Ejercicio diario para el mes de marzo.
Consagrado al Glorioso Patriarca San José
I. Oración para elegir a San José como Patrono
¡Oh San José, ecónomo y nutricio de mi Redentor Jesucristo y castísimo esposo de la Virgen Madre de Dios! Yo Te elijo como Patrono y Abogado mío y propongo firmemente que nunca dejaré ni permitiré que ninguno de los que me están sometidos haga alguna cosa contra tu honor. A Ti, pues, pido suplicante que Te dignes aceptarme como perpetuo devoto tuyo, instruirme en las dudas, confortarme en las adversidades y defenderme y protegerme en la hora de la muerte. Así sea.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
II. Oración pidiendo a San José que nos alcance la gracia de comulgar piadosamente
¡Oh, Santísimo José, cuánta es la gracia que recibiste de Dios, no sólo de ver a su Hijo Unigénito encarnado (por lo que tantos patriarcas y reyes suspiraron), sino también de estrecharlo entre tus brazos con afecto paternal!
Ojalá yo, inflamado por tu ejemplo y ayudado por tu patrocinio, me una en estrecho abrazo de parecidos amor y reverencia, en el Santísimo Sacramento del Altar, a mi Señor y Redentor Jesucristo, al que pueda abrazar después de esta vida eternamente en el cielo. Así sea.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
III. Oración para invocar a San José como guía y compañero en el camino de esta vida
¡Oh San José, que como Padre y Mentor fidelísimamente condujiste a Jesucristo durante su infancia y juventud por los senderos del humano discurrir! También a mí asísteme como compañero y guía a través de todas las vicisitudes de mi vida y no permitas que me desvíe del camino de los mandamientos de Dios.
Sé para mí refugio en las adversidades y consuelo en las penas, hasta que llegue finalmente a la tierra de los vivos, donde contigo y tu Santísima Esposa María, así como con todos los Santos, exulte para siempre en mi Dios y Señor Jesucristo. Así sea.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
IV. Oración para pedir a San José una gracia
¡Oh San José, a quien Jesús quiso someterse aquí en la tierra, obedeció con diligencia y honró siempre con especial homenaje y amor!, ¿cómo en el Cielo, donde tus méritos se ven recompensados, Te negará Él algo?
Ruega por mí, San José, y obtén para mí estas gracias: ante todo, la de detestar y huir seriamente de todos mis pecados; especialmente, la de enmendar mi vida en esto, esto y esto; que me consagre con empeño y constancia a la práctica de las virtudes, en particular ésta y ésta; y la de ser librado de estas tentaciones (señalarlas), de las ocasiones de pecar, que pueden conducir mi alma a la condenación eterna, y de esta aflicción y miseria (señalarla) si ello no se opone a la divina voluntad y a mi salvación.
En estas cosas como en todas las demás me someto y me encomiendo al divino arbitrio y sus disposiciones y a tu paternal protección, ¡oh San José!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
V. Oración para implorar una buena muerte
¡Oh San José, que saliste de esta vida en los brazos suavísimos de tu Hijo adoptivo Jesús y de tu dulcísima Esposa María! Socórreme, sobre todo, oh Santo Patriarca, junto con Jesús y María cuando la muerte ponga fin a mi vida, y obtén para mí el consuelo (que es el único que pido) de expirar en aquellos mismos brazos de Jesús y de María.
En vuestras manos, en la vida y en la hora de la muerte, encomiendo mi espíritu, oh Jesús, María y José! Así sea.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, expire en paz con vosotros el alma mía.
