de vuestro episcopado para que él la confirme.
Páginas 9 y 19:
Conferencia de Prensa, Écône, el 15 de junio de 1988:
Esta es nuestra posición. Seguimos lo que los Papas han enseñado y hecho antes del Concilio Vaticano II. Nos oponemos a lo que han hecho los Papas Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II actualmente, porque han llevado a cabo una ruptura con sus predecesores. Nosotros preferimos la Tradición de la Iglesia a la labor de unos pocos Papas que se oponen a sus predecesores.
Sin embargo, hemos querido mantener el contacto con Roma durante estos años, desde 1976, cuando recibimos la suspensión a divinis porque seguimos haciendo las ordenaciones sacerdotales. Queríamos estar en contacto con Roma, con la esperanza de que algún día la Tradición recuperase sus derechos. Pero fue en vano.
(…)
Quien tendrá, en principio, la responsabilidad de las relaciones con Roma, cuando yo desaparezca, será el Superior General de la Fraternidad, el padre Schmidberger, que tiene otros seis años como Superior General a cumplir. Será él quien, eventualmente, tendrá de ahora en más los contactos con Roma para seguir los coloquios, si ellos continúan o si se mantiene el contacto, lo cual es poco probable durante algún tiempo, ya que en el Osservatore Romano será puesto un gran titular: «cisma del Arzobispo Lefebvre, excomulgado…» Durante X años, tal vez dos o tres años, no sé nada, será la separación.
Páginas 66-67:
¿Por qué esa interrupción de los coloquios, cuando un acuerdo fue firmado el 5 de mayo?:
Es difícil entender esta interrupción si los coloquios no sitúan en su contexto histórico. Aunque nunca hemos querido romper relaciones con la Roma conciliar, incluso después que la primera visita de Roma, el 11 de noviembre 1974, ha sido seguida por medidas sectarias y nulas —el cierre de la obra el 6 de mayo 1975 y la suspensión en julio de 1976—, esas relaciones no podían tener lugar sino en un clima de desconfianza.
(…)
Fue así, pues, en un clima siempre tenso, aunque cortés, que las relaciones tuvieron lugar con los Cardenales Seper y Ratzinger entre los años 76 y 87, pero también con cierta esperanza de que, acelerándose la autodemolición de la Iglesia, por fin nos mirasen con simpatía.
(…)
Frente a la persistente negativa de Roma, anuncié el 29 de junio 1987 la decisión de consagrar obispos. El 28 de julio, el cardenal Ratzinger abrió nuevos horizontes que podían legítimamente hacer pensar Roma finalmente nos mirase de manera más favorable.
(…)
Hemos aceptado entrar en este nuevo diálogo.
(…)
Los coloquios que de abril y mayo nos decepcionaron mucho.
(…)
A pesar de estas decepciones, firmé el Protocolo del 5 de mayo. Pero ya la fecha de la consagración episcopal era problemática. A continuación, un proyecto de carta de disculpas al Papa me fue entregado.
(…)
El clima no es en absoluto de colaboración fraterna y de un reconocimiento puro y simple de la Fraternidad. Para Roma, el propósito de los coloquios es la reconciliación, como lo dice el Cardenal Gagnon en una entrevista con el diario italiano L’Avenire, es decir, el regreso de la oveja perdida al redil.
Esto es lo que expreso en la carta al Papa del 2 de junio: «El propósito de los coloquios no es el mismo para ustedes que para nosotros.»
Y cuando pensamos en la historia de las relaciones de Roma con los tradicionalistas desde 1965 hasta el presente, nos vemos obligados a ver que esto es una persecución cruel y despiadada para obligarnos a someternos al Concilio.
(…)
La Roma actual conciliar y modernista no podrá tolerar jamás la existencia de una fuerte rama de la Iglesia Católica, que la condena por su vitalidad.
Por lo tanto, será necesario esperar sin duda aún algunos años para que Roma encuentra nuevamente su Tradición bimilenaria.
En cuanto a nosotros, seguimos demostrando, con la gracia de Dios, de que esta Tradición es la única fuente de santificación y de salvación de las almas, y la única posibilidad de renovación para la Iglesia.
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Fideliter N° 123,
de mayo-junio de 1998 (páginas 30 a 33)
Le Sel de la Terre N° 28
Primavera de 1999, (páginas
164 a 168)
Bien que las fechas de publicación de este documento son tardías respecto al fallecimiento de Monseñor Lefebvre, no lo es en cuanto al documento del Padre Célier, y mucho menos respecto del texto en sí, que el Padre no puede ignorar, aunque sí silenciar…
Recomendaciones de Monseñor Lefebvre antes de las Consagraciones
Ver texto completo en
12 de junio
— Monseñor Lefebvre: Se acabó. Basta de conversaciones. Cuanto más se reflexiona, más se comprende que las intenciones de Roma no son buenas. La prueba: lo que sucedió con Dom Augustin y el Padre de Blignières. Ellos quieren reducir todo al Concilio, dejándonos al mismo tiempo un poco de Tradición.
(…)
Las Hermanas de Saint-Michel-en-Brenne, las Dominicas de Brignolles y Fanjeaux están en contra de un acuerdo: «No hay que depender de Ratzinger», dicen. «¡Imaginaos!: si él viniese a darnos conferencias… ¡Y dividirnos!»
