El profeta de la Argentina
Por esto hablamos en un nuevo aniversario del nacimiento del “perro guardián de la Iglesia Argentina”, como él mismo se llamara. Porque volvemos en rostro de nuestro maestro sus propias palabras, y clamamos al nacimiento como el número entero de la posibilidad, como el símbolo puro de la esperanza, como el signo evidente de la paciencia divina. Porque en cada nacimiento, y eminentemente en los de ilustre genio, se renueva el mandato divino que ordena al hombre enseñorearse de la Creación: “hagamos al hombre a imagen nuestra, según nuestra semejanza; y domine sobre los peces del mar y las aves del cielo, sobre las bestias domésticas, y sobre toda la tierra y todo reptil que se mueve sobre la tierra” (Génesis, 1, 26). Y el modo excelente de ese señorío, es el que acepta el hombre en virtud de esa semejanza divina que está impresa en su alma: el hombre es señor de la Creación, cuando acepta humilde su vasallaje ante el Creador. La humildad del hombre, la rendida piedad y entrega al Hacedor, es premiada con ese todo inacabable que es la obra divina. De allí que el hombre moderno, altivo en su interior, vuelto de espaldas a Dios, se cree libre y dueño, cuando es un vil esclavo de sí mismo, porque desde el punto en que aparta la vista de su Principio y Fin, su vida y destino se tornan en una vorágine de caída descendente, donde todo el sentido del vivir es la búsqueda de ese sentido mismo. Esto es, comienza a vivir el hombre atento a su sola conservación, siendo “imposible que el último fin de una cosa ordenable a otra como a su fin, sea su conservación en el ser” (Santo Tomás); y pues que “como un hombre está determinado respecto de su último fin, así ve todas las cosas” (Santo Tomás), si el fin último del hombre es un incierto espejismo de sí mismo… El resultado está a la vista del ojo atento: es el nihilismo moderno y su infinita sed egocéntrica; es esta filosofía de parche que todo lo ha copado, donde las variadísimas formas de la ineptitud se disputan la tierra virgen de los espíritus abandonados. La cadencia de la humanidad se resuelve hoy en una danza sorda y ciega, buscando una salida a la trampa del propio y viciado yoísmo; salida tan ansiada como obstinadamente negada, pues que “de todo laberinto se sale por Arriba” (Marechal). La profunda garganta del necio puede tragar una Nada infinita, si se nos permite la hipérbole retórica. Y eso es el hombre moderno, un idiota congénito: “el insensato dice en su corazón: «no hay Dios». Se han pervertido; su conducta es abominable, ni uno solo obra el bien. Yahvé mira desde el cielo a los hijos de los hombres, para ver si hay quien sea inteligente y busque a Dios. Pero se han extraviado todos juntos y se han depravado” (Salmos, 14, 1-3).
Y porque todo ello combatió Castellani, “con pie de plomo y corazón de pluma” (Marechal), en su honor alzamos hoy la copa de la literatura, y reímos la dicha de los viejos tiempos, y pronto lloraremos en su nostalgia. Porque ya no hay perros guardianes en Argentina, antes bien nuestra pobre tierra ha sido poblada de lobos rapaces. El rebaño ha sido rodeado, y se ha cernido sobre nuestro cielo la tormenta: “el sol se oscurecerá, y la luna no dará más su fulgor, los astros caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas” (San Mateo, 24, 29).
En el temor y temblor de esta verdadera edad oscura, alzamos nuestra lámpara sobre el celemín, con la luz prestada de nuestro maestro de la tierra y nuestro Maestro del Cielo. El nacimiento de aquel festejamos hoy, y presto festejaremos el de Éste, porque “enteros en su posibilidad” (Marechal) fueron semillas de fruto rebosante, “como el grano de mostaza, el cual, cuando es sembrado en tierra, es la menor de todas las semillas de la tierra. Con todo, una vez sembrado, sube y se hace mayor que todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de modo que los pájaros del cielo pueden anidar bajo su sombra” (San Marcos, 4, 31-32). La primavera de sus magisterios aún despunta en cosechas de celestial algarabía en cada oveja que vuelve al aprisco bajo el llamado sesudo y constante de los pastores fieles a aquel Buen Pastor, al cual representan en su sacerdocio.
Hace 111 años nacía el Padre Leonardo Castellani, en un pueblecito del Chaco santafesino. Interceda él por la feligresía ante Dios Todopoderoso, en esta hora de tribulación y cruz; y quede aquí nuestro humilde homenaje. Vale.


