ACERCA DEL PADRE COUTURE Y LA NEOFSSPX: SOMBRAS CHINESCAS

SOMBRAS CHINESCAS…


Hoy, jueves 1º de septiembre, hemos publicado un artículo que lleva por título «CAMBIA, TODO CAMBIA…», y que trata de los contactos entre la Fraternidad San Pío X y las diócesis.

https://radiocristiandad.wordpress.com/2011/09/01/cambia-todo-cambia-2/

En efecto, el Padre Daniel Couture, Superior del Distrito de Asia Sociedad de San Pío X, indica que, además de los contactos oficiales entre las instancias de la FSSPX y Roma, hay contactos entre su distrito y de la Iglesia local.

Al terminar sus declaraciones, encontramos esta sorprendente frase:

«Estamos enseñando a los sacerdotes para decir misa en chino tradicional»

Tanto ha sorprendido esta cuestión del chino tradicional, que muchos lectores nos han preguntado si realmente es así, o si se trata de una broma de mal gusto…

Radio Cristiandad ha investigado el asunto y llegó hasta la Entrevista realizada al Padre Daniel Couture, el 17 de junio de 2011, realizada por el Distrito de Estados Unidos de la FSSPX.

Comprobamos que la traducción de google del artículo de Salon Beige ha realizado una mala jugada…

http://lesalonbeige.blogs.com/my_weblog/2011/08/les-contacts-entre-la-fsspx-et-les-dioc%C3%A8ses-se-multiplient.html

La frase en cuestión es como sigue:

«Incluso se ha enseñado a los sacerdotes a decir la misa tradicional en chino

No faltarán los que piensen que tampoco esto es cierto… Y tienen razón… ¡El problema es más grave!…

Por lo tanto, publicamos ahora el texto con su contexto, párrafo por párrafo, en francés tal como se lo encuentra en el sitio oficial de la FSSPX, La Porte Latine, seguido con la traducción de Radio Cristiandad.

Fuente:

http://www.laportelatine.org/archives/entret/2011/couture_winona110617/couture10617.php


« Dans un autre diocèse – c’était l’année dernière, pendant l’année du sacerdoce que le Pape avait dédiée au sacerdoce – donc c’est à la fin de l’année 2010, un évêque a accepté qu’un de nos prêtres fasse une conférence à 45 prêtres diocésains sur le sacerdoce. Il y aura certainement des suites de cette conférence puisqu’ils ont beaucoup apprécié. Cet archevêque voit bien que la Fraternité à quelque chose à offrir d’une part et que d’autre part, du côté de ses prêtres, il y a un manque, il y a une… une absence de vie spirituelle. Cet archevêque  me disait récemment: «Parlez à mes prêtres du bréviaire, parlez-leur de l’importance du bréviaire, de l’importance de l’heure sainte.» Il y a un manque terrible de prière. Un prêtre âgé du diocèse me disait «les prêtres dans notre diocèse ne disent pas le bréviaire, ni le chapelet, ni font de méditation. Imaginez un sacerdoce sans ces bases de la vie spirituelle. Qu’est-ce qui reste ? Qu’est-ce qui reste ? On n’est pas surpris qu’il y ait des chutes s’il n’y a pas une vie spirituelle derrière.» »

En otra diócesis – el año pasado, durante el año del sacerdocio que el Papa había dedicado al sacerdocio – es decir a fines de 2010, un obispo aceptó que uno de nuestros sacerdotes realizara una conferencia a 45 sacerdotes diocesanos sobre el sacerdocio. Sin duda habrá consecuencias de esta conferencia, ya que la han apreciado mucho. Este arzobispo ve claro que la Fraternidad tiene algo que ofrecer, por un lado, y, por otro lado, del lado de sus sacerdotes, que hay una falta, hay una ausencia de vida espiritual. El arzobispo me dijo recientemente: «Hable a mis sacerdotes del breviario, hable con ellos acerca de la importancia del breviario, la importancia de la hora santa.» Hay una terrible falta de oración. Un anciano sacerdote de la diócesis me dijo que «los sacerdotes de nuestra diócesis no rezan el breviario, ni el Rosario, no hacen meditación. Imagine un sacerdocio sin los fundamentos de la vida espiritual. ¿Qué queda? ¿Qué nos queda? No nos sorprende encontrar las caídas si no hay detrás de la vida espiritual».

