CARTA DE LECTORES: “NO, P. CACQUERAY, NOS VAN A TENER QUE SEGUIR ESCUCHANDO”

Estimado Sr. Director: Si le parece oportuno y lo tiene a bien, le pido me publique estas líneas.

 

Ahora, cual «bebés obedientes», el padre R. de Cacqueay, superior del distrito de Francia, nos condena al analfabetismo informativo, a la espera de que se consuma la compra-venta de la Fraternidad a la Roma de Asís, de la beatificación de JP2 y del largo etc. de la apostasía conciliar. No, no os asustéis, el P. Cacqueray quiere que desde hoy hasta Pentecostés, probable fecha fatídica de la entrega de las 30 monedas de plata, permanezcamos ciegos, sordos y mudos, en definitiva: imbéciles.

Pues no, P. Cacqueray, a los fieles que queremos seguir siendo CATÓLICOS, nos van a tener que seguir escuchando nuestras denuncias, precisamente porque queremos que la obra de Monseñor Lefebvre no se liquide, precisamente porque no está en venta.

No le vamos a hacer ni el más mínimo caso, porque esta parte de su sermón no es de recibo: «Me atrevo a hacer la petición, durante estos días que preceden la Fiesta de Pentecostés, que aquellos responsables de foros, acepten cerrarlos. Si no los cierran, que sus lectores se abstengan de visitarlos….». ¡Que osadía!

No siga utilizando el cuentito de los Rosarios, que los empleamos precisamente para lo contrario de lo que al parecer ya estaba pactado. Que no P. Cacqueray, que no somos idiotas.

Le garantizo que no os vais a salir con la vuestra, ya habéis logrado dividir a la Fraternidad, el objetivo de Roma ya se ha consumado, pero la Tradición va a continuar hasta la venida gloriosa de Nuestro Señor, quien con el sólo aliento de su boca os destruirá.

Así que sólo le resta a ese superior que, para no pensar mal, se considera un iluminadito, pedir perdón y retirarse a rezar por todo el daño que ha ocasionado.

No nos ponga el ejemplo de la espera de Pentecostés, porque nosotros estamos alerta, velando y siguiendo el mandato de Mons. Lefebvre, porque seguro que él desde el cielo, estará solicitando del Eterno Padre que no os permita consumar la crucifixión de su obra.

Por tanto ¡Católicos! desde estas páginas, una mujer os convoca para que no desfallezcáis y le demostréis a estos traidores que aún quedan hombres y mujeres dignos de seguir llamándose y siendo católicos, no de almoneda sino imitadores de los grandes santos y mártires anteriores al conciliábulo V2, porque después ya no tenemos ejemplos válidos, salvo nuestros obispos fundadores y el pequeño número que despreciáis, porque os denuncian vuestras intrigas y vuestro contubernio.

                                                                                                                                                      Simplemente, una mujer.

CARTA FIRMADA