ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI: ACTUALIDAD DE LA FSSPX Y ROMA – MARZO 2012

Mientras tanto... alguien festeja


ESPECIALES DE ACTUALIDAD DE LA FSSPX Y ROMA – MARZO 2012

Audios completos:

Primera Parte:

Segunda Parte:

Temario:

1) Sobre el artículo del P. Gleize (novedades)

2) Sobre el artículo de Dom Tomás de Aquino

3) Sobre el comunicado del Vaticano del 16 de marzo de 2012

4) ¡Cómo cambió la situación! (Análisis)

5) Sobre el Sermón de Mons. Fellay el 2 de febrero de 2012

a) Sobre la fecha de 1987

b) Sobre el Eleison 243 de Mons. Williamson

*) Paul Aulagnier responde a Mons. Williamson

c) Utilización del argumento ad hominem

6) El caso de las confirmaciones en Córcega

—————————- / / ———————————-

1º) Sobre el artículo del Padre Michel Gleize

Se ha confirmado que ha sido el Padre Bouchacourt el responsable de los recortes en este artículo. Veamos parte de lo que ha suprimido (va pintado en amarillo), y preguntémonos por qué lo ha hecho. Las conclusiones pueden ser esclarecedoras.

UNA CUESTIÓN CRUCIAL:

EL VALOR MAGISTERIAL DEL CONCILIO VATICANO II.

[2] (1) Mons. Ocáriz hace referencia en este punto a la constitución Dei Verbum del Vaticano II (nº 8), pero San Pío X subraya la misma idea en el Juramento antimodernista (Motu proprio Sacrorum antistitum del 1 de septiembre de 1910, DS 3549). «Mantengo firmísimamente la Fe de los Padres –y la mantendré hasta el postrer aliento de mi vida– sobre el carisma cierto de la verdad, que está, estuvo y estará siempre en la sucesión del episcopado desde los Apóstoles; no para que se mantenga lo que pueda parecer mejor y más conforme a la cultura de cada época, sino para que nunca se crea otra cosa ni se entienda de otra manera la verdad absoluta e inmutable predicada desde el principio por los Apóstoles.»

El estudio de Mons. Ocariz evita así responder a la cuestión crucial, que aún queda pendiente entre la Fraternidad San Pío X y la Santa Sede. Más exactamente, a los ojos del prelado del Opus Dei la respuesta a esta cuestión parece estar sobreentendida, como si nunca hubiese sido necesario abordarla, o como si el debate nunca hubiese debido tener lugar.

Éste se impone, sin embargo, más que nunca. En efecto, está lejos de ser evidente que el carisma de la verdad y de la autoridad del magisterio hayan estado ciertamente presentes en el último concilio y que el conjunto del episcopado reunido cum Petro et sub Petro se haya beneficiado de la luz del Espíritu Santo para enseñar a la Iglesia universal. Quiérase o no, no es seguro que, a los ojos de los católicos, el último concilio pueda imponerse en todo y para todos como el ejercicio de un verdadero magisterio, que reclama la adhesión de ellos en los distintos niveles indicados. De hecho, nosotros lo negamos por razones seriamente fundadas.

Las declaraciones de Juan XXIII afirman claramente que, a diferencia de los concilios precedentes, el Vaticano II quiso ser pastoral ya en su objeto.

De conformidad con el Discurso de 2005, Mons. Ocariz sienta el principio de una «interpretación unitaria», según la cual los textos del Concilio Vaticano II y los documentos magisteriales precedentes deben esclarecerse mutuamente. No solo el Concilio Vaticano II debe ser interpretado a la luz de los documentos magisteriales precedentes, sino que también algunos de estos últimos se comprenden mejor a la luz del Vaticano II.

Este vocabulario es nuevo. La idea que transmite, también.

2º) Sobre el artículo de Dom Tomás de Aquino

Dos corrientes se manifiestan actualmente en la Tradición. Unos quieren un acuerdo; otros no.

Unos dicen:

—Es necesario entrar en la Iglesia.

Otros responden:

—Quien ya está dentro, no necesita entrar.

—Pero nosotros necesitamos de la legalidad— replican los primeros.

—Fue así como cayeron Barroux, Campos y tantos otros— responden los segundos.

—Pero nosotros no caeremos, no es posible que Dios permita que tal cosa suceda.

—»Quien está de pié, cuide de no caer»— advierte San Pablo (I Cor. 10, 12)

Las mismas causas producen los mismos efectos. Si Benedicto XVI beatifica a quien excomulgó a Mons. Lefebvre y Mon. Antonio de Castro Mayer; si Benedicto XVI celebra el jubileo de plata de la reunión de Asís; si Benedicto XVI defiende el Concilio Vaticano II como conforme a la Tradición, entonces los males que vimos en el pontificado de Juan Pablo II se repetirán en el de Benedicto XVI.

Mientras la Roma liberal domine la Roma eterna; mientras el mayor desastre de la historia de la Iglesia desde su fundación, o sea el Concilio Vaticano II, sea la referencia privilegiada de los obispos, de los cardenales y del Santo Padre, no habrá solución.

—Pero Roma está cambiando— insisten los defensores de los acuerdos.

—¿Cambiando en qué?

—Roma liberó la Misa y retiró las excomuniones— responden los primeros.

—Pero ¿de qué sirve liberar la Misa de siempre si Roma deja coexistir las dos misas? Leemos en el Antiguo Testamento que Abraham expulsó a la esclava Agar y a su hijo Ismael para que Isaac no quedase como hijo de la esclava, pues dice San Pablo: «Aquel que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el espíritu», y San Pablo añade: «así también ahora» (Gal. 5, 29). Abraham hizo esto, contra su voluntad, en atención a un pedido de Sara. Y Dios dio la razón a Sara, pues la que es libre no debía ser equiparada a la esclava. La misa nueva es Agar: ella no tiene derechos. Ella debe ser suprimida.

En cuanto al levantamiento de las excomuniones, ¿de qué sirve retirarlas si se beatifica a quien las fulminó? A pesar de cierto beneficio jurídico de esos dos hechos, «liberación» de la Misa (que nunca fuera prohibida) y el «levantamiento» de las excomuniones (que nunca tuvieron validez), el beneficio espiritual de cada uno de ellos quedó bien comprometido por el contexto contradictorio en que fueron realizados. O es Juan Pablo II quien tiene razón, o es Mons. Lefebvre. No se puede exaltar a Juan Pablo II y retirar —si es que retiraron— la excomunión de Mons. Lefebvre. Los dos no pueden tener razón al mismo tiempo. Eso es puro modernismo.

En cuanto a la Misa, se da lo mismo. Si se permiten las dos, el resultado es la contradicción. Es un principio de disolución. Es un principio de corrupción de la fe católica.

—Mas— dirán los acuerdistas—, Roma no puede poner fin a esta crisis de una sola vez. Las cosas humanas no se resuelven de un solo golpe. Para poner orden en el caos actual, será necesario mucho tiempo.

—Sí, no hay la menor duda. Pero el comienzo de este orden sólo vendrá cuando el Papa tuviese la intención de instaurar este orden. Y aquí se impone una pregunta: ¿Benedicto XVI desea poner orden en la Iglesia?

—Ciertamente— dirán algunos entre los acuerdistas.

—Nada es menos cierto que eso —respondemos nosotros.Poner orden en la Iglesia no es imitar a Napoleón, quien estructuró la Revolución y de esa forma la perpetuó. Para esparcir el desorden, es necesario un poco de orden, decía Corção[i]. Benedicto XVI es un hombre de orden, mas el orden que él desea no es el causado por la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo: para él «el problema del Concilio fue asimilar dos siglos de cultura liberal»[ii]. Es esto lo que Benedicto XVI da señales de querer hacer con su hermenéutica de continuidad.

—Pero— insisten los otros— paulatinamente Benedicto XVI tomará cada vez más la defensa de la Tradición. Él necesita de nosotros. Él quiere nuestra ayuda para combatir el modernismo.

—Campos también hablaba de esa manera. ¿Cómo puede querer Benedicto XVI nuestra ayuda para combatir al modernismo si él mismo es modernista? Él puede combatir a ciertos modernistas; pero combatir el modernismo, sólo puede hacerlo después de dejar de ser modernista.

—Pero de esa forma no se llegará nunca a una solución.

—No lo sé. Lo que sé es que San Anselmo decía que Dios no ama más en este mundo que la libertad de Su Iglesia. Poner la Tradición bajo la autoridad de hombres que no profesan la integridad de la Fe católica es hacer exactamente lo contrario de lo que Dios ama.

—Mas, en ese caso, ¿usted está identificando la Tradición y la Iglesia?

—Perfectamente, ya que la Iglesia es esencialmente tradicional y no puede dejar de serlo[iii].

—Pero entonces ¿quién es Benedicto XVI, si él no es tradicionalista?

—Es un Papa liberal que esclaviza a la Iglesia. Se coloca bajo su autoridad sin que él reniegue de los errores por él profesados y pone a Sara bajo el yugo de Agar, a Isaac bajo el yugo de Ismael. Ahora, nosotros somos hijos de la libre y no de la esclava, cuyo hijo es el Vaticano II, esclavo de dos siglos de cultura liberal.

—¿Cuál es entonces la solución?

—La conversión del Papa.

—Pero ¿cómo obtenerla?

—Rezando y combatiendo. Dios no nos pide la victoria, pero sí el combate. Como decía Santa Juana de Arco: «los soldados combatirán y Dios dará la victoria», por el Inmaculado Corazón de María. He ahí toda nuestra esperanza.


[i] Gustavo Corção (1896-1978), escritor y pensador católica brasileño.

[ii] Del Liberalismo a la Apostasía. Ed. Permanência. Pag. 10.

[iii] Evidentemente la pregunta es compleja. El título del libro de Ploncard d’Assac la resume de cierta forma: La Iglesia ocupada. Una conferencia de Mons. Lefebvre sobre las notas de la Iglesia, dictada en 1988 para responder a los argumentos acuerdistas de Dom Gérard, dan también una luz penetrante sobre la cuestión.

3º) Sobre el Comunicado del Vaticano del 16 de marzo

COMUNICADO DEL VATICANO

Comunicado de la Oficina de Prensa del Vaticano, tras el encuentro del día de hoy, 16 de marzo, entre el Cardenal Levada y Monseñor Fellay:

«Durante el encuentro del 14 de septiembre de 2011 entre el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y presidente de la Pontificia Comisión ‘Ecclesia Dei’ y el obispo Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fue entregado a este último un ‘Preámbulo doctrinal’, acompañado de una ‘Nota preliminar’, como base fundamental para el logro de la reconciliación plena con la Sede Apostólica. Se enunciaban allí algunos principios doctrinales y criterios de interpretación de la doctrina católica necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y el ‘sentire cum Ecclesia'».

«La respuesta de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X con respecto al ‘Preámbulo doctrinal’, mencionado más arriba, recibida en enero de 2012, fue sometida al examen de la Congregación para la Doctrina de la Fe y, sucesivamente, al juicio del Santo Padre. En cumplimiento de la decisión del Papa Benedicto XVI, en una carta entregada hoy se ha comunicado al obispo Fellay la evaluación de su respuesta. En la carta se observa que la posición por él expresada no es suficiente para superar los problemas doctrinales que subyacen a la fractura entre la Santa Sede y dicha Fraternidad».

«Al término del encuentro de hoy, guiado por la preocupación de evitar una ruptura eclesial de consecuencias dolorosas e incalculables, se ha invitado al Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a aclarar su posición, a fin de que se recomponga la fractura existente, como desea el Papa Benedicto XVI».

+++

¡CÓMO CAMBIO LA SITUACIÓN!

Primera escena

Con la firma del Protocolo de Acuerdo del 5 de mayo de 1988, Monseñor Marcel Lefebvre cayó en la trampa que le tendiera el Cardenal Ratzinger.

