FLORILEGIO DE TEXTOS DE MONSEÑOR LEFEBVRE: 2º PARTE – ANEXOS

FLORILEGIO DE TEXTOS

DE MONSEÑOR LEFEBVRE

(Por los Dominicos de Avrillé)

Traducción de Radio Cristiandad

ANEXOS

1º) Roma y la «reconciliación»: Carta del seminarista C

He aquí extractos de la carta escrita por el seminarista que se había ido de Écône para asistir al seminario Mater Ecclesiae en Roma; carta a la que el Monseñor Lefebvre alude antes.

Este establecimiento, deseado por Juan Pablo II, fue abierto por él el 15 de octubre de 1986 y fue protegido por una comisión de cardenales. Mater Ecclesiae debía acoger a los seminaristas de Écône y a «aquellos de sensibilidad análoga». Lo que describe esta carta, ¿no es lo que se está realizando para la Fraternidad de San Pedro y para los que siguieron el mismo camino, mucho más lentamente, probablemente, pero mucho más hábilmente? En efecto, ¿no ha declarado el Papa a estos últimos, durante su reciente peregrinación a Roma con ocasión de los diez años de Ecclesia Dei afflicta, que no iba a volver sobre los logros del Vaticano II y la reforma litúrgica?

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Roma, 2 de junio de 1988

«¡Lo siento! Sí, tengo todo, absolutamente todo a lamentar en este «negocio» Mater Ecclesiae. En primer lugar, mi expulsión, por haber hecho demasiadas peticiones y con insistencia, por ejemplo, de la mayor frecuencia de la Misa de San Pío V, del hábito eclesiástico, de la corrección, en el Seminario, los cursos en la Universidad Angelicum, etc…

La respuesta a estos requerimientos, varias veces repetidos, se quedó en el silencio y, sobre todo, la alineación progresiva y hoy completa de la casa y de cada uno de los seminaristas. Toda la empresa es, l día de la fecha, el hazmerreír de los progresistas, obispos franceses a la cabeza, ¡y de los más tradicionales!

Día tras día, hemos visto la situación deteriorarse, los seminaristas despojarse el hábito, hacerse aceptar por los obispos renunciando a todo, estar prestos para cualquier cosa… Luego, llegó el momento de las sanciones: todos los que eran responsables de ayudarnos, fueron advertidos de no ocuparse de nosotros… Ahora, para aquellos que no quieren saber nada con los obispos de Francia o de otros lugares, no hay absolutamente ninguna solución… Vagus!

Y el Papa no hizo nada y, probablemente, el próximo año, la casa Mater Ecclesiae será cerrada, lo cual tal vez sea lo mejor.

Muchas veces he tenido la oportunidad de repetir, sea al Cardenal Ratzinger, sea a algunos monseñores de la Curia que, por desgracia, nos vimos obligados a admitir que Monseñor Lefebvre tenía razón en la mayoría de las cosas, y que yo me había equivocado.

Tengo mucha pena al momento de escribirle estas líneas, la idiotez de haber abandonado Écône a pesar de sus consejos, la cobardía de las autoridades (peso mis palabras) cuando se trata de la Tradición, y su cobardía cuando se trata «del ecumenismo» con los demás, el abandono y la negación de prácticamente todos los que se habían comprometido a no abandonar nada…

¡Todo, sí, absolutamente todo me lleva a lamentar!»

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2º) Carta al Papa del Monseñor Lefebvre

Écône, 2 de junio 1988

Santísimo Padre,

Los coloquios y reuniones con el Cardenal Ratzinger y sus colaboradores, a pesar de que tuvieron lugar en una atmósfera de cortesía y de caridad, nos han convencidos de que el momento para una colaboración franca y eficaz no ha llegado todavía.

En efecto, si todo cristiano está autorizado a pedir a las autoridades competentes de la Iglesia que le conserven la fe de su bautismo, ¿qué decir de los sacerdotes, religiosos y religiosas?

Es para mantener intacta la fe de nuestro Bautismo que hemos tenido que oponernos al espíritu del Concilio Vaticano II y a las reformas inspiradas por él.

