ANTONIO CAPONNETTO: BODAS DE INFIERNO

BODAS DE INFIERNO

Por Antonio Caponnetto

– I –

En 1967, un par de gemelos univitelinos, varones ambos, fueron llevados al Hospital de Winnipeg, Canadá, cuando  tenían ocho meses de edad.  El propósito de esa visita –corregir una fimosis en los niños- terminó en un drama altamente ejemplificador.

Uno de los gemelos, como consecuencia de una falla técnica en el electro bisturí, acabó con su órgano sexual destruido.

Ante la comprensible desesperación, los padres acudieron al Dr. John Money, entonces un afamado psicólogo neozelandés del Hospital John Hopkins de Baltimore. Money era el director de una clínica especializada en trastornos sexuales y, lo que es más importante, era uno de los principales mentores y promotores de la teoría del género. Su teoría –la misma que prevalece hoy- es que la sexualidad no depende del orden natural sino que se construye y se elige.

Tenía Money la triste pero fabulosa ocasión de probar su postura, pues nunca antes había caído en sus manos un caso así. Alguien nacido varón con un testigo casi clonado, su hermano gemelo, de que genéticamente pertenecía al sexo masculino.  El mundo científico quedó expectante del caso. Lo mismo se diga del “lobby gay”, siempre presuroso por contar con la ciencia para justificar sus perversiones.

El niño fue castrado, se le practicaron las primeras intervenciones para dotarlo de un órgano sexual femenino y comenzó a ser criado como mujer. Sin embargo, su rechazo por la figura de Money, que supervisaba la horrible mutación, fue siempre total y en aumento. Igualmente sucedió con la familia del niño, cuyos padecimientos psicológicos, morales y espirituales causaron gravísimas perturbaciones.

En mayo de 1978, entrando el niño en la pubertad, Money intentó una nueva intervencion quirúrgica, para la que había estado preparando artificialmente el cuerpo del paciente mediante la ingesta de determinadas drogas. A la par que, en cada foro científico del que participaba, exhibía su caso como trofeo del éxito de su perspectiva del género.

El niño se resistió por la fuerza a ser operado. Todo en su ser, en su naturaleza, sentía un inmenso rechazo por lo que le estaban haciendo.  Apareció entonces, providencialmente, la Dra. Mckenty, quien no sólo se puso del lado del niño, sino que le planteó a sus padres la urgente necesidad de que le contaran su verdadera historia, hasta entonces desconocida por la víctima.

Conocida la verdad, no sin sobresaltos, como se comprende, el niño decidió reasumir la identidad masculina que le había sido criminalmente negada. Se bautizó y eligió el significativo nombre de David, en alusión a su lucha desigual y solitaria contra el enorme mal que lo acosaba.

Un equipo de la BBC de Londres siguió el caso de cerca con serios enjuiciamientos de la inconducta del Dr. Money, cuya mendacidad e inescrupulosidad fueron quedando en evidencia. Mucho tuvo que ver en este  desenmascaramiento del degenerado sexólogo, la presencia del Dr. Milton Diamond, quien comprendió –por sentido común y por su propia ciencia médica- que se estaba ante una aberración.

David encaró del mejor modo posible la ardua pero gozosa tarea de reconstituir la natura que le habían negado. Profundamente religioso, le pidió a Dios la gracia de poder ser un buen padre y un buen esposo. Ayudado en el legítimo empeño por su familia, y de un modo muy especial por su hermano gemelo, el 22 de septiembre de 1990, a los 23 años, contrajo matrimonio con Jane, una joven de 25 años, en una iglesia de Winnipeg.

Dio un paso más. Decidido a refutar testimonialmente la criminal perspectiva del género, y siempre con el respaldo de su familia, se puso en contacto con el escritor John Colapinto, a efectos de que su historia fuera conocida por todos. El resultado fue el libro As nature made him. The boy who was raised as a girl, New York, Harper Colins, 2001, de 289 páginas.

