CARTA DE LECTORES: Un Católico perplejo y agradecido a tres Obispos Católicos

Otra vez, el modernismo impuesto por decreto ley, vuelve a poner en pie de lucha a los católicos, que inquietos y en zozobra, a causa los mismos de siempre, que no cejan en su empeño de destruir la  obra majestuosa de un Obispo ejemplar que no quiso morir vendido al poder establecido tras el el nefando concilio V2 y prefirió hacerlo manteniendo la virginidad de la Fe, primer requisito para reconocer la autoridad y la jurisdicción.
Pero la conjura no contó con su tres dignos herederos que sabedores del fin que se nos preparaba, han dado un golpe varonil sobre la mesa, que ha resultado un fuerte aldabonazo sobre todos aquellos que nos ilusionamos en su día y vimos perdida esa ilusión felizmente recobrada hoy. Cual alcaldes de Móstoles, que aquel lejano 2 de mayo de 1808, hicieron poner «los pies en polvorosa» a aquellos franceses, que con sus bayonetas nos quisieron imponer su revolución impía. Éste no es sino un capítulo más de la obra desacralizadora del misterio de iniquidad, del que nos había ya advertido el Apóstol de las Gentes, por ello debe ser también una lección para estar alerta en el futuro, porque la VERDAD debe ser siempre una trinchera que nos toca defender, por ello ¡Alerta católicos!, cuando se os hable de acercamiento, de comprensión, de buenas voluntades…, porque detrás se esconde la revolución que no cesa y que cuanto mayor sea el poder de las tinieblas, tanto mayor será su acoso.
Unas reflexiones si son necesarias hacer tras esta victoria que sólo es de una batalla, y que no es nada si la comparamos con la lucha definitoria que se avecina, por ello es «conditio sine qua non» no bajar nunca la guardia.
Es preciso también que se depuren responsabilidades, y es por ello que desde aquí, propongo con humildad a Mons. Fellay, que en aras de la cohesión y restablecimiento de la unidad perdida, ponga su puesto a disposición de la Fraternidad, lo mismo que sus más próximos colaboradores.
Es hora de unir que no de dispersar, por lo que se hace preciso que aquellos sacerdotes que por celo apostólico, vieron a priori el desastre que se avecinaba, retornen a la Fraternidad sin distinción de vencedores ni vencidos, porque también nos hacen mucha falta, sus lecciones las necesitamos.
Con absoluta seguridad, tanto Mons. Lefebvre como Mons. De Castro Mayer, desde el Cielo solicitarán a Cristo Rey y a María Reina que su obra permanezca hasta el final, hasta el triunfo conjunto de los Inmaculados Corazones de Jesús y de María. 
                                                                                                                         
                                                                                                                          Un Católico perplejo y agradecido a tres Obispos Católicos.