
Hace unos días publicábamos las noticias que daban cuenta de las palabras de Benedicto XVI sobre el hermano Roger de Taizé. Palabras que parecen dirigidas a un santo, pero que sin embargo iban a parar a un protestante.
Algunos de los lectores pidieron aclaraciones sobre el tema.
Comencemos con unas simples preguntas:
¿Puede un protestante comulgar? ¿Puede considerárselo «santo»? ¿Es el ecumenismo indiferentista (que no busca la conversión de los herejes a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana) un motor de «santidad»?
Según Benedicto XVI, Juan Pablo II, Pablo VI y Juan XXIII, sí.
Para muestra basta pensar que el hermano Roger, que nunca se convirtió al catolicismo, aunque lo admiraba como una forma más de creer en Jesucristo, pero no la única verdadera, recibió la Comunión de la mano de Juan Pablo II y del Cardenal Ratzinger hoy Papa.
Para los Papas modernistas la noción de «la Iglesia» es una «super-iglesia» en la que se encuentran divididas sus partes: protestante, católica y ortodoxa (al menos), con un «cristo» que las sostiene a todas por igual. Si bien la Iglesia Católica contiene todas las vías de salvación, las otras no serían descartadas en esos caminos del «Espíritu» que no desprecia a las otras. Con más propiedad, creen que estas dos «ramas» (protestantes y ortodoxos) son utilizados por el «Espíritu Santo» y se puede encontrar testimonios hasta de «santidad» en ellas. Y de martirio… Al menos así lo explica el Concilio Vaticano II y lo reafirman sus mentores…
La Fe Católica dice lo contrario.
Es necesaria la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia de Roma para la salvación. Y aquellos que no la acepten, no podrán salvarse.
Herejes, Cismáticos, Apóstatas, están excluídos del Camino de Salvación.
Roger no aceptó ser católico y renunciar a su protestantismo… Y los Papas modernistas lo dejaron en su miserable error. No intentaron convertirlo. Y encima lo proponen como un Santo y hasta le dan la «comunión» sin que abjure de sus errores.
Hace un tiempo, Sandro Magister, retrataba la situación en una nota:
¿El fundador de Taizé era protestante o católico? Un cardenal resuelve el enigma
El Padre Roger Schutz fue las dos cosas. Se adhirió a la Iglesia de Roma permaneciendo pastor calvinista. Wojtyla y Ratzinger le dieron la comunión. El cardenal Kasper explica cómo y por qué
por Sandro Magister

ROMA, 25 de agosto del 2008 – En una entrevista publicada en “L’Osservatore Romano” el día de la Asunción de la Virgen María, el cardenal Walter Kasper, presidente del pontificio consejo para la promoción de la unidad de los cristianos, ha resuelto un enigma relacionado al fundador de la comunidad ecuménica multiconfesional de Taizé, el padre Roger Schutz (en la foto).
El enigma se refería a la relación de Schutz con la Iglesia católica. Schutz era pastor protestante, de tradición reformada y de matriz calvinista. Después de su muerte – ocurrida a la edad de 90 años a manos de una desequilibrada el 16 de agosto del 2005, durante la plegaria de la noche en presencia de 2500 fieles – la comunidad de Taizé desmintió que él se hubiese convertido al catolicismo de manera secreta. Pero como respaldando conversión había diferentes factores: Schutz había recibido varias veces la comunión eucarística de mano de Juan Pablo II; comulgaba cada mañana en la iglesia de Taizé, en la misa celebrada en rito católico; y en fin, el mismo cardenal Joseph Ratzinger le había dado la comunión, en la plaza San Pedro, en la misa de los funerales del Papa Karol Wojtyla.
Hecho Papa, con el nombre de Benedicto XVI, Ratzinger comentó con palabras sentidas – el 19 de agosto del 2005 en Colonia, reunido con representantes de las Iglesias y comunidades cristianas no católicas – la muerte de Schutz ocurrida tres días antes en Taizé. Lo señaló como ejemplo luminoso de “ecumenismo interior y espiritual”, hecho sobre todo de oración. Recordó haber tenido con él “una relación cordial de amistad” y haber recibido precisamente en el día de su muerte una carta suya de adhesión a él como Papa.
Benedicto XVI también mantiene una excelente relación con el sucesor de Schutz, el Hermano Alois Leser, 54 años, alemán, católico. Lo recibe en audiencia privada al menos una vez al año. La firma del Hermano Alois aparece frecuentemente en “L’Osservatore Romano”, cuyo director, Giovanni Maria Vian, es también desde hace muchos años un gran estimador de la comunidad de Taizé.
¿Pero cómo es que Kasper resuelve el enigma? Él niega que el Padre Schutz se haya “formalmente” adherido a la Iglesia católica. Menos aún que haya abandonado el protestantismo en el cual nació. Afirma en cambio que él “enriqueció” progresivamente su fe con los baluartes de la fe católica, en particular el rol de María en la historia de la salvación, la presencia real de Cristo en la eucaristía y el “misterio de la unidad ejercitado por el obispo de Roma”. En respuesta a esto, la Iglesia católica aceptó que él comulgase.
Según las palabras de Kasper, es como si entre Schutz y la Iglesia de Roma hubiera existido un pacto no escrito, “yendo más allá de ciertos límites confesionales” y canónicos.
Dejemos al cardenal la explicación precisa del ecumenismo “espiritual” representado por el padre Schutz. El cual, una vez dijo de sí mismo:
“He encontrado mi identidad de cristiano reconciliando en mí mismo la fe de mis orígenes con el misterio de la fe católica, sin ruptura de comunión con ninguno
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Es decir que la pertenencia al Camino de la Salvación es una cuestión relativista para los Papas Modernistas. Y eso explica lo de Roger perfectamente.
Pudo haber sido un buen hombre, en la búsqueda del Dios verdadero. Nadie lo intentó reducir a la Verdad. Pero eso no lo habilita ni para comulgar, ni para ser ofrecido como modelo…
Dios nos ampare.

¿Habrá hecho esto el hermano Roger?
«Profesión de Fe
Yo, N.N., de __ años de edad, nacido fuera de la Iglesia católica, he sostenido y creído errores contrarios a su enseñanza. Ahora, iluminado por la gracia divina, me postro ante vos, reverendo Padre, teniendo ante mis ojos y tocando con la mano los santos Evangelios. Y con una fe firme creo y profeso todos y cada uno de los artículos contenidos en el Credo de los Apóstoles, a saber: Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro, que fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de la Virgen Marí; padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; de ahí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.
Acepto y abrazo firmemente las tradiciones apostólicas y eclesiales, así como todas las demás observancias y constituciones de la Iglesia. Del mismo modo acepto la Sagrada Escritura de acuerdo con aquel sentido que la santa madre Iglesia sostuvo y sostiene, ya que es su derecho el juzgar sobre el verdadero sentido e interpretación de las Sagradas Escrituras; y no las recibiré e interpretaré sino de acuerdo con el consentimiento unánime de los Padres.
Profeso también que los sacramentos de la nueva ley son, verdadera y adecuadamente, siete en número, instituidos para la salvación; aunque no se necesita recibirlos todos. Ellos son: bautismo, confirmación, Eucaristía, penitencia, extremaunción, orden y matrimonio; y todos confieren la gracia. De estos, el bautismo, la confirmación y el orden no pueden ser repetidos sin cometer sacrilegio. Asimismo, recibo y acepto los ritos de la Iglesia católica que han sido recibidos y aprobados en la solemne administración de todos los sacramentos mencionados.
Abrazo y acepto todas y cada una de las partes de lo definido y declarado por el santo Concilio de Trento acerca del pecado original y la justificación. Asimismo profeso que en la Misa se ofrece a Dios un verdadero, apropiado y propiciatorio sacrificio por los vivos y muertos; y que en el santísimo sacramento de la Eucaristía están verdadera, real y substancialmente el cuerpo y la sangre, junto con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo; y que allí tiene lugar la conversión de toda la substancia del pan en su cuerpo, y de toda la substancia del vino en su sangre, y esta conversión la Iglesia católica llama transubstanciación. Confieso que cada una de las especies se recibe a Cristo todo y entero.
Sostengo firmemente que existe el purgatorio, y que las almas detenidas allí son ayudadas por los sufragios de los fieles.
Asimismo, que los santos reinantes con Cristo deben recibir honra y plegarias, y que ellos ofrecen plegarias a Dios en nuestro beneficio, y que sus reliquias deben ser veneradas.
Resueltamente afirmo que las imágenes de Cristo y la siempre Virgen Madre de Dios, y asimismo aquellas de otros santos, deben ser cuidadas y conservadas, y que se les debe mostrar el honor y la reverencia debidas. Afirmo que el poder de las indulgencias fue dejado por Cristo a la Iglesia, y que su uso es eminentemente beneficioso para el pueblo cristiano. Reconozco a la santa, católica, apostólica y romana Iglesia, madre y maestra de todas las iglesias, y prometo y juro verdadera obediencia al Romano Pontífice, sucesor de San Pedro, el príncipe de los apóstoles, y Vicario de Jesucristo.
Además, acepto indudablemente y profeso todas aquellas otras cosas que han sido transmitidas, definidas y declaradas por los sagrados cánones y concilios ecuménicos, especialmente el sagrado Concilio de Trento y el Concilio General del Vaticano; y de manera especial todo lo que concierne a la infalibilidad y primado del Romano Pontífice. Al mismo tiempo, también condeno, rechazo y anatematizo cualquier cosa contraria, y cualquier herejía que ha sido condenada, rechazada y anatematizada por la Iglesia. Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, que ahora libremente profeso y sinceramente sostengo, es la que resueltamente he de mantener y confesar, con la ayuda de Dios, en toda su integridad y pureza hasta mi último aliento, y haré todo lo que pueda para asegurar que los que de mi dependen, y sobre los que tenga yo cuidado, sostengan, enseñen y profesen públicamente esta misma fe.
De esta manera me ayuden Dios y estos santos Evangelios.
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Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI
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Tel: (402) 571-4404
Fax: (402) 571-3383
(Gracias Carmen Barrenechea)
Sin pretender condenar a nadie, pues eso no me corresponde a mi, la verdad Dios conocio el interior de el, asi que «no es bueno hablar de los muertos» y preocupemonos por tantos «buenos catolicos» que creen que se salvaran porque se creen justos por sus buenas obras y desprecian la vida sacramental, critican lo que no conocen y coquetean con la herejia, la New Age y demas cosas ajenas a Dios. A esos si les tengo mas miedo que a la comunidad de Taize, de perdido ellos «buscan a Dios a tientas» y siendo El la eterna Misericordia, los hara llegar a su presencia, No limitemos a Dios
Dios permitió que EN LA ANTIGÜEDAD los hombres lo buscaran aunque sea a tientas. Pero ahora se ha manifestado en SU HIJO. Asi que lo de a tientas ya no mas.
Para poner las cosas en su lugar comencemos por identificar correctamente a los personajes, se trata del pastor calvinista Roger Schutz, alias «Roger de Taizé». Nunca se ha publicado constancia alguna que tal pastor fuera bautizado en la Iglesia Católica Apostólica Romana. Como no puede haber católicos «secretos» o criptocatólicos, el Sr. Schutz siguió siendo calvinista. Que tal calvinismo revistiera caracteres sincretistas no lo hace católico. Tampoco que cardenales como el nefasto Caspa o también los Papas de la Iglesia Conciliar sean tan sincretistas como él.
Creo que los católicos no tenemos que perder el tiempo con personajes farandularios como el tal Schutz, alias «Taizé», mas allá de denunciar la estulticia que envuelve a estos mistificadores y a sus protectores y propagandistas.