(…)
Al Papa, le digo: cuando la Tradición vuelva a Roma, no habrá ningún problema.
(…)
Básicamente, Roma nunca responde a la pregunta esencial. Nos piden una declaración, nos obligan a adherir a un mínimo de lo que ellos piensan, pero jamás tratan sobre su fondo liberal y modernista. Mientras que yo pongo constantemente sobre el tapiz su modernismo.
(…)
Uno de los sacerdotes de la Fraternidad me propuso que escribiera una carta de perdón. Pero yo le dije que, ante Dios, somos nosotros los que les deberíamos pedir que se pronuncie el juramento antimodernista y que se acepte Lamentabili, Quanta Cura. Nos toca a nosotros cuestionarlos sobre la fe. Pero ellos no responden. Ellos no hacen sino confirmar sus errores.
(…)
Ellos desean llevar nuestras obras hacia el espíritu conciliar. Si hubiéramos aceptado, ¡estaríamos muertos! No habríamos durado un año.
Hubiera sido necesario vivir en contacto con los conciliares, mientras que ahora estamos juntos. Si hubiésemos dicho que sí, eso habría sido la división dentro de la Fraternidad; todo nos hubiera dividido.
(…)
Por lo tanto, salvamos la Fraternidad y la Tradición alejándonos con prudencia. Hemos hecho un ensayo leal; nos hemos preguntado si podíamos continuar con esta prueba, estando protegidos: esto se manifestó imposible. Ellos no han cambiado, si no para peor.
(…)
Tienen el SIDA espiritual. No tienen más la gracia, no tienen más sistema de defensa.
No creo que pueda decirse que Roma no ha perdido la fe.
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Fideliter N° 64
de julio-agosto de 1988
Homilía del 30 de junio de 1988:
Páginas 5-6:
Por esta razón, al constatar la voluntad firme de las actuales autoridades romanas de hacer desaparecer la Tradición y conducir todo el mundo a este espíritu del Vaticano II y a este espíritu de Asís, evidentemente hemos preferido retirarnos y he contestado: no, no podemos. Es imposible. Es imposible someternos a la autoridad del Cardenal Ratzinger, presidente de esta comisión romana que debía dirigirnos. Sería ponernos en sus manos y por consiguiente en las manos de los que quieren llevarnos al espíritu del Concilio, al espíritu de Asís. No es posible.
Por esta razón envié una carta al Papa diciéndole muy claramente: no podemos, a pesar de todos los deseos que tenemos de estar en plena comunión con S. S., y dado este espíritu que reina ahora en Roma y que quieren comunicarnos; preferimos continuar en la Tradición, guardar la Tradición, esperando que esta Tradición reencuentre su puesto en Roma, su puesto entre las autoridades romanas y en el espíritu de estas autoridades romanas.
Todo esto durará lo que Dios tenga previsto, no me pertenece el saber cuándo obtendrá de nuevo la Tradición sus derechos en Roma, pero juzgo que es mi deber aportar los medios para llevar a cabo lo que llamaré operación «supervivencia», operación «supervivencia» de la Tradición. Esta jornada de hoy es la operación «supervivencia». Y si hubiera hecho esa otra operación con Roma, siguiendo los acuerdos que habíamos firmado y poniendo en práctica a continuación estos acuerdos, haría la operación «suicidio». Así pues, no hay elección: ¡debemos sobrevivir! Y por eso hoy, al consagrar a estos obispos, estoy persuadido de continuar, de hacer vivir la Tradición, es decir, la Iglesia Católica.
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Fideliter N° 65
de septiembre-octubre de 1988
Página 11:
Texto del Mandato, del 30 de junio de 1988:
Teniendo en cuenta que desde el Concilio Vaticano II hasta hoy, las autoridades de la Iglesia Romana están animadas por un espíritu modernista, actuando en contra de la Santa Tradición, —»ellos no soportan más la sana doctrina, desviando el oído de la Verdad para tornarlo a las fábulas», como dice San Pablo a Timoteo en su segunda epístola (IV, 3, 5)— estimamos que todas las penas y censuras decretadas por estas autoridades no tienen ningún peso.
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Fideliter N° 66
de noviembre-diciembre de 1988
Entrevista a Monseñor Lefebvre, septiembre de 1988:
Páginas 11-12:
Es forzoso reconocer que para el Cardenal Ratzinger siempre es necesario volver al Concilio. A pesar de que tenía una pequeña esperanza de que algo había cambiado en el Vaticano, y sobre todo esperaba que después de la visita del Cardenal Gagnon y Monseñor Perl y lo que habían dicho, las cosas evolucionarían en Roma.
Pero, cuando se sondearon un poco más profundamente sus intenciones, con los coloquios, discusiones sobre el Protocolo y el Protocolo en sí mismo, me di cuenta de que no hubo ningún cambio en el fondo. Nos encontramos frente a un bloque. Ellos esperaban terminar con la tradición. Y esa es la posición de Roma, del Papa, del Cardenal Ratzinger, del Cardenal Mayer, del Cardenal Casaroli… Todo ese mundo adhiere de una manera tenaz al Concilio, a este «Pentecostés», a esta reforma de la Iglesia en su conjunto. ¡De todo esto, no quieren desamarrar!