¡Padre Leonardo! Desde la Gloria en que te encuentras, junto a tu Padre San Ignacio de Loyola, ruega al Señor por la Iglesia y la Nacion de Argentina.
Poco he leido de Castellani, pero lo que mas me impacta, son sus congeturas profeticas, de este profeta de los ultimos tiempos, porque hoy 60 años despues de esos escritos anteriores al CVII nos damos perfectamente cuenta de la tan acertada visión que tuvo Castellani de la Pseudoiglesia de hoy, y todo lo malo que se nos viene por la descristianización, y por lo tanto Judaización mundial que nos está preparando el camino del Anticristo.
Suscribo lo que acabo de leer con un nudo en la garganta. Castellani fue más que un argentino de ley porque su enseñanza cubría fronteras; es más que un doctor egregio de la Iglesia porque su magisterio se acercó al martirio; es más que un jesuita porque amó a la Compañía en la raiz ignaciana y es más que un escritor que inventaba palabras, algunos juguetes, con las que divulgar la Palabra en cabezas y corazones.
Me encanta recordarle hoy. Este panegírico pondrá de nuevo en mi mesita de noche sus ´Prédicas domingueras’ y escucharé otra vez a su sabio Benavides para preguntar en el sueño que llega: Jesucristo, ¿vienes o no vienes?
Feliz cumpleaños.
Qué bien escribe Don Pedro. Me gusta encontrarle en este portal y le felicito por dejar minutodigital que cada vez era menos adecuado para usted. Ahora abro todos los dias religiondigital para ver si colgó algoo nuevo o para leer los comentarios.
ACTOS DE FE, ESPERANZA, CARIDAD
El acto de fe
Creo obstinadamente en todo cuanto
Dios revelasteis hemos de creer…
Dios, esencial verdad, horra por tanto
de engañarse, engañar o no saber…
Todo cuando de fide enseña el santo
viejo de Roma por la fiel mujer
esposa tuya del manchado manto
mezcla de tierra y luz de rosicler…
creo, Señor. Guarda mis anteojos…
Sin ellos… veo, sí, palacios rojos
la Urbe con la Cúpula en la Loma;
pero con ellos, veo la Paloma
veo la Flor, el Trigo y los Abrojos…
Guarda mi fe, Señor, y —fuera broma—
si aquí no te han de ver pronto mis ojos,
dame la gracia de salir de Roma.
El acto de esperanza
Espero, oh Dios, desesperadamente
lo que me has regiamente prometido
porque eres fidelísimo y potente
en prometer, igual que un rey bebido;
y porque eres la Vida trascendente
ebria de propagarse, espero el nido
y el germinar eterno de la mente
y el descanso en tu seno — o el olvido;
y el don de Ti, con que tu Ser nos das
en nuestro obrar, que has de premiar después
coronando tus flores con tus eras…
De hombres es errar. De santos es
dar marcha atrás. Tú no das marcha atrás
ni yo tampoco, oh dios, ni ante las fieras…
Da lo que pidas, pide lo que quieras…
El acto de caridad
Preso en la red de aquesta sed que muero
corro a tus aguas vivas como el gamo
y como el ciervo herido a tu reclamo
corro tropiezo caigo y desespero.
Con la sangre que mana el pecho fiero
y pies y manos mudamente clamo:
Señor, yo no te digo que te amo
pero quizá Tú sabes que te quiero…
pues eres Nada y yo no quiero nada
nada hay sin Ti en la tierra ni en el cielo
nada en mi noche, nada en mi alborada…
Ansiosa noche oscura de mi anhelo,
que llenará tu voz en oleada
como del sol la matinal mirada
crea la mar y hace nacer el cielo…
R.P. Leonardo Castellani, S.J.
Roma, 12 de mayo de 1947
(tomado de “El libro de las oraciones”)
DE LA DEMOCRACIA
Indalecio Prieto una vez escribió en “La Razón”: “La soberanía del Estado radica en sus órganos constitucionales; y el modo de ejercerla lo indica el pueblo en las urnas”. Este dogma de la herejía liberal va derechamente contra el principio católico de la filosofía política: “La soberanía del Estado viene de Dios por medio de la naturaleza humana; y el modo de ejercerla lo indica el pueblo por varios medios posibles, más o menos perfectos, de los cuales el más imperfecto son las urnas”.
