P. TURCO: NUEVA NOTA SOBRE EL P. BOUCHACOURT

LA VERACIDAD DEL PADRE BOUCHACOURT

Con respecto a la posición de Monseñor Lefebvre hasta 1988

El Padre Bouchacourt, en la conferencia que dio a los fieles en Bogotá, el 5 de junio de este año dijo:

«Eso, ’88. Monseñor había dicho «ahora basta». Hasta ese momento Monseñor quería un acuerdo práctico, hasta ’88. Ahora él nos dijo, «ahora no está posible». Entonces: «Si Roma quiere un acuerdo con nosotros, debemos antes que todo, tocar el fondo del problema. Y el fondo del problema es doctrinal. Eso. Ahora bien: entonces, si hacemos otras visitas a Roma eso portará sobre la doctrina»

Observaciones preliminares:

En una entrevista de marzo de este año, Monseñor Fellay expresó:

«Monseñor Lefebvre, al mismo tiempo que presentaba las principales objeciones a las novedades, –y protestando enérgicamente contra los escándalos que sacudían la Iglesia–, en aquél momento buscaba un acuerdo más bien práctico: él pensaba que Roma podía dejarle hacer «la experiencia de la Tradición» acordándole a la Fraternidad San Pío X una regularización canónica antes que toda discusión de fondo. Después de 1988, él indicó claramente el camino a seguir: llevar la discusión al terreno doctrinal, a la esencia misma de la crisis que hacía tantos estragos».

Con esto, decía que Monseñor Lefebvre al principio buscaba una regularización canónica (algo práctico); y recién después dio prioridad a lo doctrinal. Así, insinuaba que antes de 1988 Monseñor buscaba algo práctico y que recién después se puso totalmente firme en lo doctrinal.

El Padre Bouchacourt en la conferencia que mencioné, ni siquiera lo dice como una insinuación sino que repite empeorando: afirma abiertamente que hasta 1988 Monseñor Lefebvre quería un acuerdo práctico y recién después se pone firme en lo doctrinal.

Afirmar esto «simpliciter» es una calumnia contra Monseñor Lefebvre, cabeza de la resistencia tradicionalista y fundador de la Fraternidad San Pío X. Y si lo dice un Superior de la Fraternidad San Pío X, heredero de Monseñor, es una traición a su Padre espiritual.

Además de los escritos y conferencias en general de aquella época es necesario destacar la conferencia de prensa que Monseñor dio el 15 de junio de 1988 para anunciar públicamente la ceremonia de Consagraciones Episcopales que iba a realizar. Allí cuenta en detalle cómo se fueron dando los hechos y las disposiciones que él iba teniendo. Además, explica los motivos que lo llevaron a tomar esa decisión. Por eso, es muy importante tener presente lo que Monseñor dice en esta conferencia para aclarar los puntos que podían haber quedado obscuros.

Ahora sí, veamos si lo que dicen Monseñor Fellay y el Padre Bouchacourt es verdad:

1º) Desde el Concilio hasta que anuncia la decisión de consagrar Obispos (el 29 de junio de 1987):

Monseñor Lefebvre siempre tuvo como preocupación las fallas doctrinales modernistas. Recordemos su lucha dentro del Concilio en el «Coetus Internationalis Patrum», toda la oposición al N.O.M., la fundación de la Fraternidad, la famosa declaración de 1974, las primeras ordenaciones en Ecône, todos sus sermones, conferencias, libros…

Todo eso, ¿acaso no fue por motivos doctrinales? ¿Habrá que multiplicar las citas de sermones, declaraciones o libros de Monseñor Lefebvre donde habla acerca de la crisis modernista, de la necesidad de guardar la Fe?

¿Alguna vez el Padre Bouchacourt escuchó a Monseñor Lefebvre? ¿Leyó sus obras, desde «Acuso al Concilio», «Un obispo habla», hasta «Carta abierta a los católicos perplejos»?

La publicación de los dibujos y la reacción contra la reunión ecuménica en Asís, las «Dubia» acerca de la Libertad religiosa… todo eso, ¿según el Padre Bouchacourt era para buscar un acuerdo práctico? ¿Acaso antes de 1988, Monseñor Lefebvre no se preocupó por lo doctrinal?

2º) Desde el primer anuncio público de querer consagrar Obispos hasta las vísperas del Protocolo del 5 mayo1988:

a)
El 29 de junio de 1987 en el sermón de ordenaciones en Écône, Monseñor Lefebvre anuncia públicamente que va a consagrar obispos. Allí comienza el gran revuelo en Roma, que llevará a dar a luz el Protocolo del 5 de mayo.