Guarda que parece que en realidad el Papa en esa misa no le dió la comunion sino una estampita o medallita dado que ya habia terminado de dar la comunion, y su copon estaba tapado con una tela como se puede apreciar en la foto.
Cuidado, hay que averiguar bien antes de juzgar a la ligera máxime cuando se trata del Papa.
¿Perdón? ¿Cuando se trata de quién?
Gracias por ilustrarnos en este tema. Los dos ultimos parrafos en negrillas al final del articulo son elocuentes. Es obvio entonces que se ha ensalzado a un hereje, y peor aun se le ha dado comunion y se ha confundido a la grey. Muy grave, ahora entiendo el articulo atnerior. Gracias.
Si le dio la comunion el Santo Padre por algo sera, y no es ningun hereje, o es un hereje el Santo padre? si un hereje es el que niega la doctrina Catolica aunque sea en una coma, entonces los que niegan el concilio vaticano segundo son herejes o entendi mal lo que me explicaron sobre la herejia.
Lo que pasa con la cuestión de la herejía, es que si aplican los criterios para determinarla a los «papas» desde Juan XXIII hasta hoy, se llega a la conclusión de que ELLOS son herejes y ellos y sus obras (Concilio Vaticano II entre otras) han estado y están fuera de la Iglesia.
No han sido ni son papas y el concilio fue en realidad un conciliábulo (Definición de la RAE: «conciliábulo.
(Del lat. conciliabŭlum).
1. m. Concilio no convocado por autoridad legítima.»)
Quien lo acepta es hereje. No hay que olvidarse de que un papa NO PUEDE caer en herejía: Tiene la asistencia del Espíritu Santo para que eso no ocurra, como de hecho jamás ocurrió en la historia de la Iglesia, a pesar de todos los que han inventado historias en contrario con el fin de destruirla. Si se saca ese puntal y se pone a un ciego como guía de ciegos, se derrumba todo el edificio. Jesús rogó al Padre para que eso no ocurriera, según lo relata el Evangelio.
Entonces… la oración de Jesús al Padre falló?
Perdon primero me decis que los papas desde JuanXXII hasta el actual son Herejes y despues me decis que un papa no puede caer en herejia, porque lo asiste el espiritu santo, entonces a JuanXXII y a los que lo siguieron los asistio el espiritu santo ergo no son herejes, ergo la comunion esta bien dada al Pastor Roger, o no?
Cambiemos el orden de los factores así alteramos el producto.
Si Roncalli, Montini, Luciani, Wojtyla, Ratzinger, defienden herejías; si CVII es un concilio manifiestamente herético y por lo tanto no asistido por el Espíritu Santo (conciliábulo), quiere decir que esas personas nunca han sido papas. No han sido papas porque algo ha fallado en el momento de su elección al pontificado. Nada permite pensar que a esos papas los asiste el Espíritu Santo. La simple lógica, el más elemental sentido común así lo indican. Tampoco falló la oración de Jesús a Dios Padre.
Estamos en presencia de una vacancia, un poco más larga que las numerosas que ha habido en la historia de la Iglesia (recordemos que a cada muerte de un papa se produce una vacancia y algunas han durado años) y eso no nos debe asustar. Si Dios lo permite…
Simplemente debemos saberlo para entender mejor la situación que vivimos. Solamente usurpadores pueden permitir y alentar el desastre que se vive hoy en lo que alguna vez fue la Iglesia Católica, que como tal era Una, Santa, Católica y Apostólica. Y usurpadores ha habido unos cuantos en la historia de la Iglesia.
¿Qué inconveniente hay en aceptar una vacancia de 52 años de duración? ¿O es que NSJC redactó un estatuto de la asociación civil «Iglesia Católica» o un compromiso en que se especificaba que las vacancias serían breves, medidas en términos de vidas humanas? ¿Y por qué se preguntó si al volver hallaría fe en la tierra? Ya una vez las profecías se despreciaron y el pueblo elegido terminó en el deicidio. No repitamos el error. Hoy se puede decir que no hay fe en la tierra. Que hay muchos rezadores devotos, no lo niego, pero en otros tiempos, los católicos se hacían matar en el circo antes que aceptar cosas como las que ahora proponen «papas», «obispos», «sacerdotes» (libertad religiosa, asistencia del Espíritu Santo a todas las religiones) y no me consta que ninguno de los rezadores se dé cuenta siquiera de lo que está ocurriendo. No hay Fe. Ese es el catolicismo mistongo del padre Castellani.
Desgraciadamente para los catolicos, que nos consideramos mas o menos instruidos dada la situación caotica por la que pasa la Iglesia Catolica en este siglo XXI, es muy dificil dar una respuesta aceptable, porque jamás habia habido una crisis semejante a la actual,solo hay que examinar la historia eclesiastica, arrianismo, Lutero etc. siempre la iglesia tuvo una respuesta aceptada por medio de grandes santos, y hoy desgraciadamente no los hay, y la barca de Pedro no tiene timonel, y eso está profetitazo, HERIRE AL PASTOR Y SE DISPERSARAN LAS OVEJAS, tal parece que Dios nos dejo a nestra suerte y en eso tiene razón Federico cuando dice, que aplicando los criterios pre-conciliares, todos los papas post conciliares han caido en herejia, y empezaremos por JXXIII, desobedeciendo una orden directa de la santisima Virgen de Fatima, y desobedeciendo a N:S Jesucristo cuando ordena, APACIENTA A MIS OVEJAS, APACIENTA A MIS CORDEROS,y en respuesta este nefasto Papa dijo que en su pontificado NO SE CONDENARIA A NADIE, sobre Pablo VI ni que decir, desacraliza todo y desobedece la bula de SPV y el concilio de trento, JPII ¡¿Asis? y sobre todo todos ellos violaron el juramento antimodernista de SPX,
Yo confio en la misericordia Divina, y que el rio debera volver a su cauce, ya que las puertas del infierno no prevaleceran contra ella, y sobre todo en Fatima, donde se nos asegura, que aunque tarde, Rusia será consagrada,y el Sagrado Corazón de Maria triunfara,y por ende Dios nos proveera de un Gran Papa que será martir y que pondrá las cosas en Orden y que por supuesto no será aceptado por la mayoria de Catolicos light que se han creado a raiz de ese nefasto concilio, «pastoral» que por lo mismo no obliga a nada y sin embargo cambió todó, dada la ignorancia de las grandes masas descristianizadas, qienes a su vez seguiran a un anpipapa,como nos dice profeticamente S. Francisco de Asís y que para esta mayoria será el papa autentico, y al «verdadero» solo le seguirá el pequeño rebaño como lo nombra S. Lucas, y el mismo Jesucristo cuando nos dice, ¡¿Y al regreso del hijo del hombre, habrá Fé en el mundo?.
Como ven Sres. Hernan y Marianoncho, dar una respuesta dadas las circunstancias no es nada facil
Federico, Ramiro :
Compartiendo muchos de sus puntos de vista. Empero, Federico, si bien es cierto que no está instituido en parte alguna que la vacancia de la sede romana tenga que estar determinada a un tiempo dado, podría surgir la inquietante pregunta : ¿qué pasará con la sucesión apostólica?
Creo que pronunciarse DE MANERA PÚBLICA por una herejía manifiesta de Benito XVI (no lo he llamado «Papa» porque, tal como Ud. lo dice es difícil concebir tanta desacralización en el supuesto Vicario de Cristo) es algo aventurado. Recuérdee que en la herejía hay dos aspectos : la materialidad y la formalidad de la misma.
Muchas veces prefiero mirar todo esto porque es venido (o a lo menos permitido) de las manos de Dios Todopoderoso. Con efecto :
Él nos tenía anunciado que al final de los tiempos ocurrirían trastornos como los que miramos ahora en todos lados y en todos los órdenes.
En la esjatología se nos muestra como, NS (en las postrimerías de su vida terrena) sufrió la defección de sus apóstoles (Papa y obispos) : san Pedro lo negó (y llevó su negación, NÓTESE BIEN ESTO, a abandonar a NS para dejarlo morir solito en la Santa Cruz; eso definitivamente tiene un hondo significado esjatológico), Judas Iscariote lo traicionó; otros nueve lo abandonaron. El único que salió garante por el Sacro Colegio Apostólico fue San Juan, apóstol y evangelista.
La Santa Iglesia, Cuerpo Místico de NS, ha ido recorriendo paso a paso los pasos de su Divina Cabeza (así, como Él, nació enmedio de la pobreza e inmundicia de los incultos pescadores que llevaron el Evangelio a todos lados, figura de la inmundicia del portal de Belén; NS creció en el silencio de su virtuosa vida privada, y la Santa Iglesia naciente nació también en el secreto de las catacumbas; NS enfrentó y derrotó a los fariseos y doctores de la ley mosaica, así como la Santa Iglesia contendió victoriosamente contra los herejes de los primeros años; y así sucesivamente).
¿No pudiera ser que ahora, enmedio del tráfago de estos aciagos días, se figure cómo el Papa (tal como hizo san Pedro, ya Papa) abandone a NS? Finalmente esas tres negaciones de san Pedro tienen un hondo significado esjatológico, todavía no desentrañado.
Este pensamiento, y el saber que debemos dejar «que ocurran las cosas del Padre Celestial» son las que más a menudo me detienen a sentenciar (y menos públicamente) a quien funge (o finge, no sé) como Papa en estos días.
En todo caso, es cosa muy distinta hacerlo en forma privada.
Finalmente el que Benito XVI sea o no Papa, no cambia en absoluto las cosas : SUS ACTOS (más su persona, solo Dios sabe) son los de un hereje, y por ende la obediencia a él no está comprometida en aquellos casos en que la propia conciencia considere que no debe obedecérsele, toda vez que «toda autoridad proviene de Dios».
No olvidemos que cuando el prepotente Pilato le espetó a NS que debía responderle a su inicuo interrogatorio, pues de él (de Pilato) dependía que se salvara o no, NS con su admirable mansedumbre le respondió : «Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no te fuera dada de lo alto».
Eso mismo se le podría responder a Benito XVI (y a Mons. Fellay, y al P. Bouchacourt, y al P. Trejo, y a todos aquellos que, desde nuestro concepto, no obran rectamente … al menos según las apariencias) : «Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no te fuera dada de lo alto».
Hay cosas que son elementales y que debemos tener muy claro. Primero, que la situación de un fiel respecto al papa es de absoluta aceptación y sumisión. Es elemental y fundamental saber que nadie en la tierra tiene potestad para juzgar los actos o dichos de un papa en cuanto tal. (Quiero decir que los comentarios que el papa pueda hacerle por ejemplo a su cocinero en relación a la temperatura de la sopa o la cantidad de sal que tiene la comida, obviamente no nos obligan). Y la razón fundamental para esto es que el Sumo Pontífice tiene la asistencia del Espíritu Santo para conducir a la Iglesia por el camino de la Verdad. Entonces, si decimos que Ratzinger es verdadero papa, pues nos sometamos y aceptemos todo lo suyo, sin peros.
Segundo: El PAPADO es uno solo. Así lo dice la fe y así lo demuestra la historia, a pesar de todos los enemigos de la Iglesia que a lo largo de dos mil años han falsificado documentos e inventado historias con la esperanza de hacernos creer que puede haber papas opuestos a papas. Y siempre ha estado la mano de los judíos detrás de estas tramoyas, la mano de los enemigos mortales de Jesús.
¿Y qué pasa si el que hoy ocupa la Sede se opone con sus enseñanzas a todos los papas anteriores? Ese sólo detalle es suficiente para tener certeza, sin ningún escrúpulo, de que no se trata de un verdadero papa, porque si lo fuera, el Espíritu Santo lo libraría de semejante error.