El drama y la reacción heroica de David Reiner –cuya historia hoy puede seguirse pormenorizadamente en varios sitios de internet-  sólo permiten extraer un par de conclusiones rotundas, y todas ellas sustentadas en ese inapelable veredicto de la empiria y de las ciencias duras, que suelen ser las únicas creencias de los progresistas promotores del homosexualismo.

-Existe el orden natural. Su negación es demencia, malicia, ceguera ideológica o todo ello combinado. La naturaleza es siempre la naturaleza, y aunque se la expulse por la fuerza, también por la fuerza sabe volver por sus fueros, porque es inderogable.  Fue Horacio, un poeta pagano del siglo primero antes de Cristo, quien supo decirlo taxativamente: “Expulsa a la naturaleza a golpes de horca; ella, porfiada, retornará, e indomable, sin que tú lo sientas, destruirá los hábitos desdeñosos” (Epístolas, I, 10,v.24-25).

-La perspectiva del género es una vulgar mistificación, para encubrir con ropajes pseudocientíficos lo que no puede llamarse sino como siempre se llamó: antinaturaleza.  No existen sino dos sexos, y si hoy se pueden “construir” otros, como se pueden construir otras “familias”, ello no prueba que el “constructo sociocultural”  sea válido o deseable, prueba únicamente el grado de descomposición al que se ha llegado. Las nuevas alternativas “nupciales” o parentales, no demuestran los beneficios del relativismo ético. Diagnostican el triunfo de la consigna leninista: la putrefacción es el laboratorio de la vida. Si el engendro de Frankestein, en vez de permitirnos deducir que es aborrecible el amontonamiento de carnes para dar vida a una realidad monstruosa, nos lleva a sostener la licitud y la posibilidad de una antropología frankesteiniana, pues entonces habrá que prever para los “constructores” de la nueva humanidad relativista, el mismo destino que soportó el mítico creador de aquel monstruo horripilante.

– II –

Pero más allá del mortificante caso de David Reiner -que paradójicamente no esgrimen nunca los que apelan al emocionalismo para justificar las coyundas invertidas- hay otras conclusiones que queremos dejar asentadas, sin ánimo de exhaustividad.

1.-Los argumentos en pro del matrimonio contranatura –amén de pecar todos ellos contra la estructura lógica del pensamiento– poseen el común denominador de la hipocresía. De una hipocresía mucho peor de la que los homosexuales atribuyen como un tópico a la sociedad tradicional que los “condena y victimiza”. Algo similar al fariseísmo que denunciaba Chesterton en “La superstición del divorcio”, cuando decía que  los divorcistas no creen en el matrimonio, pero a la vez creen tanto que desean poder casarse una infinidad de veces.

Si los homosexuales fueran coherentes e inteligentes, no deberían haber reclamado jamás el matrimonio. Lo que condice con sus prácticas y con sus ideas es el apareamiento transitorio, sucesivo o simultáneo, hedonista y soluble, sin vestigio alguno del institucionalismo burgués. El matrimonio, en cambio, es una institución de Orden Natural, anclado en aquellas categorías tradicionales que los mismos sodomitas dicen rechazar. Pedir matrimonio homosexual es pedir anarquía ordenada, caos conservador, delito virtuoso, desgobierno gobernado y subversión subordinada a la autoridad instituida. No piden matrimonio los homosexuales porque crean en él. Lo piden porque lo odian y porque saben que, asumiéndolo ellos, es el modo más vil de destruirlo.

2- Las respuestas que suelen darse al conjunto de argumentaciones homosexuales, no suelen ser satisfactorias, incluyendo, en primer lugar, la de la mayoría de los obispos.  Y esto  no únicamente porque se quedan en el plano del derecho positivo, sino porque no se atreven a enfrentarse con los sodomitas, empezando por acusarlos pública y enfáticamente de falsarios y de mentirosos contumaces, como acabamos de hacerlo.

