RESTABLECER LA VERDAD
SEGUNDA PARTE
El Superior del Distrito de América del Sur de la Fraternidad Sacerdotal San Pío, Padre Christian Bouchacourt, el domingo 14 de agosto de 2011 hizo anunciar a los feligreses de Córdoba lo siguiente:
El Padre Grosso, anteponiendo las enseñanzas del Padre Castellani por sobre los Padres de la Iglesia, ha decidido dejar la Fraternidad.
Hemos respondido ayer a la acusación contra el Padre Leonardo Castellani.
Hoy vamos a establecer las dos hipótesis en disputa, haciendo ver que la mala estrategia de la FSSPX es consecuencia de su errada opinión.
1.- Las dos hipótesis sobre los Sucesos Futuros
Mucha gente se pregunta:
— ¿Qué haremos?
El Padre Leonardo Castellani respondió:
— Vosotros esperáis de mí respuestas de profeta, y yo no soy profeta; respuestas de político, y yo no soy político; soy solamente teólogo, y aun ni tanto. Yo no puedo ver mucho en términos políticos, y sólo puedo considerar ahora en términos religiosos. Un profeta podría responder en forma absoluta; un político en forma conjetural; yo puedo solamente responder en forma condicionada.
— ¿Y cuál es tu respuesta?
— El porvenir próximo del mundo depende de un problema teológico que puede resumirse en dos hipótesis:
1ª) Sea que Jesucristo debe venir para consumar su Reino juntamente con el fin del mundo
2ª) Sea que Jesucristo debe venir para consumar su Reino antes del fin del mundo.
— ¿Cuál es la diferencia?
En el primer caso, si la Parusía, el Juicio Final, el Fin del Mundo y el Reino de Dios son cosas simultáneas, es muy probable que antes de esa liquidación total se produzca una profunda purificación de la Iglesia por el dolor.
Luego tendrá lugar la manifestación del Espíritu Santo en grandes santos varones, un gran triunfo de la Iglesia, un período de oro para la religión cristiana y la conversión de Europa, y por ella del mundo.
Sería el último período, por cierto, en el cual se acaben de cumplir las profecías, principalmente la de la conversión del pueblo judío y la del único rebaño con el único Pastor.
Ese período no podrá ser largo; quizás el tiempo de una vida humana, quizás 15 o 25 años.
Y después volverán, con la fuerza incontrastable de la catástrofe, las fuerzas demoníacas tremendas que vemos en acción en estos momentos; entonces se afianzará la gran apostasía, sonarán las últimas trompetas, derramando las últimas copas; y tendrá lugar la tribulación magna, cual no la ha habido desde el principio del mundo acá, la persecución externa e interna a la vez hasta el grado de lo insoportable, que deberá ser abreviada para que no perezca toda carne.
En la segunda hipótesis, si Cristo ha de venir antes, para vencer al Anticristo, y para reinar por un período en la tierra; es decir, si la Parusía, el Juicio Final y el Fin del Mundo no coinciden, sino que son dos sucesos separados (como creyeron la tradición apostólica y los Santos Padres más antiguos), entonces esa esperanza de un próximo triunfo temporal de la Iglesia no tiene fundamento; ni tampoco todas las profecías particulares que se apoyan en ella.
En ese caso, la actual persecución irá aumentando hasta su maximum; entonces se afianzará la gran apostasía, sonarán las últimas trompetas, derramando las últimas copas; y tendrá lugar la tribulación magna, cual no la ha habido desde el principio del mundo acá, la persecución externa e interna a la vez hasta el grado de lo insoportable, que deberá ser abreviada para que no perezca toda carne.
— Y tú, ¿qué dices?
— Yo os digo: morituri te salutant. Elijamos la peor hipótesis. Pongamos nuestra esperanza en Cristo y en su Venida, y nadie puede vencernos.
Lo que vivimos es una inmensa revolución enteramente decidida a liquidar los restos de la Antigua Cristiandad europea, frente a la cual no se ve nada capaz de impedírselo.
Es posible que esa Cristiandad europea sea el famoso katéjon de San Pablo, es decir, el Obstáculo que ataja la manifestación del Misterio de Iniquidad y que debe ser quitado de en medio antes que se manifieste el Anticristo.
Es este caso, la Iglesia vuelve a las catacumbas, desaparecen las patrias, y los pocos capaces del coraje terrible de seguir fieles a Cristo se repliegan sobre sí mismos a defender su fe y pedir su Segunda Venida.
Es decir:
1º) esta estructura externa de la Iglesia Católica, creada por la Contrarreforma y hoy casi impotente del todo y minada de internos morbos, se deshace;
2º) las patrias dejan de ser cosas sacras, convirtiéndose las naciones en organizaciones enormes de bandidaje en gran escala, es decir, en las fieras que vio Daniel en su visión y predijo que volverían;
3º) los que creen en la divinidad de Cristo son sujetos a la persecución doble:
1ª) persecución de los poderes políticos unificados por la Bestia atacan sus bienes y sus cuerpos, hasta la pena de muerte.
2ª) al mismo tiempo, persecución de una falsa religión universal y poderosísima, que llegará quizás a apoderarse de la misma Sede Romana y atacará sus almas.
— Y mientras tanto, ¿qué hacemos?
— Mientras tanto, tenemos que defender los bienes de la cultura, de la nacionalidad y de la tradición cristiana; pero como quien ve que son cosas perecederas, y que acaso Dios las ha condenado desde ya a perecer; sin apoyarse demasiado en ellas, sabiendo que Dios nos pide que luchemos, pero no nos pide que venzamos, sino que no seamos vencidos.
En suma, hay que desarrollar e irradiar la propia actividad beneficiosa de tal modo que el mal que nos infieren, en vez de sofocarnos, quede como sofocado o, al menos, amortiguado en la correntada segura y pacifica de nuestro propio raudal de vida.
— ¿Y el triunfo del Corazón Inmaculado de María?
— Los que dicen que la Parusía coincide con el Fin del Mundo y con el establecimiento del Reino de Dios, enseñan que antes del reino del Anticristo tendrá lugar el triunfo del Corazón Inmaculado de María, que coincidirá con el período de esplendor de la Iglesia.
Y después volverán las tremendas fuerzas demoníacas; entonces se afianzará la gran apostasía, tendrá lugar la tribulación magna y se implantará el reino del Anticristo, aplastando el Reino de la Inmaculada (¡una especie de profecía del Génesis al revés!).
Los que dicen que Cristo ha de venir antes del Fin del Mundo, para vencer al Anticristo y establecer su Reino, enseñan que la actual persecución irá aumentando hasta su maximum; entonces se afianzará la gran apostasía, tendrá lugar la tribulación magna, se implantará el reino del Anticristo y la Santísima Virgen vendrá a aplastar la cabeza del dragón infernal (como está profetizado en el Génesis) y a preparar el Reino de su divino Hijo con el triunfo de su Corazón Inmaculado (como enseña San Luís María Grignon de Montfort).
— Pero, si entiendo bien, la gran persecución y el reino del Anticristo llegarán de todos modos, con o sin florecimiento de la Iglesia. Aún no veo bien la sustancia del problema planteado. ¿Puedes aclararme?
