EL TESTIMONIO DE NUESTRA ESPERANZA: P. ANTONIO VAN RIXTEL CAPÍTULO X

LA IGLESIA DE CRISTO

Nuestra finalidad no es, ni puede ser, el dar un tratado completo de la Iglesia. Como en este libro nos ocupamos de la escatología, solo queremos, aquí, dar algunas indicaciones que sirvan para hacer resaltar el carácter muy especial de la Iglesia, y el lugar único que ocupa en el plan de Dios, con respecto a la Redención del mundo. Suponemos que el lector esta bien versado en la doctrina de la Iglesia desarrollada en muchos excelentes tratados de los teólogos antiguos y modernos. Estos tratados sirven de base para nuestras consideraciones.

Articulo 1º: Nociones elementales.

La palabra Iglesia (Ecclesia del griego «ekkaleo» elegir, apartar) significa una congregación de hombres apartados, entresacados de entre la gran muchedumbre. De ahí que se llama a los fieles de la Iglesia «los elegidos». Una Iglesia que recibe y abarca a todos los hombres es pues, una contradicción «in terminis».

Una iglesia es, pues, una elección con un «fin bien determinado» que han de alcanzar los elegidos, y que no corresponde a la totalidad de los hombres; si así no fuere, la iglesia, es decirla «elección» no tendría razón de ser. De esto se desprende también que esta iglesia, esta elección se inicia con un fin determinado y termina cuando el fin ha sido alcanzado; circunscribe, pues, un tiempo fijo. Significa además, que antes de la elección había una cosa distinta, y que después de la elecci6n también habrá una cosa distinta. Asi, el numero de elegidos se distingue de todos los demás y existe de por sí en el plan de aquel que los eligió.

Además tenemos que distinguir entre la Iglesia como congregación (cuerpo de elegidos) y como instrumento de congregación. Aquel que proyecta una congregación (Iglesia) para un fin determinado, debe también equipar a esta congregación con la autoridad y los medios necesarios para alcanzar ese fin.

Todos estos elementos los encontramos en la Iglesia de Cristo. Ella es una congregación de hombres apartados de entre las naciones, con el fin determinado de formar la Esposa de Cristo, es decir: un pueblo consagrado para Su Nombre. Esta elección se inició en el día de Pentecostés y terminara cuando el «pleuroma», el número de los elegidos sea completo. Antes de la elección existía la Sinagoga judía, después de la elección vendrá el Reino Mesiánico. Así que la Iglesia se distingue de los que había antes, y tendrá lugar propio en lo que hade venir después. Tiene, pues, su Lugar propio en el plan de Dios. No solamente en su Iglesia, sino también mediante ella, como instrumento de congregación Cristo quiere formar Su Esposa. Par eso la equipó con todos los medias necesarios, después de haberla constituido como una perfecta sociedad jerárquica.

Así que la Iglesia de Cristo, no es solamente una congregación de elegidos, sino también un instrumento de congregación. Esta distinción es sumamente necesaria para poder tener una visión clara sobre el misterio del Reino de los cielos. Podemos y debemos distinguir entre la Iglesia como institución divina-mediante la cual el Espíritu Santo congrega en un cuerpo a todos los hijos disperses de Dios-, y este mismo cuerpo místico congregado al cual pertenecen como miembros, no s61o los que viven sino también los que durmieron en el Señor Jesús. Pues por la obra del Espíritu Santo, mediante la Iglesia, han sido lavados, santificados y justificados en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo (I Cor.6, 11; Rom.8, 28-30).

La Iglesia como instrumento de congregación, es una sociedad visible y jerárquica que esta en esta tierra y fue instituida y constituida por Cristo mismo.

La Iglesia como cuerpo místico, esta constituida por aquellos que, habiendo renacido por el agua y el Espíritu Santo, forman una sola cosa con Jesús, su Cabeza. Nace en la tierra y se perpetua atreves de la muerte por la comunión de los santos

El misterio de la Iglesia como formación del Cuerpo Místico, que Cristo ha de tomar a Si mismo, se consumara en las postrimerías de la presentes edad, cuando venga El para celebrar las Bodas. Pues entonces, los muertos en Cristo resucitaran y los vivientes que le estén esperando serán transformados y juntos sarán arrebatados al encuentro de Cristo en los aires.