La prédica insana a favor de la indiscriminación, del igualitarismo, de la solidaridad, de la cultura del encuentro, y otras tantas naderías que ellos mismos han inculcado entre los fieles, les impide ahora reconocer en este proyecto homosexual la acción de un enemigo declarado y contumaz de la Verdad. Porque hablemos claro; no estamos aquí ante un caso desgarrador de una o más personas con tendencias e inclinaciones desordenadas que bregan por enderezarse y que, en ese caso, merecerían nuestra conmiseración, ayuda y respeto. Estamos ante una explícita embestida de la Internacional del Vicio contra el Orden Natural y el Orden Sobrenatural, movida prioritariamente por odio a Dios. “No a Dios. Ateísmo es libertad”, levantaron como consigna los homosexuales, reunidos sacrílegamente en la Plaza de San Pedro, el 1º de agosto de 2003.

Esta parálisis frente a los depravados, esta incapacidad para llamarlos por sus verdaderos nombres,  debilita todas las respuestas. Se repite hasta la saciedad, por ejemplo, que no se trata de estar en contra de la noble igualdad, de la sacra indiscriminación y de los derechos humanos. Cuando es exactamante al revés. No somos iguales que los protervos. No hay forma alguna de igualar el bien con el mal. El pecado no puede tener ningún derecho ni convertirse en ley, y siempre será acertado discriminar justísimamente, para que nadie se atreva a llamar matrimonio a su caricatura agraviante y soez. Ningún respeto nos merecen quienes bregan por la contranaturaleza.  Llegue para ellos, contrariamente, la manifestación clara de nuestro repudio, de nuestro desprecio y de nuestra mayor repugnancia.

3.-La existencia del Orden Natural no está sujeta a la opinión de las mayorías, ni a las discusiones parlamentarias, ni a las tramoyas sufragistas. Es un error seguir el juego democrático, que hoy instala como tema dominante el “matrimonio” sodomítico y mañana las coyundas con animales o con cadáveres. Es el error de las reacciones de quienes están insertos en el sistema, y creen en él. Entonces nos convierten en sujetos dependientes de las maquinaciones enemigas. Hoy nos obligan a discutir si se pueden casar dos hombres. Mañana si se puede seguir creyendo en Dios.

La democracia es una forma ilegítima de gobierno. Es, en rigor, la contranaturaleza llevada a la política. Y tanta es la perversión ingénita que la caracteriza que ahora puede votar a favor de una aberración moral o determinar, por el cuántico procedimiento de la mitad más uno que, a partir de este momento, les asiste a dos seres disolutos el derecho de casarse y de adoptar hijos.

Nuestra respuesta no puede ser la de demostrar que los homosexuales son una minoría. Ni la de fabricar mayorías postizas, aglomerando a los católicos con las histriónicas sectas evangelistas o con los truhanes del protestantismo. Tampoco la de pedirle a los indignos senadores que tengan a bien recapacitar y no legalicen el amancebamiento de los emponzoñados.

Nuestra respuesta consistirá en señalar la ilevantable culpabilidad histórica que le cabe a la democracia por permitir el agravio más infame a la familia argentina que se haya pergeñado hasta hoy. ¡Malditos sean los tres poderes políticos, sus miembros  y la partidocracia que los prohíja, malditos sean los Kirchner y sus secuaces, oficialistas y  opositores en tropel, toda vez que del rejunte de sus actos inicuos se ha seguido la profanación del verdadero hogar! ¡Malditos sean ante Dios, ante la Historia y ante las generaciones pasadas, presentes y futuras de patriotas honrados! Todo cuanto legisle este régimen ominoso lleva el sello de la insanable nulidad e ilicitud. Se pueda o no enmendar mañana el insensato estropicio de esta tiranía, todo católico y argentino bien nacido está obligado a rebelarse activamente contra la ley injusta.

