PADRE JUAN JOSÉ TURCO: LA VERACIDAD DEL P. BOUCHACOURT (TERCERA PARTE)

LA VERACIDAD DEL PADRE BOUCHACOURT

«Hay una nueva ola que se levanta:

Hay sacerdotes que están diciendo la Misa Tradicional»

 

En la conferencia que dio en Bogotá en junio de este año, el Padre Bouchacourt menciona como motivo que justifique las conversaciones con Roma el hecho de que varios sacerdotes modernistas están queriendo aprender la Misa Tradicional.

 

Esto mostraría que estas conversaciones con Roma son buenas, que están dando buenos frutos y que surge la esperanza de una «restauración auténtica» en la Iglesia:

 

«Yo espero que hay, Dios sabe qué va a pasar, pero hay una pequeña ola que de la cual hablaba Mons. Fellay, que está también.

Yo he recibido más de 10 sacerdotes que ahora quieren volver a la misa tradicional.

Y uno hace poco casi llorando decía: «yo no puedo decir más la misa nueva». Y yo le dije: ¿que quiere decir? ¿qué quieren decir? ¿abandonar su parroquia? ¿abandonar todo? es heroico.»

 

 

Pregunta (resumida): El hecho de que algunos sacerdotes dicen la misa tradicional o que algún sacerdote se sienta atraído a volver a celebrarla, es un bien particular. No se puede ponerlo sobre un bien común, el bien general, que es mantener el depósito de la fe.

 

Respuesta del Padre Bouchacourt: «No es un bien particular. Hay toda una influencia de sacerdotes jóvenes que se convierten, pueden convertir otros y es verdad que este pequeño paso, es hecho. Pero hay algunos sacerdotes.»

 

 

Observaciones:

1ª)
La pregunta dio en el blanco: aún cuando vayan a ser muchos los que quieran decir la Misa Tradicional, siempre serán bienes particulares frente al bien común de salvaguardar la pureza de la Fe y la liturgia.

La respuesta del Padre Bouchacourt no contesta: la cantidad nunca va a justificar que la Fraternidad haya puesto en juego la doctrina; o que haya dejado pasar errores; o que los haya afirmado.

 

2ª) Esos sacerdotes modernistas, ¿serán reordenados «sub conditione»?

Les aconsejo a los fieles de los prioratos que antes de confesarse, se fijen quién es el Padre que está sentado en el confesionario. No sea que después tengan dudas sobre si realmente la confesión fue válida porque era un sacerdote «tradimoderno».

 

3ª) Supongamos que sí sean sacerdotes:

¿Qué hacemos con toda la (de)formación, la mentalidad, el lenguaje y la «espiritualidad» modernista que bebieron en sus parroquias, en sus seminarios y en sus años de apostolado? ¿Acaso con ponerles una sotana y enseñarles a decir «Dominus vobiscum» ya se transformaron en sacerdotes tradicionales?

Cuando le pregunté al Padre Bouchacourt acerca del Padre NN, me respondió que «en el IVE les dan buena formación, son tomistas, este Padre reaccionó contra las fallas del IVE y leyó los Iesus Christus».

Luego, hablando con este Padre me dijo que había estado 3 meses en el Seminario de La Reja y ya lo mandaban a un priorato.

Evidentemente, hay que ser bueno y querer ayudar, de acuerdo. Pero para el Padre Bouchacourt (responsable del Distrito) y Monseñor de Galarreta (responsable del Seminario), esos 3 meses eran suficientes para lograr sacarle el modernismo que tuviera y enseñarle Liturgia, Sagrada Escritura, Filosofía, Dogma, Moral, Derecho Canónico…

Si es así: los que entran a la Fraternidad, ¿para qué tienen que hacer 6 años de seminario? A partir de ahora: a todos los tengan vocación les conviene que vayan a un seminario modernista (van a pasarla mejor) sea del Buen Pastor, sea en el Instituto Cristo Rey o en el IVE, por ejemplo.

Si en el IVE los forman para ser sacerdotes del N.O.M., ¡no importa! Si les enseñan que el ecumenismo está bien, ¡no importa! Si publican artículos pretendiendo defender la validez del tono narrativo en el Novus Ordo, tampoco importa. Si en el IVE usan la autoridad de Santo Tomás para defender el N.O.M., tampoco importa. Al contrario: sería una prueba de que son tomistas… Luego leen algunos Iesus Christus, pasan 3 meses en La Reja, ¡y listo!

