DECLARACIÓN DEL PADRE JUAN CARLOS CERIANI
En la entrevista que le hiciera Nouvelles de Chrétienté (sept.-oct. 2010), Monseñor Bernard Fellay dice:
«Los que se aferran con los dientes a Vaticano II porque ven en él un nuevo punto de partida de la Iglesia, o los que consideran que con Vaticano II una página de la historia de la Iglesia quedó atrás definitivamente, son quienes simplemente no pueden aceptar la coexistencia de una misa que recuerda exactamente todo lo que pensaban haber dejado atrás para siempre.»
Lo triste y lamentable es que los modernistas, aunque quisieran, no pueden afirmar en referencia a la actual FSSPX:
«Los que se aferran con los dientes al Magisterio anterior al Vaticano II porque ven en aquél la perennidad y la continuidad sin rupturas de la Iglesia; o los que consideran que con Vaticano II se ha intentado dar vuelta definitivamente una página de la historia de la Iglesia, son quienes simplemente no pueden aceptar la coexistencia de una misa nueva que representa para ellos exactamente todo lo que ha sido introducido como novedoso en ruptura con el pasado.»
Entonces, los que se aferran con los dientes a Vaticano II son coherentes en no aceptar la coexistencia de una misa que recuerda exactamente todo lo que pensaban haber dejado atrás para siempre.
Los hijos bastardos no quieren que su padre haga venir a la casa de adulterio a su esposa legítima, para que cohabite bajo un mismo techo con ellos y su adúltera madre.
Son coherentes; pues ellos no se consideran bastardos, califican a la legítima como una madrastra usurpadora, y respetan a su madre como una mujer decente.
En cambio, la incoherencia está en Monseñor Fellay y la FSSPX, que aceptan la coexistencia con una misa bastarda, que define perfectamente a la Iglesia Conciliar.
Los incoherentes hijos legítimos no tienen inconvenientes en que su padre los quiera recibir, junto con su madre, en su casa de adulterio, para que cohabiten todos bajo un mismo techo y compartan una misma mesa, alternando el lecho con la adúltera (la «oficial») y la legítima (la «extraordinaria»).
Monseñor Fellay dice:
«Creo que lo que vivimos se parece más a una de esas incursiones de los exploradores que entrevén la tierra prometida, sin que las circunstancias les permitan entrar.
Para evitar alguna falsa interpretación de la imagen utilizada, quiero precisar que continuamos afirmando siempre y firmemente que somos católicos y que, con la ayuda de Dios, queremos permanecer tales.»
Lo triste y lamentable es que Monseñor Fellay, y con él la FSSPX, ya no dicen:
«Eminencia, reunidos en torno a su Superior general, los Superiores de los distritos, seminarios y casas autónomas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, piensan conveniente expresarle respetuosamente las reflexiones siguientes. Usted creyó deber suyo, por su carta del 1º de julio último, hacer saber su excomunión latae sententiae a Su Excelencia Monseñor Marcel Lefebvre, a Su Excelencia Monseñor Antonio de Castro Mayer y a los cuatro obispos que ellos consagraron el 30 de junio último en Ecône. Quiera usted mismo juzgar sobre el valor de tal declaración que viene de una autoridad que, en su ejercicio, rompe con la de todos sus antecesores hasta el papa Pío XII, en el culto, enseñanzas y el Gobierno de la Iglesia.
En cuanto a nosotros, estamos en plena comunión con todos los Papas y todos los Obispos que han precedido el Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y celebraron, enseñando al Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales. Quiera usted entonces juzgar de qué lado se encuentra la ruptura. Estamos extremadamente apenados por la ceguera de espíritu y el endurecimiento de corazón de las autoridades romanas.
En cambio, nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.
Creemos en un solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.»
En julio de 1988 se declaraba que jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar… No tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís… No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia… Sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles…
En octubre de 2010 las circunstancias no les permiten entrar…
Quieran ustedes entonces juzgar [estimados fieles y queridos sacerdotes de la FSSPX] de qué lado se encuentra la ruptura. Estoy extremadamente apenado por la ceguera de espíritu y el endurecimiento de corazón de las autoridades actuales de la FSSPX.
Padre Juan Carlos Ceriani
20 de octubre de 2010
Buenos Aires

¿Entrar a qué ó en qué? Si ya son católicos ya no tienen en nada que entrar. Lo que deben es desde adentro las instituciones de la Iglesia visible en la subsiten católicos con modernistas llamar a la conversión para que la Iglesia vuelva a ser Inmaculada. Hay que restaurar las cosas en Cristo como decía San Pío X.
Padre Ceriani; no podíamos esperar menos de Ud.!
Es realmente una verguanza lo que ha dicho M Fellay, y que todos los in tegrantes de la FSSPX se hayan callado, aceptado sin decir una palabra…es que no piensan?
Es que se han olvidado de M Lefebvre?
Es que están tan obnubilados por guardar un puesto?
Por no ser echados ?
Por no quedarse fuera del » refugio» que aparenta ser la FSSPX?
O es que les cuesta a muchos fieles dejar amigos, o que los señalen por hablar?
Que cobardía!!
Dios los perdone a los superiores y a los fieles, unos por llevar a el rebaño al matadero, y los otros por dejarse llevar, de cómodos!!
Gracias P. Ceriani por sus palabras y seguiremos en su camino que es el verdadero Camino de Jesus.
Que los fieles que siguen en la FSSPX, abran los ojos y se den cuenta de una vez, lo que esta pasando!
Recemos por ellos y por todos los que estan con miedo!
AVE MARIA PURISIMA, SIN PECADO CONCEBIDA!
Muchas gracias padre Ceriani.
Casi no tengo nada que agregar a lo que escribe fiel fiel, coincido plenamente.
Lo de la FSSPX es casi más grave que la traición a la Fe del concilio vii,porque abandonan la trinchera muy difícil de defender de la ortodoxia y dejan al escaso rebaño sin iglesias donde oir misa y recibir los sacramentos.
Nos vuelven a una situación extraordinaria, peor que las catacumbas, porque ni catacumbas tenemos.
Precisamente porque la Iglesia Postconciliar, le dió la espalda a Dios con la nueva misa, para darle la cara y dirigirse al hombre, Dios permité todos estos males, empezando por la gran apostasia que está sufriendo la Iglesia, porque el Nuevo Ordo ofrece la ofrenda de Caín que no es agradable a los ojos de Dios, y es por eso, que ahora vemos tambien como castigo el deterioro que sufre la otrora FSSPX defensora a ultranza de la tradición.
Padre Juan Carlos Ceriani, totalmente de acuerdo con Ud., salvo las críticas asía Monseñor Fellay, la iglesia oficial llega a este desastre después de varias décadas. De tiempo a los obispos ordenados por su Excelencia Monseñor Marcel Lefebvre, no se puede cambiar todo en unos meses, entienda, que es un trabajo largo y penoso. CONFIE EN LOS OBISPOS DE LA FRATERNIDAD, ELLOS FUERON ELEGIDOS POR EL FUNDADOR PARA DAR LA BATALLA DE LA RESTAURACION EN CRISTO REY.
como se te ocurre decir eso??? ceriani solo confia en si mismo. Al igual que todos y cada uno de los sacerdotes que se han ido de la fsspx. Siempre fue así desde tiempos de Lefebvre.
yo le daria un consejo a Ceriani, Meramo, Turco, etc: contactense con la fraternidad de San Pio V y pidanle crear la filial local.
¿Quién es Francisco?
Han pasado tres, y los tres han eludido y eluden la dispunta.
Son como Ariel o/y Policarpo.
Ariel pide confianza en los Obispos de la Fraternidad…
Francisco habla de los que se han ido de la Fraternidad…
¡Y resulta que la tal Fraternidad no existe! Fue suprimida…
No se olviden, muchachos, que Monseñor Tissier ecribió: «En efecto, el 25 de abril, el Cardenal Tabera le aseguró a Monseñor Mamie que “tenía la autoridad necesaria para retirar las actas y las concesiones” de su predecesor. Por desgracia, era cierto.»