Aclarémoslo una vez más de la mano de Aristóteles. El que pregunta si la nieve es blanca no merece respuesta. Merece un castigo porque ha perdido el sentido de lo obvio. Merece la reacción punitiva porque ha degradado a sabiendas el sentido común. Merece la trompeadura justiciera por tergiversar adrede el significado de las palabras, sabiendo que al hacerlo, está ofendiendo al mismísimo Verbo de Dios. Por eso, ante la guerra semántica, que adultera los significados, veja el logos, calumnia los nombres y desacraliza la palabra, nosotros no tenemos nada que debatir. Que debatan los opinólogos de la democracia. Cuando se ofende a Dios y a su Divina Ley, la discusión es algo en lo que no creemos; y lo que creemos no está sujeto a discusión.  Apliquemos al caso, nuevamente, las enseñanzas de San Jerónimo citadas por el Aquinate (S.Th, III, q. 16, art. 8, r ): “con los herejes no debemos tener en común ni siquiera las palabras, para que no dé la impresión de que favorecemos su error”.

4.- El demonio es el gran negador del misterio nupcial, recuerda y resume magistralmente Alberto Caturelli en su obra “Dos, una sola carne”. “El demonio odió (y odia) a Dios en el hombre porque es imagen del Verbo y, desde el principio odia al hombre. Si el hombre es varón-varona, y la sexualidad pertenece a la imagen; si la uni-dualidad logra su plenitud en la unión conyugal, el demonio quiere, desde el principio, la desunión y la muerte del amor conyugal. Después de la Redención, odiará inconmensurablemente más el misterio nupcial por ser copia de la unión esponsal del Verbo Encarnado y la Iglesia. Desde el principio, el demonio odia la unión conyugal: él será el gran Negador, el gran Homicida y el gran Separador”.

Y por eso, concluye Caturelli, que en “la red del odio teológico [contra la familia] que cubre el mundo”, la homosexualidad reclamante de “matrimonios” e “hijos” cumple “un ritual tenebroso de profanación de lo sagrado”. “Los acoplamientos homosexuales en todas sus formas no son ni pueden ser jamás ‘uniones’ : constituyen una agresión gravísima al orden natural y una profanación nefanda del cuerpo humano como tal y del misterio nupcial”.

He aquí el fondo último de la cuestión que hoy nos estremece y consterna. El fondo teológico, religioso y metafísico. Esta propuesta  del matrimonio homosexual no es otra cosa, no puede serlo, más que una expresión demoníaca en el sentido más estricto, ajustado y pertinente de la palabra. Va de suyo que si los católicos y sus pastores no se atreven a llamar mentirosos, depravados y pecadores a los militantes  de la homosexualidad, mucho menos se atreverán a llamarlos demonios. Pero eso es lo que son, guste o disguste, y tengan estas líneas el alcance que tengan.

Nacimos en La Argentina. Tierra de varones y de mujeres dignos. Tierra de antepasados viriles; de esposas, madres, hermanos, viudas, padres, cada quien cumpliendo su vocación de hombre y de mujer, asignada por el Autor de la naturaleza. Cada quien aceptando gozosamente su identidad, sus límites, su necesidad de ayuda y de complemento, de amor y de comprensión recíproca.

Nacimos en La Argentina. Una nación con cálido nombre femenino, masculinamente  fecundada y labrada a lo largo de los siglos.

Nacimos en  La Argentina. No queremos morir en Sodoma. Queremos, como DIOS manda, defender en la PATRIA el verdadero HOGAR.

17 comentarios sobre “ANTONIO CAPONNETTO: BODAS DE INFIERNO

  1. Muchas gracias por publicar tan excelente documento. El Dr. Antonio Caponnetto va hacia la esencia del problema del putimonio en Argentina, sus apologistas y cómplices por omisión, y muy especialmente su intrínseca esencia perversa.