¡Lástima que Monseñor Lefebvre no tuvo como asesor a un Padre Bouchacourt cuando lo fueron a ver Paul Aulagnier, Bernard Tissier de Mallerais y otros! Se hubiera ahorrado tener que fundar Ecône, ser suspendido «a divinis», pelearse luego con el «bien intencionado» Cardenal Ratzinger, que le pusieran el estigma de una excomunión y varios dolores de cabeza más. Ciertamente Monseñor Lefebvre era demasiado duro, sin caridad y con «celo amargo en los escritos, sermones y conversaciones».

 

) «Esta pequeña ola, este primer paso es un hecho.«

Respuesta: esto es un primer paso, ¿pero en qué dirección? De parte de Roma: ¿es un primer paso para volver a la Tradición? ¿Acaso Benedicto XVI dio muestra de querer ayudar a la Tradición? ¿Acaso es falso que Benedicto XVI dijera «esto no es una vuelta atrás», «el Concilio y su reforma litúrgica no pueden ponerse en duda»? ¿O a los fieles hay que engañarlos, buscando excusas que disimulen? ¿No hay que decirles la verdad? ¿A los sacerdotes que no están de acuerdo en callar y engañar a los fieles hay que amenazarlos de expulsión de la Fraternidad?

 

5ª)
En la Fraternidad podrían objetar: aunque de hecho no sea lo que busca Roma, «toda la influencia de sacerdotes jóvenes que se convierten» puede obrar como un fermento dentro de la Iglesia.

Respuesta: ¿Dónde está esa ola? ¿Dónde están esas multitudes? ¿En Sudamérica la influencia de 10 sacerdotes va a convertir a la Tradición todo el continente? ¿Esos 10 sacerdotes salidos del modernismo son el equivalente a los 12 Apóstoles confirmados por el Espíritu Santo?

Que Monseñor Fellay y el Padre Bouchacourt dejen de intentar engañar. O de soñar.

 

6ª)
Objeción que podrían poner: «Hay que tener caridad, hay que tratar de ayudar a los jóvenes sacerdotes que, aun estando en el modernismo, quieran conocer la verdad y que quieren aprender la Misa Tradicional».

Respuesta:

En primer lugar: esos 10 sacerdotes modernistas que quieren aprender la Misa Tradicional, ¿quieren aprenderla para salir del modernismo y pasarse a la Tradición? ¿O para usar la Fraternidad a fin de que le enseñe a rezar la Misa y luego irse a una congregación «Ecclesia Dei» o quedarse dentro del modernismo? ¿El Padre Bouchacourt está dispuesto a colaborar con los que traicionaron a Monseñor Lefebvre en 1988, quiere favorecer a los conservadores dentro del modernismo? ¿O realmente quiere ayudar a la Tradición? Entonces que haga bien las cosas.

Por eso, en segundo lugar: por supuesto que hay querer ayudar a todos los que se pueda. Pero siendo sinceros aún con esos sacerdotes y con nuestros fieles. Que sea realmente ayudar:

– antes que nada, me parece que habría que asegurarse que esos sacerdotes abandonen el modernismo (parroquias, seminario, ambiente, etc.). Mutatis mutandis, sería el equivalente a la condición de Monseñor Lefebvre: «El día que Roma abandone el modernismo y vuelva a la Tradición, entonces volveremos a hablar».

 

Cuando el Padre Bouchacourt decía que «abandonar la parroquia, abandonar todo es heroico», ¿está queriendo decir que sería demasiado duro exigirles que abandonen la Iglesia oficial? ¿Quiere justificar que luego de aprender la Misa se queden en dentro de la Iglesia moderna?

 

– luego: habiéndose ya pasado a la Tradición, habría que mandarlos a un Seminario de la Fraternidad para sacarles todo el modernismo que se les haya impregnado. Y darles buena formación. ¿Con 3 meses ya es suficiente?