Tengan confianza en ellos. No los van a defraudar…
Ariel:
No sé qué es peor, si tu falta de educación o tu desvergüenza, aunque creo que van juntas.
Comprende que en lo único que el Padre Ceriani podría estar de acuerdo contigo es en tu “asía”. Es decir, ni siquiera en geografía…
¿Confiar? ¿En quién? ¿En Fellay?
No se puede confiar en Fellay.
Confiar en Fellay significa confiar en Ratzinger, porque Fellay confía en él y ve en él una destello de esperanza.
La Carta Abierta de los Superiores de la FSSPX de julio de 1988 siempre me ha llenado de admiración. Su precisión, claridad y contundencia dan paz y excitan audacia.
“Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad.”
¡¿Qué más preciso, claro y contundente?!
Digan lo que digan; quieran lo que quieran; Benedicto XVI no escapa a ninguna de las tres notas de la definición.
Por si quedasen dudas sobre cuál es esa “Iglesia Conciliar”, tanto en el momento de redactar la Carta como en el futuro, nuestro presente, agregaron:
“Nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable.”
¿No hemos visto, ante nuestros ojos tristes, repetir cada año ese blasfemo acto y otros similares, incluso con la presencia de Benedicto XVI?
Aquellos Superiores eran claros, precisos y contundentes:
“No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.”
Los cuatro Obispos de la FSSPX, como lo prueba el Decreto del 21 de enero de 2009, solicitaron, en cambio, el levantamiento de la excomunión latae sententiae formalmente declarada por Decreto de 1988, que motivara justamente esta Carta Abierta que comentamos.
Es más, el documento de 2009 señala que Benedicto XVI, paternalmente sensible al malestar espiritual manifestado por los interesados a causa de la sanción de excomunión, decidió reconsiderar la situación canónica de los cuatro Obispos…
¡Y hubo festejos con champagne!…
Ya no cabía “la distinción de honor» ni «el signo de ortodoxia delante de los fieles”.
Todo indica que los fieles ya no tienen el “absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista”.
No faltará quien pretenda decir que sí, y que aquella Carta Abierta permanece en todo su vigor. Pero, ¿cómo explicar, entonces, que en febrero de 2009 Monseñor Fellay haya manifestado que “Algunos, para facilitar las cosas, hacen una identificación entre la Iglesia Oficial y la Iglesia Modernista. Pero es un error, porque hablamos de una realidad concreta”?
Monseñor Marcel Lefebvre dio por anticipado la respuesta a esta estulticia. Releamos sólo algunas citas de sus textos, de diversos años y bajo distintas circunstancias:
“¡Qué cosa más clara! En adelante es a la Iglesia conciliar que es necesario obedecer y ser fiel, y no a la Iglesia Católica. Es todo nuestro problema precisamente. Somos “suspendidos a divinis” por la Iglesia conciliar y para la Iglesia conciliar, de la cual no queremos formar parte. Esta Iglesia conciliar es una Iglesia cismática, porque rompe con la Iglesia Católica de siempre. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto, ya condenados por la Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos (…) El pedido de Mons. Benelli es, pues, luminoso: sumisión a la Iglesia conciliar, a la Iglesia de Vaticano II, a la Iglesia cismática. Nosotros proseguimos en la Iglesia Católica”. (Reflexiones sobre la suspensión a divinis).
“Eminencia, me parece necesario precisarle lo que le escribía el 6 de mayo. Reflexionando, nos resulta claro que el objetivo de los coloquios y de la reconciliación es integrarnos en la Iglesia Conciliar, la única Iglesia a la cual hacía usted alusión en las conversaciones”. (Carta al Cardenal Ratzinger, 24 de mayo de 1988).
“El Cardenal Ratzinger lo repitió varias veces: “Monseñor sólo hay una Iglesia, no puede haber una Iglesia paralela”. Le dije: “Eminencia, no somos nosotros quienes hacemos una Iglesia paralela, puesto que seguimos la Iglesia de siempre; son ustedes quienes hicieron la Iglesia paralela habiendo inventado la Iglesia del Concilio, la que el cardenal Benelli llamó la Iglesia conciliar; son ustedes quienes inventaron una iglesia nueva, quienes se hicieron nuevos catecismos, nuevos sacramentos, una nueva misa, nueva liturgia, esto no viene de nosotros. Nosotros, seguimos lo que se hizo antes. No somos nosotros quienes hacemos una nueva iglesia”. (Conferencia de Prensa del 15 de junio de 1988).
“¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡sí!, obviamente. Es necesario, pues, salir de este medio de los obispos, si no se quiere perder el alma. Pero eso no basta, ya que es en Roma donde se instala la herejía. Si los obispos son herejes (incluso sin tomar este término en el sentido y con las consecuencias canónicas), no es sin la influencia de Roma (…) Esta es la razón por la que no podemos vincularnos con Roma. Suceda lo que suceda, debemos seguir como lo hemos hecho, y el Buen Dios nos muestra que siguiendo esta vía, cumplimos con nuestro deber. No negamos la Iglesia Romana. No negamos su existencia, pero no podemos seguir sus directivas. No podemos seguir los principios del Concilio. No podemos vincularnos. Me di cuenta de esta voluntad de Roma de imponernos sus ideas y su manera de ver. El cardenal Ratzinger me decía siempre: “Pero Monseñor, sólo hay una Iglesia, no es necesario hacer una Iglesia paralela”. ¿Cuál es esta Iglesia para él? La Iglesia conciliar, queda claro. Cuando nos dijo explícitamente: “Obviamente, si se les concede este protocolo, algunos privilegios, deberán aceptar también lo que hacemos; y por lo tanto, en la iglesia Saint-Nicolas-du-Chardonnet será necesario decir una nueva misa también todos los domingos.” Ustedes ven que quería traernos a la Iglesia conciliar. No es posible, ya que queda claro que quieren imponernos estas novedades para terminar con la Tradición. No conceden nada por aprecio de la liturgia tradicional, sino simplemente para engañar a aquellos a quienes lo dan y para disminuir nuestra resistencia; insertar una cuña en el bloque tradicional para destruirlo. Es su política, su táctica consciente. No se equivocan, y ustedes conocen las presiones que ejercen”. (Conferencia del 9 de septiembre de 1988).
“No hay que tener miedo de afirmar que las autoridades romanas actuales, desde Juan XXIII y Pablo VI, se hicieron las colaboradoras activas de la francmasonería judía internacional y del socialismo mundial. Jean Pablo II es ante todo un político filocomunista al servicio de un comunismo mundial con color religioso. Ataca abiertamente a todos los Gobiernos anticomunistas, y no aporta por sus viajes ningún renuevo católico. Estas autoridades romanas conciliares no pueden, pues, sino oponerse feroz y violentamente a toda reafirmación del Magisterio tradicional.
Los errores del Concilio y sus reformas permanecen la norma oficial consagrada por la profesión de fe del Cardenal Ratzinger de marzo de 1989.
(…) Escucho decir: “¡Usted exagera! Hay cada vez más buenos obispos que rezan, que tienen la fe, que son edificantes…”
Aunque fuesen santos, en cuanto admiten la falsa libertad religiosa (por lo tanto el Estado laico), el falso ecumenismo (por lo tanto la admisión de varias vías de salvación), la reforma litúrgica (por lo tanto la negación práctica del sacrificio de la Misa), los nuevos catecismos con todos sus errores y herejías, contribuyen oficialmente a la revolución en la Iglesia y a su destrucción.
El Papa actual y estos obispos ya no transmiten Nuestro Señor Jesucristo sino una religiosidad sentimental, superficial, carismática donde no pasa ya la verdadera gracia del Espíritu Santo en su conjunto.