Después de haber salido de ella, Monseñor Lefebvre dejó bien en claro que sólo reanudaría conversaciones cuando los hombres romanos cumpliesen con algunas condiciones previas:

No puedo hablar mucho del futuro, ya que el mío está detrás de mí. Pero si vivo un poco aún y suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones. No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios. Esto se terminó.

Plantearía la cuestión a nivel doctrinal:

¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII?

¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones?

¿Aceptan aún el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?

Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar.

Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio considerando la doctrina de estos papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil.

Las posiciones quedarían así más claras.

No es una pequeña cosa la que nos opone. No basta que se nos diga: pueden rezar la misa antigua, pero es necesario aceptar esto. No, no es solamente eso lo que nos opone, es la doctrina. Queda claro. (Entrevista concedida a Fideliter, Nº 66, noviembre-diciembre de 1988)

+++

Segunda escena

Al reanudar el contacto con la Roma conciliar, sin la imposición de estos requisitos, Monseñor Fellay cayó en la misma trampa que Ratzinger había preparado para Monseñor Lefebvre.

Ahora es la Roma conciliar la que impone condiciones a la FSSPX:

La Congregación para la Doctrina de la Fe toma por base fundamental de la plena reconciliación con la Sede Apostólica la aceptación del Preámbulo doctrinal entregado en la sesión del 14 de septiembre de 2011. Dicho preámbulo enuncia algunos principios doctrinales y criterios de interpretación de la doctrina católica, necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y el «sentire cum Ecclesia». (Comunicado oficial común de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, 14 de septiembre de 2011).

Resulta, pues, que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que en otro tiempo adhería de todo corazón, con toda el alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad, hoy se ve exigida a aceptar o rechazar «principios doctrinales» propuestos por la Roma conciliar, corrompida por el modernismo y desposada con el Nuevo Orden Mundial; principios planteados por esa misma Roma conciliar que en otro tiempo la Fraternidad se negaba a seguir; esa Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron

+++

Sabemos que los «principios doctrinales» propuestos por la Iglesia Conciliar, que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se ve exigida a aceptar o rechazar, se basan sobre el Protocolo de Acuerdo del 5 de mayo de 1988, aunque de forma más restrictiva. Son estos:

Reconocer a la luz de Tradición católica al Vaticano II y a las enseñanzas posteriores de los Papas hasta el día de hoy.

El Catecismo de la Iglesia Católica, que constituye un compendio de la doctrina conciliar.

El Código de Derecho Canónico publicado en 1983, con una aplicación adaptada a la disciplina particular otorgada a la FSSPX.

La legitimidad del Novus Ordo.

Una profesión de fe.

Un juramento de fidelidad.

+++

Hoy, 16 de marzo de 2012, la Roma anticristo y neomodernista ha invitado al Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a aclarar su posición

+++

Nos encontramos, pues, ante el hecho de que las actuales autoridades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X han pervertido la voluntad de Monseñor Marcel Lefebvre, quien había decidido cortar las conversaciones con la Roma conciliar en tanto y en cuanto las autoridades romanas no abjurasen de los errores modernistas y aceptasen todas las enseñanzas de los Sumos Pontífices, desde Pío VI hasta Pío XII, que condenaron los errores emanados de la Revolución, en particular el naturalismo, el liberalismo, el modernismo y el ecumenismo…

Como castigo a su infidelidad, hoy se ven constreñidas a aceptar o rechazar esos errores…

¡Qué cambio de situación entre una y otra escena!

4º) Sobre el sermón de Monseñor Fellay del 2 de febrero de 2012

    a) La fecha de 1987

Dijo Monseñor Bernard Fellay en su homilía:

Les hablamos con mucha claridad: «Si ustedes nos aceptan, es sin ningún cambio. Sin obligación de aceptar estas cosas; entonces, estamos dispuestos. Pero, si quieren que aceptemos, entonces es no».

Y no hicimos más que citar a Monseñor Lefebvre, que ya había dicho esto en 1987 -varias veces antes, pero la última vez que lo dijo fue en 1987.

Consideramos esta nota como la más importante, no tanto por su relación con la doctrina, sino porque aclara mucho la actitud asumida por las autoridades de la FSSPX desde el año 2000, como mínimo.

La última vez que Monseñor Lefebvre lo dijo fue en 1987

A confesión de parte, relevo de prueba…, dice el aforismo jurídico.

Es más que suficiente que Monseñor Fellay nos dé a conocer esto; pero es desleal de su parte no manifestar lo que Monseñor Lefebvre dijo a partir del 6 de mayo de 1988…, en 1989, en 1990, en 1991…, hasta su muerte…

Agradecemos a Monseñor Fellay esta confesión, que nos relevaría de presentar la prueba. Sin embargo proporcionamos a los lectores algunos de esos textos o dichos de Monseñor Lefebvre, posteriores a 1987:

Carta a Juan Pablo II, del 2 de junio de 1988, en que Monseñor Lefebvre pone fin a las conversaciones:

Si bien las conversaciones y entrevistas con el Cardenal Ratzinger y sus colaboradores se han desarrollado en un clima de cortesía y caridad, nos han convencido que el momento de una colaboración franca y eficaz no ha llegado todavía (…) Ante la negativa de considerar nuestras solicitudes, y siendo evidente que la finalidad de esta reconciliación no es de ningún modo la misma para la Santa Sede que para nosotros, creemos ser preferible esperar tiempos más propicios en los que Roma vuelva a la Tradición. Por esta razón, nos vamos a proporcionar los medios para proseguir la obra que nos ha confiado la Providencia (…) Seguiremos rezando para que la Roma actual, infestada de modernismo, llegue a ser otra vez la Roma católica y vuelva a encontrar su Tradición bimilenaria. Entonces, el problema de la reconciliación no tendrá razón de ser y la Iglesia volverá a tener una nueva juventud.

***

Declaración pública con motivo de las Consagraciones Episcopales del 30 de junio de 1988:

(…) Para salvaguardar el sacerdocio católico, que continúe la Iglesia católica, y no una iglesia adúltera, se necesitan obispos católicos. A causa de la invasión del espíritu modernista en el clero, que llega incluso a las más altas cimas en el interior de la Iglesia, nos vemos obligados de llegar a la consagración de obispos (…) El día en que el Vaticano sea liberado de esta ocupación modernista, y vuelva al camino seguido por la Iglesia hasta el Vaticano II, nuestros obispos estarán plenamente en las manos del Sumo Pontífice, incluida la eventualidad de no seguir ejerciendo sus funciones episcopales.

***

Del Mandato Apostólico, que se leyó en la ceremonia de las Consagraciones Episcopales del 30 de junio de 1988:

Este Mandato lo hemos recibido de la Iglesia Romana que sigue siendo fiel a la Santa Tradición recibida de los Apóstoles. Esta Santa Tradición es el depósito de la Fe, que la Iglesia nos manda transmitir fielmente a todos los hombres para la salvación de sus almas.

Desde el Concilio Vaticano II hasta hoy, las autoridades de la Iglesia Romana están animadas por el espíritu modernista; han obrado en contra de la Santa Tradición; «ya no sufren la sana doctrina; (…) apartan los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» como dice San Pablo en su segunda epístola a Timoteo (4, 3-5). Por esto juzgamos que todas las penas y censuras que da la autoridad no tienen ningún valor.

En cuanto a mí, que «ya estoy a punto de ser ofrecido en sacrificio, siendo ya inminente el momento de mi partida», estoy oyendo el llamamiento de las almas que me piden que les den el pan de vida, que es Cristo. Esa multitud me da compasión. Me resulta, pues, una obligación grave transmitir la gracia de mi episcopado a estos queridos sacerdotes aquí presentes para que ellos, a su vez, puedan conferir la gracia sacerdotal a muchos otros santos clérigos, formados según las Santas tradiciones de la Iglesia católica.

Por este Mandato de la Santa Iglesia Romana siempre fiel, elegimos para el episcopado en la Santa Iglesia Romana a los sacerdotes que están aquí presentes, como auxiliares de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

***

Del Sermón del día de las Consagraciones Episcopales, 30 de junio de 1988:

Nos encontramos ante un caso de necesidad. Hemos hecho todo lo posible para tratar de que Roma comprenda que es necesario volver a la actitud del venerado Pío XII y de todos sus predecesores. Monseñor de Castro Mayer, y yo mismo, hemos escrito, hemos ido a Roma, hemos hablado y hemos enviado varias veces cartas a Roma. Hemos tratado por todos los medios de hacer comprender a Roma que desde el Concilio este «aggiornamento», este cambio que se produce en la Iglesia, no es católico ni conforme a la doctrina de siempre de la Iglesia. Este ecumenismo y todos sus errores, y esa colegialidad; todo eso es contrario a la fe de la Iglesia y la está destruyendo.

Por eso, estamos persuadidos de que haciendo hoy esta consagración obedecemos al llamado de estos Papas y, por consiguiente, al llamado de Dios, pues ellos representan a Nuestro Señor Jesucristo en la Iglesia.

«Monseñor ¿por qué detuvo Ud. las conversaciones, que sin embargo parecían tener algún éxito?» Porque nos poníamos en sus manos y, por consecuencia, en las manos de los que nos quieren llevar al espíritu del Concilio y al espíritu de Asís. Eso no puede ser. Por eso hemos enviado una carta al Papa diciéndole muy claramente, «¡No podemos!, a pesar de todos los deseos que tenemos de estar en plena unión con Vos». Dado este espíritu que reina ahora en Roma y que nos quieren comunicar, preferimos seguir en la Tradición y guardarla, esperando que esta Tradición vuelva a encontrar su lugar en Roma y en las autoridades romanas y en el espíritu de ellas.

Todo esto durará lo que Dios tenga previsto, no me pertenece el saber cuándo obtendrá de nuevo la Tradición sus derechos en Roma, pero juzgo que es mi deber aportar los medios para llevar a cabo lo que llamaré «operación supervivencia», operación supervivencia de la Tradición. Esta jornada de hoy es la operación supervivencia. Y si hubiera hecho esa otra operación con Roma siguiendo los acuerdos que habíamos firmado y poniendo en práctica a continuación estos acuerdos, haría la «operación suicidio».

***

De la Entrevista concedida a Fideliter Nº 66, noviembre-diciembre de 1988:

No tenemos la misma manera de concebir la reconciliación. El cardenal Ratzinger la ve en el sentido de reducirnos, de traernos al Vaticano II. Nosotros la vemos como un retorno de Roma a la Tradición. No nos entendemos. Es un diálogo de sordos.

No puedo hablar mucho del futuro, ya que el mío está detrás de mí. Pero si vivo un poco aún y suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones. No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios. Esto se terminó.

Plantearía la cuestión a nivel doctrinal: «¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptan aún el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?

Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar. Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio considerando la doctrina de estos papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil.»

Las posiciones quedarían así más claras.

No es una pequeña cosa la que nos opone. No basta que se nos diga: pueden rezar la misa antigua, pero es necesario aceptar esto. No, no es solamente eso lo que nos opone, es la doctrina. Queda claro.

***

De la Homilía del 19 de noviembre de 1989:

(…) Así que, en esta situación, es muy cierto que es imposible para nosotros tener contactos regulares con Roma, porque hasta el presente Roma pide que si recibimos algo, cualquier indulto para la Santa Misa, la liturgia, para los seminarios, debemos firmar la nueva Profesión de fe redactada por el Cardenal Ratzinger, en febrero pasado. Ella contiene la aceptación explícita del Concilio y de sus consecuencias.

Hay que saber lo que queremos.

Es el Concilio y sus secuelas, lo que destruyó la Santa Misa, destruyó nuestra fe, destruyó los catecismos y el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo en la sociedad civil. ¿Cómo podemos aceptarlo?