Durante un tiempo pensé que algo había cambiado en el Cardenal Ratzinger, pero en realidad comprobé que todo lo que hizo, todo lo que hacía, fue con la intención de llegar a suprimir el grupo que formamos y llevarnos al Concilio.
Sería un error atribuir al Cardenal Decourtray y a los Obispos franceses esta voluntad, ya que es en realidad la posición de Roma. La evidencia es que, a diferencia de los Obispos, el Vaticano tiene más facilidades para acordar ciertas cosas destinadas a atraer a los tradicionalistas, y luego destruirlos y traerlos de vuelta al Concilio. Se trata de una cuestión de diplomacia.
La visibilidad de la Iglesia y la situación actual
Conferencia de Monseñor Lefebvre al término del Retiro sacerdotal, el 9 septiembre de 1988.
Páginas 27-31:
Mis queridos amigos,
Pienso que ustedes, que están ahora en el Ministerio y que quisieron conservar la Tradición, tienen la voluntad de ser sacerdotes como siempre, como lo fueron los santos sacerdotes de antes, todos los santos párrocos y los santos sacerdotes que nosotros mismos pudimos conocer en las parroquias.
Ustedes continúan y representan de verdad la Iglesia, la Iglesia Católica.
Creo que es necesario convencerse de esto: ustedes representan de verdad la Iglesia Católica.
No que no haya Iglesia fuera nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia visible.
Pienso que se comete allí un error muy, muy grave.
¿Dónde está la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica.
Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos?
Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial.
Un obispo cree en esto, el otro no; la fe es distinta, sus catecismos abominables contienen herejías.
¿Dónde está la unidad de la fe en Roma?
¿Dónde está la unidad de la fe en el mundo? Está en nosotros, quienes la conservamos.
La unidad de la fe realizada en el mundo entero es la catolicidad. Ahora bien, esta unidad de la fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más de catolicidad prácticamente.
Habrá pronto tantas Iglesias Católicas como obispos y diócesis. Cada uno tiene su manera de ver, de pensar, de predicar, de hacer su catecismo. No hay más catolicidad.
¿La apostolicidad? Rompieron con el pasado. Si hicieron algo, es bien eso. No quieren saber más del pasado antes del Concilio Vaticano II.
Vean el Motu Proprio del Papa que nos condena, dice bien: «la Tradición viva, esto es Vaticano II». No es necesario referirse a antes del Vaticano II, eso no significa nada. La Iglesia lleva la Tradición con ella de siglo en siglo. Lo que pasó, pasó, desapareció. Toda la Tradición se encuentra en la Iglesia de hoy. ¿Cuál es esta Tradición? ¿A que está vinculada? ¿Cómo está vinculada con el pasado?
Es lo que les permite decir lo contrario de lo que se dijo antes, pretendiendo, al mismo tiempo, guardar por sí solos la Tradición.
Es lo que nos pide el Papa: someternos a la Tradición viva. Tendríamos un mal concepto de la Tradición, porque para ellos es viva y, en consecuencia, evolutiva. Pero, es el error modernista: el Santo Papa Pió X, en la encíclica «Pascendi», condena estos términos de «tradición viva», de «Iglesia viva», de «fe viva», etc., en el sentido que los modernistas lo entienden, es decir, de la evolución que depende de las circunstancias históricas. La verdad de la Revelación, la explicación de la Revelación, dependerían de las circunstancias históricas.
La apostolicidad: nosotros estamos unidos a los Apóstoles por la autoridad. Mi sacerdocio me viene de los Apóstoles; vuestro sacerdocio les viene de los Apóstoles. Somos los hijos de los que nos dieron el episcopado. Mi episcopado desciende del Santo Papa Pío V y por él nos remontamos a los Apóstoles. En cuanto a la apostolicidad de la fe, creemos la misma fe que los Apóstoles. No cambiamos nada y no queremos cambiar nada.
Y luego, la santidad. No vamos a hacernos cumplidos o alabanzas. Si no queremos considerarnos a nosotros mismos, consideremos a los otros y consideremos los frutos de nuestro apostolado, los frutos de las vocaciones, de nuestras religiosas, de los religiosos y también en las familias cristianas. De buenas y santas familias cristianas germinan gracias a vuestro apostolado. Es un hecho, nadie lo niega. Incluso nuestros visitantes progresistas de Roma constataron bien la buena calidad de nuestro trabajo. Cuando Monseñor Perl decía a las hermanas de Saint Pré y a las hermanas de Fanjeaux que es sobre bases como esas que será necesario reconstruir la Iglesia, no es, a pesar de todo, un pequeño cumplido.
Todo eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible.
Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias ustedes. Estas señales no se encuentran ya en los otros.
No hay ya en ellos la unidad de la fe; ahora bien es la fe que es la base de toda visibilidad de la Iglesia.
La catolicidad, es la fe una en el espacio.
La apostolicidad, es la fe una en el tiempo.
La santidad, es el fruto de la fe, que se concreta en las almas por la gracia del Buen Dios, por la gracia de los Sacramentos.