En ese sermón, Monseñor dice que tiene 2 signos que lo llevan a tomar la decisión de consagrar obispos: en primer lugar la reunión ecuménica de Asís. Y en segundo lugar, la respuesta que recibió de parte de Roma a las «Dubia» sobre la libertad religiosa. E incluso señala que esa respuesta de Roma es peor que la reunión de Asís: porque no es una acción grave, escandalosa, sino «es una toma de posición, es una afirmación de principios; y por lo tanto, es más grave. Una cosa es hacer una acción grave, escandalosa; otra cosa es asumir principios falsos, erróneos, que tienen entonces, en la práctica, conclusiones desastrosas». Continúa destacando las fallas liberales de las autoridades romanas: «y esto es lo que es gravísimo», dice Monseñor Lefebvre.

Luego menciona el escándalo de Asís y la ceremonia budista en la iglesia de Asís. Afirma que todo esto prepara la llegada del Anticristo, por lo que no debemos minimizar el combate apocalíptico que estamos llevando en contra del demonio. Finalmente insiste en que debemos proclamar la verdad, que debemos proclamar el reino social de Nuestro Señor Jesucristo.

En resumen, los motivos que pone para decidirse a hacer esa consagración episcopal son todos de carácter doctrinal: la libertad religiosa, principios liberales, ecumenismo.

b)
Carta del 8 de julio de 1987, dirigida al Cardenal Ratzinger, entonces Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe : en toda esa carta hace mención solamente de los problemas doctrinales a causa del modernismo de la Iglesia oficial.

3º) Inmediatamente antes del Protocolo (abril-mayo de 1988):

El 15 de abril de 1988, unos días antes del Protocolo, Monseñor Lefebvre manda una carta al Cardenal Ratzinger en la cual menciona, incluso en primer lugar, el problema doctrinal y recién después las cuestiones prácticas:

«Eminencia:

Habiendo podido continuar los trabajos de la Comisión encargada de preparar una solución aceptable para los problemas que nos preocupan, parece que, con la gracia de Dios, nos encaminamos hacia un acuerdo, del cual todos nos alegraríamos.

(Menciona en primer lugar) Me permito adjuntar a estas líneas la declaración doctrinal, ligeramente modificada, tal como creo poder firmarla y que espero, sea de vuestro agrado.

(Y recién después) Sin duda, todavía habrá algunas precisiones a agregar al documento canónico para la Comisión romana; a la cual yo desearía, al menos al comienzo, aportar mi colaboración para facilitar las soluciones a los diversos casos de aquellos que estuvieron junto a nosotros durante estos últimos años y que también desean una solución feliz a sus problemas.

(…)»

4º) El Protocolo del 5 de mayo de 1988, en sí mismo:

Se ve igualmente que la primera parte es una Declaración doctrinal y luego trata de las cuestiones jurídicas. Dejemos de lado en este momento si el Protocolo estaba bien: de hecho, Monseñor Lefebvre luego lo rompió, es decir, se arrepintió de haberlo firmado y dejó claro que lo rechazaba. Ahora solamente recalco que Monseñor Lefebvre ponía (y en primer lugar) los asuntos doctrinales:

«I- Texto de la Declaración doctrinal.

Yo, Marcel LEFEBVRE, Arzobispo-Obispo emérito de Tulle, tanto como los Miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X fundada por mí:

(1) Prometemos de ser siempre fieles a la Iglesia Católica y al Romano Pontífice, su Pastor Supremo, Vicario de Cristo, Sucesor del Bienaventurado Pedro en su primado, y Cabeza del Cuerpo de los Obispos.

(2) Nosotros declaramos aceptar la doctrina contenida en el número 25 de la Constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II acerca del Magisterio eclesiástico y la adhesión que le es debida.

(3) Con respecto de ciertos puntos enseñados por el Concilio Vaticano II o concernientes a las reformas posteriores de la liturgia y el derecho, y que nos parecen difícilmente conciliables con la Tradición, nos comprometemos a tener una actitud positiva de estudio y de comunicación con la Sede Apostólica, evitando toda polémica.

(4) Nosotros declaramos también reconocer la validez del Sacrificio de la Misa y de los Sacramentos celebrados con la intención de hacer lo que hace la Iglesia y según los ritos indicados en las ediciones típicas del Misal Romano y de los Rituales de Sacramentos publicados por los Papas Pablo VI y Juan Pablo II.

(5) En fin, prometemos respetar la disciplina común de la Iglesia y las leyes eclesiásticas, especialmente aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico promulgado por el Papa Juan Pablo II, dejando a salvo la disciplina especial concedida a la Fraternidad por una ley particular.

II- Cuestiones jurídicas.

Teniendo en cuenta el hecho de que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, desde hace 18 años, fue concebida como una sociedad de vida común −y a partir del estudio de las proposiciones formuladas por S.E. Monseñor Marcel Lefebvre y de las conclusiones de la Visita Apostólica efectuada por Su Eminencia el Cardenal Gagnon−, la figura canónica que se adapta mejor es la de una Sociedad de vida apostólica.