Esta nueva religión no es la religión católica; es estéril, incapaz de santificar la sociedad y la familia…” (Prólogo al libro Itinerario Espiritual, 29 de enero de 1990).
“El Padre Giulio Tam creyó bien para la información de sus colegas, recoger los pasajes más significativos de los discursos del Papa y de las autoridades Romanas sobre los temas más actuales. Esta reagrupación lanza una luz tan clara sobre la Revolución doctrinal inaugurada oficialmente en la Iglesia, en el Concilio, y seguida hasta nuestros días, que no puede impedirse de pensar en la “Sede de Iniquidad” predicha por León XIII, o en la pérdida de la Fe de Roma predicha por Nuestra Señora de la Salette.
La difusión y la adhesión de las autoridades Romanas a los errores masónicos condenados muchas veces por sus antecesores es un gran misterio de iniquidad que arruina en sus fundamentos la Fe católica.
Esta dura y dolorosa realidad nos obliga en conciencia a organizar por nosotros mismos la defensa y la protección de nuestra Fe Católica.
El hecho de sentarse sobre las sedes de la autoridad no es ya, ¡desgraciadamente!, una garantía de la ortodoxia de la fe de los que las ocupan.
El propio Papa difunde en adelante sin parar los principios de una falsa religión que tiene por resultado una apostasía general.” (Prólogo al N° 1 de la Documentación sobre la Revolución en la Iglesia, Ecône, 4 de marzo de 1991).
Exigimos hoy, como ayer, esta claridad, esta precisión y esta contundencia.
Si a este tipo le pagan para defender a la FSSPX, me imagino cómo les va a ir por Roma…
Ahora pide tiempo. De todos modos, les sobra; pues para Fellay tenemos como para 45 años más.
Y luego dice que «no se puede cambiar todo en unos meses; entienda que es un trabajo largo y penoso». Ya lo sabemos, Fellay lleva ya más de ocho años para cambiar la FSSPX…, pero lo va logrando…
Espero que este personaje cumpla con lo que le pidió el Padre Ceriani:
1) Primero debe averiguar ante los Superiores y Sacerdotes de la FSSPX si Monseñor Lefebvre firmó o no todos los documentos del Concilio Vaticano II, y si la FSSPX ha sido o no suprimida en 1975; y dar a conocer públicamente sus respuestas, con nombre y apellido.
2) En caso negativo, la explicación sobre lo publicado en el libro de monseñor Tissier.
3) Luego, responder a todas las respuestas anteriores del Padre, que no merecieron de su parte ni siquiera acuse de recibo.
La Fraternidad San Pío V tiene convento, seminario y un obispo: Kelly, Guillermo Patricio.
A quienes me aconsejan tener confianza en los superiores de la pretendida FSSPX, les reccuedo que en mi Apelación del 3 febrero de 2009 figura como considerando:
Cuando expuse a mis Superiores mis observaciones respecto al vínculo existente entre la “Declaración de una pena” y la “pena en si misma”, y que por lo tanto pedir “el retiro del Decreto de declaración de la excomunión” implica reconocer “la validez de la censura”, recibí las siguientes respuestas:
“Usted confunde retirar un decreto de excomunión con levantar una excomunión (…) En todo documento oficial o de importancia tengo mucho cuidado de no mencionar o decir ״levantar la excomunión״” (Carta de Mons. Bernard Fellay al padre Ceriani, 3 de agosto de 2004).
“Usted puede comprobar que efectivamente el Padre Sommerville no leyó como lo hacen los sacerdotes de la Fraternidad ״el retiro del decreto de excomunión״, sino que habla de ״levantamiento de la excomunión״. No está informado simplemente de nuestra distinción y de la insistencia que debemos tener en hacerla. Es necesario simplemente tomarlo como una manera corriente de hablar” (Carta de Mgr Bernard Fellay al padre Ceriani, el 26 de febrero de 2005).
“Pienso y mantengo que se trata de una simple cuestión de imprecisión de lenguaje en el texto incriminado. ¡Nada más! No pienso que eso valga la pena para hacer un drama.” (Carta de Mgr Bernard Fellay al padre Ceriani, el 3 de junio de 2005).
“Monseñor Fellay pidió oficialmente ״el retiro del decreto de excomunión״. No pidió el levantamiento o el retiro de la excomunión en si misma, que no reconocemos; pide precisamente el levantamiento del decreto, es bien diferente. ¿Pero entiende usted la diferencia? ¿Quiere reflexionar sobre esto? ” (Carta de Mgr Tissier de Mallerais al padre Ceriani, el 31 de agosto de 2004).
“No comparto sus inquietudes en lo referente a los debates con Roma. Le dije en la última carta que es su carácter inquieto quien le juega malas pasadas, ya que objetivamente no hay materia para inquietud. En efecto, Monseñor Fellay mantiene bien firmemente los dos preliminares que ha planteado al cardenal Castrillón Hoyos hace cuatro años, a saber el reconocimiento del derecho imprescriptible de la misa tradicional y el levantamiento —no de las censuras sino— del decreto de excomunión de los obispos. Le expliqué que no es la misma cosa. El protocolo de 1988 preveía el levantamiento de las irregularidades y de la suspensión, Mons. Fellay pide el levantamiento del decreto: no reconoce, pues, la validez de las censuras.” (Carta de Mgr Tissier de Mallerais al padre Ceriani, el 18 de septiembre de 2004).
Hasta aquí el crédito que ellos requerían de mi persona: no se preocupe, tenga confianza en nosotros, no hemos pedido ni vamos a pedir el levantamiento de la excomunión.
Es de público conocimiento que el Decreto del 21 de enero de 2009, aceptado, festejado y agradecido por esos mismos superiores, dice:
“Por medio de la carta del 15 de diciembre de 2008 enviada a Su Eminencia el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, Mons. Bernard Fellay, en su nombre y en el de los otros Obispos consagrados el 30 de junio de 1988, volvía a solicitar el levantamiento de la excomunión latae sententiae formalmente declarada por Decreto del Prefecto de esta misma Sagrada Congregación para los Obispos con fecha del 1º de julio de 1988.”
Esos señores no merecen ninguna confianza.
Fiel, Fiel, Fiel, muy clara sus palabras.Estoy totalmente de acuerdo y pienso asi. Todo muy bien expresado con palabras textuales de Mons. Lefevbre.
Hay que leer y re-leer esos textos importantes! Tener presente lo ocurrido desde entonces y lo que va a ocurrir despues.
Solo pensemos en estar «Forts dans la FOI».
Que Nuestra Senora de la Salette nos guarde y ampare para seguir por el buen camino junto al P. Juan Carlos Ceriani, P. Turco y P. Meramo.
Otros seguiran despues!
AVE MARIA!
Como me apena la ceguera del Padre Ceriani. Usa cualquier argucia para justificar su actitud de agresión a la Fraternidad. Nunca dijo Monseñor Fellay que la coexistencia de la Misa verdadera con la Bastarda sea la solución a la crisis de la Iglesia, sólo dice que molesta a los modernistas. Nunca dijo que la Misa bastarda sea buena, sólo dijo que el reconocimiento de que la Misa verdadera nunca había sido abrogada, es un paso en el buen sentido, quiere decir que es mejor que públicamente el Papa diga que la Misa nunca fue abrogada, y que cualquier sacerdote, la puede oficiar, aún sin la autorización del Obispo, que como se repetía antes que la Misa estaba prohibida o abrogada, Si se dice que nunca fue abrogada, es por que alguien decía precisamente que estaba abrogada. De ahí a hacer decir a Monseñor Fellay que la Misa nueva es buena o que la coexistencia de la dos misas sea la solución a la crisis, es una evidente distorsión del P. Ceriani. Es mas en la misma repuesta que el P. Ceriani recorta, Monseñor Fellay dice que dicha coexistencia prueba la crisis de la Iglesia: «Hay dos espíritus diferentes encarnados en dos misas. Es un hecho! Y los dos no van juntos! Se encuentra en el católico moderno un odio semejante para con el rosario, por ejemplo. Y todo se relaciona. Vemos en la cuestión de la misa un muy buen ejemplo de la complejidad de la crisis que sacude a la Iglesia.»