Es totalmente falso considerarnos como si no formáramos parte de la Iglesia visible. Es increíble.
Es la Iglesia oficial la que nos rechaza; pero no somos nosotros quienes rechazamos la Iglesia, bien lejos de eso. Al contrario, siempre estamos unidos a la Iglesia Romana e incluso al Papa por supuesto, al sucesor de Pedro.
Pienso que es necesario que tengamos esta convicción para no caer en los errores que se está extendiéndose ahora.
Por supuesto, se podrá objetársenos: ¿»Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa»?
No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia.
En cuanto a decir «salir de la Iglesia VISIBLE», es equivocarse asimilando Iglesia oficial a la Iglesia visible.
Nosotros pertenecemos bien a la Iglesia visible, a la sociedad de fieles bajo la autoridad del Papa, ya que no rechazamos la autoridad del Papa, sino lo que él hace. Reconocemos bien al Papa a su autoridad, pero cuando se sirve de ella para hacer lo contrario de aquello para lo cual se le ha dado, está claro que no se puede seguirlo.
¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡sí!, obviamente.
Todo el libro del Sr. Madiran «La Herejía del Siglo XX» es la historia de la herejía de los obispos.
Es necesario, pues, salir de este medio de los obispos, si no se quiere perder el alma.
Pero eso no basta, ya que es en Roma donde se instala la herejía. Si los obispos son herejes (incluso sin tomar este término en el sentido y con las consecuencias canónicas), no es sin la influencia de Roma.
Si nos alejamos de esta gente, es absolutamente de la misma manera que con las personas que tienen el SIDA. No se tiene deseo de atraparlo. Ahora bien, tienen el SIDA espiritual, enfermedades contagiosas. Si se quiere guardar la salud, es necesario no ir con ellos.
¡Sí!, el liberalismo y el modernismo se introdujeron en el Concilio y dentro de la Iglesia. Son ideas revolucionarias; y la Revolución, que se encontraba en la sociedad civil, pasó a la Iglesia.
El cardenal Ratzinger, por otra parte, no lo oculta: adoptaron ideas, no de Iglesia, sino del mundo y consideran un deber hacerlas entrar en la Iglesia.
Ahora bien, las autoridades no cambiaron de una iota sus ideas sobre el Concilio, el liberalismo y el modernismo. Son anti-tradición, anti la Tradición tal como debe entenderse y como la Iglesia lo comprende. Eso no entra en su concepción. El suyo es un concepto evolutivo. Están, pues, en contra de esta Tradición fija, en la cual nos mantenemos.
Consideramos que todo lo que nos enseña el catecismo nos viene de Nuestro Señor y de los Apóstoles, y que no hay nada que cambiar.
Para ellos, no, todo eso evoluciona y evolucionó con Vaticano II. El término actual de la evolución es Vaticano II.
Esta es la razón por la que no podemos vincularnos con Roma.
Suceda lo que suceda, debemos seguir como lo hemos hecho, y el Buen Dios nos muestra que siguiendo esta vía, cumplimos con nuestro deber.
No negamos la Iglesia Romana. No negamos su existencia, pero no podemos seguir sus directivas. No podemos seguir los principios del Concilio. No podemos vincularnos.
Me di cuenta de esta voluntad de Roma de imponernos sus ideas y su manera de ver. El cardenal Ratzinger me decía siempre: «Pero Monseñor, sólo hay una Iglesia, no es necesario hacer una Iglesia paralela».
¿Cuál es esta Iglesia para él? La Iglesia conciliar, queda claro.
Cuando nos dijo explícitamente: «Obviamente, si se les concede este protocolo, algunos privilegios, deberán aceptar también lo que hacemos; y por lo tanto, en la iglesia Saint-Nicolas-du-Chardonnet será necesario decir una nueva misa también todos los domingos»…
Ustedes ven que quería traernos a la Iglesia conciliar. No es posible, ya que queda claro que quieren imponernos estas novedades para terminar con la Tradición.
No conceden nada por aprecio de la liturgia tradicional, sino simplemente para engañar a aquellos a quienes lo dan y para disminuir nuestra resistencia; insertar una cuña en el bloque tradicional para destruirlo.
Es su política, su táctica consciente. No se equivocan, y ustedes conocen las presiones que ejercen…
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Fideliter Nº 68
de marzo-abril de 1989
Conferencia en Flavigny, diciembre de 1988:
Página 16:
Tenemos que estar indemnes de todo compromiso, tanto respecto de los sedevacantistas cuanto respecto de los que quieren absolutamente estar sometidos a la autoridad eclesiástica.
Queremos permanecer unidos a Nuestro Señor Jesucristo. Ahora bien, el Concilio Vaticano II ha destronado a Nuestro Señor. Queremos seguir siendo fieles a Nuestro Señor, Rey, Príncipe y Dominador del mundo entero. No podemos cambiar nada a esta línea de conducta.
Por lo tanto, cuando nos hacen la pregunta de cuándo habrá un acuerdo con Roma, mi respuesta es simple: cuando Roma vuelva a coronar a Nuestro Señor Jesucristo. Nosotros no podemos estar de acuerdo con aquellos que descoronan a Nuestro Señor. El día en que ellos vuelvan a reconocer a Nuestro Señor Rey de los pueblos y de las naciones, no será a nosotros a quienes se unirán, sino a la Iglesia Católica en la cual permanecemos.
