MONS. FELLAY DIXIT: CON HORROR Y ASCO NOS ALEJAMOS DE ESA VISIÓN DE LA IGLESIA – ¡OTRAS ÉPOCAS!

A propósito de las relaciones Roma – FSSPX

En una anticipación a la traducción oficial al castellano del último comentario Eleison de Mons. Williamson, resulta interesante resaltar algunos de los puntos que se mencionan y comentarlos con las limitaciones obvias.

Mons. Williamson inicia este su comentario con las siguientes palabras:

«Decida o no la Fraternidad de San Pío X, pasar finalmente por alto el desacuerdo doctrinal y entrar en un acuerdo puramente práctico con las autoridades de la Iglesia Conciliar en Roma, las almas preocupadas por su eterno bienestar deben comprender tanto como sea posible lo que está en riesgo».

En seguida el obispo cita las palabras que un amigo de Su Excelencia le escribiera y que pueden resumirse como sigue:

Entre 2009 y 2011 tuvieron lugar las llamadas «discusiones doctrinales» entre Roma y la FSSPX, pláticas o discusiones que dejaron en claro cuan firmemente están las autoridades romanas al concilio Vaticano II. Este concilio declara que en razón de la dignidad humana, las personas tienen el derecho de practicar la religión que escojan y que, por lo tanto, la sociedad debe proteger la libertad religiosa y organizar la coexistencia pacífica entras las diversas religiones, negando así que Cristo es verdaderamente Dios y que Su Revelación, el depósito guardado por la Iglesia, debe ser aceptado por todas las sociedades.

Esto evidentemente va en plena contradicción con las enseñanzas de Gregorio XVI en Mirari Vos, de Pío IX en Quanta Cura, de León XIII en Immortale Dei y de Pío XI en Quas Primas. También contradice las enseñanzas de Pío IX en el Syllabus, de León XIII en Satis Cognitum y de Pío XI en Mortalium Animos.

Las nuevas doctrinas, que con muchas otras contradicen las enseñanzas formales y unánimes de los Papas anteriores al concilio Vaticano II, sólo pueden calificarse a la luz del dogma católico como heréticas.

Por lo anterior y dado que la unidad de la Iglesia se fundamenta en la integridad de la fe, es claro que la FSSPX no puede llegar a ningún acuerdo ni aun siendo únicamente un acuerdo «práctico», con aquellos que sostienen tales doctrinas.

Su Excelencia, Mons. Williamson termina con las siguientes palabras:

«Entonces, ¿cómo puede uno pensar otra vez en la sujeción o sometimiento a la realidad de Dios? Una forma podría ser sostener las encíclicas papales mencionadas antes por mi amigo y estudiarlas. Ellas fueron escritas por obispos, pero los obispos conciliares no son confiables. En la actualidad, los seglares deben tomar en sus manos su propia formación y su propio Rosario

Kyrie eleison»

Leyendo este último comentario Eleison de Su Excelencia Mons. Williamson o esta versión resumida del mismo, es fácil llegar a la conclusión de que Monseñor condena cualquier arreglo al que la FSSPX pueda llegar con la Roma modernista, o como llegó a llamarla el fundador de esta fraternidad, con la Roma anticristo.

Sin embargo, es conveniente hacer la observación de que el llegar a un acuerdo –sea este del tipo que fuere–, entre la FSSPX y la Roma del concilio Vaticano II, no sería el primero ni el único error de Mons. Fellay como superior general de la Fraternidad.

Ya han sido señalados de muy distintas maneras y por muy distintas personas que van desde simples seglares hasta sacerdotes de la FSSPX, muchos de estos errores. Los errores cometidos en diversos tiempos y circunstancias caen principalmente en el mentir y engañar tanto a miembros de la Fraternidad como a fieles atendidos por ella; engaños que tienden a presentar poco a poco a la iglesia modernista, a la roma anticristo, como propicia a un cambio favorable hacia la Tradición: como si Benito XVI estuviese luchando contra los modernistas aposentados en Roma para volver a la Iglesia y a la sana doctrina.