(Y luego continúan los 6 parágrafos de esta parte canónica)

1. SOCIEDAD DE VIDA APOSTÓLICA.

2. COMISIÓN ROMANA.

3. CONDICIÓN DE LAS PERSONAS UNIDAS A LA FRATERNIDAD.

4. ORDENACIONES.

5. PROBLEMA DEL OBISPO.

6. PROBLEMAS PARTICULARES (a resolver por decreto o declaración).»

¿Es esto «un acuerdo más bien práctico» como dijo Monseñor Fellay?

No: primero, en primer lugar, es doctrinal; luego, en segundo lugar, baja a las cuestiones prácticas.

5º) Al romper el Protocolo del 5 de mayo de 1988:

Es el momento más difícil.

Como cuenta Monseñor Tissier de Mallerais en su Biografía de Monseñor Lefebvre: ese mismo día 5 de mayo al mediodía, Monseñor Lefebvre todavía no se decidía a firmar. Los Padres que estaban con él (el mismo Padre Tissier de Mallerais, el Padre Schmidberger y otros) le insistían en hacerlo.

Es decir: hasta unas horas antes, Monseñor Lefebvre no quería firmar porque siempre desconfiaba de la Roma modernista. Sin embargo esa tarde pone su firma en el Protocolo.

Entre la tarde y la noche de ese mismo día Monseñor Lefebvre se echa para atrás y escribe la carta para el Cardenal Ratzinger que entregará al día siguiente. ¿Por qué lo hizo, por qué rompió el Protocolo que había firmado? En la carta que le envía al Cardenal Ratzinger el día seis, pone como motivo que de parte de Roma dilataban la fecha de Consagración episcopal. ¿Fue solamente por eso? Estamos en el centro de la cuestión.

Para saber realmente qué fue lo que llevó a Monseñor Lefebvre a romper el Protocolo que acababa de firmar, aquí más que nunca es necesario tener presente lo que Monseñor mismo va a declarar en la Conferencia de Prensa del 15 de junio. Y va a decir expresamente los motivos que tuvo:

«Primero firmó el Cardenal Ratzinger, yo firmé el 5 de mayo en Albano. El protocolo estaba firmado. La prensa anunció: acuerdo entre Monseñor Lefebvre y el Vaticano. Paree que las cosas se arreglan, que todo se va a arreglar. Personalmente, como les he dicho, yo andaba con desconfianza. Siempre tuve un sentimiento de desconfianza y debo confesar que siempre pensé que todo lo que hacían era para lograr reducirnos y que aceptáramos el Concilio y las reformas postconciliares.

Entonces Monseñor cuenta cómo el Cardenal Ratzinger le insiste en aceptar el Concilio:
En el transcurso de todas estas conversaciones nos dimos cuenta de que había un deseo y una voluntad de encauzarnos hacia el Concilio. Bien. A pesar de todo he firmado y he procurado mostrar buena voluntad pero desde el día en que decidimos firmar pregunté al Cardenal Ratzinger respecto al obispo:
(aquí Monseñor cuenta cómo el Cardenal Ratzinger le va posponiendo la fecha de las consagración episcopal: 30 de junio, 15 de agosto, 1 de noviembre, y finalmente:) -¿Para Navidad? -No se lo puedo decir.

Entonces me dije: Se acabó, ya entiendo. Nos quieren embaucar, se acabó, ya no me fío. Tenía razón en no fiarme, porque nos la están jugando. He perdido totalmente la confianza. Y ese mismo día, el 5 de mayo, he escrito una carta al Papa y una carta al Cardenal Ratzinger, diciendo: Esperaba haber llegado a un resultado, pero creo que se ha terminado. Nos damos perfecta cuenta de que de parte de la Santa Sede hay una voluntad de someternos a su querer y a sus orientaciones. Es inútil continuar. Estamos totalmente opuestos el uno al otro

De este texto destaco cómo Monseñor muestra que el problema no era algo práctico: consagrar obispo en tal o cual fecha; sino que eso fue lo que le hizo darse cuenta que de parte de Roma querían engañarlo para que terminara aceptando al Concilio, las reformas y las orientaciones modernistas. Y aprovecho también para señalar que el que estaba tratando con Monseñor Lefebvre y que intentó engañarlo era el Cardenal Ratzinger, que actualmente es el supuesto pro-tradicionalista «bien intencionado» Benedicto XVI.

6º) Inmediatamente después de romper el Protocolo:

Monseñor Lefebvre presenta las razones que tuvo para hacerlo. Si bien hace mención de la dilación de la fecha de Consagración Episcopal, sin embargo se ve que en el fondo siempre mantiene la preocupación por los problemas de Fe: el rechazo del modernismo (de Roma en particular y de la Iglesia oficial en general).

a)
El 20 de mayo, Monseñor envía a Juan Pablo II una carta donde deja en claro su preocupación por evitar los errores modernistas. De allí su rechazo a depender de obispos de la Iglesia oficial que, aunque fuesen conservadores,

«estos Obispos tendrán enormes dificultades en la realización de su apostolado y serán obligados a manifestar su adhesión al espíritu moderno por medio del ecumenismo, el carismatismo, para calmar sus espíritus.

