ANOTACIONES AL SERMÓN DE MONSEÑOR FELLAY
2ª nota
Hemos señalado con la 2ª Nota nueve párrafos del Sermón de Monseñor Fellay.
Rogamos al lector tenga la precaución de releerlos antes de seguir adelante:
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De esos párrafos, destacamos ahora las siguientes ideas:
– … importancia de esta existencia de la Fraternidad en la Iglesia.
– Incluso si nos enfrentamos con Roma, todavía estamos, por decirlo así, con Roma.
– Intentáis empujarnos afuera…
– Es con la Iglesia real que tenemos problemas.
– Ellos nos dicen: «Somos el Papa, somos la Santa Sede», lo cual aceptamos.
– Decimos que cuando adherimos a lo que la Iglesia enseñó ayer, adherimos necesariamente a lo que enseña la Iglesia hoy en día.
– Es por eso que la Iglesia de hoy está ligada con la Iglesia de ayer…
– ¿Nos quieren verdaderamente en la Iglesia, o no?
– … sabemos que cuando se trata con la Iglesia, tratamos con Dios, con la Divina Providencia, y sabemos que la Iglesia es Su Iglesia.
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Nos preguntamos si para Monseñor Fellay los términos Iglesia, Roma y Santa Sede responden en esas frases a un mismo y único concepto, o si se refieren a conceptos distintos.
Monseñor Lefebvre hizo una distinción muy clara al respecto.
Se podrá estar o no de acuerdo con él; pero no se puede obviar esa precisión y, al mismo tiempo, pretender seguir siendo fiel a su espíritu.
Para comprender lo que decimos, consideremos algunos de los textos más conocidos del Prelado sobre estos conceptos:
Declaración de Monseñor Marcel Lefebvre, del 21 de noviembre de 1974:
Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.
Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de este salieron.
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Ahora bien, Monseñor Fellay, en la Conferencia del 11 de diciembre de 2005, en la que narró su entrevista con Benedicto XVI, confundió este tema y dijo:
Un primer principio de adhesión a la fe católica Monseñor Lefebvre lo expresó de una manera admirable el 21 de noviembre de 1974, y se puede decir que aún hoy es nuestra carta: «Adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma a la Roma Católica, guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esta fe, la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad».
Adherimos de todo corazón a este texto.
«A la Roma católica» quiere decir algo. Esta Roma católica no es una abstracción. ¡Tengamos mucho cuidado! No es una abstracción, es una realidad.
Cuando Monseñor dice: «Adherimos a la Roma católica», eso quiere decir la Roma católica de hoy. No es simplemente la adhesión a la Roma de Miguel Ángel o la Roma de San Pedro. Es la Roma que existe hoy, con las características siguientes: aquella que es católica, la que es guardiana de la fe, la que mantiene esta fe, esta Roma eterna.
Por lo tanto, con el prurito de afirmar la perpetuidad de la Iglesia visible, Monseñor Fellay llega a decir que la Roma actual es la guardiana de la Fe. Y pretende usar la declaración de Monseñor Lefebvre de 1974, dándole el sentido opuesto a lo que había dicho Monseñor.
¿En qué piensa y qué quiere transmitir Monseñor Fellay al decir Cuando Monseñor dice: «Adherimos a la Roma católica», eso quiere decir la Roma católica de hoy?
Recordemos que en agosto de ese 2005 había publicado un Comunicado de Prensa en que declaraba: La audiencia ha sido la ocasión para la Fraternidad de manifestar que siempre ha estado unida, y siempre lo estará, a la Santa Sede, la Roma eterna.
¿Qué se hizo de la
Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante?
La duda crece cuando se sabe que tres años más tarde, el 16 de febrero de 2009, dijo:
Algunos, para facilitar las cosas, hacen una identificación entre la Iglesia Oficial y la Iglesia Modernista. Pero es un error, porque hablamos de una realidad concreta.
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De la Carta de Monseñor Marcel Lefebvre a los futuros Obispos, 29 de agosto de 1987 (si bien esta Carta es de 1987, su contenido fue dado a conocer con ocasión de las Consagraciones Episcopales, en junio de 1988):
Bien queridos amigos,
Estando la cátedra de Pedro y los puestos de autoridad de Roma ocupados por anticristos, la destrucción del Reino de Nuestro Señor se continúa rápidamente incluso dentro de su Cuerpo Místico, especialmente por la corrupción de la Santa Misa, expresión espléndida del triunfo de Nuestro Señor por la Cruz, y fuente de extensión de su Reino en las almas y en las sociedades.