Ante esta situación, mis queridos hermanos, ¿qué haremos? Debemos mantener la fe católica, para protegerla por todos los medios.

***

Del último reportaje realizado a Monseñor Lefebvre, dado a conocer en enero de 1991, Fideliter
N° 79:

Fideliter: Desde las consagraciones no hay más contactos con Roma; sin embargo como se dijo, el cardenal Oddi lo llamó por teléfono diciéndole: «Es necesario que las cosas se arreglen. Pida un pequeño perdón al Papa, y él está dispuesto a acogerles». Entonces, ¿por qué no intentar este último planteamiento y por qué le parece imposible?

Monseñor Lefebvre: Es absolutamente imposible en el clima actual de Roma, que se vuelve cada vez peor. Es necesario no hacerse ilusiones. Los principios que dirigen ahora la Iglesia conciliar son cada vez más abiertamente contrarios a la doctrina católica.

Todas las ideas falsas del Concilio siguen desarrollándose, se reafirman siempre con más claridad. Se ocultan cada vez menos. Es pues absolutamente inconcebible que se pueda aceptar colaborar con una jerarquía similar.

Fideliter: ¿Piensa que la situación se ha deteriorado aún más después de las conversaciones que terminaron con la redacción del protocolo del 5 de mayo de 1988, antes de las consagraciones?

Monseñor Lefebvre: ¡Oh sí! Por ejemplo el hecho de la Profesión de fe que ahora es reclamada por el cardenal Ratzinger desde principios del año 1989. Es un hecho muy grave. Ya que pide a todos los que se unieron o que podrían hacerlo hacer una profesión de fe en los documentos del Concilio y en las reformas post conciliares. Para nosotros es imposible.

Será necesario aún esperar antes de prever una perspectiva de acuerdo. Por mi parte creo que solamente el Buen Dios puede intervenir, ya que humanamente no se ven posibilidades para Roma de rectificar la corriente.

Durante quince años se dialogó para intentar volver a poner la Tradición en honor, en el lugar que le corresponde en la Iglesia. Nos chocamos con la negación continua. Lo que Roma concede ahora en favor de la Tradición, sólo es un gesto puramente político, diplomático para forzar las adhesiones. Pero no es una convicción en los beneficios de la Tradición.

Todo lo que se les concedió a los que se unieron, sólo se hizo con el objetivo de procurar que todos los que adhieren o están vinculados a la Fraternidad se trasladen y se someten a Roma.

Fideliter:
¿Qué puede decir a los fieles que esperan siempre en la posibilidad de un acuerdo con Roma?

Monseñor Lefebvre: Nuestros verdaderos fieles, aquellos que han comprendido el problema y que justamente nos han ayudado a seguir la línea recta y firme de la Tradición y de la fe, temían las tratativas que hice en Roma. Me han dicho que era peligroso y que perdía el tiempo.

Sí, por supuesto, yo esperé hasta el último minuto que en Roma testimoniaran un poco de lealtad. No se me puede reprochar de no haber hecho el máximo.

Por eso, ahora, a los que vienen a decirme: es necesario que usted se entienda con Roma, creo poder decirles que yo he ido más lejos de lo que tendría que haber ido.

***

Rogamos a los sacerdotes, religiosos, religiosas y simples fieles tomar nota, tanto de la confesión de Monseñor Fellay, como del pensamiento de Monseñor Lefebvre a partir del 6 de mayo de 1988.

El estado de la situación de la Obra de la Tradición después de las Consagraciones Episcopales del 30 de junio de 1988 era muy distinto del actual…, completamente diferente de la lamentable condición en que la ha colocado la conducción de Monseñor Fellay.

Hay que reaccionar y regresar al pensamiento genuino de Monseñor Lefebvre y a la evaluación de la situación, tal como lo hizo él mismo una vez que salió de la trampa que le había tendido el Cardenal Ratzinger y en la cual cayera con la firma del Protocolo de Acuerdo del 5 de mayo de 1988.

Seguir a Monseñor Fellay es encaminarse nuevamente hacia la misma trampa, la operación suicidio

    b) Eleison Nº 243 de Monseñor Williamson

Punto decisivo

Hablando el mes pasado en los EE. UU. sobre las relaciones entre Roma y la FSSPX, el Superior General de la Fraternidad dijo que podría llevarse a cabo algún acuerdo práctico entre los dos si Roma aceptara a la FSSPX tal como es, y citó al Arzobispo [Lefebvre] como si frecuentemente hubiese dicho que tal arreglo era aceptable. Sin embargo, el Obispo Fellay agregó que la última vez que el Arzobispo dijo esto fue en 1987. Esta pequeña adición es muy significativa y merece analizarse detenidamente, especialmente por las generaciones más jóvenes que quizás no estén tan familiarizadas con el drama histórico de las Consagraciones Episcopales de 1988.

De hecho, el drama de dramas, sin el cual la FSSPX nunca hubiese llegado a existir, fue el II Concilio Vaticano (1962-1965), en el cual la vasta mayoría de los obispos del mundo suscribieron tal «actualización» de la Iglesia, por la cual dividieron la Autoridad católica de la Tradición católica. Hasta nuestros días, si ellos escogen la Autoridad anhelarán la Verdad, y si escogen la Verdad, aún añorarán la unión con la Autoridad. El Arzobispo Lefebvre escogió la Verdad, esta es la razón por la cual fundó la FSSPX en 1970, para defenderla, pero en tanto le fue posible, él hizo todo lo que estuvo en su poder para subsanar esta fractura con la Autoridad, esforzándose por obtener la aprobación de Roma para su Sociedad. Esta es la razón por la que el Obispo Fellay está en lo correcto cuando afirma que en 1987 el Arzobispo repetidamente deseó y trabajó por obtener algún acuerdo práctico con Roma.

Sin embargo, para 1987 el Arzobispo tenía 82 años, y previó que sin sus propios obispos la posición de la FSSPX por la Tradición necesariamente se extinguiría. Se convirtió en algo urgente entonces el obtener de Roma al menos un obispo, pero Roma evadió el tema, seguramente porque estaba muy consciente de que la FSSPX sin un obispo propio se extinguiría en una muerte lenta. La resolución de este estancamiento del entonces Cardenal Ratzinger, de mayo de 1988, le dejó claro al Arzobispo que la neomodernista Roma no tenía intenciones de proteger ni aprobar la Tradición Católica. Así que el periodo de diplomacia terminó y llevó a cabo las Consagraciones Episcopales. Desde entonces, el preludio absolutamente necesario de algún contacto necesario entre Roma y la FSSPX, dijo él, debería ser la profesión de Fe de Roma en los grandes documentos antiliberales de la Tradición Católica, e. g., Pascendi, Quanta Cura, etc.

Y esta es la razón por la cual, como el Obispo Fellay implicó el 2 de febrero, nunca más hasta su muerte en 1991 se escuchó hablar al gran Arzobispo sobre algún acuerdo práctico contingente, posible o deseable. Él mismo fue tan lejos como pudo para obtener de la Autoridad los requerimientos mínimos de Verdad, incluso alguna vez sugirió que en mayo de 1988 fue demasiado lejos, pero a partir de las Consagraciones nunca dudó ni se comprometió, y él urgió a su Sociedad para tomar la misma línea.

¿Ha cambiado la situación desde entonces?, ¿ha regresado Roma a profesar la Fe de todos los tiempos? Uno podría pensar esto cuando el Obispo Fellay nos informó, en el mismo sermón, que Roma había modificado lo áspero de su posición del 14 de septiembre, y ahora declaraba su deseo de aceptar a la FSSPX tal como es. Pero uno sólo necesitaría recordar Asís III y la Neo-beatificación de Juan Pablo II para sospechar que detrás de la «neo-benevolencia» de los hombres de la Iglesia de Roma, hacia la FSSPX, reside, con toda probabilidad, la confianza de la euforia por el restablecimiento y el prolongado contacto mutuo, para diluir, lavar y eventualmente disolver la prolongada y obstinada resistencia de la FSSPX a su Neo-Iglesia. ¡Ay!

Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.

El Padre Aulagnier responde a Monseñor Williamson:

Voilà le jugement de Mgr Williamson. Je lui en laisse la responsabilité. Je retiens seulement qu’il prend fait et cause de l’événement d’Assise III pour refuser tout accord avec Rome. Et pour rester fidèle à la position de Mgr Lefebvre, à celle qu’il juge comme ayant été un « tournant », un « non possumus ».

Mgr Williamson oublie une chose dans son raisonnement. Il oublie une date. Il oublie la date de 1986. Il se trouve en effet qu’Assise I, que reproduit, nous dit Mgr Williamson, Assise III, eut lieu le 27 octobre 1986. Or il se trouve qu’après cette date, Mgr Lefebvre s’asseyait encore à la table des négociations, à celle du cardinal Ratzinger, qu’il acceptait même après cette date, une visite canonique, celle menée par le Cardinal Gagnon, que toutes les portes des œuvres de la Tradition en France lui furent grandement ouvertes, accueilli comme un père par ses fils, qu’il acceptait que le cardinal participât au cérémonie du 8 décembre 1987 au séminaire d’Ecône, et à l’issue, lui donnant une lettre dans laquelle il disait. « Nous acceptons volontiers, d’être reconnus par le Pape, mais tels que nous sommes et d’avoir un siège dans la Ville Eternelle, d’apporter notre collaboration au renouveau de l’Eglise. Nous vous soumettons même un projet de réintégration et de normalisation de nos rapports avec Rome ».

Nous étions en 1987, Or Assise I avait eu lieu le 27 octobre 1986, un peu plus d’un an avant. Cela n’empêcha pas Mgr Lefebvre de parler d’un accord.

Ainsi, il me semble que l’argument de Mgr Williamson ne vaut pas. En tout état de cause, il ne peut justifier ce refus actuel de la FSSPX d’un accord avec Rome. Je ne dis pas qu’il faut que la FSSPX négocie un accord avec Rome. Je dis seulement que si elle ne le veut pas, elle doit nécessairement trouver un autre argument. Celui que Mgr Williamson propose est plutôt en faveur d’un accord qu’opposé à un accord puisqu’ Assise I, sous le Pontificat de Jean-Paul II, n’a pas empêché Mgr Lefebvre à chercher à négocier une « normalisation » pratique avec Rome, jusqu’à proposer un ensemble de propositions pratiques et concrètes.

    c) Utilización del argumento ad hominem

Dice Monseñor Fellay en su sermón:

Consideremos a los protestantes, cómo abren las iglesias para ellos; y para nosotros las cierran.

Publico aquí el trabajo que enviara sin fruto a mis Superiores en el año 2009:

¿Qué valor tiene el argumento ad hominem extraído de

«lo que se hizo con los ortodoxos»

o

«lo que se hace con los protestantes»?

A) Utilización del argumento por Monseñor Fellay:

Conferencia en Kansas City, el 5 de marzo de 2002. Nouvelles de Chrétienté N° 75, junio de 2002:

Hablé entonces del acuerdo de Brest-Litovsk, como posible modelo de una solución. Brest-Litovsk es el acuerdo que hizo reintegrar a los Ucranianos en la Iglesia Católica a principios del siglo XVII.

Los Ucranianos dijeron: «De acuerdo, estamos listos para venir a Roma si ustedes nos reciben tal como somos, con nuestra propia liturgia, nuestra lengua, nuestro propio calendario, nuestra propia disciplina, etc. »

Y se les concedió eso.

Esta es la razón por la que había hecho mención de Brest-Litovsk.

En segundo lugar, como el Vaticano se las ingenia para marginalizarnos con esta excomunión que da miedo a la gente, pedíamos que retractara el decreto de excomunión.

Allí, hacíamos uso de la encíclica Ut unum sint. El Papa explica por qué ha levantado la excomunión de los Ortodoxos.

