NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
Hoy, 12 de diciembre, en este Tercer Domingo de Adviento, celebramos con solemnidad la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Reina de México y Emperatriz de América.
Por eso, cuando la Sagrada Liturgia, junto con el Apóstol San Pablo, nos exhorta a alegrarnos, nos regocijamos al poder festejar a Nuestra Señora con tan augusto título; y elevamos a Dios nuestra plegaria con la tan apropiada Oración Colecta de la Misa de este Domingo: Dígnate, Señor, escuchar nuestras súplicas, y disipa las tinieblas de nuestro espíritu con la gracia de tu visita.
Debemos resaltar que no sin providencial designio divino fue dispuesto que las diversas apariciones de la Madre de Dios a Juan Diego se llevaran a cabo en el mes diciembre, en pleno Adviento, ese tiempo litúrgico que, como ya hemos visto, nos prepara no sólo para conmemorar la Primera Venida de Nuestro Salvador, sino también la Segunda, en gloria y majestad al fin de los tiempos.
Las apariciones de Nuestra Señora y Reina en la cima del Tepeyac resumen su misión, tanto en el Primer como en el Segundo Adviento.
Recordemos que, según la tesis de San Luís María Grignion de Montfort, la manifestación de la Santísima Virgen estaba reservada para los últimos tiempos, como él lo afirma claramente en el Tratado de la Verdadera Devoción.
Es más, San Luís María pone estos últimos tiempos en relación con la Parusía o Segunda Venida de Nuestro Señor.
Y no solamente esto, sino que estos últimos tiempos parusíacos están relacionados por el Santo con la plena manifestación de la Santísima Virgen y con el Anticristo.
La Verdadera Devoción marial tiene, pues, una connotación apocalíptica esencial; separarlas equivale a adulterar el mensaje de San Luís y a desnaturalizar la esclavitud mariana.
Para conocer la doctrina del Santo, pueden leerse los parágrafos 49 a 51 del Tratado de la Verdadera Devoción.
Ahora bien, todo esto que llevamos dicho está magnífica y admirablemente expresado en la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, estampa que no ha sido realizada por manos humanas…
Para comprender mejor lo que deseo expresar, recordemos ante todo que en el punto culminante de la revelación sobre los últimos tiempos, Dios manifiesta la misión encomendada a la Santísima Virgen María. Vale la pena leer en el Apocalipsis todo el texto que va del capítulo 11:15 al capítulo 12: 10. Sólo destaco ahora algunas frases:
«Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos».
«Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el Arca de su Alianza en el Santuario»
«Y una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza»
«Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo…»
La Santísima Virgen María Santísima es «el Gran Signo de Dios sobre la tierra».
Vivimos tiempos apocalípticos.
Por todas partes el error y la mentira llevan a cabo una batalla sacrílega contra la Verdad; y cada vez son menos los defensores de la Fe, reducidos de más en más a la inhóspita trinchera.
Pero, contra la apostasía generalizada, la piedad y la devoción marianas constituyen nuestro baluarte y nuestras armas, y las palabras de la Sagrada Escritura cobran una tangible realidad: «Un Gran Signo apareció en el cielo».
Sí, vivimos en plena época de actividad mariana. Algunos intérpretes ven en el Arca de la Alianza a la Santísima Virgen María (Fœderis Arca) visible en la tierra en los últimos tiempos.
Y tenemos en la bendita imagen de Nuestra Señora de Guadalupe un resumen magnífico y admirable de lo que ciento cincuenta años más tarde enseñaría San Luís María, y hoy nos toca vivir a nosotros.
La Señora del Tepeyac dijo a Juan Diego: Ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del Cielo y de la tierra.
Y al enviarlo al Obispo, reafirmó: Dile que yo en persona, la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envía.
Juan Diego se presentó al Obispo, narró todo lo sucedido y, cuando desenvolvió su tilma y se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella la preciosa imagen de la siempre Virgen Santa María de Guadalupe, Madre de Dios, de la manera que está y se guarda hasta hoy en su templo del Tepeyac.
La mitología era abundante entre los habitantes de Tenochtitlán. Creían en un matrimonio de dioses que procreó cuatro hijos, de allí nació la creencia del ciclo de los cuatro soles.