¿Y cómo es el asunto? ¿fue papa y cayó en la herejía? Imposible; de nuevo está la asistencia prometida por Jesús. ¿Entonces? nunca fue papa; por ejemplo, quien haya caído en herejía antes de su elección, aunque se hubiera reconciliado con la Iglesia, no es apto para recibir ningún cargo en el clero y por supuesto menos aún el papado:
«Aquél que nació en una secta hereje, pero se convierte más tarde, no debería ser admitido a la clericatura. El católico que cae en herejía, pero se retracta luego, tampoco debería devenir padre. “En cuanto a aquél que pase de la fe católica a la herejía o a la apostasía”, prosigue San Inocencio I (Ibidem), pero que, (enseguida) se arrepiente y quiere volver (a la Iglesia católica), ¿podría ser autorizado a ser admitido a los rangos del clero? ¿Él, cuyo crimen no podrá ser borrado a menos que haga una larga penitencia? Después de su penitencia, no le será admitido ser padre, en virtud de las leyes eclesiásticas (cánones) que hacen autoridad”.
«¿Quién es elegible en el Cónclave?
“Son elegibles todos aquéllos que, de derecho divino o eclesiástico, no están excluidos. Son excluidas las mujeres, los niños, los dementes, los no bautizados, los herejes y los cismáticos” (Raoul Naz: Tratado de derecho canónico, París 1954, t. 1, p. 375, retomado por el Diccionario de teología católica, artículo “elección”).»
Tercero: Por otro lado, está la supuesta defección de San Pedro como papa con su negación de Jesús. Pero San Pedro había sido elegido por Jesús pero no había recibido todavía la potestad, no era papa. Esto ocurrió con el nacimiento de la Iglesia en el día de Pentecostés: «Porque Juan bautizó con agua, mas vosotros habéis de ser bautizados en Espíritu Santo, no muchos días después de éstos» (Hechos, 1.5) «recibiréis, sí, POTESTAD, cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo; y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea y Samaria, y hasta los extremos de la tierra.» (Hechos, 1. 8) «Y he aquí que Yo envío sobre vosotros la Promesa de mi padre. Mas vosotros estaos quedos en la ciudad hasta que desde lo alto seáis investidos de fuerza» (Lucas, 24.49).
Por último, que Ratzinger sea o no papa, cambia absolutamente las cosas. Si lo seguimos, y con él a la institución que dirige y que lo acepta, desde que es hereje en sus prácticas y en sus enseñanzas, lo seguimos en la herejía. Está la salvación de cada uno de nosotros en juego. Ni más ni menos.
Y por supuesto que por más que me de indicios a camionadas, yo no juzgo su alma. Juzgo sus dichos y hechos.
«Pero San Pedro había sido elegido por Jesús pero no había recibido todavía la potestad, no era papa.»
Corrección : ya era Papa.
Esta NUEVA IGLESIA es un CAMBALACHE. Todo es igual, nada es mejor.
Estos últimos Papas le dan las margaritas a los cerdos en absoluta independencia de los mandatos evangelicos, los cuales se los pasan por las estolas.
Deo gratias que no entra la TRADICIÓN CATÓLICA. Despues de todo es una bienaventuranza…por ahora.
IN TE, Domine, SPERAVI
No es del todo exacto que el Romano Pontífice sea acatable en todo lo que disponga en materia de doctrina. Según esto, San Pablo no debió entonces atajar a San Pedro, ya Papa, cuando quería obligar a la gentilidad recién convertida a cumplir el preceptor de la circunsición de Abraham (finalmente san Pedro era judío ¿cierto?).
El apóstol de las gentes se le opuso y en el Concilio de Jerusalem la Iglesia decretó (contra el parecer de san Pedro) que no era obligatoria la circunsición para los gentiles que se convertían a la entonces nueva fe.
Si el Romano Pontífice siempre fuera infalible en materia de doctrina ¿en qué se diferenciaría de NS Jesucristo? ¿Porqué entonces el Concilio Vaticano I declaró con toda claridad los casos en los cuáles el Papa es infalible? De ser siempre infalible (en materia de fe y de doctrina, se entiende) ¿no sería ocioso que el concilio hubiera declarado que el Romano Pontífice es infalible cuando habla ex cathedra, es decir cuando habla como Pastor Supremo de la Iglesia, en materia de fe, etc.? ¿No hubiera sido más fácil que el concilio hubiera declarado simple y llanamente : «el Papa es infalible SIEMPRE que hable en materia de fe o de doctrina»?
Además, cuando san Pedro negó a Nuestro Señor ya era Papa (Kefaz ya había escuchado de NS aquellas inmortales palabras : «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»); y no podemos decir, en conciencia que san Pedro, ya como Papa, tuvo una conducta del todo ejemplar, toda vez que :
1.- Dormitó en el huerto de Getsemaní y NS lo reconvino hasta por tres veces (otra vez la esjatología del tres) reclamándole no la pereza del sueño material, sino la poca diligencia que demostraba ante la diligencia febril del traidor que urdía su perdición,
2.- Desenvainó la espada y desorejó a Malco, con lo que NS lo regañó, y
3.- Negó hasta por tres veces a NS
Estos tres pasajes (¡otra vez tres!) nos enseñan claramente una cosa muy clarita, a mi ver y entender : el Romano Pontífice es una persona en la que se aprecia una peculiar dualidad; por un lado está la persona eclesiástica (como Pastor Supremo de Ella), y una persona humana.
Estos pasajes nos enseñan que, aun obrando en materia de fe, san Pedro obró erradamente. Dicho esto sin detrimento (pero con mucha verdad) de lo que hizo (y no hizo) el gran patriarca romano.
Y no se me diga, por favor, que san Pedro todavía no era ya Papa entonces.
1. Cuando el mandatum o lavatorio de pies, NS se dirigió principalmente a él (como príncipe de los apóstoles). ¿De no haber sido Papa por qué esa señalada predilección sobre todos los demás apóstoles?
2. Cuando la resurrección de NS corrieron San Juan y San Pedro al Santo Sepulcro, y habiendo llegado primero aquél (y las Sagradas Escrituras son sumamente enfáticas en esto, nótese bien), se quedó deferentemente afuera esperando a que llegara su príncipe para cederle el paso, tal como en las protocolarias ceremonias reales se le cede la primera mano a Su Real Majestad.
Hay otros muchos pasajes (como aquel en que NS interroga a todos sus discípulos en general quién creían ellos que era Él (NS), y tomando la palabra San Pedro (el príncipe o principal de ellos declaró:) «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios» «Dichoso tú, Simón, porque eso no te ha sido revelado por la carne sino que ha sido Dios Padre quien te lo ha revelado»).
Era, sin duda alguna, san Pedro entonces, y siendo Papa cometió varias infracciones (las tres mencionadas) que le merecieron reprimendas de NS («Pedro ¿duermes?»; «Guarda tu espada en la vaina, Pedro, porque el que a hierro mata a hierro muere»; «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres»).
Dura lección, pero saludable, que nos hace mirar en el Romano Pontífice una escogidísima figura en la nao de salvación que es la Santa Iglesia, pero también reveladora lección que nos hace entender que, puesto que el gobierno de la misma fue entregado a humanos, a la falibilidad / fragilidad humana teníamos que atenernos, aun tratándose del mismo Papa.
Y si no, ¿por qué dijo NS? : «He orado mucho por ti, Pedro, para que tu fe no desfallezca».
Esto sería un contrasentido, porque si el cargo apóstolico del Papa tuviera inherente la infalibilidad de quien lo ostenta, entonces ¿para qué sería necesario que NS orara por su fe? Sería del todo inútil e innecesario que NS orara por el Papa pues si es per sé infalible ¿para qué las oraciones de NS?
«El concilio ecuménico de Vaticano I publica dos textos sobre la infalibilidad: Dei Filius y Pastor aeternus.
Los Padres del Vaticano afirman categóricamente la infalibilidad COTIDIANA de San Pedro y de su Iglesia. Por la bula Aeterni Patri de 3 de julio de 1868, Pío IX convoca a un concilio ecuménico y exhorta al mundo católico a tener confianza en la Iglesia. “Para que ella procediera siempre con un orden y una rectitud infalibles, el Divino Salvador le prometió que estaría con ella hasta la consumación de los siglos”.
La enseñanza de Pío IX fue retomada y desarrollada por los Padres del concilio en su constitución dogmática Dei Filius de 26 de abril de 1870. El prólogo es muy bello: “Jesucristo a punto de retornar a su Padre celeste, promete estar con su Iglesia militante sobre la tierra todos los días (¡!), hasta la consumación de los siglos (cf. Mateo XXVIII, 19-20)”. Un poco más adelante, Los Padres conciliares se alegran de que la Iglesia sea perpetuamente regida por el Espíritu Santo. “Por eso, en ningún tiempo ella sabría dejar de atestiguar y predicar la verdad de Dios, la cual cura todo; ella no ignora lo que le ha sido dicho: “Mi Espíritu, que está en ti, y mis palabras que he puesto en tu boca, no se alejarán jamás de tu boca desde este día hasta la eternidad” (Isaías LIX, 21)”.
“Deben ser creídas, de fe divina y católica, todas las cosas que son contenidas en la palabra de Dios, sea escritas, sea transmitidas por tradición, y que la Iglesia, sea por un juicio solemne, sea por el magisterio ordinario y universal, propone como siendo divinamente revelada” (Vaticano I, constitución dogmática Dei Filius, 26 de abril de 1870. ch. 3 titulado “de fide”. Así pues, la enseñanza infalible de la Iglesia puede revestir dos formas: una definición solemne con gran pompa (bula, concilio) o un documento de aspecto exterior modesto (alocución, encíclica…).
Al presentar el esquema de este texto a los Padres del Vaticano, Mons. Simor, relator de la Diputación de la Fe, les dice “Este parágrafo es dirigido contra aquéllos que pretenden que se está obligado a creer únicamente lo que ha sido definido por un concilio, y que no se está obligado a creer igualmente lo que la iglesia docente dispersada predica y enseña con acuerdo unánime como divinamente revelado” (in: Jean Michel Alfred Vacant: Estudio sobre las constituciones del concilio Vaticano según las actas del concilio, Paris y Lyon 1895, 1. II. p. 89).
Según otro relator de la Diputación de la Fe, Mons. Martin, este parágrafo enseña que el magisterio ordinario es tan infalible como el magisterio extraordinario: “Es necesario creer todas las cosas que Dios ha revelado y nos propone creer, por intermedio de la Iglesia, y esto, CUALQUIERA QUE SEA EL MODO DE EXPRESIÓN que ella eligiera (quomodocumque). Por esta doctrina es excluido el error de aquéllos que quieren que sea necesario solamente creer de fe divina los artículos de fe formalmente definidos, y que en consecuencia, se esfuerzan en reducir casi al mínimum la suma de verdades a creer” (ibídem, p. 372).»
“Jesucristo, a punto de retornar a su Padre Celestial, prometió estar con su Iglesia militante sobre la tierra TODOS LOS DÍAS, hasta la consumación de los siglos. Por lo tanto no ha dejado EN NINGÚN TIEMPO (nullo unquam tempore) de sostener a su esposa bien amada, DE ASISTIRLA EN SU ENSEÑANZA, de bendecir sus obras y de socorrerla en los peligros” (Vaticano I: Dei Filius, Prólogo)
El capítulo 4 de Pastor aeternus es más explícito: “(Los cristianos de provincias) han comunicado a la Sede apostólica los peligros particulares que surgían en materia de fe, para que los daños causados a la fe fueran reparados allí donde no podría sufrir desfallecimiento. (cf. San Bernardo: Carta 190). (…Todos los Padres de la Iglesia y todos los doctores ortodoxos) sabían perfectamente que la Sede de Pedro permanecía pura de todo error, según los términos de la promesa divina de nuestro Señor y Salvador al jefe de sus discípulos: “ Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca jamás; y cuando tú seas convertido, confirmes a tus hermanos” (cf. La carta del papa San Agatón al emperador, aprobada por el VI concilio ecuménico) . Este carisma de verdad y de fe para siempre indefectible ha sido acordado por Dios a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra”.
