«MONS. FELLAY ESTÁ ACTUANDO DE LA MISMA MANERA QUE MONS. LEFEBVRE»: SIGUE EL ADOCTRINAMIENTO PARA INCAUTOS

Conferencia del P. Rostand, superior de la FSSPX en el distrito Estados Unidos

El sitio oficial del Distrito de Estados Unidos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X presenta la siguiente nota informativa

(Cfr. http://sspx.org/district_news/update_on_sspx_rome_fr_rostand_conference_9-30-2011.htm )

El superior de distrito de Estados Unidos, P. Arnaud Rostand, ofreció una conferencia corta en la iglesia de San Vicente de Paul, en la ciudad de Kansas, Missouri, el 26 de septiembre.

Él refiere brevemente la historia de la Fraternidad de San Pío X, el ejemplo y los principios del Arzobispo Marcel Lefebvre y a la Fraternidad que continúa luchando para defender la Tradición Católica. El P. Rostand también habla de la actitud sobrenatural que deberíamos tener en lo concerniente a los eventos recientes entre la FSSPX y Roma.

La nota es complementada con un video de aproximadamente 45 minutos en que puede escucharse la conferencia citada, en tanto que se van mostrando algunas imágenes. Antes de presentar una transcripción de esta conferencia, es importante advertir lo siguiente:

  1. Por razones de brevedad, se omiten algunas partes resumiendo las ideas expresadas por el P. Rostand. Esto se indica escribiéndolas con el tipo de carácter de estas aclaraciones.
  2. Dado que el superior del distrito de Estados Unidos dictó esta conferencia —es decir, no la leyó—, y que además la dictó en un idioma que no es el propio, hay algunos errores gramaticales (incongruencia de tiempos o de número, por ejemplo) y estructurales al formar oraciones o cláusulas. Por esta razón se ha modificado ligeramente la traducción intentado corregir tales errores, pero buscando siempre la fidelidad a las ideas expresadas por el P. Rostantd.
  3. Se remite al lector a la referencia antes proporcionada para que verifique que los textos que siguen, expresan fielmente lo dicho en la conferencia.

Contenido de la conferencia

«La primera cosa que es necesario tener en mente es que somos católicos romanos; adheridos a Roma, al obispo de Roma, al Romano Pontífice. Y ese es un principio que siempre hemos mantenido y que mantendremos siempre y no hay manera, en ningún tiempo, de que nosotros rompamos con Roma, con la Roma eterna.

Tenemos muchos pensamientos del Arzobispo [Lefebvre] sobre ese tema y este es uno de esos puntos, de los principios que siempre seguiremos. Sólo por ponerlo aquí: «¿Qué debemos hacer en relación a las autoridades en su posición?  ¿Atrincherarnos en nuestra resistencia como en una torre de marfil?  ¿O más bien intentar persuadir a las autoridades romanas?  Yo no he tomado el camino  de romper la comunicación con Roma

«Uno de los pensamientos. Y otro que encuentro interesante: «Quiera la Iglesia retornar a la Tradición, pero a pasos cortos, porque es difícil hacerlo de golpe.  No obstante, debe ser evidente que todo está en el proceso de regresar a la normalidad, a la Tradición y a las enseñanzas de siempre

«Entonces, dos citas —entre muchas— recordándonos que nunca hemos tomado el camino de romper con Roma de ninguna manera y así continuamos.

«Es verdad que necesitamos hacer una distinción por muchos años, una distinción que necesitamos continuar haciendo que es la distinción entre la Roma eterna y las tendencias neo-modernistas en Roma. Aquí también dos citas de la famosa declaración de 1974.

«Es interesante recordar que en 1974 el arzobispo Lefebvre era un obispo de la Iglesia Católica —yo diría que en buenos términos [con la jerarquía]— con un perfecto reconocimiento canónico: la Fraternidad ya existía lo mismo que su Seminario, etc. Y el Arzobispo Lefebvre fue —yo diría— suficientemente fuerte para hacer esta declaración: «Nos adherimos con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma a la Roma Católica, guardiana de la fe Católica y de esas tradiciones necesarias para preservar esta fe; a la Roma eterna, señora de sabiduría y de verdad. Rechazamos por otra parte y siempre hemos rechazado, seguir la Roma de tendencias neo-modernistas y neo-protestantes, las que fueron claramente manifestadas durante el segundo concilio Vaticano y después del concilio en todas las reformas resultantes

«Expresiones claras que son absolutamente verdaderas hoy. Debemos hacer una distinción entre la Roma eterna y esas tendencias neo-modernistas en Roma que rechazamos.