Yo parafraseo su texto: Sabéis, es difícil dialogar en el marco de tal condena, entonces la levantamos.

Dijimos, pues: ¿Quieren dialogar con nosotros? Entonces, levanten la excomunión.

¿Por qué no lo hacen? Lo hicieron con los Ortodoxos, ¡y no quieren hacerlo con nosotros!

Entrevista en Nouvelles de Chrétienté N° 87, mayo-junio de 2004:

Lo que se hizo con los ortodoxos podría a fortiori aplicarse a nosotros. Roma levantó la excomunión que los afectaba sin que de ningún modo hayan cambiado su actitud hacia la Santa Sede. ¿No se podría tomar la misma medida con nosotros, quienes no nos hemos separados nunca de Roma y siempre reconocimos la autoridad del Soberano Pontífice, tal como la definió el concilio Vaticano I?

Carta al cardenal Castrillón Hoyos, 6 de junio de 2004 [publicada en la Carta a los Amigos y Benefactores N° 67, diciembre de 2004]:

No vemos cómo podíamos llegar a un reconocimiento sin pasar por una serie de etapas.

Entre estas etapas, la primera nos parece ser el retiro del decreto de excomunión. La excomunión que afectaba a los ortodoxos pudo levantarse sin que éstos de ningún modo hayan cambiado su actitud hacia la Santa Sede; ¿no sería posible hacer una cosa similar con nosotros, quienes no nos separados nunca y siempre hemos reconocido la autoridad del Soberano Pontífice, tal como la definió el concilio Vaticano I?

Del Sermón del 2 de febrero de 2012, en SWinona:

Consideremos a los protestantes, cómo abren las iglesias para ellos; y para nosotros las cierran.

B) Valoración moral y lógica del argumento:

El argumento ad hominem tomado, de lo que se hizo con los ortodoxos o de lo que se hace con los protestantes, es:

1º) en sí mismo, lícito;

2º) pero bastante peligroso;

3º) y, en último análisis, ineficaz.

1º) Es lícito, con tal que permanezca verdaderamente ad hominem.

Su papel es solamente poner de manifiesto que una vez admitidos los principios de ecumenismo, los conciliares faltan a la lógica, si se niegan a hacer partícipe de los mismos a la Tradición católica.

Su objetivo es solamente convencer a los modernistas revolucionarios de estar en contradicción con sus propios principios.

2º) Con todo, el uso, sobre todo el uso frecuente, de tal argumento es peligroso, porque se corre el riesgo de dejarse tomar en su propio juego, y de terminar por creer verdaderos estos principios.

Y, en todo caso, si el peligro es pequeño para un teólogo advertido, él es grave para la multitud que, al oír demasiado a menudo similares argumentos, termina por olvidar su finalidad y de que hay otros muchos más importantes y esenciales.

3º) En último análisis, en su nivel de argumento ad hominem, la argumentación basada en «lo que se hizo con los ortodoxos o protestantes» no cumple su objetivo.

A primera vista, se podría juzgar de modo contrario: no se ve por qué la Tradición católica no podría también sacar algún beneficio del ecumenismo, que es el fundamento de la revolución conciliar.

Que el argumento se haya empleado, no tiene, pues, que asombrarnos…

Que el argumento haya podido impresionar a las almas rectas, es lógico…

Pero, él no moverá a aquéllos a quienes debería en primer lugar afectar, puesto que se trata de un argumento ad hominem, es decir, para los conciliares…

No los impresionará, porque ellos también tienen un argumento ad hominem para oponer a los católicos tradicionales:

Vosotros no tenéis el derecho de beneficiaros con nuestros principios, porque vuestra doctrina es la negación de los mismos. No tenéis derecho a la tolerancia, porque sois la intolerancia misma. No tenéis el derecho a beneficiaros del ecumenismo conciliar, porque lo negáis. No tenéis derecho al levantamiento de vuestra excomunión, porque lo rechazáis a los otros.

El argumento ad hominem no será recibido donde debería serlo, y no convencerá aquéllos que debería convencer: es ineficaz en la realidad, de facto.

¿Lo es también de
derecho, de iure? Es decir, ¿presenta objetivamente, en su nivel de argumento ad hominem, el valor requerido? ¿Pone de verdad a los conciliares en contradicción con ellos mismos?

En primer lugar, ¿qué se quiere obtener de ellos? Que pongan fin a sus injusticias, que pongan fin sus a sus impiedades.

Ahora bien, estas impiedades y estas injusticias están en el propio ecumenismo conciliar. Es allí que está la raíz del mal. Es pues contra eso, que deben descargar todo su peso nuestros esfuerzos y nuestros argumentos.

Por lo tanto, la cuestión se plantea prácticamente en estos términos: ¿Existe verdadera contradicción entre los principios revolucionarios del ecumenismo conciliar y el levantamiento de la excomunión de los ortodoxos o el préstamo de los templos a los protestantes?

Si esta contradicción existe, el argumento ad hominem
puede valer de algo.

No vale nada, si no existe.

Nos vemos forzados a responder: que no vale nada y que no existe.

Por lo tanto, no tiene ningún valor objetivo.

No existe, ya que el levantamiento de la excomunión de los ortodoxos o el préstamo de templos a los protestantes, lejos estar en contradicción con las «leyes ecuménicas conciliares», proceden de ellas conforme a la lógica más pura…, son leyes «ecuménicas conciliares»

De «derecho ecuménico conciliar» por su origen, el levantamiento de la excomunión de los ortodoxos o lo que se hace con los protestantes, es incluso de «derecho ecuménico conciliar» por su contenido y por su finalidad intrínseca…

Al menos, se dirá, el «derecho ecuménico conciliar» puede, ad hominem, defender la Tradición católica, su derecho a existir…

¡Y bien! ¡No! No, si se llevan hasta el final los principios ecumenistas conciliares, si se es en serio lógico con su letra y su espíritu.

Es necesario no olvidar que seguir siendo católico tradicional es salir de la Iglesia conciliar y de su derecho ecuménico…

Por lo tanto, todo lo que tienda a la represión o a la supresión de la vida católica tradicional debe considerarse como medida de derecho ecuménico
conciliar…

Levantar la excomunión a los ortodoxos, prestar los templos a los protestantes, ¡es odioso, satánico!… ¡Sí!

Pero, ¿en contradicción con los principios ecumenistas conciliares? ¡De ninguna manera!

Al contrario, es el desarrollo lógico y necesario de estos principios, que nada ni nadie detendrá, si no se detiene en primer lugar la Revolución Conciliar

¡No!, incluso ad hominem, el derecho ecuménico
conciliar no salvará nunca la Tradición católica; conspirará, al contrario, siempre para hacerla desaparecer.

¡No!, incluso ad hominem, el derecho ecuménico
conciliar no servirá nunca los intereses de la Tradición católico, los dañará siempre…

Está incluso en la naturaleza misma de las cosas. El derecho ecuménico
conciliar conspirará siempre contra la Tradición católica, porque, mientras ella viva, seguirá siendo irreducible al derecho ecuménico
conciliar; porque elevará contra el pretendido derecho conciliar, la intangibilidad del derecho divino.

Que se lo considere, por lo tanto, como seguro y cierto: no se expulsan los demonios en nombre de Beelzebub.

La Tradición católica no puede estar dividida contra sí misma.

    d) La distinción entre Iglesia e Iglesia Conciliar

Hemos señalado con la 2ª Nota nueve párrafos del Sermón de Monseñor Fellay.

***

De esos párrafos, destacamos ahora las siguientes ideas:

… importancia de esta existencia de la Fraternidad en la Iglesia.

Incluso si nos enfrentamos con Roma, todavía estamos, por decirlo así, con Roma.

Intentáis empujarnos afuera…

Es con la Iglesia real que tenemos problemas.

Ellos nos dicen: «Somos el Papa, somos la Santa Sede», lo cual aceptamos.

Decimos que cuando adherimos a lo que la Iglesia enseñó ayer, adherimos necesariamente a lo que enseña la Iglesia hoy en día.

Es por eso que la Iglesia de hoy está ligada con la Iglesia de ayer…

¿Nos quieren verdaderamente en la Iglesia, o no?

… sabemos que cuando se trata con la Iglesia, tratamos con Dios, con la Divina Providencia, y sabemos que la Iglesia es Su Iglesia.

***

Nos preguntamos si para Monseñor Fellay los términos Iglesia, Roma y Santa Sede responden en esas frases a un mismo y único concepto, o si se refieren a conceptos distintos.

Monseñor Lefebvre hizo una distinción muy clara al respecto.

Se podrá estar o no de acuerdo con él; pero no se puede obviar esa precisión y, al mismo tiempo, pretender seguir siendo fiel a su espíritu.

Para comprender lo que decimos, consideremos algunos de los textos más conocidos del Prelado sobre estos conceptos:

Declaración de Monseñor Marcel Lefebvre, del 21 de noviembre de 1974:

Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.

Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de este salieron.

***

Ahora bien, Monseñor Fellay, en la Conferencia del 11 de diciembre de 2005, en la que narró su entrevista con Benedicto XVI, confundió este tema y dijo:

Un primer principio de adhesión a la fe católica Monseñor Lefebvre lo expresó de una manera admirable el 21 de noviembre de 1974, y se puede decir que aún hoy es nuestra carta: «Adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma a la Roma Católica, guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esta fe, la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad».

Adherimos de todo corazón a este texto.

«A la Roma católica» quiere decir algo. Esta Roma católica no es una abstracción. ¡Tengamos mucho cuidado! No es una abstracción, es una realidad.

Cuando Monseñor dice: «Adherimos a la Roma católica», eso quiere decir la Roma católica de hoy. No es simplemente la adhesión a la Roma de Miguel Ángel o la Roma de San Pedro. Es la Roma que existe hoy, con las características siguientes: aquella que es católica, la que es guardiana de la fe, la que mantiene esta fe, esta Roma eterna.

Por lo tanto, con el prurito de afirmar la perpetuidad de la Iglesia visible, Monseñor Fellay llega a decir que la
Roma actual
es la guardiana de la Fe. Y pretende usar la declaración de Monseñor Lefebvre de 1974, dándole el sentido opuesto a lo que había dicho Monseñor.

¿En qué piensa y qué quiere transmitir Monseñor Fellay al decir Cuando Monseñor dice: «Adherimos a la Roma católica», eso quiere decir la Roma católica de hoy?

Recordemos que en agosto de ese 2005 había publicado un Comunicado de Prensa en que declaraba: La audiencia ha sido la ocasión para la Fraternidad de manifestar que siempre ha estado unida, y siempre lo estará, a la Santa Sede, la Roma eterna.

¿Qué se hizo de la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante?

La duda crece cuando se sabe que tres años más tarde, el 16 de febrero de 2009, dijo:

Algunos, para facilitar las cosas, hacen una identificación entre la Iglesia Oficial y la Iglesia Modernista. Pero es un error, porque hablamos de una realidad concreta.

***

De la Carta de Monseñor Marcel Lefebvre a los futuros Obispos, 29 de agosto de 1987 (si bien esta Carta es de 1987, su contenido fue dado a conocer con ocasión de las Consagraciones Episcopales, en junio de 1988):

Bien queridos amigos,

Estando la cátedra de Pedro y los puestos de autoridad de Roma ocupados por anticristos, la destrucción del Reino de Nuestro Señor se continúa rápidamente incluso dentro de su Cuerpo Místico, especialmente por la corrupción de la Santa Misa, expresión espléndida del triunfo de Nuestro Señor por la Cruz, y fuente de extensión de su Reino en las almas y en las sociedades.