Sus seminarios, aun cuando mantengan una cierta disciplina y la piedad más grande, estarán empapados de ese espíritu moderno y difícilmente contribuirán a la verdadera renovación de la Iglesia.

La futura renovación no podrá alcanzarse si no es por medio de Obispos que tengan libertad de acción para revivir la fe y la virtud cristiana por los medios que Nuestro Señor confió a Su Iglesia para la santificación de los sacerdotes y los fieles.

Únicamente un medio totalmente libre de los errores modernistas y de las costumbres modernas pueden permitir esta renovación.»

Aquí Monseñor Lefebvre deja claro que el problema de tener obispos no era un asunto práctico, sino doctrinal: no podía quedar sometido a la voluntad de obispos que le impondrían las ideas y el espíritu modernistas a la Fraternidad.

b)
El 30 de mayo de aquél año, Monseñor Lefebvre hace una reunión con todos los Superiores tradicionalistas, en el Priorato de Notre-Dame du Pointet, a fin de decidir la situación. Aunque algunos intentaron que continuara con lo pactado, Monseñor insistía en la importancia de preservar la Fe. Monseñor Tissier de Mallerais en su Biografía de Monseñor Lefebvre, cuenta al respecto:

«Monseñor Lefebvre, habiendo expuesto objetivamente las ventajas y desventajas del acuerdo, termina mostrando hacia donde se inclina la balanza. El principio es luminoso:

«¡Estar unidos a la Roma modernista no es nada al lado de la preservación de la Fe! (…) Luego de consultar, Monseñor Lefebvre debe decidir. Así lo manda la virtud de la prudencia: ser lento en el consejo y rápido en la decisión. Esta decisión la tomará él solo. El Vaticano pensará que está «prisionero de su entorno» y rápidamente le enviará un gran Mercedes a Ecône para sustraerlo a sus supuestos carcelarios.

−«Es increíble –dirá él−, que siempre se invoque la influencia de los que me rodean, cuando fui yo el que tuve que sostenerlos para llegar a las consagraciones»

Es verdad: ni el tenaz Schmidberger, ni el efervescente Aulagnier estaban a favor de ellas.»

c)
El 2 de junio le escribe una carta al Papa donde le pone su decisión definitiva, diciendo las razones. Leamos el relato de Monseñor Lefebvre en la Conferencia del 15 de junio:

«Todo lo que se había dejado de lado, ahora nos lo ponían delante. Los enredos en que ahora nos ponían manifestaban que no había buena voluntad hacia nosotros y que el único deseo de la Santa Sede era llevarnos al Concilio y a sus reformas. Por eso les hemos entregado la carta que definitivamente escribí al Papa el 2 de junio: «Santísimo Padre, los coloquios y las entrevistas con el Cardenal Ratzinger y sus colaboradores, aunque se hayan realizado en una atmósfera de cortesía y caridad, nos han convencido de que el momento de una colaboración franca y eficaz todavía no ha llegado», teniendo en cuenta que el fin de esta reconciliación, no es en absoluto el mismo para la Santa Sede y para nosotros. Y añadía: «Por eso nosotros mismos nos daremos los medios de continuar la Obra que la Providencia nos ha confiado».

En ese texto se ven una vez más las razones que lo llevaron a cortar con todas esas conversaciones: negarse a aceptar las reformas y el Concilio. ¿Es este un motivo práctico o es doctrinal?

d)
El 15 de junio de ese año da la conferencia de prensa donde cuenta cómo se desarrolló todo. Cuando uno lee esas 9 páginas a dos columnas, uno se da cuenta que Monseñor Lefebvre siempre desconfiaba de Roma porque veía que seguía siendo modernista y que querían llevarlo a aceptar el modernismo: «Ese es el problema de fondo, el de una oposición formal, profunda y radical contra las ideas modernas y modernistas que se difundieron a través del Concilio». Si «hemos querido guardar el contacto con Roma era en espera de que la Tradición volviera a gozar un día de sus derechos. Pero fue un esfuerzo fallido«.

7º) En la consagración de los 4 Obispos de la Fraternidad:

Así llegamos al día mismo de la consagración de los obispos, el 30 de junio. Todo el sermón de ese día muestra su preocupación por salvar la Fe. E incluso vuelve a decir explícitamente por qué cortó con Roma:

«Nos encontramos frente a un caso de necesidad. Hemos hecho todo lo posible para intentar que Roma comprenda que es necesario volver a aquella actitud del venerable Pío XII y de todos sus predecesores. Hemos escrito, fuimos a Roma, hablamos. Monseñor de Castro Mayer y yo mismo muchas veces enviamos cartas a Roma. Por medio de esos coloquios, por esos medios intentamos que Roma llegue a comprender que desde el Concilio este «aggiornamento», este cambio que se produjo en la Iglesia no es católico, no está de acuerdo a la doctrina de siempre de la Iglesia. Este ecumenismo con sus errores, esta colegialidad, todo esto es contrario a la Fe de la Iglesia y está en tren de destruir a la Iglesia.