«La conclusión práctica de esos principios de adhesión a Roma es que nosotros siempre rechazamos la tentación del sedevacantismo como una falta de prudencia en un juicio de la situación y también —más profundamente— un espíritu cismático y también como una situación sin salida. Esa es la postura del Arzobispo [Lefebvre]: «el razonamiento de aquellos que niegan que tenemos un Papa pone a la Iglesia en una situación muy difícil. Detectamos un espíritu cismático detrás de esos razonamientos y nuestra Fraternidad rechaza absolutamente seguirlos«.

«Entonces, [tenemos] claras expresiones y estas continúan en muchas ocasiones [en que] Mons. Lefebvre rechaza lo que es una tentación de romper y alejarse del Papa.

«El segundo principio para estar adheridos a Roma, el segundo principio es que la razón de nuestra posición hoy y durante las pasadas décadas es la defensa de la fe Católica. [Siguen unos balbuceos o palabras inconexas cuando el conferencista titubea al estructurar una idea] .

«Otra cita del Arzobispo: «Ciertamente la cuestión de la liturgia y de los sacramentos es importante, pero no es lo más importante. La cuestión más importante es la cuestión de la Fe«.

«Si, obviamente. Esa es la razón de nuestra resistencia católica por tantos años. Es una razón de nuestro rechazo a la nueva misa. Es porque la razón primaria no es que nos guste el modo antiguo, que nos gusten los ornamentos, las velas, la Misa en silencio. No, no es esa la razón; no es por razones externas. Es realmente porque la nueva misa trae consigo una nueva doctrina, una nueva teología y un peligro para la fe acerca de la Misa y también de muchos otros dogmas. Entonces, la adhesión a la Misa Tridentina es primero por la doctrina Católica.

«No es que la liturgia, la belleza en ella, la facilidad para rezar durante la Misa, no sean importantes, pero no es eso lo más importante.

«Lo que es realmente importante es la defensa de la Fe. Es la razón de nuestra oposición al segundo concilio Vaticano; es también por la fe, en defensa de la Fe, puesto que el concilio introdujo nuevas ideas, nuevas enseñanzas, nuevo catecismo, etc.

«Como conclusión de este principio, queremos preservar para nosotros y para la Iglesia, la auténtica fe Católica.

«Lo que podemos ver, de cualquier manera, al paso de los años es que la firmeza de mantener esos principios ha traído victorias, resultados, diría yo.

«Permaneciendo firmes en lo referente a la Misa, por ejemplo, fuimos capaces —poco a poco, paso a paso, a pasos cortos, con pasos cortos, diría el Arzobispo— fuimos capaces de traer nuevamente la Misa a la Iglesia. Con diversas autorizaciones hasta el motu propio Summorum pontificum, el cual no es perfecto, no está todavía en todas partes. Pero esos son pasos cortos y es por la firmeza en nuestra adhesión a la Misa.

«De la misma manera, es por la firmeza en nuestra adhesión a la doctrina que hemos sido capaces de traer algunas, por lo menos, discusiones acerca del Vaticano II, etcétera, y empezar a romper ese superdogma que era o sigue siendo en muchas mentes; que el segundo Concilio Vaticano [lo] es para muchos.

«En resumen, esos son los principios que siempre nos han guiado y continuan guiándonos en este tiempo de crisis.

«Ahora, dado que pienso que es importante, me gustaría ir a través de una rápida cronología o revisión histórica.

Aquí continúa el P. Rostand exponiendo una breve reseña histórica de la Fraternidad, en la que se señalan apenas unos cuantos puntos:

1970. El Arzobispo Lefebvre funda la FSSPX

1984. Surge la «misa de indulto». Antes, la Misa en latín estaba absolutamente abrogada. El indulto fue un paso.

1986. El evento sincretista de Asís. Hay una fuerte reacción de Mons. Lefebvre: anuncia por vez primera su intención de consagrar cuatro obispos.

