DOMINGO DE PASCUA
DE RESURRECCIÓN
Pasado el sábado, María Magdalena, María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Se decían unas otras: ¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro? Y levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: No temáis. Buscáis a Jesús de Nazaret crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que os precederá en Galilea; allí le veréis, como os lo dijo.
Ha resucitado, no está aquí…
Dijimos anoche que por la Resurrección de Nuestro Señor tenemos la certeza de la inmortalidad, hasta de esta carne deleznable.
Y este cuerpo corruptible que fatiga al alma, vaso de barro que deprime la mente, ya no será el formidable enemigo del espíritu, sino que él mismo, a semejanza del cuerpo resucitado de Cristo, será espiritual e inmortal.
También se podrá decir un día de cada uno de nosotros: ha resucitado, no está aquí…
Porque Jesucristo, que ha querido que su Resurrección fuese la causa ejemplar de la nuestra, transformará nuestro cuerpo vil y lo hará conforme al suyo glorioso.
Tremenda visión la de nuestro cadáver… Horrible aspecto el de estos huesos, de esta podre, de esta ceniza, que en sus entrañas encierran los sepulcros…
Si por misericordia de Dios nuestra alma se ha salvado, la resurrección borrará esta vergüenza de nuestra carne y dará a nuestros cuerpos claridad, agilidad, sutilidad e inmortalidad.
Nadie como San Pablo ha descrito esta gloriosa transfiguración: El cuerpo es sembrado en la corrupción, y resucitará en la incorruptibilidad; es sembrado en la ignominia, resucitará en la gloria; es sembrado en la debilidad, resucitará en la fuerza; es sembrado cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual.
Y, presintiéndose ya revestido de inmortalidad, así cantaba su triunfo sobre la muerte: Cuando este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: La muerte ha sido absorbida por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? Gracias sean dadas a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo.
Retengamos de la Resurrección de Jesucristo la lección que reiteradamente saca el Apóstol del hecho magnífico de la nueva Vida que vivió Jesús después de su muerte. Es lección de vida cristiana.
Creemos, porque Cristo resucitó; esperamos, porque su Resurrección es motivo, prenda y modelo de la nuestra. Pero esto no será así, si no resucitarnos según el espíritu ya en esta vida mortal.
Pues hay dos maneras de resucitar, como hay dos maneras de morir, consiguientes a dos maneras de vivir.
Se muere con el alma muerta por el pecado o con el alma viva por la gracia; y a estas dos maneras de morir responden dos maneras de resucitar: o se resucita para vivir eternamente la muerte del infierno, porque la vida de aquel lugar, dice san Agustín, es la muerte de toda vida; o para vivir eternamente en el Cielo, donde toda vida tiene su expansión definitiva.
De estas dos formas de resucitar hablaba Jesucristo en el altísimo discurso a los judíos después de la curación del paralítico de la piscina de Bethsaida. Les hablaba de la resurrección espiritual, que no es otra que la justificación, cuando les decía que resucita a quien quiere; es decir, que la resurrección de los espíritus no es general, sino de los que quiere Jesús: El Hijo del hombre da la vida a los que quiere. Yo os aseguro que viene la hora, y ha llegado ya, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren, vivirán.
¿Quiénes son los que la oyen? Los que quieren incorporarse a la obra vivificadora de Jesucristo, correspondiendo a la voluntad de Jesús que les llama.
Y luego habla de la resurrección general de los cuerpos, que ocurrirá el día del juicio final: Viene la hora, en que todos los que están en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios.
Toda la teoría de la vivificación del hombre por Cristo se mueve alrededor de estas dos verdades: Jesucristo lo resucita todo, cuerpos y almas: ésta es la primera verdad.
Los cuerpos resucitarán todos fatalmente, queramos o no; pero la resurrección del espíritu no se verificará, si el hombre no se incorpora voluntariamente, oyendo la voz de Dios, a la obra vivificadora de Jesucristo: ésta es la otra verdad.
El juez que ha de pronunciar la sentencia sobre si la voluntad del hombre se ha acoplado o no a la de Jesucristo, correspondiendo a su voluntad de vivificarle, es el mismo Jesús, como lo declara en el mismo discurso de la Resurrección.
Ante este juicio universal deberá comparecer toda la humanidad al oír la voz del Hijo del hombre que resonará sobre los sepulcros: Y los que hayan hecho el bien saldrán para la resurrección de la vida; pero los que hubiesen hecho el mal saldrán para la resurrección del juicio, que lo será de muerte eterna.
Así, la Resurrección de Jesucristo, fundamento de la fe y motivo y gaje de la esperanza del cristiano, es la piedra de toque para estimar el valor de toda nuestra vida en orden a nuestro destino eterno.
¿Hemos hecho nuestra su Resurrección? Viviremos eternamente.
¿No hemos conresucitado con Él? Entonces resucitará nuestro cuerpo, pero será para acompañar en su desgracia eterna a nuestro espíritu muerto.
Jesucristo no murió para quedar en el sepulcro, sino para revivir. En la obra redentora de Jesús, la Resurrección es un complemento necesario de su muerte. Jesús debía sucumbir para que quedara destruido el pecado; pero a su muerte, equivalencia de la destrucción del pecado debía suceder el triunfo, definitivo y eterno, de su reviviscencia.
Tal debe ocurrir, por analogía, en nuestra vida cristiana: Toda ella se reduce a morir al pecado y a vivir en Cristo.
Las nociones de cristiano y pecador, en teoría, se excluyen. En tanto somos cristianos en cuanto hemos renunciado a las obras de pecado. Pues bien, el cristiano muere al pecado en el mismo momento en que recibe el Sacramento de la incorporación a Jesucristo, que es el Bautismo.
El Bautismo es la sepultura de nuestros pecados y, al mismo tiempo, es el símbolo de nuestra redención espiritual.
Jesucristo baja al sepulcro después de haber destruido nuestra muerte, que es el pecado; y sale de él resucitado para restaurar definitivamente nuestra vida, dice el Prefacio de Pascua.
Lo que hizo en el orden general de la redención, lo particulariza en el Bautismo en cada uno de nosotros.
Desde el momento del Bautismo hemos dejado el hombre viejo con sus vicios y concupiscencias, y hemos revestido el hombre nuevo, que ha sido creado según justicia en la verdad y santidad.
