Traducción y adaptación de Radio Cristiandad
Se ha tratado de conservar el estilo del autor, aunque se debió acudir a dos líneas por cada cruce verbal, en razón de que el idioma inglés utiliza palabras cortas, construyendo frases con sobrentendidos; el lenguaje castellano requiere mayor extensión, lo que enriquece lo expresado, por lo cual se ha optado por duplicar los endecasílabos para cada uno de los disputadores. Entendemos haber mantenido también el sentido y la intención de Monseñor Williamson; y si algún error u omisión se ha cometido, solicitamos las disculpas del caso y aceptamos las rectificaciones pertinentes.
El término stichomythia (del griego Σθικό-μύθια, literalmente «versículo-cuento») proviene de los dramaturgos helénicos, y designa una fuerte disputa, expuesta en líneas alternativas entre los contendientes. Ahora no hay mucho de drama real en un mundo donde la verdad está casi extinguida, pero las mentiras no han copado en su totalidad la Iglesia Católica, como ocurrirá virtualmente al fin del mundo; así, donde todavía hay algo de verdad, aún hay chances para una stichomythia.
Escuchemos a un «línea media» (LM) de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, tratando de hacer pasar un mal rato a un «línea dura» (LD) de la misma Fraternidad San Pío X:
LM: No es fuera de la Iglesia con su abrigo,
donde estar deberíamos nosotros
LD: ¿Quién se fue de la Iglesia? ¡El enemigo!
¡Fue el Concilio de Juan, fueron los otros!
LM: Pero vueltos hacia esa Iglesia actual,
¡se podría hacer ―seguro― mucho más!
LD: Si como antes detestamos el mal
y el error condenamos como atrás.
LM: ¿Por qué ha de ser que habríamos dejado
de atacar el error, dígame Usted?
LD: Porque así es que estaríamos del lado
de aquellos, operando a su merced.
LM: Es preciso seguir todas las leyes
que la Iglesia nos dicta día a día.
LD: No se pueden servir extraños reyes,
que sin Dios, eso es pura apostasía.
LM: La Iglesia Católica es visible,
y nosotros no andamos por ahí.
LD: ¿Dónde está la santidad sensible
de la Iglesia, Su Merced la ve allí?
LM: Sin embargo, las cosas han cambiado
desde el tiempo de nuestro Fundador.
LD: Pero los modernistas enquistados
aún se mueven con singular fervor.
LM: Lo que Roma nos ha propuesto ahora,
él, sin duda, lo habría consentido.
LD: ¡Jamás, después de aquella triste hora
que este Papa su Asís ha promovido!
LM: Pero nuestra hermandad fuerte se ve;
ya no puede caer más en su vida.
LD: «Todos los que se yerguen bien de pie
―dijo Pablo― recelen la caída».
LM: Es que nuestros queridos Superiores
aún poseen la gracia de su estado.
LD: ¿Nunca vio proferir crasos errores
a adalides, aún desde el papado?
LM: ¡Los líderes integran nuestras huestes;
son parte de la gran Fraternidad!
LD: ¿Significa que son seres celestes,
preservados sin fin de la maldad?
LM: Fue cumplido el primero requisito;
Roma dio libertad a nuestra misa.
LD: Pero la remplazó con el maldito
Novus Ordo, más otras cortapisas.
LM: También Roma borró la excomunión
a los cuatro prelados de la Frater
LD: ¿Y es que ahora ya cumplen su función
con total libertad, dígame, Pater?
LM: Sin embargo, el querido Benedicto
ha llamado pidiendo nuestra ayuda.
LD: ¿Levantando todos los interdictos
a la Verdad, o dejándola muda?
LM: ¿Cómo puede acusarse a nuestro Papa
de causar a la Verdad menoscabo?
LD: De su ser modernista nada escapa,
sin remedio confunde cabo a rabo.
LM: En verdad Benedicto XVI
nos aguarda impaciente de regreso.
LD: Como un modernista, bien sabéis
qué clase de pecado yace en eso.
LM: Pero entonces, ¿aún se ha de creer
que él es Papa, con toda convicción?
LD: Así es, pero cumpliendo el deber
de rezar por su pronta conversión.
LM: «Como un modernista«, ¿qué has querido
expresar con aquella locución?
LD: Que nuestra vera Fe daño ha sufrido;
sólo eso, y ninguna bendición.
LM: Pero el Papa se ocupa verazmente
de nuestro bienestar, sin duda alguna.
LD: Si la Fe es despreciada totalmente,
nos despoja, nos deja sin fortuna.
LM: ¡Sólo estás demostrando gran carencia
de un espíritu sobrenatural!
LD: Si yo digo ¡ay, ay! ¿es por dolencia
o porque no me ataca ningún mal?
LM: ¡Nunca todo en la Iglesia es tan sombrío,
ni tinieblas la cubren con su manto!
LD: ¿Dónde ve algún vestigio, aunque sea frío,
de una enmienda, si todo causa espanto?
LM: ¡Se ve la Tradición en movimiento,
y la Iglesia a su encuentro se apresura!