– finalmente: antes de mandarlos a un priorato tendrían que reordenarlos bajo condición. En la Fraternidad, ¿pueden permitirse siquiera la duda de que no sean sacerdotes? En los sacramentos hay que ser tucioristas. Con mayor razón en el caso del sacerdocio: si la ordenación sacerdotal que habían recibido llegara a ser inválida, ¿cuántas consecuencias tiene? En la Fraternidad, ¿se van a entremezclar sacerdotes dudosos con sacerdotes seguros, formados y ordenados en la Tradición?

 

7ª)
Para terminar voy a dejar que responda el sentido común de un simple fiel. Se trata de un feligrés de Chile, que me envió un correo el 23 de junio de este año.

Es verdad que no tiene en cuenta las fallas que remarco en los puntos anteriores, sino que se limita a que aprendan a celebrar la Misa Tradicional. También es cierto que no está bien que un simple fiel haya intentado enseñarle la Misa a un «sacerdote» modernista: un laico no tiene la capacidad ni le corresponde tener que hacer eso.

Pero aquí lo importante es ver cómo un simple fiel se ve obligado a comprobar que para reciclar a un modernista es necesario mucho más que enseñarle el rito tradicional. Así, solamente el sentido común de un feligrés prueba la falsedad del Superior de Distrito de Sudamérica.

 

«Muy apreciado padre Turco:

«Agradecido por mantener esta comunicación, con este simple fiel. Gracias por su confianza y gracias, también, por ilustrarme respecto de la situación que se vive hoy al interior de la Fraternidad, situación que, como Ud. comprenderá, no puede dejarme indiferente. Insisto: sin la Fraternidad, la Tradición pierde a su más sólido baluarte y, sin ella, ¿a dónde nos vamos los laicos tradicionalistas de Chile?

«Yo intenté ayudar al Padre — a celebrar la verdadera Misa, cosa en la que él estaba (y sigue estando) muy interesado; sin embargo y a pesar de sus excelentes intenciones, es extremadamente difícil conseguir que un sacerdote formado en la Misa nueva, adquiera los conocimientos y las destrezas necesarias para celebrar el recto rito católico. A los casos como de él, sólo les veo un camino, si es que verdaderamente desean celebrar el auténtico rito católico: ingresar a una congregación en la que maestros idóneos le impartan una enseñanza formal y les ayuden a erradicar los vicios de la Misa nueva, vicios que no se mencionan en ninguna parte y que realmente constituyen trabas importantes en estas materias.

«Y conste que no estoy hablando de sacerdotes modernistas, sino tan sólo de sacerdotes bien inspirados, con escasas trazas de modernismo en sus almas, pero educados por modernistas en los usos modernistas. Hay algo que, aun siendo imperceptible al ojo no entrenado, falla, por una razón muy sencilla: la Misa nueva es burda, tosca, grosera si se quiere y esta tosquedad, esta grosería forma parte integral del rito modernista. A modo de ejemplo: el cuidado con las especies consagradas, la meticulosidad necesaria para no contaminar los dedos que han tocado a Cristo Sacramentado, la capacidad para discernir los errores contenidos en los textos de la Misa Nueva (aquí falta la buena educación del seminario), la escasa capacidad para estudiar los textos, aun si están en nuestro castellano, para seguir fielmente las rúbricas, en la creencia que, como en la MN, los detalles son de poca importancia y un largo etc., están en el alma de la MN y quedan como conductas válidas, si no se ha recibido la buena educación católica. Carecen de un punto de referencia que les muestre la diferencia entre un rito protestante y uno católico. Y conste que estoy refiriéndome a sacerdotes que, de una u otra forma, aun insertos en un medio plagado de modernismo, reniegan de este.

«Cuánto más difícil será convertir a la buena religión a quienes, por muy bien intencionados que sean, llevan en su alma, grabadas a fuego, las señas del modernismo. Dejando de lado la probabilidad de que Nuestro Señor intervenga milagrosamente, cosa que finalmente tendrá que ocurrir, lograr avances en estas materias, es algo bastante utópico, en mi modesta opinión. Me decía, años atrás, un buen sacerdote, que es más fácil convertir a un pagano que a un hereje.