El pontífice romano, cuando habla ex cathedra, es decir cuando, desempeñando su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define, en virtud de su suprema autoridad apostólica, que una doctrina sobre la fe o las costumbres debe ser cumplida por toda la Iglesia, goza, por la asistencia divina a él prometida en la persona de San Pedro, de esta infalibilidad que el divino Redentor ha querido que fuera provista su Iglesia, cuando ella defina doctrina sobre la fe y las costumbres. En consecuencia, estas definiciones del pontífice romano son irreformables por ellas mismas y no en virtud del consentimiento de la Iglesia. Si alguno, lo que Dios no quiera, tuviera la presunción de contradecir esta definición, que sea anatema” (Pastor aeternus, ch. 4).
«Destaquemos, enseguida, que esta definición no prescribe ningún modo de enseñanza específico. Vaticano I dice: el pontífice romano es infalible “cuando él define” y no: “solamente cuando define solemnemente”. No se precisa tampoco que el pontífice romano deba escribir obligatoriamente: “Nosotros definimos”. Basta que declare que tal o cual punto forma parte de la doctrina o de la moral cristiana.
Analicemos más de cerca la definición. Cuando el papa enseña solo, “goza (…) de esta infalibilidad (de) la Iglesia”. Luego esta infalibilidad de la Iglesia, como lo hemos visto en el prólogo y en el capítulo 3 de Dei Filius, engloba los dos modos de enseñanza (magisterio extraordinario y magisterio ordinario). Así, el papa enseñando solo es infalible cuando impone una doctrina a los fieles, sea por una definición solemne (modo extraordinario) o por su enseñanza de todos los días (modo ordinario).
Retengamos bien esto: Vaticano I no dice de ninguna manera que el papa sería “SOLAMENTE” infalible en sus definiciones solemnes. ¿Por qué? Y bien, ¡simplemente porque el papa es TAMBIÉN infalible en su enseñanza de todos los días! Esto surge netamente de una puntualización de Mons. D’Avanzo, el relator de la Diputación de la Fe de Vaticano I: “La Iglesia es Infalible en su magisterio ordinario, que es ejercido cotidianamente principalmente por el papa, y por los obispos unidos a él, que por esta razón son, como él, infalibles de la infalibilidad de la Iglesia, que es asistida por el Espíritu Santo todos los días (…)
He aquí todavía otra intervención, del mismo relator de la Diputación de la Fe. “Hay, en la Iglesia, un doble modo de infalibilidad: el primero se ejerce por el magisterio ordinario. (…) Es porque, lo mismo que el Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad permanece todos los días en la Iglesia, la Iglesia también enseña todos los días las verdades de la fe, con la asistencia del Espíritu Santo. Ella enseña todas las verdades, sea ya definidas, sea explícitamente contenidas en el depósito de la revelación, pero no definidas todavía, sea, en fin, aquéllas que son el objeto de una fe implícita. Estas verdades, la Iglesia las enseña COTIDIANAMENTE, TANTO PRINCIPALMENTE POR EL PAPA, como por cada uno de los obispos en comunión con él. Todos, el papa y los obispos, en esta enseñanza ordinaria, son infalibles con la infalibilidad misma de la Iglesia. Ellos difieren solamente en esto: los obispos no son infalibles por ellos mismos, sino que tienen necesidad de la comunión con el papa que los confirma, pero EL PAPA, ÉL NO TIENE NECESIDAD DE OTRO QUE DE LA ASISTENCIA DEL ESPÍRITU SANTO, QUE LE HA SIDO PROMETIDA. Así, el enseña y no es enseñado, él confirma y no es confirmado” (Intervención oficial de Mons. D’Avanzo, relator de la Diputación de la Fe, ante los Padres del Vaticano, in: Dom Paul Nau “Le magistère pontifical ordinaire, lieu théologique. Essai sur l’autorité des enseignements du souverain pontife”, in Revue thomiste, 1956, p. 389 – 412 extraído por Neubourg 1962, p. 15).
Algunos años después del concilio Pío IX critica a los católicos liberales (Carta Per trstissima, 6 de marzo de 1873). Allí se encuentra una frase clave: “ellos se creen más sabios que esta cátedra a la que ha sido prometido un socorro divino, especial y PERMANENTE”. Visto que la cátedra de Pedro goza de una asistencia permanente del Espíritu Santo, la infalibilidad “ordinaria” es atribuida no solamente a la Iglesia universal, sino también al papa enseñando solo. El magisterio pontificio ordinario es, él también, infalible. El conocimiento de todos estos pasajes constituye una ayuda preciosa para comprender bien el sentido de la famosa definición de la infalibilidad pontificia hecha en Vaticano I. Pues es grande el peligro de malinterpretar Pastor aeternus. Un especialista en la cuestión, Dom Nau, pone en guardia a los teólogos que disertaban sobre el crédito a acordar al magisterio pontifical: “El más grande peligro” es “quebrantar la confianza y la adhesión de los fieles. Sería particularmente peligroso oponer magisterio solemne y ordinario a partir de las categorías demasiado simplistas de falible e infalible” (Nau, op. cit.). El dominio de la infalibilidad del papa cubre en efecto no solamente el magisterio extraordinario, sino también el magisterio ordinario. La gran mayoría de los católicos, sin hablar de los teólogos, sabe que Vaticano I ha proclamado la infalibilidad del pontífice romano. Pero lo que se olvida bastante a menudo, es que Vaticano I definió una infalibilidad para los dos modos de enseñanza: 1. la enseñanza pontificia extraordinaria (solemne); 2. la enseñanza ordinaria.
«Visto que ciertos teólogos (pseudocatólicos) niegan la infalibilidad del magisterio ordinario pontificio, Pío XII reafirma netamente la infalibilidad permanente de los pontífices: No puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio. Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: El que a vosotros oye, a mí me oye; y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya —por otras razones— al patrimonio de la doctrina católica. Y si los sumos pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos. (Encíclica Humani generis, agosto 12 de 1950).
Pío XII se yergue aquí contra las personas que bajo pretexto de que el papa no enseñaría solemnemente, creen que tales escritos pueden contener opiniones contestables. Luego, las encíclicas y otros actos corrientes del “magisterio ordinario”, dice Pío XII, son la voz de Cristo. Y como Cristo no miente jamás, estos textos son por la fuerza de las cosas siempre infalibles. La infalibilidad es luego permanente, de ninguna manera limitada a las definiciones solemnes puntuales.
Y el mismo papa decía en otra ocasión: “Cuando se hace oír la voz del magisterio de la Iglesia, tanto ordinario como extraordinario, recibidla con un oído atento y con un espíritu dócil” (Pío XII a los miembros del Angélico, enero 14 de 1958).
El papa León XIII manda a los católicos creer todo lo que enseña el papa (nueva prueba de la infalibilidad permanente del soberano pontífice): “Es necesario tener una adhesión inquebrantable a TODO lo que los pontífices romanos han enseñado o enseñarán, y, todas las veces que las circunstancias lo exijan, hacer profesión pública”. (León XIII: encíclica Immortale Dei, noviembre de 1885). El papa no hace ningún distingo entre magisterio extraordinario u ordinario: “Todas las veces que la palabra de este magisterio declara que tal o cual verdad hace parte del conjunto de la doctrina divinamente revelada, cada uno debe creer con certitud que eso es verdadero; pues si esto pudiera de alguna manera ser falso, se seguiría, lo que es evidentemente absurdo, que Dios mismo sería el autor del error de los hombres” (León XIII: encíclica Satis cognitum, junio 29 de 1896).»
Si usted es católico de buena fe, ojo q
Y si Pedro era o no era papa, entienda lo que le parezca.
«Destacamos en principio que San Pedro no enseña que haya que judaizar, sino que tuvo simplemente un comportamiento en ese sentido (“no marchaba” según el Evangelio, pero no “no enseñaba” según el Evangelio). Esto lo subrayaba ya en el siglo III el escritor eclesiástico Tertuliano (De la prescripción contra los herejes, cap. 23): San Pedro cometió allí “un error de procedimiento y no de doctrina”.
«Visto que ciertos teólogos (pseudocatólicos) niegan la infalibilidad del magisterio ordinario pontificio, Pío XII reafirma netamente la infalibilidad permanente de los pontífices: No puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio. Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: El que a vosotros oye, a mí me oye; y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya —por otras razones— al patrimonio de la doctrina católica. Y si los sumos pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos. (Encíclica Humani generis, agosto 12 de 1950).
Pío XII se yergue aquí contra las personas que bajo pretexto de que el papa no enseñaría solemnemente, creen que tales escritos pueden contener opiniones contestables. Luego, las encíclicas y otros actos corrientes del “magisterio ordinario”, dice Pío XII, son la voz de Cristo. Y como Cristo no miente jamás, estos textos son por la fuerza de las cosas siempre infalibles. La infalibilidad es luego permanente, de ninguna manera limitada a las definiciones solemnes puntuales.
Y el mismo papa decía en otra ocasión: “Cuando se hace oír la voz del magisterio de la Iglesia, tanto ordinario como extraordinario, recibidla con un oído atento y con un espíritu dócil” (Pío XII a los miembros del Angélico, enero 14 de 1958).
El papa León XIII manda a los católicos creer todo lo que enseña el papa (nueva prueba de la infalibilidad permanente del soberano pontífice): “Es necesario tener una adhesión inquebrantable a TODO lo que los pontífices romanos han enseñado o enseñarán, y, todas las veces que las circunstancias lo exijan, hacer profesión pública”. (León XIII: encíclica Immortale Dei, noviembre de 1885). El papa no hace ningún distingo entre magisterio extraordinario u ordinario: “Todas las veces que la palabra de este magisterio declara que tal o cual verdad hace parte del conjunto de la doctrina divinamente revelada, cada uno debe creer con certitud que eso es verdadero; pues si esto pudiera de alguna manera ser falso, se seguiría, lo que es evidentemente absurdo, que Dios mismo sería el autor del error de los hombres” (León XIII: encíclica Satis cognitum, junio 29 de 1896).»
Si usted es católico de buena fe, ojo que al atacar la infalibilidad pontificia, aunque sea parcialmente, le está haciendo el juego a los enemigos de la Iglesia.
Y si es enemigo de la Iglesia… allá usted.
Y si Pedro era o no era papa, entienda lo que le parezca; pero me parece que tomó el camino equivocado en todo sentido. San Pedro tuvo reacciones humanas inspiradas por el naturalísimo miedo o por su sangre caliente, de acuerdo a cada caso que usted menciona, pero nunca ENSEÑÓ ni CAYÓ en errores doctrinales. Busque por otro lado porque ahí está en una vía muerta.
¿Llegará a leerlo alguien? Ayer mandé otros comentarios que se perdieron
Infalibilidad pontificia:
«2.2 ¿PUEDE OCURRIR QUE UN PAPA ENSEÑE UN ERROR EN LA FE?
Si el papa tiene una fe siempre pura, no se ve cómo el podría enseñar un error en la fe. A este argumento de razón se puede adjuntar la voz del magisterio.
El concilio ecuménico de Vaticano I publica dos textos sobre la infalibilidad: Dei Filius y Pastor aeternus.