Cuando el último sol estaba a punto de extinguirse, se recreó porque un pequeño dios, Nanahuatzin, se sacrificó arrojándose al fuego. Así surgió el quinto sol.
La consecuencia de tal historia originó los sacrificios humanos, necesarios para alimentar con sangre al sol.
Ahora bien, Nuestra Señora, al expresarse en náhuatl, utiliza cuatro vocablos bien precisos: Ipalnemohuani (Aquel por quien se vive), Teyocoyani (Que está dando el ser a las personas), Tloque Nahuaque (Dueño que está junto a todo y lo abarca todo) e Ilhuicahua Tlaltipaque (Amo del Cielo y de la Tierra).
Todo esto alude a la existencia del único Dios verdadero; Creador, que nos crea y nos da la vida; Omnipotente y Misericordioso, que lo abarca todo y acompaña a todos; Señor, dueño de Cielos y tierra.
Además, la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es una maravillosa síntesis doctrinal de la fe católica; una obra maestra de catecismo, adaptado a los habitantes del país de tal modo que pudo ser entendido y aceptado inmediatamente.
Esta estampa contiene una rica y profunda simbología, en la cual cada detalle de color y de forma es portador de un mensaje teológico, comprendido inmediatamente por los nativos del lugar, acostumbrados al lenguaje de las representaciones plásticas, de manera que la figura de la Virgen en la tilma sin duda ayudó a la conversión a la verdadera fe.
El manto azul salpicado de estrellas es la Tilma de Turquesa con que se revestían los grandes señores, e indica la nobleza y la importancia del portador. Asienta bien en su cabeza; para nada cubre su rostro; y cae hasta sus pies, ciñéndose un poco por en medio; tiene toda su franja dorada y cuarenta y seis estrellas de oro.
Su pie se apoya sobre una luna negra, cuyos cuernos ven hacia arriba, símbolo del mal para los aztecas. Se yergue exactamente en medio de ellos.
La Inmaculada aparece en medio del sol, cuyos rayos la siguen y rodean por todas partes, como para indicar que ella es su aurora, la Estrella de la Mañana, que anuncia al Sol de Justicia.
Cuando Nuestra Señora de Guadalupe se manifestó contornada por el sol y posando sus plantas sobre la luna, los indígenas le reconocieron una dignidad superior.
Además, los naturales de América conocían muy bien la posición de las estrellas, por lo que es lógico pensar que descubrieron las constelaciones en el manto de la Virgen.
En efecto, allí se encuentra representado con mucha fidelidad el cielo del solsticio de invierno de 1531, que tuvo lugar a las 10.40 del martes 12 de diciembre, hora de la ciudad de México.
Están figuradas todas las constelaciones, que se extienden en el cielo visible a la hora de la salida del sol, y en el momento en que Juan Diego enseña su tilma al Obispo Zumárraga.
En la parte derecha del manto se encuentran las principales constelaciones del cielo del Norte. En el lado izquierdo las del Sur, visibles en la madrugada del invierno desde el Tepeyac. El Este se ubica arriba y el Oeste en la porción inferior.
En resumen, en el manto de la Guadalupana se pueden identificar las principales estrellas de las constelaciones de invierno. Todas ellas en su lugar, con muy pequeñas modificaciones.
De esta manera, quedó documentada, en la misma tilma, la fecha de la aparición de María en el Tepeyac, y su imagen expresa que es Reina, Señora de Cielos y Tierra.
«Y una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza»
Si a toda la simbología sumamos las palabras, el resultado es admirable y prodigioso.
En la primera y en la segunda aparición, la Santísima Virgen habló de sí misma como Madre de Dios y Madre del verdadero Dios.
Su Maternidad se relaciona con el dogma de la Encarnación, pues Jesucristo es verdadero Dios y Hombre verdadero, y Él es quien nos reveló al Padre.
La Santísima Virgen de Guadalupe está encinta, con el Niño Jesús no en sus brazos sino en su seno purísimo. Así lo indican el lazo negro que ajusta su cintura, el ligero abultamiento debajo de este y la intensidad de los resplandores solares que aumenta a la altura del vientre.
