Si Roma ahora nos llama de regreso desde el exilio a la que nos expulsó en 1975 con la derogación de la aprobación [canónica] [de la sociedad], y aún más en 1988 con el decreto de excomunión, luego eso es un acto de justicia y sin duda también un acto de auténtico cuidado pastoral del Papa Benedicto XVI. Y por eso estamos agradecidos.
Schmidberger: «Estamos muy agradecidos»
Presentamos nuestra traducción de la editorial de la edición de mayo de 2012 de la revista mensual del Distrito alemán de la Fraternidad San Pío X, Mitteilungsblatt, escrito por el Superior del Distrito y ex Superior General de la FSSPX, Padre Franz Schmidberger (resaltado nuestro).
Queridos amigos y benefactores, queridos fieles:
“Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.
Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron.”
En esta declaración de Mons. Lefebvre del 21 de noviembre de 1974 se encuentran dos principios inseparables, fundamentales: por un lado, el rechazo del espíritu del Concilio, de algunas de las declaraciones del Concilio y de algunas de las reformas que surgieron del Concilio -y nos hemos dedicado con toda nuestra fuerza a esta tarea desde la fundación de la Fraternidad en 1970-. Por otro lado, las relaciones indestructibles con Roma, en la medida en que se trata de la Roma eterna. No podemos esperar, sin embargo, que después del colapso de lo conciliar y post-conciliar, todo sería perfecto de nuevo en la Iglesia militante en sólo un día. La Iglesia tiene en su seno tanto a santos como a pecadores. Entre sus imperfecciones humanas, incluso se puede contar a los errores, si no se oponen directamente a la verdad revelada. Un iglesia militante solamente llena de santos es la herejía del jansenismo, que ha sido condenada expresamente por el Magisterio. Por supuesto que todo cristiano tiene el deber de luchar contra el pecado y el error, cada uno según su posibilidad y su posición en la Iglesia, sin embargo, siempre debemos empezar por nosotros mismos y alinear nuestras vidas con los principios de la fe católica.
Durante y después del Concilio, el siguiente lema fue utilizado una y otra vez: Ecclesia semper reformanda est – la Iglesia está siempre en proceso de reforma. Esta declaración es ambigua y se abusó de ella de manera vergonzosa por los que querían reformas. Sólo es católico cuando nos referimos a la Iglesia que siempre tiene que ser reformada en sus miembros, siempre debe ser renovada la vida de fe y la moral, e incluso la disciplina de la Iglesia lo es a veces para adaptarse a las nuevas circunstancias. Pero la estructura de la iglesia es dada por Dios y no puede ser alterada ni «renovada» por el hombre.
No nos olvidemos en el fragor de la batalla, el primer principio de Mons. Lefebvre: la Iglesia es fundada por Cristo sobre Pedro. A él le confió las llaves del Cielo, a él le dio el mandato de apacentar a las ovejas (Mt 16, 18ss; Jn 21, 15ss). Y el campo de la Iglesia puede estar lleno de cizaña, tan lleno que apenas se puede ver el trigo – la Iglesia tiene la promesa de vida eterna, el Señor está con ella todos los días hasta el fin de los tiempos (Mt 28, 20). Se trata de su Iglesia, no de la nuestra. No tenemos el derecho a disponer de ella. No podemos ver a la Iglesia de un modo demasiado humano, demasiado político, o incluso demasiado diplomático. Por mucho que San Atanasio, en el siglo IV dC, salvó la fe en la divinidad de Cristo, por mucho que él salvaguardó la supervivencia de la Iglesia – no era más que una herramienta de la Divina Providencia, con la que la promesa de la existencia perpetua de la Iglesia se llevó a cabo. Si hubiese desertado de esta misión, Dios habría llamado a otra herramienta. Y esto es así con el Arzobispo Lefebvre y la Sociedad de San Pío X fundada por él: el fundador y su obra han contribuido significativamente a la defensa de la Iglesia, de la verdadera Misa, de los sacramentos libres de dudas, y del depósito de la fe durante estos tiempos de tormenta. Y, sin embargo, el gran confesor y obispo, los sacerdotes que él ordenó, los obispos que él consagró, no son más que siervos inútiles (Lc 17, 10), que están al servicio de la Divina Providencia y de la promesa. Cuánta gracia, grandeza y alegría hay en que se les permita servir! Y, sin embargo, las herramientas no tienen la promesa de vida eterna, sino la Iglesia, como Cuerpo místico del Señor. Y es por eso que nos aferramos, con todo nuestro corazón, a la Roma eterna, y por eso no queremos ser ni herejes ni cismáticos, sino simplemente católicos.
Si Roma ahora nos llama de regreso desde el exilio a la que nos expulsó en 1975 con la derogación de la aprobación [canónica] [de la sociedad], y aún más en 1988 con el decreto de excomunión, luego eso es un acto de justicia y sin duda también un acto de auténtico cuidado pastoral del Papa Benedicto XVI. Y por eso estamos agradecidos.
Con mi bendición sacerdotal en el Señor resucitado y su Madre Santísima.
Atentamente,
Padre Franz Schmidberger
Fuente: Mitteilungsblatt vía Rorate Caeli
Traducción: Santa Iglesia Militante
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PD: El Cardenal Raymond Leo Burke, Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, ha instado a los fieles a rezar “por la reconciliación con la FSSPX”, al participar de una peregrinación tradicional este pasado 1° de mayo (Riposte Catholique).