(…) No podemos ponernos bajo esta autoridad pues, evidentemente, quedaríamos bajo la autoridad del Cardenal Ratzinger, presidente de esa Comisión que debía dirigirnos. Nos ponemos en sus manos y, en consecuencia, en las manos de aquellos que quieren conducirnos al espíritu del Concilio y al espíritu de Asís. No es posible.»

Objeciones que se podrían hacer:

1º Objeción: Monseñor Lefebvre rompió con el Protocolo del 5 mayo 1988 porque no le concedían el Obispo y porque de parte de Roma insistían que la Comisión canónica tuviera mayoría de miembros modernistas. Así se ve que, si Monseñor Lefebvre reaccionó, no fue por motivos doctrinales sino por cuestiones prácticas. Entonces, sería cierto que hasta 1988 lo que le importaba a Monseñor Lefebvre era un acuerdo práctico, como dice el Padre Bouchacourt.

Respuesta:

1. Todas las citas de escritos, declaraciones, conferencias y sermones mencionados más arriba.

2. Monseñor Lefebvre parecía preocupado por temas prácticos en general: pero eso no era el problema de fondo.

Al mismo tiempo de ser un Obispo preocupado por la Fe, Monseñor Lefebvre era un hombre con los pies sobre la tierra. Por eso cuando intentó conversar con Roma, además de los principios doctrinales también se preocupaba de cómo serían solucionados los problemas prácticos. Pero lo que más le importaba era lo doctrinal como se ve en los textos a los que hice alusión más arriba.

Si bien en esos meses de 1988 Monseñor Lefebvre insistía en los puntos prácticos (cantidad de Obispos a consagrar, fecha de la consagración, cantidad de miembros de la Tradición que formaran parte de la Comisión que se establecería en Roma), sin embargo eso no era el motivo de fondo que lo llevó a romper el acuerdo con Roma. Monseñor Lefebvre lo dice expresamente en la conferencia del 15 de junio de aquél año:

«Se podría pensar: usted tenía un obispo, ya está bien. Usted podía haber tenido algunos miembros más en el consejo romano. Pero no es esto lo que nos interesa. Es el problema de fondo, el que está siempre detrás de nosotros y nos asusta. No queremos ser colaboradores de la destrucción de la Iglesia. Mi libro Carta abierta a los católicos perplejos lo terminé con estas palabras: «No quiero que cuando Dios me llame me diga: ¿Qué has hecho en la tierra? Tú también has contribuido a demoler la Iglesia». Los que la destruyen son aquellos que difunden las ideas demoledoras de la Iglesia y que fueron condenadas por mis predecesores. Este es el fondo de los acontecimientos, acontecimientos que vamos a vivir en estos días.«

3. Asuntos prácticos particulares: el problema de la cantidad de obispos a consagrar. Si Monseñor Lefebvre se preocupaba por el problema de los obispos esto era porque son el medio indispensable para la supervivencia de la Tradición. ¿Y esto para qué? ¿Para tener un beneficio práctico? No: quería los obispos para que se salvara la Tradición, para que continuaran manteniendo la Doctrina segura, la Fe de siempre, oponiéndose a los errores modernistas. Por eso: en última instancia, lo que siempre le preocupaba era mantener la Fe.

4. Otro problema práctico: la fecha de las consagraciones. Por eso: si bien lo que hizo reaccionar a Monseñor Lefebvre fue el hecho de que el Cardenal Ratzinger le dilataba sin razón la fecha de consagración de Obispos, al cotejar esto con todas sus declaraciones se ve que en realidad eso no fue el motivo de fondo sino solamente el detonante o medio que le sirvió a Monseñor para comprobar que «no ha llegado la hora de una colaboración franca», «Roma no busca lo mismo que nosotros».

Es decir: detrás del problema puramente práctico de la fecha, Monseñor Lefebvre veía que en realidad Roma no se había convertido, que había una trampa y que era un suicidio pactar con el Cardenal Ratzinger. Y es por ese motivo que reaccionó inmediatamente, anulando ese mismo día el Protocolo que había firmado.

5. Otro asunto práctico particular que salió a relucir fue lo de tener la mayoría en la Comisión Romana que se iba a formar. Si Monseñor Lefebvre rechazó la propuesta de Roma, no fue por la simple cuestión de números, sino porque la parte romana era modernista.

Además: el que iba a quedar como presidente de esa Comisión era el Cardenal Ratzinger. Y Monseñor Lefebvre tenía bien claro que no podía ponerse en las manos de alguien como ese Cardenal, quien buscaba hacernos aceptar el modernismo (como ya vimos que dijo expresamente en el sermón del día de las Consagraciones). Al que le queden dudas de eso que lea la conferencia de prensa de Monseñor Lefebvre, el 15 de junio de 1988.