Los Padres del Vaticano afirman categóricamente la infalibilidad COTIDIANA de San Pedro y de su Iglesia. Por la bula Aeterni Patri de 3 de julio de 1868, Pío IX convoca a un concilio ecuménico y exhorta al mundo católico a tener confianza en la Iglesia. “Para que ella procediera siempre con un orden y una rectitud infalibles, el Divino Salvador le prometió que estaría con ella hasta la consumación de los siglos”.
La enseñanza de Pío IX fue retomada y desarrollada por los Padres del concilio en su constitución dogmática Dei Filius de 26 de abril de 1870. El prólogo es muy bello: “Jesucristo a punto de retornar a su Padre celeste, promete estar con su Iglesia militante sobre la tierra todos los días (¡!), hasta la consumación de los siglos (cf. Mateo XXVIII, 19-20)”. Un poco más adelante, Los Padres conciliares se alegran de que la Iglesia sea perpetuamente regida por el Espíritu Santo. “Por eso, en ningún tiempo ella sabría dejar de atestiguar y predicar la verdad de Dios, la cual cura todo; ella no ignora lo que le ha sido dicho: “Mi Espíritu, que está en ti, y mis palabras que he puesto en tu boca, no se alejarán jamás de tu boca desde este día hasta la eternidad” (Isaías LIX, 21)”.
“Deben ser creídas, de fe divina y católica, todas las cosas que son contenidas en la palabra de Dios, sea escritas, sea transmitidas por tradición, y que la Iglesia, sea por un juicio solemne, sea por el magisterio ordinario y universal, propone como siendo divinamente revelada” (Vaticano I, constitución dogmática Dei Filius, 26 de abril de 1870. ch. 3 titulado “de fide”. Así pues, la enseñanza infalible de la Iglesia puede revestir dos formas: una definición solemne con gran pompa (bula, concilio) o un documento de aspecto exterior modesto (alocución, encíclica…).
Al presentar el esquema de este texto a los Padres del Vaticano, Mons. Simor, relator de la Diputación de la Fe, les dice “Este parágrafo es dirigido contra aquéllos que pretenden que se está obligado a creer únicamente lo que ha sido definido por un concilio, y que no se está obligado a creer igualmente lo que la iglesia docente dispersada predica y enseña con acuerdo unánime como divinamente revelado” (in: Jean Michel Alfred Vacant: Estudio sobre las constituciones del concilio Vaticano según las actas del concilio, Paris y Lyon 1895, 1. II. p. 89).
Según otro relator de la Diputación de la Fe, Mons. Martin, este parágrafo enseña que el magisterio ordinario es tan infalible como el magisterio extraordinario: “Es necesario creer todas las cosas que Dios ha revelado y nos propone creer, por intermedio de la Iglesia, y esto, CUALQUIERA QUE SEA EL MODO DE EXPRESIÓN que ella eligiera (quomodocumque). Por esta doctrina es excluido el error de aquéllos que quieren que sea necesario solamente creer de fe divina los artículos de fe formalmente definidos, y que en consecuencia, se esfuerzan en reducir casi al mínimum la suma de verdades a creer” (ibídem, p. 372).
“Jesucristo, a punto de retornar a su Padre Celestial, prometió estar con su Iglesia militante sobre la tierra TODOS LOS DÍAS, hasta la consumación de los siglos. Por lo tanto no ha dejado EN NINGÚN TIEMPO (nullo unquam tempore) de sostener a su esposa bien amada, DE ASISTIRLA EN SU ENSEÑANZA, de bendecir sus obras y de socorrerla en los peligros” (Vaticano I: Dei Filius, Prólogo)
Esta infalibilidad cotidiana, atribuida al conjunto de la Iglesia en Dei Filius deriva de la infalibilidad cotidiana del papa solo. Los obispos del universo entero no se equivocan en absoluto en su magisterio ordinario de todos los días, porque se apoyan sobre la fe indefectible del pontífice romano. La Iglesia es infalible, porque ella reposa sobre la roca indestructible de la fe de Pedro. Es lo que surge claramente de la constitución dogmática Pastor aeternus, publicada el 18 de julio de 1870 por Pío IX con la aprobación de los Padres del Vaticano.
“Para que el episcopado fuera uno e indiviso” se puede en efecto leer en el prólogo de Pastor aeternus, “para que la multitud de todos los creyentes fuera conservada en la unidad de la fe (…Cristo coloca) al bienaventurado Pedro por encima de los otros apóstoles (…a fin de que) sobre la firmeza de su ley se elevara el edificio sublime de la Iglesia que debe ser llevada hasta el cielo”.
El capítulo 4 de Pastor aeternus es más explícito: “(Los cristianos de provincias) han comunicado a la Sede apostólica los peligros particulares que surgían en materia de fe, para que los daños causados a la fe fueran reparados allí donde no podría sufrir desfallecimiento. (cf. San Bernardo: Carta 190). (…Todos los Padres de la Iglesia y todos los doctores ortodoxos) sabían perfectamente que la Sede de Pedro permanecía pura de todo error, según los términos de la promesa divina de nuestro Señor y Salvador al jefe de sus discípulos: “ Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca jamás; y cuando tú seas convertido, confirmes a tus hermanos” (cf. La carta del papa San Agatón al emperador, aprobada por el VI concilio ecuménico) . Este carisma de verdad y de fe para siempre indefectible ha sido acordado por Dios a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra”.
Lo que es sobresaliente, es que el capítulo 4 de Pastor aeternus, donde se trata de la fe inquebrantable del papa, culmina justamente con la definición de infalibilidad pontificia. Esta definición comienza con las palabras “Es por esto…” Por la expresión “es por esto”, los Padres establecen un lazo con lo que precede, a saber la fe inquebrantable. La infalibilidad de la enseñanza – ¡notemos bien el nexo! Deriva de la fe siempre pura. De suerte que al ser la fe siempre pura, la enseñanza será forzosamente por vía de consecuencia, ¡siempre pura de todo error!
“Este carisma de verdad y de fe por siempre indefectible ha sido acordado por Dios a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra (…) ES POR ESTO, ligándonos fielmente a la tradición recibida desde el origen de la fe cristiana definimos como un dogma revelado por Dios:
El pontífice romano, cuando habla ex cathedra, es decir cuando, desempeñando su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define, en virtud de su suprema autoridad apostólica, que una doctrina sobre la fe o las costumbres debe ser cumplida por toda la Iglesia, goza, por la asistencia divina a él prometida en la persona de San Pedro, de esta infalibilidad que el divino Redentor ha querido que fuera provista su Iglesia, cuando ella defina doctrina sobre la fe y las costumbres. En consecuencia, estas definiciones del pontífice romano son irreformables por ellas mismas y no en virtud del consentimiento de la Iglesia. Si alguno, lo que Dios no quiera, tuviera la presunción de contradecir esta definición, que sea anatema” (Pastor aeternus, ch. 4).
Destaquemos, enseguida, que esta definición no prescribe ningún modo de enseñanza específico. Vaticano I dice: el pontífice romano es infalible “cuando él define” y no: “solamente cuando define solemnemente”. No se precisa tampoco que el pontífice romano deba escribir obligatoriamente: “Nosotros definimos”. Basta que declare que tal o cual punto forma parte de la doctrina o de la moral cristiana.
Analicemos más de cerca la definición. Cuando el papa enseña solo, “goza (…) de esta infalibilidad (de) la Iglesia”. Luego esta infalibilidad de la Iglesia, como lo hemos visto en el prólogo y en el capítulo 3 de Dei Filius, engloba los dos modos de enseñanza (magisterio extraordinario y magisterio ordinario). Así, el papa enseñando solo es infalible cuando impone una doctrina a los fieles, sea por una definición solemne (modo extraordinario) o por su enseñanza de todos los días (modo ordinario).
Retengamos bien esto: Vaticano I no dice de ninguna manera que el papa sería “SOLAMENTE” infalible en sus definiciones solemnes. ¿Por qué? Y bien, ¡simplemente porque el papa es TAMBIÉN infalible en su enseñanza de todos los días! Esto surge netamente de una puntualización de Mons. D’Avanzo, el relator de la Diputación de la Fe de Vaticano I: “La Iglesia es Infalible en su magisterio ordinario, que es ejercido cotidianamente principalmente por el papa, y por los obispos unidos a él, que por esta razón son, como él, infalibles de la infalibilidad de la Iglesia, que es asistida por el Espíritu Santo todos los días (…)»
Algo pasa, tal vez la extensión excesiva de los comentarios, que no me los toma.
Probemos así:
«2.2 ¿PUEDE OCURRIR QUE UN PAPA ENSEÑE UN ERROR EN LA FE?
Si el papa tiene una fe siempre pura, no se ve cómo el podría enseñar un error en la fe. A este argumento de razón se puede adjuntar la voz del magisterio.
El concilio ecuménico de Vaticano I publica dos textos sobre la infalibilidad: Dei Filius y Pastor aeternus.
Los Padres del Vaticano afirman categóricamente la infalibilidad COTIDIANA de San Pedro y de su Iglesia. Por la bula Aeterni Patri de 3 de julio de 1868, Pío IX convoca a un concilio ecuménico y exhorta al mundo católico a tener confianza en la Iglesia. “Para que ella procediera siempre con un orden y una rectitud infalibles, el Divino Salvador le prometió que estaría con ella hasta la consumación de los siglos”.
La enseñanza de Pío IX fue retomada y desarrollada por los Padres del concilio en su constitución dogmática Dei Filius de 26 de abril de 1870. El prólogo es muy bello: “Jesucristo a punto de retornar a su Padre celeste, promete estar con su Iglesia militante sobre la tierra todos los días (¡!), hasta la consumación de los siglos (cf. Mateo XXVIII, 19-20)”. Un poco más adelante, Los Padres conciliares se alegran de que la Iglesia sea perpetuamente regida por el Espíritu Santo. “Por eso, en ningún tiempo ella sabría dejar de atestiguar y predicar la verdad de Dios, la cual cura todo; ella no ignora lo que le ha sido dicho: “Mi Espíritu, que está en ti, y mis palabras que he puesto en tu boca, no se alejarán jamás de tu boca desde este día hasta la eternidad” (Isaías LIX, 21)”.
“Deben ser creídas, de fe divina y católica, todas las cosas que son contenidas en la palabra de Dios, sea escritas, sea transmitidas por tradición, y que la Iglesia, sea por un juicio solemne, sea por el magisterio ordinario y universal, propone como siendo divinamente revelada” (Vaticano I, constitución dogmática Dei Filius, 26 de abril de 1870. ch. 3 titulado “de fide”. Así pues, la enseñanza infalible de la Iglesia puede revestir dos formas: una definición solemne con gran pompa (bula, concilio) o un documento de aspecto exterior modesto (alocución, encíclica…).
Al presentar el esquema de este texto a los Padres del Vaticano, Mons. Simor, relator de la Diputación de la Fe, les dice “Este parágrafo es dirigido contra aquéllos que pretenden que se está obligado a creer únicamente lo que ha sido definido por un concilio, y que no se está obligado a creer igualmente lo que la iglesia docente dispersada predica y enseña con acuerdo unánime como divinamente revelado” (in: Jean Michel Alfred Vacant: Estudio sobre las constituciones del concilio Vaticano según las actas del concilio, Paris y Lyon 1895, 1. II. p. 89).
Según otro relator de la Diputación de la Fe, Mons. Martin, este parágrafo enseña que el magisterio ordinario es tan infalible como el magisterio extraordinario: “Es necesario creer todas las cosas que Dios ha revelado y nos propone creer, por intermedio de la Iglesia, y esto, CUALQUIERA QUE SEA EL MODO DE EXPRESIÓN que ella eligiera (quomodocumque). Por esta doctrina es excluido el error de aquéllos que quieren que sea necesario solamente creer de fe divina los artículos de fe formalmente definidos, y que en consecuencia, se esfuerzan en reducir casi al mínimum la suma de verdades a creer” (ibídem, p. 372).