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Fideliter N° 70
de julio-agosto de 1989
Entrevista a Monseñor Lefebvre un año después de las Consagraciones
Página 6:
Fideliter: Algunos dicen: sí pero Monseñor tendría que haber aceptado un acuerdo con Roma, porque una vez que la Fraternidad hubiese sido reconocida y las sanciones levantadas, habría podido actuar de una manera más eficaz dentro de la Iglesia, mientras que ahora se colocó afuera.
Monseñor: Son cosas que son fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿qué es lo que eso quiere decir?
Y en primer lugar, ¿de qué Iglesia se habla? Si es de la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esta Iglesia conciliar para supuestamente volverla católica.
¡Es una ilusión total!
No son los súbditos los que hacen a los superiores, sino los superiores los que hacen a los súbditos.
En toda esta Curia romana, entre todos los obispos del mundo, que son progresistas, yo habría sido ahogado completamente. No habría podido hacer nada, ni proteger a los fieles y a los seminaristas.
Páginas 6-8:
Fideliter: ¿No teme que a la larga y cuando el Buen Dios lo haya llamado a Él, poco a poco la separación se acentúe y que se tenga un poco la impresión de una Iglesia paralela respecto de lo que algunos llaman la «Iglesia visible»?
Monseñor: Esta historia de Iglesia visible de Don Gérard y del Sr. Madiran es infantil.
Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica que nosotros intentamos representar y seguir.
No digo que seamos la Iglesia Católica. Nunca lo he dicho. Nadie puede acusarme de haber querido tomarme por un papa.
Pero, nosotros representamos de verdad la Iglesia Católica tal como era antes, puesto que seguimos eso que siempre ha hecho.
Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Es eso lo que constituye la Iglesia visible.
El Sr. Madiran añade: y la infalibilidad. Pero, la infalibilidad…
En lo que representa la tradición de los Papas, la tradición de la infalibilidad, estamos de acuerdo con el Papa. Estamos unidos a él en cuanto continúa la sucesión de San Pedro y debido a las promesas de la infalibilidad que se le hicieron.
Somos nosotros quienes se unen a su infalibilidad. Pero él, incluso si bajo algunos aspectos se puede decir que la representa, formalmente se opone, porque no quiere más la infalibilidad. No cree y no realiza actos señalados por la marca de la infalibilidad…
Somos nosotros quienes estamos con la infalibilidad, no la Iglesia conciliar. Ella está en contra de la infalibilidad, es absolutamente cierto.
El cardenal Ratzinger está en contra de la infalibilidad, el Papa está en contra de la infalibilidad debido a su formación filosófica.
Que se nos comprenda bien, no estamos en contra del Papa como representante de todos los valores de la Sede Apostólica, que son inmutables, de la Sede de Pedro; pero estamos contra el Papa que es un modernista, que no cree en su infalibilidad, que hace ecumenismo.
Obviamente estamos en contra de la Iglesia conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una Iglesia virtualmente excomulgada, porque es una Iglesia modernista.
Son ellos quienes nos excomulgan, mientras que nosotros queremos seguir siendo católicos. Queremos permanecer con el Papa católico y con la Iglesia Católica. He aquí la diferencia.
Pienso, pues, que no hay que tener ninguna vacilación ni ningún escrúpulo respecto de las Consagraciones Episcopales. No somos ni cismáticos, ni excomulgados; no estamos en contra del Papa. No estamos en contra de la Iglesia Católica. No hacemos una Iglesia paralela. Todo eso es absurdo.
Somos lo que siempre hemos sido: católicos que continúan. Es todo. No hay que buscar mediodía a las catorce. ¡No constituimos una «pequeña iglesia»!
Página 15:
No creo que sea oportuno intentar alguna cosa en dirección de Roma. Pienso que es necesario esperar. Esperar, desafortunadamente, que la situación se agrave todavía más de su lado. Pero, hasta el presente, no quieren convertirse.
Página 17:
Lo que puede esperarse es que los fieles sean de más en más numerosos; que ellos abran los ojos y terminen por ver dónde se encuentra la verdad y comprueben que la salvación está en la Tradición y no en la Iglesia conciliar, que es de más en más cismática.
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Fideliter N° 73
de enero-febrero de 1990
Homilía de Monseñor Lefebvre para sus 60 años de sacerdote, el 19 de noviembre 1989
Páginas 8-12:
Entonces, ante esta situación, es muy cierto que es imposible para nosotros tener contactos continuados con Roma, porque, Roma hasta el presente, exige que, si recibimos alguna cosa, sea lo que sea, cualquier indulto para la Santa Misa, para la liturgia, para los seminarios, debemos firmar la nueva Profesión de Fe, que fue escrita por el Cardenal Ratzinger, en febrero pasado. Ella contiene la aceptación explícita del Concilio y de sus consecuencias.
Es necesario saber lo que queremos.
Es el Concilio y sus consecuencias lo que destruyó la Santa Misa, lo que destruye nuestra Fe, que destruyó los catecismos y el Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo en la sociedad civil. ¿Cómo podemos aceptarlo?
