SERMÓN DE MONSEÑOR FELLAY
DEL 2 DE FEBRERO DE 2012 EN WINONA
Publicamos la traducción realizada por Radio Cristiandad de los extractos de la Homilía de Monseñor Bernard Fellay, del 2 de febrero en el Seminario de Winona, tal como fueron dados a conocer en francés por el sitio oficial de la FSSPX en Francia, La Porte Latine.
El Audio de los Especiales con el Padre Juan Carlos Ceriani comentando este Sermón ya está publicado. Hemos decidido también incluir junto con este texto la parte correspondiente en audio, separado del resto del Especial, de modo de facilitar el acceso de los seguidores del blog a la parte que nos referiremos a continuación.
El lector podrá advertir que en el texto hemos señalado diez notas. El contenido de las mismas, redactado por el Padre Ceriani, será objeto de sucesivas entregas en nuestro blog.
No hemos querido incluirlas ahora para no cortar la lectura del texto, así como para que el lector pueda juzgar personalmente de la gravedad de algunos de los dichos de Monseñor Fellay, y para que no se nos acuse de sacar del contexto o de intentar guiar la lectura.
Llamamos la atención sobre el hecho de que las notas no siguen un orden numérico según el correlato del texto, sino conforme a lo que hemos considerado de mayor importancia. Asimismo, destacamos que la 2ª nota incluye varios párrafos del texto de Monseñor Fellay, y por eso se repite.
AUDIO DEL ESPECIAL REFERIDO AL SERMÓN DE MONS FELLAY DEL 2 DE FEBRERO DE 2012: Bajar desde aquí
Extractos del Sermón de Monseñor Fellay
La Fraternidad San Pío X fue fundada por la Iglesia y en la Iglesia, y afirmamos que sigue existiendo, a pesar del hecho de que hay una pretensión de negar su existencia, diciendo que ella fue abolida en 1976 (pero, obviamente, sin ningún respeto por las leyes de la Iglesia). Y es por eso que continuamos. (9ª nota)
Nuestro venerado fundador ha insistido reiteradamente en la importancia de esta existencia de la Fraternidad en la Iglesia. (2ª nota)
También yo, a medida que pasa el tiempo, creo que debemos tener esto en cuenta, es muy importante que mantengamos este espíritu católico.
No somos una entidad independiente. Incluso si nos enfrentamos con Roma, todavía estamos, por decirlo así, con Roma. Si ustedes quieren, estamos al mismo tiempo en lucha contra Roma y con Roma. También proclamamos y seguimos diciendo que somos católicos. Queremos permanecer católicos. (2ª nota)
Muchas veces he dicho en Roma: «Intentáis empujarnos afuera. Y nos damos cuenta de que sería mucho más fácil para nosotros estar afuera. Tendríamos muchos más beneficios. ¡Nos tratarías mucho mejor!» (2ª nota)
Consideremos a los protestantes, cómo abren las iglesias para ellos; y para nosotros las cierran. (10ª nota)
Pero nosotros decimos: «no nos preocupamos por esto». Actuamos bajo los ojos de Dios. Sufrimos de parte de la Iglesia, por supuesto. No nos gusta esto, por supuesto. Sin embargo, debemos permanecer allí, en la verdad. Y tenemos que seguir afirmando que pertenecemos a la Iglesia. Somos católicos. Queremos ser y permanecer católicos; es muy importante mantener esto.
También es importante que no nos imaginemos una Iglesia Católica que sólo sería el fruto de nuestra imaginación, que no sería la Iglesia real. Es con la Iglesia real que tenemos problemas. Esto es lo que hace que las cosas sean aún más difíciles: el hecho de que tenemos problemas con ella. Esto no nos autoriza, por así decirlo, a «dar un portazo». (2ª nota)
Al contrario, es nuestro deber ir siempre a Roma, para llamar a la puerta y pedir no entrar (porque ya estamos dentro), sino para pedirles que se conviertan, que cambien y vuelvan a lo que hace la Iglesia. (4ª nota)
Es un gran misterio; no es simple. Debido a que, al mismo tiempo, debemos reconocer esta Iglesia -que es lo que decimos en el Credo: «Creo en la Iglesia Católica»- y por lo tanto reconocemos que hay un Papa, que hay una jerarquía. Reconocemos todo esto. (3ª nota)
Pero en la práctica, en varios niveles, tenemos que decir «no». No porque eso nos disguste, sino porque la Iglesia ya se ha pronunciado sobre estos temas. E incluso la Iglesia condenó muchos de entre ellos.