“Jesucristo, a punto de retornar a su Padre Celestial, prometió estar con su Iglesia militante sobre la tierra TODOS LOS DÍAS, hasta la consumación de los siglos. Por lo tanto no ha dejado EN NINGÚN TIEMPO (nullo unquam tempore) de sostener a su esposa bien amada, DE ASISTIRLA EN SU ENSEÑANZA, de bendecir sus obras y de socorrerla en los peligros” (Vaticano I: Dei Filius, Prólogo)»
Se me dice : «la situación de un fiel respecto al papa es de absoluta aceptación y sumisión»
Yo le respondo ¡NO! : al único al que se le debe ABSOLUTA OBEDIENCIA SIN RETRICCIÓN ALGUNA es a Dios Todopoderoso.
Se me dice : «Por otro lado, está la supuesta defección de San Pedro como papa con su negación de Jesús. Pero San Pedro había sido elegido por Jesús pero no había recibido todavía la potestad, no era papa.»
Yo respondo : Y no se me diga, por favor, que san Pedro todavía no era Papa entonces.
1. Cuando el mandatum o lavatorio de pies, NS se dirigió principalmente a él (como príncipe de los apóstoles). ¿De no haber sido Papa por qué esa señalada predilección sobre todos los demás apóstoles?
2. Cuando la resurrección de NS corrieron San Juan y San Pedro al Santo Sepulcro, y habiendo llegado primero aquél (y las Sagradas Escrituras son sumamente enfáticas en esto, nótese bien), se quedó deferentemente afuera esperando a que llegara su príncipe para cederle el paso, tal como en las protocolarias ceremonias reales se le cede la primera mano a Su Real Majestad.
3. Y la más contundente de todas : «Tú ERES Pedro», en tiempo presente se lo dijo NS; no le dijo : «Tú vas a ser Pedro, pero no ya mismo ¿eh?; toca esperar un poquito a que te envíe el Espíritu Santo y entonces ahora si vas a ser oficialmente Pedro, sobre el cual edificaré mi Iglesia, etc…».
Se me dice : «que Ratzinger sea o no papa, cambia absolutamente las cosas. Si lo seguimos, y con él a la institución que dirige y que lo acepta, desde que es hereje en sus prácticas y en sus enseñanzas, lo seguimos en la herejía. Está la salvación de cada uno de nosotros en juego. Ni más ni menos.»
A lo que respondo : Si Benito XVI ordenare cosas buenas a la fe y a la moral, se le obedecería; pero si ordenare cosas malas a la fe y a la moral se le desobedecería. “Toda autoridad proviene de Dios”.
No olvidemos que cuando el prepotente Pilato le espetó a NS que debía responderle a su inicuo interrogatorio, pues de él (de Pilato) dependía que se salvara o no, NS con su admirable mansedumbre le respondió : “Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no te fuera dada de lo alto”. Eso mismo se le podría responder a Benito XVI “Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no te fuera dada de lo alto”. Ergo : si me ordenas algo inicuo (NO IMPORTA QUE SEAS EL PAPA), no te obedezco porque «toda autoridad proviene de Dios».
Yo dije : «No es del todo exacto que el Romano Pontífice sea acatable en todo lo que disponga en materia de doctrina. Según esto, San Pablo no debió entonces atajar a San Pedro, ya Papa, cuando quería obligar a la gentilidad recién convertida a cumplir el preceptor de la circunsición de Abraham (finalmente san Pedro era judío ¿cierto?).
El apóstol de las gentes se le opuso y en el Concilio de Jerusalem la Iglesia decretó (contra el parecer de san Pedro) que no era obligatoria la circunsición para los gentiles que se convertían a la entonces nueva fe.»
Y se me contestó : “Destacamos en principio que San Pedro no enseña que haya que judaizar, sino que tuvo simplemente un comportamiento en ese sentido (“no marchaba” según el Evangelio, pero no “no enseñaba” según el Evangelio). Esto lo subrayaba ya en el siglo III el escritor eclesiástico Tertuliano (De la prescripción contra los herejes, cap. 23): San Pedro cometió allí “un error de procedimiento y no de doctrina”.
Dicho sea con todo respeto, esta me parece una respuesta «de chistera», es decir de aquellas que, en la predigistación, se dan como fruto de un acto de magia, con el afán de intentar explicar lo que es inexplicable. Y no abundo más en ello para no dar lugar a encolerizaciones por uno y otro lado. Lo que sí : inaceptable.
Se me escribió : «Los Padres del Vaticano afirman categóricamente la infalibilidad COTIDIANA de San Pedro y de su Iglesia.» Y presenta algunos venerables textos de la bula Aeterni Patri de 3 de julio de 1868, de Pío IX, seguidos de algunos otros, bellísimos, como la constitución dogmática Dei Filius de 26 de abril de 1870 (en cuyo prólogo): “Jesucristo a punto de retornar a su Padre celeste, promete estar con su Iglesia militante sobre la tierra todos los días (¡!), hasta la consumación de los siglos (cf. Mateo XXVIII, 19-20)”. Un poco más adelante, Los Padres conciliares se alegran de que la Iglesia sea perpetuamente regida por el Espíritu Santo. “Por eso, en ningún tiempo ella sabría dejar de atestiguar y predicar la verdad de Dios, la cual cura todo; ella no ignora lo que le ha sido dicho: “Mi Espíritu, que está en ti, y mis palabras que he puesto en tu boca, no se alejarán jamás de tu boca desde este día hasta la eternidad” (Isaías LIX, 21)”. Y el mismo papa decía en otra ocasión: “Cuando se hace oír la voz del magisterio de la Iglesia, tanto ordinario como extraordinario, recibidla con un oído atento y con un espíritu dócil” (Pío XII a los miembros del Angélico, enero 14 de 1958).
Yo respondo : estamos hablando de dos cosas distintas. El Magisterio de la Santa Madre Iglesia, indiscutiblemente infalible. El Romano Pontífice, DISCUTIBLEMENTE INFALIBLE ad perpetuam.
Se me dijo : «El papa León XIII manda a los católicos creer todo lo que enseña el papa (nueva prueba de la infalibilidad permanente del soberano pontífice): “Es necesario tener una adhesión inquebrantable a TODO lo que los pontífices romanos han enseñado o enseñarán, y, todas las veces que las circunstancias lo exijan, hacer profesión pública”. (León XIII: encíclica Immortale Dei, noviembre de 1885). El papa no hace ningún distingo entre magisterio extraordinario u ordinario: “Todas las veces que la palabra de este magisterio declara que tal o cual verdad hace parte del conjunto de la doctrina divinamente revelada, cada uno debe creer con certitud que eso es verdadero; pues si esto pudiera de alguna manera ser falso, se seguiría, lo que es evidentemente absurdo, que Dios mismo sería el autor del error de los hombres” (León XIII: encíclica Satis cognitum, junio 29 de 1896).”
Y aquí sí, a diferencia de todo lo que se me dijo anteriormente, tenemos una interesante cita que podría movernos a reflexionar lo siguiente (así como en las reflexiones en las catacumbas de Saint Denis, de lo que diferencia al rey del reinado) : lo que pudiera ser infalible, según se colije del escrito de SS León XIII (encíclica Satis cognitum) es el pontificado, más quien detente dicho pontificado, por el hecho de ser humano, pudiera estar sujeto a LA MISMA DEFECCIÓN en la que incurrió Pedro apóstol (ya Papa) cuando :
1.- Dormitó en el huerto de Getsemaní y NS lo reconvino hasta por tres veces (otra vez la esjatología del tres) reclamándole no la pereza del sueño material, sino la poca diligencia que demostraba ante la diligencia febril del traidor que urdía su perdición,
2.- Desenvainó la espada y desorejó a Malco, con lo que NS lo regañó, y
3.- Negó hasta por tres veces a NS
Lo que es una saludable lección para la salvación de nuestras almas.
¡Vaya, señores! : si el Romano Pontífice, tal como se está tratando de hacer ver, fuera siempre infalible (un poco como Dios mismo en la tierra) entonces ¿por qué no están canonizados TODOS los Papas?
Y siempre van a quedar sin contestar esas dos preguntitas :
«He orado mucho para que no desfallezca tu Fe» : No, Señor, no necesito que ores por mí, pues por el hecho de ser Papa voy a ser casi Tú mismo, seré infalible, seré casi salvo …
Y esta otra : ¿qué será de la sucesión apostólica» (después de 52 años, ¿sobrevivirá todavía alguno de esos buenos obispos de antaño (Siri, Ottaviani, Lefebvre … ¡no! todos han fallecido ya)
¿Por qué no entender, mejor, como lo sugerí desde un principio, que así como Pedro apóstol (definitivamente ya PAPA, sin duda alguna, y todavía no santo, por eso he omitido ex professo llamarlo «san Pedro») abandonó a NS en la Cruz, así en la nueva muerte de este Cuerpo Místico, el Papa en turno también niegue a NS y lo deje morir en los estertores de agonía por los que pasa actualmente su Iglesia?
Peralitos:
Siga su camino, pero no pierda de vista que los ataques a la infalibilidad papal han sido siempre el arma preferida de los seguidores de la Sinagoga de Satanás.
Pero no puedo dejar de señalar algunas de las pavadas que dice, (nada personal, ¿eh?):
«1. Cuando el mandatum o lavatorio de pies, NS se dirigió principalmente a él (como príncipe de los apóstoles). ¿De no haber sido Papa por qué esa señalada predilección sobre todos los demás apóstoles?» Respuesta: si se tratara de predilección, el primer papa debe haber sido Juan
«A lo que respondo : Si Benito XVI ordenare cosas buenas a la fe y a la moral, se le obedecería; pero si ordenare cosas malas a la fe y a la moral se le desobedecería.»: Pura prédica disolutoria. Propio de protestantes. Vaya a los brazos de Lutero.
Sobre el concilio de Jerusalén, o usted es un ignorante o es un malvado. Lea Hechos, 15. 1-12. San Pablo reclamó a San Pedro que comiera con los cristianos judíos según sus antiguas costumbres, a riesgo de hacer dudar a los cristianos gentiles respecto a esas costumbres ya derogadas. Lea Gálatas, 2. 11 y ss.
«lo que pudiera ser infalible, según se colije del escrito de SS León XIII (encíclica Satis cognitum) es el pontificado, más quien detente dicho pontificado, por el hecho de ser humano, pudiera estar sujeto a LA MISMA DEFECCIÓN en la que incurrió Pedro apóstol (ya Papa) cuando…»: ¡Por favor, que alguien me explique ese absurdo!
«Lo que es una saludable lección para la salvación de nuestras almas.
¡Vaya, señores! : si el Romano Pontífice, tal como se está tratando de hacer ver, fuera siempre infalible (un poco como Dios mismo en la tierra) entonces ¿por qué no están canonizados TODOS los Papas?» ¿Qué c… tiene que ver infalibilidad con santidad? Flor de matete tiene usted en la cabeza.
Me parece que este debate no da para más, especialmente cuando hay sospechosa obstinación en diluir el Primado de Pedro en una supuesta infalibilidad de una Iglesia en que todas sus partes son, según usted, falibles (absurdo desde todo punto de vista). Está usando el mismo sistema de los demoledores infiltrados en la Iglesia y que se manifestaron en CVII. De un golpe elimina el concepto de Infalibilidad (ergo, cualquier satanás puede ser papa y a los hechos me remito) y está esgrimiendo como cuestión de fe la colegialidad. El primado de Pedro desaparece.