La Madre de Dios quiso visitarnos en su gravidez, cuando estas tierras americanas estaban grávidas de Cristo, y dispuso todo para el nacimiento espiritual en ellas de su Hijo.
La Virgen de Guadalupe se presentó ante sus hijos como la Madre del Creador y conservador de todo el universo.
María de Guadalupe está encinta. En el centro de su basílica, Ella es el Tabernáculo del Altísimo. Postrándonos a sus pies es al Niño Dios a quien adoramos.
«Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el Arca de su Alianza en el Santuario».
La Siempre Virgen María de Guadalupe se aparece del lado del Sol Naciente, y es fuente de vida. Ella lleva en su seno al Sol… Ella misma está como transfigurada por el Sol, y parece como irradiarlo.
En su túnica, sobre su vientre virginal, en el lugar mismo donde está el Niño Dios, se destaca una flor de cuatro pétalos, símbolo de la flor solar. Esta era el más familiar de los jeroglíficos de los indígenas. Se componía siempre de cuatro puntos unidos por un centro o botón, punto de contacto entre el Cielo y la tierra.
Sobre la cumbre de la pequeña colina piramidal del Tepeyac, la Virgen Madre pide que se la construya en santuario dedicado a Ella; pero no para hacerse adorar, sino más bien para establecer allí el culto del verdadero Dios, su divino Hijo: «Allí Le mostraré, Le exaltaré, yo Lo daré a los hombres por mediación del amor hacia Mí, de mi mirada compasiva, de mi ayuda segura, de mi salvación»…
Digamos con la Liturgia del Adviento: Regem venturum Dominum, venite adoremus…
Notemos que la profundidad y la riqueza teológica de estas palabras de la Madre Fecunda derriban en un instante no sólo los ídolos crueles de la religión pagana, sino también la naciente secta que robó a la Iglesia un tercio de Europa e iba a implantarse también en grandes regiones americanas compitiendo por medio del imperio inglés con la católica España.
Esas palabras de la Inmaculada marcan también el triunfo sobre el aberrante ecumenismo modernista del Concilio Vaticano II y de los que han hecho de él la razón de ser de su pontificado…
Recordemos las palabras de San Luís María Grignion de Montfort en su Tratado:
«Así como en la generación natural y corporal concurren el padre y la madre, también en la generación sobrenatural y espiritual hay un Padre, que es Dios, y una Madre, que es María.
Todos los verdaderos hijos de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a María por Madre. Y quien no tenga a María por Madre, tampoco tiene a Dios por Padre. Por esto los réprobos como los herejes, cismáticos, etc., que odian o miran con desprecio o indiferencia a la Santísima Virgen no tienen a Dios por Padre aunque se jacten de ello porque no tienen a María por Madre. Que si la tuviesen por tal, la amarían y honrarían, como el buen hijo ama y honra naturalmente a la madre que le dio la vida.
La señal más infalible y segura para distinguir a un hereje, a un hombre de perversa doctrina, a un réprobo de un predestinado, es que el hereje y el réprobo no tienen sino desprecio o indiferencia para con la Santísima Virgen, cuyo culto y amor procuran disminuir con sus palabras y ejemplos, abierta u ocultamente y, a veces, con pretextos aparentemente válidos.
¡Ay! Dios Padre no ha dicho a María que establezca en ellos su morada porque son los Esaús.» [30]
Como podemos interpretar en la parábola del trigo y la cizaña hacia el tiempo de la siega (la consumación del siglo) la cizaña casi ahogará al trigo, y el mayor peligro serán las falsificaciones, falsas devociones, los engaños y mentiras, porque el sol se oscurecerá, la luna perderá su resplandor y las estrellas del firmamento se bambolearán.
Por esa razón, este gran Santo, mariano y apocalíptico, insiste oportuna e importunamente, a tiempo y a destiempo, sobre la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María, distinguiéndola de las falsas, sobre las cuales nos previene.