Esto es lo que nos valió la persecución de la Roma anticristo. Esta Roma, modernista y liberal, continúa su obra destructiva del Reino de Nuestro Señor, como lo prueban Asís y la confirmación de las tesis liberales de Vaticano II sobre la libertad religiosa. Me veo obligado por la Providencia divina a transmitir la gracia del episcopado católico que recibí, para que la Iglesia y el sacerdocio católico sigan subsistiendo para la gloria de Dios y la salvación de las almas.
Esta es la razón por la que, convencido de realizar la santa Voluntad de Nuestro Señor, vengo por esta carta a pedirles que acepten recibir la gracia del episcopado católico, como ya lo he conferido a otros sacerdotes en otras circunstancias.
Les conferiré esta gracia, confiando que sin tardar la Sede de Pedro estará ocupada por un sucesor de Pedro perfectamente católico, en las manos de quien podrán depositar la gracia de vuestro episcopado para que la confirme.
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Amplios extractos de la Conferencia dada por Monseñor Lefebvre, en Ecône, el 9 de septiembre de 1988, después del Retiro sacerdotal.
Monseñor responde a los argumentos teológicos de Don Gérard desarrollados en su declaración publicada por el Diario Présent el 18 de agosto de 1988 y demuestra la debilidad de los mismos:
Mis queridos amigos,
Pienso que ustedes, que están ahora en el Ministerio y que quisieron conservar la Tradición, tienen la voluntad de ser sacerdotes como siempre, como lo fueron los santos sacerdotes de antes, todos los santos párrocos y los santos sacerdotes que nosotros mismos pudimos conocer en las parroquias.
Ustedes continúan y representan de verdad la Iglesia, la Iglesia Católica.
Creo que es necesario convencerse de esto: ustedes representan de verdad la Iglesia Católica.
No que no haya Iglesia fuera nosotros; no se trata de eso. Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la Tradición entrase en la Iglesia visible.
Pienso que se comete allí un error muy, muy grave.
¿Dónde es la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica.
Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos?
Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial.
Un obispo cree en esto, el otro no; la fe es distinta, sus catecismos abominables contienen herejías. ¿Dónde está la unidad de la fe en Roma?
¿Dónde está la unidad de la fe en el mundo? Está en nosotros, quienes la conservamos.
La unidad de la fe realizada en el mundo entero es la catolicidad. Ahora bien, esta unidad de la fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más de catolicidad prácticamente.
Habrá pronto tantas Iglesias Católicas como obispos y diócesis. Cada uno tiene su manera de ver, de pensar, de predicar, de hacer su catecismo. No hay más catolicidad.
¿La apostolicidad? Rompieron con el pasado. Si hicieron algo, es bien eso. No quieren saber más del pasado antes del Concilio Vaticano II.
Vean el Motu Proprio del Papa que nos condena, dice bien: «la Tradición viva, esto es Vaticano II». No es necesario referirse a antes del Vaticano II, eso no significa nada. La Iglesia lleva la Tradición con ella de siglo en siglo. Lo que pasó, pasó, desapareció. Toda la Tradición se encuentra en la Iglesia de hoy. ¿Cuál es esta Tradición? ¿A que está vinculada? ¿Cómo está vinculada con el pasado?
Es lo que les permite decir lo contrario de lo que se dijo antes, pretendiendo, al mismo tiempo, guardar por sí solos la Tradición.
Es lo que nos pide el Papa: someternos a la Tradición viva. Tendríamos un mal concepto de la Tradición, porque para ellos es viva y, en consecuencia, evolutiva. Pero, es el error modernista: el santo Papa Pió X, en la encíclica «Pascendi», condena estos términos de «tradición viva», de «Iglesia viva», de «fe viva», etc., en el sentido que los modernistas lo entienden, es decir, de la evolución que depende de las circunstancias históricas. La verdad de la Revelación, la explicación de la Revelación, dependerían de las circunstancias históricas.
La apostolicidad: nosotros estamos unidos a los Apóstoles por la autoridad. Mi sacerdocio me viene de los Apóstoles; vuestro sacerdocio les viene de los Apóstoles. Somos los hijos de los que nos dieron el episcopado. Mi episcopado desciende del santo Papa Pío V y por él nos remontamos a los Apóstoles. En cuanto a la apostolicidad de la fe, creemos la misma fe que los Apóstoles. No cambiamos nada y no queremos cambiar nada.