Lo mismo hace, el P. Ceriani, con el tema de un acuerdo. Monseñor Fellay, no ha suscripto ningún acuerdo a pesar de la repetidas ofertas de Roma en este sentido. Lo han repetido miles de veces tanto el él como Monseñor De Galarreta, como Monseñor Williamson. Y esto es prueba suficiente de que no se quiere integrar el «Panteón». Es mas, M. Fellay, ratifica en la misma conferencia que el problema es la doctrina: «Recordar que la Iglesia tiene un pasado que aun hoy permanece completamente válido. Este acercamiento fresco, no marchito, a la Tradición de la Iglesia es un aporte decisivo para la solución de la crisis. A esto debemos agregar el llamar la atención sobre el poder de la misa tradicional, de la misión y del rol del sacerdote tal como lo quiere Nuestro Señor, según su imagen y según su Espíritu. Cuando les preguntamos a los sacerdotes que se acercan a la Fraternidad qué esperan de nosotros, nos responden primero que esperan la doctrina. Y eso incluso antes que la misa. Es sorprendente, pero al mismo tiempo es un buen signo.»
Por lo que Padre, si me permite, humildemente le aconsejo, debiera dedicarse menos a declaraciones, y mas a la santificación, de las almas, que tan bien lo hace. Su discípulo y feligrés.
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Ariel:
El pasado martes 19 le respondí de esta manera (ver en)
https://radiocristiandad.wordpress.com/2010/10/17/ay-fellay/#comments
No sé quién es usted. Según parece, un discípulo mío. En ese caso, no muy aplicado y bastante incorrecto.
No tiene porqué agradecerme. Era, y sigue siendo, mi deber el formar a las almas que Dios pone en mi camino. Aunque no todas aprenden.
Tal vez sea por culpa del maestro. Pero, según usted, no es su caso; aunque ya le dije que su aplicación y cortesía dejan mucho que desear.
Es mi deseo que siga aprendiendo.
Pero, sin desesperar de ello, no confío tanto en sus dotes de discípulo; pues para ello es necesario estar abierto a la totalidad de la verdad, y no sólo a aquello que nuestros sentimientos nos hacen considerar como tal.
Le digo esto porque mi artículo “Las Etapas de un plan” tuvo 43 comentarios, y el primero de todos fue el suyo.
(https://radiocristiandad.wordpress.com/2010/09/04/las-etapas-de-un-plan/)
Por si lo olvidó, se lo transcribo:
“Padre, con mucho respeto, entiendo que si el Papa nos da un MOTUS PROPIO diciendo que la Fraternidad es CATOLICA Y ESTA EN COMUNION CON LA IGLESIA; y no pide nada a la FRATERNIDAD; esta todo muy bien SABE “””””MUCHAS ALMAS SE PODRAN SALVAR”””””””Y mucho bien ara la FRATERNIDAD a los fieles, o desean los de radio cristiandad que la salvación sea para unos pocos.”
Yo le respondí. Por si no la leyó, he aquí mi respuesta:
“Ariel, de mi mayor consideración:
Si no me equivoco, usted es el mismo que ha hecho un comentario el miércoles 1º de septiembre a mi artículo “Dime qué superior tienes, y te diré qué posición adoptas”.
Sin que viniese al caso, usted presentó un comentario con citas de la biografía de Monseñor Lefebvre pretendiendo probar sobre ellas de que, aún hoy, hay que ir a Roma.
El señor Fabián Vázquez le respondió perentoriamente. Y usted guardó silencio. Quien calla, otorga.
Pero ahora, usted contraataca en este nuevo artículo y afirma que “si el Papa nos da un MOTUS PROPIO diciendo que la Fraternidad es CATOLICA Y ESTA EN COMUNION CON LA IGLESIA; y no pide nada a la FRATERNIDAD; está todo muy bien.”
Y yo le respondo, y por su intermedio a todos los que tienen las mismas dudas u objeciones:
1) Roma está ocupada por una ideología y una herejía. En textos de la FSSPX tiene las pruebas, que omito por razones de espacio.
2) La Obra de la Tradición siempre ha adherido a la Roma Eterna y ha rechazado la Roma neomodernista surgida del Concilio Vaticano II, cuya representaciones más gráficas son la misa bastarda de Pablo VI, la libertad religiosa masónica y el ecumenismo indiferentista. Vea la Declaración de Mons. Lefebvre de noviembre de 1974.
3) Todos los Superiores de la Fraternidad, el 6 de julio de 1988, han firmado: “En cuanto a nosotros, estamos en plena comunión con todos los Papas y todos los Obispos que han precedido el Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y celebraron, enseñando el Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales. Quiera usted entonces juzgar de qué lado se encuentra la ruptura. Estamos extremadamente apenados por la ceguera de espíritu y el endurecimiento de corazón de las autoridades romanas.
En cambio, nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.”
4) Esos mismos Superiores no tuvieron en cuenta lo que usted esgrime ahora; y, por el contrario, sostuvieron con claridad: “El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista”.
5) La Misa del Rito Romano de la Iglesia Católica no necesitaba de ningún Motu proprio que la reconociese como único rito oficial romano (y mucho menos de uno que la relegase al rango de “forma extraordinaria” de un rito cuya “forma ordinaria” sería la misa bastarda montiniana).
Del mismo modo, la Obra de la Tradición no necesita de un Motu proprio proveniente de la Roma ocupada que la reconozca como católica y en comunión con la Iglesia. ¿Cómo los ocupantes pueden reconocer a los legítimos? ¿Desde cuándo la esposa legítima necesita la aprobación de la adúltera? La Iglesia a la cual usted se refiere, ¿es la Católica o la Conciliar? El Papa que la reconocería, ¿sería uno con cabeza modernista o uno con cabeza, pies, manos, corazón alma y fe católicos?
6) Los seis Obispos de la Tradición no necesitaban un Decreto que levantase la espuria excomunión decretada en julio de 1988 por ese sistema que se autodenomina Iglesia Conciliar para ser reconocidos como católicos (y mucho menos por pedido expreso de los cuatro Obispos sobrevivientes de la FSSPX, dejando vergonzosamente de lado a sus dos dignos consagrantes).
Del mismo modo la Obra de la Tradición no precisa de Motu proprio alguno que provenga de una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.
Simplemente esperarlo de ella implicaría haber perdido “la prueba irrefutable”; supondría estar en comunión con “el espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace cuarenta y siete años”; sería estar “incluidos en la comunión impía con los infieles”; demostraría no poseer ya el “signo de ortodoxia delante de los fieles”.
7) Todo estaría mal.
No, no sé cuántas almas se pueden salvar. No sé si yo me salvaré. No sé si los responsables de Radio Cristiandad se salvarán. Todo esto sólo lo sabe Dios. Pero sí sé que la salvación está ofrecida a todos; pero que ella pasa por la gracia otorgada por el Hijo de Dios, y dispensada por medio de la única Iglesia por Él fundada, fuera de la cual no hay ni puede haber salvación.
A Ella tengo el honor de pertenecer; soy hijo de Dios por el Santo Bautismo, soldado de Cristo por la Santa Confirmación y ministro de Cristo por la Santa Ordenación Sacerdotal.
No pertenezco ni quiero pertenecer al Panteón de Asís.
Espero que estas líneas le ayuden a reflexionar, a usted y a todos aquellos a los que ellas van dirigidas.
Con mis oraciones y mi bendición sacerdotal.
