TOMÁS DE KEMPIS: MEDITACIONES PARA PREPARAR LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS (CONTINUACIÓN)

IMITACIÓN DE JESUCRISTO

LIBRO CUARTO

Santísimo Sacramento del Altar

Pensamientos selectos – Continuación

Capítulo VII:

13º) Llora y duélete de que aún eres tan carnal y mundano, tan poco mortificado en las pasiones, tan lleno de movimientos de concupiscencia; tan poco diligente en la guarda de los sentidos exteriores, tan envuelto muchas veces en vanas imaginaciones; tan inclinado a las cosas exteriores, tan negligente en las interiores; tan fácil a la risa y a la disipación, tan duro para las lágrimas y la compunción; tan dispuesto a la relajación y regalos de la carne, tan perezoso al rigor y al fervor; tan curioso para oír novedades y ver cosas hermosas; tan remiso en abrazar las humildes y despreciadas; tan codicioso de poner mucho; tan encogido en dar; tan avariento en retener; Tan inconsiderado en hablar, tan poco detenido en callar; tan descompuesto en las costumbres, tan indiscreto en las obras; tan desordenado en el comer, tan sordo a las palabras de Dios; tan presto para holgarte, tan tardío para trabajar; tan despierto para oír hablillas y cuentos, y tan soñoliento para velar en oración; tan impaciente por llegar al fin, y tan vago en la atención; tan negligente en el rezo, tan tibio en la Misa, tan indevoto en la Comunión; tan a menudo distraído, tan raras veces enteramente recogido; tan prontamente conmovido a la ira, tan fácil para disgustar a los demás; tan propenso a juzgar, tan riguroso en reprender; tan alegre en la prosperidad, tan abatido en la adversidad; tan fecundo en los buenos propósitos, y tan estéril en ponerlos por obra.

Capítulo VIII:

14º) Así como yo me ofrecí voluntariamente por tus pecados a Dios Padre con las manos extendidas en la cruz, y todo el cuerpo desnudo, de modo que nada me quedó que no pasase en sacrificio para reconciliarte con Dios: Así debes tú también ofrecérteme cada día en la Misa en ofrenda pura y santa, cuanto más entrañablemente puedas, con toda la voluntad, y con todas tus fuerzas y deseos.

¿Qué otra cosa quiero de ti más que el que te entregues a Mí sin reserva? Cualquier cosa que me des sin ti, no gusto de ella; porque no quiero tu don, sino a ti mismo.

Así como no te bastarían todas las cosas sin Mí, así no puede agradarme a Mí cuanto me ofrecieres sin ti. Ofrécete a Mí y date todo por Dios, y será muy acepto tu sacrificio.

15º) Mira cómo Yo me ofrecí todo al Padre por ti; y también te di todo mi Cuerpo y Sangre en manjar, para ser todo tuyo, y que tú quedases todo mío. Mas si tú estás pegado a ti mismo, y no te ofreces de buena gana a mi voluntad, no es cumplida ofrenda la que haces, ni será entre nosotros entera la unión.

Capítulo IX:

16º) Yo deseo ofrecérteme de mi voluntad y quedar tuyo para siempre. Señor, con sencillez de corazón me ofrezco hoy a Ti por siervo perpetuo, en obsequio y sacrificio de eterna alabanza. Recíbeme con este Santo Sacrificio de tu precioso Cuerpo que te ofrezco hoy en presencia de los Ángeles que están asistiendo invisiblemente, para que los recibas por mi salud y la de todo el pueblo.

17º) Señor, yo te presento en el altar de tu misericordia todos mis pecados y delitos, cuantos he cometidos en tu presencia y de tus Santos Ángeles desde el día que comencé a pecar hasta hoy, para que Tú los abrases todos juntos y los quemes con el fuego de tu caridad, quites todas las manchas de ellos, limpies mi conciencia de todo delito, y me vuelvas a tu gracia que perdí por el pecado, perdonándomelos todos enteramente, y admitiéndome misericordiosamente al ósculo de tu paz y amistad.

18º) También te ofrezco, Señor todos mis bienes, aunque muy pocos e imperfectos, para que Tú los enmiendes y santifiques, para que los hagas agradables y aceptos a Ti, y siempre los mejores; y a mí, hombrezuelo inútil y perezoso, me lleves a un santo y bienaventurado fin.

19º) También te ofrezco todos los santos deseos de los devotos, y las necesidades de mis parientes, amigos, hermanos y de todos los conocidos, y de cuantos me han hecho bien a mí y a otros por tu amor; Y de todos los que desearon y pidieron que yo orase, o dijese Misa por ellos, y por todos los suyos vivos y difuntos; para que todos sientan el fervor de tu gracia, el auxilio de tu consolación, la protección en los peligros y en el alivio en los trabajos; para que, libres de todos los males, te den muy alegres y cordialísimas gracias.

