El grito de guerra durante la persecución religiosa en México con los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles de 1927 a 1929.
Las mujeres; viudas, esposas, hermanas, etc., jugaron un papel preponderante al organizar las Brigadas Femeninas Juana de Arco, responsables de el abastecimiento de armas, municiones y cuidado de los heridos.
Las Brigadas Femeninas eran un secreto total para todos los que a ellas no perteneciesen. El JURAMENTO era prestado de rodillas DELANTE DEL CRUCIFIJO:
«Ante Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ante la Santísima Virgen de Guadalupe y ante la Faz de mi Patria, yo, N. Juro que; aunque me martiricen o me maten, me halaguen o prometan todos los reinos del mundo, guardaré el tiempo que sea necesario y en secreto absoluto todo sobre la existencia, actividades, y sobre todo, los nombres de personas, sus domicilios, señalamientos y particularidades…que se refieran a sus miembros.
Con la gracia de Dios, primero morir que convertirme en delatora».
Hacia fines de 1929, cuando el gobierno al fin descubrió como eran abastecidos los ejércitos cristeros, llegaron a ser mas de 30,000 brigadistas. Se vestían con ropa especialmente confeccionada para llevar dentro de ella armas y municiones hacia el campo de batalla.
La mujer fue también la que dió valor a esposos e hijos para unirse a los ejércitos cristeros diciéndoles; «tu ve a pelear por nuestra Iglesia y nuestra religión, que aquí nosotras ya cuidaremos de la familia y los niños».
FUENTE: Crónicas de un Cristero
