ESPECIAL DE CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI: JESUCRISTO ES LA PIEDRA ANGULAR

JESUCRISTO ES LA PIEDRA ANGULAR

BIENAVENTURADO QUIEN NO SE ESCANDALIZARE DE ÉL

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Parte 1:

Parte 2:

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Ponencia

San Juan Bautista, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió dos de sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»

Nuestro Señor, infinitamente bueno e infinitamente sabio, conociendo el pensamiento secreto de Juan, y lleno de misericordia para con sus discípulos, les demuestra a estos, no por palabras, sino por la prueba más indudable de todas, el milagro, que es realmente el Mesías.

Y añadió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva.»

Nuestro Señor concluyó su respuesta con estas sorprendentes palabras: «¡Y bienaventurado aquel que no halle escándalo en mí!»

Estas palabras recuerdan las del santo anciano Simeón: Este Niño está en el mundo para la caída y la resurrección de un gran número en Israel, y para ser un signo de contradicción.

La posición en pro o en contra de Jesús será el último factor de la única legítima discriminación de los hombres.

Jesús es signo de contradicción, y todo su Evangelio y la historia de la Iglesia por Él fundada son una demostración de ello.

Los fariseos orgullosos se escandalizaban…Y después ellos se escandalizaron los filósofos paganos… Y aún hoy, ¡cuántos falsos sabios!, ¡cuántos científicos hinchados de su ciencia!, ¡cuántos ricos y felices según el mundo se escandalizan de Jesucristo!…

¡Cuántos cristianos, consagrados a sus vicios, se escandalizan de Nuestro Señor, de su doctrina, de su moral, de su Iglesia, y desprecian nuestra Santa Religión!…

¡Cuántos católicos se escandalizan ante la crisis de la sociedad y de la Iglesia!…

¡Cuántos «tradicionalistas» se escandalizar de la Tradición!…

Consideremos qué significa escandalizarse de Jesucristo

1o Es negarse, a pesar de sus milagros, a reconocerlo por nuestro Dios y adorarlo; y eso a causa de su debilidad aparente, de su pobreza, de sus humillaciones, de su Pasión…, como hicieron los judíos, como lo hacen aún tantos ateos…

2o Es negarse a creer en el conjunto de los dogmas de la religión, o tal o cual en particular, con el pretexto de que no se los comprende, o que chocan a la razón, o a la supuesta sabiduría del mundo…

3o Es negarse a ajustarse a las máximas y a los ejemplos de Jesucristo, tan contrarios al espíritu del mundo, a las ideas del paganismo, a la triple concupiscencia

4o Es negarse a observar algunos preceptos de Dios y de la Iglesia, bajo pretexto de que son demasiado difíciles, más allá de fuerzas de la naturaleza…

5o Es enrojecer del título de cristiano, no atreverse a declararse tal, ni practicar la religión por temor de perder un empleo o una función, por temor de las persecuciones o de burlas de los mundanos…

Consideremos lo que les pasó a los judíos, por escandalizarse de Jesucristo:

Según su horrendo pedido, la Sangre de Nuestro Señor volvió a caer sobre ellos y sobre sus niños.

Se constituyeron en el pueblo deicida y maldito, aún hoy, hasta su conversión,

¿Qué ocurrió con esos pueblos, antes tan florecientes, que se escandalizaron de tal o cual punto de la doctrina católica y permanecen desde el siglo once siempre en rebelión contra el Primado de Pedro?

Encontraron la ruina, la depravación, la dominación de Mahoma o del comunismo…

Contemplemos esas naciones paganas, endurecidas en su idolatría, negándose por orgullo a recibir la doctrina de Jesucristo…

Desdichados, especialmente, todos los malos cristianos (naciones o individuos), que se escandalizan de Jesucristo y de su Iglesia, que se burlan de los dogmas y prácticas de la religión, que son apóstatas de hecho…

¡Qué decadencia moral! ¿Dónde está en ellos la justicia, la honradez, la virtud?…

Se niegan a adorar a Jesucristo; pero van a prosternarse delante del becerro de oro, delante de los ídolos de carne, ante el mismo Satanás…

No hay paz…, por todas partes hay guerras, confusión, ruinas…

Desdichados todos los católicos que se escandalizan de la Tradición… que en estos tiempos apocalípticos no quieren seguir la consigna de conservar los restos de lo que han recibido, y se prometen un reflorecimiento, sin reconocer los signos de los tiempos y poniendo sus esperanzas en esos restos que, de todos modos, son cosas perecederas…

Desgraciados y mil veces desdichados los individuos, las familias y las sociedades que han renegado de Cristo y han edificado sus destinos sobre otro fundamento, contrario al del Salvador.