Como el sepulcro de Jesucristo, el Bautismo es la tumba de nuestros pecados y el punto de arranque de nuestra vivificación en Él.
San Pablo desarrolla maravillosamente esta teoría del Bautismo, como símbolo de la sepultura y resurrección de Jesús: ¿Ignoráis que todos los que hemos sido bautizados en Jesucristo hemos sido bautizados en su muerte?
Ser bautizados en Jesús es serlo en orden a Jesús, para serle consagrados; y ser bautizados en su muerte es serlo en orden a su muerte, contrayendo una relación especial con la misma. Porque hemos sido consepultados con Él por el bautismo, a fin que, como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria de su Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Toda la argumentación de San Pablo se reduce, pues, a esto: Jesucristo, representante universal de todos los pecadores, hecho pecado vivo, venció con su muerte al pecado, y bajó al sepulcro sin él; y del sepulcro salió con una vida totalmente nueva.
Así nosotros: por el bautismo deponemos todo pecado, porque hacemos profesión de renunciar a todos ellos e incorporarnos a Jesucristo. Del Bautismo salimos con una vida totalmente nueva, como lo hizo Jesucristo al salir del sepulcro.
Para comprender toda la fuerza de esta semejanza mística, que se funda en algo material como es el sepulcro, recuérdese que primitivamente el bautismo se administraba por inmersión: era el Bautisterio antiguo como un sepulcro; en sus aguas quedaba como sepultado el bautizado; su salida de ellas era como una resurrección, un retorno a una vida nueva.
Asentado este fecundo principio de nuestra muerte y resurrección, místicas, he aquí las consecuencias que saca el Apóstol al cotejarlas con la muerte y resurrección reales de Jesucristo:
Primera: La crucifixión y la muerte con Cristo importa que dejemos en el sepulcro del Bautismo el hombre viejo, que sea destruido el cuerpo de pecado y que no sirvamos ya más al pecado: Sabiendo que nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Él, a fin de que sea destruido el cuerpo de pecado y no seamos ya más esclavos del pecado.
El hombre viejo es el que quedó maltrecho por el pecado de Adán; el nuevo es el que ha sido restaurado por el Segundo Adán, Jesucristo. El cuerpo de pecado es este pobre cuerpo, foco de toda concupiscencia, que vive en relación perpetua con el pecado, del que no puede librarse sino por la vida de Cristo. Por lo mismo, el solo hecho de ser cristiano lleva consigo el deber de morir a todo lo que sea pecado.
Segunda: Morir al pecado es condición previa y gaje de que viviremos con Jesucristo su misma vida: Si hemos muerto con Cristo, creemos que viviremos también con Jesucristo. Jesucristo murió, y luego vivió otra vida. ¿Hemos muerto con Él? Tengamos firme esperanza de que también viviremos con Él.
Tercera: La resurrección con Cristo importa en sí misma, para ser semejante a la de Él, la inmortalidad espiritual, es decir, que el cristiano que ha sido complantado con Cristo ya no debe pecar más, desgajándose de la unidad de vida con Cristo: Sabiendo que Cristo resucitado de entre los muertos ya no muere más, que la muerte no tendrá ya más imperio sobre Él.
La razón es decisiva y profunda: Jesucristo murió una sola vez para cancelar el pecado, que ya no hizo mella en Él; en cambio, la vida que le sobrevino después de la muerte es definitiva y eterna, como la misma vida de Dios: Porque en cuanto murió por el pecado, murió una sola vez; pero en cuanto vive, vive por Dios.
Cuarta: Cierra el Apóstol el bello paralelismo entre nuestra resurrección y la de Cristo con el pensamiento de que hemos de morir al pecado una sola vez y hemos de vivir siempre y sin interrupción para Dios, en esta vida que nos conquistó Jesucristo: Consideraos, como Él, muertos ya al pecado y viviendo por Dios en Jesucristo Nuestro Señor.
A esta exposición doctrinal, agrega San Pablo una exhortación. La resurrección debe ser definitiva; pero quedan en el fondo de nuestra vida elementos que tratan de rebelarla contra Dios y destruir en ella la vida divina, haciéndola morir otra vez al pecado.
Hay que utilizar todo recurso vital, de alma y cuerpo, para no sucumbir de nuevo, a fin de no contrariar las leyes de la resurrección espiritual: Que no reine ya más el pecado en vuestro cuerpo mortal, de tal manera que sirváis a sus concupiscencias; ni uséis de vuestros miembros para el pecado como armas de iniquidad; sino entregaos a Dios, como redivivos de entre los muertos, y dad a Dios vuestros miembros como armas de santidad y justicia.
Tal es el misterio de la resurrección pascual: muertos con Cristo, resucitemos con Él; resucitados con Él, vivamos la misma vida que Él, que es la vida misma de Dios.
¡Qué bien ha interpretado la Iglesia este misterio de la transformación de la vida cristiana en Cristo resucitado! En la Epístola de este Domingo de Resurrección nos dice por boca de San Pablo:
Purificaos de la vieja levadura, a fin de que seáis una pasta nueva, ya que sois panes ácimos; porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Como si dijera: Desalojad de vuestras almas el viejo fermento del pecado; ya sois puros, porque os ha purificado nuestra purísima Pascua, que es Jesucristo inmolado.
Y durante todo el tiempo pascual la Liturgia hace oír la magnífica exhortación del Apóstol a los Colosenses: Si habéis conresucitado con Cristo, buscad las cosas que son de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha del Padre; sentid el gusto de las cosas de arriba, no de las que están sobre la tierra.
De la muerte a la vida; del pecado a Dios; de la tierra al Cielo; de la vida del hombre viejo según la carne a la del hombre nuevo según el espíritu. Este es el misterio de la vida cristiana en relación con la Resurrección de Jesucristo: Somos muertos — hechos insensibles a las cosas de la tierra-—; y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
Allá está el término definitivo de nuestra resurrección, según el espíritu, y según el cuerpo cuando sea su hora.
Este es el gran misterio de la Pascua cristiana: el Hombre-Dios que sale redivivo del sepulcro.
Pero nuestra Pascua de acá es transitoria.
Lo es, porque es temporal, y el tiempo es fugaz: no hemos llegado todavía al estado de inmortalidad definitiva, como nuestro Modelo Jesucristo resucitado.