« Et donc ce qui était très intéressant c’est que cet archevêque se tourne vers nous : «Apprenez à mes prêtres à dire le bréviaire!» ou » Parlez-leur de l’importance du bréviaire!» Et, et c’est là qu’on voit aussi que nous avons cette joie de faire partie de la Fraternité Saint Pie X. C’est vraiment l’intuition de Monseigneur Lefebvre de travailler pour l’Église. Nous sommes au service de l’Église et donc au service ici et là – cela commence maintenant et certainement que ça va se développer – d’évêques qui ne savent pas où se tourner pour aider leurs prêtres. Ils voient qu’il y a un problème et ils n’ont pas la solution. Et on voit que la Fraternité finalement a gardé quelque chose, un trésor dont ils ont besoin. »

Y así, lo interesante es que este arzobispo se dirige a nosotros: «Enseñad a mis sacerdotes a decir el breviario» o «Hábleles acerca de la importancia del breviario»
Y, aquí también vemos que tenemos la alegría de ser parte de la Fraternidad San Pío X. Es realmente la intuición de Mons. Lefebvre de trabajar para la Iglesia. Nosotros servimos a la Iglesia, y por lo tanto el servicio aquí y allá – que comienza ahora y es seguro que se va a desarrollar – de los obispos que no saben a dónde acudir para ayudar a sus sacerdotes. Ellos ven que hay un problema y no tienen solución. Y vemos que la Fraternidad finalmente ha mantenido algo, un tesoro que necesitan.

« Le problème avec la messe traditionnelle, c’est qu’il y a plusieurs prêtres qui sont intéressés mais ne connaissent pas le latin, n’ont pas les livres, les rubriques etc. Et il y a une grande faiblesse. Je connais un évêque au Vietnam, qui m’a dit, j’ai même la lettre écrite, «tous les prêtres qui veulent dire la messe traditionnelle dans mon diocèse peuvent le faire«… Bon de la part de l’évêque il n’y a donc aucune objection! Cependant ils n’ont pas les moyens! Ils manquent de ressources pour se mettre à la messe traditionnelle… ils ont une certaine peur aussi… au Vietnam  j’ai entendu une fois un prêtre me dire : «mais on n’a pas le latin, donc sans le latin on ne peut pas se mettre à la messe traditionnelle!» Donc l’absence du latin c’est un mur, un mur à sauter. »

El problema con la misa tradicional es que hay muchos sacerdotes que están interesados, pero no saben latín, no tienen libros, las rúbricas, etc. Y hay una gran debilidad. Conozco a un obispo en Vietnam, quien me dijo que, incluso poseo la carta, «todos los sacerdotes que deseen decir la Misa tradicional en mi diócesis pueden hacerlo»… Esto está muy bien de parte del obispo; ¡no hay ninguna objeción! Pero no tienen los medios. Carecen de los recursos para rezar la misa tradicional… tienen también un cierto miedo… en Vietnam una vez escuché a un sacerdote que me dijo, «pero no tenemos el latín; por lo tanto, ¡sin el latín no se puede seguir la misa tradicional!» Así que la falta de latín es un muro, una pared que hay que saltar.