Nuestro Señor es la piedra escogida. Pero esta piedra puede ser de salvación o de condenación…, piedra fundamental, piedra angular… o piedra de escándalo y de tropiezo…

Lo mismo sucede con aquellos que construyen y edifican «al margen» de Nuestro Señor; porque, aunque no lo hagan contra Él, quien no está con Él está contra Él.

A todos aquellos, individuos, familias o sociedades que no han querido fundarse en Jesucristo y le dijeron:

«no queremos que reines sobre nosotrosnos escandalizamos de tu doctrina, de tus mandamientos, de tu moral, de tus exigencias… a todos ellos Nuestro Señor responde a su turno: La piedra que los constructores desecharon, se ha convertido en piedra angular. Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos…
Todo el que caiga sobre esta piedra, se destrozará, y a aquel sobre quien ella caiga, le aplastará…»

El Salmo 117, 22 nos enseña que La piedra que rechazaron los constructores ha venido a ser la piedra angular.

El Profeta Isaías 28, 16 explicita, Por eso, así dice el Señor Yahvé: «He aquí que yo pongo por fundamento en Sión una piedra, piedra elegida, piedra angular, preciosa, sólidamente asentada; quien tuviere fe en ella no vacilará».

Y llegamos al gran texto del Profeta Daniel 2, 34-35, 44-45:
Tú estabas mirando, cuando de pronto una piedra se desprendió, sin intervención de mano de hombre, vino a dar a la estatua en sus pies de hierro y arcilla, y los pulverizó. Entonces quedó pulverizado todo a la vez: hierro, arcilla, bronce, plata y oro; quedaron como el tamo de la era en verano, y el viento se lo llevó sin dejar rastro. Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra (…) En tiempo de estos reyes, el Dios del cielo hará surgir un reino que jamás será destruido, y este reino no pasará a otro pueblo. Pulverizará y aniquilará a todos estos reinos, y él subsistirá eternamente: tal como has visto desprenderse del monte, sin intervención de mano humana, la piedra que redujo a polvo el hierro, el bronce, la arcilla, la plata y el oro.

Antes de comentarlo, es necesario citar un pasaje del Evangelio, que nos ayudará mucho. Está tomado de San Mateo 21, 42-46: y San Lucas 20, 15-19:
Y, echándole fuera de la viña, le mataron. ¿Qué hará, pues, con ellos el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a estos labradores, y entregará la viña a otros. Al oír esto, dijeron: «De ninguna manera». Pero él clavando en ellos la mirada, dijo: «¿Qué es aquello que está escrito: La piedra que desecharon los que edificaban, ésta he venido a ser cabeza de esquina? Todo el que caiga sobre esta piedra, quedará hecho pedazos, y a aquel sobre quien ella caiga, lo hará polvo». Los escribas y los sumos sacerdotes trataron de echarle mano en aquel mismo momento; pero tuvieron miedo al pueblo, porque habían comprendido que aquella parábola la había dicho por ellos.

Vengamos, pues, al texto de Daniel: Mas en los días de aquellos reinos el Dios del cielo levantará un reino, que no será jamás destruido, y este reino no pasará a otro pueblo, sino que quebrantará y acabará todos estos reinos: y él mismo subsistirá para siempre.

Este último reino, dice la profecía, lo fundará establemente cierta piedra desprendida de un monte, sin manos, esto es por sí misma, sin que ninguno la desprenda, ni le dé movimiento, impulso y dirección, la cual bajará a su tiempo directamente contra la estatua, le dará el más terrible golpe que se ha dado jamás; y los quebrantará, y aun los hará polvo.

Y la piedra misma que dio el golpe, se hará al punto un monte tan grande que ocupará toda la tierra.

La piedra de que habla esta profecía, es evidentemente el mismo Jesucristo hijo de Dios e hijo de la Virgen.

Mas como todos los cristianos sabemos y creemos de la misma persona de Jesucristo, no una sola, sino dos venidas infinitamente diversas, para no confundir lo que es de la una, con lo que es de la otra, tenemos una regla cierta e indefectible dictada por la lumbre de la razón, y también por la lumbre de la fe; es a saber, que si lo que anuncia una profecía para la venida del Señor no tuvo lugar, ni lo pudo tener en su primera venida, lo esperamos seguramente para la segunda, que entonces tendrá lugar, y se cumplirá con toda plenitud.