Y luego, la santidad. No vamos a hacernos cumplidos o alabanzas. Si no queremos considerarnos a nosotros mismos, consideremos a los otros y consideremos los frutos de nuestro apostolado, los frutos de las vocaciones, de nuestras religiosas, de los religiosos y también en las familias cristianas. De buenas y santas familias cristianas germinan gracias a vuestro apostolado. Es un hecho, nadie lo niega. Incluso nuestros visitantes progresistas de Roma constataron bien la buena calidad de nuestro trabajo. Cuando Mgr Perl decía a las hermanas de Saint Pré y a las hermanas de Fanjeaux que es sobre bases como esas que será necesario reconstruir la Iglesia, no es, a pesar de todo, un pequeño cumplido.
Todo eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible.
Si hay aún una visibilidad de la Iglesia hoy, es gracias a ustedes. Estas señales no se encuentran ya en los otros.
No hay ya en ellos la unidad de la fe; ahora bien es la fe que es la base de toda visibilidad de la Iglesia.
La catolicidad, es la fe una en el espacio.
La apostolicidad, es la fe una en el tiempo.
La santidad, es el fruto de la fe, que se concreta en las almas por la gracia del Buen Dios, por la gracia de los Sacramentos.
Es totalmente falso considerarnos como si no formáramos parte de la Iglesia visible. Es increíble.
Es la Iglesia oficial la que nos rechaza; pero no somos nosotros quienes rechazamos la Iglesia, bien lejos de eso. Al contrario, siempre estamos unidos a la Iglesia Romana e incluso al Papa por supuesto, al sucesor de Pedro.
Pienso que es necesario que tengamos esta convicción para no caer en los errores que se están extendiendo ahora.
Por supuesto, se podrá objetársenos: ¿»Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa»?
No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia.
En cuanto a decir «salir de la Iglesia VISIBLE», es equivocarse asimilando Iglesia oficial a la Iglesia visible.
Nosotros pertenecemos bien a la Iglesia visible, a la sociedad de fieles bajo la autoridad del Papa, ya que no rechazamos la autoridad del Papa, sino lo que él hace. Reconocemos bien al Papa a su autoridad, pero cuando se sirve de ella para hacer lo contrario de aquello para lo cual se le ha dado, está claro que no se puede seguirlo.
¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡sí!, obviamente.
Todo el libro del Sr. Madiran «La Herejía del Siglo XX» es la historia de la herejía de los obispos.
Es necesario, pues, salir de este medio de los obispos, si no se quiere perder el alma.
Pero eso no basta, ya que es en Roma donde se instala la herejía. Si los obispos son herejes (incluso sin tomar este término en el sentido y con las consecuencias canónicas), no es sin la influencia de Roma.
Si nos alejamos de esta gente, es absolutamente de la misma manera que con las personas que tienen el SIDA. No se tiene deseo de atraparlo. Ahora bien, tienen el SIDA espiritual, enfermedades contagiosas. Si se quiere guardar la salud, es necesario no ir con ellos.
¡Sí!, el liberalismo y el modernismo se introdujeron en el Concilio y dentro de la Iglesia. Son ideas revolucionarias; y la Revolución, que se encontraba en la sociedad civil, pasó a la Iglesia.
El cardenal Ratzinger, por otra parte, no lo oculta: adoptaron ideas, no de Iglesia, sino del mundo y consideran un deber hacerlas entrar en la Iglesia.
Ahora bien, las autoridades no cambiaron de una iota sus ideas sobre el Concilio, el liberalismo y el modernismo. Son anti-tradición, anti la Tradición tal como debe entenderse y como la Iglesia lo comprende. Eso no entra en su concepción. El suyo es un concepto evolutivo. Están, pues, en contra de esta Tradición fija, en la cual nos mantenemos.
Consideramos que todo lo que nos enseña el catecismo nos viene de Nuestro Señor y de los Apóstoles, y que no hay nada que cambiar.
Para ellos, no, todo eso evoluciona y evolucionó con Vaticano II. El término actual de la evolución es Vaticano II.
Esta es la razón por la que no podemos vincularnos con Roma.
Suceda lo que suceda, debemos seguir como lo hemos hecho, y el Buen Dios nos muestra que siguiendo esta vía, cumplimos con nuestro deber.
No negamos la Iglesia Romana. No negamos su existencia, pero no podemos seguir sus directivas. No podemos seguir los principios del Concilio. No podemos vincularnos.
Me di cuenta de esta voluntad de Roma de imponernos sus ideas y su manera de ver. El cardenal Ratzinger me decía siempre: «Pero Monseñor, sólo hay una Iglesia, no es necesario hacer una Iglesia paralela».
