RESURRECCION DE ENTRE LOS MUERTOS
Dividiremos este capítulo en res partes: 1º Observaciones previas. 2º Síntesis de la argumentaci6n milenarista acerca de la doctrina de la primera resurrección, y su enlace con la doctrina del Reine. 3º Reflexiones sobre el valor de su argumentación
ARTICULO 1º OBSERVACIONES PREVLAS
Todos están de acuerdo en que los muertos, tanto los males como los buenos, han de resucitar. Muchos no-milenaristas concuerdan con los antimilitaristas, en que esta resurrección ha de ser única y simultanea. Varios de ellos afirman que la resurrección de entre los muertos, de la cual hablan muchas veces las Escrituras, tiene una prioridad, pero no de tiempo, sino de dignidad con respecto a la resurrección de los justos. Otros no se pronuncian sobre este punto.
El dogma de nuestra fe dice: “creo en la resurrección de la carne”. Esto implica dos elementos: 1º que todos los muertos resucitarán. 2º que Resucitaran con los mismos cuerpos en que vivieron. No hay pues, ningún dogma que enseñe la resurrección única y simultanea
Los llamados «milenaristas», afirman que habrá una resurrección general para el juicio delante del gran Trono Blanco (Apoc.20, 11-13).En aquel tiempo resucitaran todos, menos aquellos privilegiados que ya resucitaron. Dicen que la tesis que defiende una resurrección única y simultanea, esta en abierta oposición con las enseñanzas de las Escrituras; no, pues, la resurrección única y simultanea, porque ya hubo una y habrá otra que las Escrituras llaman: la de entre los muertos, la primera la de los justos.
Dicen los milenaristas que esa primera resurrección ha de realizarse cuando venga Cristo. Y no hay duda de que la tesis milenarista, defendida por los Padres y escritores de los primeros cinco siglos, descansa en la doctrina de la primera resurrección.
ARTICULO 2º SINTESIS DE LA ARGUMENTACION MILENARISTA
A- No existe la resurrección única y simultanea
Los milenaristas empiezan su argumentación probando que la resurrección general no es tan única, ni tan simultanea como para no admitir ninguna excepción.
1) La primera excepción la constituye la Santísima Virgen María; y de esto nadie duda, aunque no lo digan expresamente las Escrituras
2) La segunda excepción la indica el Evangelista San Mateo diciendo que con la resurrección de Jesús: «Los cuerpos de muchos santos, que dormían, se levantaron y saliendo de los sepulcros entraron en la ciudad, y se apareciendo a muchos» (Mat.27.52-53). Es pues, una resurrección de muchos santos, con cuerpos que solo eran visibles para aquellos a quienes aparecieron una resurrección esencialmente distinta de la de Lázaro, del joven de Nein, etc. Afirmar que volvieron a morir no sería posible, puesto que el Evangelio, cuyo texto citamos, deja entrever que no resucitaron con cuerpos que tenían las condiciones de cuerpos mortales.
3) Otra excepción clara e indiscutible aparece también en el Apocalipsis cap. XI. Allí leemos que los dos testigos: fueron muertos, y sus cadáveres quedaron por tres días y medio en la plaza. Los habitantes de la tierra se alegran por su muerte y envían regalos unos a otros para celebrar su muerte. Estaban, pues, bien muertos. Pasados, empero, los tres días y medios, resucitaron y un gran temor cayó sobre los que les veían. ¡No es, pues, en el día de la resurrección general! Y para que no quede duda: «A la vista de sus enemigos subieron al cielo». ¿Acaso morirán otra vez en el cielo, para salvar la resurrección única y simultanea? Con todo, las Escrituras y la tradición afirman con claridad que sólo existe una resurrección general, única y simultanea, para los que no resucitaron antes. Frente a este hecho, que nadie puede negar, los milenaristas preguntan: ¿Habrá más excepciones a esta ley de la resurrección general? Y contestan: Sí, Dios promete en varios lugares de la Escritura que resucitara a muchos otros más, antes de la resurrección general.
B- Argumentación exegética.
1) PRIMERA LLAVE
Texto de San Pablo: «y no queremos hermanos, que estéis en ignorancia acerca de los que duermen; para que no os entristezcáis como (hacen) los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también (creemos) que Dios traerá con Jesús a los que durmieron en él. Pues, os decimos esto por palabra del Señor, que nosotros, los que vivimos y quedamos para la Venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el mismo Señor descenderá del cielo con voz de mando, con pregón de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitaran primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que quedemos, seremos arrebatados al aire en nubes juntamente con ellos, para salir al encuentro del Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor. Así que consolaos unos a otros con estas palabras» (I Tés.4, 13-18).
Este texto afirma:
1º) que los Tesalonicenses estaban tristes por sus muertos, pensando que ellos no iban a estar presentes cuando viniera Jesús. San Pablo los consuela, revelando el misterio de la primera resurrección.
2º) Enseña por eso, que Dios traerá con Jesús, cuando venga, a los que durmieron en EL. No participaran, pues, en este favor los que no durmieron en El.
3º) Y es así, no porque San Pablo lo imagine, sino porque lo sabe «por la palabra del Señor».