« On a même enseigné à des prêtres à dire la messe traditionnelle en chinois. Des prêtres chinois qui ne connaissaient pas le latin et on s’appuyait sur ce que Monseigneur Lefebvre avait dit : » On ne se bat pas premièrement pour le latin, on se bat pour la foi!» Donc on explique à des prêtres qu’il vaut mieux dire la messe traditionnelle en langue vernaculaire que la nouvelle messe en latin! Ce n’est pas une question d’abord de langue c’est une question de foi. Et on a eu quelques répétitions de messe avec certains prêtres comme ça. Donc il y a un désir, mais il y a des obstacles à surmonter qui seront graves, qui seront difficiles. Mais avec de la bonne volonté, on peut y arriver. »

Incluso se ha enseñado a los sacerdotes a decir la misa tradicional en chino. Sacerdotes chinos que no sabían latín y nos hemos basado en lo que Monseñor Lefebvre dijo: «No luchamos primeramente por el latín, ¡luchamos por la fe!» Por lo tanto, explicamos a los sacerdotes que ¡es mejor decir la Misa tradicional en la lengua vernácula que la nueva misa en latín! No es ante todo una cuestión de lengua, es una cuestión de fe. Y hemos tenido algunas repeticiones de la misa con algunos sacerdotes de esa manera. Así es que hay un deseo, pero hay obstáculos serios, que será muy difícil sobrepasar. Pero con buena voluntad, se puede hacer.

Dijimos más arriba que el problema es más grave

Se enseña a los sacerdotes a decir la Santa Misa de Rito Romano en chino, y para eso se fundamentan en un texto de Monseñor Lefebvre, ¡sacado completamente de contexto!

Estos son cuentos chinos para las sombras chinescas de la neofraternidad, que cada día son más densas.

Podemos leer de la pluma de Monseñor Lefebvre, en la Carta Abierta a los Católicos Perplejos, capítulo V: Sois unos anticuados:

También nos reprochan que nos aferramos a las formas exteriores y secundarias, como por ejemplo, el latín. Dicen que es una lengua muerta y que nadie la entiende, como si el pueblo cristiano la hubiera entendido mejor en el siglo XVII o en el siglo XIX. ¡Qué descuido de la Iglesia —según los innovadores— al esperar tanto tiempo para suprimir el latín!

Yo creo que la Iglesia tenía sus razones. No tiene que asombrarnos que los católicos sientan la necesidad de comprender mejor esos textos admirables, de donde pueden sacar alimento espiritual, ni que deseen asociarse más íntimamente a la acción que se desarrolla en su presencia. Sin embargo, adoptando la lengua vernácula en todas las partes del Santo Sacrificio, no se satisfacen esas necesidades. La lectura en francés de la Epístola y del Evangelio es una mejora y se usa cuando conviene en Saint-Nicolas-du-Chardonnet y en los prioratos de la Fraternidad que he fundado. En cuanto a lo demás, lo que se podría ganar no tendría proporción con lo que se perdería, porque entender los textos no es el fin último de la oración, ni el único medio de poner al alma en oración, es decir, en unión con Dios. Prestar demasiada atención al sentido de los textos puede ser incluso un obstáculo para la oración. Me admira que no se entienda esto, cuando al mismo tiempo se predica una religión del corazón, menos intelectual y más espontánea. La unión con Dios se logra gracias al canto religioso y celestial, a un ambiente general de la acción litúrgica, a la piedad y al recogimiento del lugar, a su belleza arquitectónica, al fervor de la comunidad cristiana, a la nobleza y la piedad del celebrante, a la decoración simbólica, al perfume del incienso, etc. Poco importa dónde se apoye el alma, con tal que se eleve. Cualquiera que entre en alguna abadía benedictina que haya guardado el culto divino en todo su esplendor puede experimentarlo.

Esto en nada disminuye la necesidad de procurar entender mejor el rezo, las oraciones y los himnos, y la necesidad de una participación más íntima. Pero es un error creer que sólo se puede llegar a esos fines empleando la lengua vernácula y suprimiendo totalmente la lengua universal de la Iglesia —cosa que, por desgracia, ya se ha hecho en casi todas partes del mundo—. Basta ver el poco éxito de las misas, por más que se digan según el Nuevo Ordinario de la Misa y se siga cantando el Credo, el Sanctus y el Agnus Dei.

