JUDIOS SALVEN EL CV II

Fratres In Unum – La Liga Contra la Difamación -Anti-Defamation League- (fundada por la B’nai B’rith -organización judeo-masónica-), es oficialmente una organización no gubernamental con sede en los Estados Unidos, cuyo principal objetivo es combatir el antisemitismo. La misma decidió volver a hablar sobre los asuntos internos de la Iglesia Católica.

Presiones judías

Después de inmiscuirse en temas de la Iglesia con ocasión de la promulgación del Motu Proprio Summorum Pontificum y polemizar acerca de la nueva oración por los judíos en la liturgia católica del Viernes Santo, ahora ésta defiende la integridad del Concilio Vaticano II contra los “objetivos” de los tradicionalistas -aparentemente aceptados, al menos en parte, por la Santa Sede- dirigidos a la relativización del contenido de sus documentos.

Luego del encuentro del 14 de septiembre entre el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y el Superior General de la Fraternidad San Pío X, monseñor Bernard Fellay, la Liga Anti-Difamación publicó un artículo en su sitio web en el que:

"Alienta al Vaticano a asegurarse de que la secta católica que enseña el anti-judaísmo estará obligada a aceptar las enseñanzas oficiales positivas de la Iglesia  sobre judíos y el judaísmo, antes de ser plenamente aceptada de nuevo en la Iglesia Católica Romana".

Dijo Abraham H. Foxman, director de la Liga Anti-Difamación:

“Estamos seguros de que el Papa Benedicto XVI seguirá exigiendo a la Sociedad de San Pío X, que sustenta opiniones antisemitas y antijudías, a aceptar las enseñanzas positivas de la Iglesia acerca de los judíos y el judaísmo desde el Concilio Vaticano II en 1965, antes de aceptarla de nuevo en la Iglesia Católica Romana”.

Por su parte, el rabino David Rosen, presidente del Comité Judío Americano para Asuntos Interreligiosos y antiguo exponente del diálogo católico-judío, dijo que estaba preocupado por el gesto de bienvenida dado por el Vaticano y espera aclaraciones:

"Si “Nostra Aetate” y la “Lumen Gentium” no se consideran doctrinas fundamentales de la Iglesia y fuera posible desafiarlas sin cuestionar la autoridad de la Iglesia, entonces nos (y no sólo en las relaciones entre católicos y judíos) estamos yendo por un camino muy difícil”.

Diversos grupos judíos tuvieron un papel importantísimo en la redacción de la declaración Nostra Aetate. Clérigos influyentes, bajo la protección especial del cardenal Agustín Bea, SJ, entonces responsable de la unidad de los cristianos y el diálogo con los judíos, aprovechándose de sus posiciones, obtenían información desde dentro del Concilio y la divulgaban a la prensa secular y a los grupos de presión judía, los que a su vez la utilizaban para influenciar y presionar a los padres conciliares -en especial a los progresistas, interesados ​​en el diálogo interreligioso-. Se formaron comités, e incluso la misma Anti-Defamation League fue consultada.

La influencia judía se extendió a las reuniones  de líderes con Juan XXIII, para quienes las principales fuentes de discriminación contra los judíos estaban en las enseñanzas de la Iglesia Católica. También se celebraron reuniones "discretas" entre el Cardenal Bea y las organizaciones judías en Nueva York, llegándose a la desfachatez de desarrollar una oración -falsamente atribuida a Juan XXIII-, que fue un mea culpa por los errores del pasado de la Iglesia contra los judíos.

Finalmente, mas allá de esta puntual intromisión, la preocupación de los judíos con la integridad del Concilio Vaticano II no puede ser considerada como sorprendente por aquellos que conocen las historias oscuras de los pasillos conciliares.

fuente : SANTA IGLESIA MILITANTE