CAPITULO III
EL PUNTO EN DISCUSIÓN
Hay pues dos campos: el de los evolucionistas, que afirman que la Iglesia en su estado actual es Reino de Cristo, en el cual se han cumplido y están cumpliéndose progresivamente todas las profecías acerca del Reino Mesiánico; y el de los intervencionistas, que sostienen que el Reino Mesiánico anunciado por las profecías no puede realizarse sin una intervención personal y directa de Cristo.
Artículo 1º: Comentario acerca de la opinión evolucionista.
La primera opinión es la de aquellos que afirman que la Iglesia, en su estado actual, constituye la realización progresiva de todas las profecías acerca del Reino Mesiánico, hasta que ella obtenga un triunfo completo y haya realizado un imperio espiritual, cuyo centro y sede es Roma y que abarcará a todas las naciones.
Esta opinión es ciertamente la más divulgada entre las masas de fieles, pero sin duda la menos fundada; porque está, en primer lugar, en franca contradicción con las Escrituras, y en segundo lugar, porque carece de cualquier fundamento en una exégesis científica. Parece más el producto de una lamentable ignorancia bíblica, que el resultado de un sincero y maduro examen de los textos sagrados y de la tradición.
Se originó de una reacción contra el milenarismo que se inició en el tercer siglo, y cobró cuerpo en el quinto siglo en la posición de San Jerónimo. Desde aquel tiempo se ha mantenido como un acérrimo anti milenarismo, cuyos partidarios sólo concuerdan en afirmar que ahora vivimos en un triunfo progresivo de la Iglesia, sin poder ofrecer ningún sólido argumento escriturístico y sin tener raíces en la tradición apostólica.
Artículo 2º: Comentarios acerca de la sentencia intervencionista
Introducción:
Los militantes del segundo campo concuerdan con los del primero en cuanto desean y admiten que ha de venir un triunfo de la, Iglesia, niegan resueltamente que este triunfo vendrá sin una intervención directa y personal de Cristo.
Bien podemos pues llamarles los intervencionistas, porque sostienen que este triunfo se inicia con la intervención directa de Cristo.
Según el modo más o menos radical con que los militantes de este segundo campo sostienen esta sentencia en la interpretación de las profecías, se dividen en dos grupos: los milenaristas y no-milenaristas.
A- La sentencia milenarista.
La opinión milenarista remonta hasta los tiempos apostólicos y se mantiene con vigor en los primeros cinco siglos.
Ya en el primer siglo se desarrolló, aliado y en conflicto con el milenarismo que defendían los Padres de la Iglesia, el milenarismo judaizante de la secta de los Ebionitas, y en el segundo siglo surgió el milenarismo craso que tiene sus raíces en el gnosticismo.
Estas herejías oscurecían mucho la clara visión sobre la doctrina del Reino de los primeros Padres y escritores eclesiásticos, y causaron una reacción anti-milenarista dentro del campo católico en el tercer siglo.
Este movimiento anti milenarista vino a ser muy serio cuando al fin del cuarto siglo el obispo de Laodicea, Apolinar, defendió un milenarismo en el cual se mezclaron muchas herejías carnales y judaizantes. Esto ha sido un golpe casi mortífero para la doctrina del Reino, y prácticamente desaparece el milenarismo cuando San Jerónimo, con todo el peso de su autoridad, se opone al milenarismo como tal, sin hacer distinción de valores entre la doctrina que propugnaron muchos varones antiguos e incluso mártires de la Iglesia primitiva, y las herejías.
Fue en aquellos tiempos, -(cuando San Jerónimo formuló el anti milenarismo y puso las bases de la opinión evolucionista)- que empezó a surgir y a formarse la opinión no milenarista.
B- La sentencia no milenarista.
Esta opinión no milenarista trae su origen de tiempos muy antiguos y parcialmente existía ya en los tiempos de San Jerónimo. Comentando el capítulo sesenta de Isaías, que empieza así: "Surge y recibe la luz, oh Jerusalén, porque ha venido tu lumbrera", dice el Doctor: »Nosotros colocamos todas estas cosas entre la primera venida del Salvador y la consumación del mundo, y creemos que en parte se han cumplido y totalmente se cumplirán. Hay también quienes esperan todo esto para un tiempo futuro, cuando se salve todo Israel (Rom.11, 25-26), y con él la plenitud de las naciones. Tal sentencia no es en manera alguna reprobable, con tal que reconozcan que estas cosas se han de cumplir espiritualmente y no carnalmente" (M.L. 24,589).
Aquí aparece, pues, aquella opinión, según la cual el capítulo sesenta de Isaías, -y en consecuencia todos los pasajes correlativos que encontramos en las Escrituras acerca de la Restauración de Israel y del espléndido Reino Mesiánico a ellos prometidos-, se cumplirán después de la conversión de Israel, anunciada para un tiempo futuro.
Ahora bien, según el mismo San Jerónimo y la comunísimo sentencia de los Santos Padres, la conversión de Israel se obtendrá por la predicación de Elías, la cual tendrá lugar en el tiempo del Anticristo. Y con esta afirmación el santo Doctor da mucho pie a aquella sentencia, que aunque él no la sigue, no considera de manera alguna reprobable; en los tiempos posteriores, la han seguido y la siguen los más insignes intérpretes como San Crisóstomo, la escuela de Santo Tomás, Maldonado, Firini, Sánchez, Cornelio A. Lapide, Bossuet, Knabenbauer, Billot, etc..
