UN VERDADERO ESCÁNDALO:
DECLARACIONES DE MONSEÑOR CARRASCO DE PAULA
Nada ha quedado librado del contagio. Nada.
Para muestras este reportaje sobre la posición actual del Vaticano acerca del preservativo, aborto, anticoncepción y fecundación in vitro, entre otros temas.
Sirva para ir tomando conciencia de la lejanía en temas morales de la actual cúpula modernista con respecto a la tradición católica.
En los días 27 y 28 de octubre, en los ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL P. JUAN CARLOS CERIANI, se hablará de estos temas.
De paso por Montevideo para asistir al congreso de la Asociación Médica Mundial como representante de la Asociación Médica del Vaticano, Monseñor Carrasco de Paula habló con El País de los temas bioéticos que más ocupan a la Iglesia: infertilidad, síndrome post aborto y células madre de cordón umbilical.
Lo hizo en su calidad de presidente de la Academia Pontificia para la Vida −puesto designado directamente por el Papa−, organismo que se encarga de estudiar, informar y formar sobre los principales problemas de Biomedicina y de Derecho.
Ignacio Carrasco de Paula nació en Barcelona el 25 de octubre de 1937 y fue ordenado sacerdote el 8 de agosto de 1966 en Roma. Forma parte de la Prelatura del Opus Dei.
Es graduado en Medicina y Cirugía, Psiquiatría y Filosofía. Entre 1984 y 1994 integró el Comité de Ética para los Ensayos Clínicos en el Hospital del Niño Jesús de Roma y fue rector de la Pontificia Universidad de Santa Cruz. Entre 2002 y 2009 se desempeñó como profesor de Bioética en la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma, donde también dirigió el Instituto de Bioética.
En junio de 2010 fue nombrado por el papa Benedicto XVI presidente de la Pontificia Academia para la Vida y en septiembre del año pasado fue designado obispo.
DÉBORAH FRIEDMANN: -¿Qué temas referidos a bioética preocupan, y por lo tanto ocupan hoy a la Iglesia?
MONSEÑOR CARRASCO DE PAULA: -La tarea de la Academia Pontificia para la Vida es estudiar e informar. Ahora estamos estudiando, por ejemplo, la infertilidad. Actualmente la gente solamente oye hablar sobre procreación médicamente asistida y desconoce que en estos últimos 15 años ha habido un gran progreso en el tratamiento de la infertilidad sin recurrir a estos procedimientos, que tienen muchos inconvenientes no sólo desde el punto de vista ético.
D. F. -¿A qué tipos de tratamientos se refiere en concreto?
M. C. -Hay tres líneas que se están desarrollando mucho: en el terreno quirúrgico, se dispone de una capacidad de intervención a nivel microscópico que antes no existía y que permite, por ejemplo, poder resolver problemas que son bastante frecuentes como la obstrucción de las trompas. Ha habido una gran mejora en el tratamiento endócrino y también en los procesos infecciosos, que son una causa importante de la infertilidad.
D. F. -Uno de los cuestionamientos centrales de la Iglesia a los tratamientos de fertilización in vitro es el excedente de embriones. Si una pareja intenta los demás caminos y falla, ¿es considerado aceptable que opte por el in vitro e implantar todos los embriones?
M. C. -No, es muy desaconsejable hacerlo. La razón principal es que es éticamente inaceptable que la fecundación sea realizada extracorpóreamente, no en el seno de la mujer sino en el laboratorio, porque expone al ser humano a la manipulación.
D. F. -¿Este estudio que ustedes llevan adelante del tema implica que la Iglesia brinde nuevas pautas concretas a los católicos que se enfrentan a problemas de fertilidad?
M. C. -Esta es la idea, sí. Dar pautas concretas a quienes desean concebir y no lo consiguen. Se ha formado un equipo de 13 o 14 especialistas de primer nivel, de diversos países. Ahora cada uno está ocupándose de un tratamiento y en febrero haremos una presentación de estos trabajos. Además, estamos en tratativas con la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia para que esto sea publicado en su revista internacional.
D. F. -En los últimos años se ha reinterpretado la Encíclica Humanae Vitae y se modificó su traducción del latín: tener hijos pasó de ser una «obligación» para un católico a ser una «misión». ¿Qué cambia eso para el cristiano de a pie?
M. C. -Cambia mucho. Un deber es una cosa que uno tiene que hacer y una misión, en cambio, es algo que siento que tengo que hacer, pero lo tengo que hacer también con la cabeza. El tema central de la Humanae Vitae es la maternidad y paternidad responsable. Para que haya responsabilidad es necesario que lo que se hace responda a un raciocinio que es libre y que uno asume.
D. F. -¿En esa concepción es válido entonces para la Iglesia que un matrimonio posponga la decisión de ser padres?
M. C. -Por supuesto, y además que es responsabilidad suya. No se lo puede imponer nadie. La cuestión de los hijos no es una obligación mecánica.