    El objetivo es claro: destruir la familia y con ello destruir la Patria y poner en manos de estos degenerados a la niñez por vía de la adopción. Es decir también se destruye a la infancia pervirtiéndola.

    Se busca convertir a la Argentina, la de la bandera con los colores marianos, en una Sodoma y Gomorra redivivas. El proyecto es horrible, mada mas y nada menos que el emputecimiento nacional.

    Dijo Artigas cuando se le anunció que la diplomacia inglesa acababa de dividir a su Nación logrando la independencia de la Banda Oriental: «Yo ya no tengo Patria». Lo mismo se busca con la ley del putimonio, que los argentinos no tengan mas Patria, porque Sodoma y Gomorra jamás pueden ser nuestra Patria. No podemos sentir vergüenza de ser argentinos por la acción de una minoría de degenerados.

    El Dr. Antonio Caponnetto nos convoca al Buen Combate, debemos librarlo cueste lo que cueste, va en ello nuestra condición de católicos y argentinos y el porvenir de nuestros hijos. Los degenerados y viciosos no pueden imperar en este noble suelo. Satanás y el Infierno no prevalecerán.

  2. Ojo Logan y compañía!!! El maestro Caponnetto va al Novus Ordo, ojo! está entonces inficionado de herejía, mucho ojo!!!!

    Grande maestro Antonio!!!! Dios te conserve muchos años en la lucha!!!

  3. Larga vida, Capponnetto, así puede presenciar cómo «su» patria se desgaja.

    Aunque comparta que muchos descreen de la institución matrimonial, y que muchos más rechazan a las religiones que los condenan.

    Aunque no quiera que el ideal de familia se desmorone.

    Aunque esto que ha escrito no sea de lo peor de lo suyo, no pierdo la oportunidad: «su» patria es mentira, Caponnetto. No existe ni existirá. Y usted es y será testigo. Y su legado será el grito de aquel a quién nadie oye, porque ya le sacaron la ficha.

    Aunque defienda el ideal de familia, o pida permiso o perdón o diga gracias, usted es nefasto.

    Es más, tan patético que un comentario cuestionador puede masajearle el ego, hacerle creer que es un poco profeta, un poco mártir, un poco valiente.

    Usted ya está rancio.

  4. ¡Que nobles sentimientos se sienten cuando uno lee las magnificas reflexiones de Antonio Caponnetto, hoy el mas grande de los argentinos.

    No cabe duda que el avance del homosexualismo, asi como el aborto, las drogas y otras inmundicias, esta inspirado por el demonio y sus sirvientes, no solo en la Argentina sino en todo el mundo.

    1. el demonio es el partiotismo chauvinista… la iglesia no es universal??? Jesús era patriota???…mmm… eso es un invento de la moderidad para oprimir a las masas… para anteponer el «sentimiento patriota» sobre la conciencia de clase

  5. ¿Y Quién va a imponer el orden natural Sr. Caponnetto?

    Los tiempos de Reyes y Cruzados terminaron y la razón del número se impone a la razón de la fuerza bruta.
    Y lo peor de todo es que por más encendidas sean las palabras, mayor aún es la indiferencia en general del pueblo.

    Mi abuelo me contaba que en la España de principios del siglo pasado, los buenos católicos daban un hijo para la milicia y otro para la Iglesia, si tenían 2 o más hijas una se prometía desde su nacimiento para ser monja.
    ¿No eran tambien castrados estos chicos?

    Siento pena por la debacle de la Religión Católica, estos últimos 200 años son la punta de un ovillo que tardará siglos en desatarse finalmente y llegará un nuevo orden, pero tambien una nueva esperanza.

    Me gustaba más el Caponnetto con ideas, el de este artículo no lo parece.

    1. ERnesto: No entiendo a que viene ud a este blog. Esta ud a favor del homosexualismo, el aborto, es ud anticatolico…a que viene aca ? yo no voy a blogs gay, asi que ud no venga a estos blogs. Si tanto le molesta lo que lee aca, no venga.

