PÍO XII Y LA FAMILIA CRISTIANA
Discursos de Su Santidad Pío XII a los recién casados ente los años 1939 y 1943
FUNDADORES DE NUEVAS FAMILIAS
24 de Mayo de 1939
Nos sentimos verdaderamente contentos y profundamente conmovidos al ver que habéis venido a Nos, queridos esposos, después que en la bendición nupcial habéis santificado y consagrado vuestro afecto, y habéis depositado a los pies del Altar la promesa de una vida cada vez más intensamente cristiana.
Porque de ahora en adelante debéis sentiros doblemente obligados a vivir como verdaderos cristianos: Dios quiere que los esposos sean cónyuges cristianos y padres cristianos.
Hasta ayer habéis sido hijos de familia sujetos a los deberes propios de los hijos: pero desde el instante de vuestro matrimonio habéis venido a ser fundadores de nuevas familias: de tantas familias cuantas son las parejas de esposos que Nos rodean.
Nuevas familias destinadas a alimentar la sociedad civil con buenos ciudadanos, que procuren solícitamente a la sociedad misma aquella salvación y aquella seguridad de las que quizás nunca se ha sentido tan necesitada como ahora; destinadas igualmente a alimentar la Iglesia de Jesucristo, porque es de las nuevas familias de donde la Iglesia espera nuevos hijos de Dios, obedientes a sus santísimas leyes; destinadas, en fin, a preparar nuevos ciudadanos para la Patria celeste, cuando termine esta vida temporal.
Pero todos estos grandes bienes, que en el nuevo estado de vida estáis llamados a producir, solamente podréis prometéroslos sí vivís como esposos y padres cristianos.
Vivir cristianamente en el matrimonio significa cumplir con fidelidad, además de todos los deberes comunes a todo cristiano y a todo hijo de la Iglesia Católica, las obligaciones propias del estado conyugal.
El Apóstol San Pablo, escribiendo a los primeros esposos cristianos de Éfeso, ponía de relieve sus mutuos deberes, y les exhortaba enérgicamente de este modo: «Esposas, estad sujetas a vuestros maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la esposa, como Cristo es cabeza de la Iglesia. Esposos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y dio su vida por ella». «Y vosotros, oh padres», continuaba el Apóstol, «no provoquéis a ira a vuestros hijos: antes educadlos en la disciplina y en las enseñanzas del Señor».
Al recordaros, amados esposos, la observancia de estos deberes, os auguramos toda clase de bienes: y os impartimos aquella bendición que habéis venido a pedir al Vicario de Cristo, y que deseamos descienda copiosa tanto sobre las familias de que procedéis cuanto sobre las nuevas a las que dais principio.