4º) Los que estén en vida no tienen, pues, ningún motivo para entristecerse, pensando (como los que no tienen esperanza) que los que murieron en Cristo no van a estar presentes cuando venga Jesús; así que de ningún modo precederán los que estén esperando en vida, a los que durmieron en esta esperanza
5º) Ya que el mismo Señor descenderá del cielo con voz de mando, con pregón de arcángel, y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo (no los demás) resucitaran primero.
6°) Y junto con los vivientes, que le estén esperando (no todos, porque San Pablo esta hablando a los fieles, y por eso dice: nosotros, distinguiendo los fieles de los demás), serán arrebatados. Porque Jesús les tomara a sí mismo (Juan14, 3).Y así estaremos siempre con el Señor Jesús.
7°) Esta esperanza es nuestro consuelo, especialmente en las horas que si gana la muerte de nuestros seres queridos. La liturgia desde tiempos antiguos lo entiende así, y pone este texto como Epístola de la Misa de los difuntos.
Este texto de San Pablo es, en forma decisiva, confirmado por el mismo Jesús, cuando dijo a sus ap6stoles:»No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mi. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si así no fuera, os lo hubiese dicho, porque voy a preparar lugar para vosotros. Y cuando haya ido y os haya preparado lugar, vendré otra vez y os tomare a mi mismo, para que donde yo estoy, estéis también vosotros» (Juan 14,1-3).
Jesús dice: (Juan 14, 3) San Pablo dice: I Tés 4, 16-1
a) “vendré otra vez” A- “El mismo Señor descenderá del cielo
b) “Y os tomaré a mí mismo” B- seremos arrebatados al encuentro del señor”
c) “Para que allí donde yo C- “y así estaremos siempre con el señor”
Estoy, estéis también vosotros
d) “No se turbe vuestro corazón” D- “Consolaos unos a otros con estas palabras
Bien dijo San Pablo que enseñaba este misterio por palabra del Señor.
2) SEGUNDA LLAVE
San Pablo hablando a los Corintios sobre la resurrección de Cristo, prenda de nuestra resurrección, dice: «He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos, mas todos seremos cambiados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al (sonar) la trompeta final; porque sonara la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos cambiados. Porque es menester, que esto corruptible se vista de incorruptibilidad, y esto mortal se vista de inmortalidad» (I Cor. 15,51-53; texto griego).
Después de haber confirmado la doctrina de la resurrección como la piedra angular de nuestra le, San Pablo afirma:
1) «He aquí os digo un misterio». Va a revelar, pues, no la resurrección general, sino un misterio especial en ordena la resurrección de los justos.
2) Este misterio que revela a los fieles es: “No todos dormiremos, mas todos seremos transformados» (la Vulgata sigue otra versión; pero todos los críticos modernos la rechazan, diciendo que el texto que presentamos es el original).
3) Este misterio se refiere a los fieles, y no a la resurrección general; de otro modo no sería una revelación especial.
Los milenaristas anotan aquí, que los dos textos citados se complementan maravillosamente, enseñando nos:
a) Los que murieron en Cristo (no los demás) resucitaran.
b) Los que estén en vida esperándole no morirán, sino que serán arrebatados con los resucitados al encuentro de Cristo.
c) No solo los resucitados, sino también los vivientes arrebatados serán transformados, antes de ir al encuentro de Cristo.
¿Y que sucederá con los muertos no creyentes cuando los muertos en Cristo resuciten? «Los demás muertos no volvieron a vivir, hasta cumplirse los mil años» (Apoc.20, 5).
¿Y que sucederá con los vivos no creyentes cuando los creyentes sean transformados y arrebatados? Jesús dice: «Os digo que en aquella noche dos estarán reclinados a una misma mesa: el uno será tomado, y el otro dejado» (Luc.17, 34; Mat.24, 40). Mira bien: Jesús no dice «serán condenados”, sino «dejados». «Porque Cristo… por segunda vez aparecerá para salvación de los que le aguardan (Heb.9, 28).Ya que solo para estos Jesús es: «el Libertador de la Ira venidera» (I Tés.1, 9-10). Por eso: «Bienaventurados aquellos siervos a quienes el Señor, cuando venga, halle velando» (Luc.12, 35-37).
¿Entonces habrá hombres que no morirán? Así es: «No todos dormiremos, mas todos seremos cambiados», afirman los milenaristas, citando a San Pablo (I Cor.15, 51).
Los milenaristas dicen que el mismo Jesús confirma directamente esta enseñanza de San Pablo. Como primera prueba citan: «Aquel que cree en mí, aunque hubiere muerto, revivirá; y aquel que vive y cree en mí no morirá jamás». (Juan 11,25; Trad. de Joűn S.J.). En este texto Jesús, hablando dela resurrección afirma con claridad, que cuando venga El, los muertos que creen en El resucitaran, y los vivos, que creen en El, no morirán jamás. Porque los unos y los otros serán arrebatados al encuentro de El. Los no creyentes muertos no revivirán, los no creyentes vivos serán dejados.