— El problema presenta dos aspectos:
1º) El más simple, es que la gran persecución y el reino del Anticristo llegarán de todos modos. Pero es precisamente ésto lo que no se quiere aceptar; y entonces se patea para adelante, como los jugadores de rugby patean al «touche», para ganar terreno, o tiempo solamente…
2º) El más profundo es el que señalé al comienzo: ¡el porvenir próximo del mundo depende del problema teológico del momento de la instauración del Reino de Cristo!
Que el Reino de Cristo debe venir, es de fe; y lo pedimos todos los días en el Padrenuestro…
Que todas las cosas deben de ser restauradas en Cristo, nos lo enseñan San Pablo y San Pío X…
Que la creación toda entera será redimida y al presente gime con dolores de parto hasta que se manifiesten los hijos de Dios que han de restaurarla, lo dice San Pablo…
Que el Corazón de la Santísima Virgen triunfará, nos lo asegura nuestra Madre en Fátima…
Ahora bien, lo que se discute es el orden en que esas cosas sucederán.
Y esa discusión, en definitiva, gira en torno a tres cosas:
1ª) la exégesis que se hace de las Sagradas Escrituras y de la Tradición,
2ª) al uso indebido de las revelaciones privadas,
3ª) y a un falso mesianismo (temporal, carnal y judaico).( haga clic aqui para ver elCuadro)
2.- Dos posiciones filosóficas acerca de la crisis del mundo
Lo que a los fieles más interesa es que estas dos posiciones teológicas se reflejan en dos posiciones filosóficas actuales acerca de la crisis del mundo actual, la posición «progresista» o «evolucionista» y la posición «esjatológica».
Cualquier autor actual que trate las cuestiones actuales está en una de las dos.
La posición «progresista» cree que esta crisis se va a arreglar necesariamente, porque el mundo siempre progresa y la Iglesia siempre ha salido bien de todas las crisis.
La posición «esjatológica» cree que puede ser no salgamos desta crisis; es decir, que, removido el famoso «Obstáculo» o Katéjon del Anticristo, aparezca el Anticristo y todo lo que sigue; y puede ser también que salgamos, pero a costa de un gran esfuerzo, y un esfuerzo de índole religiosa: «la conversión de Europa», lo llama el historiador Belloc.
Entretanto el cristiano de verdad hace lo que siempre ha hecho, crisis o no crisis: hace su trabajo, que en el fondo es la Salvación de su alma, o sea, los Diez Mandamientos, el amor a Dios y la ayuda al prójimo; con «temor
y
temblor» por un lado y con paz y sosiego por otro, a causa de su confianza en la Providencia y en las Promesas – y en las Profecías.
El progreso es una realidad en el mundo; pero es el progreso del Bien y del Mal paralelamente; según el Profeta Daniel: «que
el
Santo
se
santifique
más
y
que
el
perverso
se
emperverse
más, y entonces
vendrá
el
desenlace«—como dijo el Ángel al Profeta cuando este preguntó: «¿Y cuándo serán
todas
estas
cosas?»
Es el gran drama de la historia humana, la lucha del Bien y del Mal, que tiene tres actos: Caída, Redención y Restauración; drama cuya raíz es el albedrío del hombre y del demonio. Dios es el gran «régisseur» deste drama: no va a terminar contra Dios. No triunfará el Mal.
Estamos destinados a cosas muy grandes, seremos espectadores y actores de un drama divino, que terminará en Divina Comedia. Yo no les voy a describir el Reino de Cristo ni el milagro de la Resurrección, con sus triunfos y gozos supremos, como tientan hacer algunos Santos Padres, porque eso derrota mi imaginación.
3.- ¿Y el Florecimiento o Restauración de la Iglesia?
I: La Iglesia creó la Cristiandad Europea, sobre la base del Orden Romano. La Fe irradió poco a poco en torno suyo y fue penetrando sus dentornos: la familia, las costumbres, las leyes, la política. Hoy día todo eso está cuarteado y contaminado, cuando no netamente apostático, como en Rusia; un día será «pisoteado por los gentiles» del nuevo paganismo. Ése es el atrio del Templo.
Quedará el santuario, es decir, la Fe pura y oscura, dolorosa y oprimida; el recinto medido por el profeta con la «caña en forma de vara», que es la esperanza doliente en el Segundo Advenimiento, la caña que dieron al Ecce Homo y la vara de hierro que le dio su Padre para quebrantar a todas las gentes.
II: La presión enorme de las masas descreídas y de los gobiernos, o bien maquiavélicos o bien hostiles, pesará horriblemente sobre todo lo que aún se mantiene fiel; la Iglesia cederá en su armazón externo; y los fieles «tendrán que refugiarse» volando «en el desierto» de la Fe. Sólo algunos contados, «los que han comprado», con la renuncia a todo lo terreno, «colirio para los ojos y oro puro afinado», mantendrán inmaculada su Fe. Esos pocos «no podrán comprar ni vender», ni circular, ni dirigirse a las masas por medio de los grandes vehículos publicitarios, caídos en manos del poder político; y, después, del Anticristo: por eso serán pocos.
III: El mundo quiere unirse, y actualmente el mundo no se puede unir sino en una religión falsa. O bien las naciones se repliegan sobre sí mismas en nacionalismos hostiles (posición nacionalista que ha sido superada), o bien se reúnen nefastamente con la pega de una religión nueva, un cristianismo falsificado; el cual naturalmente odiará de muerte al auténtico. Sólo la religión puede crear vínculos supranacionales.
IV: No habrá una nueva Edad Media; no habrá una Nueva Cristiandad; no habrá una nueva estructuración de la Fe, acomodada a la nueva era, con nuevos ritos, cultos, ceremonias, cánones, costumbres y organización. Desde aquí adelante, la Iglesia se purifica y se corrompe, pero no se rehace. La última lucha está planteada desde el Ángel del Evangelio Eterno; la cama del Anticristo está hecha.
No habrá una «Nueva Cristiandad». Esas son ilusiones vanas de un mundo que teme morir. El Imperio Romano es el último de los grandes imperios, después del cual seguirá el del Anticristo. No habrá un Imperio universal después del Romano, sino sólo imperialismos como el inglés.
V: El mundo moderno nació bajo un signo de enfermedad de muerte. El mundo creyó salir de una muerte y era una fiebre su fastuoso «renacimiento». Tenía una herida mortal. Le fue dada la consigna de confirmar, robustecer las cosas que, de todas maneras, eran morideras. La Iglesia se centraliza fuertemente, como un ejército a la defensiva que se repliega sobre sí.
¡Se acabó la época de Sardes! No estamos ahora en ella, esperando que venga con Filadelfia el triunfo de la Iglesia y la restauración de la Cristiandad. La Contrarreforma terminó en la Revolución Francesa. La Revolución fue un acontecimiento capital, una tuba, que cambió la faz de la historia. Con la Revolución acabó formalmente en el mundo el Imperio Romano, que la tradición patrística pone como el misterioso Katéjon de San Pablo, el Obstáculo del Anticristo.
VI: Sin embargo, no desaparecerá la Cristiandad: será profanada. Pero tampoco quedará intacta la Iglesia visible: dentro de ella habrá santuario y atrio; habrá fieles, clero, religiosos, doctores, profetas que serán pisoteados, que cederán a la presión, que tomarán la marca de la Bestia.
La Cristiandad será aprovechada: los escombros del derecho público europeo, los materiales de la tradición cultural, los mecanismos e instrumentos políticos y jurídicos serán aprovechados en la construcción de la nueva Babel: la gran confederación mundial impía.