El Santo nos advierte por anticipado contra lo que podríamos llamar el Rosariómetro, con el que entretiene y adormece actualmente a los feligreses, e incluso a los sacerdotes:
«Es preciso, ahora más que nunca, hacer una buena elección de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. En efecto, hoy más que nunca, nos encontramos con falsas devociones que fácilmente podrían tomarse por verdaderas. El demonio, como falso acuñador de moneda y ladrón astuto y experimentado, ha engañado y hecho caer ya a muchas almas por medio de falsas devociones a la Santísima Virgen y cada día utiliza su experiencia diabólica para engañar a muchas otras, entreteniéndolas y adormeciéndolas en el pecado, so pretexto de algunas oraciones mal recitadas y de algunas prácticas exteriores inspiradas por él.
Como un falsificador de moneda no falsifica ordinariamente sino el oro y la plata y muy rara vez los otros metales, porque no valen la pena, así el espíritu maligno no falsifica las otras devociones tanto como las de Jesús y María la devoción a la Sagrada. Comunión y la devoción a la Virgen porque son entre las devociones, lo que el oro y la plata entre los metales.» [90]
Como hemos dicho, siempre la venida de Nuestro Señor ha estado precedida, acompañada y sostenida por la dulce guía de María Santísima, quien acorta el camino para que venga a nosotros el Reino.
La Santísima Virgen de Guadalupe, con su mensaje y su imagen, allanó muchas dificultades en el camino de la evangelización, trazado por los primeros misioneros que llegaron a América.
Incluso hoy, y más que nunca, su estampa bendita y su enseñanza deben iluminarnos respecto de los días que nos tocan vivir, anunciados por los signos de los tiempos, y fortalecernos en el combate que debemos librar para conservar nuestra Fe y todas las cosas que nos han sido transmitidas.
Hoy, cuando las fuerzas infernales parecen estar a punto de vencer, cuando las puertas del infierno dan la impresión de prevalecer, cuando las sectas de las falsas religiones, el paganismo, el panteón de Asís… y de Roma… van invadiendo todo con su espíritu y práctica…, hoy, una vez más, la Siempre Virgen María de Guadalupe nos transmite su mensaje y nos asegura el triunfo final y el Reino de su Hijo bendito.
Ella, que bendijo y guió la evangelización de América, conducirá el triunfo sobre el dragón infernal y establecerá el Reino de su Corazón Inmaculado, que dispondrá la implantación del Reino definitivo de Jesucristo.
Que el misterio insondable de la Encarnación, cuya digna celebración tiene como marco y centro la devoción mariana, se nos haga más comprensible por la gracia, para que gocemos al contemplar el gran amor de Dios, que nos ha dado a su propio Hijo por intermedio de la Santísima Virgen María.
P. Juan Carlos Ceriani


Santa Maria de Guadalupe ruega por nosotros!
RadioCristiandad, por favor denuncien la imagen en forma de caricatura que en México pulula llamada «virgencita plis», la venden en mochilas, estampas para los autos, computadoras, bolsos, ropa en general, colchas y edredones, cerámica, «rosarios», «escapularios», relojes, pulseras, y una infinidad más de artículos.
Aquí la muestra:

Es una grave ofensa que digan que eso es Nuestra Señora de Guadalupe, aunque también han hecho de San Judas Tadeo y otras Advocaciones Marianas como Nuestra Señora de Juquila; se venden por millones y la gente está cegada creyendo que es algo bueno.
Gracias.
Gloria a Dios.
Viva Cristo rey y su Santisima Madre.
Maravilloso el alma se llena de gozo al contemplar la imagen de nuestra Senora de Guadalupe
El único problema es que sea YO quien me considere a mí mismo como verdadero devoto de la Virgen, en detrimento de los demás. Es mejor no hacer ningún tipo de alusión directa a los otros, máxime cuando se trate de autoridades eclesiásticas, porque entonces caemos finalmente en la presunción, que es también una de las falsas devociones marianas de que habla San Luis María.