Esto es lo que nos valió la persecución de la Roma anticristo. Esta Roma, modernista y liberal, continúa su obra destructiva del Reino de Nuestro Señor, como lo prueban Asís y la confirmación de las tesis liberales de Vaticano II sobre la libertad religiosa. Me veo obligado por la Providencia divina a transmitir la gracia del episcopado católico que recibí, para que la Iglesia y el sacerdocio católico sigan subsistiendo para la gloria de Dios y la salvación de las almas.

Esta es la razón por la que, convencido de realizar la santa Voluntad de Nuestro Señor, vengo por esta carta a pedirles que acepten recibir la gracia del episcopado católico, como ya lo he conferido a otros sacerdotes en otras circunstancias.

Les conferiré esta gracia, confiando que sin tardar la Sede de Pedro estará ocupada por un sucesor de Pedro perfectamente católico, en las manos de quien podrán depositar la gracia de vuestro episcopado para que la confirme.

***

Amplios extractos de la Conferencia dada por Monseñor Lefebvre, en Ecône, el 9 de septiembre de 1988, después del Retiro sacerdotal.

Monseñor responde a los argumentos teológicos de Don Gérard desarrollados en su declaración publicada por el Diario Présent el 18 de agosto de 1988 y demuestra la debilidad de los mismos:

Mis queridos amigos,

Pienso que ustedes, que están ahora en el Ministerio y que quisieron conservar la Tradición, tienen la voluntad de ser sacerdotes como siempre, como lo fueron los santos sacerdotes de antes, todos los santos párrocos y los santos sacerdotes que nosotros mismos pudimos conocer en las parroquias.

Ustedes continúan y representan de verdad la Iglesia, la Iglesia Católica.

Creo que es necesario convencerse de esto: ustedes representan de verdad la Iglesia Católica.

No que no haya Iglesia fuera nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia visible.

Pienso que se comete allí un error muy, muy grave.

¿Dónde es la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica.

Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos?

Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial.

Un obispo cree en esto, el otro no; la fe es distinta, sus catecismos abominables contienen herejías. ¿Dónde está la unidad de la fe en Roma?

¿Dónde está la unidad de la fe en el mundo? Está en nosotros, quienes la conservamos.

La unidad de la fe realizada en el mundo entero es la catolicidad. Ahora bien, esta unidad de la fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más de catolicidad prácticamente.

Habrá pronto tantas Iglesias Católicas como obispos y diócesis. Cada uno tiene su manera de ver, de pensar, de predicar, de hacer su catecismo. No hay más catolicidad.

¿La apostolicidad? Rompieron con el pasado. Si hicieron algo, es bien eso. No quieren saber más del pasado antes del Concilio Vaticano II.

Vean el Motu Proprio del Papa que nos condena, dice bien: «la Tradición viva, esto es Vaticano II». No es necesario referirse a antes del Vaticano II, eso no significa nada. La Iglesia lleva la Tradición con ella de siglo en siglo. Lo que pasó, pasó, desapareció. Toda la Tradición se encuentra en la Iglesia de hoy. ¿Cuál es esta Tradición? ¿A que está vinculada? ¿Cómo está vinculada con el pasado?

Es lo que les permite decir lo contrario de lo que se dijo antes, pretendiendo, al mismo tiempo, guardar por sí solos la Tradición.

Es lo que nos pide el Papa: someternos a la Tradición viva. Tendríamos un mal concepto de la Tradición, porque para ellos es viva y, en consecuencia, evolutiva. Pero, es el error modernista: el santo Papa Pió X, en la encíclica «Pascendi», condena estos términos de «tradición viva», de «Iglesia viva», de «fe viva», etc., en el sentido que los modernistas lo entienden, es decir, de la evolución que depende de las circunstancias históricas. La verdad de la Revelación, la explicación de la Revelación, dependerían de las circunstancias históricas.

La apostolicidad: nosotros estamos unidos a los Apóstoles por la autoridad. Mi sacerdocio me viene de los Apóstoles; vuestro sacerdocio les viene de los Apóstoles. Somos los hijos de los que nos dieron el episcopado. Mi episcopado desciende del santo Papa Pío V y por él nos remontamos a los Apóstoles. En cuanto a la apostolicidad de la fe, creemos la misma fe que los Apóstoles. No cambiamos nada y no queremos cambiar nada.

Y luego, la santidad. No vamos a hacernos cumplidos o alabanzas. Si no queremos considerarnos a nosotros mismos, consideremos a los otros y consideremos los frutos de nuestro apostolado, los frutos de las vocaciones, de nuestras religiosas, de los religiosos y también en las familias cristianas. De buenas y santas familias cristianas germinan gracias a vuestro apostolado. Es un hecho, nadie lo niega. Incluso nuestros visitantes progresistas de Roma constataron bien la buena calidad de nuestro trabajo. Cuando Mgr Perl decía a las hermanas de Saint Pré y a las hermanas de Fanjeaux que es sobre bases como esas que será necesario reconstruir la Iglesia, no es, a pesar de todo, un pequeño cumplido.

Todo eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible.

Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias a ustedes. Estas señales no se encuentran ya en los otros.

No hay ya en ellos la unidad de la fe; ahora bien es la fe que es la base de toda visibilidad de la Iglesia.

La catolicidad, es la fe una en el espacio.

La apostolicidad, es la fe una en el tiempo.

La santidad, es el fruto de la fe, que se concreta en las almas por la gracia del Buen Dios, por la gracia de los Sacramentos.

Es totalmente falso considerarnos como si no formáramos parte de la Iglesia visible. Es increíble.

Es la Iglesia oficial la que nos rechaza; pero no somos nosotros quienes rechazamos la Iglesia, bien lejos de eso. Al contrario, siempre estamos unidos a la Iglesia Romana e incluso al Papa por supuesto, al sucesor de Pedro.

Pienso que es necesario que tengamos esta convicción para no caer en los errores que se están extendiendo ahora.

Por supuesto, se podrá objetársenos: ¿»Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa»?

No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia.

En cuanto a decir «salir de la Iglesia VISIBLE», es equivocarse asimilando Iglesia oficial a la Iglesia visible.

Nosotros pertenecemos bien a la Iglesia visible, a la sociedad de fieles bajo la autoridad del Papa, ya que no rechazamos la autoridad del Papa, sino lo que él hace. Reconocemos bien al Papa a su autoridad, pero cuando se sirve de ella para hacer lo contrario de aquello para lo cual se le ha dado, está claro que no se puede seguirlo.

¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡sí!, obviamente.

Todo el libro del Sr. Madiran «La Herejía del Siglo XX» es la historia de la herejía de los obispos.

Es necesario, pues, salir de este medio de los obispos, si no se quiere perder el alma.

Pero eso no basta, ya que es en Roma donde se instala la herejía. Si los obispos son herejes (incluso sin tomar este término en el sentido y con las consecuencias canónicas), no es sin la influencia de Roma.

Si nos alejamos de esta gente, es absolutamente de la misma manera que con las personas que tienen el SIDA. No se tiene deseo de atraparlo. Ahora bien, tienen el SIDA espiritual, enfermedades contagiosas. Si se quiere guardar la salud, es necesario no ir con ellos.

¡Sí!, el liberalismo y el modernismo se introdujeron en el Concilio y dentro de la Iglesia. Son ideas revolucionarias; y la Revolución, que se encontraba en la sociedad civil, pasó a la Iglesia.

El cardenal Ratzinger, por otra parte, no lo oculta: adoptaron ideas, no de Iglesia, sino del mundo y consideran un deber hacerlas entrar en la Iglesia.

Ahora bien, las autoridades no cambiaron de una iota sus ideas sobre el Concilio, el liberalismo y el modernismo. Son anti-tradición, anti la Tradición tal como debe entenderse y como la Iglesia lo comprende. Eso no entra en su concepción. El suyo es un concepto evolutivo. Están, pues, en contra de esta Tradición fija, en la cual nos mantenemos.

Consideramos que todo lo que nos enseña el catecismo nos viene de Nuestro Señor y de los Apóstoles, y que no hay nada que cambiar.

Para ellos, no, todo eso evoluciona y evolucionó con Vaticano II. El término actual de la evolución es Vaticano II.

Esta es la razón por la que no podemos vincularnos con Roma.

Suceda lo que suceda, debemos seguir como lo hemos hecho, y el Buen Dios nos muestra que siguiendo esta vía, cumplimos con nuestro deber.

No negamos la Iglesia Romana. No negamos su existencia, pero no podemos seguir sus directivas. No podemos seguir los principios del Concilio. No podemos vincularnos.

Me di cuenta de esta voluntad de Roma de imponernos sus ideas y su manera de ver. El cardenal Ratzinger me decía siempre: «Pero Monseñor, sólo hay una Iglesia, no es necesario hacer una Iglesia paralela».

¿Cuál es esta Iglesia para él? La Iglesia conciliar, queda claro.

Cuando nos dijo explícitamente: «Obviamente, si se les concede este protocolo, algunos privilegios, deberán aceptar también lo que hacemos; y por lo tanto, en la iglesia Saint-Nicolas-du-Chardonnet será necesario decir una nueva misa también todos los domingos»…

Ustedes ven que quería traernos a la Iglesia conciliar. No es posible, ya que queda claro que quieren imponernos estas novedades para terminar con la Tradición.

No conceden nada por aprecio de la liturgia tradicional, sino simplemente para engañar a aquellos a quienes lo dan y para disminuir nuestra resistencia; insertar una cuña en el bloque tradicional para destruirlo.

Es su política, su táctica consciente. No se equivocan, y ustedes conocen las presiones que ejercen…

***

Entrevista de Monseñor Lefebvre un año después de las consagraciones. Fideliter N° 70, julio-agosto de 1989:

Fideliter:
Algunos dicen: sí pero Monseñor tendría que haber aceptado un acuerdo con Roma, porque una vez que la Fraternidad hubiese sido reconocida y las sanciones levantadas, habría podido actuar de una manera más eficaz dentro de la Iglesia, mientras que ahora se colocó afuera.

Monseñor: Son cosas que son fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿qué es lo que eso quiere decir?

Y en primer lugar, ¿de qué Iglesia se habla? Si es de la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esta Iglesia conciliar para supuestamente volverla católica.

¡Es una ilusión total!

No son los súbditos los que hacen a los superiores, sino los superiores los que hacen a los súbditos.

En toda esta Curia romana, entre todos los obispos del mundo, que son progresistas, yo habría sido ahogado completamente. No habría podido hacer nada, ni proteger a los fieles y a los seminaristas.

Fideliter: ¿No teme que a la larga y cuándo el Buen Dios lo haya llamado a Él, poco a poco la separación se acentúe y que se tenga un poco la impresión de una Iglesia paralela respecto de lo que algunos llaman la «Iglesia visible»?

Monseñor: Esta historia de Iglesia visible de Don Gérard y del Sr. Madiran es infantil.

Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica,
que nosotros intentamos representar y seguir.

No digo que seamos la Iglesia Católica. Nunca lo he dicho. Nadie puede acusarme de haber querido tomarme por un papa.

Pero, nosotros representamos de verdad la Iglesia Católica tal como era antes, puesto que seguimos eso que siempre ha hecho.

Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Es eso lo que constituye la Iglesia visible.

El Sr. Madiran añade: y la infalibilidad. Pero, la infalibilidad…

En lo que representa la tradición de los papas, la tradición de la infalibilidad, estamos de acuerdo con el Papa. Estamos unidos a él en cuanto continúa la sucesión de San Pedro y debido a las promesas de la infalibilidad que se le hicieron.

Somos nosotros quienes se unen a su infalibilidad. Pero él, incluso si bajo algunos aspectos se puede decir que la representa, formalmente se opone, porque no quiere más la infalibilidad. No cree y no realiza actos señalados por la marca de la infalibilidad…

Somos nosotros quienes estamos con la infalibilidad, no la Iglesia conciliar. Ella está en contra de la infalibilidad, es absolutamente cierto.