D. F. -¿Lo mismo piensa en el caso de que decidan no tener hijos?
M. C.
-Puede ser también, no se excluye. Aquí podemos confundirnos con otro tipo de problemática del Derecho Canónico: una persona casada con la intención de excluir del modo más absoluto el tener hijos, no sería propiamente un matrimonio. Pero es muy diverso de eso a decir que en estos momentos o por mucho tiempo o lo que sea no nos conviene asumir. Esto es una cosa que puede ocurrir, que no es lo más normal, pero está ocurriendo.
D. F. -¿Hay algún caso en que la Iglesia acepte el uso del preservativo?
M. C. -Vamos a ver, claro que lo hay, lo que pasa es que es muy difícil decirlo. Hay cosas que no se pueden decir porque necesitarían tanta explicación…
D. F. -¿Pero no es mejor intentar explicarlo y que la gente lo sepa y pueda comprenderlo?
M. C. -El problema del preservativo, es un contraceptivo, entonces la Iglesia cuando habla de la contracepción no se está refiriendo a la relaciones sexuales sin más, sino sola y exclusivamente a las relaciones sexuales entre marido y mujer, en el contexto del matrimonio. Lo que pasa fuera de eso no es contracepción. Prefiero no profundizar más en esto.
D. F. -¿Cuál es la posición de la Iglesia cuando una mujer es víctima de una violación y quiere evitar la concepción?
-Esa mujer tiene todo el derecho del mundo a hacer lo posible para evitar que una vez violada le produzca un embarazo.
D. F. -¿En la práctica usted que le aconsejaría?
M. C. -Ahí viene la pregunta técnica: ¿hay algún modo de evitarlo? Es un tema delicado. Hay una ventana de cinco días máxima entre la violación y cuando se puede producir la concepción. Si no se ha producido en cinco días ya es seguro que no va a producirse, ya se puede despreocupar. Por lo tanto, hay posibilidades de intervención, por ejemplo con lavados o cuestiones de ese estilo.
D. F. -Pero esos no son métodos muy efectivos…
M. C. -No lo son. Si dispusiéramos de un fármaco que impidiera la ovulación, sería perfectamente lícito utilizarlo.
D. F. -Eso es lo que para muchos es la píldora del día después.
M. C. -No, tiene un inconveniente: puede evitar la ovulación pero si la concepción se ha producido, provoca la eliminación.
D. F. -Entonces, ¿aún no hay un método que considere válido y sea efectivo?
M. C. –Exactamente, pero el día que haya uno que tenga simplemente el efecto de impedir la ovulación, se podrá usar.
D. F. -Actualmente la Academia también estudia los bancos de cordón umbilical. ¿Tienen ya una postura al respecto?
M. C. -Nos hemos interesado por este tema porque hay propaganda engañosa y nos parece importante dar una información correcta.
D. F. -¿A qué se refiere exactamente?
M. C. -La conservación hoy por hoy -quizás en el futuro se arregle- de un cordón para poder utilizarlo para el niño en 30 años es científicamente algo que no tiene el menor interés, porque no va a servir para nada, porque no es suficiente, por muchos motivos. Pero conservar ese cordón umbilical junto con otros millones de cordones umbilicales, ofrecerlo al Estado, eso en cambio tiene mucho interés. Contribuyo con mi cordón umbilical que a mí no me va a servir pero lo pongo a disposición de un banco en el que llegaremos a tener millones.
D. F. -Hay científicos que señalan que guardar esas células de forma individual también tiene potencial en el futuro.
M. C. -Sí… las células madre tienen un futuro enorme, pero las células de cordón son muy pocas, no hay un número suficiente para trabajar con ellas. De manera que hay que reunir muchas para que eso pueda funcionar.
D. F. -¿Hay algún otro tema del que la Academia esté ocupándose especialmente en este momento?
M. C. -Sí, estamos con el trauma post aborto.
D. F. -¿Están haciendo estudios científicos sobre esto?
M. C. -Sí, y lo que hemos visto es que no es correcto hablar de un síndrome post aborto, porque eso configura una patología donde se dan un conjunto de síntomas. Eso no existe. Existen diversas consecuencias. Hay mujeres que abortan y no tienen traumas de ningún tipo. Son cosas que no son matemáticas. Pero hay personas que necesitan una ayuda y especialmente esto se da cuando se trata de mujeres que, por ejemplo, han acudido a técnicas de reproducción asistida porque desean tener un niño a toda costa y después en el embarazo hay algo que no va y les proponen interrumpirlo.
D. F. -¿Cuál es el interés de la Iglesia en estudiar el síndrome post aborto, una práctica que desaprueba de forma tan contundente?
M. C. –La Iglesia tiene conciencia de que su misión no es decir esto está mal y no se puede hacer. Su misión es también ayudar a la gente, incluso a la gente que hace una cosa mala, para que salga de ahí. Para la Iglesia lo más importante es la persona, en este caso la persona que ha abortado. A esa persona no se la puede dejar sola.