Por otro lado, en ningún momento el Santo habla de que la jerarquía de la Iglesia vaya a ser la enemiga de los verdaderos devotos. Tampoco sugiere que la segunda venida de Cristo sea inmediata a la lucha de los Apóstoles de los últimos tiempos; la Iglesia ciertamente triunfará sobre sus enemigos actuales, pero la batalla contra el Anticristo sólo sovrevendrá después de «veinticinco años de grandes cosechas», como afirma La Salette
Del Tratado de la Verdadera Devoción, de San Luís María Grignion de Montfort:
13. El corazón me ha dictado cuanto acabo de escribir con alegría particular para demostrar que la excelsa María ha permanecido hasta ahora desconocida y que ésta es una de las razones de que Jesucristo no sea todavía conocido como debe serlo. Si, pues, como es cierto, el conocimiento y reino de Jesucristo llegan al mundo, ello no será sino continuación necesaria del conocimiento y reino de la Santísima. Virgen, que lo dio a luz la primera vez y lo hará resplandecer la segunda.
50. Dios quiere, pues, revelar y descubrir a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos:
(…) 7º) En fin, María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces “como un ejército en orden de batalla” principalmente en estos últimos tiempos, porque el diablo, sabiendo que le queda poco tiempo y menos que nunca para perder a las gentes, redobla cada día sus esfuerzos y combates. Él suscitará pronto crueles persecuciones, y pondrá terribles asechanzas a los servidores fieles y a los verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta más trabajo superar que a los otros.
51. Es principalmente de estas últimas y crueles persecuciones del diablo, que aumentarán todos los días hasta el reinado del Anticristo, de las que se debe entender esta primera y célebre predicción y maldición de Dios, lanzada en el paraíso terrenal contra la serpiente. Viene a propósito explicarla aquí para la gloria de la Santísima Virgen, la salud de sus hijos y la confusión del diablo.
“Yo pondré enemistades entre tí y la mujer, y tu raza y la suya; ella misma te aplastará la cabeza y tú pondrás asechanzas a su talón”
54. No solamente Dios ha puesto una enemistad, sino enemistades, no sólo entre María y el demonio, sino también entre la raza de la Santísima Virgen y la raza del demonio; es decir, que Dios puso enemistades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos del diablo; ellos no se aman mutuamente, no tienen correspondencia interior unos con otros.
Los hijos de Belial, los esclavos de Satán, los amigos del mundo (pues es la misma cosa), han perseguido siempre hasta aquí y perseguirán más que nunca a aquellos que pertenecen a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú, figuras de los réprobos, persiguieron a sus hermanos Abel y Jacob, figuras de los predestinados.
Pero la humilde María triunfará siempre sobre ese orgulloso, y con victoria tan grande que llegará hasta aplastarle la cabeza, donde reside su orgullo. María descubrirá siempre su malicia de serpiente, desbaratará sus maquinaciones infernales, disipará sus consejos diabólicos y preservará hasta el fin de los tiempos a sus fieles servidores de su garra cruel.
El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres hijos, que Ella suscitará para hacerle la guerra.
Ellos serán pequeños y pobres según el mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracia de Dios, que María les distribuirá con abundancia, grandes y elevados en santidad delante de Dios, superiores a cualquier otra criatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino que, con la humildad de su calcañar, en unión con María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo.
56. Pero, ¿qué serán estos servidores, esclavos e hijos de María?
58. Serán apóstoles verdaderos de los últimos tiempos, a quienes el Señor de las virtudes dará la palabra y la fuerza para realizar maravillas y obtener gloriosos despojos sobre sus enemigos.
Dormirán sin oro ni plata y, lo que es más, sin preocupaciones en medio de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos. Tendrán, sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de las almas adonde los llame el Espíritu Santo. Y no dejarán en pos de sí en los lugares en donde prediquen sino el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda ley.
59. En fin, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo, caminando sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio del mundo y caridad, que enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme al Santo Evangelio, y no a las máximas mundanas, sin inquietarse por nada ni hacer acepción de personas, sin dar oídos ni escuchar ni temer a ningún mortal por poderoso que sea…
114. Preveo claramente que muchas bestias rugientes llegan furiosas a destrozar con sus diabólicos dientes este humilde escrito y a aquel de quien el Espíritu Santo se ha servido para redactarlo o sepultar, al menos, estas líneas en las tinieblas o en el silencio de un cofre, a fin de que no sea publicado.
Atacarán, incluso, a quienes lo lean y pongan en práctica.