Y mirad bien: podemos distinguir estos dos aspectos pero no podemos separarles, asi como tampoco se puede separar el instrumento orgánico de su organismo vivo, o los constructores de la casa en construcción; comparaciones que no obstante claudican, ya que la Iglesia es un misterio «suigeneris».

Articulo 2º: La Iglesia instrumento de salvación.

A) institución de la Iglesia.

No hay duda -según lo que nos enseñan las fuentes de la Revelación Divina –que la Iglesia como instrumento de salvación y santificación, fue instituida por Cristo como una visible sociedad jerárquica. Para esto, Jesús dio la plenitud de su poder a sus Apóstoles bajo el primado de Pedro, prometiéndoles estar con ellos hasta la «consumación del siglo», es decir, de la presentes edad (aion) (Mat. 28,18-20; 16,13-19; Juan 21,15•17).

Mediante la Iglesia de Cristo, como instrumento de salvación, el Espíritu Santo congrega en un cuerpo a todos los hijos dispersos de Dios (Juan 11,52; 10,16), escogidos por Dios de entre las naciones para formar un pueblo consagrado a Su Nombre (Hech.15, 14).

En esta tarea la Iglesia no puede fallar, pues Jesús dice: «todos los que el Padre me da, vendrán a mi, y el que viniere a Mi no te desechare…ni le perderé• (Juan 6,37-39)

Para realizar este plan divino, Jesús construyó su iglesia jerárquica bajo el primado de Pedro y sus legítimos sucesores, como instrumento mediante el cual, El mismo atreves de la edad presente, perpetua Su Misión de Maestro, Santificador y Gobernador de las almas. Para eso le dio todas las prerrogativas necesarias.

B) Magisterio de la Iglesia.

Para perpetuar Su misión de Maestro, Cristo instituyó el Magisterio infalible.

El Magisterio de la Iglesia anuncia la Buena Nueva y enseña la doctrina revelada por mandato de Cristo, para que de entre los muchos convidados, sean salvados los pocos elegidos (Mat.22, 14), que han de formar la Esposa de Cristo.

Sabemos que entre los sembradores existen malos doctores y profetas, cuya levadura fermenta la masa con mala doctrina (Mat.5, 20; 16, 6; 23, 13-36; Marc. 8,15; luc.11, 37; 12, 1;I Cor.5,6;II Ped.2,1-2; I Juan 2,19; lll Juan 1.10; I Tim.1.20).

Sabemos también, que de la semilla de la Palabra de los buenos sembradores, solo una parte cae en buena tierra, ya que la otra cae entre espinas, sobre pedregales o en el camino (Mat.13).

Sabemos todo esto porque hay un hombre enemigo que siembra cizaña entre el trigo (Mat.13, 24 y sgs). Pero todo esto no puede frustrar la finalidad del mandato de Cristo, ni impedir que los elegidos del Padre vengan a Cristo por la aceptación de la Buena Nueva, vivida con una fe pura,-que siempre se manifiesta en la caridad.

La infalibilidad del Magisterio instituido por Cristo, como una prerrogativa necesaria para que las fuentes de la revelación divina no sean viciadas, es cosa muy clara; por la simple razón que Jesús no instituyó un magisterio ni dio su mandato de enseñar, para que mediante ellos sus verdaderas ovejas fueran entregadas al padre de toda mentira.

C) Sacerdocio de la Iglesia

Para perpetuar su misión de sacrificador y victima, Cristo instituyo el sacerdocio. Cristo nuestro Redentor, autor y fuente de toda santidad, instituyó en Su Iglesia el Sacerdocio Jerárquico para perpetuar de modo incruento su cruento sacrificio, y de este modo aplicar, mediante los sacramentos, los infinitos méritos de su muerte de Cruz, a fin de que sus ovejas sean redimidas, confirmadas y santificadas, como piedras vivas del templo santo que es su Cuerpo; así redime, prepara y adorna su Esposa para el día de las bodas.

La eficacia del sacrificio renovado o del sacramento administrado, no depende de la santidad o maldad del celebrante, sino de la rectitud de corazón y grado de fe de los que le reciben (Mat.26, 26-28; I Cor.11,23-27; Hech.6,1-7; 1 Tim.3,8-13; II Tim.1,6; Marc.14,16-20; Juan 15,16; Luc.22,19;Juan 20,23;1 Tim.4,14; Hech.20,28;I Cor.4.1-2; Heb.5,1-2;I Tim.5,22).