El latín es una lengua universal. Al emplearlo, la liturgia nos pone en una comunión universal, es decir, católica. En cambio, si la liturgia se localiza y se individualiza, pierde esa dimensión que marca profundamente a las almas.

Para no caer en este error, bastaba fijarse en los ritos católicos orientales, en los que los actos litúrgicos se expresan desde hace mucho tiempo en lengua vulgar. En esas comunidades se ve el aislamiento de los miembros. Cuando están dispersas fuera de su país de origen, esas comunidades necesitan sacerdotes propios para la Misa, para los sacramentos y para las demás ceremonias, y construyen iglesias especiales que, por la fuerza de las cosas, las apartan del resto del pueblo católico.

¿Se saca algún beneficio? No es nada claro que la lengua litúrgica particular haya hecho que estas comunidades sean más fervorosas y practicantes que las que benefician de la lengua universal, que quizás muchos no entienden pero que se puede traducir.

Si consideramos la situación, fuera de la Iglesia: el Islam, ¿cómo ha logrado asegurar su cohesión al difundirse en regiones tan diferentes y entre pueblos de razas tan diversas como Turquía, África del Norte, Indonesia o el África negra? Imponiendo en todas partes el árabe como lengua del Corán. En África yo veía cómo le hacían aprender de memoria los suras a niños, que no podían entender una sola palabra. Y hay algo más: el Islam prohíbe incluso la traducción de su libro sagrado. Hoy se ve con buenos ojos decir alabanzas de la religión de Mahoma a la que, según me han dicho, se han convertido miles de franceses, y pedir dinero en las iglesias para construir mezquitas en Francia. Sin embargo, de lo único que no se han inspirado es del único ejemplo que podía tenerse en cuenta: la persistencia de una lengua única para la oración y para el culto.

El hecho de que el latín sea una lengua muerta ayuda a su mantenimiento. De este modo, es el mejor medio para proteger la expresión de la fe contra las variaciones lingüísticas que naturalmente se dan a través de los siglos. Desde hace unos años el estudio de la semántica se ha extendido mucho y hasta se ha introducido en los programas de francés de las escuelas. Una de las finalidades de la semántica, ¿no es el estudio del cambio de significado de las palabras, de los cambios de sentido que se van sucediendo con el tiempo y, a veces, en períodos muy cortos? Saquemos, pues, provecho de esta ciencia para ver el peligro que supone confiar el caudal de la fe a modos de expresión que no son estables. ¿Habría sido posible conservar durante dos mil años, sin ninguna alteración, la formulación de las verdades eternas e inmutables, con lenguas que evolucionaran sin cesar y y que son distintas en cada país e incluso en cada región? Las lenguas vivas cambian y se mueven. Si se confía la liturgia a la lengua del momento, habrá que adaptarla constantemente teniendo en cuenta la semántica. No es de extrañar que haya que establecer constantemente nuevas comisiones y que los sacerdotes ya no tengan tiempo de decir la Misa.

Cuando fui a ver a Su Santidad Pablo VI en Castelgandolfo, en 1976, le dije: «Santidad: no sé si ya está al corriente de que ya hay 13 Preces eucarísticas oficiales en Francia». Y el Papa, levantando en alto los brazos me dijo: «¡Pero muchas más, Monseñor, muchas más!»

Así que tengo razón al hacerme esta pregunta: ¿habrían tantas oraciones eucarísticas si los liturgistas estuvieran obligados a redactarlas en latín? Además de esas fórmulas que ahora circulan después de haber sido impresas en tal o cual lugar, habría que hablar también de los Cánones improvisados por el sacerdote en el momento de la celebración, y de todos los elementos accesorios que el oficiante introduce desde la «preparación penitencial» hasta la «despedida de la asamblea». ¿Creen que eso sucedería si se oficiara en latín?