Le sugiero leer Mateo, 15. 15-20, Juan, 14. 16-17, y notar allí el tiempo verbal utilizado, si es que usted quiere fundamentar sus dichos en ese tipo de detalles. Por otro lado, Juan, 21. 15-17 (post Resurrección)
Se me dice : «los ataques a la infalibilidad papal han sido siempre el arma preferida de los seguidores de la Sinagoga de Satanás».
Respondo : ¿Cuáles ataques y de quién? Hasta donde recuerdo han sido los principales blancos de los herejes y heresiarcas la divinidad de NS (Arrio et al)y la Maternidad Divina de la Santísma Virgen María (Nestorio et al). Y no se me diga que de Lutero, porque él no atacó la infalibilidad del Papado sino su legalidad, que son cosas enteramente distintas (¿cómo podía nadie atacar la infalibillidad del Papado si no había sido declarada dogma por Vaticano I?; ¿este argumento suyo es argucia o es una burla?).
Se me dice : «si se tratara de predilección, el primer papa debe haber sido Juan»
Respondo : la predilección de la que he hablado (no creí que tener que aclarar esto, pero en fin …) no es la predilección afectiva a la que se alude cuando se habla de san Juan; es la predilección que señalaba y diferenciaba que NS mirara al primado que san Pedro tenía (ya de hecho, como Papa, aunque todavía no en funciones jerárquicas, toda vez que NS aún estaba entre nosotros) y tendría (en el decurso de los años, al convertirse en el Pastor Supremo de la Iglesia, ya en ausencia de NS) sobre los demás apóstoles (incluyendo al mismo san Juan), como lo ilustrado con los pasajes del mandatum, lo de la carrera al Santo Sepulcro, etc..
Se me dijo : «Pura prédica disolutoria. Propio de protestantes.»
Pues más errado que el caballo, mi amigo, (y eso que el caballo es HERRADO) : este fino discernimiento es el que ha permitido que, por la gracia de Dios, esta alma haya tenido un peregrinar por cerca de 30 años (el pasado día de San Cayetano fueron 29 años justos) eludiendo la zalamería dulzona del largo pontificado de Juan Pablo II, la reciedumbre del cardenal Villot … más los estragos de los viejos traidores (Bea, Suennens, et al); un fino olfato de sabueso, gracias a Dios. Y en lo que concierne a discernir en lo que hay que obedecer y en lo que no, hay que andar con MUCHO TIENTO, mi amigo.
«Vaya a los brazos de Lutero» me dice Ud.; no, gracias (Dios quiera que no me lo haya dicho como deseo).
Se me escribió : «LA MISMA DEFECCIÓN en la que incurrió Pedro apóstol (ya Papa) cuando…”: ¡Por favor, que alguien me explique ese absurdo!»
Respondo : ¿cuál absurdo? ¿que san Pedro defeccionó? No creo que se refiera a eso ¿verdad? Porque la misma Sagrada Escritura, PARA EJEMPLO SALUDABLE DE LA SALVACIÓN DEL ALMA HUMANA, nos lo pone claramente en los pasajes referidos : el sueño de san Pedro (ya Papa), el arrebato de san Pedro desorejando a Malco (ya Papa … san Pedro, no Malco), las tres negaciones de san Pedro (ya Papa). ¿Esto no es el absurdo, verdad?
No olvida Ud., supongo, que, inclusive, NS apostrofó a san Pedro con mucha dureza : «¡Apártate de Mí, satanás!» ¿Cómo, al Papa? : sí, mi amigo, al PAPA; ¿le llamó NS al Papa?, SÍ, como queriéndonos decir : «Este personaje que dejo entre Uds. como cabeza de mi Cuerpo Místico, PUEDE desviar (lo constata este mismo hecho por el cual lo recrimo así) de su buen andar. Y para que de ello no quede duda, lo apostrofo con el nombre del enemigo de la salvación eterna : ¡satanás!».
Se me dijo : «¿por qué no están canonizados TODOS los Papas?” ¿Qué c… tiene que ver infalibilidad con santidad?»
Respondo : Pues de a tiro nada : con todos esos atributos naturales, preternaturales y hasta sobrenaturales que le atribuye Ud. al Romano Pontífice, es casi un santo en vida. Dígame, ¿qué le faltaría para ser santo, si todo lo que dice y hace, según Ud., es perfecto?
Le recuerdo que al Romano Pontífice se le llama Su Santidad, no porque sea santo el individuo que detenta el cargo, sino porque el cargo tiene la más alta dignidad en la jerarquía católica; porque es el verdadero puente (pontífice) entre Dios y los hombres. Pero eso, si obra bien, pero si mal (Alejandro VI et al), pues no. Y punto.
¿O qué, acaso por ser Papa, no está sujeto al libre albedrío? ¿o será que en la perfección del cargo pontifical, esté exento de este mal, común a todo el linaje humano? (¿sabe cómo se llama eso? : PAPOLATRÍA).
Y no tiene que andar agregándole picante a su comentario poniendo lo que ha escrito enseguida (y que por respeto suyo y mío, omito repetir aquí).
Y voy a endosarle lo mismo que le he endosado a otro forista, obstinado como Ud. en defender obcecadamente la infalibilidad del Papa : si el Magisterio de la Iglesia es infalible, y el Papa también lo es … entonces todos los demás obispos lo son igualmente (porque finalmente el Papa es el obispo de Roma); pero como los obispos necesitan ejercer su episcopado perfecto en condiciones tales que su episcopado sea realmente perfecto, necesita que todos sus curas párrocos sean igualmente perfectos; y así sucesivamente, lo mismo los capellanes, los presbíteros … y también los diáconos y subdiáconos, y los exorcistas, y los ostiarios, y … también los seminaristas … ¿y los fieles? : ¡pues también, de una buena vez!
No, señor : lo infalible es el Magisterio de la Iglesia, y (ahora si lo concedo, por lo que me dejó leer de León XIII) el pontificado (más no el individuo HUMANO del Romano Pontífice).
Se me dijo : «Está usando el mismo sistema de los demoledores infiltrados en la Iglesia y que se manifestaron en CVII.»
Respondo : no, señor, y no es justo que en su furor me insulte con una mentira, además, pues Ud. y yo sabemos que, muy lejos de aducir cosas relacionadas con la supuesta infalibilidad papal, los enemigos promotores de Vaticano II, se fueron directo a la cuestión litúrgica («Destruid la Misa y destruiréis a la Iglesia» había sentenciado Lutero) y allí ¡ay! nos hicieron caer estrepitosamente pues perdimos esa invalubale joya milenaria de la Santa Misa de siempre.
Poco tuvo que ver lo que hizo P2 en contra de esa (supuesta) infalibilidad papal que Ud. pregona desaforadamente.
Se me dijo : «y está esgrimiendo como cuestión de fe la colegialidad»
Rspondo : No. Solamente he inquirido, ¿qué hacemos si ya no hay obispos que puedan otorgarle sucesión apostólica? No miro nada relativo a la fe, pero sí a una cuestión cronológica. (Y por cierto no ha contestado a esta pregunta).
Como tampoco contestó por qué, si NS sabía que al cargo del papado iba a ir (según Ud.) la infalibilidad absoluta, para qué dijo : «He rogado para que tu Fe no desfallezca». (¿Para qué rezar por san Pedro (y en la persona de él, por todos sus sucesores) si iban a tener la garantía de infalibiliad absoluta, inherente a su cargo? ¿qué acaso NS iba a ignorar eso? ¿o lo dijo «nada más por decir algo»? : todo (absolutamente todo) lo puesto en la Sagrada Escritura tiene un por qué, mi amigo).
Leyendo sus sugeridas citas bíblicas :
1. Ud me pone adelante la cita de Hechos XV,1-12, acusándome de que soy «ignorante» o «malvado». Pero, mi amigo, se brincó una partecita : capítulo XI, versículo ocho, en donde san Pedro, con la visión mosaica de las cosas relativas a la salvación (y esto es enteramente normal, humanamente hablando, toda vez que san Pedro era judío, y heredó en su sangre esas antiquísimas e inveteradas leyes y tradiciones veterotestamentarias) llamaba «impuros» a los gentiles.
No vislumbro la referida ignorancia ni maldad, pues el texto bíblico claramente apunta (versículo uno) que muchos fieles judíos conversos le reclamaron a san Pedro que comiera con gente incircuncisa. Y el texto es muy aclaratorio : que san Pedro les explicó que hacía eso (comer con los incircuncisos) después de que por una visión celestial (referida pocos versículos después) entendió que no por ser incircuncisos significara que no fueran sujetos a salvación.
Quizás la única imprecisión cronológica en la que incurrí (y me disculpo, pues cité de memoria) fue decir que san Pedro sostenía esa misma creencia durante el Concilio de Jerusalem; pero de que sostuvo esa posición (de que era necesaria la circuncisión para la salvación) la sostuvo, según lo deja ver muy discretamente lo que he citado (y si no sostenía esa creencia, ¿por qué entonces se indignaron en contra de él los judíos conversos?).
¿De dónde sacaron ellos esa creencia? ¿porqué san Pedro nos los corrigió de inmediato de ese mosaico error? Se me dirá : es que san Pedro no entendió de pronto que la Nueva Ley abolía a la circuncisión de Abraham? Y yo ripostaría : ¿Pues no se me dijo que TODOS LOS DÍAS el Papa tenía la asistencia del Espíritu Santo? ¿acaso se «le olvidó» al Espíritu Santo iluminar a san Pedro respecto a este punto?
¡Guay que el que parece más predispuesto a «maldad» e/o «ignorancia» es Ud., mi amigo! ¡guay!
2. Y en Gálatas II,11 Ud. lo ha puesto más claro que no se puede : san Pablo encarando a san Pedro, Papa, en vez de (¿cómo dijo Ud. ¡ah, sí!:) “la situación de un fiel respecto al papa es de absoluta aceptación y sumisión”. ¿En qué quedamos, por fin, mi amigo? : «Y cuando vino Cephas a Antiochia, le hice resistencia (¡¿al Papa?!) (¡¿y fue san Pablo el que hizo eso?!) cara a cara, por ser digno de reprensión (¿quién, el Papa? ¿¡digno de reprensión?!).
Torres Amat (paisando vuestro, según entiendo, y egregio doctor en Hermenéutica) apunta dos cositas; una a favor suyo, y otra a favor mío (pude haber omitido la que me desdentaba a mí, pero en justicia y veracidad de las cosas mencionaré ambas) :
a).- «Erraba Pedro, pero no en la doctrina». ¡Pácatelas, para mí! Y he de rendir los brazos ante la evidencia de Tertuliano y ahora la de Torres Amat, pero ahí viene la otra, y esta es para Ud. :
b).- «Lo que hizo útilmente Pablo con la libertad de la caridad, fué recibido por Pedro con santa, benigna y piadosa humildad; y en este caso, más raro es y más santo el ejemplo que dejó Pedro a los sucesores de no desdeñarse de ser corregidos por los inferiores (en caso de separarse del recto camino)…» ¡Pácatelas para Ud., pues nos lo dice claramente el ilustre doctor Torres Amat : el Papa también puede errar.
3. Leí Mateo, 15. 15-20, Juan, 14. 16-17 pero no supe a qué quiso referirse con estas citas (la de san Mateo es referente a que lo que mancha al hombre es lo que sale de su boca, y no lo que entra en ella; la de san Juan es del preanuncio del envío del Espíritu Consolador que lo habla en futuro, porque ese era un suceso que en el momento cronológico que lo anunciaba NS a sus discípulos, todavía no ocurría); no entendí.
4. Y en Juan, 21. 15-17 me remitió a la triple confesión que tuvo que hacer san Pedro, para contrarrestar a la triple negación que antes hiciera del Divino Maestro … ¿y? … (tampoco entendí para que me envió a leer esto).