Pero, ¡qué importa! ¡tanto mejor! ¡Esta perspectiva me anima y hace esperar un gran éxito, es decir, la formación de un escuadrón de aguerridos y valientes soldados de Jesús y de María, de uno y otro sexo, que combatirán al mundo, al demonio y a la naturaleza corrompida, en los tiempos como nunca peligrosos que van a llegar! «¡Quien lee, entienda!» «¡Quien puede comprender, comprenda!»
Del El Secreto de María, de San Luís María Grignion de Montfort:
58. Así como por María vino Dios al mundo la vez primera en humildad y anonadamiento, ¿no podría también decirse que por María vendrá la segunda vez, como toda la Iglesia lo espera, para reinar en todas partes y juzgar a los vivos y a los muertos? Cómo y cuándo, ¿quién lo sabe? Pero yo bien sé que Dios, cuyos pensamientos se apartan de los nuestros más que el cielo de la tierra, vendrá en el tiempo y en el modo menos esperados de los hombres, aun de los más sabios y entendidos en la Escritura Santa, que está en este punto muy oscura.
59. Pero todavía debe creerse que al fin de los tiempos, y tal vez más pronto de lo que se piensa, suscitará Dios grandes hombres llenos del Espíritu Santo y del espíritu de María, por los cuales esta divina Soberana hará grandes maravillas en la tierra, para destruir en ella el pecado y establecer el reinado de Jesucristo, su Hijo, sobre el corrompido mundo; y por medio de esta devoción a la Santísima Virgen, que no hago más que descubrir a grandes rasgos, empequeñeciéndola con mi miseria, estos santos personajes saldrán con todo.
De la Oración abrasada, de San Luís María Grignion de Montfort:
Acordaos, Señor, de esta Comunidad en los efectos de vuestra justicia. Es tiempo de hacer lo que habéis prometido hacer. Vuestra divina ley es transgredida; vuestro Evangelio abandonado; los torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y hasta arrastran a vuestros servidores; toda la tierra está desolada; la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado, y la abominación está hasta en el lugar santo. ¿Dejaréis todo, así, en el abandono, justo Señor, Dios de las venganzas? ¿Llegará a ser todo, al fin, como Sodoma y Gomorra? ¿Os callaréis siempre? ¿No es preciso que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo, y que venga vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una futura renovación de vuestra Iglesia? ¿No deben los judíos convertirse a la verdad? ¿No es eso lo que la Iglesia espera? ¿No Os claman justicia todos los santos del cielo: vindica? ¿No Os dicen todos los justos de la tierra: Amen, veni Domine? Todas las criaturas, hasta las más insensibles, gimen bajo el peso de los innumerables pecados de Babilonia, y piden vuestra venida para restablecer todas las cosas.
Vale la pena destacar dos fragmentos de San Luis María, que contradicen especialmente la crítica de Rolando: «Los hijos de Belial, los esclavos de Satán, los amigos del mundo (pues es la misma cosa), han perseguido siempre hasta aquí y perseguirán más que nunca a aquellos que pertenecen a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú, figuras de los réprobos, persiguieron a sus hermanos Abel y Jacob, figuras de los predestinados» Aquí el Santo hace referencia a enemigos tan cercanos como hermanos, lo cual hoy se puede aplicar perfectamente a los «hermanos» de la propia Iglesia.
Luego dice San Luis María: «Dormirán sin oro ni plata y, lo que es más, sin preocupaciones en medio de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos. Tendrán, sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de las almas adonde los llame el Espíritu Santo. Y no dejarán en pos de sí en los lugares en donde prediquen sino el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda ley.»
Si así han de ser los santos de esos tiempos (mejor dicho: de estos tiempos), los «demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos» no tendrán la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de las almas; no responderán al llamado del Espíritu Santo, no dejarán el oro de la caridad ni observarán el cumplimiento de toda ley.
Es evidente, pues, que menester es distinguir las verdaderas devociones de las falsas, si es que se quiere formar parte de ese ejército Mariano que librará el último combate… No es presunción aspirar a esos puestos de batalla, ni es petulancia aguardar con la frente en alto la segunda venida de Nuestro Señor; pero como ésta será alumbrada por María Santísima, en Nuestra Madre debemos apoyarnos para participar del triunfo final.
