FALSAS RAZONES
PARA ATEMORIZAR
A LOS FIELES DE LA FRATERNIDAD
En la Carta de Monseñor Fellay –cuya anónima difusión habrá pretendido alertar a la feligresía de un mal mayor que el de romper el secreto de la correspondencia privada–, llama negadores de la visibilidad de la Iglesia o del Papado a quienes no se someten en forma práctica y jurídica a la jerarquía visible que yerra desde el Papado. Los condenan porque obstaculizan la esperada conversión de los errores en invisibles y empapados de Verdad. Les pide no ver qué pasó con las demás comunidades hoy forzadas a aceptar los cambios que hacen perder la Fe.
A los fieles se los conmina oficialmente a cerrar sus blogs y no leer la internet. Ya no se les manda: “Guardaos de los malos pastores”. Van a tener que podar la Escritura, además de asustar a los fieles de poca Fe en la fuerza y la independencia de la Verdad. Allí, donde se dice que el Fuego del celo por la Gloria de Dios y la salvación de las almas arda, y no que se lo exponga a ser apagado. Si Dios le dice al joven bueno que deje cuanto tiene si quiere seguirlo, cuánto más no le diría a los modernistas: “Si quieren seguirme dejen primero todos sus errores y síganme”; y no a los buenos fieles: “Métanse en el arca del error, sin armas, sin escudos, sin chistar; ya obraré el milagro de preservarlos y suscitar un nuevo San Pío X si como Isaac se tienden a dejarse sacrificar por los negadores de la Verdad.”
Así que, ¿qué se teme de rechazar el Acuerdo? ¿Se teme lo mismo qué temió San Lorenzo cuando lo juzgaron los poderes humanos y lo asaron vivo? ¿Se teme lo que temió Santa Juana de Arco, cuando la pusieron en la Hoguera los religiosos vendidos a los poderes del mundo, y que acusándola falsamente de hereje la hicieron pasar por enemiga de Dios y de la Iglesia? ¿Temen lo que temió Daniel Profeta en el pozo de los leones, arrojado por los que tenían envidia del poder de su Dios? “Espíritu de Santo Temor de Dios, por el cual no se teme en este mundo otro desprecio que el de Dios…” (Novena de Pentecostés).
¡Lo que os digo al oído decidlo desde los tejados! No dice Dios: metéos en secreto en sus habitaciones y pactad vuestro sometimiento a los que os resisten y resisten mi Verdad, para que viendo cómo os sometéis vean que es bueno que ellos os hayan resistido hasta que vos no los resistáis más. La mentira y el error son como el pecado, se resisten y combaten hasta el último suspiro. Dios dará el valor y las armas. San Pablo no prometió 40 o 50 años de iniquidad y luego tregua. Es hasta el fin. El que no pueda resistir hágase a un lado y deje a los que llevan la cruz de la fidelidad cargarla hasta el final. Asuman que no están en condiciones de resistir y dejen pasar. Tápense los ojos, los oídos, apaguen la computadora, oscurezcan la conciencia, no se enteren lo que pasó con las demás sociedades tradicionalistas maniatadas, reconozcan su debilidad para sostener el combate, su temor a ser considerados parias, a estar solos con su Fe a cuestas. Tengan el falso sueño de que pueden ser como David contra Goliat desde la comodidad.
Gamaliel dijo: “Si es cosa de Dios no podéis destruirla, no sea que combatáis contra Dios”. Y sean Uno solo, Tres, o sean 12, mientras sostengan la Verdad sin claudicaciones, sin soberbias puristas farisaicas como pesados fardos, ni afanes humanos serán de la obra de Dios. Que quien combate bajo la bandera de Cristo cuenta con legiones de su Celestial Ejército en pie de guerra, aunque no se los pueda ver, como no puede verse tampoco la Sangre de Cristo como sangre natural en el Cáliz consagrado. Esto es cuestión de Fe. Y también de sana e informada prudencia. Si existe el peligro de callar o negar la Verdad, ya sabemos Quién se ha de callar en nuestro Juicio Final…
CARTA FIRMADA