El falso ecumenismo, que está en el origen de todas las innovaciones del Concilio, en la liturgia, en las nuevas relaciones de la Iglesia y del mundo, en la concepción de la misma Iglesia, conduce la Iglesia a su ruina y a los católicos a la apostasía

Radicalmente opuestos a esta destrucción de nuestra Fe, y determinados a permanecer dentro de la doctrina y de la disciplina tradicionales de la Iglesia, especialmente en lo que respecta a la formación sacerdotal y la vida religiosa, nos encontramos en la absoluta necesidad de contar con autoridades eclesiásticas que cubran nuestras preocupaciones y nos ayuden a protegernos contra el espíritu del Concilio Vaticano II y el espíritu de Asís.

Es por eso que pedimos varios obispos, elegidos dentro de la Tradición, y la mayoría de los miembros en la proyectada Comisión Romana, con el fin de protegernos contra cualquier compromiso.

Habida cuenta de la negativa a considerar nuestras peticiones, y siendo evidente que el objetivo de esta reconciliación no es en absoluto el mismo para la Santa Sede que para nosotros, creemos que es preferible esperar tiempos más propicios para el retorno de Roma a la Tradición.

Es por eso que nos daremos a nosotros mismos los medios para llevar a cabo la labor que la Providencia nos ha confiado, siendo asegurado por la carta de Su Eminencia el Cardenal Ratzinger, fechada el 30 de mayo, que la consagración episcopal no es contraria a la voluntad de la Santa Sede, ya que ella es concedida para el 15 de agosto.

Vamos a continuar rezando para que la Roma moderna, infestada de modernismo, vuelva a ser la Roma Católica y recupere su Tradición bimilenaria. Entonces el problema de la reconciliación no tendrá más razón de ser, y la Iglesia podrá experimentar una nueva juventud.

Sepa aceptar, Santísimo Padre, la expresión de mis más respetuosos y filiales sentimientos en Jesús y María.

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3º) otros textos de Monseñor Lefebvre

a) Camino espiritual, capítulo 3

El Secretariado para la Unidad de los Cristianos, por medio de concesiones mutuas —el diálogo—lleva a la destrucción de la fe católica, a la destrucción del sacerdocio católico, a la eliminación del poder de Pedro y de los obispos. El espíritu misionero de los apóstoles, de los mártires, de los santos, es eliminado.

Mientras este Secretariado mantenga como orientación el falso ecumenismo, y que las autoridades romanas y eclesiásticas lo aprueben, podemos afirmar que ellas permanecen en ruptura abierta y oficial con todo el pasado de la Iglesia y con su Magisterio oficial. Es, pues, un estricto deber para todo sacerdote que quiera permanecer católico separarse de esta Iglesia Conciliar, mientras ella no reencuentre la tradición del Magisterio de la Iglesia y de la fe católica.

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b) Conferencia en el Retiro sacerdotal, Écône, 4 de septiembre de 1987

Roma ha perdido la fe, mis queridos amigos. Roma está en la apostasía.

Estas no son palabras en el aire las que te digo. Esta es la verdad.

Roma está en la apostasía.

Ya no podemos tener confianza en ese mundo. Salió de la Iglesia, que salió de la Iglesia, salen de la Iglesia. Es claro, claro, claro.

Hice un resumen al Cardenal Ratzinger, en pocas palabras. Yo le dije:

Eminencia, incluso si usted nos concede un obispo, incluso si usted nos da cierta autonomía respecto de los obispos, incluso si usted nos concede toda la liturgia de 1962, si usted nos concede seguir con los seminarios y la Fraternidad como lo hacemos ahora, no podemos colaborar, es imposible; porque trabajamos en direcciones diametralmente opuestas: ustedes, ustedes trabajan para la descristianización de la sociedad, de la persona humana, de la Iglesia; y nosotros estamos trabajando para la cristianización.

No podemos estar de acuerdo […] Usted acaba de decime que la sociedad no puede ser cristiana.

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c) Carta a los cuatro futuros obispos, 28 de agosto de 1987

Os conferiré esta gracia [del episcopado], confiando que sin demora la Sede de Pedro será ocupada por un sucesor de Pedro perfectamente católico, entre cuyas manos podréis depositar vuestro episcopado para que lo confirme.