Lo es, porque nuestra miseria nos hunde, tal vez con frecuencia, en el sepulcro del pecado de donde salimos un día para vivir la vida de Dios: la vida divina no conoce retrocesos, pero nosotros sí, que cien veces hemos puesto la mano en el arado y hemos vuelto la vista atrás.
Todo nuestro esfuerzo debe tender a «contemplarnos» cada día más con Jesucristo resucitado, para vivir más intensamente con Él la vida de Dios, y a no separarnos más de Él hasta que con Él celebremos la solemnidad de la Pascua definitiva y eterna.


Saludos Pbro. Ceriani:
…¿QUIÉNES SON LOS QUE LA OYEN?:
Los que entienden y aceptan su principio, su función y su meta, o sea: los que entienden y aceptan que son creación de Dios, por qué provienen de Dios mismo; que deben de hacer uso de la inteligencia y libre albedrio que Dios les proporcionó, para vencer el instinto, las tentaciones, las concupiscencias, el carácter y las circunstancias personales, siempre intentando agradar a Dios con sus actos y pensamientos; que entienden y aceptan la meta para la cual fueron creados y luchan por alcanzar la gloria junto a Dios, Dios nos doto de inteligencia y libre albedrio tan solo para que por voluntad propia tomemos la decisión de estar con Él.
CREO!!!
Ave María Purisima.
Jesucristo: hecho pecado vivo.??
2 Corintios 5:21 El cual por amor de nosotros ha tratado a aquel que no conocia el pecado, como si hubiese sido el pecado mismo, con el fin de que nosotros viniesemos a ser en el justos con la justicia de Dios.
El rigor de la justicia Divina cayó sobre Cristo durante su pasión y muerte en la Cruz, pero no es que Cristo fuera o se convirtiese en ese momento en pecado?.
Agradecería al P. Ceriani me aclarese este titulo, pues creo que San Pablo no quería decir esto.
Saludos en Cristo.
Nikael:
En mi sermón se lee: Toda la argumentación de San Pablo se reduce, pues, a esto: Jesucristo, representante universal de todos los pecadores, hecho pecado vivo, venció con su muerte al pecado, y bajó al sepulcro sin él; y del sepulcro salió con una vida totalmente nueva.
Santo Tomás explica: “Dios nos reconcilió consigo como causa eficiente, esto es, por su parte; pero para que nos sea meritoria es necesario también que se haga la reconciliación por nuestra parte. Y esto ciertamente se realiza en el bautismo y en la penitencia, y entonces desistimos de los pecados. De aquí que el estar en nosotros tal facultad de reconciliarnos con Dios lo muestra por el hecho mismo de que nos dio el poder de vivir justamente, poder con el cual podemos abstenernos de los pecados, y obrando así nos reconciliamos con Dios.
Y por eso dice: A El que no conoció pecado, etc.
Como si dijera: Bien podéis reconciliar porque Dios, a saber, el Padre, a Él, o sea, a Cristo, que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado.
Lo cual se explica de tres maneras.
La primera, porque según la costumbre del Antiguo Testamento al sacrificio por el pecado se le llama pecado. Y entonces el sentido es éste: Lo hizo pecado, esto es, hostia, o bien sacrificio por el pecado.
De otro modo, porque pecado se toma a veces por semejanza del pecado, o bien por pena del pecado. Envió Dios a su Hijo en semejanza de pecado (Rm 8,8), o sea, que en semejanza de pecado condenó al pecado. Y entonces el sentido es éste: Lo hizo pecado, esto es, hizo que El asumiera la carne mortal y pasible.
De un tercer modo, porque a veces se dice que una cosa es esto o lo otro, no porque lo sea, sino porque los hombres opinan que así es. Y entonces el sentido es éste: Lo hizo pecado, esto es, hizo que se le tomara por pecador. Ha sido confundido con los facinerosos (Is 53,12). Y esto lo hizo así para que nosotros viniésemos a ser justicia, esto es, para que nosotros, que somos pecadores, no sólo nos hagamos justos sino aún más: la misma justicia, o sea, para que seamos justificados por Dios; o bien la justicia, porque no sólo nos justificó sino que también quiso que por nosotros otros fueran justificados.»
Mi bendición
Gracias por la aclaración-.
¡Felices Pascuas!
Gracias Padre Ceriani, siempre con sus claros sermones, que nos marcan las pautas de vida para llegar a la Verdadera Vida>!!
Felices Pascuas
Sr. Mikael, sin pretender en absoluto responder en reemplazo del Padre Ceriani, a quien no le llego ni a los zapatos, creo que lo que quiso decir, es que Nuestro Señor, tomo sobre Si, en un acto de suprema Bondad y libremente, todos NUESTROS pecados, desde los de Adan hasta los del último hombre, para redimirnos con su Gloriosa Pasion, Muerte y Resurrección.
Citas y Comentarios sobre la Encarnación, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
He tomado estas citas del Nuevo Testamento con sus respectivos comentarios, con el fin de avalar algunos puntos del sermón para el Domingo de Pascua del Padre Ceriani, referente a la Encarnación, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
Las citas fueron tomadas de:
“La Santa Biblia traducida al Español de la Vulgata Latina y Anotada Conforme al Sentido de los Santos Padres y Expositores Católicos, por el Ilmo. Sr. D. Felipe Scio De S. Miguel, Madrid, 1854”.
Beneficios de la Encarnación de Jesucristo:
1.- Juan 1, 14: “Y el Verbo fue hecho carne (4), y habitó entre nosotros (5):…”
Comentarios:
(4) “Se hizo hombre: El Evangelista dice, que se hizo carne y no hombre: primeramente para distinguir más claramente las dos naturalezas en Jesucristo: en Segundo lugar para mostrarnos la bondad y caridad inmensa de Dios, que se dignó tomar la porción más vil y abatida que hay en el hombre: y últimamente para proporcionar la medicina a la cualidad de la enfermedad. Se vistió de nuestra carne, para sanar por este medio aquella porción del hombre, que el pecado de Adam había viciado y corrompido. Se hizo carne, no mudando su ser, ni convirtiendo el Verbo en carne, sino tomando la naturaleza humana, y uniéndola con la divina: de tal manera, que esta naturaleza humana subsiste en la persona del Verbo, de donde resulta, que es una sola la persona del Hombre Dios, permaneciendo entera y perfecta la esencia y las propiedades de una y otra naturaleza. Sto. Tomás.