Artículo 3º: Conclusión destacando el punto central de la discusión.
Los propugnadores de la sentencia no-milenarista, (aunque parece que no siempre mantienen con vigor su visión en la interpretación de las profecías) están, pues, en diametral oposición con los que defienden la primera sentencia (la evolucionista) y se acercan mucho a los así llamados milenaristas.
Con respecto a la interpretación de las profecías que se refieren al triunfo de la Iglesia y al Reino Mesiánico, tanto los milenaristas, como los no-milenaristas sostienen que este triunfo se realizará por una intervención directa y providencial de Cristo, que destruirá el Anticristo y dará la gracia de la conversión a los judíos, desterrando la impiedad de la casa de Jacob (es decir: de las doce tribus de su pueblo). Es pues una ficción sin fundamento científico e histórico decir que esta sentencia intervencionista es una afirmación exclusivamente milenarista. Porque de esta forma se pasa por alto la sentencia de todos aquellos, que sin ser milenaristas, se oponían resueltamente a la opinión evolucionista de San Jerónimo y su escuela.
Y aquí se destaca el punto central de la discusión. Mientras todos están de acuerdo en que ha de venir el triunfo de Cristo y de su Iglesia; mientras todos concuerdan también en que este triunfo de Cristo y de su Iglesia comportará la realización de las profecías, que anuncian un Reino Mesiánico absolutamente universal en su extensión, y esplendoroso en su perfección interna, se discute: si este Reino Mesiánico ha de realizarse sin una intervención providencial, directa y personal de Cristo, o con ella.
En otras palabras: ¿Será el Reino Mesiánico el resultado de la obra misionera de la Iglesia, que lentamente progresa y ha de evolucionar hasta llegar a un triunfo universal del Evangelio, por el cual la Iglesia de Roma tendrá un dominio espiritual que abarque todas las naciones? como dicen los evolucionistas.
¿O hemos de aceptar que la Iglesia cumple su misión predicando el Evangelio en testimonio a las naciones, entre las cuales se desarrolla un misterio de creciente iniquidad, que ha de llegar a su colmo con la apostasía general y organizada (cuando aparezca el Anticristo), y entonces, y solo entonces, por una intervención directa y personal de Cristo, que viene en ayuda de sus fieles y en perdición de los impíos, se realizará el gran triunfo de la Iglesia en un Reino Mesiánico que abarque el mundo entero? como dicen los intervencionistas.
Nadie puede negar que éste es el punto central de la discusión y que los campos se dividen, pues, en:
Unos, que afirman que el Reino Mesiánico está establecido y evoluciona ahora en un desarrollo siempre progresivo de la Iglesia, que lentamente llegará a un dominio espiritual en todas las naciones.
Otros, sostienen que sobre la base de las profecías no se puede ni aún imaginar el Reino Mesiánico en ellas anunciado: 1º) Mientras quede en pie el misterio de iniquidad que obra en el mundo desde el principio, y que ha de llegar a su colmo en el Reinado del Anticristo; 2º) Mientras los judíos vaguen dispersos por el mundo, obcecados en la incredulidad.
Hasta que no aparezca el Anticristo con su reinado de impiedad y apostasía, “a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca y destruirá con el resplandor de su Presencia (11 Tes.2,8; Apoc.19,19-21); hasta que no salga "el Libertador de Sión, para desterrar la impiedad de la casa de Jacob, y congregar y restaurar a las doce tribus de Israel y Judá en la heredad prometida a Abrahán, no vendrá el triunfo de la Iglesia en la realidad de un Reino Mesiánico, universal en extensión y esplendoroso en perfección .
Artículo 4º: Se descarta una opinión supra milenarista
Hay una cuarta opinión: la de aquellos que dicen que el triunfo de Cristo y de su Iglesia ha de venir después del Juicio Final, cuando la Jerusalén celestial baje en la creación nueva. Esta opinión no la hemos mencionado por la simple razón que no tiene la más mínima autoridad. Anuncian el Reino Mesiánico para un tiempo en que no habrá viadores ni naciones. Se presentan como antimilenarístas, porque no solamente niegan -como los milenaristas- que el triunfo de Cristo y de su Iglesia hubiera de realizarse en la presente edad, sino también lo niegan para la edad futura, afirmando que en este mundo no habrá triunfo, sino que vendrá después de acabado el mundo y realizado el Juicio.
Esta opinión parece más el producto de la confusión que reina en la interpretación de las profecías, y bien podría servir para probar la urgente necesidad de aclarar esta confusión. A veces se oye citar a San Jerónimo, para sostener esta opinión a pesar de que él afirma exactamente lo contrario; por ejemplo: Comentando el capítulo 60 de Isaías, que empieza así: "Surge y recibe la luz, oh Jerusalén, porque ha venido tu lumbrera, etc.” dice: "Nosotros creemos según el primer sentido, que todas estas profecías han sido dichas de la Iglesia. Nosotros colocamos todas estas cosas entre la primera venida del Salvador y la consumación del mundo y creemos que en parte se han cumplido y totalmente se cumplirán" (M. L. 24,588). Con todo nadie niega que el Reino de Cristo haya de perpetuarse por todos los siglos después del Juicio, pero este aspecto del Reino Mesiánico no está en la discusión.