Ante esta situación, mis queridos hermanos, ¿qué debemos hacer? Debemos mantener la Fe católica, protegerla por todos los medios.
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Fideliter N° 76
de julio-agosto de 1990
Homilía de Monseñor Lefebvre para los 20 años de la FSSPX, Friedrichshafen, el 29 de abril de 1990
Páginas 11-13:
Yo quería decirles estas cosas, mis queridos hermanos, que son tristes, muy tristes y dolorosas; morimos de dolor todos los días al pensar que la Iglesia está infectada con este espíritu que la destruye. Esto es lo que Pablo VI llamó: la auto-demolición de la Iglesia. Sí, la auto-demolición de la Iglesia, la Iglesia está destruyéndose a sí misma. Esto lo vemos todos los días.
Y, por desgracia no hay ninguna esperanza por el momento de recuperación, al parecer. Los seminarios se encuentran en muy mal estado. Las vocaciones son escasas y donde son numerosas, los seminaristas están mal formados, porque no están capacitados para el Santo Sacrificio de la Misa. Ellos son deformados.
Por lo tanto, hay poca esperanza inmediata, si no en la oración y en la ayuda de Dios, que vendrá un día, y en la resolución que tenemos de permanecer católicos y defender la Misa católica.
Tal vez me diréis que Roma parece accesible a permitir la antigua Misa, la Misa católica, y por lo tanto no debería haber ningún problema para nosotros. Pero, eso nos pone en una contradicción, porque al mismo tiempo que Roma les da, por ejemplo, a la Fraternidad San Pedro y a la abadía de Barroux y a otros grupos la autorización para decir la Misa de siempre, al mismo tiempo les hace firmar una Profesión de fe en la que se inscribe el Concilio, en la que hay que admitir el espíritu del Concilio.
Esta es una contradicción, porque el espíritu del Concilio se expresa en la nueva misa. ¿Cómo desear mantener la Misa Tradicional, aceptando el espíritu que destruye la Misa Tradicional?
Esto es colocarse en una completa contradicción, y un día, muy despacio, se exigirá de aquellos a los que se les da la Misa de San Pío V, la Misa de siempre, que también acepten la nueva misa, para cumplir con lo que firmaron, ya que firmaron que aceptaban el espíritu del Concilio y las reformas del Concilio Vaticano II.
(…)
Así pues, tomemos la determinación de permanecer católicos y de rechazar todo compromiso con el espíritu conciliar que conduce a la apostasía.
(…)
Nosotros no queremos apostatar, no queremos compromisos con este espíritu destructivo de la Misa, que es el espíritu del Vaticano II.
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Fideliter N° 87
de mayo-junio de 1992
Los Pro y los Anti Syllabus
Extractos de la Conferencia de Monseñor Lefebvre al término del Retiro sacerdotal de septiembre 1990.
El Padre Célier no puede ignorar este documento.
Damos sólo algunas citas.
Ver texto completo en español:
Ver texto completo en francés:
El problema se mantiene muy grave, no hay que minimizarlo. Esto es lo que hay que responder a todos los laicos que preguntan si la crisis terminará, si no habría otro medio de tener una autorización para nuestra liturgia, para nuestros sacramentos…
Ciertamente la cuestión de la liturgia y de los sacramentos es muy importante, pero es más importante todavía la cuestión de la fe.
(…)
¿Y en Roma? La perseverancia y la pertinacia de las ideas falsas y de los graves errores del Vaticano II continúan. Esto está claro.
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En este tiempo (ya que estoy un poco en descanso) he releído el libro que ustedes conocen bien, de Barbier, acerca del catolicismo liberal. Es asombroso ver que nuestro combate es exactamente el de los grandes católicos del siglo XIX desde la Revolución, y el combate de los papas Pio VI, Pio VIII, Gregorio XVI, Pio IX, León XIII, san Pio X hasta Pio XII.
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Este es el combate que libramos hoy en día: Existen los pro-Syllabus, los pro-Quanta Cura, los pro-Pascendi y existen aquellos que son contrarios. Esto es muy simple.
Los que están contra estos documentos adoptan los principios de la Revolución, los errores modernos. Los que están a favor permanecen en la verdadera fe católica.
Ahora bien, ustedes saben muy bien que el cardenal Ratzinger ha dicho oficialmente que para él el Vaticano II era el anti-Syllabus. Si él está claramente colocado contra el Syllabus, es porque él ha adoptado el principio de la Revolución. De allí que ha dicho claramente: «La Iglesia está abierta a las doctrinas que no son nuestras sino que vienen de la sociedad, etc.» Todo el mundo ha comprendido: los principios del 89, los derechos del hombre.
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Nosotros nos encontramos en el presente en la misma situación, no hay que hacerse ilusiones: nosotros dirigimos un combate muy fuerte. Pero como está asegurado por toda la línea del Pontificado, no debemos dudar o tener miedo.
Algunos quisieran cambiar esto o aquello, unirse a Roma, al Papa… Nosotros lo haríamos, por supuesto, si ellos estuvieran en la Tradición y continuaran el trabajo de todos los papas del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Pero ellos mismos reconocen que han tomado un camino nuevo, que el Concilio Vaticano II ha abierto una nueva era, y que la Iglesia recorre una nueva etapa.