(5) Vivió y conversó entre nosotros, como uno de nosotros”.
Para hacernos hijos de Dios:
2.- Juan 1, 11-12:
11 “A lo suyo vino, y los suyos no le reconocieron (16).
12 Mas a cuantos le recibieron (1), les dió poder de ser hechos hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre:”
Comentarios:
(16) “Vino por su encarnación al mundo, que era propia obra suya: vino a la casa de Israel, llamada tantas veces en las Escrituras: Heredad de Dios, posesión de Dios, pueblo de Dios; mas los Judíos no le recibieron. Sto. Thomás.
(1) Y le reconocieron por su Redentor y Salvador; les dió la prerrogativa y el derecho de ser hijos de Dios, como hermanos de Jesucristo, y por consiguiente herederos de la eterna felicidad; y esto no por una generación o parentesco carnal, sino por un nacimiento todo espiritual, que viene del Espíritu de Dios, por el cual se corrigen las malas inclinaciones, se disipan las tinieblas del alma, el corazón se purifica y se enciende en vivas llamas de amor divino: no por la circuncisión, ni por el sacrificio del Cordero pascual, sino por virtud del Bautismo del verdadero Cordero sacrificado en la cruz.”
Para salvarnos y darnos la vida eterna:
3.- Juan 5, 26:
26 “Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo: así también dió al Hijo el tener vida en sí mismo (5):”
Comentario:
(5) “Como el Padre tiene vida en sí mismo, porque la tiene de toda eternidad por su naturaleza divina: así también ha dado al Hijo, engendrándole ante todos los siglos de su sustancia, que tuviese vida en sí mismo, como una cosa inseparable del ser divino, que ha recibido de su Padre.”
4.- Juan 3, 16-17:
16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo (8), que dió a su Hijo Unigénito (9): para que todo aquel que cree en él, no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque no envió Dios su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él (10)”.
Comentarios:
(8) “Esto es, a los hombres.
(9) No uno de sus siervos, no un ángel o un arcángel, sino su Hijo, …, el Unigénito. ¿Qué padre dió jamás pruebas de tan grande exceso de amor a un hijo suyo, como las que dió Dios a los hombres, que le habían de corresponder con tanta ingratitud?
(10) Yo no he sido enviado, como Moysés, aquel antiguo legislador, cuya ley servía sólamente para condenar al universo; sino como Señor y como Redentor, para emplear mi misericordia con los hombres, para sacarlos de la esclavitud en que viven, y para conceder la gracia que justifica, en lugar de la ley que condena. S. Cyrilio. Vivían los Judíos en la persuasión, que Dios sólamente amaba a ellos, y aborrecía a todas las otras naciones, y por consiguiente, que éstas eran incapaces de tener parte en el reino del Mesías: y el Señor, contra esta opinión común y sentada entre los Judíos, da a entender a Nicodemo, que el Señor sería Redentor no sólamente de los Judíos, sino también de todas las naciones del mundo. Véase la epístola primera del mismo S. Juan, Capítulo II, 2”.
5.- Juan 17, 2:
2 “Como le has dado poder sobre toda carne, para que todo lo que le diste a él, les dé a ellos vida eterna (2)”.
Comentario:
(2) “Sobre toda carne, sobre todas las criaturas, sobre toda la Iglesia. Ad Ephes. 1, 22. Para que dé la vida eterna a todos aquellos que le diste a él. Es helenismo, y a mas de la figura silepsis, que dejamos ya explicada, hay la de un hipérbaton, o irregular trasposición de palabras. Cuanto es de sí, a todos vino a salvar; pero sólo se salvarán aquellos que trajo el Padre, que le dió el Padre, predestinándolos en su Hijo. S. Agustín.”
Para darnos vida por medio de la Eucaristía:
6.- Juan 6, 33:
33 “Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo, y da vida al mundo (7)”.
Comentario:
(7) “Jesucristo, que envió Dios a los hombres para salvarlos, es el verdadero pan de Dios, y el verdadero pan del cielo: porque habiendo bajado del seno de su Padre por su encarnación para hacerse hombre, y dar la vida a los hombres; no sólamente murió por ellos, sino que se quedó en la Eucaristía, como un Pan divino, destinado para alimento de las almas, y para hacerlas vivir eternamente: que está siempre con nosotros, y da la vida no a un pueblo, sino a todos los del mundo”.
Para librarnos del pecado, y darnos la libertad de hijos de Dios:
7.- Juan 8, 34-36:
34 “Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
35 Y el esclavo no queda en casa para siempre: mas el hijo queda para siempre (8).
36 Pues si el hijo (9) os hiciere libre, verdaderamente seréis libres”.
Comentarios:
(8) “Cuando llegue el tiempo de la separación particular en la hora de la muerte, o de la general en el día del juicio, los esclavos del pecado serán para siempre separados de la casa del Señor, y sólo los hijos quedarán para habitar en ella eternamente.
(9) Porque es el heredero y el dueño, y por eso tiene derecho de vender, o de poner en libertad a los esclavos como gustare”.
Para ser nuestro Pastor, y conducir nuestras vidas según sus Mandamientos:
8.- Juan 10, 9-11:
9 “Yo soy la puerta. Quien por mí entrare, será salvo: y entrará, y hallará pastos (2).
10 El ladrón no viene, sino para hurtar, y para matar, y para destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en más abundancia.
11 Yo soy el buen Pastor (3). El buen Pastor da su vida por sus ovejas (4)”.
Comentarios:
(2) “MS. Pasturas. No basta entrar por la puerta, que es Jesucristo, para salvarse. Judas entró por esta misma puerta y se perdió: y así lo que significan estas palabras será salvo, es que se pondrá en estado de salvación, aunque pueda después perderse por su culpa. El que por el bautismo y la fe en Jesucristo hubiere entrado en su Iglesia, si es fiel a las promesas que hizo en él, vivirá libre de pecado, y saldrá en paz de este mundo a gozar de la eterna bienaventuranza. Se alimentará mientras viva, con su divina y celestial doctrina, con la sacratísima Eucaristía, y con internos consuelos e inspiraciones: y después de la muerte pasará a gozar eternamente de la divina contemplación, y de la abundancia de todos los bienes del Señor, en los que quedará embriagado, cuando bebiere en el torrente de las divinas delicias. Psalmo XXXV, 9.