Parece que usted ha olvidado la lección que enseña que, por cortesía y buena educación, hay que responder, máxime cuando es uno el que ha iniciado el diálogo.
Debo reconocer que no soy el único agraciado con su falta de educación.
Ya se lo señalé en septiembre:
“Sin que viniese al caso, usted presentó un comentario con citas de la biografía de Monseñor Lefebvre pretendiendo probar sobre ellas de que, aún hoy, hay que ir a Roma.”
Ahora, en este post, que publica una entrevista a Monseñor Fellay, y en el cual no hay ningún comentario mío, usted aplica la misma táctica de siempre: sin que venga al caso, presenta un comentario con citas de Monseñor Lefebvre (que conoció gracias a mí) pretendiendo probar sobre ellas… no sé qué cosa… usted sabrá… Pienso que solamente distraer del tema central.
Entonces, simplemente agrego: A mis maestras de primaria, gracias por enseñarme que dos más dos son cuatro. Todavía no lo olvidé.
De usted no aguardo respuesta. Lamento mucho que usted no haya aprendido lo que es la honestidad intelectual.
Pero, si intenta responder (y estoy seguro que lo hará, pues esa es su función) sepa que:
1) Primero debe averiguar ante los Superiores y Sacerdotes de la FSSPX si Monseñor Lefebvre firmó o no todos los documentos del Concilio Vaticano II, y si la FSSPX ha sido o no suprimida en 1975; y dar a conocer públicamente sus respuestas, con nombre y apellido.
2) En caso negativo, la explicación sobre lo publicado en el libro de monseñor Tissier.
3) Luego, responder a todas mis respuestas anteriores, que no merecieron de su parte ni siquiera acuse de recibo.
Que Dios los ilumine, a usted y a ellos.
Tenemos, pues, hasta la fecha, como mínimo tres comentarios míos que aguardan una respuesta suya (del miércoles 1º de septiembre, del sábado 4 de septiembre y del martes 19 de octubre).
Usted, como de costumbre (que habrá aprendido de otro clérigo, pero no de mí) no responde, arroja una bomba de humo para confundir la situación y sale por otro lado con otra cosa.
Que quede claro, pues, que no le respondo a usted, sino que despejo las brumas que usted siembra para que los menos advertidos reconozcan el daño enorme que han hecho Monseñor Fellay, los otros tres Obispos, los Superiores y los Sacerdotes de la inexistente FSSPX (al menos hasta nuevo aviso).
Ariel (o su patrón) dice: “Nunca dijo Monseñor Fellay que la coexistencia de la Misa verdadera con la Bastarda sea la solución a la crisis de la Iglesia, sólo dice que molesta a los modernistas.”
Respondo: Nunca el Padre Ceriani escribió que Monseñor Fellay dice que la coexistencia de la Misa verdadera con la Bastarda sea la solución a la crisis de la Iglesia.
Lo que el Padre Ceriani escribió dice así: la incoherencia está en Monseñor Fellay y la FSSPX, que aceptan la coexistencia con una misa bastarda, que define perfectamente a la Iglesia Conciliar.
Los incoherentes hijos legítimos no tienen inconvenientes en que su padre los quiera recibir, junto con su madre, en su casa de adulterio, para que cohabiten todos bajo un mismo techo y compartan una misma mesa, alternando el lecho con la adúltera (la “oficial”) y la legítima (la “extraordinaria”).
Ariel (o su patrón) dice: “Nunca dijo Monseñor Fellay que la Misa bastarda sea buena, sólo dijo que el reconocimiento de que la Misa verdadera nunca había sido abrogada, es un paso en el buen sentido, quiere decir que es mejor que públicamente el Papa diga que la Misa nunca fue abrogada, y que cualquier sacerdote, la puede oficiar, aún sin la autorización del Obispo, que como se repetía antes que la Misa estaba prohibida o abrogada.”
Respondo: aquí se ve el daño que produce la adulteración hecha Monseñor Fellay del Motu proprio de Benedicto XVI. Ariel repite, como tantos otros “la Misa verdadera nunca había sido abrogada”. Y por culpa de la adulteración mencionada, omite “en cuanto forma extraordinaria”.
Repito, entonces. Tal vez repitiendo entre en la cabeza de alguno: los hijos legítimos no tienen inconvenientes en que su padre los quiera recibir, junto con su madre, en su casa de adulterio, para que cohabiten todos bajo un mismo techo y compartan una misma mesa, alternando el lecho con la adúltera (la “oficial”) y la legítima (la “extraordinaria”).
Ariel (o su patrón) escribe: “Si se dice que nunca fue abrogada, es por que alguien decía precisamente que estaba abrogada.”
Respondo: nuevamente escamotea “en cuanto forma extraordinaria”.
Por otra parte, nunca se ha dicho oficialmente que la Misa se siempre ha sido abrogada.
En cambio, como ya lo he probado en otros textos, con el Motu proprio de Benedicto XVI la Misa de siempre queda abrogada en cuanto forma ordinaria del Rito Romano. Y es precisamente esto lo que aceptó, agradeció y festejó Monseñor Fellay.
Ariel (o su patrón) inventa: “De ahí a hacer decir a Monseñor Fellay que la Misa nueva es buena o que la coexistencia de las dos misas sea la solución a la crisis, es una evidente distorsión del P. Ceriani.”
Respondo: como es una invención de Ariel y no se encuentra en mi Declaración, no cabe respuesta. Habría que exigir a Ariel una retractación, pero ya sabemos…
Ariel (o su patrón) delira: “Es mas en la misma repuesta que el P. Ceriani recorta, Monseñor Fellay dice que dicha coexistencia prueba la crisis de la Iglesia: “Hay dos espíritus diferentes encarnados en dos misas. Es un hecho! Y los dos no van juntos! Se encuentra en el católico moderno un odio semejante para con el rosario, por ejemplo. Y todo se relaciona. Vemos en la cuestión de la misa un muy buen ejemplo de la complejidad de la crisis que sacude a la Iglesia.”
Respondo: cualquiera puede leer las respuestas íntegras de Monseñor Fellay, para eso han sido publicadas y están allí, al alcance de la vista.
Entre paréntesis, no encuentro el pensamiento atribuido al señor Obispo: “Monseñor Fellay dice que dicha coexistencia prueba la crisis de la Iglesia”…
Ahora bien, en una misma respuesta Monseñor Fellay habla de dos cosas distintas: dos espíritus diferentes encarnados en dos misas, por un lado; y el rechazo de coexistencia por parte de los animados por uno de los espíritus. Falta el rechazo de los animados por el otro espíritu.
No tengo obligación de referirme a las dos cosas, especialmente si estoy totalmente de acuerdo con una de ellas.
Mi Declaración señala el otro aspecto: la coherencia de los que rechazan la coexistencia y la incoherencia de los que no rechazan dicha coexistencia. Es más, que la aceptan, la agradecen y la festejan.
Ariel (o su patrón) sigue delirando: “Lo mismo hace, el P. Ceriani, con el tema de un acuerdo. Monseñor Fellay, no ha suscripto ningún acuerdo a pesar de la repetidas ofertas de Roma en este sentido. Lo han repetido miles de veces tanto el él como Monseñor De Galarreta, como Monseñor Williamson.”
Respondo: en mi Declaración no se habla para nada de que Monseñor Fellay haya suscripto un acuerdo. ¡Bombas de humo!, incluso mentira y calumnia.
Ariel (o su patrón) saca conclusiones bajo el efecto del delirio: “Y esto es prueba suficiente de que no se quiere integrar el “Panteón”. Es mas, M. Fellay, ratifica en la misma conferencia que el problema es la doctrina: “Recordar que la Iglesia tiene un pasado que aun hoy permanece completamente válido. Este acercamiento fresco, no marchito, a la Tradición de la Iglesia es un aporte decisivo para la solución de la crisis. A esto debemos agregar el llamar la atención sobre el poder de la misa tradicional, de la misión y del rol del sacerdote tal como lo quiere Nuestro Señor, según su imagen y según su Espíritu. Cuando les preguntamos a los sacerdotes que se acercan a la Fraternidad qué esperan de nosotros, nos responden primero que esperan la doctrina. Y eso incluso antes que la misa. Es sorprendente, pero al mismo tiempo es un buen signo.””
