EDUCACIÓN DEL CARÁCTER
También es necesario educar el carácter. Sólo tienen carácter los que en empeñada lucha consigo mismo han merecido tenerlo.
Un hombre sin carácter es un hombre sin influencia e influenciable, que se deja arrastrar por sus pasiones y las de los otros: nunca tiene opinión firme, le falta valor en los momentos decisivos, se deja llevar por la corriente, la moda y los slogans.
El hombre de carácter es una fuerza que arrastra tras de sí, que se coloca encima de los cambios, capaz de alcanzar con valor y perseverancia los fines que se ha propuesto.
El carácter es la resultante habitual de las múltiples tendencias que se disputan la vida del hombre; es como la síntesis de nuestros hábitos; la manera de ser habitual de un hombre, que le distingue de todos los demás y la da una personalidad moral propia.
Formar el carácter de un joven, es formar sus facultades de tal suerte que sea capaz de tender y de alcanzar un ideal elevado y digno, sin dejarse conmover o detener por los obstáculos y dificultades.
Tres factores principales intervienen en su origen y formación: el nacimiento, el ambiente exterior y la propia voluntad.
Los factores de la herencia tienen mucha importancia en la constitución del carácter; sin embargo, una sabia formación puede llegar a modificar profundamente las tendencias innatas y mantenerlas controladas por la razón y la voluntad.
Los agentes exteriores, tanto físicos (clima, alimentación) como morales (familia, educación, amistades, medios de comunicación) tienen una gran influencia sobre el carácter. Cada uno es tributario del ambiente que le rodea y es hijo de su época: dime con quién andas y te diré quién eres…
Con todo, una voluntad enérgica y tenaz puede contrarrestar el peso de la herencia y del ambiente.
Desde el punto de vista psicológico, el mejor carácter es el que posee las facultades en proporciones equilibradas:
* la inteligencia es clara, penetrante, ágil, capaz de tanta amplitud como profundidad;
* la voluntad es firme, tenaz, perseverante;
* la sensibilidad es fina, delicada, serena, perfectamente controlada por la razón y la voluntad.
Considerado moralmente, las características de un gran carácter son:
* rectitud de consciencia, que hace de quien la posee un hombre sincero y leal, cumplidor de su deber, honrado, que no conoce la esclavitud del respeto humano ni la mentira e hipocresía;
* fuerza de voluntad, por la que se llega al perfecto dominio de sí mismo, libre de la malas influencias exteriores;
* bondad de corazón, para no caer en arisca intransigencia ni en fría terquedad. La afabilidad hace al hombre sencillo, compasivo, misericordioso, suave, delicado, paciente, benigno;
* la perfecta compostura en los modales, que pone el último complemento a un gran carácter.
Perfectamente equilibradas la inteligencia, la voluntad y la sensibilidad, es necesario que los modales exteriores estén a tono con la belleza interior. Ademanes, palabras, tono de voz, posturas, actitudes, etc., deben convenir al decoro de la persona y deben acomodarse a sus circunstancias, estado y situación.
Los buenos modales son como el ropaje moral del hombre y se relacionan con el carácter de tres modos: lo manifiestan, influyen sobre él y aumentan o disminuyen su poder social.
Tales son las notas distintivas de un carácter noble. La rectitud de consciencia constituye su honradez, la fuerza de voluntad le da su verdadero valor, la bondad de corazón le proporciona encanto, las buenas maneras realzan su dignidad.
Es difícil reunir todas estas excelentes cualidades, pero no es imposible, y una buena educación precoz, unida a la acción de la gracia y de los sacramentos, es capaz de formar un carácter grande y bueno.