(3) El buen Pastor por excelencia; aquel Pastor, de quien dice Isaías XL, 11, que conducirá su ganado a los pastos, como un pastor que apacienta sus ovejas.
(4) Librándolas con su muerte del furor del lobo infernal, que quería devorarlas y disipar el ganado”.
Para por la Fe en Él, darnos su Luz y sacarnos de las tinieblas:
9.- Juan 12, 46:
46 “Yo he venido luz al mundo: para que todo aquel que en mí cree, no permanezca en tinieblas (9)”.
Comentario:
(9) “Yo, que soy la luz eterna, he venido al mundo, que estaba lleno de tinieblas, de errores y de ignorancia, para alumbrarle con la luz de mi doctrina y de mi ejemplo, y para que vea la luz de la verdad el que creyere en mis palabras”.
Para perdonar los pecados por medio de sus ministros, sacerdotes:
10.- Juan 20, 21-23:
21 “Y otra vez les dijo: Paz a vosotros. Como el Padre me envió, así también yo os envío (7).
22 Y dichas estas palabras sopló sobre ellos: y les dijo: Recibid el Espíritu Santo (8):
23 A los que perdonáreis los pecados, perdonados les son (9): y a los que se los retuvieréis, les son retenidos (10)”.
Comentarios:
(7) “Para el mismo fin de la salvación de los hombres, y con cierta participación de la misma autoridad para gobernar la Iglesia: con las mismas condiciones de predicar con la palabra y con el ejemplo, y de estar dispuestos a sufrirlo todo por la doctrina que predicasen; y últimamente con la promesa de la recompensa correspondiente a sus fatigas en el cielo. Estas palabras y las siguientes son encamidas en la persona de los apóstoles a todos los que debían sucederles en su ministerio por medio de una ordenación legítima.
(8) Este soplo es símbolo del Espíritu Santo, que les comunicó para que tuviesen la potestad de absolver y de ligar, instituyendo el sacramento de la Penitencia, y después el día de Pentecostés se les comunicó con mayor plenitud, y a toda la Iglesia. Conc. Trident. Ses. XIV, Cap. 1.
(9) Dios perdonará los pecados a aquellos a quienes vosotros se los perdonaréis por medio de la absolución, después que os los hubiesen confesado y que vosotros os hubieréis asegurado de la sinceridad de su conversión.
(10) O bien negándoles la absolución, si perseveran en la voluntad de pecar: o dilatándosela, cuando dudaréis, si se han convertido sinceramente”.
La salvación consiste en permitir que la luz de Jesucristo nos muestre las obras malas o de pecado, arrepentirnos de ellas y confesarlas al sacerdote; por el contrario la condenación consiste en no arrepentirse de las obras inspiradas por el espíritu de las tinieblas:
11.- Juan 3, 19-21:
19 “Mas este es el juicio (3): que la luz vino al mundo (4), y los hombres amaron más las tinieblas, que la luz: porque sus obras eran malas.
20 Porque todo hombre, que obra mal, aborrece la luz, y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas:
21 Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que parezcan sus obras, porque son hechas en Dios (5)”.
Comentarios:
(3) “Esto es, la causa de su condenación.
(4) Esta luz es Jesucristo, su doctrina, su gracia. A todo esto han cerrado los hombres los ojos, y han elegido antes permanecer ciegos en medio de las tinieblas y de sus pasiones, que gozar del beneficio de esta divina luz: y no queriendo apartarse de sus malas costumbres, tampoco quieren acercarse a esta luz, que descubre sus viciosas inclinaciones y la corrupción de su corazón.
(5) Según el Espíritu de Dios, y conforme a la verdad de la santa ley. Esto fue también como dar una tácita reprensión a Nicodemo, de que hubiese venido de noche a buscar a Jesucristo”.
La condición para que la Santísima Trinidad haga morada en nosotros es guardar sus Mandamientos, pues de esta forma demostramos que le amamos:
12.- Juan 14, 21-24:
21 “Quien tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama. Y el que me ama, será amado de mi Padre: y yo le amaré, y me le manifestaré (2) a mí mismo.
22 Le dice entonces Judas, no aquel Iscariotes: ¿Señor, qué es la causa, que te has de manifestar a nosotros, y no al mundo?
23 Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él (3).
24 El que no me ama, no guarda mis palabras. Y la palabra que habéis oído, no es mía: sino del Padre, que me envió”.
Comentarios:
(2) “Yo no me manifestaré; esto es, no comunicaré copiosamente mi luz divina, sino a aquel que me ama, y que da pruebas de su amor observanndo mis mandamientos. Al mundo lo dejaré envuelto en sus tinieblas.
(3) San Judas no entendió el sentido de las palabras del Señor, y por eso le hace esta pregunta. Jesucristo responde dándole a entender, que se descubrirá y manifestará a todos los que le amaren; que éstos guardarán sus mandamientos; y que en recompensa de esta fidelidad y amor, serán el objeto y el cariño de toda la Santísima Trinidad, que habitará en ellos de asiento y con modo muy particular. S. Agustín”.
Jesucristo, Cordero de Dios, sin mancilla, sacrificado para la remisión de nuestros pecados:
13.-Juan 1, 29:
29 “El día siguiente vió Juan a Jesús venir a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, he aquí el que quita el pecado del mundo (7)”.
Comentario:
(7) “En estas palabras hizo alusión al Cordero pascual que debía ser sacrificado según la ley de Moysés, y también a lo que había dicho el profeta Isaías LIII, 7, que sería llevado a la muerte como oveja, y que estaría en silencio, y mudo, como un cordero delante de aquel, que le está traquilando. S. Chrysóstomo. Un cordero, por quien nos sería dada la victoria sobre el pecado, que es el aguijón con que la muerte nos había herido. I Corinth. XV, 56, 57. Puede ser también alusivo al sacrificio perenne, que mañana y tarde se ofrecía por los pecados de todo el pueblo. Dice pecado en singular, porque vino principalmente a quitar, y librarnos del pecado original, que es el que en el primer hombre perdió a todos sus hijos, y de él tienen y han tenido principio todos los demás pecados del mundo. Sto. Thomás”.