D) Gobierno de la Iglesia.

Cristo, mediante su Iglesia como instrumento de salvación, noes solamente la Verdad y la Vida, sino también el Camino. Por eso comunica a sus Apóstoles y sucesores, bajo el primado de Pedro, el pleno y supremo poder de gobierno (Juan 20,21-23; Mat. 18,18; 28,20), que implica un poder legislativo (Hech.15,28; ICor.7,12 sgs),un poder judicial (Mat.18,15; I Tim.S,19), y un poder coactivo (I Cor.4,21; II Cor.10,6; I Cor.5,3-5;II Cor.13,2;II Tes.3,12 y sgs).

Por mas que haya Papas, Obispos y Párrocos que en el ejercicio de su poder fallen en la caridad y humildad, olvidándose de las palabras de Jesús, confirmadas con su ejemplo: «Quien quiere ser el primero sea el ultimo entre vosotros» (Juan 13); por mas que haya penetrado el espíritu de lujo y ambición en muchos; por mas que haya habido y que haya gobernadores de la viña de Cristo que pierden el tiempo con los negocios del mundo (Luc. 12,14-21);por mas que todo esto y mucho mas sea la verdad, nadie que tenga fe, puede afirmar que la Iglesia (en cuyo poder gubernativo Jesús, el Camino, perpetua su Pastorado) puede fallar, ni para una sola de las ovejas elegidas que el padre atrae a Cristo (Juan 10).

E) Reflexión

Mucho yerran, pues, los protestantes cuando dicen que Cristo solo instituyó una Iglesia invisible. Los textos demuestran sin lugar a dudas, que Cristo, para congregar en un cuerpo a todos los hijos dispersos de Dios, organiza pequeña congregación Galilea como una perfecta visible sociedad jerárquica. La equipó con todos los medios necesarios, para poder perpetuar, en ella y por ella, su divina misión, a través de la presente edad. Y la afirmación racionalista de que el Evangélico de Cristo no ser a nada más que un mensaje escatológico, esta en conflicto abierto y total con el Evangelio mismo.

También vemos que Cristo ha constituido su Iglesia jerárquicamente, dando su mandato y su poder. Los Apóstoles y sus sucesores cumplen este mandato en el ejercicio del poder recibido de Cristo, después de haber sido sellados por el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Los carismas espéciale que otorgó y sigue otorgando el Espíritu Santo en bien del cuerpo místico de Cristo, no constituyen a la Iglesia como sociedad jerárquica, sino suponen y confirman esta constitución. Yerran, pues, los propugnadores de la doctrina de la renovación escatológica.

Cristo empezó a congregar los fieles; luego constituyó esta congregación como una sociedad jerárquica para que sea el instrumento de salvación, mediante el cual Cristo perpetúa su misión de Maestro, Sacerdote y Pastor. En ella y por ella, Cristo convida a los hombres para que se conviertan y crean en la Buena Nueva, a fin de que sean enseñados, santificados y encaminados hacia el Reino de los cielos, que les esta prometido. Entre los muchos convidados que entran no todos, antes bien pocos, quedan fieles. Entre los congregados hay malos y buenos, miembros vivos y muertos y también miembros enfermos. Pero la muerte o la enfermedad del miembro de la Iglesia como cuerpo congregado, no hace fallar a la Iglesia constituida como instrumento de salvación.

Articulo 3º: La Iglesia como congregación.

La Iglesia, como sociedad jerárquica e instrumento de congregación, da entrada y reúne a todos los convidados que no rechazan la invitación, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Los hombres que -aceptando el convite de la Buena Nueva- entran en este nuevo estado de salvación, experimentan una transformación espiritual. Porque nadie puede entrar en este estado sin haber nacido de nuevo, al ser bautizado en el agua y en Espíritu Santo (Juan 3,3 sgs).

