Ciudad Autónoma de Buenos Aires, domingo 27 de mayo de 2012
Estimados lectores de la presente:
Hasta el día de hoy, en la misa de las 19hs, desconocía que fuese tan importante intercalar las misas de la FSSPX con las de los sacerdotes que se alinean con Mons. Richard Williamson y los otros dos obispos de la FSSPX. Nunca como hoy, había presenciado en una misa dominical la dedicación de tal cantidad de tiempo del sermón en la defensa de la posición de Monseñor Fellay, ni con tantos razonamientos ni en una fiesta tan solemne como Pentecostés. Entre otras cosas se dijo que eran «algunas sirenas en el mar» las que hablaban de traiciones por parte de Mons. Fellay, ridiculizando con esta metáfora a los justos argumentos esgrimidos a favor de su dimisión, sin siquiera exponerlos con justicia.
Se exageró el reconocimiento del Papa hacia la FSSPX y la Tradición Católica. Se volvió a elogiar el levantamiento de las excomuniones, como si no fuese propio del ecumenismo modernista reemplazar una declaración de nulidad por un levantamiento y ello no fuera indigno de ser aceptado. Al mismo tiempo se pretendió que Monseñor Fellay no está haciendo ceder doctrinalmente a la FSSPX en absolutamente nada (¿y la aceptación del «levantamiento»?). Se animó a la feligresía a confiar más en la guía de Mons. Fellay. Se trató de convencernos de que en lugar de «acuerdo práctico» se trata de un «justo reconocimiento» por parte del Papa, un asunto que está siendo llevado de tal manera por el superior general que no habrá ninguna concesión doctrinal ni tampoco implica ningún peligro para la FSSPX ( o sea, tampoco para su tarea aspotólica y misionera).
Se hizo un llamado a la prudencia con el internet. Se criticó las publicaciones «fáciles», los escritos que no son confiables, etc. Creo que también se hizo un reconocimiento indirecto de las diferencias entre los 4 obispos, pero el tema quedó muy disimulado, como si sólo contara la posición de Mons. Fellay. Tal vez se me ataque con que son todas interpretaciones mías. Entonces entrevisten a fondo al Padre Prior de la Capilla de la ciudad de Buenos Aires, y cada quién fórmese su propia opinión. Se me adjudica que no tengo el suficiente tiempo en la FSSPX como para emitir voz alguna, pero conozco desde dentro la aplicación del «motu propio», y la manera de pensar de los sacerdotes del novus ordo, como para opinar que es exagerado el valor que se le dá.
¿Es realmente tan significativo el «motu propio» del Papa? Las misas oficialmente autorizadas para brindar «seguimiento» al motu propio del Papa Benedicto XVI, sobre un rito «extraordinario», están siendo usadas (en la práctica) para seleccionar filo-tradicionales y sermonearlos en la linea del modernismo.
El mismo capellán oficial de este rito para la ciudad lo dijo una vez en su blog: «acoger» este «motu propio» se trata de un gesto para ayudar a los fieles que están encariñados con este rito a crecer paulatinamente en la plenitud del espíritu del Concilo Vaticano II y sus consecuencias, además insiste en la misa de que se debe aprender a escuchar a Dios en el sermón (su sermón modernista). Sacerdotes que se estén convirtiendo sinceramente a la Tradición, si los hay, deben celebrar ocultamente.
El Papa Benedicto XVI explicó claramente que dos ritos latinos no pueden coexistir indefinidamente, que él espera que resulte un híbrido con lo «mejor» de ambas, de modo que su permiso se alinea dentro de los «sofismas reconciliatorios» entre Tradición y Modernismo, es por lo tanto temporal, y sin casi peso en la práctica porque por ejemplo en Buenos Aires la misa «tradicional» que se celebra en dependencia del Obispo diocesano, es YA MISMO un híbrido entre ambas misas, entre otras muchas cosas porque o se leen lecturas del novus ordo (según el celebrante es mandato del mismo obispo, que habría recibido autoridad para ello), o se eligen lectores contrariando las normas de la misa tradicional, o el Canon se celebra en voz muy alta, sin interés en formar monaguillos, se usan hostias que pudieron haber sido «consagradas» en misas de dudosa validez, y mucho peor: se usan los sermones para alejar a los fieles de la Tradición Católica.
Además la asistencia es demasiado escasa porque los fieles han sido adoctrinados en su desprecio, porque se designan capillas rodeadas de oficinas, o en horarios inconvenientes, y porque así (mal celebradas) no resultan ni muy sacras, ni tan bellas o regias. Para quien de algún modo esté advertido contra los celebrantes del este híbrido, quizá resulte siendo un trampolín hacia una auténtica misa tradicional si se sale a tiempo, pero se hace difícil en las circunstancias explicadas, y como la asistencia es insignificante, son muy pocas las almas que se aprovecharán. Yo fui una ellas. Igualmente me parece que se exagera su valor.
Axel Álvarez Frati
