ANOTACIONES AL SERMÓN DE MONSEÑOR FELLAY
10ª nota
Dice Monseñor Fellay en su sermón:
Consideremos a los protestantes, cómo abren las iglesias para ellos; y para nosotros las cierran.
Publico aquí el trabajo que enviara sin fruto a mis Superiores en el año 2009:
¿Qué valor tiene el argumento ad hominem extraído de
«lo que se hizo con los ortodoxos»
o
«lo que se hace con los protestantes»?
A) Utilización del argumento por Monseñor Fellay:
Conferencia en Kansas City, el 5 de marzo de 2002. Nouvelles de Chrétienté N° 75, junio de 2002:
Hablé entonces del acuerdo de Brest-Litovsk, como posible modelo de una solución. Brest-Litovsk es el acuerdo que hizo reintegrar a los Ucranianos en la Iglesia Católica a principios del siglo XVII.
Los Ucranianos dijeron: «De acuerdo, estamos listos para venir a Roma si ustedes nos reciben tal como somos, con nuestra propia liturgia, nuestra lengua, nuestro propio calendario, nuestra propia disciplina, etc. »
Y se les concedió eso.
Esta es la razón por la que había hecho mención de Brest-Litovsk.
En segundo lugar, como el Vaticano se las ingenia para marginalizarnos con esta excomunión que da miedo a la gente, pedíamos que retractara el decreto de excomunión.
Allí, hacíamos uso de la encíclica Ut unum sint. El Papa explica por qué ha levantado la excomunión de los Ortodoxos.
Yo parafraseo su texto: Sabéis, es difícil dialogar en el marco de tal condena, entonces la levantamos.
Dijimos, pues: ¿Quieren dialogar con nosotros? Entonces, levanten la excomunión.
¿Por qué no lo hacen? Lo hicieron con los Ortodoxos, ¡y no quieren hacerlo con nosotros!
Entrevista en Nouvelles de Chrétienté N° 87, mayo-junio de 2004:
Lo que se hizo con los ortodoxos podría a fortiori aplicarse a nosotros. Roma levantó la excomunión que los afectaba sin que de ningún modo hayan cambiado su actitud hacia la Santa Sede. ¿No se podría tomar la misma medida con nosotros, quienes no nos hemos separados nunca de Roma y siempre reconocimos la autoridad del Soberano Pontífice, tal como la definió el concilio Vaticano I?
Carta al cardenal Castrillón Hoyos, 6 de junio de 2004 [publicada en la Carta a los Amigos y Benefactores N° 67, diciembre de 2004]:
No vemos cómo podíamos llegar a un reconocimiento sin pasar por una serie de etapas.
Entre estas etapas, la primera nos parece ser el retiro del decreto de excomunión. La excomunión que afectaba a los ortodoxos pudo levantarse sin que éstos de ningún modo hayan cambiado su actitud hacia la Santa Sede; ¿no sería posible hacer una cosa similar con nosotros, quienes no nos separados nunca y siempre hemos reconocido la autoridad del Soberano Pontífice, tal como la definió el concilio Vaticano I?
Del Sermón del 2 de febrero de 2012, en SWinona:
Consideremos a los protestantes, cómo abren las iglesias para ellos; y para nosotros las cierran.
B) Valoración moral y lógica del argumento:
El argumento ad hominem tomado, de lo que se hizo con los ortodoxos o de lo que se hace con los protestantes, es:
1º) en sí mismo, lícito;
2º) pero bastante peligroso;
3º) y, en último análisis, ineficaz.
1º) Es lícito, con tal que permanezca verdaderamente ad hominem.
Su papel es solamente poner de manifiesto que una vez admitidos los principios de ecumenismo, los conciliares faltan a la lógica, si se niegan a hacer partícipe de los mismos a la Tradición católica.
Su objetivo es solamente convencer a los modernistas revolucionarios de estar en contradicción con sus propios principios.
2º) Con todo, el uso, sobre todo el uso frecuente, de tal argumento es peligroso, porque se corre el riesgo de dejarse tomar en su propio juego, y de terminar por creer verdaderos estos principios.
Y, en todo caso, si el peligro es pequeño para un teólogo advertido, él es grave para la multitud que, al oír demasiado a menudo similares argumentos, termina por olvidar su finalidad y de que hay otros muchos más importantes y esenciales.
3º) En último análisis, en su nivel de argumento ad hominem, la argumentación basada en «lo que se hizo con los ortodoxos o protestantes» no cumple su objetivo.