El error de Indalecio Prieto se llama democratismo, es hijo de la herejía liberal y es un peligroso estribillo (slogan) de nuestro tiempo, y la más poderosa de las armas de la “Ciudad del Hombre”. Quiere substituir con un papel, quizá amañado por ideólogos, y con una urna, quizá cargada por vivillos, las grandes raíces naturales y providenciales del poder. Es el absurdo del democratismo, que engulle en grandes dosis la tragadera del ignorante de hoy.
Suárez enseña, y con él Santo Tomás, San Agustín y toda la tradición cristiana hasta los apóstoles, que la autoridad baja de Dios, desde el momento que la naturaleza humana es forzosamente societaria y no puede existir sociedad sin autoridad; pero, que el depositario de esa autoridad no es directamente el rey sólo, sino todo el cuerpo social organizado, con el rey incluso; pues la naturaleza humana está en todos los hombres y no sólo en el rey (…)
Pueden darse pueblos tan carentes de virtud y tan desordenados, dice San Agustín, que por lo menos transitoriamente necesitan para ser reducidos a orden racional, alguna manera de despotismo, no cruel como el del tirano, sino severamente amante como el de la madre con el niño chiquito, o el despotismo del padre con el hijo enfermo y frenético.
Esta sana doctrina, corrompida por la filosofía protestante y después por la pasión libertaria de Rousseau, hasta convertirse en el democratismo contemporáneo —en el derecho de la rebelión continua, en la falsa representación del pueblo y en la mojiganga de las elecciones con fraude—, constituye otra historia.
Padre Leonardo Castellani, S.J.
Nota: Estos textos han sido tomados de su libro “Sentencias y aforismos políticos: Aportes al diálogo político”.
EL DOGMA DE LA PSEUDO-IGLESIA
— Ahora yo solamente defiendo mi fe —gritó el cura cuando se apagó el vocerío—, contra la herejía más sutil que existe, la última herejía, dentro de cuyo caldo nacerá el Anticristo. Muchos de vosotros defendéis el ser histórico de esta nación, que habéis aprendido a amar, como Uriarte por ejemplo; otros defendéis o vengáis directamente vuestros bienes arrapiñados, que consideráis con razón requisito necesario de vuestra vida moral y racional; como por ejemplo el tagarote de Quiroga Quintana. Pero yo defiendo directamente la fe católica. Porque este democratismo que se nos impone a la vez con la mentira y la violencia, es una cosa religiosa, es el cristianismo de Cristo transformado en el cristianismo de Panchampla, adulterado, tergiversado, vaciado de todo su contenido; y rellenado por Juliano Félsenburgh de un contenido satánico.
—¡Obra de los judíos! —gritó uno; y un gong impuso silencio.
—A la manera que la Iglesia dice: Extra Ecclesiam nulla salus, ahora esta Contra-Iglesia o mejor dicho Pseudo-Iglesia proclama: Fuera de la “democracia” no hay salvación. A los que no admitimos esta sublimación ilegítima de un sistema político en dogma religioso, nos llaman peralistas o nazis o cristóbales. El ser “nazi” corresponde a una nueva categoría de crimen, peor que el robo, el asesinato, el adulterio y cualquier delito común; no de balde a la policía que lo persigue llaman Sección Especial. En realidad, corresponde al delito que en otro tiempo se llamó “herejía”; por eso dije que este “liberalismo” triunfante ahora es una cosa religiosa: es una religión falsa, peor que el mahometismo. ¡Se nos quiere hacer creer que la guerra de Norteamérica contra Asia es una Cruzada, una “guerra santa”! Se ha inventado y puesto en acción contra nosotros una Inquisición mucho peor que la antigua, “diametralmente” peor —como sería por ejemplo la inversión sexual con respecto a la simple lujuria—. Se está repitiendo lo que pasó en Inglaterra en los siglos XVII y XVIII con la palabra “papista”, y con los que ella designaba, que eran los cristianos mejores, que fueron extirpados limpios del país en forma total: con la diferencia que ahora el proceso es mundial, y se esconde detrás de una hipocresía mucho más adelantada. ¡Nos matan en nombre de la libertad y en nombre de Cristo!