VII: Contra esta interpretación, hay quienes dicen que habrá, entre el Anticristo y la Gran Guerra, un período entero de gran paz y prosperidad de la Iglesia, como nunca se ha visto, en el cual se predicará el Evangelio en todo el mundo, y se convertirá el pueblo judío. Sería el tiempo del Papa Angélico y del Gran Rey, de las visiones medievales.
Infinidad de profecías privadas lo han anunciado: una especie de breve edad de oro de la Iglesia en medio de dos furiosas tempestades; una restauración pasajera (de la durada de una generación) de la Monarquía Cristiana en Europa, que corresponda al tramo entre el finis y el initia dolorum de Nuestro Señor; es decir, lo que pudiéramos llamar el período Nondum Statim.
El beato Holzhauser predice un inmenso pero breve triunfo de la Iglesia, de la durada de una vida de hombre, en que las fuerzas de Satán serán comprimidas y reducidas pero no eliminadas, y en que la presión de los dos bandos será formidable. Un período tenso, palpitante, ruidoso, exasperado, del ritmo de la historia humana: una tregua y no una paz.
VIII: A ello puede acogerse usted si le tiene demasiado miedo al fin del mundo. Pero temo que esa esperanza sea una especie de milenarismo temporal, una humana escapatoria al temeroso vaticinio: porque los dolores puerpéricos una vez que empiezan ya no se interrumpen por un tiempo largo de bienestar.
Es un milenarismo malo, que espera el Reino de Cristo en la tierra antes de la Venida de Cristo, y obtenido por medios temporales, y consistente en un esplendor de la Iglesia también temporal. Es milenarismo malo.
Hoy día, muchísimos católicos, incluso escritores, incluso predicadores, incluso sabios, sueñan con una especie de gran triunfo temporal de la Iglesia vecino a nuestros tiempos y anterior a los parusíacos. ¿Y es eso otra cosa que un milenarismo anticipado?
Es el mismo sueño carnal de los judíos, que los hizo engañarse respecto a Cristo. Estos son milenistas al revés. Niegan acérrimamente al Milenio metahistórico después de la Parusía, que está en la Escritura; y ponen un Milenio que no está en la Escritura, por obra de las solas fuerzas históricas, o sea una solución infrahistórica de la Historia; lo mismo que los impíos progresistas; lo cual equivale a negar la intervención sobrenatural de Dios en la Historia.
IX: Nuestra época está llena de profetismo, como todas las épocas de crisis; porque queremos saber adónde vamos, pues sin saber adonde va, nadie puede dar un paso. Y los profetas de hoy se dividen rigurosamente en dos: los que creen que los actuales son dolores de parto y los que creen que son dolores de agonía; los cuales remiten el parto de la Nueva Era para después de la Parusía. Los primeros preparan el Anticristo; los segundos creen en Cristo. Esos son locos: le hacen el juego al Anticristo, porque desacreditan las verdaderas profecías y preparan el encaje de esperanza temporal ilusoria, parecido al de los judíos del Anteadvenimiento, en que se acomodará el Anticristo. Basado en las profecías falsas, o profecías verdaderas deturpadas, el Anticristo engañará a muchísimos cristianos… a todos los cristianos que entonces «no estén en vela», como amonestó el Cristo.
X: No veo cómo encajar esas profecías privadas en el riguroso texto bíblico. En ninguna parte está escrito que en medio de la gran apostasía vendrá un paréntesis de vivísima fe y caridad en el orbe, y después se reanudará la apostasía, lo cual es además históricamente inverosímil.
XI: Todas esas profecías de triunfo, surgidas en épocas de tribulación, me son un poco sospechosas. Tengo desconfianza a todo lo que en el mundo de hoy fomenta la creencia vulgar, estúpida y herética de que el mundo durará todavía miles y miles de años, que todo esto de ahora se nos arreglará fácilmente, que nos espera una era de prosperidad maravillosa; y en suma, que estos dolores universales no pueden ser agonía, sino que deben ser necesariamente dolores de parto, el alumbramiento de un breve new world.
Eso es lo que me escama, esa especie de mesianismo del Progreso o milenarismo de la Ciencia, sobre el cual Renán y otros tales anticristos o pseudoprofetas de hoy escriben páginas tan brillantes. Y muchos católicos lo creen y toman esas benditas profecías del Pastor Angélico para consolarse, como enfermos incapaces de encarar siquiera el pensamiento de la posible muerte.
Es lo diametralmente opuesto al «haz penitencia porque vuelvo pronto» del Libro revelado. «¡Este mundo debe durar todavía miles y miles de años antes de enfriarse!», gritan jubilosos al ver que el mundo se va «calentando» cada vez más. Pero ésa es justamente la señal que da San Pedro de la Parusía: no se creerá ya más en ella.
XII: El error fundamental de nuestra práctica actual –y aun de la teoría a veces– es que amalgamamos el Reino y el Mundo, lo cual es exactamente lo que la Biblia llama «prostitución».
Ese gran triunfo temporal de la Iglesia antes de la Parusía me parece un peligroso ensueño contemporáneo. ¡Es un anzuelo del Anticristo! ¡Es él quien prometerá realizar ese ensueño, con las solas fuerzas del hombre ensoberbecido! ¡Él prometerá la paz, la prosperidad, el nuevo Edén!, y se pondrá a edificar sacrílegamente la nueva Babel.
XIII: En suma: es la vulgar actitud conciliadora y contemporizadora del «evolucionismo teológico», la herejía más difundida y menos conocida de nuestros días; que tiene como raíz el no pensar en la Parusía, ni tenerla en cuenta, ni creerla quizá, sin negarla explícitamente; polarizando las esperanzas religiosas de la humanidad hacia el foco del «progresismo» mennesiano.
Un día este siglo (el ciclo adámico) tiene que agonizar –en la tribulación mayor que hubo desde el diluvio acá– y morir. Y resucitar. Hay una especie de rehúse oculto del martirio en esta posición; un buscar la Añadidura por medio del Reino, y una evacuación de la Cruz de Cristo.
XIV: Todos los que en profecías privadas predecían ya para el siglo pasado la resolución del conflicto entre la Revolución y la Iglesia, con el Gran Triunfo, el castigo fulminante del mal, el Gran Emperador y el Pontífice Angélico no se equivocaron en los castigos tremendos que anunciaron; más bien se quedaron cortos. Pero en el triunfo temporal, fulminante y espléndido, de la Iglesia, ciertamente no lo hemos visto ni se ve por ninguna parte.
XV: Haría un razonamiento verdadero, si yo dijera: «Ya que de alguna manera la grey cristiana ha de imaginarse el triunfo definitivo de Cristo, preferible es que lo imagine sobrenatural y después de la Parusía, que no este turbio milenarismo natural en boga hoy día, hijo del racionalismo, del miedo y de las rabiosas ganas de vivir de todo enfermo».
4.- Ejemplo: el Libro Fátima – Roma – Moscú
Padre Gerard Mura. Santiago de Chile, 2005.