Jesucristo conoce nuestras miserias y aflicciones, él mismo las vivió, a diferencia de que no pecó, por eso se compadece de nuestras enfermedades y tentaciones cuando pedimos su ayuda en la oración:
14.- Epístola de San Pablo a los Hebreos 4, 14-15:
(14) “Teniendo pues aquel grande Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios: conservemos nuestra confesión (3).
(15) Porque no tenemos un pontífice, que no pueda compadecerse de nuestras enfermedades: mas tentado en todas cosas a semejanza nuestra, excepto el pecado (4)”.
Comentarios:
(3) “O la fe que hemos profesado, que es el principio de todas nuestras esperanzas. Los pontífices de la ley Antigua entraban en el Sancta sanctorum, para llevar la sangre de los animales: mas Jesucristo, por medio de su sangre y por su propia virtud penetró hasta lo más alto de los cielos, como abriéndonos y mostrándonos el camino. Sto Thomas.
(4) habiéndose sujetado voluntariamente a todas las miserias y aflicciones a que estamos sujetos todos los hombres. Absque peccato puede también traducirse: Y esto sin pecado, sin haber merecido estas aflicciones, por cuanto era inocente y justo”.
La sangre de Jesucristo limpia nuestra conciencia de las obras de muerte hechas en el pecado para así “servir al Dios vivo”:
15.- Epístola de San Pablo a los Hebreos 9, 13-14:
(13) “Porque si la sangre de los machos de cabrío y de los toros, y la ceniza esparcida de la ternera santifica a los inmundos para purificación de la carne (15):
(14) ¿Cuánto mas la sangre de Cristo, el cual por Espíritu Santo (16) se ofreció a sí mismo sin mancilla a Dios, limpiará vuestra conciencia de obras de muerte (1), para servir al Dios vivo?”
Comentarios:
(15) “Levit. XVI, 15. El soberano pontífice sacrificaba una ternera roja, y la quemaba entera en presencia del pueblo. La ceniza de esta ternera mezclada con agua, servía para purificar a los que habían contraido alguna impureza legal, como el tocar un cuerpo muerto, etc. La aspersión de la ceniza de la ternera, para purificar de las impurezas legales, y la efusión de la sangre de los animales que se derramaba por los pecados, sólo causaban un efecto exterior, y no alcanzaban a purificar el alma: y si los que ofrecían estas víctimas, eran purificados interiormente, no podía ser sino por el mérito del sacrificio verdadero de Jesucristo, y por la fe que tenían en él. Theophylacto.
(16) Que es la causa de esta virtud infinita, que se halla en el sacrificio de Jesucristo. Sto. Thomás.
(1) Es a saber, de los pecados”.
El demonio, príncipe de este mundo, no tuvo dominio sobre Jesucristo en su vida mortal, quien no tuvo pecado:
16.- Juan 14, 30-31:
30 “Ya no hablaré con vosotros muchas cosas, porque viene el príncipe de este mundo (9), y no tiene nada en mí (10).
31 Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como me dió el mandamiento el Padre, así hago. Levantaos: y vamos de aquí (11)”.
Comentarios:
(9) “El demonio, para hacerme morir por las manos de sus ministros.
(10) Porque sólo tiene dominio y ejerce su imperio contra los pecadores.
(11) Mas aunque el Diablo no tiene que ver nada conmigo, con todo eso para que el mundo conozca que amo a mi Padre, y cuan pronto estoy a cumplir su mandamiento, y a obedecerle hasta la muerte; levantaos y vamos desde aquí a padecer…”
El Padre hizó víctima por nuestros pecados a Jesucristo, quien no conoció pecado para revestirnos de su justicia:
17.- Epístola II. de San Pablo a los Corinthios 5, 21:
21 “A aquel, que no había conocido pecado (2), le hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (3)”.
Comentarios:
(2) “Jesucristo, que no sólamente no conocía pecado, sino que por su misma naturaleza era incapaz de conocerlo, fue tratado por su Padre, como el mismo pecado; quiere decir como cargado de todos los pecados de todos los hombres, pues tomó sobre sí nuestros pecados, y nos revistió de su justicia. La palabra pecado, se toma muchas veces en la Escritura, como se puede ver en muchos lugares de Levítico, por la víctima, que se ofrecía por el pecado: y en este sentido se puede traducir: Que hizo víctima por el pecado, a aquel, que no conocía pecado.
(3) Jesucristo es la causa meritoria y eficiente de la justificación de los hombres, no formal como dicen los protestantes”.
El pecado es injusticia, “desobediencia y transgresión de la ley” de Dios:
18.- I Juan 3, 4-5:
4 “Todo aquel que hace pecado, hace también injusticia (12): porque el pecado es injusticia:”
5 Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados: y no hay pecado en él”.
Comentario:
(12) “Cometer un pecado, es apartarse de la justicia y de la rectitud, que pide la ley; porque el pecado es una iniquidad, o desobediencia y transgresión de la ley, y así, en el Griego* se llama …. Sabéis que el verbo eterno se encarnó para quitar y llevar sobre sí nuestros pecados, siendo él por su naturaleza impecable. Luego el que peca, lejos de santificarse y parecerse a él, pretende hacer lo contrario de lo que Jesucristo se propuso cuando vino al mundo, e intenta con sus pecados cargar más y más a Jesucristo, y echar por tierra el misterio de la Encarnación, resistiendo al divino Redentor, cuyo designio fue destruir el pecado. De todo lo cual se infiere, que el que no peca permanence en Jesucristo; y por el contrario, que el que peca no conoce a Jesucristo con un conocimiento efectivo, y con la luz de una fe viva, que obra por caridad”.
El que comete pecado le pertenece al diablo, Jesucristo se Encarnó para “deshacer las obras del Diablo”:
19.- I Juan 3, 8-9: “
8 “El que comete pecado, es del diablo (2): porque el diablo desde el principio peca (3). Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
9 Todo aquel que es nacido de Dios, no hace pecado (4): porque su simiente está en él, y no puede pecar, porque es nacido de Dios”.
Comentarios:
(2) “Porque sigue las sugestiones, la doctrina y el espíritu del demonio.