El cardenal Ratzinger está en contra de la infalibilidad, el Papa está en contra de la infalibilidad debido a su formación filosófica.

Que se nos comprenda bien, no estamos en contra del Papa como representante de todos los valores de la Sede Apostólica, que son inmutables, de la Sede de Pedro; pero estamos contra el Papa que es un modernista, que no cree en su infalibilidad, que hace ecumenismo.

Obviamente estamos en contra de la Iglesia conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una Iglesia virtualmente excomulgada, porque es una Iglesia modernista.

Son ellos quienes nos excomulgan, mientras que nosotros queremos seguir siendo católicos. Queremos permanecer con el Papa católico y con la Iglesia Católica. He aquí la diferencia.

Pienso, pues, que no hay que tener ninguna vacilación ni ningún escrúpulo respecto de las consagraciones episcopales. No somos ni cismáticos, ni excomulgados; no estamos en contra del Papa. No estamos en contra de la Iglesia Católica. No hacemos una Iglesia paralela. Todo eso es absurdo.

Somos lo que siempre hemos sido: católicos que continúan. Es todo. No hay que buscar mediodía a las catorce. ¡No constituimos una «pequeña Iglesia»!

***

No sólo Monseñor Lefebvre se expresó con claridad sobre esta controversia. El entonces Superior General de la FSSPX, Padre Franz Schmidberger, publicó unas Anotaciones a la Declaración de Dom Gérard, en julio de 1988:

Dom Gérard: es perjudicial para la Tradición de la Iglesia ser relegada fuera de su perímetro oficial visible. Esto es contrario al honor de la Esposa de Cristo. La visibilidad de la Iglesia es una de sus características esenciales.

Nota del Padre Schmidberger: ¿no sería conforme al plan de la Providencia que la Tradición católica de la Iglesia no sea reintegrada al pluralismo de la «la Iglesia conciliar», mientras esta manche el honor de la Iglesia católica y oscurezca tanto su unidad como su visibilidad? «Cristo sufrió fuera de las puertas de Jerusalén», dice San Pablo, y añade: «por lo tanto, para ir a él, salgamos fuera del campamento, vistiendo su oprobio». (Heb-13).

Dom Gérard: es lamentable que solamente los Benedictinos que son descartado sean aquellos que específicamente conservan su tradición litúrgica.

Nota del Padre Schmidberger: Al contrario, es una marca de honor para Le Barroux ser rechazados por los otros benedictinos por haber permanecido completamente leal a la Misa de siempre y por esta razón convertirse en un maravilloso signo de contradicción.

Dom Gérard: obtener el levantamiento de la suspensión a divinis para nuestros sacerdotes constituye un punto de vista misionero: que el máximo de fieles (y los jóvenes: estudiantes, scouts, seminaristas) puedan asistir a nuestras Misas sin verse obstaculizados por su capellán o su obispo.

Nota del Padre Schmidberger: si estos sacerdotes del Barroux se consideran válidamente suspendidos, ¡vivieron durante quince años en pecado mortal! Si solamente piensan que su llamada «suspensión» perjudica la irradiación apostólica, están equivocados: la Cruz es más fecunda que la facilidad. Además, deben preferir a la irradiación misionera del Barroux, que es su propio bien, la irradiación de la Tradición en su cohesión indispensable: se trata del bien común de la tradición. ¡Primacía del bien común!

***

También Monseñor Tissier, se explayó. Publicó en 1989 un análisis del Decreto Ecclesia Dei adflicta:

La Iglesia de Dios está afligida… ¿Por las consagraciones del 30 de junio? ¿O por la ocupación de Roma y de la Santa Sede por la ideología modernista? (…)

Por el momento, y desde hace 25 años, el Santo Padre está ocupado por una ideología extranjera a la fe católica (…)

¿Cómo pretendéis que el Romano Pontífice pueda, en estas condiciones internas de su mente, gobernar normalmente la Iglesia Católica? Está moralmente impedido (…)

Por ejemplo, es imposible que proporcione buenos obispos a la Iglesia, sin exigir de ellos, y a corto plazo, lealtad al Concilio Vaticano II y el reconocimiento de la legitimidad de la Misa Nueva.

En una situación tal, el Arzobispo Lefebvre ha interpretado la intención habitual implícita del Papa, en contra, fatalmente, de la intención actual y explícita de este último (…)

Hemos demostrado que las consagraciones son legítimas y no cismáticas, habida cuenta de la Roma ocupada y del Romano Pontífice impedido de gobernar rectamente la Iglesia (…)

Concluyamos: la ruptura esencial es bien de naturaleza doctrinal. Pero no se trata de un cisma del Arzobispo Lefebvre con la Iglesia.

Es la ruptura (por no decir el cisma, porque no tenemos la autoridad para pronunciarlo), ruptura de la Iglesia del Concilio Vaticano II y de la Roma ocupada con la verdadera Tradición viviente.

La declaración de excomunión del Arzobispo fiel, de su colega en el Episcopado y de sus cuatro hijos es la declaración oficial por Roma de esta última ruptura: es la Roma ocupada la que declara su ruptura con la Tradición (por no decir su propio cisma y su propia excomunión).

En cuanto a nosotros, no declaramos sino que seguimos en comunión con todos los Papas de la Iglesia Católica que precedió a esta Iglesia Conciliar que aflige y mancha el rostro de la Esposa Inmaculada de Jesucristo.

***

¿Queda claro a los sacerdotes, religiosos, religiosas y feligreses dónde está el problema?

No podemos negar que hay una frase cierta y clara en el sermón de Monseñor Fellay: Creo que no se puede ir más lejos en la confusión…

Comentario Eleison Nº 105,

11 de Julio de 2009

Iglesia Conciliar

La expresión «Iglesia Conciliar» da lugar a mucha confusión. Por ejemplo, ¿cómo puede la Iglesia Católica, la impecable Novia de Cristo (Efesios V, 27), verse teñida con la nueva religión, centrada en el hombre, del Concilio Vaticano II, es decir, el Conciliarismo? Sin embargo, Nuestro Señor fundó sólo una Iglesia, de modo que si la «Iglesia Conciliar» no es católica, ¿hay dos Iglesias, una Iglesia Conciliar y una Iglesia Católica? Imposible.

De hecho no hay dos Iglesias. Sólo hay una Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, y esa es la Iglesia Católica. Sin embargo, esta Iglesia Católica se encarna en seres humanos, que son necesariamente imperfectos. Nuestro Señor la instituyó no para salvar ángeles o animales, sino exclusivamente para nosotros, los pobres seres humanos, que por nosotros mismos sólo tendemos, a causa del pecado original, a caer más y más lejos del Cielo y de Dios.

Así, la Iglesia Católica siempre tiene dos aspectos: divina por su origen o principio (Jesucristo); y por su finalidad (llevar las almas al Cielo); y por otro lado es, en sí misma, necesariamente humana, por su involucrarse entre los seres humanos a los que viene a salvar. Por lo tanto, como debe haber seres humanos dentro de la Iglesia, también habrá siempre imperfecciones en el interior de la Iglesia, a veces muy visibles; pero estas imperfecciones seguirán siendo incapaces de manchar a la Esposa de Cristo, impecable en sí misma.

Ahora bien, el Conciliarismo, como nueva religión del Vaticano II, poniendo al hombre en el lugar de Dios, es error e imperfección puramente humana; de ninguna manera divina. Así pues, la expresión «Iglesia Conciliar», refleja la Iglesia Católica en su aspecto puramente humano e imperfecto, la Iglesia como desfigurada por el hombre moderno, que organizó el Vaticano II para ponerse a sí mismo en el lugar de Dios. Sin embargo, la Iglesia permanece inmaculada bajo todas las desfiguraciones, como si se tratara de un martín pescador, que se precipita sobre un lago a recoger a un pez y vuela de nuevo al Cielo, sin hesitar, liberándose de toda el agua que lo impregnó momentáneamente.

¿Luego hay dos Iglesias? De ninguna manera. Sólo hay una inmaculada Esposa de Cristo. Entonces, ¿la expresión «Iglesia Conciliar» no tiene significado real? Por desgracia, esa locución nombra una muy concreta realidad. Designa a todos los miembros y estructuras de la Iglesia verdadera que están como atrapados en las estrategias de los sutiles errores del Concilio Vaticano II, y como tendiendo todo el tiempo a salir de la verdadera Iglesia por causa de esos errores. Esta es la «Iglesia Conciliar» de la cual Monseñor Lefebvre nunca se reconoció «excomulgado», porque, como él decía, desde un principio jamás perteneció a ella.

APORTES AL COMENTARIO DE MONSEÑOR RICHARD WILLIAMSON

Monseñor Richard Williamson pregunta: La expresión «Iglesia Conciliar», ¿tiene significado real?

Y responde: Por desgracia, esa locución nombra una muy concreta realidad. Designa a todos los miembros y estructuras de la Iglesia verdadera que están como atrapados en las estrategias de los sutiles errores del Concilio Vaticano II, y como tendiendo todo el tiempo a salir de la verdadera Iglesia por causa de esos errores.

Ante todo, recordemos que la expresión Iglesia conciliar ve la luz en la Carta de Monseñor Benelli a Monseñor Lefebvre, el 25 de junio de 1976:

«El santo Padre me encarga hoy mismo que confirme la medida que se le intimó en su nombre, de mandato speciali: usted debe abstenerse actualmente de conferir toda ordenación. No tome como pretexto el desasosiego de los seminaristas: es precisamente la ocasión para ellos de explicarles, así como a sus familias, que no puede ordenarlos para el servicio de la Iglesia contra la voluntad del Pastor supremo de la Iglesia. No hay nada de desesperante en su caso: si tienen buena voluntad y se preparan seriamente para un Ministerio sacerdotal en la fidelidad verdadera a la Iglesia conciliar, nos encargaremos de encontrar a continuación la mejor solución para ellos; pero que comiencen en primer lugar, ellos también, por este acto de obediencia a la Iglesia.»

Agreguemos que, en diversas oportunidades, Monseñor Lefebvre hizo referencia a esta innovación:

En el sermón del 29 de junio de 1976, la alusión fue indirecta:
«He aquí lo que me dijeron los enviados oficiales del Vaticano. Nosotros no somos de esta religión. Pertenecemos a la religión católica, no somos de esta religión universal, como la llaman hoy. Ya no es la religión católica. No pertenecemos es esta religión liberal, modernista, que tiene su culto, sus sacerdotes, su fe, sus catecismos, su biblia, su biblia ecuménica. No los aceptamos».

En la «Nota preliminar» del 12 de julio de 1976 fue directo: «De este modo, parece imposible abordar el problema de fondo, que es el acuerdo de la Iglesia conciliar, como la llama Monseñor Benelli en su última carta, y la Iglesia Católica. Que no se equivoquen, no se trata de un desacuerdo entre Monseñor Lefebvre y el Papa Pablo VI. Se trata de la incompatibilidad radical entre la Iglesia Católica y la Iglesia conciliar, representando la misa de Pablo VI el símbolo y el programa de la Iglesia conciliar».