Jesucristo bajó ya del cielo, al vientre de la Virgen, predicó, enseñó, murió, resucitó, alumbró al mundo con la predicación del evangelio, poco a poco ha ido destruyendo en el mundo el imperio del diablo, etc.; todo esto es cierto e innegable, mas todo eso pertenece únicamente a la venida del Mesías, que ya sucedió.

Fuera de esta esperamos otra no menos admirable, en la cual sucederá infaliblemente lo que a ella sólo pertenece, y está anunciado para ella clarísimamente, y entre otras cosas sucederá en primer lugar todo lo que anuncia esta grande profecía, que actualmente observamos.

De la similitud de la piedra se habla en Isaías, capítulo 28, versículo 16, se trata de la primera venida del Mesías, y de las consecuencias terribles para Israel. He aquí que yo pondré en los cimientos de Sión una piedra, piedra escogida, angular, preciosa, fundada en el cimiento.

Y en el capítulo octavo, versículo 14, había anunciado que el Mesías sería para el mismo Israel, por su incredulidad y por su iniquidad, como una piedra de ofensión y de escándalo, y como un lazo y una ruina para los habitadores de Jerusalén.

Mas esta piedra preciosa, electa, probada, que bajó al vientre de la Virgen, no bajó con ruido ni terror, sino con una blandura y suavidad admirable; no bajó para hacer mal a nadie; sino antes para hacer bien a todos porque no envió Dios su hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Decía el mismo Señor, que lo envió Dios a este mundo, y lo puso en él como una piedra angular y fundamental, para que sobre esta piedra, como sobre el más firme y sólido fundamento, se levantase hasta el cielo el grande edificio de la Iglesia.

Así, lejos de hacer daño alguno con su caída, o con su bajada del cielo, lejos de caer sobre alguna cosa, y quebrantarla con el golpe, fue por el contrario, y lo es hasta ahora una piedra bien golpeada y bien martillada; una piedra sobre quien cayeron muchos, y caen todavía con pésima intención, con intención de quebrantarla, y desmenuzarla, y reducirla a polvo, si les fuese posible.

Y no obstante la experiencia de su dureza, no obstante la experiencia de lo poco que se avanza, y de lo mucho que se arriesga en golpear esta piedra preciosa, hasta ahora no ha faltado, ni faltará gente ociosa y perversa que quiera tomar sobre sí el empeño inútil y vano de dar contra ella y perseguirla.

¿Nunca leísteis en las Escrituras
(les decía Él mismo a los Judíos),
la piedra, que desecharon los que edificaban, esta fue puesta por cabeza de esquinael que cayere sobre esta piedra será quebrantado, y sobre quien ella cayere, lo desmenuzara? (Mat. 21, 42-44).

Vemos aquí claramente las dos venidas del Mesías, y las consecuencias inmediatas de la una y de la otra; lo que ha hecho y hace con ella, y lo que hará cuando baje del monte contra la estatua, y contra todo lo que en ella se incluye.

De manera, que habiendo bajado la primera vez pacíficamente, sin ruido ni terror, habiendo sufrido con infinita paciencia todos los golpes que le quisieron dar, se puso luego por base fundamental del edificio grande y eterno que sobre ella se había de levantar.

El que cree, de fe no fingida, el que quiere de veras ajustarse a esta piedra fundamental, el que para esto se labra a sí mismo, y se deja labrar, devastar y golpear, etc., este es salvo seguramente, este es una piedra viva, infinitamente más preciosa de lo que el mundo es capaz de estimar; éste se edifica sobre fundamento eterno, y hará eternamente parte del edificio sagrado. Al cual allegándoos, que es la piedra viva, desechada en verdad por los hombres, mas escogida de Dios, y honrada. Y sobre ella como piedras vivas sed edificados casa espiritual; les decía San Pedro a los primeros fieles (I ¨Pe. 2, 6-8)

Al contrario, el que no cree, o sólo cree con aquella especie de fe, que sin obras es muerta; mucho más, el que persigue a la piedra fundamental y da contra ella, él tendrá toda la culpa, y a sí mismo se deberá imputar todo el mal, si se rompe la cabeza, las manos y pies; el que cayere sobre esta piedra será quebrantado.