El autor es Profesor del Seminario de lengua alemana de la FSSPX.
http://www.fsspx-sudamerica.org/fraternidad/libreria/librofatima.php
Al futuro triunfo del Corazón Inmaculado de María estarán vinculadas una conversión a nivel mundial y la renovación de la Iglesia Católica
Sin duda, la promesa de salvación se refiere no sólo a Rusia sino que, junto con Rusia, al mundo entero; pues los dos primeros secretos se refieren siempre a la situación del mundo entero. La palabra «mundo» aparece cuatro veces en él mensaje central del 13 de julio de 1917. En el mundo quiere Dios introducir la devoción al Inmaculado Corazón de María. Si no se obedece, entonces el mundo será castigado por sus crímenes. Rusia extenderá sus errores por el mundo. Finalmente, se concederá al mundo un tiempo de paz.
Esto significa que al pronunciar solemnemente las palabras: «Pero, al fin mi Corazón Inmaculado triunfará», Nuestra Señora no se refiere sólo a una luminosa conversión de la nación rusa, sino a un verdadero triunfo universal que Dios dará a la Reina del Cielo y de la Tierra.
Contemplemos, por lo tanto, cómo este anunciado triunfo del Corazón Inmaculado repercutirá no sólo entre los cristianos cismáticos, sino también entre los mahometanos, los judíos y los paganos y no creyentes.
1. El retorno de los cristianos cismáticos, ortodoxos y protestantes a la unión con la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana
Varias profecías dignas de ser consideradas apoyan esta interpretación.
Bartholomeus Holzhauser, que murió en olor de santidad, estaba dotado del don de profecía y escribió una interpretación del libro del Apocalipsis. Respecto del tiempo que seguirá al gran período de purificación de la Iglesia dice: «Cristo promete […] la conversión de los herejes, la que se realizará en la sexta era, cuando también los griegos se unirán con la Iglesia Católica Romana. […] Todas las herejías serán desterradas al infierno y el imperio de los turcos será destruido. […] Todos los pueblos vendrá: y adorarán a Dios su Señor, en la verdadera Fe Católica. […] Y habrá paz sobre toda la tierra.»
Con esta profecía coincide la del gran apóstol de la Inmaculada, San Maximiliano Kolbe. «Entonces, las herejías y cismas se extinguirán y los pecadores endurecidos, gracias a la Inmaculada, volverán a Dios.» En aquel momento, «la Inmaculada llegará a ser la ‘Reina del mundo entero’ y ‘de cada uno en particular'».
Es un rasgo general de las profecías de los Santos enunciar que después de la gran crisis universal, sobrevendrá en el mundo un tiempo cristiano y mariano, como nunca antes lo hubo.
En febrero de 1946, el Padre Jongen, en una conversación con Sor Lucía, recordó las tres tesis de San Luis María Grignon de Montfort: el reinado de Cristo vendrá a través del reinado de María, después de la propagación de la «verdadera devoción a María» en el mundo. En ese momento, Sor Lucía agregó súbitamente: «… y después de la conversión de Rusia».
No se extinguirá solamente el comunismo ruso, sino también, como lo previo proféticamente la beata Anna María Taigi, junto con él, el comunismo chino.
En septiembre de 1924, otra mística, la gran misionera del Corazón Inmaculado y Doloroso de María, Berthe Petit, recibió de Cristo el siguiente mensaje: que todos los cristianos volverán a la Iglesia Católica y que será un triunfo de su Santísima Madre, pero sólo cuando se cumpla su deseo.
2. La conversión de los musulmanes a la Fe Católica
San Luis María Grignon de Montfort (1673-1716) habla frecuentemente de una sociedad singularmente mariana que ha de venir, diciendo que en su debido tiempo, volverán a la Iglesia Católica los herejes, los cismáticos y los paganos, especialmente los musulmanes y el pueblo judío:
«María ha de brillar más que nunca en misericordia, en fuerza y en gracia en estos últimos tiempos; en misericordia, para atraer y recibir amorosamente a los pobres pecadores y desviados que se convertirán y tomarán al seno de la Iglesia Católica; en fuerza, contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos obstinados; los cuales se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, por medio de promesas y amenazas, a todos los que les serán contrarios».
Más adelante añade, respecto de los sacerdotes venideros, a los cuales titula Apóstoles de Jesús y de María: «He aquí los grandes hombres que han de venir, pero a quienes María formará por orden del Altísimo, para extender su imperio sobre el de los impíos, idólatras y mahometanos». El gran Santo mariano habla también de un diluvio de gracias y de amor que se desatará sobre la tierra «a fin de que no haya sino un rebaño y un pastor».
182 San Luis María Grignon de Montfort, Tratado de la Verdadera Devoción, n° 50, 6,
183 Ibidem, n° 59
Hay otra señal que apunta hacia una futura conversión de los musulmanes (como también del pueblo judío) que se manifiesta nuevamente en fechas históricas. La ciudad de Jerusalén permaneció ocupada por los belicosos musulmanes otomanos exactamente desde 1517 hasta 1917. Esto coincide en forma asombrosa con el gran tiempo de la ya mencionada apostasía de Occidente (1517, 1717, 1917). Fue en 1917, el año de la aparición de la Virgen María en Fátima, que Jerusalén volvió a manos cristianas185. ¿Puede verse en el simbolismo de estas fechas históricas a la Madre de Dios como vencedora del Islam?
El territorio de Palestina fue liberado de los turcos musulmanes por tropas inglesas (cristianas, aunque mayoritariamente anglicanas), comenzando de esta manera el así llamado Mandato del Imperio Inglés, el que duraría hasta la creación del moderno Estado de Israel en 1948.
Otro argumento, basado en la Escritura Santa, apoya la esperanza en una futura conversión del mundo islámico. La Mujer apocalíptica «revestida del sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas» (Apoc. 12,1), puede interpretarse como representación de la Santísima Virgen, como gran vencedora del Islam, que aplasta con su talón no solamente la cabeza de la serpiente infernal, sino que, con ademán de vencedora, pone sus pies virginales sobre la Media Luna, insignia de la religión mahometana. Esto se realizará al alborear el gran triunfo de su Corazón Inmaculado, al ser Ella coronada con doce estrellas.
El argumento más fuerte, sin embargo, en que estriba la esperanza de la conversión de los obcecados por el Islam, se halla en el título de María como «Reina del Santísimo Rosario». El 13 de octubre de 1917, Lucía, al preguntar a María Santísima: ¿Quién sois, Señora, y que deseáis de mí?, recibió como respuesta: «Soy la Señora del Rosario. Deseo que en este lugar se levante una capilla en mi honor». La Virgen de Fátima, al presentarse como «Reina del Santísimo Rosario» se presenta así también como la gran vencedora del Islam; pues, justamente al ser invocada bajo este título en fervientes campañas del Rosario, en los momentos más críticos de amenaza militar por los mahometanos, la Madre de Dios ha conseguido en favor de la cristiandad gloriosas victorias. Queremos presentar, por lo tanto, algunos de los muchos ejemplos que nos brinda la historia para recordar cómo la Santísima Virgen, al ser invocada con ardientes plegarias, se ha manifestado siempre como la gran Protectora del Occidente Cristiano. Ya que el Islam representa nuevamente para la Europa actual un peligro inminente, – sólo en Alemania se han erigido en el tiempo de la posguerra más de 2.000 mezquitas.
Resumiendo, hay que constatar lo siguiente:
La Santísima Virgen se ha presentado a Sí misma en sus apariciones en Fátima como Reina del Santísimo Rosario, y por lo tanto, como acérrima y enconada enemiga de todas las herejías, falsas religiones, – y, en especial, del Islam -, cuyos errores impiden a las almas inmortales alcanzar los gozos celestiales de la Eterna Bienaventuranza.