Toda esta persecución se hace en nombre del Cristianismo, del cual se han conservado los nombres vaciados y los ritos falsificados, llegándose hasta el fingir una adhesión zalamera y enteramente inefectiva al Sumo Pontífice de Roma. Se mantiene el aparato burocrático de las Curias y aún se fomenta su hipertrofia, pero todas las asisas sobre que el Cristianismo romano se asienta… como la independencia de la familia y la propiedad privada, la justicia social, el principio de legitimidad de los gobiernos, el control sobre los gobernantes, la decencia pública, la convivencia caritativa… la Ley en fin… todo eso ha sido aniquilado, de sobra lo sabéis, lo habéis sufrido en carne propia… haciendo al mismo tiempo mucho ruido con todas esas palabras. Se favorece al clero menos digno, en una diabólica selección al revés, y de hecho se ha creado un cisma en él, con el sencillísimo arbitrio de dar las sillas episcopales, no a los más dignos, que son los más doctos… no a los más inteligentes y espirituales, sino a los más políticos y puerilmente “piadosos”. Pero ¿a qué seguir? Todos lo conocéis por haberlo sufrido, mejor que yo. La adoración de Dios está siendo sustituída imperceptiblemente por la adoración del Hombre; y eso sin suprimir a Cristo, sino reduciéndolo súbdolamente a hombre. El misterio de iniquidad, que consiste en la inversión monstruosa del movimiento adoratorio de hacia el Creador en hacia la Creatura se ha verificado del modo más completo posible, sin suprimir uno solo de los dogmas cristianos, como la Virgen Madre, el Santísimo Sacramento, el Crucificado, solamente con convertirlos en “mitos”, es decir, en símbolos de lo divino que ES lo humano, como dijo el gran escritor español Unamurri… y yo mismo hace un momento, en otro sentido. De vosotros no sé; de mí sé decir que no hay descanso para mí, fuera de la muerte, mientras esta abominación subsista.
R.P. Leonardo Castellani, S.J.
Del libro “Su Majestad Dulcinea”, cap. X, El sermón del Cura Loco, escrito en 1946.
AMBAS SANGRES CORRERÁN UN DÍA
Si quieren saber la verdad verdadera, el problema judío no tiene solución posible sino fuera y encima de los pseudo-principios del liberalismo rusoniano; y como estamos todavía de liberalismo rusoniano hasta el cogote los argentinos, el problema judío no está maduro todavía para una solución total efectiva, mientras está urgentísimo para provisiones particulares de las cuales la más obvia es la (que ya hizo Ortiz) de “cerrar la puerta”; la más primordial es “contemplarlo de frente” y la más profunda es “volvernos lo que somos”, es decir, volvernos de una vez por todas y con toda el alma cristianos.
Es difícil.
Ahora, a los antisemitas crudos y católicos (si es posible esa cruza) hay que pararlos por lo menos con la Teología, de acuerdo a aquel bárbaro soneto de Calixto el Suplente.
SONETO AL HIJO DEL ANTISEMITA
“Son una peste y una porquería”,—
—más habla en fuerte y en cristiano, ea—
“Y tienen mal olor”; —¿tu alma no hedía
antes del baño en sangre galilea?
El Bautismo te ha ungido a la pelea
tú que juraste en él caballería
y dices cada día “Ave María”
a tu Señora, aquella niña hebrea.
Consanguíneos en Dios por doble fuero
gracia nosotros y ellos bastardía
como Isaac con Ismael malquisto,
no olvides que el bastardo fue primero,
y que ambas sangres correrán un día
juntas ante el altar del Anticristo.
R.P. Leonardo Castellani, S.J.
(de “Las ideas de mi Tío el Cura”)
EL HOMBRE QUE DECÍA LA VERDAD
— ¡Hombre Que Dice la Verdad!
— ¡Presente!
— ¡Atención a la metralla! ¿Qué es fraude?
— Elecciones aseguradas.
— ¿Qué son elecciones aseguradas?
— Felicidad de la democracia.
— ¿Qué es democracia?
— ¿Cuál de las tres?
— ¿Hay tres?
— Hay tres distintas y una sola verdadera.
— La de aquí, digo yo.
— La de aquí se define así: el reinado de los mercaderes por medio del lucro, soborno y fraude.
— ¿Y cuál es el partido que no hace fraude?
— El que no puede.
— ¿Y qué es partido?
— Partido, Excelencia, es la liga de los que quieren vivir sin trabajar, comer sin producir, ocupar empleos sin estar preparados y gozar honores sin merecerlos.