Una segunda prueba de que la enseñanza de San Pablo era la de Jesús mismo se halla, según los milenaristas, en las siguientes palabras: «De cierto, de cierto os digo: La hora viene y ya es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren revivirán» (Juan 5,25). Aquí se trata de la resurrección, no de todos, sino de aquellos que por su fe en el Padre han recibido la gracia, pasando de muerte a vida (vers.24), y por esto no vienen al juicio que se realizara sobre la tierra cuando venga Jesús a destruir al Anticristo y sus secuaces. Cumpliendo con el consejo de Jesús «velad pues», merecieron evitar todos estos males venideros, y comparecer ante el Hijo del hombre» (Luc. 21,36 y contexto).
¿Cuando será esto? En el último día de la presente edad, en la consumación del siglo (época) presente. Por eso dice Jesús: «Viene, la hora ya es”. Porque en la consumación de la hora presente, cuando hubiere preparado el lugar, Jesús volverá otra vez para tomar a si mismo a todos los suyos (Juan 14,3).Esta resurrección es, pues, bien distinta de la resurrección de que habla Jesús enseguida (Juan 5,28):»Vendrá la hora, (una hora futura distinta de la hora que ya es), en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y todos,(con excepción de los que ya salieron) saldrán los que hicieron buenas obras, a resucitar para la vida; pero los que las hicieron malas, resucitarán para ser condenados”. Esto acontecerá en la resurrección general
Sera, pues, en la consumación de la presente edad cuando, por el arrebato, Jesús tomara así mismo a «todos los que comen su carne y beben su sangre•, es decir, en el ultimo día, de esta hora (época) en La cual estamos ya (Cont. Juan 6,32)
Y esto confirma Jesús diciendo: Que vendrán «tribulaciones terribles”; que caerán como un juicio y una ira venidera sobre la tierra. Cuando «aparezca en el cielo la señal del Hijo del hombre, todos los pueblos de la tierra prorrumpirán en lamentos; y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. El cual enviará sus ángeles, que a voz de trompeta sonora congregaran (no a todos, sino) a sus escogidos de las cuatro partes del mundo, desde un horizonte hasta el otro» (Mat.24, 21-31).
Sera la hora de la siega: «Los segadores son los ángeles. De manera que como es recogida la cizaña y quemada con fuego, así será en la consumación del siglo (La hora, La edad en que estamos). El Hijo del hombre enviará a sus ángeles y recogerán de su reino todo lo que sirva de tropiezo y a los que cometen iniquidad, y los echaran en el homo de fuego; alii será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerá como el sol en el reino de su Padre» (Mat.13, 40)
Los ángeles harán pues dos cosas: 1º Congregaran a los elegidos que brillaran como el sol en el reino de su Padre. 2º Congregaran a los malignos que sirvieron de tropiezo y cometieron iniquidad. Porque «Bienaventurado el tal siervo, a quien cuando venga el Señor le hallare velando. En verdad os digo, que le encomendara el gobierno de toda su hacienda».
«Pero si este siervo fuere malo, y dijere en su corazón: ‘Mi amo no viene tan pronto’, y empezare a maltratar a sus consiervos, y a comer y beber con los borrachos, vendrá el amo del tal siervo en el día que no espera y a la hora que no piensa, le cortara en dos y le dará la misma pena que a los hipócritas; allí será el llorar y rechinar de dientes» (Mat.24, 46- 51).
Por eso, dicen los milenaristas, nosotros. Defendemos esta doctrina, a pesar de que por ellos seamos objeto de muchas burlas y persecuciones. Tiene que ser así, porque el mismo San Pedro nos avisa: «que tengamos presente las palabras de los santos profetas…» y «que estemos ciertos ante todas las cosas, de que vendrán en los últimos tiempos (de la presente edad, como enseña el contexto) burladores con sus burlas, andando según sus propias pasiones, diciendo: ¿Dónde esta la promesa de su Venida?, porque desde la muerte de nuestros padres, todas las cosas permanecen del mismo modo como al principio fueron creadas»(II Ped.3,3 sgs.).
3) TERCERA LLAVE
Como prueba concluyente de esta doctrina de Jesús los milenaristas citan el siguiente pasaje, en el cual el Señor trata “ex profeso” contra los saduceos, de la resurrección :”Los que sean dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, no se casan, ni son dados en casamiento; porque no pueden ya mas morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios al ser hijos de la resurrección. Y en cuanto a que los muertos han de resucitar, aún Moisés lo dio a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; porque para El todos viven» (Luc.20, 29-40).
Este pasaje va dirigido contra los saduceos que negaron la resurrección, aun la de los justos, porque negaron la inmortalidad del alma.
De ello se desprende:
1º que Jesús distingue entre una resurrección de justos, en la cual los resucitados serán como ángeles del cielo, y son hijos de Dios siendo hijos de la resurrección; y la resurrección general que se basa en la inmortalidad del alma.
2º a la primera Jesús le da el nombre de «resurrección de entre los muertos» (Luc.14, 14).Jesús la llama «resurrección de los justos” para distinguirla de una otra resurrección. Esta expresión: «Resurrección de entre los muertos» (Ek toon necroon) se usa 49 veces en el Nuevo Testamento, mas nunca refiriéndose a los muertos no creyentes. Quiere decir, pues, que la resurrección de los no-creyentes no será una resurrección de entre los muertos, o sea la de los justos.