20º) También te ofrezco mis oraciones y el sacrificio de propiciación, especialmente por los que en algo me han enojado o vituperado, o me han hecho algún daño o agravio; y por todos los que yo enojé, turbé, agravié y escandalicé, por palabra, por obra, por ignorancia o advertidamente; para que Tú nos perdones a todos nuestros pecados y ofensas recíprocas.

Aparta, Señor, de nuestros corazones toda mala sospecha, toda ira, indignación y contienda, y cuanto pueda estorbar la caridad, y disminuir el amor del prójimo.

Capítulo X:

21º) Muy a menudo debes acudir a la fuente de la gracia y de la misericordia divina; a la fuente de la bondad y de toda pureza, para que puedas sanar de tus pasiones y vicios, y merezcas hacerte más fuerte y más despierto contra todas las tentaciones y engaños del demonio. El enemigo, sabiendo el grandísimo fruto y remedio que hay en la sagrada Comunión, trabaja cuanto puede sin perder medio y ocasión por retraer y estorbar a los fieles y devotos.

22º) ¿De qué sirve retardar mucho la confesión, o diferir la sagrada Comunión? Límpiate cuanto antes, vomita luego el veneno, toma presto el remedio, y te hallarás mejor que si lo dilatares mucho tiempo.

Capítulo XI:

23º) ¡Oh, cuán grande y honorífico es el oficio de los sacerdotes, a los cuales es concedido consagrar al Señor de la majestad con las palabras sagradas, bendecirlo con sus labios, tenerlo en sus manos, recibirlo en su propia boca, y distribuirle a los demás! ¡Oh, cuán limpias deben estar aquellas manos, cuán pura la boca, cuán santo el cuerpo, cuán inmaculado el corazón del sacerdote, donde tantas veces entra el Autor de la pureza!

Capítulo XII:

24º) Pero conviene que no solo procures la devoción antes de comulgar, sino que también la conserves con cuidado después de recibido el Sacramento. Ni es menos necesario después el recogimiento y vigilancia, que lo es antes la devota preparación; porque el cuidado que después se tiene, es la mejor disposición para recibir nuevamente mayor gracia. Y al contrario, se indispone para ella el que luego se entrega con exceso a las complacencias exteriores. Guárdate de hablar mucho, recógete a algún lugar secreto, y goza de tu Dios; pues tienes al que no te puede quitar todo el mundo. Yo soy a quien te debes entregar sin reserva, de manera que ya no vivas en ti, sino en Mí sin cuidado alguno.

Capítulo XVIII:

25º) Guárdate de escudriñar inútil y curiosamente este profundísimo Sacramento, sino te quieres ver anegado en un abismo de dudas. El que es escrudriñador de la majestad, será abrumado de su gloria. Más puede obrar Dios, que lo que el hombre puede entender. Pero no se prohíbe el devoto y humilde deseo de alcanzar la verdad a aquellos que siempre están prontos a ser enseñados, y caminar según las santas doctrinas de los Santos Padres.

26º) Muchos perdieron la devoción, queriendo escudriñar las cosas sublimes. Fe se te pide y vida sencilla, no elevación de entendimiento ni profundidad de los misterios de Dios. Si no entiendes y comprendes las cosas más triviales, ¿cómo entenderás las que están sobre la esfera de tu alcance? Sujétate a Dios, y humilla tu juicio a la fe, y se te dará la luz de la ciencia, según te fuere útil y necesaria.

27º) Algunos son gravemente tentados contra la fe en este Sacramento; más esto no se de imputar a ellos, sino al enemigo. No tengas cuidado, no disputes con tus pensamientos, embriagándolos ni respondas a las dudas que el diablo te sugiere; sino cree en las palabras de Dios, cree a sus Santos y a sus Profetas, y huirá de ti el malvado enemigo. Muchas veces es muy conveniente al siervo de Dios el padecer estas tentaciones. Pues no tienta el demonio a los infieles y pecadores a quienes ya tiene seguros; sino que tienta y atormenta de diversas maneras a los fieles y devotos.

28º) Acércate, pues, con una fe firme y sencilla, y llégate al Sacramento con suma reverencia; y todo lo que no puedes entender, encomiéndalo con seguridad al Dios todopoderoso. Dios no te engaña; el que engaña es el que se cree a sí mismo demasiadamente. Dios anda con los sencillos, se descubre a los humildes, y da entendimiento a los pequeños, alumbra a las almas puras, y esconde su gracia a los curiosos y soberbios. La razón humana es flaca, y puede engañarse; mas la fe verdadera no puede ser engañada.