— ¡Caramba! —dijo Sancho—. ¿Eso es partido?
— Eso es partido. También el suyo.
— ¿Y qué es plataforma política de un partido?
— Nosotros somos los buenos, nosotros ni más ni menos, los otros son unos potros, comparados con nosotros.
— ¡Caramba! —exclamó Sancho, alzando la vista a los Cortesanos que estaban encarnados como berenjenas—. Este hombre es peligroso.
— ¿Ha visto, Esplendencia? —dijo Pedro Recio triunfante—. ¿No le dije?
— De todos modos, vamos adelante, que todo hay que oírlo en esta vida. Hombre Que Dice La Verdad Cruda, ¿qué es sufragio universal?
— La manivela de hacer opinar al pueblo de lo que no entiende para no darle mano en lo que entiende.
— ¿Qué es liberalismo?
— Enemigo de Dios y amigo del pueblo.
— ¿Y qué es el pueblo?
— Hato de carneros que trabaja, calla y paga.
— ¿Qué es laicismo?
— Masón que quiere dárselas de Papa.
— ¿Qué es Estado?
— Burocracia erigida en Dios.
— ¿Qué es burocracia?
— Puestos.
— ¿Qué es puestos?
— Comedero para la tribu.
— ¿Qué es escuela neutra gratuita y obligatoria?
— Escuela inmoral costosísima y rabonera.
— ¿Qué es libertad de prensa?
— Piedra libre al embustero.
— ¿Qué es libertad de opinión?
— Chillar los ineptos hasta acallar al sabio.
— ¡Sapristí! —exclamó Sancho—. ¿Y qué son finanzas?
— El arte de utilizar el dinero de muchos, para pocos.
— ¿Qué es economía dirigida?
— Inglaterra.
— ¿Qué es defensa de las instituciones liberales?
— Un judío detrás.
— ¿Qué son judíos?
— El pueblo que a Jesús dio muerte, y vida; y muchos cristianos que son los peores.
— ¿Qué son cristianos?
— El pueblo que es preciso que Cristo sea Dios para no avergonzarse de ellos. Empezando por mí.
— ¿Qué son católicos?
— Son los que saben en qué consiste la acción católica.
— ¿En qué consiste la acción católica?
— La acción católica consiste en hacer discurso acerca de “en qué consiste la acción católica”.
— ¡Alto! —gritó aquí el Penitenciario Mayor haciéndose adelante con un gran tremolar de vestiduras—. ¡He aquí! ¡He aquí lo que es este hombre! ¡Deslenguado y sacrílego! ¡Maurrasiano! ¡Acción Francesa! ¡Ideologías exóticas condenadas por la Iglesia! ¡Reo de muerte! ¡No hay apelación que valga!
— ¡Paso! —dijo Sancho que estaba medio sonriendo para adentro desde que empezó lo de los judíos, mirando de reojo al Penitenciario—. ¡Paso! Todavía me falta hacer la tercera consulta, que es de índole personal, y después procederemos a la débita sentencia. Dígame usted, señor de la verdad desnuda, tengo aquí este librito de Soneto Arqueológicomísticos con Intención Devota y Consonantes Difíciles que a pedido de muchísimos amigos y del público en general he publicado a costa del erario público, y —no es por ser mío— está dando que hablar muchísimo, no sabiéndose todavía, aunque todos lo ponen por las nubes, si los sonetos son en realidad de la escuela clásica o de la escuela modernista, que en eso extrañamente disienten los doctores, y quisiera entonces leerle este sonetejo con estrambote para conocer su opinión sincera.
Alzóse mientras esto decía el fornido Gobernador, y con voz resonante, aunque algo tímido continente de doncella declamadora, recitó lo siguiente:
La Vida Humana (o sea contemplación devota de la natural condición del Hombre en vida y muerte).
El Hombre nace en lágrimas y c…
crece en fajines, sarampión y moco,
la nodriza lo asusta con el coco
y el maestro le zurra la casaca.
De la vida entra luego en la alharaca
de talento munido mucho o poco
y zafio o sabio haciendo un poco el loco
el dolor lo machuca y lo machaca.
Se enamorisca de una mujeruca,
busca un puesto aunque sea de babieca
y hace, empleado nacional vinchuca,
hijos, cuentas, macanas y manteca,
hasta que la Vejez que lo acurruca
introduce a la Parca que lo seca…
Y bailando esta cueca
y esta noria barroca
se pica el paco y peca.