Por lo tanto, en nuestras discusiones doctrinales con Roma, estábamos, por decirlo así, bloqueados.
La cuestión clave en estas discusiones con Roma era, en última instancia, la cuestión del Magisterio, la enseñanza de la Iglesia.
Ellos nos dicen: «Somos el Papa, somos la Santa Sede», lo cual aceptamos. (2ª nota)
Ellos continúan: «Tenemos el poder supremo», y lo admitimos.
Insisten: «Somos la última instancia en la enseñanza y somos necesarios» -Roma nos es necesaria para tener la fe, estamos de acuerdo. (5ª nota)
Ellos ordenan: «Entonces, obedeced»
Y decimos: «No».
Nos reprochan de ser protestantes, porque ponemos nuestra razón por encima del Magisterio de hoy.
Entonces, les decimos: «Ustedes son modernistas; pretendéis que la enseñanza de hoy puede ser diferente de la de ayer».
Decimos que cuando adherimos a lo que la Iglesia enseñó ayer, adherimos necesariamente a lo que enseña la Iglesia hoy en día. (2ª nota)
Porque la verdad no está ligada al tiempo. La verdad está por encima del tiempo. Lo que fue proclamado una vez, obliga siempre. He aquí lo que es un dogma. Dios está así por encima del tiempo. Y la fe consiste en adherir a la verdad de Dios. Ella está por encima del tiempo.
Es por eso que la Iglesia de hoy está ligada con la Iglesia de ayer y debe serle similar, pero no solamente similar. (2ª nota)
Además, cuando se oye al actual Papa decir que debe haber continuidad en la Iglesia, decimos: «¡por supuesto!» Eso es lo que hemos estado diciendo siempre. Cuando se habla de la Tradición, esto es precisamente lo que se quiere decir.
Ellos afirman que allí debe haber Tradición, que allí debe haber continuidad, y que por lo tanto existe allí continuidad. El Vaticano II fue hecho por la Iglesia; ahora bien, en la Iglesia debe haber continuidad; por lo tanto, el Vaticano II también pertenece a la Tradición.
Y nosotros reaccionamos: «Perdón, ¿qué es lo que dicen?»
Pero esto va aún más lejos. Lo que acabo de describir sucedió durante las discusiones, las cuales una vez terminadas, recibimos la invitación de Roma.
En esta invitación se encontraba la propuesta de una solución jurídica para regularizar nuestra situación. (6ª nota)
Y puedo decir que lo que está delante de nosotros hoy en día -y que es diferente de lo que nos presentaron el 14 de septiembre de 2011- puede ser considerado como bueno. Cumplen con todas nuestras condiciones, si puedo así decirlo, a nivel práctico. No hay muchos problemas en este plano. (7ª nota)
Pero el problema permanece a otro nivel, el nivel de la doctrina.
Sin embargo, incluso en el ámbito de la doctrina, se avanza muy rápido, mis queridos hermanos.
La clave del problema es un principio: el de la coherencia con la Tradición.
Ellos nos dicen: «Ustedes deben aceptar que en los casos en los que hay dificultades en los documentos del Concilio –tales puntos ambiguos que provocan debate– estos puntos, como el ecumenismo, la libertad religiosa, deben interpretarse en coherencia con la enseñanza de siempre de la Iglesia».
Y agregan: «De este modo, cuando hay ambigüedad en el Concilio, ustedes deben comprender como la Iglesia ha enseñado siempre «.
Ellos van más allá aún, y dicen: «Hay que rechazar todo lo que se opone a la enseñanza tradicional de la Iglesia».
Bien, eso es lo que siempre dijimos. Esto es sorprendente, ¿no es así, que Roma nos imponga este principio? Sorprendente.
Entonces, ustedes podrían preguntarse «¿Por qué no acepta?»
Y bien, queridos fieles, es que todavía hay un problema.
En el texto del Preámbulo doctrinal, ellos dan dos aplicaciones de cómo debemos comprender estos principios.
Nos dan los ejemplos del ecumenismo y de la libertad religiosa, tal como son descriptos en el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, que retoma exactamente los puntos que reprochamos al Concilio.
En otras palabras, Roma nos dice: «Siempre hemos hecho esto. Somos tradicionales; Vaticano II es la Tradición. La libertad religiosa, el ecumenismo es la Tradición. Esto está en perfecta coherencia con la Tradición.»
Ustedes se preguntan: «¿Dónde nos conduce esto?»