Pienso que debemos inculcar esto a nuestros fieles, de tal manera que ellos se sientan solidarios de toda la historia de la Iglesia. Porque finalmente ella se remonta incluso hasta antes de la Revolución: es el combate de Satán contra la Ciudad de Dios. ¿Cómo va a resolverse? Este es un secreto de Dios, un misterio. Pero no hay que preocuparse, hay que tener confianza en la gracia del Buen Dios.
Que vayamos a combatir contra las ideas actualmente en boga en Roma, las que el Papa expresa, así como Ratzinger, Casaroli, Willebrands y tantos otros, es claro. Nosotros los combatimos porque ellos no hacen más que repetir lo contrario de los que los papas han dicho y afirmado solemnemente durante un siglo y medio.
No dudaremos ni un minuto si no queremos encontrarnos con aquellos que nos están traicionando. Hay quien desea mirar del otro lado de la barrera. Ellos no miran del lado de los amigos, de los que se defienden en el mismo terreno de combate, ellos miran un poco del lado del enemigo.
Ellos dicen que hay que tener caridad, tener buenos sentimientos, que hay que evitar las divisiones.
Después de todo, estas personas dicen cuando menos la misa buena, no son tan malos como se dice…
Pero ellos nos traicionan. Dan la mano a los que demuelen la Iglesia, a los que tienen ideas modernistas y liberales y por lo tanto condenadas por la Iglesia. Por lo tanto ahora, ellos hacen el trabajo del diablo, ellos que trabajan con nosotros por el reino de Nuestro Señor y por la salvación de las almas.
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Es lo que nos plantea a veces problemas con algunos muy buenos laicos, que nos son favorables y han aceptado las Consagraciones, pero que tienen un cierto pesar íntimo de no estar con los que estaban antes, con los que no aceptaron las Consagraciones y que ahora están en nuestra contra. «Es una lástima, quisiera irlos a encontrar, tomar una copa con ellos, tenderles la mano». Esto es traición, porque a la menor ocasión se irán con ellos. Hay que saber lo que queremos.
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Todos los que quieran venir con nosotros, para trabajar con nosotros, Deo gratias, les damos la bienvenida, poco importa de dónde vienen, pero que no nos pidan dejar nuestro camino para ir a colaborar con los otros. Esto no es posible.
A lo largo del siglo XIX, los católicos se han literalmente destrozado a propósito del documento del Syllabus, a favor, en contra, a favor, en contra…
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Este combate entre la Iglesia y los liberales modernistas es el del concilio Vaticano II. No hay que buscarle tres patas al gato. Y va más lejos. Cuanto más se analizan los documentos del Vaticano II y la interpretación que le han dado las autoridades de la Iglesia, más nos apercibimos que se trata no solamente de algunos errores, el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad, un cierto liberalismo, sino de una perversión del espíritu. Es toda una nueva filosofía basada en la filosofía moderna del subjetivismo.
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No tenemos nada que ver con esta gente, porque no tenemos nada en común con ellos.
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Cómo quieren que se les tenga confianza a personas como éstas, que justifican la negación de Quanta Cura, de Pascendi, de las decisiones de la Comisión Bíblica, etc…
O bien nosotros somos los herederos de la Iglesia Católica, es decir, de Quanta Cura, de Pascendi, con todos los Papas hasta antes del Concilio, y la gran mayoría de los Obispos de entonces, por el reino de Nuestro Señor Jesucristo y la salvación de las almas, o bien somos herederos de aquellos que se esfuerzan, incluso al precio de una ruptura con la Iglesia y su doctrina, de admitir los principios de los derechos del hombre, basados en una verdadera apostasía, con vista a obtener una presencia de servidores en el gobierno mundial revolucionario. Porque eso es el fondo: a fuerza de estar en pro de los derechos del hombre, de la libertad religiosa, la democracia y la igualdad de los hombres, tendrán un sitio en el gobierno mundial, pero será un sitio de servidores.
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Creo verdaderamente que tenemos unos cimientos y una fuerza que no provienen de nosotros. No es nuestro combate el que libramos, es el de Nuestro Señor, continuado por la Iglesia. No podemos dudar: O bien estamos con la Iglesia o contra Ella, nosotros no estamos con esta Iglesia conciliar que cada vez es menos la Iglesia Católica, prácticamente no queda nada.
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Este combate ha tenido sus mártires: los mártires de la Revolución y todos aquellos que han sido martirizados moralmente en el curso de todas las persecuciones de los siglos XIX y XX. ¿Y todo eso por nada? Este sería un falso combate, inútil, un combate que condenarían las víctimas y los mártires. Esto no es posible.
Nosotros estamos inmersos en esta corriente, en esta continuidad, agradezcamos al Buen Dios. Somos perseguidos, es evidente, nosotros somos los únicos excomulgados, los únicos perseguidos, pero no podemos no serlo.
¿Entonces qué pasará? No lo sé. ¿Elías? Apenas esta mañana leía en la Escritura: «El regresará y pondrá todo en su lugar», Omnia restituet. ¡Que venga rápido!
