PARA DESMEMORIADOS DISTRAÍDOS ABSTRAÍDOS

PARA

DESMEMORIADOS

DISTRAÍDOS

ABSTRAÍDOS

En su Carta al Consejo General de la FSSPX, los otros tres Obispos comienzan de este modo:

Desde hace varios meses, como muchos lo saben, el Consejo general de la FSSPX considera seriamente las propuestas romanas para un acuerdo práctico, dado que las discusiones doctrinales del 2009 al 2011 han probado que es imposible un acuerdo doctrinal con la Roma actual. Por medio de esta carta los tres obispos de la FSSPX que no forman parte del Consejo General desean hacerle saber, con todo el respeto que conviene, la unanimidad de su oposición formal a cualquier acuerdo semejante.

En el párrafo final, concluyen:

Monseñor, Padres: pongan atención; ustedes conducen a la Fraternidad a un punto sin retorno, a una profunda división sin marcha atrás y, de lograr un acuerdo semejante, a poderosas influencias destructivas que no podrá soportar. Si hasta el presente los obispos de la Fraternidad la han protegido, fue precisamente porque Monseñor Lefebvre rechazó un acuerdo práctico. Y ya que la situación no ha cambiado substancialmente —puesto que la condición alegada por el Capítulo de 2006 no se ha realizado para nada (cambio doctrinal de Roma que permita un acuerdo práctico)— escuchen de nuevo a su Fundador. Tuvo razón hace 25 años. Hoy la sigue teniendo. En su nombre, los conjuramos: no comprometan a la Fraternidad en un acuerdo puramente práctico.

Ahora bien, en su respuesta, los miembros del Consejo General expresan:

Pretender esperar a que todo se arregle para llegar a lo que ustedes llaman un acuerdo práctico, no es realista.

¿Qué quieren decir Monseñor Fellay y sus dos Asistentes cuando utilizan esa locución «lo que ustedes llaman un acuerdo práctico«? Lo del acuerdo práctico, ¿no existe?, ¿es un invento de los tres Obispos?

Investiguemos.

1º) Los tres Obispos hicieron referencia al Capítulo General de 2006. ¿Qué encontramos en la Declaración final de dicha Asamblea? Allí se lee:

Los contactos que la FSSPX mantiene episódicamente con las autoridades romanas tienen por único objetivo ayudarlas a recuperar la Tradición, que la Iglesia no puede renegar sin perder su identidad, y no la búsqueda de una ventaja para ella misma, o de llegar a un imposible «acuerdo» puramente práctico.

2º) El Superior General, en su Carta a los Amigos y Benefactores Nº 72, del 14 de abril de 2008, expresó:

El Motu Proprio «Summorum Pontificum», que reconoció que la Misa tridentina jamás había sido abolida, presenta ciertas cuestiones en lo que concierne al futuro de las relaciones de la Fraternidad San Pío X con Roma.

Muchas personas, sea en los medios conservadores e incluso en Roma, han dicho que habiendo hecho el Sumo Pontífice un acto de tanta generosidad, y habiendo dado —por eso mismo— un signo manifiesto de buena voluntad a nuestro respecto, a la Fraternidad ya no le queda sino hacer una sola cosa: «firmar un acuerdo con Roma». Algunos de nuestros amigos, por desgracia, se han prestado a este juego de ilusiones.

Queremos aprovechar la ocasión de esta carta, publicada durante el tiempo pascual, para recordar una vez más los principios que presiden nuestra acción en estos tiempos problemáticos y señalar algunos acontecimientos recientes, que indican muy claramente que, en el fondo, fuera de la apertura litúrgica advenida con el Motu Proprio, verdaderamente nada ha cambiado, extrayendo así las conclusiones que se siguen.

(…)

El enredo a nivel de las palabras unido a la afirmación de que la Iglesia debe permanecer fiel a su Tradición puede confundir a más de uno. Pero mientras los hechos no corroboren las afirmaciones hechas, hay que concluir que nada ha cambiado en la voluntad de Roma en cuanto a proseguir con las orientaciones conciliares, sea lo que fuese de los cuarenta años de crisis…

He aquí por qué la Fraternidad San Pío X no puede «firmar un acuerdo». Nos alegramos francamente de la voluntad papal de reintroducir el antiguo y venerable rito de la Santa Misa, pero observa también la resistencia —feroz en ocasiones— de episcopados enteros.

Sin desesperar, sin impaciencia, comprobamos que el momento de un acuerdo no ha llegado.

Esto no nos impide seguir esperando, continuar con el camino fijado desde el año 2000. Seguimos pidiendo al Santo Padre la anulación del decreto de excomunión de 1988, persuadidos como estamos que hará un grandísimo bien a la Iglesia; los alentamos a rezar para que se produzca.

Con todo, sería muy imprudente y precipitado embarcarse precipitadamente en la concreción de un acuerdo práctico que no se fundaría sobre los principios fundamentales de la Iglesia, especialmente sobre la fe.

3º)  En una entrevista que Monseñor Fellay concedió a Brian Mershon, en mayo de 2010, publicada en el diario «Remnant», dijo:

Es muy claro que cualquier solución práctica que se diera sin un sano fundamento doctrinal conduciría directamente al desastre. Nosotros tenemos todos estos ejemplos ante nuestros ojos, la Fraternidad de San Pedro, el Instituto de Cristo Rey y todos los demás están totalmente bloqueados a nivel de la doctrina porque primero aceptaron el acuerdo práctico.