Y en las Reflexiones sobre la suspensión a divinis, del 29 de julio de 1976, fue contundente: «¡Qué de más claro! En adelante es a la Iglesia conciliar que es necesario obedecer y ser fiel, y no a la Iglesia Católica. Es todo nuestro problema precisamente. Somos «suspendidos a divinis» por la Iglesia conciliar y para la Iglesia conciliar, de la cual no queremos formar parte. Esta Iglesia conciliar es una Iglesia cismática, porque rompe con la Iglesia Católica de siempre. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto, ya condenados por la Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos (…) Por eso los fundadores de la Iglesia conciliar hacen tanto hincapié en la obediencia a la Iglesia de hoy, haciendo abstracción de la Iglesia de ayer, como si ésta no existiese ya (…) Esta Iglesia conciliar es cismática porque tomó como base de su actualización los principios opuestos a los de la Iglesia Católica (…) La Iglesia que afirma semejantes errores es a la vez cismática y herética. Esta Iglesia conciliar no es, pues, católica. En la medida en que el papa, los obispos, sacerdotes o fieles adhieren a esta nueva Iglesia, se separan de la Iglesia Católica. La Iglesia de hoy sólo es la verdadera Iglesia en la medida en que sigue y hace cuerpo con la Iglesia de ayer y de siempre. La norma de la fe católica es la Tradición (…) El pedido de Monseñor Benelli es, pues, luminoso: sumisión a la Iglesia conciliar, a la Iglesia de Vaticano II, a la Iglesia cismática. Nosotros proseguimos en la Iglesia Católica».

Si pasamos al año 1988, observamos la continuidad de pensamiento. En la carta al cardenal Ratzinger, del 24 de mayo, escribió: «Eminencia, me parece necesario precisarle lo que le escribía el 6 de mayo. Reflexionando, nos resulta claro que el objetivo de los coloquios y de la reconciliación es integrarnos en la Iglesia Conciliar, la única Iglesia a la cual hacía usted alusión en las conversaciones».

Y en la Conferencia de Prensa, del 15 de junio de 1988, puntualizó: «El Cardenal Ratzinger lo repitió varias veces: «Monseñor sólo hay una Iglesia, no puede haber una Iglesia paralela». Le dije: «Eminencia, no somos nosotros quienes hacemos una Iglesia paralela, puesto que seguimos la Iglesia de siempre; son ustedes quienes hicieron la Iglesia paralela habiendo inventado la Iglesia del Concilio, la que el cardenal Benelli llamó la Iglesia conciliar; son ustedes quienes inventaron una iglesia nueva, quienes se hicieron nuevos catecismos, nuevos sacramentos, una nueva misa, nueva liturgia, esto no viene de nosotros. Nosotros, seguimos lo que se hizo antes. No somos nosotros quienes hacemos una nueva iglesia«.

Por eso, todos los Superiores de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, siguiendo al Fundador y de manera unánime, escribieron al Cardenal Gantin: «Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad».

Tenemos, pues, bien definida la Iglesia conciliar neomodernista.

Volvamos a la respuesta de Monseñor Richard Williamson: «Por desgracia, esa locución nombra una muy concreta realidad. Designa a todos los miembros y estructuras de la Iglesia verdadera que están como atrapados en las estrategias de los sutiles errores del Concilio Vaticano II, y como tendiendo todo el tiempo a salir de la verdadera Iglesia por causa de esos errores».

Podemos preguntar ahora: los miembros de la Iglesia conciliar, enquistados en la Iglesia verdadera, ¿terminarán por salir de Ella para constituir su «iglesia» separada, como lo hicieron los «cismáticos griegos», los «reformadores luteranos», los «viejos católicos» y los «galicanos»? ¡Que fácil sería todo, entonces!…

Pero San Pío X nos responde, en su Encíclica Pascendi:

«Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo.

Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio.

Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.

Hablamos, Venerables Hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.

Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores.

Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia.

Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper.

Y mientras persiguen por mil caminos su nefasto designio, su táctica es la más insidiosa y pérfida. Amalgamando en sus personas al racionalista y al católico, lo hacen con habilidad tan refinada, que fácilmente sorprenden a los incautos».

e) El caso de las confirmaciones en Córcega

1°) La noticia en sí misma

El domingo 11 de marzo, Monseñor Bonfils, Administrador de la Diócesis de Ajaccio [Córcega], visitó la iglesia atendida en Ajaccio por la Fraternidad San Pío X.

No fue una simple visita de cortesía o de pura diplomacia: Monseñor Bonfils, propuso de propia iniciativa proceder a la confirmación de 19 candidatos para este sacramento.

Luego Monseñor Bonfils celebró la misa de San Pío V.

2°) Publicación en el sitio oficial de la FSSPX de Italia

3°) Lo que dice Monseñor Bonfils

Monseñor Bonfils respondió a las preguntas de Nouvelles de France.

Usted acaba de celebrar las confirmaciones en una iglesia asistida por la Fraternidad San Pío X, ¿por qué?

Yo celebré estas confirmaciones porque jóvenes de la diócesis querían recibir este sacramento. Este es conferido por el obispo y no hay cincuenta obispos en Córcega. El obispo tiene la facultad de confirmar, incluso en un lugar de culto de la Fraternidad San Pío X. Después de asegurarme del consentimiento de esos jóvenes, así como del de sus familias, celebré las confirmaciones. Estos jóvenes eran muy normales y bien preparados para recibir este sacramento.

¿Fue allí por su propia iniciativa?

Es el sacerdote de la Fraternidad San Pío X quien me llamó. Me dijo que había jóvenes para ser confirmados, pero que el superior de la Fraternidad, que debía hacer estas confirmaciones, no podía desplazarse.

¿No le molesta celebrar una misa según el rito de san Pío V?

¡No, en absoluto! No sólo eso no me molesta, sino que además estamos invitados por nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI. La Iglesia católica admite el rito tradicional, el mismo nuevo rito proviene de la Tradición.

Este evento se presenta cuando se están llevando a cabo discusiones en Roma entre la Fraternidad San Pío X y la Santa Sede en vista de una eventual regularización canónica.

¡Efectivamente! Antes de ir a confirmar, consulté por lo tanto a un cardenal, mezclado de cerca en estas discusiones, quien me dio una opinión favorable.

Usted mismo, ¿está a favor de una reconciliación entre la Fraternidad San Pío X y la Santa Sede?

Es lo que todos deseamos, es la unidad de la Iglesia, en el respeto de la enseñanza del Concilio.

¿Tiene buenas relaciones con la Fraternidad San Pío X?

Con la Fraternidad San Pío X, como tal, no tengo relaciones, ya que ella no existe canónicamente. Con las personas y los sacerdotes, sin embargo, tengo buenas relaciones

4°) Lo que dice el Padre Mercury

Monseñor:

En nombre de los fieles presentes, os doy la bienvenida en nuestra capilla de San Antonio de Parata.

El propósito básico de la Iglesia Católica es salvar almas. Este propósito será la voluntad de Dios, que es salvar a todos los hombres.

Para ello, Jesús dio a sus apóstoles y obispos, sus sucesores, la misión de anunciar su nombre en todo el mundo. Esta iglesia, fundada en el derecho divino, ha echado raíces, en las primeras horas en algunos lugares. Esta es la iglesia local, la Iglesia diocesana.

Es cierto, puede ocurrir en raras ocasiones que la Gracia sea distribuida fuera de las estructuras legales comunes de la Iglesia. Pero este hecho es siempre efímero y es una excepción.

Monseñor, usted es el Soberano de la Iglesia de Jesucristo en Córcega. Lo sabemos. Nosotros creemos que es así. Cuando le informé que Monseñor Fellay vendría en mayo próximo para las confirmaciones, usted me dijo que era inútil, que usted mismo lo haría. Y esperaba mi reacción; y me di cuenta en ese momento que no podía escapar a esta profesión concreta de la fe católica. Es porque creo en la eficacia de su poder episcopal que no puedo negar la entrada a esta comunidad de los creyentes que gobierno desde hace 14 años.

A cambio, su enfoque ha sido impregnado con un verdadero espíritu de misericordia. Usted quiere hacer, como pastor, su misión, el bien de las almas. Para llevar a cabo esta tarea, se ha expuesto, a 82 años, a las críticas y a la oposición de vuestra diócesis.

Los remolinos que causan esta ceremonia, de ambos lados, no nos impedirá profesar nuestra fe serena en su totalidad. Creemos en la Iglesia fundada por nuestro divino Salvador y estamos profundamente agradecidos hoy que nos da la oportunidad de demostrar públicamente recibiéndolo para una celebración en el rito tradicional. Gracias, Monseñor

El Padre Mercury responde al diario La Coix:

1°) Ce n’est pas à ma demande que Mgr Bonfils a procédé aux confirmations. Ayant informé Mgr Bonfils du projet de Mgr Fellay de venir en mai prochain, Mgr Bonfils m’a répondu que cela était inutile, qu’il les ferait lui-même.

2°) Avant que Mgr Bonfils fasse cette demande, je n’avais aucune difficulté notable avec mes supérieurs ou avec mes fidèles. Malgré des divergences de vue sur la suppléance depuis 15 ans, j’ai été admis comme membre permanent de la Fraternité.

3°) Aucun enfant de ceux qui avaient été prévus pour les confirmations ne manquait le dimanche 11 mars. No tengo una sensación de decepción debido a la intransigencia de mis superiores, pero me sorprende que no entiendan la imposibilidad de rechazar en la que me encontré frente a la petición de Monseñor Bonfils.

4°) No he hecho ninguna solicitud de incardinación y no he comenzado ningún proceso de acercamiento con la diócesis. Es cierto, sin embargo, que un sacerdote diocesano pidió al obispo si yo podría ser incardinado a fin de prestar servicio en la diócesis en el contexto exclusivo del rito tradicional. Pero esta posibilidad debe ser examinada todavía por los superiores de la Fraternidad San Pío X y por la Comisión Ecclesia Dei.

5°) Lo que dicen los fieles de la asociación San Antonio de Parata

Algunas precisiones proporcionadas por un miembro de la asociación «Amigos de San Antonio de Parata»

– ¿Qué hay sobre la propuesta original?

Monseñor Bonfils recibió al Padre Mercury, acompañado por un sacerdote diocesano (el Padre Mondoloni, Párroco de Ponte Leccia), para hacer un balance del ministerio de la Fraternidad San Pío X en Ponte Leccia. En esta ocasión, el Padre Mercury defendió la jurisdicción de suplencia e informó naturalmente a Monseñor Bonfils sobre proyecto de la venida de Monseñor Fellay a Córcega. A lo que el obispo respondió que él mismo lo haría. Sabemos esto porque el Padre pidió a la comunidad tomar una postura en relación a esta petición sorprendente.

– ¿Qué hay sobre el argumento decisivo?

Monseñor Bonfils está actualmente a cargo de la sede de Ajaccio. Cuando él expresa el deseo de hacer las confirmaciones en el rito tradicional, con solicitud pastoral y sin espíritu polémico, el Padre no puede oponerse a ello, porque Monseñor Bonfils tiene por naturaleza el derecho divino a su favor, mientras que Monseñor Fellay tiene este derecho por suplencia. Obrar de este modo respeta el derecho constitucional de la Iglesia que se refiere a la voluntad del legislador divino. Después de dar a estos elementos a la comunidad, el Padre dejó a cada uno que decida en conciencia.

– ¿Qué hay sobre las condiciones de la ceremonia?

El Padre Mercury aseguró que Monseñor Bonfils tenía toda la intención de hacer lo que la Iglesia quiere en la confección de los sacramentos. Monseñor se ha comprometido a utilizar el Crisma de la Fraternidad, seguir la costumbre tradicional durante la comunión, incluso si un feligrés se presentase de manera diferente (que no ha ocurrido), e incluso venir en sotana. Todos estos puntos han sido explicados por el Padre antes de cualquier decisión, para informarnos sobre el nivel de garantía que él había tomado.

– ¿Qué hay sobre la asistencia?

La comunidad ajacciana tiene cerca de sesenta personas (fuera de las vacaciones); faltaban 10 personas, entre ellos un adulto que debía ser confirmado. De hecho, faltaban nueve personas, porque una de las 10 vino equipada con una cámara. Había unas cuantas personas más, familiares de los confirmandos tradis del «continente», se unieron a los fieles de costumbre. Yo añado que la comunidad cuenta con tradis que han conocido las primeras batallas, algunos luchando desde los años 70 antes del crecimiento potencial (providencial) de la FSSPX.