(último apunte:)
El mismo santo Tomás de Aquino escribe (cita no textual) : «Si un obispo O HASTA EL MISMO PAPA mandare algo contrario a la Fe, ha de resistírsele, si es preciso hasta con las armas?».
¿Para qué, pregunto yo, el Doctor Angélico nos previno de ALGO QUE NUNCA IBA A PODER OCURRIR?
«Pero aun cuando nosotros mismos (es san Pablo, hablando en nombre de sí mismo y de los jerarcas de la Iglesia de entonces … lo cual incluía a san Pedro, Papa) o un Ángel del Cielo os predique un Evangelio diferente del que nosotros (idem) hemos anunciado, sea anatema» (Gál. I,8)
¿Para qué, vuelvo a preguntar (y perdón POR SER TAN PREGUNTÓN) nos advirtió que «uno de nosotros» (obispos, Y PAPA INCLUIDO) podía predicar «un Evangelio diferente»?
Es claro que el texto está enfatizando la inerrancia de la doctrina (Evangelio) que se ha enseñado por boca de los apóstoles, pero entonces, para no atacar a la infalibilidad perpetua del Papa, ¿no debería MEJOR decir (¡las Sagradas Escrituras!) : «Pero aun cuando uno de nosotros, excepto el Papa (pues es infalible ad perpetuam), o un Ángel del Cielo, etc… sea anatema»?
Fe de erratas : No fue Santo Tomás de Aquino, sino San Roberto Belarmino.
Peralitos:
Si tiene buena fe, persevere, que Dios no lo va a abandonar. Pero no serruche la rama en la que está asentado, porque se va a dar un porrazo.
«Retengamos bien esto: Vaticano I no dice de ninguna manera que el papa sería “SOLAMENTE” infalible en sus definiciones solemnes. ¿Por qué? Y bien, ¡simplemente porque el papa es TAMBIÉN infalible en su enseñanza de todos los días! Esto surge netamente de una puntualización de Mons. D’Avanzo, el relator de la Diputación de la Fe de Vaticano I: “La Iglesia es Infalible en su magisterio ordinario, que es ejercido cotidianamente principalmente por el papa, y por los obispos unidos a él, que por esta razón son, como él, infalibles de la infalibilidad de la Iglesia, que es asistida por el Espíritu Santo todos los días (…)
Pregunta: ¿Luego a quién pertenece el cada día en que Dios hace:
1. declarar las verdades implícitamente contenidas en la revelación?
2. definir las verdades explícitas?
3. vengar las verdades atacadas?
Respuesta: Al papa, sea en concilio, sea fuera de concilio. El papa es, en efecto, el Pastor de los pastores y el Doctor de los doctores” (Mons. D’Avanzo), relator de la Diputación de la Fe del primer concilio del Vaticano: “Status questionis” (“estado de la cuestión de la infalibilidad”), comienzos de julio de 1870; documento histórico nº 565 del apéndice B de las actas del concilio, in: Gerardus Schneemann (ed.): Acta et decreta sacrosanti oecumenici concilii Vaticani cum permultis aliis documentis ejusque historiam spectantibus, Freiburg 1892, col. 1714).
He aquí todavía otra intervención, del mismo relator de la Diputación de la Fe. “Hay, en la Iglesia, un doble modo de infalibilidad: el primero se ejerce por el magisterio ordinario. (…) Es porque, lo mismo que el Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad permanece todos los días en la Iglesia, la Iglesia también enseña todos los días las verdades de la fe, con la asistencia del Espíritu Santo. Ella enseña todas las verdades, sea ya definidas, sea explícitamente contenidas en el depósito de la revelación, pero no definidas todavía, sea, en fin, aquéllas que son el objeto de una fe implícita. Estas verdades, la Iglesia las enseña COTIDIANAMENTE, TANTO PRINCIPALMENTE POR EL PAPA, como por cada uno de los obispos en comunión con él. Todos, el papa y los obispos, en esta enseñanza ordinaria, son infalibles con la infalibilidad misma de la Iglesia. Ellos difieren solamente en esto: los obispos no son infalibles por ellos mismos, sino que tienen necesidad de la comunión con el papa que los confirma, pero EL PAPA, ÉL NO TIENE NECESIDAD DE OTRO QUE DE LA ASISTENCIA DEL ESPÍRITU SANTO, QUE LE HA SIDO PROMETIDA. Así, el enseña y no es enseñado, él confirma y no es confirmado” (Intervención oficial de Mons. D’Avanzo, relator de la Diputación de la Fe, ante los Padres del Vaticano, in: Dom Paul Nau “Le magistère pontifical ordinaire, lieu théologique. Essai sur l’autorité des enseignements du souverain pontife”, in Revue thomiste, 1956, p. 389 – 412 extraído por Neubourg 1962, p. 15).»
Sigo yo:
Y hago una observación. El hecho de que no haya papa y desde Roma se enseñen y practiquen herejías es lo que ha obligado a usted y a tantos otros (en buena hora) a mirar con espíritu crítico todo lo que de allí viene.
Y sostener que un papa puede ser hereje lleva necesariamente a admitir que hoy hay «sede ocupada» y no vacante, y por consiguiente lleva a que la inmensa mayoría de los fieles inocentes sigan a bordo de la que ya no es la Barca de Pedro, sino la de Satanás.
He ahí la importancia de ver claro que el papa no puede caer en herejía.
Relea con calma y no con afán de contestarme a mí, el poquito material que he puesto en estas intervenciones, y de paso note que no expongo mi opinión personal sino que me baso en documentos como encíclicas, la Santa Biblia, escritos de santos, etc, y no saco «mis» conclusiones, que poco valor tendrían.
Cuando hablo de absurdos me refiero a que una suma de falibles no puede dar un infalible. (Pontificado infalible compuesto por pontífices falibles, Iglesia infalible compuesta por seres todos cotidianamente falibles.)
La colegialidad: Si la infalibilidad «de la Iglesia» no depende de Pedro sino de la aquiescencia de todos los obispos, sonó el primado de Pedro. Es la colegialidad propuesta por CVII. Pura democracia; la Verdad depende del número.
La sucesión apostólica está hoy asegurada por los obispos fieles a la tradición, que gracias a Dios hay unos cuantos. En la Iglesia Conciliar han cambiado el rito de consagración episcopal hace más de 40 años, en el sentido de anularlo, o sea que no deben quedar muchos verdaderos obispos en esa secta.
También los obispos ortodoxos son válidamente consagrados y allí se mantiene la sucesión apostólica.
Insisto: si usted tiene buena voluntad y se da tiempo, va a terminar por ver la cuestión del papado tal como la Iglesia manda que la veamos. No busque la polémica (en la que yo me prendo), busque la Verdad. Y no soy yo, ni cualquier fulano quién tiene que darle respuestas. Las tiene que encontrar usted.
Muchas gracias por su mensaje, Federico. De todo corazón le deseo lo mismo a Ud. : encontrar la verdad de todo esto, en este terrible maremágnum demencial en que vivimos inmersos quienes intentamos (mal que bien), no perder de vista a la Barca de san Pedro.
Lo felicito : su exposición es muy clara y muy diáfana. La leeré una y otra vez para exprimir todo lo saludable que pueda obtener de ella.
Saludos en Cristo Rey en su Madre Santísima.
Me gustaría recomendar a todos los participantes en el foro, de uno y otro bando, la lectura atenta de una web: http://www.statveritas.com.ar/Varios/SedeRomana4.htm.
Ello no obstante, haciendo míos los preceptos del derecho canónico y los argumentos esgrimidos en dicha web, y en corrección fraterna, recuerdo a todos los hermanos del foro que:
1.- La Primera Sede no será juzgada por nadie (Código de Derecho Canónico, canon 1.404).
2.- En caso de contravención de dicho canon, tanto las actas como las decisiones mismas se consideran inexistentes (Código de Derecho Canónico, canon 1.406, párrafo 1).
3.- «Dando un juicio anticipado contra la Sede Suprema, de la que ni pronunciar juicio es lícito a ningún hombre, recibisteis anatema de todos los Padres de todos los venerables Concilios […] Como el quicio, permaneciendo inmóvil, trae y lleva la puerta: así Pedro y sus sucesores tienen libre juicio sobre toda la Iglesia, sin que nadie deba hacerles cambiar de sitio, pues la Sede suprema por nadie es juzgada.» ( Carta «In Terra Pax Hominibus», a Miguel Cerulario y León de Acrida, del 2 de septiembre de 1053, emanada por el Papa San León IX)
4.- «No osamos juzgar a la Sede Apostólica. Por ella y por su Vicario somos juzgados, pero ella no es juzgada por nadie, como siempre y desde antiguo fue esta costumbre» (Pronunciamiento de los obispos reunidos por Carlomagno en concilio, para «juzgar» al Papa San León III)
5.- «El juez no será juzgado ni por el Augusto, ni por todo el clero, ni por los reyes, ni por el pueblo […] La primera Sede no será juzgada por nadie.» (Carta «Proposueramus quidem», al emperador Miguel, del año 865, emanada por el Papa San Nicolás I)
6.- De todo lo anterior se colige, necesariamente y sin dispensa ni justificación de ninguna clase, que todos los participantes en este foro, incluido yo mismo, y además todas las potestades terrenas (los Estados) y las eclesiásticas (desde el Concilio Ecuménico hasta el último de los clérigos) somos total y absolutamente incompetentes para pronunciar, o siquiera pensar en pronunciar, juicio alguno contra una decisión, acto o definición del Pontífice Romano; nosotros somos juzgados por él, pero de sus sentencias no hay apelación posible a ningún tribunal porque el Papa NO TIENE SUPERIOR EN LA TIERRA. Ergo, toda discusión en el foro es vacua y sólo permite a los protestantes tener argumentos para debilirtar o argüir contra el dogma de la infalibilidad, mientras que los católicos debemos ser ejemplo de unidad.
En consecuencia y por mi parte, me uno a las creencias todas de mi madre la Iglesia, y no quiero creer ninguna cosa más: y recuerdo a todos que ubi Petrus, ibi ergo Ecclesia (donde está Pedro, allí está pues la Iglesia, y no al revés: no es el Papa el que se sale de la Iglesia, sino la Iglesia la que se pronuncia y nosotros, en todo caso, los que nos quedamos fuera por nuestra propia obstinación, como los ángeles apóstatas cayeron pese a tener conocimiento cierto de Dios y de lo que Él les tenía preparado).
Os reclamo, pues, que seáis ejemplo de unidad y no os atreváis a juzgar a Pedro ni a sus sucesores, cosa que está reservada SÓLO A DIOS.
Paz y bien.
Frankie.-
Saludos en Cristo:
Hace algunas semanas en la hoja del domingo de la editorial San Pablo, venía esto de Taizé, yo pensé que era otro grupo tipo los carismáticos, los cursillos, los kikos, schoenstatt etc…
Y resulta que son herejes protestantes y reciben la comunión, mientras a monseñor Lefebvre aún lo tienen «excomulgado» y a los sacramentos de la FSSPX ilícitos, mientras que a los cismáticos ortodoxos, les permiten a su arzobispo de Santiago, cantar el evangelio en el Te Deum, y ya nadie habla de las inválidas órdenes de los anglicanos.
Compré el calendario Católico 2011 de San Pablo en la única librería católica de la ciudad, y me encuentro en la segunda hoja, una foto a todo color de JP II, ya los níveles de veneración son insoportables, así que opté por rayar dicha foto del modernista polaco besador del corán, del encuentro de Asís y un largo etc…
San Pío X, ora pro nobis.
«AMA, Y HAS LO QUE QUIERAS»