2º objeción: hay una carta que no se mencionó antes. Es la carta del 6 de mayo que le manda al Cardenal Ratzinger para anular el Protocolo. Allí Monseñor dice que había firmado con satisfacción el Protocolo y luego habla solamente del problema práctico de la fecha de consagración de Obispos. Por lo tanto: podrían insistir que Monseñor Lefebvre en lo doctrinal estaba de acuerdo con ese Protocolo y lo único que lo hizo reaccionar fue el problema práctico de la fecha de consagración episcopal. El texto de la carta es el siguiente:

«6 de mayo de 1988.

Eminencia:

Con real satisfacción firmé ayer el protocolo elaborado los días precedentes. Pero Usted mismo pudo apreciar mi profunda decepción al leer la carta que me remitió, donde me daba la respuesta del Santo Padre con respecto de la consagración episcopal.

Remitir la consagración episcopal prácticamente a una fecha posterior no fijada, equivaldría a postergar por cuarta vez las consagraciones. En mis cartas precedentes estaba notoriamente indicado el 30 de junio como la fecha límite.

Le he remitido un primer legajo concerniente a los candidatos; quedan todavía casi dos meses para establecer el mandato.

Dadas las circunstancias particulares de esta propuesta, el Santo Padre fácilmente podrá abreviar el proceso para que el mandato nos sea comunicado a mediados de junio.

Si la respuesta fuese negativa me vería obligado en conciencia a proceder a las consagraciones fundamentándome en que, en el Protocolo, la Santa Sede había dado la aprobación para consagrar un obispo miembro de la Fraternidad.

Las reticencias que me expresa por escrito o de palabra con respecto a la consagración episcopal de un miembro de la Fraternidad, me hacen temer legítimamente otras postergaciones. Todo está preparado para la ceremonia del 30 de junio: las reservas en los hoteles, los medios de transporte, el alquiler de inmensas carpas para la ceremonia.

La decepción de nuestros sacerdotes y fieles sería muy grande. Todos desean que esta consagración se realice con el acuerdo de la Santa Sede pero, estando ya decepcionados por los retrasos anteriores, no comprenderían que aceptase un nuevo aplazamiento. Ellos son conscientes y desean más que nada tener verdaderos obispos católicos que les transmitan la verdadera fe y les comuniquen con seguridad las gracias de salvación que aspiran para sí mismos y para sus hijos.

Con la esperanza que esta solicitud no será un obstáculo irreductible para la reconciliación en curso, le ruego, Eminencia, reciba mis sentimientos respetuosos y fraternales in Christo et Maria.

+ Marcel Lefebvre.

Antiguo Arzobispo emérito de Tulle.

Respuesta: no había mencionado esta carta a propósito, para comprenderla mejor, una vez que se vieran todos los textos.

1.
Con respecto a que reaccionó solamente por motivos prácticos: releer todo lo puesto en la respuesta anterior.

2.
Con respecto a que en lo doctrinal estuvo de acuerdo con lo firmado en el Protocolo: Monseñor Lefebvre, tanto antes como después del Protocolo de 1988 siempre dejó en claro que la crisis actual en la Iglesia es una crisis contra la Fe. Por eso, lo que interesa en esta lucha es mantener la doctrina de siempre. Y que, entre Ecône y Roma siempre estaba «el problema de fondo, el de una oposición formal, profunda y radical contra las ideas modernas y modernistas que se difundieron a través del Concilio», como dijo Monseñor expresamente en la conferencia del 15 de junio de aquél año.

Entonces: si en esta carta del 6 de abril Monseñor Lefebvre dice que «con real satisfacción firmé ayer el protocolo elaborado los días precedentes», puedo permitirme pensar que fue una falla lamentable a causa de intentar usar un lenguaje diplomático.

Ya sabemos para qué sirven las debilidades diplomáticas cuando ponen en juego la doctrina: para nada. O mejor dicho: para tener un traspié.

Conclusión:

Monseñor Lefebvre siempre luchó por guardar la Fe.

Cuando comienzan los contactos con Roma en 1987, es el Cardenal Ratzinger quien empieza a mencionar las cuestiones prácticas en la carta del 28 de julio de aquel año: el status canónico de la Fraternidad, las relaciones de la Fraternidad con los Obispos diocesanos. De parte de Monseñor Lefebvre se ve que responde también a esos temas, pero manteniendo siempre su preocupación por las cuestiones de Fe, por lo doctrinal. E incluso, se ve que le da la prioridad mencionándolas siempre primero; y manteniendo las razones de Fe como la base de sus decisiones.

Cuando firma al Protocolo del 5 de mayo, podríamos pensar que Monseñor Lefebvre, queriendo llevar al extremo un acuerdo doctrinal y práctico haya aflojado demasiado. Pero inmediatamente se arrepintió y se echó para atrás.

Ahora bien: decir que antes de 1988 no buscaba mantener la doctrina sino un acuerdo práctico, eso no puede ser.

