FAMILIA CRISTIANA: PIO XII Y LA FAMILIA: PRIMERA AUDIENCIA A LOS RECIÉN CASADOS

PÍO XII Y LA FAMILIA CRISTIANA

Discursos de Su Santidad Pío XII a los recién casados ente los años 1939 y 1943

LA PRIMERA AUDIENCIA A LOS RECIÉN CASADOS

26 de Abril de 1939

Vuestra presencia, amados hijos e hijas, llena de alegría nuestro corazón; porque si siempre es bello y consolador este acudir de los hijos en derredor del padre, nos es particularmente grato vernos rodeados por estos grupos de recién casados que vienen a hacernos partícipes de su gozo y a recibir una palabra de bendición y de aliento.

Y tenéis ciertamente que animaros, queridos esposos, pensando que el divino Autor del Sacramento del Matrimonio, Jesucristo Nuestro Señor, lo ha querido enriquecer con la abundancia de sus celestiales favores.

El Sacramento del Matrimonio significa, como vosotros sabéis, la unión mística de Jesucristo con su Esposa la Iglesia (en la cual y de la cual deben nacer los hijos adoptivos de Dios, herederos legítimos de las promesas divinas).

Y del mismo modo que Jesucristo enriqueció sus Bodas místicas con la Iglesia, con las perlas preciosísimas de la gracia divina, se complace en enriquecer el Sacramento del Matrimonio de dones inefables.

Éstos son especialmente todas aquellas gracias necesarias y útiles a los esposos para conservar, acrecentar y perfeccionar cada vez más su santo amor recíproco, para observar la debida fidelidad conyugal, para educar sabiamente, con el ejemplo y con la vigilancia, a sus hijos y para llevar cristianamente las cargas que impone el nuevo estado de vida.

Todas estas cosas las habéis ya comprendido, meditado y gustado vosotros; y si en este momento os las recordamos es para participar también Nos en alguna manera de esta hora solemne de vuestra vida y para dar a la santa alegría que os anima una base cada vez más segura y más sólida.

Que Dios, que es tan bueno, os conceda no enturbiar jamás la grandeza de vuestros sagrados deberes.

Que sea prenda de favores divinos la bendición apostólica que os impartimos con efusión de corazón y que deseamos os acompañe en los días alegres y tristes de vuestra vida y quede siempre en vosotros como testimonio perenne de nuestra paternal benevolencia.