1987. Visita canónica del Card. Gagnon.

1987. Mons. Lefebvre firma el protocolo, mismo que es rechazado por él mismo, al día siguiente.

1988. Consagraciones episcopales y excomunión. La excomunión se da por dos razones: por cisma (al consagrar sin permiso) y por la falsa noción de la Tradición.

1994. Mons. Fellay es electo Superior General de la FSSPX

1988 – 2011. Intentos múltiples por parte de Roma de obtener compromisos con diversos grupos «tradicionalistas»

2000. Peregrinación a Roma. Las autoridades romanas quedaron impresionadas por la piedad de la FSSPX. Esa impresión motiva al Card. de Hoyos a iniciar el diálogo.

2005. El Card. Ratzinger es elegido Papa: Benito XVI

2006. Mons. Fellay es reelecto como Superior General de la FSSPX

2007. El Motu proprio Summorum pontificum.

2009. Levantamiento de las excomuniones.

2009 – 2011. Discusiones doctrinales. Por vez primera, Roma acepta discusiones doctrinales con la Tradición.

2011. 14 de septiembre: reunión entre el Card. Levada y Mons. Fellay

Del boletín de prensa y la entrevista que concedió Mons. Fellay al término de la reunión, se ha sabido poco:

Las autoridades vaticanas mostraron respeto hacia la Mons. Fellay y hacia la Fraternidad

Se reconoce (por primera vez) la obediencia de la Fraternidad al Papa

Se dice que las discusiones lograron su propósito: clarificar las posiciones y las motivaciones de cada parte

Hay una interesante evolución en lo que Vaticano ha demandado a la Fraternidad. El motu proprio Summorum pontificum fue una victoria para la Tradición. Otra victoria: el concilio Vaticano II ya no es un superdogma: puede ser discutido; incluso ha sido criticado.

Es importante considerar:

Que la decisión es un acto de prudencia. Está basada en el principio de la restauración de la Fe; está basada en nuestra adhesión a Roma y en la defensa de la Fe.

Hay dos decisiones qué tomar: ¿estamos de acuerdo con el magisterio de la Iglesia? y ¿la propuesta canónica es aceptable?

La única persona que puede tomar una decisión es Mons. Fellay. Él puede pedir consejo, pero el tomará la decisión. Él ha sido puesto a la cabeza no sólo de la Fraternidad, sino de la Tradición, en cierto modo.

Ha habido toda clase de opiniones, pero ¿por qué me preocuparía una decisión que no tengo que tomar?

«Lo que es interesante de ver es que Mons. Fellay está actuando de la misma manera en que Mons. Lefebvre lo hizo cuando estuvo en una situación casi igual: ambos nunca rehusaron ir a Roma cuando se les pidió hacerlo; ellos nunca rehusaron discutir, especialmente para atestiguar en la Fe cuando esto fue posible. El Arzobispo Lefebvre nunca rechazó investigar [o considerar] un acuerdo canónico cuando le fue ofrecido —en 1987, el protocolo con la firma del arzobispo, esto significa, que él lo consideró, aun cuando él lo negó [o rechazó] al día siguiente diciendo que no era el tiempo apropiado. No fue la idea principal del acuerdo lo que él rechazó, fue el hecho de que no era el momento apropiado, él no pudo confiar en ese protocolo en ese momento. Entonces, en principio, él nunca rechazó considerar un reconocimiento canónico. Había algunas condiciones, especialmente para poder continuar el trabajo que la Fraternidad había iniciado y para ser protegidos en espacio, especialmente de los obispos locales. Ambos [obispos: Lefebvre y Fellay], en la misma clase de situación, pidieron consejo de los superiores, superiores de la Fraternidad para ver lo que otros tenían que decir, y entonces, tomar una decisión y, nuevamente, sólo una persona puede tomar la decisión. No es un mundo democrático —lo siento—, pero no es así como nuestro mundo funciona en la Iglesia.

«Así pues, en este momento no tengo idea de qué seguirá. No soy un profeta, así que no tengo visión para el futuro, pero debemos rezar, eso es lo que podemos hacer.