      Como siempre, esta ud totalmente equivocado. Esta vez se equivoca entre otras, al decir que es castrador ofrecer la hija al noviciado, o el hijo al sacerdocio. No voy a entrar a explicarle el honor que significa dar su vida a Dios, o lo fructifero que es entregar sus capacidades para la gran obra de Dios, ni el bien y prosperidad que trae un buen sacerdote a la sociedad, pues su poca inteligencia y mucha soberebia le impiden entender eso. Lo que si le puedo decir, es que si estos sacerdotes o monjas, no se sentian a gusto en el convento o seminario, simplemente se pueden/podian salir y hacian su vida de civil.

      En cambio, si es castrador dar ninos en adopcion a parejas de degenerados homosexuales, pues es castrarlos psicologicamente y de por vida. Es castrador tambien, someter a la sociedad entera a la dictadura homosexual, pues no estando de acuerdo con los degenerados, se nos castra/obliga a la grrandisima mayoria ( ya que ud habla de numeros y no de razon ), a someternos a su yugo.

      Desafortunadamente se terminaron los tiempos de Reyes (Catolicos) y Cruzados…..

    2. Lo de del sodonomio es imoposición. La inmensa mayoría rechaza esa ridiculez. Obviamente el lobby gay impulsado por la judeomasonería saben esto por lo cual tratan de vendernos la idea de que ellos son la mayoría con desfiles y mamarrachos con sus artistas asalariados para crear opinión a favor. Saben que en un plebiscito salen por la pata de los caballos..

  6. ¿La España de principios de siglo?

    Vamos, vamos, un poco de seriedad, no venga aquí con cuentos de miedo para niños y con tópicos típicos del nuevo orden. Haga el favor.

    Mis dos abuelos maternos, uno de Salamanca y otra de Lugo, eran 11 hermanos en sus respectivas familias. Ni un solo militar, ni un solo sacerdote ni una sola monja. Pero, eso sí, todos católicos, como sus padres.

    Por parte de la familia de mi padre, aún siendo menos hermanos, exactamente la misma situación.

    Lo dicho, un poco de seriedad.

  7. Diego Forlatti = Ciego de Forvida. Ernesto = El funesto.

    Que coincidencias, no?

    «…LA ESTULTICIA HUMANA ES INFINITA», la Biblia.

  8. Felipe:

    Y, sí. Tiene razón, Caponetto está inficionado de herejía. ¿Qué dice la Iglesia (la Verdadera) sobre la herejía y los herejes?

    «He aquí la definición oficial de la palabra “hereje”, dada por el Codex Iuris canonici de 1917 (canon 1325, § 2): “Si alguno, después de la recepción del bautismo, reteniendo el nombre de cristiano, niega con pertinacia (pertinaciter) una de las verdades a creer de fe divina y católica o la pone en duda, es hereje”.

    «Los teólogos distinguen dos categorías de personas: las que están en el error sin ser pertinaces y las que adhieren al error con obstinación:
    El “hereje material” es el que está materialmente en el error (desviación de la fe), pero que está en este error por IGNORANCIA de la doctrina católica. No forma parte de los “haereticis”, sino que es parte de los “errantes”.
    El “hereje formal”, por el contrario, está en el error no por ignorancia sino por malicia: sabe que sus ideas son contrarias al magisterio e la Iglesia católica, pero se aferra a ellas. Es hereje»

    «Santo Tomás definió el acto de herejía como siendo acto de rechazo del magisterio: “Es manifiesto que quién adhiere a la doctrina de la Iglesia como a una regla infalible consiente a todo lo que enseña la Iglesia; de otro modo, si, entre las verdades enseñadas por la Iglesia no retiene más que las que él quiere y abandona lo que no le gusta, no adhiere más a la doctrina de la Iglesia como a una regla infalible, sino a su propio juicio. Por eso el hereje que rechaza con obstinación un solo artículo de fe no está dispuesto a seguir, sobre los otros, la enseñanza de la Iglesia; (…) no tiene, en materia de fe, más que una opinión humana, dictada por su voluntad” (Santo Tomás de Aquino: Suma Teológica, II-II, q. 5 a. 3).»