(3) El demonio fue el primero que pecó y tentó al primer hombre para que pecase; y todos los días nos tienta para lo mismo. Y el Hijo de Dios vino al mundo para destruir las obras del Diablo, como son la injusticia, la mentira y el pecado.
(4) Ni peca, ni puede pecar, mientras conserve la gracia del nuevo nacimiento, que ha recibido de Dios, y mientras la caridad, que es la simiente de Dios derramada en su corazón, habite en él. S. Gerónimo. El pecado, de que se habla en este lugar, es el pecado mortal. No peca, ni puede pecar, o perseverar finalmente en el pecado, si es predestinado. S. Fulg. Pero de aquí no se infiere que sea impecable, como definió el Concil. Sess. VI. Can. XXIII. Y expresamente enseña Sto. Thomás con todos lo teólogos”.
Jesucristo venció a la muerte por su Resurrección.
Se entregó a morir libremente como sacrificio por nuestros pecados, tiene poder de entregar su alma y de volverla a tomar:
20.- Juan 10, 17-18:
17 “Por eso me ama el Padre: porque yo pongo mi alma para volverla a tomar (10).
18 No me la quita ninguno: mas yo la pongo por mí mismo: poder tengo para ponerla, y poder tengo para volverla a tomar (11): Este mandamiento recibí de mi Padre (12)”.
Comentarios:
(10) “Para resucitar, para triunfar de la muerte.
(11) Con estas palabras declara el poder absoluto que tiene sobre la muerte, como Dios.
(12) Habla como hombre sometido perfectamente a la voluntad de su Padre, que era la misma que la suya: porque según su naturaleza divina, el Padre y el Hijo no tienen sino una misma voluntad. Este es el mandamiento que Jesucristo recibió del Padre en su encarnación, de morir por la salud del mundo, y fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz; pero ejercitó esta obediencia con perfecta libertad”.
Por su Resurrección, Jesucristo se vió libre de las ataduras de la muerte y de su corrupción:
21.- Los Hechos de los Apóstoles 2, 24-31:
24 “Al cual Dios ha resucitado, sueltos los Dolores de la muerte (7), por cuanto era imposible ser detenido de ella.
25 Porque David dice de él (8): Veía siempre al Señor delante de mí: porque él está a mi derecha, para que yo no sea movido:
26 Por esto se alegró mi corazón, y se regocijó mi lengua, además mi carne reposará en esperanza:
27 Porque no dejarás mi alma en el sepulcro, ni permitirás que tu santo vea corrupción (9).
28 Me hiciste conocer los caminos de la vida: y me henchirás de gozo con tu presencia (10).
29 Varones hermanos, séame lícito deciros con libertad (11) del patriarca David, que murió, y fue enterrado: y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy:
30 Siendo pues profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado, que del fruto de sus lomos (12) se sentaría sobre su trono:
31 Previéndolo habló de la resurrección del Cristo, que ni fue dejado en el sepulcro (13), ni su carne vió corrupción”.
Comentarios:
(7) “El Griego…desatando los dolores de la muerte, libre de las ataduras de la muerte, que no tenía ningún derecho sobre aquel que por naturaleza era impecable. Infernus significa la muerte, el sepulcro, el infierno, el limbo o seno de Abraham como el Griego…
(8) Psalm. XV, 8, 10, etc. Tenía siempre delante al Señor en todas mis acciones y pensamientos; y esta presencia suya me dió fuerzas para hacer frente a todos mis enemigos, y vencerlos.
(9) Estas palabras son una declaración de las precedentes, las cuales significan que el Santo, esto es, el Cristo no quedaría sujeto a la corrupción, como lo explica después el mismo S. Pedro.
(10) Me mostraste el camino para llegar, resucitando, a una vida nueva y colmada de gozos inefables, de los cuales me llenará la vista de tu cara en el cielo.
(11) El Griego: …, con franqueza.
(12) Que de su sangre y linaje nacería el Cristo a quien pondría sobre su trono. El Griego…que resucitaría según la carne al Cristo para colocarle sobre su trono. Que es una exposición de la Vulgata.
(13) El Griego…, no fue abandonada su ánima. S. Pedro insinua a los Judíos, que habiendo muerto David, y experimentado la corrupción, de lo cual ellos mismos no podían tener duda, puesto que era notorio a todos el lugar donde había sido sepultado, era consiguiente que aquellas palabras no se entendiesen de él. Por otra parte era profeta, y sabía que de su familia procedería una Virgen, de la que había de nacer el que se había de sentar sobre su trono; y así David, les dice S. Pedro, habló proféticamente de éste, que es el Cristo, y que vosotros habéis crucificado. Éste, pues, es el que había de triunfar del infierno, y romper las ataduras de la muerte; y éste es aquel a quien Dios resucitó, etc.”.
Por el Bautismo morimos al pecado, se sale a una vida nueva por el poder de la Muerte y Resurrección de Jesucristo:
22.- Epístola de San Pablo a los Romanos 6, 1-11:
(1) “¿Pues qué diremos? ¿Perseveraremos en el pecado, para que crezca la gracia?
(2) No lo permita Dios. Porque los que hemos muerto al pecado (1), ¿cómo viviremos aún en él?
(3) ¿O no sabéis, que todos los que hemos sido bautizados en Jesucristo (2), hemos sido bautizados en su muerte?
(4) Porque somos sepultados con él en muerte por el bautismo: para que como Cristo resucitó de muerte a vida por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida (3).
(5) Porque si fuimos plantados juntamente con él a la semejanza de su muerte: lo seremos también a la de su resurrección (4).
(6) Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre ha sido crucificado juntamente con él, para que sea destruido el cuerpo del pecado, y no sirvamos ya más al pecado (5).
(7) Porque el que es muerto, libre está del pecado (6).
(8) Y si somos muertos con Cristo: creemos, que juntamente viviremos también con Cristo (7):
(9) Ciertos (8), que habiendo Cristo resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñoreará más de él.
(10) Porque en cuanto al haber muerto por el pecado, murió una vez (9): más en cuanto al vivir, vive para Dios (10).
(11) Así también vosotros consideraos, que estáis de cierto muertos al pecado, pero vivos para Dios en nuestro Señor Jesucristo”.
Comentarios:
(1) “En el bautismo, renunciando al pecado solemnemente. ¿Cómo seremos tan desatinados, que le hagamos aún vivir en nosotros, volviendo a él? ¿O cómo pretenderemos vivir a la gracia, continuando en los desórdenes antiguos?