Pienso que queda claro que Monseñor Lefebvre, antes, durante o después del Protocolo de 1988, siempre tuvo como preocupación el mantener la doctrina tradicional.

Y que cada vez que tuvo que tratar con las autoridades romanas o cuando se vio obligado a romper con las conversaciones, fue asimismo por salvar la Fe frente al modernismo.

¿O acaso podemos pensar que una persona como Monseñor Lefebvre después de 25 años de lucha contra los modernistas por mantener la pureza de la Fe, de pronto en 1988 se olvida de todo eso y se preocupa solamente de un status jurídico y de conveniencias prácticas?

Aunque más no sea atreverse a insinuar eso, aun con el traspié que haya tenido, siempre es una injuria al que fue el paladín de la resistencia contra el modernismo en la Iglesia.

Es increíble que Monseñor Fellay, quien recibió de Monseñor Lefebvre el episcopado y es el Superior de la Fraternidad fundada por él, se atreva, aunque más no fuese, a insinuar una falsedad tal de su padre espiritual.

Y es increíble también que el Padre Bouchacourt haga, no ya una insinuación, sino la afirmación directa de esa calumnia contra el Fundador de la Fraternidad.

Es increíble que el honor de Monseñor Lefebvre esté siendo manchado por un Superior de Distrito de la Fraternidad San Pío X.

Después de recordar todos estos textos y declaraciones de Monseñor Lefebvre, ¿podemos seguir diciendo que lo que buscaba era un acuerdo práctico y no doctrinal?

¿Será que el Padre Bouchacourt no conoce todo esto?

¿O es que no hay que decírselo a los fieles?

¿O dice estas falsedades para justificar que ahora Monseñor Fellay, en estas tratativas con el modernista Benedicto XVI, está buscando un acuerdo práctico?

Padre Juan José Turco

6 comentarios sobre “P. TURCO: NUEVA NOTA SOBRE EL P. BOUCHACOURT

  1. La destrucción de la obra de Mons. Lefebvre: fragmento de noticia leída en el sitio Virgo- María.org:

    El padre de Cacqueray prohibe al padre Gendron (FSSPX) decir la misa en la capilla del antiguo chofer de Mons. Lefebvre… ¡y este tartufo pide a los fieles “recibir fácilmente los sacramentos” durante el verano! ¿Se burla de Dios?

    Max Barret, antiguo chofer de Mons. Lefebvre, denuncia el encarnizamiento del Padre de Cacqueray contra él y los fieles de la parroquia tradicional de Dombes que él ha fundado: El padre de Cacqueray hizo tomar las armas al padre Jacques Laguérie para prohibir al padre Gendron que diga la misa en la capilla de Max Barret. El padre Gendron (FSSPX), enfermo y cuidando caritativamente a su madre y su hermanas enfermas, que celebraba el Santo Sacramento de la Misa fue conminado a no poner más los pies allí. Un tal odio de parte del superior del Distrito de Francia respecto a un fiel histórico de Mons. Lefebvre tiene algo de totalmente extraño a la Iglesia Católica, y se parece mucho más al odio masónico hacia todo lo que es católico y que lo simboliza. Parece que el padre de Cacqueray no soportaría que Max Barret haya denunciado las infiltraciones gnósticas y de la “Nueva Derecha” en la cabeza del Distrito de Francia…

    1. Estimado Frederico,
      Estoy de acuerdo contigo: la actitud del Padre de Cacqueray es muy injusto, pero me gustaría aclarar dos cosas. De acuerdo con el desarrollo publicado por Max Barrett, 17 de julio, y adjuntar una copia, el padre Gendron (una vocación en la parroquia!) no tienen derecho a celebrar la misa en la capilla pero todavía se celebra la Misa por otros sacerdotes o monjes Morgon (contrariamente a lo que se ha publicado en Internet). Los ataques del superior del Distrito de Francia se dirigía exclusivamente contra el mismo Max Barrett y no contra los fieles de esta parroquia «que en su mayoría no leen Tíquico correo (ver al Sr. Barrett).
      Por favor, disculpe mi español. Pierre de France