«Creo, en consecuencia, que intentar mediante el diálogo, convertir a la Roma modernista, es un fatigoso e improductivo trabajo. Tal vez alguien podrá objetar que la caridad obliga aun si la meta se avizora como imposible, puesto que Dios puede todo incluso lo imposible, si lo desea. Pero no creo que la caridad obligue a cualquier costo, pues aun si es verdadera caridad, el costo debe pasar la prueba de la prudencia, que no es virtud teologal, pero no por ello deja de ser cardinal.

«Lo terrible, en mi opinión, es que esta tarea está dañando a la Fraternidad- este es el costo-, en sus sacerdotes y en los fieles que les siguen. Probablemente la Fraternidad también esté sufriendo su propia pasión, con su secuela de llagas y magulladuras.

«Ya he recibido numerosos correos de fieles de la Fraternidad que no vacilan en dar a entender que la actual situación les causa profundo malestar y que de encontrar alguna alternativa de acceder a los sacramentos fuera de la Fraternidad, no dudarían en alejarse de ella. No quieren un nuevo Campos ni una Fraternidad del Buen Pastor. Quieren a la misma Fraternidad Sacerdotal San Pío X, pero dando la batalla, sin negociaciones ni transacciones, pura, simple, combativa y vigorosa, tal como la imaginó y concibió Monseñor Lefebvre.

«No me he interesado en sus planteamientos, porque sigo creyendo en que sólo estamos viviendo tiempos difíciles, los cuales en algún momento serán superados. Mientras tanto, sólo resta orar por que las cosas resulten del mejor modo posible.

«No quiero con esto, darle a entender que su alejamiento de la Fraternidad sea un error. Lejos de ello. Creo que, al igual que Ud., en estas materias no caben las conductas políticamente correctas. Yo entro en conversaciones con el adversario, pero no para ceder en mis posiciones, sino para convencer.

«Allí hay una trampa: el nunca desmentido sentido del diálogo post conciliar. Llevado a cabo por un modernista, implica ceder en los puntos doctrinales católicos, a fin de atraer al pagano o al hereje. Para un modernista, el diálogo siempre implica ceder y eso es lo que ellos esperan de la Fraternidad. Que cedamos, que nos entreguemos mansamente en sus manos, con engaños, promesas que después no se cumplen (ha pasado en todas las oportunidades en que algún grupo tradicionalista ha entrado en el diálogo). Contra la Roma modernista, nadie ha ganado, hasta la fecha.

«A la larga, sabemos que la Tradición se impondrá, de eso no tengo ninguna duda, pero no será mediante la transacción ni el «diálogo» al estilo vaticano post conciliar.

«Padre, dado lo difícil que es mantenerse firme bajo las actuales circunstancias, ruego a Dios que le de la prudencia para elegir el camino correcto, la fuerza para mantenerse en el buen sendero y la gracia para vencer los obstáculos. Al final del buen camino, nos espera la gloria del Cielo.

«Rece por mí.

Rezo por usted.

Con cristiano afecto,

 

—-.»

2 comentarios sobre “PADRE JUAN JOSÉ TURCO: LA VERACIDAD DEL P. BOUCHACOURT (TERCERA PARTE)

  1. Padre Turco,

    Una voz de sensatez en este distrito demencial que conduce el traidor bouchacourt, secundado por canallas.

    Cuando esté en Buenos Aires me daría muchísimo gusto visitarlo.

  2. Respecto a la validez de la ordenación de los sacerdotes de la Iglesia Conciliar, transcribo parte de una obra que trata de la validez de las consagraciones episcopales (Sin obispos, válidamente consagrados, no hay sacerdotes válidamente ordenados):

    «Como hemos tratado en las partes que preceden una variedad de temas, ofrecemos entonces un resumen al lector un poco saturado.

    A. Principios generales

    (1) Todo sacramento posee una forma (su forma esencial) que produce el efecto sacramental. Si un cambio substancial de significación es introducido en la forma sacramental por alteración o por omisión de palabras esenciales, el sacramento es inválido (=no tiene efecto, o no produce el efecto sacramental).

    (2) Las formas sacramentales que son de uso aprobado en los ritos orientales de la Iglesia católica son a veces diferentes en cuanto a sus términos de las formas del rito latino. A pesar de esto sus sacramentos son los mismos en cuanto a su substancia, y son luego válidos.