Pues solo aquellos, que obedeciendo a la verdad creen en su Nombre, son engendrados de la Voluntad de Dios y de la simiente incorruptible de su Palabra (Juan 1,13; I Ped.1, 23); y vienen a ser “criaturas nuevas” (Sant.4, 15; Rom.6, 3-4; Ef.4, 24),»las primicias de las criaturas» (Sant.1,17-18), al recibir un espíritu nuevo, el Espíritu Santo, y con El una nueva vida y nuevas fuerzas (Marc.1,17-18; Juan 14,16;Hech.1,8).

Se transforman por eso en hijos de Dios, en miembros del cuerpo de Cristo, en piedras vivas del templo del Espíritu Santo, en herederos de Dios y coherederos de Cristo, en ciudAdános celestiales cuya patria es la Jerusalén celestial(Rom.12,5; Ef.1,15-23;5.2 y 22;Heb.12,18-24; Apoc.1,6).

No obstante, mientras vivimos y formamos parte de esta congregación, llevamos el tesoro de la gracia en vasos de barro, por lo cual el pecado es posible. No todos viven siempre la gracia de su bautismo, ni todos permanecen fieles a la invitación. «Por eso es, que en esta congregación visible que forma en esta tierra la Iglesia militante, hay miembros enfermos y sanos, malos y buenos.

Sin embargo, no queremos tratar aquí de la Iglesia militante como congregación visible tal cual esta a la vista de los hombres, sino como misterio invisible que se desarrolla delante de los ojos de Dios, y que solo se manifiesta en sus múltiples obras de santidad Por la fe en Cristo, el verdadero convertido vive de antemano las promesas de Cristo y las posee en el velo de la esperanza.

San Pablo, en todas sus Epístolas, acentúa esto constantemente: «Éramos por naturaleza hijos de ira lo mismo que los demás. Pero Dios, que siendo rico en misericordia, movido del excesivo amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en nuestros pecados, nos dio vida juntamente con Cristo: con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los lugares celestiales, en. Cristo Jesús». «Subiendo a lo alto llevó consigo cautiva a una multitud de esclavos» (Ef.2, 4-10; 4,8).

El cristiano sabe que ha sido juzgado por sus pecados en la Cruz de Cristo. Sabe que en la muerte de Cristo murió el viejo Adán, sepultado en su sepulcro. Sabe que resucitó en el Nuevo Adán. Sabe que en Cristo fue llevado a los cielos como el cautivo de su amor, redimido al precio infinito de su sangre. Sabe que a Él, en Cristo le pertenece el Reino. Es así que San Pablo nos ensena a vivir por la fe y la esperanza el misterio de la Iglesia, Cuerpo y Esposa de Cristo.

Por la fe en Cristo, que obra por caridad y florece en la bienaventurada esperanza, vivimos de antemano nuestra ciudadanía celestial, aunque estemos todavía en el mundo. Nuestra patria es el Reino de los cielos (Fil.3, 20). No somos, pues, peregrines, sino que somos conciudadanos de Cristo mediante la fe y la esperanza (Ef.2, 22). «Mas os habéis llegado al monte de Sion, la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial y a decenas de millares de ángeles en festiva convocación y a la Iglesia de los primogénitos que están inscriptos en los cielos, y a Dios el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos, y a Jesús el mediador del reciente pacto, y a la aspersión de aquella su sangre que habla mejor que la de Abel» (Heb.12, 22).

Ahora llevamos el tesoro del Amor divino en un envase de barro (IICor.4, 7), pero los elegidos de Dios saben que el Padre les ama, no solo por lo que son ya, sino sobre todo por lo que han de ser un día. Por eso viven la promesa de la herencia como una realidad, sabiendo que Dios no falla. Viven la promesa del Reine; se saben ciudadanos de la Jerusalén celestial; gozan ya de esta congregación festiva, que ha de realizarse en el día de la manifestación de los Hijos de Dios, cuando venga Jesús para tomarles así mismo, e introducirlos en el Hogar, cual esposo a su Esposa, cual Rey a su Reina.

San Pablo en sus Epístolas, escribe sobre la Iglesia en la visión de las profecías escatológicas y la vive en esta visión como una realidad de nuestra bienaventurada esperanza. Su doctrina, pues, se puede llamar muy «la doctrina de las profecías escatológicas»; ella nos ayuda a entender grandemente estas profecías y nos da la llave de una multitud de pasajes oscuros.