Litaniae Sancti Ioseph
Kyrie, eleison
Christe, eleison
Kyrie, eleison
Christe, audi nós
Christe, exaudi nós
Páter de caelis, Déus, miserere nobis
Fili, Redémptor mundi, Déus, miserere nobis
Spíritus sancte, Déus, miserere nobis
Sancta Trínitas, unus Déus, miserere nobis
Sancta María, ora pro nobis
Sancte Ióseph
Proles Dávid ínclyta
Lumen Patriarchárum
Déi Genitricis sponse
Custos pudice Vírginis
Fílii Déi nutrície
Christi defénsor sédule
Almae Famíliae praeses
Ióseph iustíssime
Ióseph castíssime
Ióseph prudentíssime
Ióseph fortíssime
Ióseph obedientíssime
Ióseph fidelíssime
Spéculum patiéntiae
Amátor paupertatis
Exémplar opíficum
Domésticae vitae decus
Custos vírginum
Familiárum cólumen
Solátium miserórum
Spes aegrotántium
Patrone moriéntium
Térror daémonum
Protéctor sanctae Ecclésiae
Agnus Déi, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Dómine
Agnus Déi, qui tollis peccata mundi, exaudi nós, Dómine
Agnus Déi, qui tollis peccata mundi, miserere nobis
V. Constítuit éum dóminum domus súae.
R. Et príncipem omnis possesionis súae.
Oremus: Deus, qui ineffábili providéntia beátum Ióseph sanctíssimae Genitricis túae spónsum elígere dignatus es: praesta quaésumus; ut quem protectórem venerámur in terris, intercessórem habere mereámur in caelis: Qui vivis et regnas in saéculam saeculorum. Amen.
Fac nos innocuam, Ioseph, decúrrere vitam: sitque tua nobis tuta patrocinio.
Letanías de San José
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un sólo Dios, ten misericordia de nosotros
Santa María, ruega por nosotros
San José, ruega por nosotros
Ínclito descendiente de David
Lumbrera de los patriarcas
Esposo de la Madre de Dios
Custodio casto de la Virgen
Padre nutricio del Hijo de Dios
Solícito defensor de Cristo
Jefe de la Sagrada Familia
José justísimo
José castísimo
José prudentísimo
José fortísimo
José obedientísimo
José fidelísimo
Espejo de paciencia
Amador de la pobreza
Modelo de los obreros
Honra de la vida doméstica
Custodio de Vírgenes
Amparo de las familias
Solaz de los míseros
Esperanza de los enfermos
Patrono de los moribundos
Terror de los demonios
Protector de la Santa Iglesia
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.
V. Le constituyó dueño de su casa.
R. Y príncipe de todas sus posesiones.
Oremos: Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para esposo de tu Madre Santísima: te rogamos nos concedáis que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle por intercesor en el cielo: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.
San José, haz que vivamos una vida inocente asegurada siempre bajo tu patrocinio.
SALUTACIONES A SAN JOSÉ
de San Juan Eudes
Dios te salve, José, imagen de Dios Padre.
Dios te salve, José, padre de Dios Hijo.
Dios te salve, José, santuario del Espíritu Santo.
Dios te salve, José, bienamado de la Santísima Trinidad.
Dios te salve, José, fidelísimo coadjutor del gran consejo.
Dios te salve, José, dignísimo esposo de la Virgen Madre.
Dios te salve, José, padre de todos los fieles.
Dios te salve, José, guardián de todos los que han abrazado la santa virginidad.
Dios te salve, José, fiel observante del silencio sagrado.
Dios te salve, José, amante de la santa pobreza.
Dios te salve, José, modelo de dulzura y de paciencia.
Dios te salve, José, espejo de humildad y de obediencia.
Sois bendito entre todos los hombres.
Y benditos sean vuestros ojos que vieron lo que vos habéis visto.
Y benditos sean vuestros oídos que oyeron lo que vos habéis oído.
Y benditas sean vuestras manos que tocaron al Verbo hecho carne.
Y benditos sean vuestros brazos que llevaron al que sostiene todas las cosas.
Y bendito sea vuestro pecho, sobre el cual el Hijo de Dios descansó dulcemente.
Y bendito sea vuestro corazón abrasado por Él del amor más ardiente.
Y bendito sea el Padre Eterno que os eligió.
Y bendito sea el Hijo que os amó.
Y bendito sea el Espíritu Santo que os santificó.
Y bendita sea María, vuestra esposa, que os amó como a un esposo y un hermano.
Y bendito sea el ángel que fue vuestro guardián.
Y benditos sean por siempre todos los que os aman y os bendicen.
Amén.
DEVOCIÓN DE LOS 30 DÍAS
¡Oh amabilísimo Patriarca, Señor San José! Desde el abismo de mi pequeñez, dolor y ansiedad, os contemplo con emoción y alegría de mi alma en vuestro solio del Cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios, de tu Jesús y de tu santa Esposa.