La Virgen de Fátima, Madre del verdadero Dios, es por completo antiecuménica.
La Santa Iglesia venera a la Madre de Dios con esta antífona; «Gaude María Virgo, cunctas haereses sola interemisti in universo mundo!»
¡Regocíjate María, Tú sola has vencido todas las herejías del mundo entero!
La doncella llamada Fátima que dio origen al nombre del lugar de las apariciones, no era la hija de Mahoma, como se pretende divulgar actualmente, sino una musulmana convertida a la Fe Católica y que, por moción de la gracia, abjuró de su falsa religión, señal que deja esperar la futura conversión de un mayor número de mahometanos.
Respecto de estas verdades y sobre el fondo histórico esbozado, en el cual Nuestra Señora de las Victorias se muestra siempre como la gran defensora del Occidente Cristiano y como gran enemiga de la Media Luna, resulta absolutamente inconcebible el que se pretenda actualmente transformar el Santuario de Fátima en un centro ecuménico. En efecto, entre el 10 y el 12 de octubre de 2003, en el Centro Pastoral Pablo VI, situado junto al santuario de Nuestra Señora en Fátima, se celebró un congreso interreligioso bajo el título: «La actualidad del hombre – El futuro de Dios: La posición de los santuarios en su relación con la santidad». Durante las conferencias de este congreso no hablaron solamente numerosos dignatarios de la Iglesia Católica, sino que se dio también la palabra a los representantes de diversas religiones del mundo: budistas, hindúes, musulmanes, ortodoxos y anglicanos.
3. La conversión de los judíos
Estas especulaciones no son meros artificios, sino que están apoyadas por varios argumentos: San Luis María Grignon de Montfort prorrumpe en su «Oración Abrasada» en las siguientes palabras proféticas: «¿No habéis anunciado de antemano a algunos de vuestros amigos una renovación futura de vuestra Iglesia? ¿No han de convertirse a la verdad los judíos?».
La misma Escritura Santa habla de la conversión del pueblo elegido, aunque ésta se realizará por completo recién al final de los tiempos.
También el año de la aparición de la Bienaventurada Virgen en Fátima, el año 1917, señala simbólicamente que la Virgen María por su poderosa intercesión liberará al menos a una gran multitud de su propio pueblo de este velo que durante dos mil años lo ha obcecado. Se ha señalado ya que la ciudad de Jerusalén había sido ocupada por los belicosos musulmanes otomanos en el año 1517. Después de una larga ocupación de 400 años, que coincide exactamente con el período en el cual en Occidente se sucedían las etapas de la ya expuesta apostasía (1517, 1717, 1917), exactamente en 1917, el mismo año de la aparición de la Virgen María en Fátima, Jerusalén vuelve a manos cristianas.
Tan pronto como Israel estuvo bajo control del Mandato Inglés, se comenzó a preparar ya la constitución del Estado de Israel. El primer acto oficial, que prácticamente dio la partida a este estado, fue la Declaración Balfour del gobierno británico, que se efectuó el 2 de noviembre, justamente en el simbólico y decisivo año 1917. El gobierno británico aseguraba con esta declaración que apoyaba la creación de una patria para el pueblo judío en Palestina209. La fundación efectiva del Estado de Israel ocurrió el 14 de mayo de 1948. Sin embargo, el acta de independencia fue puesta por escrito, en su forma definitiva, por Ben Gurion en la víspera, el 13 de mayo (!).
Esta asombrosa coincidencia de las fechas históricas, alienta a trazar el siguiente paralelismo entre la Madre de Dios y Judit, prefigura de María en la Antigua Alianza: Judit, la gran libertadora de Israel, frente a la amenaza de su nación, por haber cortado la cabeza de Holofernes, jefe del hostil ejército de Nabucodonosor, rey de los asirios, que amenazaba a Israel, -fue alabada con máximos elogios honoríficos. Por tanto, el día en el cual comience el despuntar de un verdadero triunfo del Corazón Inmaculado de la Madre de Dios, es de esperar que gran parte de los descendientes de su propio pueblo no solamente profesará a su Divino Hijo Jesús como Mesías y Salvador exclamando: «Bendito El que viene en nombre del Señor» (Mt 23,39); sino que, también Ella, la Torre de David., será ensalzada por su propia nación con los mismos términos con los cuales se elogiaba a Judit: «Tú eres la gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú la honra de nuestro pueblo» (Judit 15,10).
4. La conversión de los paganos y no creyentes a la Fe Católica
Con un verdadero triunfo del Corazón Inmaculado que Dios Omnipotente prepara en honor de la Bienaventurada Virgen María se hallará también asociada una gran conversión de los gentiles y de los ateos.
La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe resultó para el Nuevo Mundo como un verdadero impacto de la gracia. Con ello María, la Reina del Cielo y de la Tierra, dio una prueba de fuerza de su gran poder de intercesión y de los milagros que Ella, la Mediadora de Todas las Gracias, puede efectuar en las almas. Guadalupe es, por ende, como un preludio del gran triunfo venidero del Corazón Inmaculado de María. Los portentos que la Reina del Cielo y de la Tierra supo ocasionar en México a nivel nacional (e incluso continental), los sabrá efectuar también un día a escala mundial.
¿Cuándo, se podría preguntar, ocurrirá esta conversión universal?
San Luis María Grignon de Montfort da como señal que precederá a este tiempo, una gran crisis de la Iglesia. La magna conversión que le seguirá se manifestará por ello como una exclusiva obra de Dios, obtenida por la intercesión todopoderosa de María, Madre de la Divina Gracia.
La ‘Sociedad de los fieles servidores de María’, según vaticinio del Santo, estará en este tiempo casi completamente abandonada, y nadie querrá combatir junto a ella.
«¿Casi nadie tomará vuestro partido [el de Dios]? ¿Casi ningún soldado se alistará bajo vuestras banderas? ¿Ningún San Miguel gritará de en medio de sus hermanos por el celo de vuestra gloria: Quis ut Deus? [¿Quién como Dios?] ¡Ay! Permitidme ir gritando por todas partes: […] ¡Socorro, socorro, socorro! ¡Fuego en la casa de Dios! ¡Fuego en las almas! ¡Fuego en el santuario!»
«Vos debéis reunir y separar del pueblo, estos santos misioneros, hijos de María, vuestra Esposa para bien de vuestra Iglesia, tan debilitada manchada por los crímenes de sus hijos»
«Vuestra divina ley es quebrantada; vuestro Evangelio, abandonado; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a vuestros mismos siervos; toda la tierra está desolada: la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado y la abominación se halla hasta en el lugar santo.»
Contemplando todo este panorama, a pesar de la profunda crisis de Fe por la cual transitamos, podemos conservar una perspectiva esperanzadora del futuro. Aparentemente, se producirá una conversión a escala mundial y sobrevendrá en el mundo una espléndida era cristiana y mañana. Sin embargo, primero deberán ser cumplidos con esmero los deseos de la Madre de Dios expresados en Fátima. Pero, es el Santo Padre quien debe corresponder a los deseos del Cielo y nadie más puede reemplazarlo en esto.
D. Fátima y el Apocalipsis
1. La Mujer revestida del sol contra el rojo dragón
Nos encontramos realmente en el tiempo de las disputas decisivas entre el Cielo y el infierno, como lo ha admitido la misma Sor Lucía. Ella recomienda leer frecuentemente el Apocalipsis y meditar sobre él.