La Gran Apostasía no proviene de fuera de la Iglesia, porque los infieles no pueden apostatar; ergo, busquemos con prudencia las verdaderas devociones, y denunciemos con fervor a los falsos devotos, enemigos disfrazados como hermanos de nuestra propia familia eclesiástica; la Pequeña Grey no ha de ser petulante ni presumida, sino fiel, combativa y orgullosa de serlo, que no es lo mismo que adolecer de una falsa presunción.
Rolando dice que “Es mejor no hacer ningún tipo de alusión directa a los otros, máxime cuando se trate de autoridades eclesiásticas”.
Sin embargo, termina con una referencia a la profecía de Nuestra Señora en La Salette.
Pero, ¿qué encontramos en el llamado Secreto de Melania? Entre otras cosas:
“Los Sacerdotes, Ministros de mi Hijo, los Sacerdotes…, por su mala vida, por sus irreverencias e impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza.”
“¡Sí!, los Sacerdotes piden venganza y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra nadie que implore misericordia y perdón para el Pueblo.”
“Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer.”
“Muchos abandonarán la Fe, y el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande. Entre estas personas se encontrarán incluso Obispos.”
“¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas, a poner a salvo su autoridad y dominar con orgullo!”
“La Tierra será castigada con todo género de plagas. Habrá guerras, hasta la última que la harán los diez reyes del anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán al mundo.”
“Antes que eso suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, creerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas.”
“Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del anticristo.”
“Llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios. En el sufrimiento, y desconocidos del mundo.
Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra: Id y mostraos como mis hijos queridos, yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio. … Luchad hijos de la luz, vosotros pequeño número… pues ya está aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.”
“La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado.”
Rolando habla de «autoridades eclesiásticas» y de «jerarquía de la Iglesia».
El sermón hace referencia a las autoridades eclesiásticas conciliares y a las de la Tradición que coquetean con ellas en base a una falsa devoción mariana.
Allí leemos:
«Esas palabras de la Inmaculada marcan también el triunfo sobre el aberrante ecumenismo modernista del Concilio Vaticano II y de los que han hecho de él la razón de ser de su pontificado…»
«Hoy, cuando las fuerzas infernales parecen estar a punto de vencer, cuando las puertas del infierno dan la impresión de prevalecer, cuando las sectas de las falsas religiones, el paganismo, el panteón de Asís… y de Roma… van invadiendo todo con su espíritu y práctica…»
He aquí las autoridades modernistas.
También leemos:
«El Santo nos advierte por anticipado contra lo que podríamos llamar el Rosariómetro, con el que se entretiene y adormece actualmente a los feligreses, e incluso a los sacerdotes»
Aquí tenemos los millones de Rosarios, contados por el Rosariómetro, al servicio de la humillación de la Santa Misa y del reconocimiento de la validez de las excomuniones por las consagraciones episcopales de 1988.
¿A qué autoridades eclesiásticas y a qué jerarquía de la Iglesia se refiere Rolando?
¿Las modernistas?
¿Las de la nueva Fraternidad?
¿Ambas?
¿Es presunción de parte del Padre Ceriani criticar a los que sustentan el falso ecumenismo y a los que desvían la devoción mariana?
¡No! De ninguna manera.
Nuestra Señora de Guadalupe, intercede ante tu Hijo bendito para obtener la conversión de todos estos Prelados.
Me parecen muy acertados, los comentarios de fiel fiel, para reflexionar y el de Luis Ricardo sobre las contradicciones del escrito de Rolando, en mi opinión, esta persona quiere llamar la atención, para hacerse notar trasquiversando a S. L Ma. Grignion de Monfort, que a mi juicio es el mejor escritor Mariano de estos ultimos tiempos.