Esto es puntualmente lo que sucedió a los judíos en primer lugar. Después de haber reprobado y arrojado de sí esta piedra preciosa, después que, no obstante su reprobación, la vieron ponerse por cabeza de esquina, después que vieron el nuevo y admirable edificio, que a gran prisa se iba levantando sobre ella, llenos de celo, o de furor diabólico, comenzaron a dar golpes y más golpes a la piedra fundamental, pensando romperla, despedazarla, y hacer caer sobre ella misma el edificio que sustentaba; mas a poco tiempo se vio verificada en estos primeros perseguidores la primera parte de la profecía del Señor; el que cayere sobre esta piedra será quebrantado.

Salieron de aquel empeño tan descalabrados, que ya veis por vuestros ojos, y ha visto y ve todo el mundo, el estado miserable en que han quedado; no han podido sanar, ni aun volver en sí en tantos siglos.

Siguieron los Gentiles el mismo empeño, armados con toda la potencia de los Césares; y habiéndola golpeado en diferentes tiempos, y cada vez con nuevo furor, nada consiguieron al fin, sino hacerse pedazos ellos mismos, y servir, sin saberlo, a la construcción de la obra, labrando piedras a millares, para que creciese más presto.

Después acá, ¿qué máquinas no se han imaginado y puesto en movimiento para vencer la dureza de esta piedra? Tantas cuantas han sido las herejías. ¿Con qué empeño, con qué obstinación, con qué violencia, con qué artificios, con qué fraudes han trabajado tantos para arruinar lo que ya está edificado sobre piedra sólida?

Pero todo en vano. No han sacado otro fruto de su trabajo, que el que se lee en Jeremías; trabajaron para proceder injustamente, y la piedra ha quedado incorrupta e inmóvil como el edificio que sustenta.

Y no obstante la experiencia de tantos siglos, piensan todavía algunos, que se dan a sí mismos el nombre bien impropio de espíritus fuertes, que bastará su filosofía y su coraje para salir con la empresa: veremos al fin en lo que para su coraje y su filosofía, el que cayere sobre esta piedra será quebrantado.

Lo que sobre esto han visto los siglos pasados, eso mismo en sustancia deberán ver los venideros, como está escrito. La piedra que bajó del cielo al vientre de la Virgen, cuanto es de su parte, a nadie ha hecho daño, porque no bajó sino para bien de todos, para que tengan vida, y para que la tengan en más abundancia.

Si muchos se han quebrado en ella la cabeza, la culpa ha sido toda suya, no de la piedra. El hijo del hombre no ha venido a perder las almas, sino a salvarlas.

El profeta Isaías, hablando del Mesías en su primera venida, dice: la caña cascada no la quebrará, y la torcida que humea no la apagará. Expresiones admirables y propísimas para explicar el modo pacífico, amistoso, modesto y cortés con que vino al mundo, con que vivió entre los hombres, y con que hasta ahora se ha portado con todos, sin hacer violencia a ninguno, sin quitar a ninguno lo que es suyo, y sin entrometerse en otra cosa, que en procurar hacer todo el bien posible a cualquiera que quiera recibirlo, sufriendo al mismo tiempo con profundo silencio, y con infinita paciencia, descortesías, ingratitudes, injurias y persecuciones.

Pero llegará tiempo, y llegará infaliblemente, en que esta misma piedra, llenas ya las medidas del sufrimiento y del silencio, baje segunda vez con el mayor estruendo, espanto y rigor imaginable, y se encamine directamente hacia los pies de la grande estatua.

El Señor como fuerte saldrá, como varón guerrero despertará su celo, voceará, y gritará, sobre sus enemigos se esforzará. Callé siempre, estuve en silencio, sufrí, hablaré como la que está de parto, destruiré, y devoraré al mismo tiempo (Isai. 42, 13-14).

Entonces se cumplirá con toda plenitud la segunda parte de aquella sentencia, el que cayere sobre esta piedra será quebrantado, y sobre quien ella cayere lo desmenuzará; y entonces se cumplirá del mismo modo la segunda parte de la profecía de Daniel:
cuando sin mano alguna se desgajó del monte una piedra, e hirió a la estatua en sus pies de hierro, y de barro, y los desmenuzó
, etc.

No tenemos, pues, razón alguna para confundir un misterio con otro. Aunque la piedra en sí es una misma, esto es, Cristo Jesús, mas las venidas, o caídas, o bajadas a esta nuestra tierra son ciertamente dos muy diversas entre sí, y tan de fe divina la una como la otra.

Así, lo que no se verificó, ni pudo verificarse en la primera, se verificará infaliblemente en la segunda.