Todo esto es un engaño que no cuesta mucho descubrir para aquellos que no se dejan cegar por un exceso de confianza en las autoridades de la FSSPX. Y es que resulta fácil apreciar cuán modernista continua siendo Benito XVI al verle beatificar a Juan Pablo II; al recordar cómo celebró el aniversario del evento sincretista en Asís; al saber que el Viernes Santo de este año volvió a evitar el adorar la Santa Cruz, como la ha venido haciendo en años pasados; al verle participar en actos paganos como lo hizo en Australia o con los judío en diversas sinagogas o en el muro de las lamentaciones. La lista podría continuar por varias líneas más, pero bastaría uno sólo de estos actos para justificar el rechazo a cualquier trato con la iglesia modernista que ha tomado a Roma y que se presenta como la Iglesia multisecular fundada por Nuestro Señor Jesucristo.

Todavía en 2004, en su carta a amigos y benefactores No. 65, Mons. Fellay decía:

«A principios del mes de octubre tuvo lugar en Fátima una nueva reunión interreligiosa. Es Asís que se repite. […] Por todo esto nos preguntamos cómo es posible un acuerdo en estas condiciones. ¿Acaso podríamos callarnos ante tales aberraciones? Rechazamos un acuerdo puntual y afirmamos la contradicción entre lo verdadero y lo falso, así como nuestra férrea voluntad de no tener nullam partem en tal empresa, pues sencillamente no queremos dejar de ser católicos. Con horror y asco nos alejamos de esa visión de la Iglesia y de esa forma de «comunión». ¿Cómo puede pensarse que la Roma modernista ha cambiado, mostrándose favorable a la Tradición? ¡Qué ilusiones!»

¿Qué cambió en Mons. Fellay, que ahora piensa que la Roma modernista ha cambiado después de todos los errores que se han señalado antes y el Superior General no puede ignorar?

¿Qué le ocurrió al Superior General de la FSSPX que antes se alejaba con horror y asco de esa visión de la Iglesia, cuando ahora corre hacia ella y está considerando llegar a un arreglo puntual con sus autoridades?  Porque hay que reflexionar que en muchas ocasiones, Mons. Fellay escribió o pronunció palabras como las citadas.  Sin embargo, de un tiempo para acá cambió su discurso paulatinamente hasta el grado de haber aceptado y agradecido el levantamiento de las excomuniones – excomuniones que él mismo había calificado de inexistentes diciendo que no solicitaría su levantamiento, puesto que sería imposible levantar algo inexistente; hasta el grado de haber aceptado que esas excomuniones estuvieron operantes durante veinte años.

Y ahora cabe otra pregunta: ¿cómo pretende Mons. Fellay defender la fe aliándose con aquel que la combate?  Porque celebrar el sincretismo de Asís y repetirlo no es otra cosa que un combate abierto a la fe católica, como lo es el continuo rechazo a la doctrina sostenida siempre por la Iglesia.

Así pues, no es necesario esperar a que se llegue o no a un arreglo entre la FSSPX y Roma –sea este arreglo del tipo que sea–, para rechazar las acciones de Mons. Fellay: para hacer tal, basta saber que el Superior General de Fraternidad San Pío X ha recurrido a la mentira y al engaño para justificar sus relaciones y su acercamiento con la roma anticristo, con los lobos disfrazados de ovejas.

O Mons. Fellay ha sido cegado y engañado por los modernistas, o él mismo actúa a sabiendas de que está cooperando con los enemigos de la Iglesia. En cualquiera de los dos casos, es evidente que no se le debe seguir, sino que se le ha de resistir, lo cual no impide que se rece para que él regrese sobre sus pasos y lleve a la Fraternidad por el camino de la sana doctrina.