– ¿Qué hay sobre el pedido de incardinación?

Este famoso pedido no es una maniobra oscura, sino un deseo expresado abiertamente por el Párroco Mondoloni. Varios miembros de la comunidad y uno (o dos) sacerdotes de Marsella, ya habían oído al Párroco argumentar sobre el interés, por el bien de los fieles de la diócesis, de ver un sacerdote de la Fraternidad San Pío X incardinado, e incluso tener un papel de coordinador diocesano para el rito tradicional. El Padre Mercury informó sobre esta idea del Padre Mondoloni, como prueba del testimonio católico dado a nivel local por el (pequeño) rebaño tradicional.

6°) Lo que dice el Superior del Distrito, Abbé Régis de Cacqueray

A propos des confirmations par Mgr Bonfils,

par l’abbé de Cacqueray – 16 mars 2012

Monseigneur Bonfils est venu administrer le sacrement de confirmation dans la chapelle Saint Antoine de La Parata « en vertu des facultés accordées aux ordinaires de l’Eglise Catholique par le motu proprio ‘Summorum Pontificum’ ». (courriel du 25 février 2012 de Monseigneur Bonfils à l’abbé de Cacqueray). L’abbé Radier, prieur, l’abbé Nély, second assistant général, et moi-même, nous avions cependant exprimé à plusieurs reprises à l’abbé Mercury que notre Supérieur Général s’opposait à la venue de cet évêque. Nous lui avions demandé de dire à Monseigneur Bonfils que nous ne pouvions pas accepter qu’il y fasse la cérémonie qu’il s’était proposé de venir y faire. Pour qui veut prendre le temps de réfléchir, les motifs de ne pas accepter cette proposition de Monseigneur Bonfils ne manquaient pourtant pas.

1) Affronts envers notre Supérieur Général

– Une cérémonie de confirmations était prévue par Monseigneur Fellay, Supérieur Général de la Fraternité, le 1er mai 2012, et ce depuis le début du mois de janvier. La moindre des civilités de Monseigneur Bonfils à l’égard de notre Supérieur Général aurait d’abord dû consister à lui exposer les motifs pour lesquels il proposait de venir faire ces confirmations et savoir si Monseigneur Fellay acceptait de se retirer.

– Ce qu’il n’a pas fait car il ne se situe vraiment pas dans des rapports de civilité à l’égard de la Fraternité. Lors de la conversation téléphonique que j’eus avec lui, il m’a dit que la Fraternité n’existait pas à ses yeux et qu’il n’avait d’autres interlocuteurs que les fidèles qui se tournaient vers lui. Dans un entretien de ce jour publié sur le site de l’Homme nouveau, Monseigneur Bonfils a éclairé ses intentions consistant à affranchir la communauté traditionnelle corse de la Fraternité : « Étant l’évêque du lieu, je préférais que Mgr Fellay ne vienne pas ».

– La réponse que Monseigneur Fellay avait faite à l’abbé Mercury, dès le 6 février, manifestait nettement ses réticences à cette cérémonie : « Je pense que vous vous lancez dans des eaux inextricables et qui ne vont rien simplifier pour l’avenir. » Tous les membres de la Fraternité Saint-Pie X sont tenus d’en respecter les règles. Or Monseigneur Lefebvre l’avait bien précisé : « Les Supérieurs de district et de maisons autonomes organisent les confirmations » (4 juillet 1988). Dans le district de France, l’organisation des cérémonies de confirmations est déléguée au doyen, pour le doyenné dont il a la charge. L’abbé Radier s’était donc tout simplement acquitté de son travail en organisant cette cérémonie de confirmations en Corse. Qui plus est, c’est pour répondre à la propre demande de l’abbé Mercury que cette cérémonie avait été programmée.

Cette nouvelle situation a finalement provoqué un trouble dans la communauté et a causé un préjudice à l’apostolat en Corse.

2) Incohérence de la venue de Monseigneur Bonfils

Il est intéressant de rappeler ce passage du motu proprio « Summorum Pontificum » : « Evidemment, pour vivre la pleine communion, les prêtres des communautés qui adhèrent à l’usage ancien ne peuvent pas non plus, par principe, exclure la célébration selon les nouveaux livres. L’exclusion totale du nouveau rite ne serait pas cohérente avec la reconnaissance de sa valeur et de sa sainteté. »

Et, dans le même sens, voici ce que dit l’instruction « Universae Ecclesiae » au n°19 : « Les fidèles qui demandent la célébration de la forme extraordinaire ne doivent jamais venir en aide ou appartenir à des groupes qui nient la validité ou la légitimité de la sainte messe ou des sacrements célébrés selon la forme ordinaire. »

Ces citations montrent que Monseigneur Bonfils n’avait pas le droit de se prévaloir du motu proprio pour venir administrer les sacrements dans notre chapelle.

En effet, nous sommes ces prêtres qui sans remettre en cause leur validité, excluons par principe la célébration selon les nouveaux rites. Etant donné ce principe, étant donné que nous ne reconnaissons pas la valeur et la sainteté de la messe ou des sacrements célébrés selon la forme ordinaire, il est incohérent que cet évêque vienne célébrer les confirmations chez nous au nom du motu proprio et il serait pareillement incohérent que nous acceptions de le laisser administrer ces confirmations, dans notre chapelle, toujours au nom de ce même motu proprio.

3) Confusion doctrinale

Par ailleurs, il est clair que Monseigneur Bonfils n’est pas favorable à la défense de la Foi. Comme des milliers d’autres évêques, il est attaché au concile Vatican II et à ses idées. Depuis son passage en Afrique, il s’est même spécialisé dans le dialogue interreligieux, participant encore l’an passé à un colloque aux côtés de pasteurs et d’imams. En 2003, il n’a pas hésité à se rendre au congrès du B’nai B’rith, une organisation juive d’esprit maçonnique, pour s’y voir décerner la « ménora d’or » – le chandelier à sept branches – distinction qui encourageait la promotion du dialogue judéo-chrétien qu’il avait engagé dans le diocèse de Nice. L’abbé Nély a d’ailleurs cité, au cours de son sermon du 4 mars, un extrait d’un discours inadmissible de cet évêque.

C’est l’administrateur diocésain; nous ne le contestons pas. Mais nous ne pouvons pas donner notre confiance à un évêque qui, non seulement n’a jamais réagi aux nouvelles idées, mais les enseigne et les prêche depuis des dizaines d’années. Ne voit-on pas tout le paradoxe de demander à un évêque dont la Foi est entachée d’erreurs de venir administrer ce sacrement précisément destiné à confirmer dans la Foi ? Cette cérémonie de confirmations par cet évêque ne manque pas d’augmenter la confusion des esprits dans un contexte déjà difficile.

4) La question de la suppléance

Notre acceptation de la venue de cet évêque, au seul motif d’une  célébration dans la liturgie traditionnelle, signifierait, lorsque le rite traditionnel est célébré pour une occasion, que la Fraternité ne peut plus légitimement se prévaloir de son rôle de suppléance dans la crise de l’Eglise. Peu importerait donc la doctrine enseignée par ce pasteur ! Il suffirait désormais d’avoir l’assurance de la célébration dans la liturgie traditionnelle pour que notre fonction de suppléance n’existe plus.

Une telle vision est gravement erronée. Malheureusement, des prêtres peuvent très bien célébrer dans le rite traditionnel (et nous nous réjouissons de cela) mais continuer à professer de graves erreurs religieuses ou se taire sur les graves problèmes doctrinaux dénoncés en son temps par Monseigneur Lefebvre.

Une chose est d’encourager les prêtres à célébrer selon l’ancien rite ; une toute autre de pouvoir conseiller à nos fidèles de s’y rendre. La liturgie ne suffit pas ; il faut et la bonne liturgie et la bonne doctrine ! Tant que les fidèles ne peuvent pas se tourner vers des pasteurs dont la doctrine est fiable, l’état de nécessité subsiste et le droit des fidèles de recourir à la suppléance que nous assurons est entier.

7°) Los antecedentes de Monseñor Fellay

a) En el reportaje concedido al diario Présent, el 31 de enero de 2009, Monseñor Barnard Fellay estableció los fundamentos y los principios de lo que acaba de suceder en Córcega.

Es él el responsable de los efectos deletéreos que están provocado las causas establecidas en sus relaciones con la Roma anticristo y neomodernista.

¿Y cree usted que, de manera general, se ampliarán sus contactos?

¡Absolutamente! Es la meta, como lo he explicado en Roma, señalando que proponemos una situación ciertamente inestable, provisoria, pero susceptible de aportar la paz, para volver a conectar con todas las almas de buena voluntad. Esto se hará, por supuesto, gradualmente.

En la práctica, usted acaba de llevar a cabo las confirmaciones en Saint-Nicolas, ¿va usted a llamar al cardenal Vingt-Trois?…

Todo esto será del orden de la prudencia. Será necesario ver cómo se desarrollará este proceso. Esto también dependerá de las reacciones de enfrente. Para todo lo relacionado con estas nuevas relaciones, en principio, lo que ha pasado, nos pone en una situación nueva. Es demasiado pronto para evaluarlo. No se puede prever todo. Es, por lo tanto, el gran dominio de la prudencia. No hay a priori, el único a priori es la de la Verdad y la Caridad.

b) De la Entrevista realizada a Monseñor Fellay por la Agencia suiza APIC, el 25 de enero de 2009. Publicada enDICI 189, página 2:

Pregunta:
¿Veremos pronto a sacerdotes de la Fraternidad en nuestras misas parroquiales o en los equipos pastorales?

Respuesta: Tengo la impresión que todavía tendremos que esperar un poco… ¡pero yo no excluyo nada y creo incluso en los milagros!

c) De la Entrevista exclusiva a Monseñor Fellay, dada en el Distrito de USA, el 2 de febrero de 2011.

39. ¿Abriga Ud. esperanza de que semejante interés también pueda extenderse a ciertos obispos, al punto de avizorar una futura colaboración?

— Ya tenemos contactos con obispos, aunque por el momento todo está bloqueado por las conferencias episcopales y por presiones circundantes. Pero no cabe duda de que en el futuro con algunos obispos pueda haber alguna colaboración.

40. ¿Está Ud. dispuesto a ensayar la experiencia de la Tradición con un obispo, a nivel de una diócesis?

— Las cosas no están maduras para eso, aún no hemos llegado a ese punto, pero pienso que sucederá. Será difícil, habrá que ver exactamente cómo podrá concretarse. Será preciso que eso tenga lugar con obispos que hayan comprendido realmente la crisis y que verdaderamente quieran que vayamos.

43. ¿Pudo encontrarse ya con el Cardenal Burke?

— Varias veces intenté verlo, pero aún no he podido hacerlo.

Ahora bien:

* El Cardenal Burke es un Cardenal que dice Misa en Fontgombault.

* Confiere ordenaciones en el Instituto Cristo Rey.

Por lo tanto:

*
¿A quién quiere engañar Monseñor Fellay?

¿Qué obispo que «realmente haya comprendido la crisis» de la Iglesia puede seguir estando dentro de la Iglesia oficial?

*
Al menos es extraño que Monseñor Fellay en varias ocasiones quisiera entrar en contacto «con un obispo» que es «ecclesiadeísta», es decir, que NO «comprendió realmente la crisis» de la Iglesia.

*
Las declaraciones del 2 de febrero de 2011, ¿eran ya un indicio de que Monseñor Fellay estaba dispuesto a que esos «contactos» madurasen para «tener colaboración» con algunos Obispos de la Iglesia Oficial?

* ¿Se extendería esto a cualquier Obispo?

8°) Las consecuencia para el Padre Mercury

El domingo 18 de marzo, el Padre Mercury anunció su traslado el Priorato de San Pablo, Brasil, del Distrito de América del Sur.