(2) Que los que nos hemos unido con Jesucristo por el bautismo, como los miembros con su cabeza, lo hemos sido para ser semejantes a Jesucristo muerto, puesto que hemos muerto por el bautismo a cuanto es pecado.
(3) La muerte de Jesucristo, su sepultura y resurrección, son el principio y el modelo de nuestra muerte al pecado, y de nuestra resurrección a la justicia. El bautismo para nuestra alma es lo que la cruz y el sepulcro fue para Jesucristo. Su cuerpo murió en la cruz a la vida mortal y corruptible que traía de Adam. Después de haber sido depositado muerto en el sepulcro, salió vivo de él con una vida nueva, inmortal e incorruptible. Así el hombre por el bautismo muere a la vida del pecado, que trae de Adam. El agua del bautismo es como un sepulcro, en donde ha sido enterrado, y de donde ha salido con una vida nueva de justicia, que le ha sido dada por Jesucristo por el poder admirable, y lleno de gloria de su Padre.
(4) Unidos, e incorporados con Jesucristo, como lo es la pua, que se injerta en el tronco, para morir y para resucitar, como él y con él, según queda referido.
(5) San Pablo distingue en nosotros dos hombres, el viejo y el nuevo. El hombre viejo, que se llama también el cuerpo del pecado, es la concupiscencia, principio funesto de toda suerte de pecados, y llamado por esta razón el cuerpo del pecado. Y como esta concupiscencia ejerce principalmente su imperio por medio de los sentidos y de las pasiones, valiéndose del ministerio del cuerpo; por esta razón Jesucristo, según S. Pablo, crucificó juntamente consigo nuestro hombre viejo; porque su carne, semejante exteriormente a la nuestra, aunque muy santa y muy pura, representaba sobre la cruz nuestro cuerpo inficionado por la concupiscencia, manifestando que lo crucificaba en nuestro nombre.
(6) El que ha muerto por el bautismo, no está ya debajo de la servidumbre del pecado. Un esclavo cuando muere, queda libre de la esclavitud en que estaba.
(7) Con la nueva vida de la gracia.
(8)“MS. Sabientes, que Christo resucitante.
(9) Porque siendo de infinito precio el mérito de su muerte, bastó que muriese una vez para destruir el pecado.
(10) Mas en cuanto a la vida que tiene ahora después de su resurrección, vive para Dios: vive una vida toda divina, inmortal y gloriosa.
(11) Por el pecado se entiende aquí y mas adelante la concupiscencia, esto es, la inclinación violenta que tenemos a amarnos, a referirlo todo a nosotros, a amar a las criaturas por si mismas, a buscar en ellas, y no en Dios nuestra felicidad. S. Pablo la llama pecado, porque viene del pecado, y nos inclina a él”.
Por la Resurrección de Jesucristo tenemos victoria sobre el pecado y la muerte, y la promesa de la resurrección:
23.-Epístola I. de San Pablo a los Corinthios 15, 51-57:
51 “He aquí os digo un misterio: Todos ciertamente resucitaremos (7), mas no todos seremos mudados.
52 En un momento, en un abrir de ojo, en la final trompeta: pues la trompeta sonará, y los muertos resucitarán incorruptibles: y nosotros seremos mudados (8).
53 Porque es necesario, que esto corruptible (9) se vista de incorruptibilidad: y esto que es mortal, se vista de inmortalidad.
54 Y cuando esto (10), que es mortal, fuere revestido de inmortalidad, entonces se multiplicará la palabra que está escrita: Tragada ha sido la muerte en la victoria (11).
55 ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿dónde está, oh muerte (12), tu aguijón?
56 El aguijón pues de la muerte es el pecado: y la fuerza del pecado en la ley (1).
57 Mas gracias a Dios, que nos dió la victoria por nuestro Señor Jesucristo (2).
58 Y así (3), amados hermanos míos, estad firmes y constantes: creciendo siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo no es vano en el Señor.
Comentarios:
(7) “La resurrección será universal: mas la resurrección gloriosa no será sino para los escogidos. El Griego:…, todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos mudados. Esto parece contrario a la Vulgata; pero el sentido es: No todos dormiremos, o moriremos; esto es, habrá muchos, a quienes el último día cogerá vivos todavía; y aunque morirán, durará esto tan poco, que apenas se podrá llamar muerte; pero todos pasaremos del estado de la corrupción al de la incorruptibilidad. Esto no obstante, la lección de la Vulgata es conforme en todo a lo que se halla en varios manuscritos y padres griegos, y singularmente en la exposición de S. Cirilo. Y así no parece que pueda interpretarse, que algunos quedarán exceptuados de esta ley general de morir, de la cual no lo quedó, ni aun el mismo Jesucristo. S. Gerónimo.
(8) Mas nosotros, que por la misericordia de Dios creemos ser del número de sus escogidos, pasaremos del estado de mortalidad y de miseria, al de felicidad y gloria inmortal.
(9) MS. Ca este cuerpo corrompedero.
(10) El Griego: …, cuando esto, que es corruptible, se vistiere de inmortalidad. Estas palabras no se leen en la Vulgata.
(11) El Griego: …, para victoria. El imperio de la muerte será destruido y aniquilado por la entera y cumplida victoria, que ganará Jesucristo sobre ella. Cristo venció la muerte por medio de su muerte; mas el fruto de esta victoria se manifestará cumplidamente en la resurrección, porque después de ésta no habrá ya más muerte. El Chrysós.
(12) Son las palabras de Oseas XIII, 14, como si dijera: ¿Qué se ha hecho, oh muerte, tu poder? ¿en qué han parado tus trofeos y victorias? ¿en dónde está ahora tu aguijón; esto es, las armas de que te valías para matar? Esta es una metáfora tomada de los escorpiones, abejas y otros insectos semejantes, los cuales no pueden dañar, si se les quita el aguijón.
(1) La muerte mata al hombre por el pecado, y el pecado toma su fuerza de la ley; porque es una ocasión al hombre de desobedecer al legislador. Sto. Thomás.
(2) La Victoria del pecado y de la muerte, que no podíamos esperar por virtud de la ley, la hemos conseguido por la gracia de jesucristo”.
* no pongo las palabras en Griego.