3° Además, Jesús distingue el tiempo entre estas dos resurrecciones, haciendo ver que los justos que resucitaran de entre los muertos, son los que serán juzgados dignos de alcanzar» aquel siglo»; los demás, pues, no alcanzaran «aquel siglo» al que Jesús en otro lugar llama: el tiempo de la» regeneración» (Mat.19, 28 texto griego).
No todos serán pues los que alcanzaran aquel «siglo» (La edad del Reino), sino solo los elegidos, que como «hijos de la resurrección» serán congregados por los ángeles, siguiendo a Jesús en la regeneración, después de haberle seguido en sus pruebas.
Solo estos elegidos, oyendo la Voz del Hijo de Dios, saldrán del sepulcro para ir al encuentro de Jesús, que les tomara así mismo en el día dela consumación de la presente edad, cuando venga para destruir al Anticristo y restaurar a Israel. Entonces Él les dará el reino y brillaran como el sol, y juzgaran a las doce tribus de Israel, reinando con Jesús por mil años. Es esta la primera resurrección. Los demás muertos no volverán a vivir, hasta que se acabe esta futura edad: los mil arios.
Expresamos esta fe, dicen los milenaristas, cuando anhelando la resurrección rezamos: «Creo en la resurrección de la carne y en la vida en el siglo venidero» cuando venga Jesús «a juzgar a los vivos y muertos» (Credo Romano).
4) CUARTA LLAVE
Este orden de La resurrección, que no solo es un orden de dignidad sino también de tiempo, los milenaristas lo ven claramente confirmado en el siguiente pasaje de San Pablo: «Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno según su orden: Cristo las primicias, luego los que son de Cristo en su venida; luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre; cuando haya destruido todo principado y toda potestad y poder. Porque es menester que El reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. El postrer enemigo que será destruido es la muerte» (I Cor.15, 22-36).
La figura esta tomada de las tropas que se mueven por bandos. Por lo menos se distinguen tres grupos:
1º) Cristo (el primogénito de los muertos: col.1, 18) las primicias.
2º) Luego los que son de Cristo en su Venida.
3º) Luego el fin: los otros muertos, los que no son de Cristo en su Venida. Este «luego» («eita» y «epeita» en el griego) no es tan inmediato como algunos suponen; porque entre la resurrección de Cristo y la delos que son de Cristo en su Venida, ya la distancia es casi de dos mil años, y es una afirmación gratuita el decir que el segundo «luego» (epeita) será inmediatamente después de la resurrección de los que sonde Cristo. Por el contrario, el texto mismo dice que entre la resurrección de los que son de Cristo en su Venida y la resurrección final transcurrirá el Reino; porque antes de entregar su Reino al Padre, Cristo -después de haber tornado así mismo los que son de El en su Venida-, destruirá todo principado y poder, y sujetara al orbe entero hasta que todos los enemigos estén debajo de sus pies.
5) CONFIRMACION del ANTIGUO TESTAMENTO
Entre los muchos lugares del Antiguo Testamento los milenaristas suelen citar con preferencia los siguientes pasajes como confirmación de su doctrina:
«No así los impíos, no así: sino que serán como la cascarilla que el viento desparrama por La faz de la tierra. Por tanto: no resucitaran los impíos en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos» (Salmo 1º).
Aquí se afirma que los pecadores no resucitaran en el juicio para participar en la asamblea de los justos; luego es preciso que haya otro Juicio en el cual se levantaran. Por tanto distingue bien entre La resurrección de los justos y la resurrección general.
«Gozaranse los santos en la gloria; se regocijaran en sus moradas resonaran en sus bocas elogios de Dios; vibraran en sus manos espadas de dos filos, para ejecutar la venganza en las naciones, y castigar a los pueblos; para aprisionar con grillos a sus reyes, con esposas de hierro a sus magnates; para ejecutar en ellos el juicio decretado. Tal es la gloria reservada para todos sus santos” (Salmo 149). Es esta una profecía mesiánica que se refiere al triunfo de Cristo con sus santos, cuando ellos reinen con El, pues: «¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo?» (I Cor.6, 2), hasta poner a todos los enemigos debajo de sus pies (I Cor.15, 24).
Con esta visión del Reino que ha de venir, nos invitan los milenaristas a leer también el cap. 3 de la Sabiduría: «En el tiempo de su recompensa los justos brillaran; como centellas correrán a través del campo. Juzgaran a las naciones y señorearán a los pueblos; y el Señor reinara con ellos eternamente» (Sab.3, 7).
A la luz de esta enseñanza se aclara hermosamente el texto de Isaías cuando exclama: «Vivirán tus muertos; los cadáveres de los míos se levantaran; ¡Despertad y cantad!; ¡Vosotros que moráis en el polvo! porque vuestro rocío es un rocío de luz, y la tierra echara afuera los muertos ven pueblo mío ¡ entra en tus moradas, cierra tus puertas sobre ti, escóndete por algunos instantes, hasta que pase la indignación». Después de esta resurrección de los que son de Dios, sigue La descripción del juicio sobre los habitantes dela tierra, y dela restauración de Israel (ls.26, 19) En el Antiguo Testamento la doctrina de la resurrección de los justos siempre esta unida con La esperanza del Reino Mesiánico. De allí que La escatología judía no conoce una resurrección única y simultanea. Así que la doctrina de la primera resurrección del Nuevo Testamento concuerda por completo con la revelación del Antiguo Testamento.