LD: ¿Mientras los modernistas irredentos
conservan el control de esa andadura?
LM: ¿Esta Iglesia oficial es todavía
del Gran Dios la verdadera Iglesia?
LD: Si, lo que resta aún de lo que había
antes que el clero fuera huida necia.
LM: Roma, y este pontífice, seguro,
están llenos de buenas intenciones.
LD: Pavimento al Infierno y a lo oscuro
se construye con esas voliciones.
LM: Pero ¿son más profundos estos males
que los de aquel Segundo Vaticano?
LD: La Tercera de las Guerras Mundiales
le llamó el Arzobispo, y no era vano.
LM: Eres duro, y en esa posición,
hacia el cisma conduce tu actitud.
LD: ¡Es mejor, antes que en la situación
hasta el Credo carezca de virtud!
LM: Pero no todas las autoridades
de la Iglesia carecen de bondad.
LD: No tienen el Poder esas bondades
de los sanos, ¡qué triste esa verdad!
LM: No estarás suponiendo sacerdotes,
que carecen de infalibilidad.
LD: ¡Pero cientos de aquellos obispotes
causaron el Concilio y su maldad!
LM: Sin embargo, Católicos instintos
van buscando Católico cobijo
LD: No es en Roma con su credo distinto
donde pueden refugiarse esos hijos.
LM: ¿Dónde estará la Iglesia bien católica?
¿Sólo en la Tradición? ¿En dónde está?
LD: «Una, Santa, Católica, Apostólica»
busca así y por allí la encontrarás
LM: ¡Tu quieres resolver este complejo
con algunas memorias trasnochadas!
LD: No, señor, es tan sólo que en lo añejo
se fundó con sus bases bien armadas.
LM: Nuestra Fe cree en Dios y en el Sagrado
Corazón de Cristo Nuestro Señor.
LD: Pero todos los fieles bautizados
han de hacer sus aportes con honor.
LM: Me parece que no es muy conveniente
alzar quejas por esta situación.
LD: Los católicos sanos son fervientes,
defendiendo la Santa Tradición
LM: Si entrásemos en Roma, por supuesto,
los romanos han de retroceder.
LD: Nada de eso, tendríamos sus puestos,
siguiendo los caminos al No Ser.
LM: ¿Por qué es que se detienen los romanos
para hablarnos de una restitución?
LD: Porque lo que se esconde entre sus manos
realmente es nuestra destitución.
LM: Tornando a la corriente vaticana
podríamos volver a trabajar.
LD: Perdiendo así en sus vías tan arcanas
el camino que debemos andar.
LM: Pero somos muy fuertes, dos prelados
acompañan en la negociación.
LD: Suman tres los obispos adunados,
pero hay otro que tiene su opinión.
LM: En la Fe somos fuertes y felices,
¡no es el Modernismo una amenaza!
LD: ¡Es tan fácil caer en sus deslices!
No aconsejo apostar la propia casa.
LM: ¡La firmeza en la Fe nos asegura
un acuerdo al que podremos llegar!
LD: Debemos escapar de sus locuras,
por la Fe los herejes evitar.
LM: ¡Pero «Gott mit uns» es nuestra divisa!
¡Somos la singular Fraternidad!
LD: No, si optamos por mostrarnos a guisa
de imprudentes, sin control de verdad.
LM: ¡Si somos aprobados, los Romanos
nos tendrán por maestros superfinos!
LD: ¡Cielos, no! Con sus muy arteras manos,
nos pondrán bajo cascos de un equino.
LM: Tiembla Roma si somos aprobados,
un gran sismo recorre sus cimientos.
LD: Pero hemos de quedar muy destrozados,
sacudiendo nuestros propios fragmentos.
LM: El líder tiene gracia por su estado,
obediencia debemos a su honor.
LD: Pablo VI, a través de su reinado,
¿tuvo gracias para ser un traidor?
LM: Ahora Roma se muestra debilucha,
nosotros mantengamos el vigor.
LD: Roma es débil porque su fe no es mucha,
pero es muy poderosa en el error.
LM: ¿Pero entonces cuál es nuestra respuesta,
si es que siempre conservas la razón?
¿Cómo puede la Iglesia salir de esta
tan difícil, compleja situación?
LD: A Dios le corresponde la Gran Gesta,
en la Iglesia tiene su Corazón:
Él ve que Roma hiede, Roma apesta,
pero todo sucede en su sazón.
Al llegar su momento lo veremos,
sorprendente y sublime en su presencia.
Hasta entonces sufrientes viviremos,
con sed de lo correcto, por su ausencia.
Confiemos, que si nada sanaremos,
es justo padecer con gran paciencia.
Del error nos debemos distanciar;
mucho odiar en el mal permanecer,
mientras por esas almas elevar
fervientes oraciones es deber.
Decir de Dios verdad, aunque nos pese
que sean pocos los hombres que la entiendan,
que la escuchen o que le rindan preces.
Su ayuda esta muy cerca, está en la senda
que recorren nuestros pasos a veces
cuando vamos a la vecina tienda.