DE MANERA COMPLEMENTARIA ESTÁN ESTOS BLOGS GUADALUPANOS:
http://virgenconstelaciones.blogspot.com
http://ennombredeguadalupe.blogspot.com
http://g-infrared.blogspot.com
http://veritasliberabit.blogspot.com (inglés)
Como complemento a lo dicho por otros foristas, hago recordar que el 13 de marzo de este año, Radio Cristiandad publicó un artículo del Padre Ceriani: “Para tener en cuenta y meditar”:
https://radiocristiandad.wordpress.com/2010/03/13/monsenor-fellay-el-corazon-inmaculado-de-maria-y-la-escatologia/
En dicho artículo se analizan las declaraciones de Monseñor Bernard Fellay a dos medios oficiales de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X: The Angelus y Fideliter.
Allí podemos ver que, en su respuesta a la última pregunta del periodista de Fideliter, Monseñor Fellay deja mucho para pensar sobre la cuestión escatológica: “… no habrá triunfo mariano sin restauración de la Iglesia y, por lo tanto, de la Misa con la enseñanza de la fe.”
Monseñor Fellay pone en primer lugar la restauración de la Iglesia y luego el triunfo mariano… El triunfo mariano queda como supeditado a la restauración de la Iglesia.
Sin embargo, en la respuesta al periodista oficial de The Angelus, presenta una línea de pensamiento en parte distinta: “El triunfo del Corazón Inmaculado, en cualquiera de sus formas, no se realizó. Eso quiere decir que algo debe aún venir. Y esperamos que con tal triunfo, una parte o toda la crisis actual de la Iglesia también se termine (…)”
Aquí invierte el orden: primero el triunfo del Corazón Inmaculado de María; seguido de la rectificación de la Iglesia, la cual, sin embargo, no sabe, si será verdadera (completa, se entiende) o sólo de una parte…
El Padre Ceriani se pregunta: “¿En qué quedamos?”
Y responde: “Para quienes han seguido el pensamiento de Monseñor Fellay a lo largo de los diez últimos años, queda más o menos claro (dentro de la claridad que se puede esperar de él) que para el Obispo ha de darse primero una restauración de la Iglesia y luego, solamente luego de esa restauración, un triunfo mariano…”
Y luego hace estas interesantes reflexiones:
“De todos modos, aunque se invierta el orden y con el triunfo mariano se termine la crisis actual de la Iglesia, se plantea la pregunta: ¿Y después qué?… ¿Qué sigue a ese triunfo mariano? ¿Qué viene después de una verdadera rectificación de la Iglesia? ¿Qué nos espera luego de una gran victoria contra las fuerzas del mal?
Si no se quiere tergiversar la Sagrada Escritura ni desfigurar las profecías concernientes a los últimos tiempos, se debe aceptar que después de ese triunfo mariano y de esa rectificación de la Iglesia (como si la Iglesia santa e inmaculada necesitase ser rectificada…), de esa gran victoria contra las fuerzas del mal…, tarde o temprano, volverán las tremendas fuerzas demoníacas; y entonces tendrá lugar la tribulación magna, se afianzará la gran apostasía, y se implantará el reino del Anticristo.
Y esto es así, porque para Monseñor Fellay, y la mayoría de los sacerdotes de la Fraternidad, la actual crisis no es la última, la Iglesia saldrá de ella y, por definición, debe venir otra u otras, una de las cuales será la última, con todo lo que ello implica…
Por lo tanto, siguiendo la lógica del pensamiento de Monseñor Fellay, el Anticristo deberá aplastar el Reino de la Inmaculada…
Suena extravagante, ¿no?
Frente a esta peculiar interpretación, se presenta la de aquellos que creen que la actual persecución irá aumentando hasta su paroxismo; que entonces tendrá lugar la tribulación magna, se afianzará la gran apostasía y se implantará el reino del Anticristo.
Luego, la Santísima Virgen vendrá a aplastar la cabeza del dragón infernal, como está profetizado en el Génesis, y a preparar el Reino de su divino Hijo con el triunfo de su Corazón Inmaculado, como enseña San Luís María Grignion de Montfort.”
El Padre Ceriani termina con esta advertencia: “Hay que examinar la posición oficial de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X respecto de estos temas, porque de ello dependen, en definitiva, las medidas que ya se han asumido, las que se deciden ahora y las que se dispondrán en el futuro acerca de las relaciones con la Roma anticristo y modernista.”