Respondo: repito lo escrito en mi Declaración:
En julio de 1988 se declaraba que jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar… No tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís… No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia… Sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles…
En octubre de 2010 las circunstancias no les permiten entrar…
Si todo lo que dice Monseñor Fellay en su respuesta fuese lo correcto, entonces habría que admitir que durante doce años como mínimo (y tres de ellos en vida de Monseñor Lefebvre), la supuesta FSSPX equivocó el camino:
– al no recordar, de la manera que se hace desde el año 2000, que la Iglesia tiene un pasado que aun hoy permanece completamente válido.
– al no provocar antes del año 2000 este acercamiento fresco, no marchito, a la Tradición de la Iglesia.
– al no promover los Indultos de 1984 y 1988, mucho menos nocivos que el Motu proprio de Benedicto XVI.
Estimado lector, si ha llegado hasta aquí, le agradezco su lectura y admiro su paciencia. Si me he extendido demasiado es porque hay quienes siembran la confusión y tienen sus agentes en este blog. Radio Cristiandad los acoge con caridad y comprensión, porque todos hemos pasado por un momento de duda y sin saber qué rumbo tomar, y porque de esta confrontación puede salir un poco de luz.
Aprovechando que el Padre Juan José Turco me reemplazará en Buenos Aires, esta noche salgo de gira apostólica por el interior del país. No tendré demasiada facilidad ni tiempo para leer Radio Cristiandad. Si hay una demora en responder algo importante y que merezca la atención, no se tome eso como una falta de comparecencia.
Mis oraciones y mi bendición para todos.
Ariel, dices que el Padre Ceriani «Usa cualquier argucia para justificar su actitud de agresión a la Fraternidad».
Demuestra primero que la Fraternidad existe.
Si insistes en que ella existe, agredes a Monseñor Tissier de Mallerais, y también a Monseñor Fellay que le permite publicar semejantes cosas.
De paso, demuestra que Monseñor Lefebvre no firmó todos los documentos del Vaticano II.
Si dices que no firmó dos de ellos, agredes a Monseñor Tissier de Mallerais, y también a Monseñor Fellay que le permite publicar semejantes cosas.
El resto de tu escrito es una contraprueba en favor nuestro. Gracias por los argumentos que nos proporcionas.
Ah, nunca te he visto por el Oratorio San José del Padre Ceriani. Te recuerdo que la Santa Misa los domingos es a las 9:30 horas. Si olvidaste la dirección y el teléfono, en Radio Cristiandad te pueden dar los datos.
Leyendo a Ariel, se llega sin ninguna dificultad a comprender su nivel cultural, tanto desde el punto de vista de su comprensión lectora,interpretando incorrectamente las palabras del Rvdo.Padre Ceriani, así como su forma analfabeta de utilizar los signos de puntuación. ¿No le da vergüenza, Sr. Ariel, releer el último párrafo de su exposición?. Y hago alusión sólo al último párrafo, porque para muestra, «basta un botón». ¡A la escuela Sr. Ariel!. El maestro le enseñará a utilizar las comas y demás signos de puntuación correctamente, así como unas buenas clases de lectura comprensiva.
Me permito transcribir aquí el segundo punto del trabajo del Padre Ceriani comentando la conferencia de Fellay en julio. Lamentablemente se pierden los estilos y los colores, que facilitan la lectura. Pero se puede ir directamente al archivo y ver allí directamente. Es del 4 de agosto.
2) Es muy interesante e importante analizar la interpretación alegórica que hace Monseñor Fellay del Motu proprio de julio de 2007:
52:39 – 60:34: Es muy cierto que al Papa presente no le gusta la Nueva Misa. En su libro sobre la liturgia ha dicho que la Nueva Misa, la Nueva Liturgia, es la causa principal de la crisis en la Iglesia. Es él quien lo dice, el Papa.
Entonces busca cambiar las cosas. ¿Cómo? Principalmente con, más que con el permiso, con la Misa Tradicional.
Hay que entender bien su Motu proprio.
Es verdad que no es exactamente, exactamente, lo que nosotros hemos pedido. Pero viene en esa dirección, porque dice, es una pequeña frase:
Que la Misa Tradicional jamás ha sido abrogada.
En Derecho, si una ley no es abrogada, se mantiene como antes. Y la ley de la Misa era la Misa Tradicional, la ley universal de la Iglesia.
Y esto, con esta frase, el Papa actual lo reconoce.
Entonces, ahora no es una cuestión de permiso, es un derecho la Misa Tradicional, y él lo dice en el texto mismo del Motu proprio. Dice que cada sacerdote puede elegir entre la Misa tradicional y la Misa Nueva, y que no necesita permiso ni del Obispo, ni de la Santa Sede para decir la Misa Tradicional.
Y este derecho es también para los fieles; este derecho de los fieles a tener la Misa Tradicional está también reconocido.
En todo el documento jamás se encuentra la idea de que uno podría prohibir, ni el Párroco, ni el Obispo, ni Roma pueden prohibir. ¿Por qué? Porque es la Misa universal de la Iglesia.
El problema es que ahora hay dos leyes universales.
Hago una comparación, un poco complicada: Julio César ha dado una ley sobre la circulación. He dicho que hay que conducir por la izquierda.
Bonaparte, Napoleón, la Revolución Francesa ha cambiado esta ley: ahora vamos a conducir por la derecha.
Normalmente, es un principio del Derecho, cuando hay una nueva ley, que toma toda una materia, esa ley abroga la ley precedente.
Con este ejemplo de la circulación, pienso que ustedes entienden bien que es imposible retener al mismo tiempo la ley que dice que hay que conducir por la izquierda y la ley que dice que hay que conducir por la derecha. Al mismo tiempo no va a funcionar. O una, u otra.
El Papa actual, que dice:
“La Misa Tradicional no ha sido abrogada”, es del mismo tipo de aquel que dijera:
“La ley de Napoleón no ha abrogado la ley de Julio César. Se puede conducir ahora por la derecha y por la izquierda”.
Lo que normalmente crea un caos.
Y es lo que han temido los Obispos, solamente una parte, no todos.
La reacción de los Obispos ante la posibilidad del caos. Que de hecho no hay, porque son poquitos los que siguen la Misa Tradicional. Pero los Obispos ahora hacen la guerra contra la Misa Tradicional. Son los Obispos los que desobedecen totalmente al Papa.
Hace poco he dado una conferencia a una reunión de sacerdotes modernos que han empezado a decir la Misa Tradicional. Fue en Italia, y fueron 28 (un gran número). Entre estos sacerdotes había quienes trabajan en la Curia Romana, en el Vaticano; otros en la diócesis de Roma, otros en otras diócesis. Y uno de esos sacerdotes me ha dicho que su Obispo había dicho: “El día en el cual Benedicto XVI celebre la Misa Tradicional en público, yo abandono la Iglesia”.
Era muy claro que no es el único.
Existe un chantaje contra el Papa, una amenaza: “Si el Papa dice la Misa Tradicional en público, nosotros nos vamos”.
Esta presión es tan, tan fuerte que, si es verdad que el Papa celebra la Misa Tradicional, se lo niega. Se dice no, no, no.
Pero es verdad que el Papa actual dice, al menos de vez en cuando, la Misa Tradicional, y su secretario también.
Pero, no se puede decir; no se pude saber…
Es increíble, ¿no? El Papa mismo que no puede seguir sus propias leyes. ¡Es increíble!