    (3) Pío XII ha declarado que las Santas Órdenes (es decir el diaconado, el sacerdocio y el episcopado) debe de manera unívoca (=sin ambigüedad) significar los dos efectos sacramentales del poder de Orden y de la Gracia del Espíritu Santo.

    (4) Pío XII ha designado como forma sacramental para la colación del episcopado una frase, en el rito tradicional de la consagración del obispo, que expresa de manera no equívoca el poder de orden que el obispo recibe, y la gracia del Espíritu Santo.

    B. Aplicación a la forma nueva

    (1) La nueva forma de la consagración episcopal que Paulo VI ha promulgado, no parece especificar el poder de Orden que se supone que confiere. ¿Puede conferir el episcopado? A guisa de respuesta a esta cuestión apliquemos los principios que hemos expuesto precedentemente.

    (2) La forma, bastante breve, de la consagración episcopal de Paulo VI no es idéntica a las largas formas del rito oriental, y contrariamente a ellas, no menciona en absoluto los poderes sacramentales que pertenecen exclusivamente al obispo (p. ej. ordenar). Las plegarias de rito oriental a las cuales se parece más el Prefacio que encabeza la consagración de Paulo VI, son plegarias no sacramentales para la entronización de los patriarcas Maronita y Sirio, que son ya obispos cuando son designados para este cargo. En resumen, no se puede utilizar el argumento según el cual la forma de Paulo VI habría estado “en uso en dos ritos orientales ciertamente válidos”, y que sería válida por esta razón.

    (3) Diversos textos antiguos (de Hipólito, las Constituciones apostólicas, el Testamento de Nuestro Señor) que comparten ciertos elementos en común con el Prefacio de consagración de Paulo VI, han sido “reconstruidos”, son de procedencia dudosa, y no pueden pasar por haber sido de utilización litúrgica real, etc… No existe ninguna prueba de que jamás hayan sido “aceptados y utilizados en tanto que tales por la Iglesia”. No aportan pues ninguna prueba fiable en apoyo de la validez de la forma de Paulo VI.

    (4) El problema clave de la forma nueva gira alrededor de la expresión Espíritu que hace los jefes (Spiritus principalis en latín). Antes como después de la promulgación en 1968 del rito de la consagración episcopal, la significación de esta expresión suscitaba ya interrogantes sobre el hecho de saber si el sacramento estaría suficientemente significado.

    (5) Dom Bernard Botte, el principal autor del nuevo rito, afirmaba contra viento y marea que en el siglo III, Espíritu que hace los jefes connotaba el episcopado porque los obispos poseen “el espíritu de autoridad” en tanto que “jefes de la Iglesia” spiritus principalis significa “el don del Espíritu propio de un jefe”.

    (6) Esta explicación es falsa y deshonesta. La referencia a los diccionarios, a los comentarios de la Escritura, a los Padres de la Iglesia a un tratado dogmático, y a las ceremonias no sacramentales de investidura en el rito oriental revela que, entre una docena de significaciones diferentes y a veces contradictorias, el Espíritu que hace los jefes no significa específicamente ni el episcopado en general, ni la plenitud de las Santas Órdenes que el obispo posee.

    (7) Antes que se planteara la controversia a este respecto, el mismo Dom Botte admitía que él no veía en qué la omisión de la expresión el Espíritu que hace los jefes cambiaría la validez del rito de consagración.

    (8) La forma nueva no tuvo éxito en satisfacer a los dos criterios exigidos por Pío XII para la forma de las Santas Órdenes. (a) Del hecho de que la expresión el Espíritu de los jefes es susceptible de significar numerosas cosas y personas diferentes, ella no significa de manera unívoca el efecto sacramental. (b) Esta forma carece de términos que aún de manera equívoca, sean susceptibles de connotar el poder de Orden que un obispo posee – a saber “la plenitud o la totalidad del ministerio sacerdotal”.

    (9) Por estas razones, la forma nueva constituye un cambio substancial de la significación de la forma sacramental para la colación del episcopado.

    (10) Como lo hemos ya demostrado, un cambio substancial en la significación de una forma sacramental hace que un sacramento sea inválido.

    C Conclusión: Un sacramento inválido

    En consecuencia, por todas las razones expuestas hasta aquí, una consagración episcopal conferida con la forma sacramental promulgada por Paulo VI en 1968 es inválida.»

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