¡Oh Dios, que al fin de su carrera loca
que al menos azga el hilo de tu rueca
y oiga y entienda el eco de Tu Boca!
Cesó Sancho, y alzando los ojos miró todo colorado al Hombrito, el cual muy desenvuelto dijo:
— Mala imitación de un verso bueno de Quevedo.
— No lo conozco, dijo Sancho muy sofocado.
— Es el único perdón de Dios que puede tener éste.
— Vea su Merced y considere —dijo Sancho todo empachado— que el crítico más eminente del diario El Orbe dijo de mis versos…
— Usía sabe bien que no podía decir otra cosa.
— ¿Por qué?, si se puede saber.
— Porque es su oficio.
— ¿Qué cosa?
— Decir esto de todos los poetas poderosos; y de los otros también, por las dudas.
— Y usted, ¿cómo sabe lo que de mí dijo?
— Sé de memoria lo que dirá y dijo de todos los versos que se escribirán hasta el día del juicio, el crítico de todos los diarios de la Ínsula.
— Arrepare, Señor —le dijo entonces Sancho severo—, que el diario El Orbe es en toda la Ínsula el diario más vendido.
— Lo creo, señor; vendido, ¿en qué sentido?
R.P. Leonardo Castellani, S.J.
Tomado de su libro “El nuevo gobierno de Sancho”, capítulo 21.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. (San Mateo 5:6)
Gracias a Cremor tártaro por recordarnos cosas que tenemos tendencia a olvidar , y tergiversar , mucha veces pretextando la obra del Padre Castellani .
Una sola vez en mi vida vi a Castellani, creo que era 1967, en una peña en el centro, cerca del Obelisco. Eramos unas 50 personas mas o menos y yo no sabía quien era (fui llevado por un amigo cura). Luego leí un poco de sus libros (ya hace medio siglo casi). La mano venía bien hasta que empezó una charla con «los señores estancieros» cuyo significado era que los que debían mandar eran los «señores» . Todo su discurso siguió en ese sentido y luego comprobé en uno de sus libros que era es a la idea : «los señores iluminados», o sea, un tipo inexistente, Batman o Mandrake. No comulgo con eso, creo que es una mentira, creo que el hombre esta corrupto y nadie me asegura !quien es un señor». En lo tocante a lo religioso se que fue sancionado por la Iglesia, pero desconozco los detalles, y lo referente a los judíos, creo que tiene razón, aunque no en insistir tanto, pues parece algo de debil el ocuparse tanto del enemigo. Pero no creo que sea el profetas de la Argentina, que tampoco tiene porque haberlo, suena muy futbolístico. Creo que fue un hombre íntegro y valiente, pero eso es todo.
Lugner, o como te llames:
¿No te cansas de ser un mitómano amateur, y bien trucho? ¡Ya nadie cree tus absurdos cómics!
Gracias al Rv.P. Ceriani por hacer conocer a este personaje único, profético y actual.
Sus escritos, amenos, sencillos y reales están vigentes aun en nuestros días.
Leamos con paciencia y conciencia lo que escribe en los comentarios Cremor tártaro, así sabremos mas del P. Castellani.
El P. Castellani dejo muchas enseñanzas aplicables en nuestros días y también sobre los Últimos Tiempos.
!Que Dios lo tenga en su Gloria!
Don Juan Manuel de Prada escribió un pequeño artículo que resume, en su profundidad y altura, la grandiosa personalidad del Reverendo Padre Leonardo Castellani. Lleva por título “LAS GAFAS DE CASTELLANI”.
Para quienes no lo conocen, aquí lo transcribo en agradecimiento a Jorge Bosco, que ha suscitado con su recordatorio todos estos comentarios y ha ocasionado dar a conocer aún más a nuestro querido Don Leonardo:
“Tengo un amigo porteño muy querido, Fabián Rodríguez Simón, lector omnívoro y librepensador recalcitrante, con quien me gusta enzarzarme en arduas (y broncas) disputas teológicas, cada vez que nos reunimos en Buenos Aires.
En cierta ocasión, mientras pasábamos revista a los grandes escritores católicos del siglo XX, de Chesterton a Lewis, de Bloy a Tolkien, mi amigo incorporó a la lista el nombre de un compatriota del que no tenía noticia (y eso que me precio de conocer a fondo la literatura argentina): Leonardo Castellani.