¿Qué palabras encontraremos para decir que estamos de acuerdo o que no lo estamos?
Incluso si ellos aceptan los principios que siempre hemos sostenido, es porque para ellos estos principios significan lo que piensan, pero que es en contradicción exacta a lo que afirmamos.
Creo que no se puede ir más lejos en la confusión.
En otras palabras, esto significa que ellos dan otro significado a la palabra «Tradición», y tal vez a la palabra «Coherencia».
Es por eso que hemos estado obligados a decir «no». No vamos a firmar esto.
Estamos de acuerdo en el principio, pero nos damos cuenta de que la conclusión es contraria.
¡Gran misterio! Entonces, ¿qué va a pasar ahora?
Hemos enviado nuestra respuesta a Roma. Ellos siguen diciendo que están reflexionando, y eso significa que probablemente están enmarañados.
Al mismo tiempo, creo que ahora podemos ver lo que realmente quieren.
¿Nos quieren verdaderamente en la Iglesia, o no? (2ª nota)
Les hablamos con mucha claridad: «Si ustedes nos aceptan, es sin ningún cambio. Sin obligación de aceptar estas cosas; entonces, estamos dispuestos. Pero, si quieren que aceptemos, entonces es no».
Y no hicimos más que citar a Monseñor Lefebvre, que ya había dicho esto en 1987 -varias veces antes, pero la última vez que lo dijo fue en 1987. (1ª nota)
En otras palabras, queridos hermanos, humanamente hablando, es difícil decir lo que depara el futuro, pero sabemos que cuando se trata con la Iglesia, tratamos con Dios, con la Divina Providencia, y sabemos que la Iglesia es Su Iglesia. (2ª nota)
Los hombres pueden perturbar, destruir. Pueden poner un poco de agitación, pero Dios está por encima de esto, y sólo Dios sabe cómo dirigir su Iglesia sobre líneas rectas, a pesar de todos los incidentes humanos, de todas estas líneas curvas.
Esta prueba va a terminar, no sé cuándo. A veces este fin parece estar llegando, a veces parece alejarse. Dios conoce los tiempos, pero humanamente hablando, será necesario esperar un tiempo antes de comenzar a ver una mejoría en las cosas -cinco, diez años.
Estoy convencido de que en diez años las cosas serán diferentes, porque la generación salida del Concilio habrá desaparecido y la próxima generación no mantiene un vínculo con el Concilio. (8ª nota)
E incluso ahora, queridos hermanos, escuchamos varios obispos decirnos: «Ustedes dan demasiada importancia a este Concilio; dejen esto a un lado. Sería una buena manera para la Iglesia para seguir adelante. Dejen eso a un lado, olvídense de él. Volvamos a la realidad, a la Tradición.»
¿No es interesante escuchar a los obispos decir esto? ¡Se trata de un nuevo lenguaje! Esto significa que hay una nueva generación que sabe que en la Iglesia hay cosas más serias que el Vaticano II, y que debemos volver a lo que es más serio, si se me permite decirlo así. Vaticano II es serio, debido a los daños que ha producido, esto es realmente serio.
Sin embargo, en cuanto Concilio, quiso ser pastoral, y ya está desfasado. Sabemos que alguien que trabaja en el Vaticano escribió una tesis universitaria sobre el magisterio del Concilio Vaticano II. Él mismo nos dijo que nadie en las universidades romanas quería aceptar este trabajo. Por último, un profesor lo hizo; ahora bien, la tesis es la siguiente: la autoridad del magisterio del Concilio Vaticano II es el de una homilía de los años 60. ¡Y este candidato fue recibido!
Vamos a ver, mis queridos hermanos. Para nosotros es muy claro. Siempre debemos sostener la verdad, profesar la fe. No vamos a dar marcha atrás, pase lo que pase. Hay ahora algunas amenazas de parte de Roma, por supuesto. Vamos a ver. Dejamos todo en manos de Dios y de la Santísima Virgen.
¡Oh! Sí, debemos continuar con nuestra cruzada de rosarios. Confiamos en ella, confiamos en Dios. Y lo que tiene que ocurrir, ocurrirá. No puedo prometerles una primavera agradable. No sé qué va a pasar en la primavera. Sólo sé que la lucha por la fe va a continuar, pase lo que pase. Ya sea que se nos reconozca, sea que no lo seamos. Ustedes pueden estar seguros de que los progresistas no estarán contentos. Ellos van a continuar, y vamos a seguir combatiéndolos.