A primera vista, se podría juzgar de modo contrario: no se ve por qué la Tradición católica no podría también sacar algún beneficio del ecumenismo, que es el fundamento de la revolución conciliar.
Que el argumento se haya empleado, no tiene, pues, que asombrarnos…
Que el argumento haya podido impresionar a las almas rectas, es lógico…
Pero, él no moverá a aquéllos a quienes debería en primer lugar afectar, puesto que se trata de un argumento ad hominem, es decir, para los conciliares…
No los impresionará, porque ellos también tienen un argumento ad hominem para oponer a los católicos tradicionales:
Vosotros no tenéis el derecho de beneficiaros con nuestros principios, porque vuestra doctrina es la negación de los mismos. No tenéis derecho a la tolerancia, porque sois la intolerancia misma. No tenéis el derecho a beneficiaros del ecumenismo conciliar, porque lo negáis. No tenéis derecho al levantamiento de vuestra excomunión, porque lo rechazáis a los otros.
El argumento ad hominem no será recibido donde debería serlo, y no convencerá aquéllos que debería convencer: es ineficaz en la realidad, de facto.
¿Lo es también de
derecho, de iure? Es decir, ¿presenta objetivamente, en su nivel de argumento ad hominem, el valor requerido? ¿Pone de verdad a los conciliares en contradicción con ellos mismos?
En primer lugar, ¿qué se quiere obtener de ellos? Que pongan fin a sus injusticias, que pongan fin sus a sus impiedades.
Ahora bien, estas impiedades y estas injusticias están en el propio ecumenismo conciliar. Es allí que está la raíz del mal. Es pues contra eso, que deben descargar todo su peso nuestros esfuerzos y nuestros argumentos.
Por lo tanto, la cuestión se plantea prácticamente en estos términos: ¿Existe verdadera contradicción entre los principios revolucionarios del ecumenismo conciliar y el levantamiento de la excomunión de los ortodoxos o el préstamo de los templos a los protestantes?
Si esta contradicción existe, el argumento ad hominem
puede valer de algo.
No vale nada, si no existe.
Nos vemos forzados a responder: que no vale nada y que no existe.
Por lo tanto, no tiene ningún valor objetivo.
No existe, ya que el levantamiento de la excomunión de los ortodoxos o el préstamo de templos a los protestantes, lejos estar en contradicción con las «leyes ecuménicas conciliares», proceden de ellas conforme a la lógica más pura…, son leyes «ecuménicas conciliares»…
De «derecho ecuménico conciliar» por su origen, el levantamiento de la excomunión de los ortodoxos o lo que se hace con los protestantes, es incluso de «derecho ecuménico conciliar» por su contenido y por su finalidad intrínseca…
Al menos, se dirá, el «derecho ecuménico conciliar» puede, ad hominem, defender la Tradición católica, su derecho a existir…
¡Y bien! ¡No! No, si se llevan hasta el final los principios ecumenistas conciliares, si se es en serio lógico con su letra y su espíritu.
Es necesario no olvidar que seguir siendo católico tradicional es salir de la Iglesia conciliar y de su derecho ecuménico…
Por lo tanto, todo lo que tienda a la represión o a la supresión de la vida católica tradicional debe considerarse como medida de derecho ecuménico
conciliar…
Levantar la excomunión a los ortodoxos, prestar los templos a los protestantes, ¡es odioso, satánico!… ¡Sí!
Pero, ¿en contradicción con los principios ecumenistas conciliares? ¡De ninguna manera!
Al contrario, es el desarrollo lógico y necesario de estos principios, que nada ni nadie detendrá, si no se detiene en primer lugar la Revolución Conciliar…
¡No!, incluso ad hominem, el derecho ecuménico
conciliar no salvará nunca la Tradición católica; conspirará, al contrario, siempre para hacerla desaparecer.
¡No!, incluso ad hominem, el derecho ecuménico
conciliar no servirá nunca los intereses de la Tradición católico, los dañará siempre…
Está incluso en la naturaleza misma de las cosas. El derecho ecuménico
conciliar conspirará siempre contra la Tradición católica, porque, mientras ella viva, seguirá siendo irreducible al derecho ecuménico
conciliar; porque elevará contra el pretendido derecho conciliar, la intangibilidad del derecho divino.
Que se lo considere, por lo tanto, como seguro y cierto: no se expulsan los demonios en nombre de Beelzebub.
La Tradición católica no puede estar dividida contra sí misma.