      Cher Frederico,
      Je suis d’accord avec vous : l’attitude de l’Abbé de Cacqueray est profondément injuste mais je voudrais préciser deux choses. D’après la mise au point publiée par M. Max Barret, le 17 juillet, et dont je joins une copie, le Père Gendron (une vocation de la paroisse !) n’a pas eu le droit de célébrer la messe dans la chapelle mais la messe y est toujours célébrée par d’autres prêtres ou les moines de Morgon (contrairement à ce qui a été publié sur Internet). Quant aux attaques du supérieur du district de France elles sont dirigées uniquement contre Max Barret lui-même et non contre les fidèles de cette paroisse « qui pour la plupart ne lisent pas le courrier de Tychique » (cf M. Barret). Veuillez excuser mon espagnol. Pierre de France
      COPIE : Le Courrier de Tychique
      Mise au point
      On vient de me signaler la publication de « Virgo Maria » du 16 juillet 2010 dont je reproduis,
      ci-dessous, un passage :
      « Max Barret, ancien chauffeur de Mgr Lefebvre, dénonce l’acharnement de l’abbé de Cacqueray contre lui-même et
      les fidèles de la paroisse de Bourgogne qu’il fréquente ( 1 ). L’abbé de Cacqueray a fait monter l’abbé Laguérie au
      créneau pour priver toute la paroisse de Max Barret ( 2 ) de sacrements en interdisant à tout prêtre d’y dire la messe
      ( 3 ) . L’abbé Gendron (FSSP X) malade et secourant charitablement sa mère et sa soeur malades qui assurait la
      distribution des sacrements ( 4 ) est sommé de ne plus y mettre les pieds ( 5 ) Une telle haine de la part du
      Supérieur du District de France à l’égard d’un fidèle historique de Mgr Lefebvre a quelque chose de tout à fait
      étranger à l’Eglise catholique, et s’apparente plutôt à la haine maçonnique pour tout ce qui est catholique et qui le
      symbolise. Il apparaît que l’abbé de Cacqueray ne supporterait pas que Max Barret ait dénoncé les infiltrations
      gnostiques et de la « Nouvelle Droite » à la tête du District de France (…)
      « C’est l’abbé Jacques Laguérie, dont le beau-frère est pseudo-« évêque » conciliaire qui est intervenu pour interdire
      aux prêtres de la FSSP X de donner les sacrements à Max Barret ( 6 ) »
      C’est n’importe quoi !
      + + + + + + + + + + + +
      ( 1 ) « Paroisse de Bourgogne » ? Non : des Dombes (Paroisse de St Vincent de Paul). « Que je fréquente » ? Je fais un
      peu plus que la fréquenter…
      ( 2 ) « Ma paroisse » ? Non ! Celle d’une forte communauté de fidèles, dont beaucoup ne lisent ni « Virgo Maria » ni
      « Le Courrier de Tychique » !
      ( 3 ) « interdisant à tout prêtre d’y dire la messe » ! C’est totalement faux. La messe y est toujours célébrée.
      ( 4 ) L’abbé Gendron n’assurait pas la distribution des sacrements dans cette chapelle. Il y célébrait seulement la
      messe de façon très épisodique, lorsqu’il venait visiter et secourir sa mère et sa soeur malades (à une dizaine de km de
      la Chapelle) ce qui, bien entendu, nous comblait d’aise et constituait pour lui (une des vocations de cette chapelle) une
      agréable reprise de contact avec les fidèles. Mais il vrai qu’une telle sanction est inexplicable, injustifiable et pour le
      moins peu charitable…
      ( 5 ) C’est exact.
      ( 6 ) Totalement faux ! Personne dans la chapelle n’a été privé des sacrements, pas plus Max Barret que les
      autres fidèles. Deo gratias !
      Une fois de plus, les rédacteurs de« Virgo Maria » s’approprient un texte qu’ils dénaturent complètement. Ce
      faisant ils discréditent leurs publications. C’est regrettable car ils fournissent parfois de bonnes
      informations… qu’il va falloir désormais vérifier sérieusement.
      Je tenais à rétablir la vérité telle qu’elle est réellement et telle qu’elle peut être
      vérifiée par n’importe qui. Il suffit de venir assister à un office.

  2. Ave Maria!

    El P. Turco demuestra con abundantes pruebas lo que sabe todo católico que ha seguido la trayectoria de Mons. Lefebvre.

    Desgraciadamente, el número de esos católicos ha disminuído mucho por razones naturales y gran parte de los que quedan han perdido vigor. No es que quiera decir que únicamente las personas mayores pudieron seguir la trayectoria de Monseñor, pero la inmensa mayoría de los jóvenes «tradicionalistas» (muchos pertenecientes a las generaciones de Acuario) no vivieron los años de lucha e incluso algunos ya han nacido y crecido siendo «tradicionalistas».

    Uno pudiera preguntarse si acaso no sería esa la apuesta de los enemigos de la Iglesia: esperar la llegada de generaciones que no han podido ejercitar su espíritu de lucha y la disminución de quienes si lo han ejercitado.

    Y si no, ¿por qué esperar 40 años para permitir la Misa Tridentina (aunque sea contaminada y con limitaciones)? ¿Por qué esperar tanto tiempo para dar lugar a las discusiones doctrinales entre la FSSPX y Roma?

  3. Ave Maria!

    Policarpo y otros fieles que son atendidos por los padres de la FSSPX: ¿podrían preguntar a esos padres cómo se explican esos comentarios del P. Bouchacourt y del mismo Mons. Fellay?

    Quizá así podrían arrojar algo de luz sobre esto que parece una traición de algunos superiores de la Fraternidad…

    O quizá cayeran en cuenta de lo que para muchos otros es evidente…

    Gracias de antemano.

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