Comentario:
* Monseñor Fellay pretende hacer creer que a Benedicto XVI no le gusta la Nueva Misa, que sostiene que la Nueva Misa es la causa principal de la crisis en la Iglesia, y que entonces busca cambiar las cosas.
¡Monseñor Fellay es un embelecador! Por eso dice que Hay que entender bien su Motu proprio…
Quien ha leído ese documento, sabe perfectamente que, en realidad, Benedicto XVI dice otra cosa muy distinta. Es necesario insistir, aun bajo riesgo de fatigar, porque Monseñor Fellay no se cansa de mentir y de embaucar con la adulteración y la falsa interpretación del texto.
Benedicto XVI dice:
El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la “Lex orandi” de la Iglesia católica de rito latino.
Es necesario afirmar, en primer lugar que el Misal publicado por Pablo VI y reeditado después en dos ediciones sucesivas por Juan Pablo II, obviamente es y permanece la Forma normal – la Forma ordinaria – de la Liturgia Eucarística.
El Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII debe considerarse como la expresión extraordinaria de la misma “Lex orandi” y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo.
Obviamente para vivir la plena comunión los sacerdotes de las Comunidades que siguen el uso antiguo no pueden, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo.
¿Cómo puede afirmarse que no le gusta la Nueva Misa a aquel que exige el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito?
No cabe otra respuesta: ¡tergiversando!
Insisto, ¿cómo puede afirmarse que para Benedicto XVI la Nueva Misa es la causa principal de la crisis en la Iglesia? Sabemos que él escribió en su Motu proprio:
En tiempos recientes, el Concilio Vaticano II expresó el deseo que la debida y respetuosa reverencia respecto al culto divino, se renovase de nuevo y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Movido por este deseo, nuestro predecesor, el Sumo Pontífice Pablo VI, aprobó en 1970 para la Iglesia latina los libros litúrgicos reformados, y en parte, renovados. Éstos, traducidos a las diversas lenguas del mundo, fueron acogidos de buen grado por los obispos, sacerdotes y fieles. Juan Pablo II revisó la tercera edición típica del Misal Romano. Así, los Romanos Pontífices han actuado “para que esta especie de edificio litúrgico (…) apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía”.
* Pero esto no es nuevo. Hemos visto que el 13 de julio de 1988, el Cardenal Joseph Ratzinger impartió una interesante Alocución a los Obispos chilenos. De ella extraigo la siguiente idea:
Hay muchas razones que pueden haber motivado que muchas personas busquen un refugio en la vieja liturgia. Una primera e importante es que allí encuentran custodiada la dignidad de lo sagrado. Con posterioridad al Concilio, muchos elevaron intencionalmente a nivel de programa la ”desacralización” (…) Debemos recuperar la dimensión de lo sagrado en la Liturgia.
Diecisiete años más tarde, en la Exhortación post sinodal Sacramentum caritatis, de octubre de 2005, Benedicto XVI expresó:
En particular, los Padres sinodales han constatado y reafirmado el influjo benéfico que ha tenido para la vida de la Iglesia la reforma litúrgica puesta en marcha a partir del Concilio Ecuménico Vaticano II (…) Se han constatado también dificultades y algunos abusos cometidos, pero que no oscurecen el valor y la validez de la renovación litúrgica, la cual tiene aún riquezas no descubiertas del todo.
Más recientemente, el lunes 21 de diciembre de 2009, en su Discurso a la Curia Romana Benedicto XVI dijo:
la renovación litúrgica del Concilio Vaticano II ha tomado forma de manera ejemplar, así en la comunión del Sínodo se ha vivido de modo práctico la eclesiología del Concilio.
* Para intentar comprender la razón de lo que dice Monseñor Fellay hay que recordar que el lunes 11 de enero, Radio Cristiandad publicó un trabajo mío sobre la Agenda 2010 Benedicto XVI, que contó con la
colaboración de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, mediante el comentario de un sacerdote del Distrito de Francia.
Para el mes de junio 2010 la Agenda ofrece como textos de reflexión el Motu proprio “Summorum Pontificum”, del 7 de julio de 2007, y Motu proprio “Ecclesiae unitatem”, del 2 de julio de 2009.
De este modo, la semana del 27 de junio al sábado 3 de julio se abre con la siguiente cita de Benedicto XVI: El ars celebrandi debe favorecer el sentido de lo sagrado y la utilización de las formas exteriores.
Y en un ecuménico contexto sigue el comentario del Padre Grégoire Celier, que lleva por título: El ars celebrandi ¿puede bastar?
Remito a los lectores interesados al artículo completo. Pero lo conclusión se impone: Monseñor Fellay tergiversa, miente y embauca.
* En diversas ocasiones he afirmado y probado que, contra lo sostenido por los Obispos y los Superiores de la Fraternidad, no se han obtenido los objetivos de las dos cruzadas de Rosarios.
En su Carta a los fieles del 7 de julio de 2007, en su Carta a los Amigos y Benefactores No 73 de octubre de 2008, en el sermón de Cristo Rey del 26 de octubre de 2008, y en Carta a los Amigos y Benefactores No 74 del 15 de abril de 2009 Monseñor Fellay expresó que se obtuvo lo pedido a la Santísima Virgen. Como ejemplo basta el último texto:
Cuando lanzamos una nueva cruzada del Rosario con ocasión de nuestra peregrinación a Lourdes en octubre pasado, no contábamos, por cierto, con una respuesta tan rápida del Cielo a nuestra petición. En efecto, así como sucedió con nuestra primera petición, a la cual Nuestra Señora había respondido tan eficazmente por intermedio del Vicario de Cristo y su Motu Proprio sobre la Misa tradicional, plugo a la Virgen María concedernos una segunda gracia aún más rápidamente: en el transcurso de una visita a Roma en enero, cuando entregué el ramillete de 1.703.000 rosarios rezados por las intenciones del Sumo Pontífice, recibía de manos del Cardenal Castrillón Hoyos el decreto de remisión de las “excomuniones”.
Ahora nos dice que Es verdad que no es exactamente, exactamente, lo que nosotros hemos pedido.
¡Monseñor Fellay mintió! ¡Mintió para embaucar! Mintió utilizando la intervención de la Santísima Virgen María… ¡Esto es una blasfemia!
* Y ahora sigue mintiendo: Hay que entender bien su Motu proprio. Es verdad que no es exactamente, exactamente, lo que nosotros hemos pedido. Pero viene en esa dirección, porque dice, es una pequeña frase:
Que la Misa Tradicional jamás ha sido abrogada.
Según la versión adulterada que maneja Monseñor Fellay, ese documento expresaría que la Misa Tradicional jamás ha sido abrogada. Y como consecuencia, La Misa Tradicional es la ley universal de la Iglesia.
Estas proposiciones son falsas, no corresponden a la realidad y ellas inducen a los auditores o lectores al error.
Monseñor Fellay sigue ocultando que el Motu proprio dice “en cuanto forma extraordinaria”, lo cual cambia totalmente el sentido, no sólo de la frase, sino también y especialmente del documento comentado.
¿Por quién pretende tomarnos este embaucador mitrado?
* Con la mayor simpleza, Monseñor Fellay dice que la Misa Tradicional es la ley universal de la Iglesia, la Misa universal de la Iglesia.
Para Benedicto XVI se trata de una sola ley universal con dos formas, una ordinaria y otra extraordinaria, sin ninguna contradicción entre ellas y expresando ambas la misma fe:
No es apropiado hablar de estas dos redacciones del Misal Romano como si fueran “dos Ritos”. Se trata, más bien, de un doble uso del mismo y único Rito.
No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del
Missale Romanum.
Por lo demás, las dos Formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente.
Estas dos expresiones de la “Lex orandi” de la Iglesia no inducen de forma alguna a una división de la “Lex credendi” de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.