Entenderemos esto de un modo mas profundo si consideramos con detenimiento su doctrina de la Iglesia como cuerpo místico y como Esposa de Cristo, el segundo Adán.

Articulo 4º: La Iglesia como cuerpo místico de Cristo.

«Yo os ruego, escribe San Pablo a los Efesios, que andéis como dignos de la vocación con que fuisteis llamados…siendo un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como fuisteis llamados a una misma esperanza de vuestra vocación. Uno es el Señor, una es la fe, uno el bautismo; uno el Dios y el Padre de todos, que es sobre todos, y obra por medio de todos, y esta en todos. Pero a cada uno de nosotros se le ha dado la gracia a medida de la donación de Cristo» (Ef.4, 1-7). Los elegidos, entresacados del mundo y del poder de las tinieblas, forman por lo tanto, un «todo orgánico» y llevan como tal el nombre, que significa y expresa su dignidad y su destine: «Cuerpo Místico de Cristo» (Juan 15,5; Ef.4, 12; 5,23).

Para eso Jesús ha instituido su Iglesia como instrumento de salvación, y constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas ; y a otros, pastores y doctores. Y luego de haber realizado su obra redentora en la tierra, subió a los cielos para dar cumplimiento a todas las cosas. Junto con su Padre, mandó Jesús el Espíritu Santo, que Él nos había merecido por su Muerte de Cruz. El Espíritu Santo sella la obra de Cristo. El asiste a la Iglesia como instrumento de salvaci6n, para que ella perpetuara infaliblemente la misión de Cristo y trabaje en la perfección de los santos, ejerciendo su ministerio. Así el Espíritu Santo en y por Iglesia, como sociedad jerárquica e instrumento de salvación, edifica el Cuerpo de Cristo, uniendo los sarmientos con la Vid, los miembros con el cuerpo.

Así se realiza en el tiempo la salvaci6n de todos aquellos que Dios, desde la eternidad, tiene previstos y predestinados para que se hicieren conformes a la imagen de su Hijo, el primogénito entre muchos hermanos (Rom.8, 29) y lleguen a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios al estado de un varón perfecto, a la medida de la edad perfecta de Cristo (Ef.4, 11-16).

Cristo es la Cabeza de este cuerpo. Por la obra del Espíritu Santo Jesús mismo tiene su cuerpo concertado y unido. Alimentando su cuerpo, en la medida debida a cada uno de sus miembros, produce el crecimiento del mismo; así que Jesús, mediante su cuerpo, alimenta los miembros, y los miembros, en la medida •que crecen, obran por Jesús en bien del cuerpo entero.

Por boca de San Pablo, la palabra de Dios nos enseña profundamente este misterio en ICor.12, 4-20.

Articulo 5º: La Iglesia esposa de Cristo

A) La Esposa del Cordero.

San Juan Bautista, San Pedro y San Juan Evangelista dan a este cuerpo de Cristo, como conjunto orgánico, el nombre expresivo y muy significativo de: «la Esposa de Cristo, la Esposa del Cordero». El Bautista se presenta como el amigo del Esposo-Cristo que tiene la Esposa (Juan3, 29). San Pablo dice que esta celoso de los fieles con el celo de Dios, «pues les tiene desposados con el único Esposo, para presentárselos a El como una casta virgen»(II Cor.11,2),»virgen llena de gloria, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada» (Ef.5,27).Y todos los elegidos, que como miembros del cuerpo de Cristo entran en ese estado de salvación, no se contentan con recibir sus bendiciones y hacerlas fructificar, sino que anhelan el gozo de las Bodas y el trato real con el Esposo. (Apoc.19, 7; 21, 9).Por eso Jesús envió su ángel a San Juan para que notificara, entre las iglesias locales, el misterio de Su Venida gloriosa. La Venida de » la Raíz del linaje de David, y del lucero brillante de la mañana».» Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Diga también quien escucha: “Ven” (Apoc.22, 17).

B) Esposa del segundo Adán.