Interrogada una vez acerca del Tercer Secreto dio esta lacónica respuesta:
«Está en el Evangelio y en el Apocalipsis, ¡léalos!» Una vez, incluso, nombró los capítulos 8 al 13.
En el capítulo 12 figura la visión de la Mujer revestida de sol y del dragón rojo como el fuego. Este capítulo de las Sagradas Escrituras describe evidentemente la decisiva e histórica disputa entre María y el Dragón.
Al parecer, llegamos actualmente a ser testigos de este apocalíptico enfrentamiento. Sor Lucía misma, en 1957, basándose en las revelaciones del Cielo, dijo: «El demonio está librando una batalla decisiva contra la Virgen, y una batalla decisiva es una batalla final, en la cual se sabrá de qué lado está la victoria, de qué lado la derrota».
Cabe aquí una suposición, la cual, sometida a mi estudio más profundo, se alza casi al grado de absoluta certeza. En el comienzo del capítulo 12, capítulo central del libro del Apocalipsis, leemos:
«Y una gran señal apareció en el Cielo: una mujer revestida del sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas. […] Y vióse otra señal en el cielo y he aquí un gran dragón de color de fuego con siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas» (Apoc. 12,13).
Lo cual no es probablemente, según su sentido inmediato y más importante, otra cosa que una visión profética del año 1917. En este año se aparece en Fátima María Santísima y exhorta a la lucha contra el Dragón.
Efectivamente., se apareció a los tres niños videntes más brillante que el sol y como un cristal traspasado de luz; y ante Ella palidecía en cada aparición la luz del sol, siendo esto visible para todos. Como coronamiento de sus grandes apariciones la Madre de Dios obra el sublime milagro del sol, por todos conocido. En este espléndido milagro aparece nuevamente más brillante que el sol y su atuendo realzado por doce estrellas. Al mismo tiempo, en el extremo opuesto de Europa, surge una señal amenazadora: el dragón del comunismo rojo, que pretende destruir, mediante el despliegue total de sus poderosas fuerzas, toda creencia en Dios. La Bienaventurada Virgen María ha venido a desenmascarar al dragón del ateísmo comunista, a señalarlo como castigo de Dios y a aplastarle la cabeza. Ésta es la gran promesa de Fátima, la cual se cumplirá con toda certeza.
2. El simbolismo del número 13 -La doble mediación de María y del Santo Padre
Interpretando la visión apocalíptica de la Mujer revestida del sol en el sentido de Fátima, se aclara una parte del mensaje que la Virgen dirige al mundo y que, hasta ahora, había permanecido un tanto velada: el simbolismo del número 13. ¿Por qué la Santísima Virgen María se apareció siempre el día 13, y no otro día del mes? Es imposible que se trate de una mera casualidad.
(…)
Esta doble mediación, que se hace visible ya desde el comienzo de las apariciones de Fátima, continúa orgánicamente en la promesa de que Rusia se convertirá si el Papa la consagra al Inmaculado Corazón de María. La gran promesa celestial no podrá cumplirse ni sin María, ni sin el Papa. Si la Bienaventurada Virgen María quería iniciar y concluir victoriosamente su lucha sólo en conjunción con el Papa, entonces también es seguro que los frutos que Dios ha querido no sólo consistirán en una inmensa glorificación de María y en un confiado amor de los hombres hacia Ella («Pero, finalmente, mi Corazón Inmaculado triunfará»), sino, paralelamente, en una verdadera glorificación del poder sobrenatural y de la autoridad del Santo Padre y en una gran confianza filial de toda la Cristiandad en el papado restaurado. Esta victoria lucirá tanto más, cuanto que la teología progresista busca rebajar tanto la condición de María como Mediadora de Todas las Gracias, como también la mediación sacerdotal del Papa como Vicario de Jesucristo y cabeza visible de la única verdadera Iglesia, fuera de la cual no hay salvación.
Sin embargo, esta victoria del Papado no tendrá mal entendidas características triunfalistas. No es triunfal el momento en que Jesucristo, luego de su resurrección, confiere la autoridad sobre toda su Iglesia a San Pedro Apóstol, ya que, a través de su triple pregunta, «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» (Jn 21,15-17), le recuerda su triple negación. Así también, el gran triunfo del Papa vinculado al del Corazón Inmaculado de María, estará unido al recuerdo de faltas cometidas durante varias décadas.
Por lo tanto, tendrá este triunfo, evidentemente, un carácter muy sobrenatural, que no permitirá ser confundido con presunción.
La beata Anna María Taigi, describiendo el Papado renovado y glorificado, durante e inmediatamente antes del tiempo de paz que seguirá a la gran prueba, habla de un Papa muy santo que renovará la Iglesia: «El Papa, elegido según el Corazón de Dios, será apoyado por Dios a través de inspiraciones muy especiales. Su nombre será honrado en el mundo entero y aplaudido por todos los pueblos. Es él el santo Papa escogido para resistir la tormenta. El brazo de Dios lo apoyará y lo defenderá contra los ateos, quienes serán humillados y avergonzados. Finalmente, poseerá el don de obrar milagros». Se complementa este vaticinio con las visiones místicas de Bartholomeus Holzhauser quien, sobre Apoc 14,15 dice: «El ángel, que procede del Santuario […] es aquel santo y magno Papa que Dios en aquellos días […] suscitará».
3. El simbolismo del número 17 —La Bestia y la Reina del Santo Rosario
Ya que nos estamos cuestionando el simbolismo de los números, centremos ahora la atención en el número 17, que en forma notoria se reitera en los años decisivos ya mencionados de 1517, 1717 y 1917, y que reaparece en otros datos. La clave para la interpretación del simbolismo del número 13 se encontraba en el primer versículo del capítulo 12 del Apocalipsis. Si leemos dos versículos más, encontramos la clave para la explicación del número 17:
«Y una gran señal apareció en el cielo; una mujer revestida del sol, con la luna debajo de sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas. […] vióse otra señal en el cielo y he aquí un gran dragón de color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos» (Apoc.12, 1-3)
10 + 7 es igual a 17 El dragón con siete cabezas, y sobre las cabezas siete coronas, y con diez cuernos, y sobre los cuernos diez diademas, se menciona nuevamente en Apocalipsis 13,1, como también en Apoc. 17,3 y 7. Aquí se interpretan las cabezas y los cuernos como reyes, lo que daría como resultado 17 reyes. El número 17 aparece así como el número simbólico del dragón, que acosa a la Madre de Dios y a sus hijos.
Así, una lectura del Apocalipsis en la perspectiva del simbolismo del número 17, nos entrega una doble interpretación de la visión: por una parte, el dragón que ataca con siete cabezas y diez cuernos, es decir, Satanás con sus colaboradores; y, por la otra, María, la Reina del Santo Rosario, quien aplasta al dragón infernal y quien resplandece como vencedora triunfal en las batallas de Dios.
Esta interpretación del número 17 viene a dar a los números de los años 1517, 1717 y 1917 un sentido de conjunto. Se trata del alzamiento escatológico del dragón, lo que, sin embargo, finalmente concluirá con la gloriosa victoria de María.
5.- El Reino de Jesús por María
En el punto culminante de la revelación sobre los últimos tiempos, Dios manifiesta la misión encomendada a la Santísima Virgen María (Apocalipsis: 11:15-19; 12: 1-2 y 10):
«Tocó el séptimo Ángel. Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: «Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos». Y los veinticuatro Ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios, se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo: «Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, Aquel que es y que era porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado. Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra». Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el Arca de su Alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada.