6) LA SENAL DE LA TROMPETA
En tres de los textos arriba citados, y relativos a la resurrección y al Reino, las Escrituras hablan de la señal de la trompeta.
«Porque el Señor descenderá del cielo…con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero» (I Tés.4, 16). «No todos dormiremos, mas todos seremos cambiados en un memento… al son de la trompeta final; porque sonara la trompeta y los muertos resucitaran en un estado incorruptible, y nosotros seremos mudados» (I Cor, 15, 52). «Verán venir al Hijo del hombre…el cual enviará a sus ángeles, que a voz de trompeta sonora congregarán a sus escogidos” (Mat.24, 31).
La trompeta de Dios sonara otrora para indicar la Venida y presencia de Jehová en el monte Sinaí, convocando a su pueblo para recibir la santa Ley (Ex.19, 16; 20,18).Y mas tarde dijo a Moisés, que condujo al pueblo por el desierto hacia el país de la promesa: «Hazte dos trompetas…y te servirán para convocar la congregación y para hacer levantar campamentos” (Núm..10, 2). Así también, como lo indican los mismos textos, sonara la trompeta de Dios para anunciar la Venida de Cristo; entonces los escogidos sarán congregados alrededor de El, e introduciéndoles en su Hogar, como el Esposo a su esposa, les dará el Reino.
Y para que no quede ni sombra de duda, dicen los milenaristas, se ve confirmada esta visión con claridad en el Apocalipsis, donde San Juan explica el misterio de la trompeta final tocada por siete ángeles; cuando suene la séptima «sintieron grandes voces en el cielo», diciendo: «EI reino del mundo ha venido a ser de Nuestro Señor y de su Cristo, reinara por los siglos de los siglos”. Y en-seguida dicen los veinticuatro ancianos: «¡Gracias te darnos, Señor Dios Todopoderoso, que eres y eras, porque has tomado tu gran poder, y has comenzado a reinar!»(Apoc.11, 15) y el efecto de esto lo describe el mismo Apocalipsis en los caps.19 Y 20.
7) LA DOCTRINA DEL APOCALIPSIS
Los milenaristas presentan estos dos capítulos del libro de las Revelaciones, como la confirmación concluyente de la doctrina de la primera resurrección y del Reino de Cristo con su Iglesia.
En síntesis: En Apocalipsis 19,11-16 viene Cristo para destruir al Anticristo. El viene con sus santos, los resucitados de entre los muertos. Y los transformados de entre los vivientes, que juntos han sido arrebatados al encuentro de Cristo al son de la trompeta de Dios.
En Apocalipsis 19, 17-21, sigue la destrucción del Anticristo y todos sus secuaces.
En Apocalipsis 20,1-4 San Juan describe la encadenacion de Satanás por mil años, para que no ande engañando a las gentes.
Sigue la descripción del Reino: Y vi unos tronos blancos y se sentaron en ellos, y les dio potestad de juzgar”. Es la iniciación del Reino de Cristo con sus santos.
Sigue:» Y vi también las almas de los que habían sido decapitados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios y de los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y no recibieron su marca en las frentes o en sus manos; y volvieron a vivir, y reinaron con Cristo mil años». Esto es el complemento de la primera resurrección; la resurrección de aquellos que han que dado fieles durante la tremenda persecución del Anticristo; esto recibirán también el Reino de Cristo. «Esta es La primera resurrección. Bienaventurado y santo, quien tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la segunda muerte no tiene potestad (lo que entiende San Juan por segunda muerte, lo dice en Apocalipsis 20,14) sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinaran con ellos mil años». Y para que nadie quede en duda sobre el sentido literal de esta primera resurrección, San Juan dice poco antes «los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se acabaron los mil años»(20,5).La resurrección de ellos es descrita fuego en el versículo 12.
Acabados los mil años, viene el desencadenamiento de Satanás (antes anunciado en Apocalipsis 20,7) y la rebelión de Gog y Magog que son consumidos por el fuego (20,8-10).Entonces viene el fin: El Juez sentado en el trono blanco, ante cuya faz desaparecieron el cielo y la tierra. Resurrección de los demás muertos. Juicio (Apoc.20, 11-15). Sigue cap. 21: la descripción de la creación nueva, a la que baja la Jerusalén celestial.
C-Conclusiones.
Estamos pues frente a los siguientes hechos : San Pablo afirma en I Corintios 15,23, que: “los que son de Cristo” han de resucitar “en su Venida”; en I Tés.4,16, dice que los “muertos en Cristo” resucitaran primero; en I Corintios 15,51 enseña que los vivientes, que estén esperando a Jesús, serán «transformados»; en I Tes.4 16-17, confirma que estos vivientes junto con los resucitados, «serán arrebatados» al encuentro de Cristo en los aires; en II Tés.2,8dice que Jesús vendrá para destruir at Anticristo. Luego, la primera resurrección tiene que realizarse antes. Estas afirmaciones de los Apóstoles se encuentran todas en las palabras de Jesús.
Ahora bien, aunque ni los Evangelios, ni las Epístolas indican la duración del tiempo que ha de transcurrir entre la primera resurrección y la resurrección general, San Juan confirma en su Apocalipsis:
1º Que Cristo viene para destruir al Anticristo.
