CARTA DE LECTORES: ¿ILUSIÓN SATÁNICA DE MONS. FELLAY?

Se tiene la impresión de que la de Monseñor Fellay es una ilusión satánica, de ésas que prosperan merced al terreno siempre fértil de la vanidad, la desobediencia y el oscurecimiento de la conciencia; en su carta también parece mostrar una sesgada apreciación de la realidad en cuanto a los fines del empeño romano hacia la Fraternidad, y a la “oportunidad” de la aleación espuria con el error.

Maestros de espiritualidad, como Don Columba Marmion han reprendido incluso a Superiores de Congregaciones religiosas que se resistían a seguir la guía de sus reglas, asaltados por el aparente influjo de una moción sobrenatural que parecía superior a aquella y encaminada al bien: “Obedeciendo a una voz interior que consideramos venida de un impulso superior, Nos hemos juzgado que es el momento oportuno para ofrecer a la Iglesia Católica y a toda la familia humana un nuevo concilio ecuménico”. Esta “inspiración del Altísimo”, “esta solicitación divina” corresponden a Juan XXXIII, y son frases citadas por Monseñor Lefevbre en su obra “LE DESTRONARON” (Cap. XXIII: La Subversión de la Iglesia operada por un Concilio”, Ed. San Pío X)

Monseñor Fellay se ha emancipado de ese deber fundacional de  mantener el depósito de la Fe y ciertamente la liturgia de siempre previniéndola de toda mezcla con el error teórico o práctico. Somete este principio fundacional a la cola de una quimera misionera ajena a la realidad, pese a tener ante sí el derrotero modernista que les fue impuesto una por una a todas las comunidades tradicionalistas con mayores o menores requisitos jurídicos y doctrinales, una vez que cayeron bajo el influjo de la Roma modernista. Creer que será diferente con la Fraternidad es la otra parte de esa ilusión diabólica.

También al terreno de la realidad pertenece el no ver que las convocatorias de Roma a la Fraternidad son como los acosos de la comadreja, que si insiste en acceder a los huevos y los pollitos, no es porque cambie su mala intención de comérselos; y es claro que su afán crece a medida que los tiene más cerca. La realidad muestra también que fuera de las medidas de “liberación” de la Misa y de la Fraternidad no hay otras medidas en el sentido de buscar la “ayuda” de la Fraternidad, sino todo lo contrario, de inmiscuirse hasta en las Confirmaciones. Menos aún existe el mínimo signo de recurrir a los medios que sí tiene Roma para encaminar a la Iglesia, desencaminada moral, doctrinal, litúrgicamente. Ninguna medida, ninguna condena, ninguna excomunión. Sí, en cambio, Asís, sí comunión en la mano, sí catecismo modernista, sí oraciones modernistas, sí ritos modernistas, curas desobedientes, monjas escandalosas, etc. Esa es la realidad que no forma parte del campo visual del perspicaz Obispo.

Por último, la denostación que hace de los tres Obispos, el desprecio y la interpretación maliciosa de sus intenciones, de sus razones, otrora compartidas unánimemente, lo convierte en uno de dos personajes: o es un delirante con veleidades tradicionalistas mesiánicas tan volubles como su palabra, o es un personero que desde el seno de la Fraternidad ha buscado su disolución para completar la destrucción gradual de todos los baluartes de la Tradición. Porque como sostiene él mismo, desde adentro siempre se puede hacer más…

CARTA FIRMADA