Cristo es el segundo Adán, el mejor, el celestial Adán, el padre de una generaci6n nueva (ICor.15, 45-47).El primer Adán es una figura del segundo Adán, de Cristo (Rom.5, 14 y 15). Lo es en relación con Eva (Ef.5, 29-33). Adán fue formado inmediatamente por la mano creadora de Dios; Eva, al contrario, fue tomada de Adán; de allí el mismo nombre: hombre-hembra. Cristo es el Hijo inmediato, único y unigénito de Dios­ Padre; su Esposa, la Iglesia, fue tomada de su costado abierto, de donde manaron agua y sangre, símbolo del bautismo de Amor; de alii el mismo nombre: Cristo-cristiano.

Adán fue creado en el sexto día; en el sexto día también fue creada Eva, tomada de El. En el sexto día (edad) de la abra de la redenci6n naci6 el segundo Adán, el mejor, el celestial; en este día sexto es tomada también de Ella segunda Eva, la Iglesia, “el pueblo para Su nombre». Así «fue puesto en luz a los ojos de todos la economía del misterio, que desde el principio de las edades estaba encubierto en Dios, Creador de todas las cosas, a fin de que ahora, a la vista de la Iglesia, los principados y potestades en los cielos conozcan la sabiduría infinitamente variada de Dios, según el plan de las edades (aions) que se había propuesto en Jesucristo, Nuestro Señor, en quien tenemos, par la fe en El, la intrepidez de acercarnos a Dios con confianza» (Ef.3,8-12).

C) .La Iglesia formada de Cristo

Adán dijo a su Esposa: «Esta es carne de mi carne, y hueso de mis huesos. Por esta razón el hombre dejara a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una carne»(Gen.2).Y San Pablo citando este texto, dice: «Grande es este misterio, mas yo hablo respecto de Cristo y de la Iglesia». Así indica que el primer Adán, como figura de Cristo, profetizó el misterio de amor y unión que había de realizarse entre el segundo Adán y Su Iglesia. Porque la Iglesia de Cristo es hueso de Sus huesos y carne de Su carne. Fue tomada de El «cuando se dio a si mismo por nosotros en ofrenda y sacrificio a Dios, para olor de suavidad» (Ef.5, 2). Y esta Iglesia «habiendo sido purificada en el bautismo del agua, por la palabra” (5,26), se alimenta con Su Carne y Sangre, y se sacia con su Espíritu Santo, siendo sostenida por el poder de su Palabra hasta el día que le sea presentada como Iglesia gloriosa, virgen pura, sin mancha ni arruga (Ef.5, 23-32; II Cor.11,2). Luego que Eva fue formada de la costilla de Adán y entregada a Él, entonces, y sólo entonces, estaba terminada la obra de la creación. Y Dios dio a Adán el dominio de la tierra. Y Adán figura de Cristo, estaba allí como un Rey con su Reina. Así también, cuando el «pleuroma» (el numero complete) de entre las naciones haya entrado (Rom.11, 22-25) la Iglesia este preparada, adornada y entregada al segundo Adán, entonces será destruido el misterio de iniquidad y encadenado Satanás y el Reino de este mundo habrá venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo (Apoc.19 y 20; 11, 15).

Es esta la misteriosa y encubierta Sabiduría que Dios, desde el principió de las edades, predestinó para nuestra gloria (I Cor.2,7); sabiduría en la cual los ángeles desearon penetrar y los profetas indagaron con diligencia (IPed.1,10-12)pero que fue revelada y realizada en la Iglesia (Rom.16,25-27), y anunciada por los que predicaron el Evangelio en el Espíritu Santo, enviado del cielo (I Ped 1,12).

No hay pues, maravilla mayor que la que se realiza en la Iglesia. La Antigua Sinagoga, no soló es la Esposa de Cristo, sino que ni aun conoció este misterio revelado por el Espíritu Santo a los Apóstoles. Después la Ascensión de Cristo y en habiendo los apóstoles recibido el Espíritu Santo, revelaron este misterio a los fieles. Además vemos la realización de este misterio, es decir: la formación de la Esposa de Cristo, acontece en el tiempo que transcurre entre la ruina y la restauraci6n de Israel. Resulta, pues, que tampoco la Israel restaurada participa propiamente en este misterio, y que es inexacto llamar al pueblo judío, la Esposa del Mesías

¡Cuan severo tiene que ser el juicio de Dios sobre todos aquellos, que habiendo sido convidados, despreciaron esta, la mayor maravilla de la Misericordia divina, manifestada a la luz de los ojos de todos en el misterio de la Iglesia!