2º Que fuego hade realizarse el Reino Mesiánico de Cristo con sus santos resucitados.
3º Que este Reino de los santos ha de durante mil años.
4º Que esta es la primera resurrección.
5º Que los demás muertos no resucitaran hasta acabar los mil años.
6º Que durante este tiempo, ha de ser encadenado Satanás.
7º Que solo después de estos mil años, Satanás será soltado por un poco de tiempo y que realizara entonces la rebelión de Gog y Magog.
8º Que luego tendrá lugar la resurrección final.
En suma, el Apocalipsis viene a confirmar y a arrojar aun mas luz sobre las enseñanzas de muchos otros lugares de la Escritura entera; con la cual concuerda y armoniza perfectamente en su sentido literal
¿Quién tiene, pues, el derecho de alegorizar este capitulo del Apocalipsis? ¿Quien tiene el derecho de aislarlo de su contexto?
Se dice que hay que entender esta primera resurrección del Apocalipsis 20,4-6 en su sentido espiritual. Pero ¿Como se le puede interpretar espiritualmente, cuando San Juan dice: “los demás muertos no revivieron hasta cumplirse los mil años» y los mismos versículos, mas tarde, profetizan el cumplimiento de esta profecía, relatándola resurrección de los «demás» muertos? «¿y como puede resucitar “espiritualmente” un decapitado? Su res resurrección «espiritual» (conversión) habrá tenido lugar antes porque es un poco raro que uno que no esta en la fe y engracia de Cristo, se deje decapitar por El. Sin embargo, San Juan dice, que “resucitaron después de ser decapitados; luego no puede hablar de una resurrección espiritual, sino que habla de una resurrección física, corporal
NOTA: aunque los milenaristas citan todavía muchos otros textos, con los que prueban que después de la Venida del Señor habrá todavía viadores y naciones en la tierra, confirmando así La doctrina de la primera resurrección, creemos haber ofrecido un fiel resumen de los mas importantes textos con los cuales se prueba, aclara y confirma La doctrina de aquel acontecimiento glorioso, que se realizara en el día de La Parusía, día también dela»manifestaci6n de los hijos de Dios», día de «nuestra adopción» por la “redención de nuestro cuerpo» (Rom.8. 19-26).
ARTICULO 3º: REFLEXIONES SOBRE ESTA DOCTRINA
A- Posiciones
Entrando en reflexiones sobre esta doctrina, hemos de observar en primer lugar que no es una doctrina corriente, sino que la mayoría de los teólogos y exegetas la rechazan.
1) Con mucha decisión se oponen los antimilenaristas contrala doctrina de la primera resurrección diciendo que esta en oposición con nuestra creencia católica, la cual sostiene una resurrección única y simultanea para el juicio final. Algunos llegan hasta afirmar que esta en oposición con la tradición
2) Los no-milenaristas -con excepción de algunos que aceptan una resurrección de justos no solamente con prioridad de dignidad sino también de tiempo- no se pronuncian o se adhieren a la resurrección única y simultanea. No obstante, en general no afirman que la doctrina de la primera resurrección, en sentido milenarista, este en oposición con la creencia católica y con la tradición.
3) Observamos, empero, que la doctrina de la primera resurrección es una tesis universalmente sostenida en los primeros cuatro siglos. En los primeros dos siglos no encontramos ni rastros de una enseñanza que sostenga la resurrección única y simultanea. Encontramos, si al autor de La «Didaché» a un San Papías, discípulo de San Juan Evangelista, a un San Justino San Melitón, San Policrates, que sostienen todos la primera resurrección; y a un San Ireneo que hace de esta doctrina la piedra angular de su enseñanza escatológica, la que transmite como una tradición recibida de los discípulos de los Apóstoles, de los Apóstoles, y del Señor mismo. Todos sostienen esta doctrina con decisión y no encuentran ninguna oposición.
Y tampoco en el tercero y el cuarto siglo encontramos documentos que nieguen la doctrina de la primera resurrección, a pesar de que surge el antimilitarismo. Es en el quinto siglo que empieza a formularse la tesis antimilenarista, como una tesis que entre otras cosas sostiene la resurrección única y simultanea; -y desde aquel entonces ha ido poco a poco dominando el campo de la teología y exegesis, sosteniéndose siempre como una tesis claramente antimilenarista.
4) A la vista de esto, creemos firmemente que los antimilenaristas están fuera de la verdad cuando dicen en que la tesis -que aceptando la verdad de la resurrección general afirma que habrá una resurrección muy anterior para los que son de Cristo en su Venida- seria una tesis que esta en oposición con la creencia católica o universal de la iglesia. También creemos que nadie puede afirmar que sea la tesis de la resurrección única y simultánea, sino solo la de la resurrección primera, la que puede afianzarse en documentos y autoridades que se remontan a los primeros siglos. Creemos que, frente a la historia, tenemos que caracterizar la tesis de la resurrección única y simultanea, como de tendencia antimilenarista. Lentamente ella se ha hecho tradicional en los siglos posteriores; pero no es una tradición eclesiástica en el sentida propio de la palabra y mucho menos una tradición apostólica, sino mas bien lo contrario.