Confesé que jamás había oído hablar del tal Castellani; mi amigo, tras zaherirme y declararse escandalizado, me procuró unos cuantos libros suyos, repescados de los tumultuosos estantes de su biblioteca.
Nunca se lo agradeceré bastante: Leonardo Castellani (Santa Fe, 1899-Buenos Aires, 1981) es un escritor extraordinariamente vigoroso, dotado por igual para la diatriba y el pensamiento sentencioso, la sátira y la exégesis bíblica, con un estilo que nace de manantiales cervantinos para discurrir, en arrebatado torrente, por todos los géneros: novela y ensayo, poesía y crítica literaria, cuento policial y artículo de prensa.
Apasionado polemista, formidable detractor de la modernidad, poeta con un áspero ramalazo profético, profeta con un ensimismado ramalazo lírico, Castellani es sobre todo un campeón de la ortodoxia, única forma posible de heterodoxia en nuestra época.
Disfruté como un enano leyendo a Castellani, y espero seguir disfrutando por mucho tiempo, pues localizar algunas de sus obras, de tan recónditas y postergadas por la desidia editorial, es tarea propia de sabuesos.
En mi existencia de lector he saboreado muchos deslumbramientos; pero nunca el tamaño de ese deslumbramiento había sido tan gigantesco, en comparación con el diminuto reconocimiento de un autor.
Castellani se distinguió siempre por sostener –y no enmendar– aquellas posturas estéticas, filosóficas o religiosas que los repartidores de bulas del cotarro cultural han decidido anatemizar; y esta vocación felina de singularidad lo ha expulsado a esos arrabales de descrédito donde la moderna censura del pensamiento hegemónico sepulta a quienes tienen la gallardía de llevar la contraria sin desmayo.
En honor a la verdad, esta condena en muerte no es demasiado diversa a la que padeció en vida: expulsado de la Compañía de Jesús, Castellani sufrió todo tipo de iniquidades y tropelías, hasta morir, viejo y achacoso, sin más refugio que su fe montaraz y la lealtad acérrima a sus dos vocaciones, tan íntimamente desposadas entre sí: la sacerdotal y la literaria.
Hace unos días, invitado por el Colegio Mayor Universitario San Pablo en Madrid, hablé a unos jóvenes del descubrimiento gozoso de Castellani.
Descubrí entonces, con sorpresa y júbilo, que había entre ellos un par de argentinos que compartían mi devoción por aquel cura quijotesco y trabucaire. Ambos eran hijos de discípulos de Castellani, hombres que habían compartido las tribulaciones del maestro y lo habían acompañado en los años de la tribulación (que fueron casi todos), cuando apenas encontraba quien editara sus libros.
Uno de esos jóvenes, Mariano Jora, me confió que en su habitación guardaba, a modo de reliquia, las fatigadas gafas que Leonardo Castellani gastó en sus postrimerías, antes de cerrar los ojos, o de abrirlos a la única Gloria que persiguió en vida.
Le rogué a Mariano, con secreto temblor y rendido alborozo, que me las mostrara; y Mariano corrió a su habitación para traérmelas. Eran unas gafas de montura pobretona, unas gafas tan menesterosas que parecían como en parihuelas o cabestrillo, con las patillas flojas y liadas de esparadrapos costrosos.
Eran las gafas de un hombre que vive en el alambre de la pura supervivencia, las gafas de un hombre que no tiene dinero para cambiárselas, las gafas de un hombre que ni siquiera piensa en cambiárselas, porque ha hecho de la pobreza su escuela, su avío, su consuelo, su nobleza, su más íntima sustancia.
Me quedé mirándolas un largo rato, con emoción compungida, como si en aquellas gafas se cifrase una dolorosa enseñanza moral. Y pensé que aquellas gafas casi mendicantes, testimonio de una vida de privaciones e infortunios, eran también la metáfora de una época miope que gasta a sus mejores hombres sin siquiera reparar en ellos, demasiado engolfada en modas y vanidades filibusteras.
Pero está de Dios que Leonardo Castellani sea redescubierto: con que sólo una de las personas que lean este artículo rebusque sus libros y se asome a sus páginas, picada por el gusanillo de la curiosidad, seré el hombre más feliz de la Tierra.”
Señor Vazquez
A este Lugner o como se llame, no se le puede permitir que le falte el respeto al Padre Ceriani y ahora al Padre Castellani.
Habla sin argumentos y viene solo a molestar.