Y una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz (…) Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo…»».
A lo largo de toda la historia de la Iglesia hubo quienes se ocuparon de recordar y destacar que María Santísima es «el Gran Signo de Dios sobre la tierra».
Entre aquellos que han enseñado y predicado la misión providencial de la Madre de Dios se destaca San Luís María Grignion de Montfort.
Este enamorado de María nació en 1673 y murió en 1716; fue un valiente defensor de la fe católica, un predicador elocuente de la Cruz y del Rosario, un devoto esclavo de Jesús en María y un propagador infatigable de la esclavitud mariana.
En su admirable Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, el santo misionero anuncia, con acentos de profeta, que pronto el Reino de Jesús por María se establecerá en las almas:
[113] «Hoy me siento más que nunca animado a creer y esperar aquello que tengo profundamente grabado en el corazón y que vengo pidiendo a Dios desde hace muchos años, a saber, que tarde o temprano, la Santísima Virgen tenga más hijos, servidores y esclavos de amor que nunca y que, por este medio, Jesucristo, reine como nunca en los corazones.»
¿Qué tiempo ha sido más peligroso para la Iglesia y para las almas que el nuestro? Por todas partes el error y la mentira llevan a cabo una batalla sacrílega contra la Verdad.
Pero, contra la apostasía generalizada, la piedad y la devoción marianas se desarrollan, y las palabras de la Sagrada Escritura cobran una tangible realidad: «Un Gran Signo apareció en el cielo».
Sí, vivimos en plena época de actividad mariana. La Santísima Virgen María está intentando con su intervención forzar a sus hijos a rectificar el camino de apostasía emprendido por la humanidad.
Algunos intérpretes ven en el Arca de la Alianza a la Santísima Virgen María (Foederis Arca) visible en la tierra en los últimos tiempos. Puede significar sus apariciones, su devoción aumentada, la definición dogmática de sus glorias, privilegios y prerrogativas… o mejor, todo ello junto.
Manifestación de María, los últimos tiempos y la Parusía
Según la tesis de San Luís María Grignion, la manifestación de la Santísima Virgen estaba reservada para los últimos tiempos, como él lo afirma claramente en el Tratado de la Verdadera Devoción:
[49] «Por María ha comenzado la salvación del mundo y por María debe ser consumada. María casi no ha aparecido en el primer advenimiento de Jesucristo… Pero, en el segundo María debe ser conocida y revelada mediante el Espíritu Santo, a fin de hacer por Ella conocer, amar y servir a Jesucristo.»
[50] «Dios quiere, pues, revelar y descubrir a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos»
San Luís María pone estos últimos tiempos en relación con la Parusía o Segunda Venida de Nuestro Señor:
[50] «Dios quiere, pues, revelar y manifestar a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos (…) porque Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de Justicia, Jesucristo, y por lo mismo, debe ser conocida y manifestada, si queremos que Jesucristo lo sea (…) porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera vez y lo será también cuando venga la segunda, aunque de modo diferente (…) porque María debe resplandecer más que nunca en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia (…) porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces «como un ejército en orden de batalla» sobre todo en estos últimos tiempos, porque el diablo sabiendo que le queda poco tiempo y menos que nunca para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás.»
Estos últimos tiempos están relacionados por el Santo con la plena manifestación de la Santísima Virgen y con el Anticristo, y no con una época más remota; en efecto, San Luís dice:
[51] «Es principalmente de estas últimas y crueles persecuciones del diablo, que aumentarán todos los días hasta el reinado del Anticristo, de las que se debe entender esta primera y célebre predicción y maldición de Dios, lanzada en el paraíso terrenal contra la serpiente: «Yo pondré enemistades entre tí y la mujer, y tu raza y la suya; ella misma te aplastará la cabeza y tú pondrás asechanzas a su talón»» (Gén. 3:15)
Cuando el Santo escribía estas cosas pensaba que ocurrirían próximamente, y no como algo perdido en la lejanía de los tiempos venideros de la historia; podemos confirmarlo en el texto siguiente:
[47] «He dicho que esto acontecerá especialmente hacia el fin del mundo y muy pronto»
La Verdadera Devoción marial tiene una connotación apocalíptica esencial; separarlas equivale a adulterar el mensaje de San Luís y a desnaturalizar la esclavitud mariana.
San Luís María comienza su Tratado relacionando sin ninguna duda el Reino de Jesucristo y su Parusía
con la devoción a la Santísima Virgen:
[1] «Por la Santísima Virgen Jesucristo ha venido al mundo y también por Ella debe reinar en él»
[13] «La divina María ha estado desconocida hasta aquí, que es una de las razones por qué Jesucristo no es conocido como debe serlo. Si, pues, como es cierto, el conocimiento y el Reino de Jesucristo llegan al mundo, ello no será sino continuación necesaria del conocimiento y del Reino de la Santísima Virgen, que lo dio a la luz la primera vez y lo hará resplandecer la segunda»
San Luís María precisa, pues, la connotación íntima entre los últimos tiempos y la devoción mariana: la manifestación de la Virgen María es para el santo un hecho que señala claramente los tiempos apocalípticos, los últimos, de los cuales nos hablan las Sagradas Escrituras.
Ahora bien, todas las apariciones marianas a partir del siglo XIX constituyen un mensaje celeste para advertirnos de que estamos indudablemente en los últimos tiempos, en el fin de los tiempos, que presagian la Segunda Venida de Jesucristo.
A partir de 1830, en París, asistimos a una serie de apariciones de Nuestra Señora; este hecho prueba, de manera irrefutable, que nos encontramos en los últimos tiempos descriptos por el Apocalipsis que, como indica San Luís María, están reservados para la verdadera devoción mariana.
Con la aparición de La Salette, en 1846, Nuestra Señora deja un mensaje netamente apocalíptico, en el cual se anuncia el eclipse de la Iglesia y la pérdida de la fe, incluso en Roma, que no sólo perderá la fe, sino que llegará a ser la sede del Anticristo.
Fátima y el corazón inmaculado de maría
El secreto de Fátima, comunicado a los tres videntes el 13 de julio de 1917, concluye por una promesa que nos establece en una gran esperanza.
En efecto, la Virgen Inmaculada anuncia que el terrible combate de los últimos tiempos llega a una etapa crucial en 1960, pero que terminará por la victoria final de su Corazón Inmaculado.
Si bien la conclusión del Secreto no anuncia de una manera explícita que el triunfo del Corazón Inmaculado será de orden universal, todo el contexto lo implica indudablemente. El Secreto tiene, en efecto, de una punta a la otra, un alcance mundial.
En el texto, la palabra «mundo» se repite cuatro veces:
Es «en el mundo» que Dios quiere establecer la devoción al Corazón Inmaculado de María.
Si no obedecen a los pedidos de Nuestra Señora, es «el mundo» que será castigado por Dios a causa de sus crímenes.
Es «a través del mundo» que Rusia expandirá sus errores.
Es finalmente «al mundo» que será dado un cierto tiempo de paz.
Por lo tanto, cuando Nuestra Señora anuncia solemnemente «Al fin mi Corazón Inmaculado triunfará», se trata de un triunfo universal.