Por eso yo, pobre, desvalido, triste y necesitado, a Vos dirijo hoy y siempre mis lágrimas y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas; y hoy especialmente os traigo ante vuestro altar y vuestra imagen una pena que consoléis, un mal que remediéis, una desgracia que impidáis, una necesidad que socorráis, una gracia que obtengáis para mí y para mis seres queridos.
Y para conmoveros y obligaros a oírme y conseguírmelo, os lo pediré y demandaré durante treinta días continuos en reverencia a los treinta años que vivisteis en la tierra con Jesús y María, y os lo pediré, urgente y confiadamente, invocando todos los títulos que tenéis para compadeceros de mí y todos los motivos que tengo para esperar que no dilataréis el oír mi petición y remediar mi necesidad; siendo tan cierta mi fe en vuestra bondad y poder, que al sentirla os sentiréis también obligado a obtener y darme más aún de lo que os pido, y deseo.
1.- Os lo pido por la bondad divina que obligó al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, como Dios de Dios, Dios Hombre, Dios del Hombre, Dios con el Hombre.
2.- Os lo suplico por vuestra ansiedad de sentiros obligado a abandonar a vuestra Santa Esposa, dejándola sola, y yendo solo sin Ella.
3.- Os lo ruego por vuestra resignación dolorosísima para buscar un establo y un pesebre para palacio y cuna de Dios, nacido entre los hombres, que le obligan a nacer entre animales.
4.- Os lo imploro por la dolorosísima y humillante Circuncisión de vuestro Jesús, y por el santo y dulcísimo Nombre que le impusisteis por orden del Eterno para consuelo, amor y esperanza nuestra.
5.- Os lo demando por vuestro sobresalto al oír del Angel la muerte decretada contra vuestro Hijo Dios, por vuestra obedentísima huida a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la pobreza del destierro, y por vuestras ansiedades al volver de Egipto a Nazaret.
6.- Os lo pido por vuestra aflicción dolorosa de tres días al perder a vuestro Hijo, y por vuestra consolación suavísima al encontrarle en el Templo; por vuestra felicidad inefable de los treinta años que vivisteis en Nazaret con Jesús y María sujetos a vuestra autoridad y providencia.
7.- Os lo ruego y espero por el heroico sacrificio, con que ofrecisteis la víctima de vuestro Jesús al Dios Eterno para la Cruz y para la muerte por nuestros pecados y nuestra redención.
8.- Os lo demando por la dolorosa previsión, que os hacía todos los días contemplar aquellas manos infantiles, taladradas un día en la Cruz por agudos clavos; aquella cabeza que se reclinaba dulcísimamente sobre vuestro pecho, coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabais contra vuestro corazón, ensangrentado y extendido sobre los brazos de la Cruz; aquel último momento en que le veíais expirar y morir por mí, por mi alma, por mis pecados.
9.- Os lo pido por vuestro dulcísimo Tránsito de esta vida en los brazos de Jesús y María. y vuestra entrada en el Limbo de los Justos en el cielo, donde tenéis vuestro trono de poder.
10.- Os lo suplico por vuestro gozo y vuestra gloria, cuando contemplasteis la Resurrección de vuestro Jesús, su subida y entrada en los Cielos y su trono de Rey inmortal de los siglos.
11.- Os lo demando por vuestra dicha inefable cuando visteis salir del sepulcro a vuestra Santísima Esposa, resucitada, y ser subida a los Cielos por ángeles, y coronada por el Eterno, y entronizada en un solio junto al vuestro como Madre, Señora y Reina de los Ángeles y hombres.
12.- Os lo pido y ruego y espero confiadamente por vuestros trabajos, penalidades y sacrificios en la tierra, y por vuestros triunfos y gloria feliz bienaventuranza en el Cielo con vuestro Hijo Jesús y vuestra Esposa Santa María.
¡Oh mi Buen San José! yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa y de sus Doctores y Teólogos y en el sentido universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza misteriosa, que me alienta y obliga a pediros y suplicaros y esperar me obtengáis de Dios la grande y extraordinaria gracia que voy a poner ante este tu altar e imagen y ante tu trono de bondad y poder en el Cielo: la espero, Santo Patriarca.
(Aquí, levantado el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo con amorosa instancia la gracia que se desea.)