    OBLIGACIÓN LEGAL DE CONOCER EL MAGISTERIO:
    «Las decisiones del magisterio – se trate de la enseñanza de la verdad o de la proscripción de un error – HACEN LEY. Ahora bien, nadie puede aducir ignorancia de la ley: “La ignorancia de la ley (…) generalmente no se presume” (canon 16, § 2). »

    «OBLIGACIÓN LEGAL DE CONOCER LAS HEREJÍAS O ERRORES VECINOS DE LA HEREJÍA: “No basta evitar la depravación herética, sino que es necesario igualmente huir con diligencia de los errores que se le aproximan más o menos. Es por esto que todos deben, en efecto, seguir las constituciones y decretos `por los cuales esas opiniones son proscriptas y prohibidas por la Santa Sede” (canon 1324).»

    Sin entrar en absoluto en juicio acerca de cuál es la situación ante Dios de Caponetto y de millones de personas de buena voluntad que piensan como él, el hecho cierto, que está a la vista de todo el mundo, es que adhieren a la institución llamada Iglesia Conciliar, nacida de un conciliábulo que un cardenal llamó «el 1789 de la Iglesia». No huyen con diligencia de los errores que se aproximan a la herejía, ni huyen de la herejía misma, el modernismo, que es la que ha dado nacimiento a la Iglesia Conciliar (que no Católica). Protestan, expresan lo que toda persona bien nacida piensa, pero siguen enterrados en el barro del chiquero modernista.

    Es lamentable e incomprensible, tratándose en muchos casos de personas muy piadosas y muy instruidas, pero lamentablemente es así.

  9. Puras coincidencias:

    1. No confunda ignorancia con diferencia de criterios.
    2. Y si pretende insultar, al menos dé su nombre.

  10. Dijeron lo mismo del divorcio vincular. Que destruye a la familia y a la patria y a muchas otras cosas.
    Lo que destruye y tergiversa valores tan fundamentales es el neoliberalismo, la falta de empleo ( o su precariedad, que es lo mismo), el materialismo sin sentido, el individualismo sostenido y mantenido por los medios masivos de comunicación, la falta de comunicación y fundamentalmente la desigualdad estructural que sostiene este sistema en el que estamos inmersos.
    Quienes se interesen por la historia podrán concluir que la intolerancia, a lo largo de la existencia del hombre ( y la mujer), no condujo sino a la muerte, la masacre y el totalitarismo.
    Creo que es hora, después de mas de 7500 años de historia, de que aprendamos a con-vivir entre todos, respetándonos y practicando una sabia y sencilla enseñanza:
    “no hagas a otros, lo que no quieres que te hagan a ti”

    Juan Manuel De Domingo
    Estudiante de Derecho
    23 años
    Córdoba, Argentina

    1. El divorcio destruye la familia. De allí la promoción y uno de los objetivos de la judeomasonería. Lo otro es coyuntural.

    2. De Domingo…
      y no te das cuenta que la Patria esta al borde de la destruccion? Que Patria nos queda? somos, y agatas, un pobre ignorante pais, porque no hay ‘escalfon» y da lo mismo un burro que un gran profesor….pero sabes que?….que «haya en el horno, se vamo’a encontrar!»

  11. la batalla espiritual empieza por la mortificación y la victoria sobre los instintos.
    San Francisco de Asis

    Y si quieren debatir el putomonio, sin hablar de religion…A los amantes de la Naturaleza, que me digan si el mono se voltea a la coneja y forman una familia feliz? O la cebra no se come al leon, porque no tiene derechos civiles?

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