B- Hay libertad de enseñanza
De cualquier manera se debe afirmar que para todos, menos los milenaristas tienen la mayor libertad para defender y enseñar la doctrina de la primera resurrección sostenida por hombres como: el autor de la Didaché, San Pipías, San Justina, San Melitón, San Policrates San Ireneo, Tertuliano, San Victoriano, Nepos, San Metodio Comodiano, Lactancio, Quinto Julio , Ilariano, San Zeno, San Epifanio, San Ambrosio, San Hipolito, San Crisóstomo, San Cirilo Alejandrino, Teodoreto, Teófilo, San Cayetano (Cornelio a Lapide no se pronuncia), Lacunza, Bengel, Meyer, Grimn, Alcañiz y Rovira. Pues con toda seguridad estamos aquí frente a una cuestión, en la que «nada ha sido definido por La autoridad de la Iglesia», «ni sea unánime la sentencia de los Santos Padres”, ¡que decidan, pues, los argumentos!
C- Una tesis apriorística.
Habiendo leído con atención, en cuanto estaban a nuestro alcance, todos los argumentos que sostienen la tesis de la resurrección única y simultánea, hemos llegado a la siguiente conclusión:
1º) Que el punto de partida de la argumentación es exactamente La afirmación «a priori» de una resurrección única y simultanea.
2º) Que esta argumentación no se funda, pues, en el texto, sino que trata de acomodar el texto a una tesis afirmada “a priori”.
3º) de allí la gran variedad de interpretaciones muchas veces ingeniosas, pero a menudo contradictorias y nunca concluyentes. Casi siempre pasan por alto la distinción entre la resurrección de entre los muertos y la de los muertos, fijada por el texto sagrado mismo. Nunca entran en un examen sincero dela argumentación contraria; y cuando la mencionan se contentan generalmente con repetir el juicio de San Jerónimo, como autoridad máxima, a pesar de que este juicio no puede resistir a la sana crítica histórica.
Creemos por eso, que el lector critico no puede escapar a la impresión de que esta frente a interpretaciones, si no forzadas o tendenciosas, por lo menos apriorísticas, es decir: frente a interpretaciones que, por miedo de caer en el milenarismo, aceptan a priori la resurrección única y simultanea y por eso empiezan la argumentación donde tendrían que terminarla.
Rechazando a priori la resurrección primera, ofrecen varias interpretaciones alegóricas que solo concuerdan en que se desvían del sentido literal y por lo demás se contradicen como blancos y negros. Uno afirma que por primera resurrección debe entenderse la glorificación de las almas de los justos, que van al cielo después de su muerte. Otro sostiene que la primera resurrección es la que se opera en el alma, cuando pasa del pecado al estado de la gracia. Bail, en su colección de los concilios. dice que la primera resurrección (Apoc.20,5) es…la de réprobos (;sic!), la cual se llama «primera” porque solo afecta a los cuerpos, ya que las almas de los condenados no resucitaran para la ‘gloria. Otros, en fin, ofrecen una cuarta interpretación, diciendo: «La primera resurrección , insinuada en el Apocalipsis se realizo, primero objetivamente con la redención de Cristo, la cumplida por medio de su Pasión, Muerte y Resurrección ; la segunda, subjetivamente, es decir, en cada uno de nosotros, por medio del Santo Bautismo, en el cual según La expresión de San Pablo, hemos sido llamados de la muerte del pecado a la vida de la gracia (.En que quedamos?.
D- Una doble tarea.
Los antimilenaristas y aquellos no-milenaristas que sostienen la tesis de una resurrección única y simultanea tienen, pues, una doble tarea.
En primer lugar, la de explicar como se puede sostener esta tesis sin entrar en conflicto y sin deshacer la autoridad de San Papías, San Justino, San Ireneo, que presentándose como testigos de la tradición afirman la doctrina- de la primera resurrección como recibida de los apóstoles.
Porque llegamos a entender que se puede deshacer la autoridad de San Agustín, de San Jerónimo, o de Santo Tomas, o de cualquier otro Padre posterior, con la autoridad de San Papías o de San Justino, o de San Ireneo, o de cualquier otro Padre apostólico, cuando presentan su afirmación como un testimonio de la tradición apostólica.
Pero no llegamos a entender cómo se podría deshacer la autoridad de un testigo de la tradición de los tiempos apostólicos (sin deshacer todo su testimonio y sin poner en peligro las bases de la tradición misma como fuente de doctrina) apelando a la autoridad de padres y doctores posteriores.
Pues, una de dos: o estos padres y doctores se presentan como testigos dela tradición y entonces no pueden estar en conflicto con los padres anteriores; o se presentan como autoridad privada, y entonces no tienen peso alguno cuando están en conflicto con un testigo de la tradición apostólica.
Concretando: San Papías, Obispo de Hierapolis, oyente de San Juan, compañero de San Policarpo, que fuera discípulo de San Juan, hombre que con un admirable criterio de la tradición hizo todo lo posible, según su propio testimonio, para informarse bien acerca de las enseñanzas de los Apóstoles. Con este fin hizo un viaje para encontrarse con discípulos de los Apóstoles. El valorizó -según el testimonio de San Ireneo-la doctrina del Reino, cuya piedra angular es la doctrina de la primera resurrección, como enseñanza recibida de los Apóstoles y del Señor mismo.