«Y la razón por la que les hablo —porque hay una razón—, es mayormente para hacer una llamada a la unidad: mantenerse realmente en unidad. Vamos a enfrentar un tiempo difícil cualquiera que sea la decisión. Cualquiera: si es «no», será difícil; si es «sí», será todavía más difícil. Algunos ven el acuerdo como un sueño. No, no lo será. Pienso que el combate será todavía más difícil, pero si es un paso que hay que dar, está bien: también lo daremos.

«Pero, es la unidad la que hará nuestra fuerza, en cualquier dirección que vayamos. Imaginen si hoy tuviéramos a todos aquellos que un día trabajaron con el Arzobispo en estos 40 años pasados; si todos hubieran permanecido unidos al arzobispo Lefebvre en lo que él inició. ¿Cuántos seríamos? ¿Cuán fuertes seríamos? ¿Qué tan rápido pasarían las cosas en la restauración de la Iglesia? Es obvio que sería mucho más rápido y fuerte.

«Entonces lo que no necesitamos hoy, es empezar a dividirnos con «yo creo esto«, «yo creo aquello«, «yo prefiero de esa manera«…

«Está bien, pero no es tu decisión, no es tu llamada y no puede ser. Si tienes una revelación especial de Dios, que viene a ti y te habla diciendo «este es el camino«, bueno, avísanos.

«Entonces, no nos dividamos. Y lo que podemos definitivamente hacer es rezar, es ofrecer Rosarios y sacrificios, nuestros deberes diarios, etc.

Esto es concretamente lo hoy podemos hacer. Si ustedes quieren ayudar en la reunión del 7 de octubre, recen el Rosario; pueden ofrecer sacrificios, ser más generosos.

Así termina la conferencia cuyo objetivo final fue preparar a los fieles para evitar que se dividan, que abandonen a la Fraternidad una vez que se enteren de la decisión tomada por el Superior General.

Da la impresión de que ya se conociera, o que por lo menos se presumiera, la decisión de Mons. Fellay y que esta sería «sí». Si la decisión fuera la de no aceptar las propuestas del Vaticano, entonces no habría por qué pensar que los fieles se dividiesen o se separasen de la Fraternidad. Un «no» por respuesta equivaldría a continuar en la misma situación que se vive actualmente.

Por otra parte, los pensamientos de Mons. Lefebvre que se han estado publicando en algunos sitios oficiales de la Fraternidad, así como los que cita el P. Rostand en su conferencia, hacen pensar que se está preparando a los fieles —y aun a los sacerdotes— para recibir la noticia de que Mons. Fellay acepta las propuestas vaticanas y evitar así que esta cause una herida profunda.

Pero si se citan los pensamientos de Mons. Lefebvre de los años 1970s, con mayor razón deberían citarse sus últimos pensamientos, cuando el avance del modernismo dentro de Roma fue mucho mayor.

Por ejemplo este: «Pero si vivo un poco aún y suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones. No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios. Esto se terminó.»

Mons. Lefebvre continúa: «Plantearía la cuestión a nivel doctrinal: «¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptan aún el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?»

«Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar. Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio considerando la doctrina de estos papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil.»

Y es que el P. Rostand hace hincapié en que se ha de mantener la adhesión con Roma a todo trance, aunque señala que ha de distinguirse entre la Roma eterna y la Roma anticristo —como la llamó Mons. Lefebvre en su carta del 29 de agosto de 1987 a los futuros obispos. Pero ¿cuál es esa distinción? ¿Se busca la adhesión con esa Roma que está a punto de celebrar el encuentro sincretista de Asís y que de hecho, lo va a repetir? ¿Es esa la Roma eterna o es la Roma anticristo?

Aquí vale la pena recordar las siguientes palabras de Mons. Fellay en su carta a amigos y benefactores No. 65

«Veamos un ejemplo reciente: a principios del mes de octubre tuvo lugar en Fátima una nueva reunión interreligiosa. Es Asís que se repite. […] Por todo esto nos preguntamos cómo es posible un acuerdo en estas condiciones. ¿Acaso podríamos callarnos ante tales aberraciones? Rechazamos un acuerdo puntual y afirmamos la contradicción entre lo verdadero y lo falso, así como nuestra férrea voluntad de no tener nullam partem en tal empresa, pues sencillamente no queremos dejar de ser católicos. Con horror y asco nos alejamos de esa visión de la Iglesia y de esa forma de «comunión». ¿Cómo puede pensarse que la Roma modernista ha cambiado, mostrándose favorable a la Tradición? ¡Qué ilusiones!»