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Fideliter N° 79
de enero-febrero de 1991
Entrevista a Monseñor Lefebvre
Si bien el Padre Célier cita tres veces esta entrevista, sin embargo, ¡sintomática y simbólicamente!, ignora lo siguiente:
Fideliter: ¿Por qué no ensayar una última tentativa y por qué le parece imposible?
Monseñor: Es absolutamente imposible en el clima actual de Roma, que se hace de más en más peor. No hay que hacerse ilusiones. Los principios que dirigen ahora la Iglesia conciliar son de más en más abiertamente contrarios a la doctrina católica.
Todas las ideas falsas del Concilio continúan desarrollándose, afirmándose cada vez con mayor claridad. Ellos se esconden cada vez menos. Es absolutamente inconcebible que se pueda aceptar colaborar con una jerarquía semejante.
Fideliter: ¿Piensa usted que la situación se ha degradado aún más después que, antes de las consagraciones, usted mantuvo conversaciones que concluyeron con la redacción del Protocolo del 5 de mayo de 1988?
Monseñor: ¡Oh sí! Por ejemplo, la Profesión de fe que ahora es reclamada por el Cardenal Ratzinger desde comienzos del año 1989. Es un hecho muy grave. Puesto que él exige a todos los que se han asimilado y pueden llegar a hacerlo una Profesión de fe en los documentos del Concilio y en las reformas postconciliares. Para nosotros es imposible.
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Durante quince años hemos dialogado para tratar de reintroducir la tradición en honor, en el lugar que le corresponde en la Iglesia. Nos hemos chocado contra una continua negativa. Lo que Roma concede ahora en favor de la Tradición, es un gesto puramente político, diplomático, para obligar las asimilaciones. Pero esto no es una convicción en los beneficios de la Tradición.
Todo lo que se le concedió a todos los que se asimilaron no se les ha acordado sino con el fin de obtener que todos aquellos los que se unen o se relacionan con la Fraternidad se separen y se sometan a Roma.
Fideliter: ¿Qué puede decir a los fieles que esperan siempre en la posibilidad de un acuerdo con Roma?
Monseñor: Nuestros verdaderos fieles, aquellos que han comprendido el problema y que justamente nos han ayudado a seguir la línea recta y firme de la Tradición y de la fe, temían las tratativas que hice en Roma. Me han dicho que era peligroso y que perdía el tiempo.
Sí, por supuesto, yo esperé hasta el último minuto que en Roma testimoniaran un poco de lealtad. No se me puede reprochar de no haber hecho el máximo.
Por eso, ahora, a los que vienen a decirme: es necesario que usted se entienda con Roma, creo poder decirles que yo he ido más lejos de lo que tendría que haber ido.
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Número Fuera de Serie
del 29-30 de junio de 1988
Por eso, ahora, a los que vienen a decirme: es necesario que usted se entienda con Roma, creo poder decirles que yo he ido más lejos de lo que tendría que haber ido…
Son las últimas palabras de Monseñor Lefebvre sobre sus relaciones con Roma.
¿Tan lejos llegó, como para tener que arrepentirse?
El texto completo del Protocolo de Acuerdo del 5 de mayo daría la respuesta al interrogante.
Pero, la mayor parte de los sacerdotes y fieles de la FSSPX ignoran u olvidan el contenido completo de dicho documento.
Muchas son las publicaciones oficiales de la FSSPX que recortan el texto y no proporcionan el inciso 6.2. En América del Sur, la Revista Iesus Christus, en la separata que acompaña a su Nº 1, lo suprimió por orden de Monseñor de Galarreta.
Sólo recordamos aquí los dos primeros puntos del inciso 6º de la IIª Parte, relativa a las cuestiones canónicas:
6. PROBLEMAS PARTICULARES (a resolver por decreto o declaración).
6.1. Levantamiento de la «suspensio a divinis» de Monseñor Lefebvre y dispensa de las irregularidades incurridas por el hecho de las ordenaciones.
6.2. «Sanatio in radice», al menos «ad cautelam», de los matrimonios ya celebrados por los sacerdotes de la Fraternidad sin la delegación requerida.
¿Hasta dónde fue Monseñor Lefebvre? Él mismo responde: Creo poder decirles que yo he ido más lejos de lo que tendría que haber ido…
Hasta aceptar la validez de la suspensión a divinis y de las irregularidades de sus sacerdotes, diáconos y subdiáconos…
Hasta poner en duda la validez de todos los matrimonios contraídos ante sus sacerdotes y bendecidos por ellos…
Estos dos puntos son una prueba de hasta dónde se puede llegar cuando uno entra en relaciones con la Roma anticristo y modernista.
Ellos muestran a las claras que, de haber continuado con ese Protocolo de Acuerdo, se hubiese llevado a cabo la «operación suicidio» de la Obra de la Tradición.
Esto es lo que está realizando Monseñor Fellay desde el año 2000.
Esto es lo que pretende justificar, fundado en la autoridad del mismo Monseñor Lefebvre, el Padre Célier.
En la próxima entrega mostraremos que, además del Obispo de Écône, otras autoridades se opusieron a este suicidio que hoy está a punto de consumar Monseñor Fellay.

