La visión del vaticanista Andrea Tornielli es la de infunfir miedo a las temblorosas rodillas de los acuerdistas de la FSSPX… Pero Mons. Fellay al momento de recibir las noticias, ya estaba más «conciliador» (¡buen sarcasmo Andrea!) En fin, como ya sabíamos tras la Pascua habrá novedades. Si dicen que sí, ya sabemos lo que significaría para la FSSPX. Si dicen que no, el principio de intentar salir de la «trinchera» y «que no nos miren mal» se verá centuplicado. Y así el final será peor que el principio. No digas que no te lo avisamos…
La Santa Sede concede otro mes a los lefebvrianos para decidir
Fellay recibió una carta: el Papa quiere «evitar una ruptura eclesial de consecuencias dolorosas e incalculables». Pero la Fraternidad debe aceptar el preámbulo doctrinal
Los lefebvrianos tienen un mes para tomar su decisión sobre la posibilidad de volver a estar en plena comunión con la Santa Sede. Esta mañana, en la Congregación para la Doctrina de la Fe, el prefecto, el cardenal William Levada, entregó una carta con la respuesta vaticana a Bernard Fellay, en la que se renueva la petición de aceptar el preámbulo doctrinal, el texto que la Santa Sede considera indispensable para regularizar a la Fraternidad San Pío X.
Como se recordará, el preámbulo fue entregado a Fellay en septiembre del año pasado. En sustancia, el texto pide que los lefebvrianos suscriban la «profesión de fe» que debe hacer cualquiera que asuma un cargo eclesiástico y de esta manera seguir las enseñanzas del magisterio en materia de fe y de moral. En cuanto al Concilio Vaticano II, verdadero nudo en las relaciones con los lefebvrianos, se pide que la Fraternidad lea su magisterio según la hermenéutica que propuso Benedicto XVI, en continuidad con la tradición.
«La respuesta de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X -se lee en la nota que difundió hoy la Sala de Prensa del Vaticano- con respecto al ‘Preámbulo doctrinal’, mencionado más arriba, recibida en enero de 2012, fue sometida al examen de la Congregación para la Doctrina de la Fe y, sucesivamente, al juicio del Santo Padre. En cumplimiento de la decisión del Papa Benedicto XVI, en una carta entregada hoy se ha comunicado al obispo Fellay la evaluación de su respuesta». Después siguen palabras muy claras y que por primera vez hacen que surja la posibilidad de que la regularización no tenga lugar y que se vaya hacia un cisma en todo rigor.
En la carta se indica que la postura que expresó Fellay «no es suficiente para superar los problemas doctrinales que subyacen a la fractura entre la Santa Sede y dicha Fraternidad. Al término del encuentro de hoy, guiado por la preocupación de evitar una ruptura eclesial de consecuencias dolorosas e incalculables, se ha invitado al Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a aclarar su posición, a fin de que se recomponga la fractura existente, como desea el Papa Benedicto XVI».
En las respuestas enviadas en diciembre y en enero, Fellay no había suscrito el preámbulo, tomando un poco más de tiempo y dejando abierta la posibilidad de diálogo con Roma. Ahora, el Papa y el cardenal Levada quieren las cosas claras. El tono de la respuesta vaticana fue determinado por la respuesta escrita que había enviado el superior lefebvriano. Este último, durante el encuentro de esta mañana, se mostró más conciliador y, durante la entrevista privada que se desarrolló en el palacio del ex Santo Oficio, dijo que no tenía «dificultad para aceptar la profesión de fe»; también afirmó que no tenía problemas con los principios expresados en el preámbulo: el problema, dijo Fellay, no son los principios, sino su aplicación, es decir el hecho de que en la Iglesia de hoy falte la fidelidad al magisterio.
El diálogo, pues, no se interrumpió; la puerta sigue estando abierta y la posibilidad de una reorganización sigue existiendo. Inmediatamente después de Pascua se sabrá si Fellay y la Fraternidad San Pío X habrán decidido aceptar el preámbulo o no. En el caso de que la respuesta fuera negativa, la Santa Sede tomaría nota de que la Fraternidad no pretende aceptar los puntos que se consideran fundamentales y básicos, por lo que ésta quedará fuera de la comunión católica, con «consecuencias dolorosas e incalculables».
Es evidente, por la actitud que mostró el superior de los tradicionalistas, que el problema no lo representa solo el texto propuesto por el Vaticano, sino también, y sobre todo, representado por las posturas polarizadas dentro del mismo grupo. Alrededor de la mitad de los miembros de la Fraternidad quisiera volver a estar en plena comunión con Roma y vive este alejamiento con dolor. La otra mitad, en cambio, está dispuesta a decir que sí, solo si «Roma se convierte», es decir si Roma hace suyas las convicciones lefebvrianas.