¿Qué cambió en Mons. Fellay, que ahora piensa que la Roma modernista ha cambiado cuando está a punto de repetirse el encuentro de Asís?

¿Qué le ocurrió al Superior General de la FSSPX que antes se alejaba con horror y asco de esa visión de la Iglesia, que ahora corre hacia ella y está considerando llegar a un arreglo puntual con sus autoridades?

Y ahora cabe otra pregunta: ¿cómo defender la fe aliándose con aquel que la combate? Porque celebrar el sincretismo de Asís y repetirlo no es otra cosa que un combate abierto a la fe católica.

Por otra parte, el P. Rostand se equivoca rotundamente al afirmar que Mons. Fellay está a la cabeza de la Tradición. Él es el superior general de la sociedad sacerdotal tradicionalista de mayor presencia en el mundo. Pero eso no significa en modo alguno que encabece a la Tradición. Hay una importante cantidad de sacerdotes «tradicionalistas» independientes así como otras sociedades tradicionalistas, como por ejemplo la Fraternidad de San Pío V (quinto). Mons. Fellay no los representa a ellos.

Cuando se lee la carta de Mons. Lefebvre de 1987 que dirigiera a los entonces futuros obispos, o la carta abierta de los superiores de julio de 1988, uno se pregunta: ¿Cómo puede decir el P. Rostand que Mons. Fellay actúa como lo hiciera Mons. Lefebvre? Mons. Fellay no actúa siquiera como el mismo lo hacía en vida de Mons. Lefebvre.

Ahora bien, presentar el motu proprio Summorum pontificum como un paso de la Roma anticristo en dirección a su regreso a la fe católica es un gravísimo error. Ese documento, además de colocar a la Santa Misa de siempre en un lugar secundario (modo extraordinario) la compara con la misa bastarda de Paulo VI. ¿Es así como se avanza en la dirección correcta?

Dejando a un lado esta ofensa a la Misa de siempre, ¿de qué serviría que fuese rezada en todas las iglesias por sacerdotes no ordenados válidamente? Puesto que la Fraternidad ha reordenado a algunos sacerdotes que desean unirse a la Fraternidad, entonces es lógico pensar que las ordenaciones sacerdotales con el rito moderno no son válidas. Si es así, no importa cuál rito sigan: no celebran Misa.

Otra cosa: se dice en la conferencia que Mons. Lefebvre rechazó el protocolo de acuerdo que había firmado apenas un día antes, y que la razón de este rechazo no fue el contenido del protocolo, sino que no era el tiempo adecuado. En la biografía de Mons. Lefebvre, escrita por Mons. Tissier, se dice algo muy distinto:

El 5 de mayo al mediodía, Mons. Lefebvre aun no se decidía a firmar aunque los padres que le acompañaban —entre ellos los Pp. Tissier de Mallerais y Schmidberger— le instaban a hacerlo. Firma pues el protocolo y al poco tiempo, luego de un diálogo con el Card. Ratzinger, se da cuenta de que por «parte de la Santa Sede hay una voluntad de someternos a su querer y a sus orientaiones. Es inútil continuar. Estamos totalmente opuestos el uno al otro». Fue la desconfianza hacia las autoridades vaticanas la razón del rechazo; desconfianza que no debió desaparecer, sino por el contrario, debió incrementarse por todos los sucesos posteriores: repetición de actos sincretistas, rechazo al Reinado Social de Cristo, búsqueda de un gobierno mundial, «beatificación» de Juan Pablo II, el motu proprio Summorum pontificum, el levantamiento de las excomuniones, etcétera.

También es falso que Mons. Lefebvre nunca haya rechazado ir a Roma cuando se le llamó: ya se sabe que poco antes de las consagraciones episcopales de 1988, se envió un coche para transportar al fundador de la FSSPX a Roma. Él declinó la invitación y continuó con el plan de las consagraciones.

Dice bien al P. Rostand cuando pide oraciones y penitencia. Debemos rezar mucho y ofrecer más sacrificios para que la Fraternidad no caiga en la trampa que sus mismas autoridades le han tendido.

¡Que Dios se apiade de nosotros!

Jaime A. Flores

En la fiesta de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, 2011