San Justino, padre y apologista del segundo siglo, interrogado por Trifón acerca de la doctrina del Reino,dice:1º que no enseña otra cosa que lo que cree;2º que con el muchos otros cristianos creyeron la misma doctrina, y tuvieron la misma esperanza futura;3º que entre aquellos, que no son herejes, habla muchos otros individuos que no se adhirieron a esta doctrina; 4º que el, empero, y así también aquellos cristianos que piensan rectamente en todo, saben que ha de venir la resurrección de la carne (y con esto entiende la primera resurrección de entre los muertos),y los mil años en la ciudad de la Jerusalén edificada, ornada y amplificada. Después de estos mil años ha de venir la resurrección y el juicio final.
San Policrates, obispo de Éfeso (ciudad donde residió San Juan), varón de grandísima autoridad entre los obispos de Asia a fin del II siglo. Viajo mucho para hablar con los hermanos disperses en el mundo. Este varón santo da testimonio especial de la doctrina de la primera resurrección, diciendo que es una enseñanza recibida siguiendo la tradición de los padres de Asia anteriores a él, es decir «de aquellas grandes lumbreras ya extintas, que duermen en la esperanza de la Venida del Señor»
San Ireneo, obispo de Lion, en el segundo siglo, discípulo de San Policarpo, quien era a su vez discípulo de San Juan por lo que le pudo instruir admirablemente en las Escrituras. Ireneo hizo un viaje por Palestina con el afán de estudiar las enseñanzas de Cristo y de los Apóstoles, en el mismo lugar donde fueron confiadas a otros y se encontró alii con varios discípulos de los Apóstoles.
Su testimonio tiene, pues, un enorme valor. Por eso recibió el nombre de «El testigo de la Tradición», porque lo es por antonomasia; pues en el argumento de la tradición su testimonio es decisiva acerca de la autenticidad e las Escrituras, de La sucesión sin solución de los sumos Pontífices en La sede de Roma, de la dispensación de la Eucaristía desde la existencia de la primera comunidad cristiana, y de la fe de la Iglesia en la presencia real de Cristo bajo ambas especies.
Ireneo nos da, de igual modo y con la misma insistencia, testimonio acerca de la doctrina del Reino y de la primera resurrección, piedra angular de su escatología, afirmando:
A) Que esta es la doctrina recibida de los «presbíteros», de aquellos «presbíteros» que han conocido a Juan, «el discípulo del Señor».
B) De aquellos “presbíteros” que fueron discípulos de los Ap6stoles».
C) agregando, que los «que se imaginan que creen rectamente» pero rechazan esta doctrina, «caen en gran contradicción como cayeron los judíos», y son «ignorantes acerca de las disposiciones de Dios, habiendo sacado sus creencias de sermones heréticos”, siendo «hombres que tienen una convicción herética” (Véase Alcañiz S.J,» Eccl. Patr. Et milenarismus»)
Que los defensores de la resurrección simultánea prueben o indiquen, pues, el camino que hay que seguir para defender esta tesis en contra de la tesis de la primera resurrección, sin entrar en conflicto con estos testimonies apostólicos
Y aquí no basta una argumentación sentimental, diciendo que es demasiado grave e intolerable inculpar a San Jerónimo o a San Agustín o a cualquier otro doctor, de estar en un conflicto «consciente» con la tradición apostólica; porque nadie le sin culpa de ello. Se trata, simplemente, de probar a base de hechos, si aquellos grandes doctores bajo la presión del peligro y de la confusión milenarista de su tiempo, no han ido demasiado lejos en su reacción antimilenarista e inconscientemente han entrado en conflicto con la tradición apostólica.
Habiendo cumplido con esta tarea primordial, viene la segunda, a nuestro juicio, igualmente delicada y difícil: la de deshacer, en si y en su conjunto, todos los argumentos bíblicos con que los milenaristas católicos y otros no-milenaristas prueban (y a nuestro entender de modo irrefutable)la doctrina de la primera resurrección ,la de entre los muertos, la de todos los que son de Cristo en Su Venida, debiendo demostrar que estos argumentos están en conflicto con el sentido directo y literal de los textos citados o con otros lugares de la Sagrada Escritura.
E- Conclusión.
Mientras tanto creemos tener no solo la plena libertad, sino también, frente a los tesoros de la tradición apostólica y de las Escrituras, el deber de sostener y ensenar la doctrina de la primera resurrección , como una tesis central del Evangelio de Nuestro Señor, predicado y explicado por los Apóstoles. Ellos dirigieron la mirada de la Iglesia, Esposa de Cristo, no hacia la muerte, prometiendo el descanso del alma, sino hacia el día de la Redención de nuestro cuerpo, cuando venga el Esposo para reunirse con la Esposa, es decir: para «tomar a Si mismo» a todos lo que son de El y que han anhelado Su Venida. Porque esta doctrina nos llena con el gozo de una Esperanza concreta, que no pasa por alto la suerte de nuestro cuerpo y hace fácil el «apartarse del mundo», guardando sin mancha nuestra alma y nuestro cuerpo para aquel día glorioso.