¿Cuál es esta Iglesia para él? La Iglesia conciliar, queda claro.
Cuando nos dijo explícitamente: «Obviamente, si se les concede este protocolo, algunos privilegios, deberán aceptar también lo que hacemos; y por lo tanto, en la iglesia Saint-Nicolas-du-Chardonnet será necesario decir una nueva misa también todos los domingos»…
Ustedes ven que quería traernos a la Iglesia conciliar. No es posible, ya que queda claro que quieren imponernos estas novedades para terminar con la Tradición.
No conceden nada por aprecio de la liturgia tradicional, sino simplemente para engañar a aquellos a quienes lo dan y para disminuir nuestra resistencia; insertar una cuña en el bloque tradicional para destruirlo.
Es su política, su táctica consciente. No se equivocan, y ustedes conocen las presiones que ejercen…
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Entrevista de Monseñor Lefebvre un año después de las consagraciones. Fideliter N° 70, julio-agosto de 1989:
Fideliter:
Algunos dicen: sí pero Monseñor tendría que haber aceptado un acuerdo con Roma, porque una vez que la Fraternidad hubiese sido reconocida y las sanciones levantadas, habría podido actuar de una manera más eficaz dentro de la Iglesia, mientras que ahora se colocó afuera.
Monseñor: Son cosas que son fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿qué es lo que eso quiere decir?
Y en primer lugar, ¿de qué Iglesia se habla? Si es de la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esta Iglesia conciliar para supuestamente volverla católica.
¡Es una ilusión total!
No son los súbditos los que hacen a los superiores, sino los superiores los que hacen a los súbditos.
En toda esta Curia romana, entre todos los obispos del mundo, que son progresistas, yo habría sido ahogado completamente. No habría podido hacer nada, ni proteger a los fieles y a los seminaristas.
Fideliter: ¿No teme que a la larga y cuándo el Buen Dios lo haya llamado a Él, poco a poco la separación se acentúe y que se tenga un poco la impresión de una Iglesia paralela respecto de lo que algunos llaman la «Iglesia visible»?
Monseñor: Esta historia de Iglesia visible de Don Gérard y del Sr. Madiran es infantil.
Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica,
que nosotros intentamos representar y seguir.
No digo que seamos la Iglesia Católica. Nunca lo he dicho. Nadie puede acusarme de haber querido tomarme por un papa.
Pero, nosotros representamos de verdad la Iglesia Católica tal como era antes, puesto que seguimos eso que siempre ha hecho.
Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Es eso lo que constituye la Iglesia visible.
El Sr. Madiran añade: y la infalibilidad. Pero, la infalibilidad…
En lo que representa la tradición de los papas, la tradición de la infalibilidad, estamos de acuerdo con el Papa. Estamos unidos a él en cuanto continúa la sucesión de San Pedro y debido a las promesas de la infalibilidad que se le hicieron.
Somos nosotros quienes se unen a su infalibilidad. Pero él, incluso si bajo algunos aspectos se puede decir que la representa, formalmente se opone, porque no quiere más la infalibilidad. No cree y no realiza actos señalados por la marca de la infalibilidad…
Somos nosotros quienes estamos con la infalibilidad, no la Iglesia conciliar. Ella está en contra de la infalibilidad, es absolutamente cierto.
El cardenal Ratzinger está en contra de la infalibilidad, el Papa está en contra de la infalibilidad debido a su formación filosófica.
Que se nos comprenda bien, no estamos en contra del Papa como representante de todos los valores de la Sede Apostólica, que son inmutables, de la Sede de Pedro; pero estamos contra el Papa que es un modernista, que no cree en su infalibilidad, que hace ecumenismo.
Obviamente estamos en contra de la Iglesia conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una Iglesia virtualmente excomulgada, porque es una Iglesia modernista.
Son ellos quienes nos excomulgan, mientras que nosotros queremos seguir siendo católicos. Queremos permanecer con el Papa católico y con la Iglesia Católica. He aquí la diferencia.
Pienso, pues, que no hay que tener ninguna vacilación ni ningún escrúpulo respecto de las consagraciones episcopales. No somos ni cismáticos, ni excomulgados; no estamos en contra del Papa. No estamos en contra de la Iglesia Católica. No hacemos una Iglesia paralela. Todo eso es absurdo.
Somos lo que siempre hemos sido: católicos que continúan. Es todo. No hay que buscar mediodía a las catorce. ¡No constituimos una «pequeña Iglesia»!