No debo alargarme más en este punto. Entre otros trabajos sobre este tema, el viernes 9 de julio fue publicado por Radio Cristiandad un artículo mío: A tres años del Motu proprio Summorum pontificum: La dialéctica de la misa. ¿Hacia una síntesis?
En este artículo puede leerse:
Si se reconoce el Motu proprio del 7 de julio de 2007, es necesario aceptar que el Misal Romano ya no es la expresión ordinaria; y que, por lo tanto, al menos de manera implícita, debe ser considerado abrogado como expresión ordinaria de la Liturgia Romana de la Iglesia.
Según el Motu Proprio y la Carta a los Obispos de julio de 2007, la Misa Romana ya no sería la Misa oficial y ordinaria del Rito Latino Romano de la Iglesia. Sería la forma extraordinaria…
Por lo tanto, según Benedicto XVI, el derecho a la Misa Tradicional sería condicional.
El sentido obvio del Motu proprio es que todo sacerdote puede celebrar la Misa Tradicional con ciertas condiciones. Por ejemplo:
si no es párroco, debe ser una Misa sine populo (art. 2 y 4);
para una Misa con asistencia de fieles, debe tener la autorización del párroco (art. 5 y 7).
existe también restricciones para el Triduo Sacro y para el domingo (art. 2 y 5).
Por lo tanto, la Misa tradicional, según el Motu proprio, no es la ley universal de la Iglesia. Para que esto fuese así, sería necesario que todo sacerdote estuviese obligado a celebrarla de modo ordinario y sin ninguna condición.
Para refutar los otros despropósitos y mentiras de Monseñor Fellay remito al artículo ya citado, así como a mis otros trabajos sobre el tema.
* Pero deseo solicitar púbicamente a Monseñor Fellay que nos proporcione una copia de la versión del Motu proprio que utiliza para sus conferencias.
Realmente es muy buena… ¡Cómo lamento, sin embargo, que no coincida con el original promulgado por Benedicto XVI!
Lo que sucede es que Monseñor Fellay, al igual que cuando comenta el Apocalipsis, alegoriza apartándose del texto literal…
* Al final de este punto, Monseñor Fellay afirma: Pero es verdad que el Papa actual dice, al menos de vez en cuando, la Misa Tradicional, y su secretario también. Pero, no se puede decir; no se pude saber…
Pregunto, ¿y cómo lo sabe él? Seguramente por medio de sus numerosos “contactos” en la Curia Romana. En su exposición los cita varias veces.
Estas relaciones vaticanescas de Monseñor Fellay son inquietantes…, Pero el hecho de que ellas no intranquilicen a los sacerdotes y feligreses de la Fraternidad es más alarmante todavía…
Cuando uno lee cosas como estas: «Como me apena la ceguera del Padre Ceriani. Usa cualquier argucia para justificar su actitud de agresión a la Fraternidad», enseguida piensa en estas otras:
Como me apena la ceguera de Monseñor Lefebvre. Usa cualquier argucia para justificar su actitud de agresión a Roma y al Papa…
Como me apena la ceguera del Padre Ceriani. Usa cualquier argucia para justificar su actitud de agresión a la Iglesia Conciliar…
Como me apena la ceguera del Padre Ceriani. Usa cualquier argucia para justificar su actitud de agresión a la Fraternidad San Pedro…
Como me apena la ceguera del Padre Ceriani. Usa cualquier argucia para justificar su actitud de agresión a los Institutos Ecclesia Dei…
Como me apena la ceguera del Padre XX o ZZ. Usa cualquier argucia para justificar su actitud de agresión a los Padres de Campos…
Como me apena la ceguera del Padre YY. Usa cualquier argucia para justificar su actitud de agresión al Oasis y su Fundador…
En conclusión: como me apena la ceguera del pobre tipo que escribió semejante tontería…
No dejemos pasar por alto la pregunta que motivó la respuesta de Monseñor Fellay. Y tengamos en cuenta que la misma fue formulada por alguien que forma parte de la misma tropa:
“En este mes de septiembre los informes sobre la aplicación del Motu Proprio referidos a la misa tradicional deben ser enviados a la Santa Sede. Son pocos los Obispos que han aplicado generosamente las directivas romanas. ¿Cómo explica Ud. esta reticencia, o más bien esta resistencia?”
Se entiende bien que se trata de “la aplicación del Motu Proprio”, así como de una resistencia por parte de los Obispos a la aplicación del mismo, es decir, a la coexistencia de ambas Misas, dos formas de un mismo rito, expresando ambas la misma fe.
Si los Obispos hubiesen aplicado generosamente el Motu proprio, la pregunta hubiese sido bien distinta.
La queja proviene del hecho de la poca coexistencia. Según la metáfora del Padre Ceriani, del hecho que los hijos bastardos presionen al padre adúltero para que frecuente mucho más a la ilegítima y no comparta el lecho con la legítima.
Pero la respuesta no dice que hay que expulsar a la adúltera, reprender al padre adúltero y obligarle a restituir todo el honor a la esposa legítima.
Fellay insiste en el “poder de la misa tradicional”.
Pregunto:
¿Y qué pasa con los ortodoxos cismáticos, que no cambiaron su Liturgia? ¿Allí no ejerce su poder?
¿Y qué pasó durante el Vaticano II? Los Obispos celebraban la Misa Tradicional. ¿Allí tampoco ejerció su poder?
Hay más ejemplos, pero mejor no insistir
Me rindo me han convencido.
1)La Fraternidad, no existe.
2) Monseñor Lefebvre no firmó todos los documentos del Concilio porque estaba en contra de Gaudium Spes y Dignitatis Humanae, pero estaba a favor de Nostra Aetate Lumen Gentium Sacrosanctum Concilium y los demás.
3) Monseñor Fellay es el responsable de la cohexistencia de la Misa Tradicional y la bastarda, y era mucho mejor antes cuando estaba prohibida como rito extraordinario y ordinario tambien.
4)A Roma no hay que ir más por que la Iglesia visible ya no existe, y menos está en crisis, porque los que están en crisis son los hdmp del panteón de asis y que se jodan.
5) La tradición sólo es válida si me la guardo para mi y para los de mi círculo, querer que otros se acerquen a la misma, es un acto de traición, sospechoso de acuerdismo, porque como es Dios el que salva, y yo no se quien ni como se salva, lo único que tengo que hacer es polemizar con el que se le ocurra contradecir mis sesudos escritos contra las autoridades de la inexistente Fraternidad.
Me rindo me han convencido.
Ariel, tomo nota. No confío en que cumplas.
Al fin reconoce Ariel que el obispo Tissier ha cortado la rama en que estaba sentado. No hay fraternidad según el obispo, pues quien la suprimió tenía la potestad para hacerlo.
Pero sigue sin entender lo de las firmas de Monseñor Lefebvre. Ya explicó él por qué sí firmó las otras (no, no fue por estar de acuerdo), pero si dejó claro que no firmó Gaudium Spes y Dignitatis Humanae. Quizá usted pueda explicar por qué el obispo Tissier miente en su libro. Quizá en un principio, mintió por estar engañado; la pregunta ahora es ¿por qué no enmienda el error, ahora que se le ha mostrado la verdad?
Mons. Fellay pudiera tener corresponsabilidad en la cohexistencia de la Misa Tradicional y la bastarda. Eso lo dice usted y yo no me atrevería a refutarle. En lo que no hay duda, es que el obispo ha mentido queriendo engañar a los católicos que se acercan confiadamente a la Fraternidad (la Fraternidad sí existe: yo no le creo a los modernistas ni al obispo Tissier)
Sus disparates son dignos de lástima: no hay que ir a Roma porque está ocupada por los anticristos. Se puede rezar por ellos, se puede intentar convertirlos, pero no acercándose a ellos para pedirles un reconocimiento de nula validez; menos aun si se hace negociando con la verdad.
Lo que dice de la tradición en el punto cinco es propio de un protestante. No merece respuesta.