El culto de este dulce y tierno Corazón Inmaculado preparará la instauración del Reino glorioso del Sagrado Corazón de Jesús en toda la tierra.
Esto es lo que enseña, con claridad y fuerza, San Luís María Grignion de Montfort, el profeta de la victoria de María en el gran combate de los últimos tiempos, cuya inminencia prevé.
El santo asocia, no solamente la manifestación y el conocimiento de María a la Segunda Venida de Nuestro Señor, sino también que ésta tiene por finalidad hacer reinar a Jesucristo sobre la tierra:
[158] «Y si mi amable Jesús viene, en su gloria, por segunda vez a la tierra (como es cierto) para reinar en ella, no elegirá otro camino para su viaje que la divina María, por la cual tan segura y perfectamente ha venido por primera vez. La diferencia que habrá entre su primera venida y la última, es que la primera ha sido secreta y escondida, la segunda será gloriosa y resplandeciente; pero ambas serán perfectas, porque las dos serán por María. ¡Ay! He aquí un misterio incomprensible: «Hic taceat omnis lingua» (Calle aquí toda lengua)»
Esta idea la encontramos también en el nuumero13, que ya hemos citado:
[13] «Si, pues, como es cierto, el conocimiento y el Reino de Jesucristo llegan al mundo, ello no será sino continuación necesaria del conocimiento y del Reino de la Santísima Virgen, que lo dio a la luz la primera vez y lo hará resplandecer la segunda»
En su libro El Secreto de María, el Santo pone magistralmente la devoción mariana en relación con la Segunda Venida y el Reino de Cristo:
[58] «Así como por María vino Dios al mundo la vez primera en humildad y anonadamiento, ¿no podría también decirse que por María vendrá la segunda vez, como toda la Iglesia lo espera, para reinar en todas partes y juzgar a los vivos y a los muertos? Cómo y cuándo, ¿quién lo sabe? Pero yo bien sé que Dios, cuyos pensamientos se apartan de los nuestros más que el cielo de la tierra, vendrá en el tiempo y en el modo menos esperados de los hombres, aun de los más sabios y entendidos en la Escritura Santa, que está en este punto muy oscura»
[59] «Pero todavía debe creerse que al fin de los tiempos, y tal vez más pronto de lo que se piensa, suscitará Dios grandes hombres llenos del Espíritu Santo y del espíritu de María, por los cuales esta divina Soberana hará grandes maravillas en la tierra, para destruir en ella el pecado y establecer el reinado de Jesucristo, su Hijo, sobre el corrompido mundo; y por medio de esta devoción a la Santísima Virgen, que no hago más que descubrir a grandes rasgos, empequeñeciéndola con mi miseria, estos santos personajes saldrán con todo»
El pensamiento del Santo es claro y su expresión también: por María llegará el Reino de Jesús, al fin de los tiempos, después de su Parusía.
Para San Luís María el triunfo es por la Parusía y por intermedio de la Virgen. Basta recordar lo que dice insistentemente:
[13] «Si, pues, como es cierto, el conocimiento y el Reino de Jesucristo llegan al mundo, ello no será sino continuación necesaria del conocimiento y del Reino de la Santísima Virgen, que lo dio a la luz la primera vez y lo hará resplandecer la segunda»
San Luís María identifica Parusía y Reino de Cristo.
Recodemos la Oración abrasada, que es eminentemente apocalíptica:
«Acordaos, Señor, de esta Comunidad en los efectos de vuestra justicia. Es tiempo de hacer lo que habéis prometido hacer. Vuestra divina ley es transgredida; vuestro Evangelio abandonado; los torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y hasta arrastran a vuestros servidores; toda la tierra está desolada; la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado, y la abominación está hasta en el lugar santo. ¿Dejaréis todo, así, en el abandono, justo Señor, Dios de las venganzas? ¿Llegará a ser todo, al fin, como Sodoma y Gomorra? ¿Os callaréis siempre? ¿No es preciso que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo, y que venga vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una futura renovación de vuestra Iglesia? ¿No deben los judíos convertirse a la verdad? ¿No es eso lo que la Iglesia espera? ¿No Os claman justicia todos los santos del cielo: vindica? ¿No Os dicen todos los justos de la tierra: Amen, veni Domine? Todas las criaturas, hasta las más insensibles, gimen bajo el peso de los innumerables pecados de Babilonia, y piden vuestra venida para restablecer todas las cosas»
Es totalmente claro que el triunfo debe venir por la intervención de Jesucristo en su Parusía.
Esto excluye el triunfo antes de la Parusía; porque, además, el triunfo es el Reino de Cristo sobre la tierra, después de la Segunda Venida.
El Santo identifica en sus escritos Parusía – Triunfo – Reino.
Quien no comprenda que San Luís enseña ésto, no comprende nada sobre la doctrina del Santo.
LA PROMESA DEL TRIUNFO UNIVERSAL
DEL CORAZON INMACULADO DE MARIA
El mensaje de Fátima nos enseña que en el momento de la gran apostasía será la devoción a la Santísima Virgen, y más precisamente la práctica de la reparación a su Corazón Inmaculado, que los purificara a todos del veneno del error y de las seducciones de Satán, y que los conducirá a Dios.
Por lo tanto, mientras la noche de la «desorientación diabólica» se espesa, las palabras de la Virgen María resplandecen en nuestro cielo como una estrella:
«Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará»
La serpiente infernal será irreversiblemente derribada, su cabeza aplastada.
Promesa irrevocable, incondicional.
De este modo, Nuestra Señora no nos ha dado una vaga e incierta promesa de victoria final, sino que ha indicado con precisión los acontecimientos maravillosos que suscitarán y establecerán el Reino Universal de su Corazón Inmaculado.
Sí, esta hora llegará, y nosotros podemos adelantarla respondiendo plenamente, por lo que toca a nuestra parte, a los pedidos de Nuestra Señora: la recitación cotidiana del Rosario y de las oraciones enseñadas por el Ángel y por la Virgen María; práctica de la Comunión reparadora de los Primeros Sábados; porte del Escapulario de Nuestra Señora del Monte Carmelo como signo de nuestra consagración a su Corazón Inmaculado.
Concluyamos con San Luís María:
[217] «El alma de María estará en ti para glorificar al Señor y su espíritu se alborozará por ti en Dios, su Salvador, con tal que permanezcas fiel a las prácticas de esta devoción. «Que el alma de María more en cada uno para engrandecer al Señor, que el espíritu de María permanezca en cada uno para regocijarse en Dios».
¡Ay! ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso, dice un santo varón de nuestros días, ferviente enamorado de María, cuándo llegará ese tiempo dichoso en que Santa María sea restablecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús?
¿Cuándo respirarán las almas a María como los cuerpos respiran el aire? Cosas maravillosas sucederán entonces en la tierra, donde el Espíritu Santo al encontrar a su Esposa como reproducida en las almas vendrá a ellas con abundancia de sus dones y las llenará de ellos, especialmente del de sabiduría, para realizar maravillas de gracia. ¿Cuándo llegará, hermano mío, ese tiempo dichoso, ese siglo de María, en el que muchas almas escogidas y obtenidas del Altísimo por María, perdiéndose ellas mismas en el abismo de su interior, se transformarán en copias vivientes de la Santísima Virgen, para amar y glorificar a Jesucristo? Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva la devoción que yo enseño: «Ut adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariae!» ¡Señor, a fin de que venga tu reino, que venga el reino de María!»»