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No sólo Monseñor Lefebvre se expresó con claridad sobre esta controversia. El entonces Superior General de la FSSPX, Padre Franz Schmidberger, publicó unas Anotaciones a la Declaración de Dom Gérard, en julio de 1988:
Dom Gérard: es perjudicial para la Tradición de la Iglesia ser relegada fuera de su perímetro oficial visible. Esto es contrario al honor de la Esposa de Cristo. La visibilidad de la Iglesia es una de sus características esenciales.
Nota del Padre Schmidberger: ¿no sería conforme al plan de la Providencia que la Tradición católica de la Iglesia no sea reintegrada al pluralismo de la «la Iglesia conciliar», mientras esta manche el honor de la Iglesia católica y oscurezca tanto su unidad como su visibilidad? «Cristo sufrió fuera de las puertas de Jerusalén», dice San Pablo, y añade: «por lo tanto, para ir a él, salgamos fuera del campamento, vistiendo su oprobio». (Heb-13).
Dom Gérard: es lamentable que solamente los Benedictinos que son descartado sean aquellos que específicamente conservan su tradición litúrgica.
Nota del Padre Schmidberger: Al contrario, es una marca de honor para Le Barroux ser rechazados por los otros benedictinos por haber permanecido completamente leal a la Misa de siempre y por esta razón convertirse en un maravilloso signo de contradicción.
Dom Gérard: obtener el levantamiento de la suspensión a divinis para nuestros sacerdotes constituye un punto de vista misionero: que el máximo de fieles (y los jóvenes: estudiantes, scouts, seminaristas) puedan asistir a nuestras Misas sin verse obstaculizados por su capellán o su obispo.
Nota del Padre Schmidberger: si estos sacerdotes del Barroux se consideran válidamente suspendidos, ¡vivieron durante quince años en pecado mortal! Si solamente piensan que su llamada «suspensión» perjudica la irradiación apostólica, están equivocados: la Cruz es más fecunda que la facilidad. Además, deben preferir a la irradiación misionera del Barroux, que es su propio bien, la irradiación de la Tradición en su cohesión indispensable: se trata del bien común de la tradición. ¡Primacía del bien común!
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También Monseñor Tissier, se explayó. Publicó en 1989 un análisis del Decreto Ecclesia Dei adflicta:
La Iglesia de Dios está afligida… ¿Por las consagraciones del 30 de junio? ¿O por la ocupación de Roma y de la Santa Sede por la ideología modernista? (…)
Por el momento, y desde hace 25 años, el Santo Padre está ocupado por una ideología extranjera a la fe católica (…)
¿Cómo pretendéis que el Romano Pontífice pueda, en estas condiciones internas de su mente, gobernar normalmente la Iglesia Católica? Está moralmente impedido (…)
Por ejemplo, es imposible que proporcione buenos obispos a la Iglesia, sin exigir de ellos, y a corto plazo, lealtad al Concilio Vaticano II y el reconocimiento de la legitimidad de la Misa Nueva.
En una situación tal, el Arzobispo Lefebvre ha interpretado la intención habitual implícita del Papa, en contra, fatalmente, de la intención actual y explícita de este último (…)
Hemos demostrado que las consagraciones son legítimas y no cismáticas, habida cuenta de la Roma ocupada y del Romano Pontífice impedido de gobernar rectamente la Iglesia (…)
Concluyamos: la ruptura esencial es bien de naturaleza doctrinal. Pero no se trata de un cisma del Arzobispo Lefebvre con la Iglesia.
Es la ruptura (por no decir el cisma, porque no tenemos la autoridad para pronunciarlo), ruptura de la Iglesia del Concilio Vaticano II y de la Roma ocupada con la verdadera Tradición viviente.
La declaración de excomunión del Arzobispo fiel, de su colega en el Episcopado y de sus cuatro hijos es la declaración oficial por Roma de esta última ruptura: es la Roma ocupada la que declara su ruptura con la Tradición (por no decir su propio cisma y su propia excomunión).
En cuanto a nosotros, no declaramos sino que seguimos en comunión con todos los Papas de la Iglesia Católica que precedió a esta Iglesia Conciliar que aflige y mancha el rostro de la Esposa Inmaculada de Jesucristo.
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¿Queda claro a los sacerdotes, religiosos, religiosas y feligreses dónde está el problema?
No podemos negar que hay una frase cierta y clara en el sermón de Monseñor Fellay: Creo que no se puede ir más lejos en la confusión…