Mas en los días de aquellos reinos
(de los que acaba de hablar, que son figurados en los dedos de la estatua, o si queréis de los figurados en toda ella)
el Dios del cielo levantará un reino, que no será jamás destruido, y este reino no pasará a otro pueblo; sino que quebrantará y acabará todos estos reinos, y él mismo subsistirá para siempre.

Ahora decidme de paso, ¿la Iglesia presente es realmente aquel reino de Dios de quien se dice, y no pasará a otro pueblo?

Decidme más. La Iglesia presente, ¿es en realidad aquel reino célebre, que ha arruinado ya, ha desmenuzado, ha convertido en polvo y consumido enteramente todos los reinos figurados en la estatua, o en los dedos de sus pies?

Comparad ahora por último estas palabras que se dicen de la piedra, cuando bajó del monte; que quebrantará y acabará todos estos reinos; con aquella evacuación de que habla San Pablo; cuando hubiere destruido todo principado, y potestad, y virtud, y veréis un mismo suceso, anunciado con diversas palabras.

Todo esto, y muchas más cosas que sobre esto hay en las Escrituras, es necesario que se verifiquen algún día, pues hasta el día de hoy no se han verificado, y es necesario que se verifiquen, cuando la piedra baje del monte; pues para entonces están todas anunciadas manifiestamente.

Entonces deberá comenzar otro nuevo reino sobre toda la tierra, absolutamente diverso de todos cuantos hemos visto hasta aquí, el cual reino lo formará la misma piedra que ha de destruir y consumir toda la estatua; la piedra que había herido la estatua, se hizo un grande monte, e hinchió toda la tierra.

A lo que alude visiblemente San Pablo cuando añade luego después de la evacuación de todo principado, potestad y virtud, que es necesario que él reine, hasta que ponga a todos sus enemigos debajo de sus pies.

Desde Nabucodonosor hasta el día de hoy, se ha venido verificando puntualmente lo que comprende y anuncia esta antiquísima profecía.

Todo el mundo ha visto por sus ojos las grandes revoluciones que han sucedido para que la estatua se formase y se completase desde la cabeza hasta los pies.

La vemos ya formada y completa, según la profecía, sin que haya faltado la menor circunstancia. Lo formal de la estatua, es decir, el imperio y la dominación, que primero estuvo en la cabeza, se ha ido bajando a vista de todos, por medio de grandes revoluciones, de la cabeza al pecho y brazos; del pecho y brazos al vientre y muslos; del vientre y muslos a las piernas, pies y dedos, donde actualmente se halla.

No falta ya sino la última época, o la más grande revolución, que nos anuncia esta misma profecía con quien concuerdan perfectamente otras muchísimas.

Los siervos de Cristo, los fieles de Cristo, los amadores de Cristo, deben desear en esta vida, y clamar día y noche con el profeta: ¡Oh si rompieras
los cielos, y descendieras! A tu presencia los montes se derretirían. Como quemazón de fuego se deshicieran, las aguas ardieran en fuego, para que conociesen tus enemigos tu nombre.

A estos se les dice en el salmo segundo; Cuando en breve se enardeciere su ira, bienaventurados todos los que confían en él.

A estos se les dice en el evangelio, entonces verán al Hijo del Hombre venir sobre una nube con gran poder y majestad. Cuando comenzaren pues a cumplirse estas cosas, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque cerca está vuestra redención.

A estos les dice en el Apocalipsis; Y el Espíritu, y la Esposa dicen: Ven. Y el que lo oye diga: Ven.

A estos en fin les dice San Pablo: esperamos al Salvador nuestro Señor Jesucristo, el cual reformará nuestro cuerpo abatido, para hacerlo conforme a su cuerpo glorioso, según la operación con que también puede sujetar a sí todas las cosas.

Estos, pues nada tienen que temer, deben arrojar fuera de sí todo temor, y dejarlo para los enemigos de Cristo, a quienes compete únicamente temer, porque contra ellos viene.

Dichosos mil veces los que la creyeren; dichosos los que le dieren la atención y consideración que pide un negocio tan grave; ellos procurarán ponerse a cubierto, ellos se guardarán del golpe de la piedra, ciertos y seguros que nada tienen que temer los amigos; pues sólo están amenazados los enemigos.

Las profecías no dejarán de verificarse porque no se crean, ni porque se haga poco caso de ellas, por eso mismo se verificarán con toda plenitud.

San Lucas 2, 34-35: Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción; y a ti misma una espada te atravesará el alma, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.


Ver anexo sobre la Estatua del Profeta Daniel