YA NO HAY CONDENAS…En las aguas tranquilas del Ecumenismo El Vaticano y la Fraternidad dialogan…

LAS VISITAS ECUMÉNICAS DE

BENEDICTO XVI

CENSURADAS POR

MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE

Por el P. Juan Carlos Ceriani

Benedicto XVI, en conformidad a lo anunciado en su primer mensaje a los Cardenales, el miércoles 20 de abril de 2005, continúa empeñado en el mismo camino alocado de su predecesor.

En aquella oportunidad expresó:

«Al disponerme para el servicio del Sucesor de Pedro, quiero reafirmar con fuerza mi decidida voluntad de proseguir en el compromiso de aplicación del concilio Vaticano II, a ejemplo de mis predecesores y en continuidad fiel con la tradición de dos mil años de la Iglesia.

Este año se celebrará el cuadragésimo aniversario de la clausura de la asamblea conciliar (8 de diciembre de 1965). Los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los años; al contrario, sus enseñanzas se revelan particularmente pertinentes ante las nuevas instancias de la Iglesia y de la actual sociedad globalizada.

(…) Con plena conciencia, al inicio de su ministerio en la Iglesia de Roma que Pedro regó con su sangre, su actual Sucesor asume como compromiso prioritario trabajar con el máximo empeño en el restablecimiento de la unidad plena y visible de todos los discípulos de Cristo. Esta es su voluntad y este es su apremiante deber. Es consciente de que para ello no bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Hacen falta gestos concretos que penetren en los espíritus y sacudan las conciencias, impulsando a cada uno a la conversión interior, que es el fundamento de todo progreso en el camino del ecumenismo.

(…) El actual Sucesor de Pedro se deja interpelar en primera persona por esa exigencia y está dispuesto a hacer todo lo posible para promover la causa prioritaria del ecumenismo. Siguiendo las huellas de sus predecesores, está plenamente decidido a impulsar toda iniciativa que pueda parecer oportuna para fomentar los contactos y el entendimiento con los representantes de las diferentes Iglesias y comunidades eclesiales.

(…) Con esta conciencia me dirijo a todos, también a los seguidores de otras religiones o a los que simplemente buscan una respuesta al interrogante fundamental de la existencia humana y todavía no la han encontrado. Me dirijo a todos con sencillez y afecto, para asegurarles que la Iglesia quiere seguir manteniendo con ellos un diálogo abierto y sincero, en busca del verdadero bien del hombre y de la sociedad.»

Con plena conciencia, con decidida voluntad, en los últimos meses Benedicto XVI ha visitado una sinagoga judía y un templo luterano en la ciudad de Roma…

Sabemos que en 1986 la visita de Juan Pablo II a la sinagoga de Roma y el encuentro interreligioso de Asís merecieron la condena pública de Monseñor Marcel Lefebvre.

Sabemos que esos actos de Juan Pablo II, sumados a la respuesta que diera el Cardenal Ratzinger a las objeciones que el prelado de Ecône había formulado respecto de la Libertad Religiosa, fueron considerados como las señales de la Providencia que él había solicitado para llevar a cabo las consagraciones episcopales del 30 de junio de 1988.

Hoy, ante el silencio cómplice de quienes deberían condenar pública y solemnemente estos actos renovados por Benedicto XVI, proporcionamos:

* los discursos que pronunciara en esas ocasiones Benedicto XVI, con algunos destacados nuestros, pero sin comentario alguno.

* una serie de documentos condenatorios de Monseñor Lefebvre, cuya reprobación tanto echamos de menos y añoramos.

VISITA DE BENEDICTO XVI

A LA SINAGOGA DE ROMA

La crónica de los medios dice que el domingo 17 de enero de 2010 Benedicto XVI visitó la comunidad judía de Roma; llegó al gueto poco antes de las 16:30 y desde la plaza XVI de Octubre se dirigió a pie hacia la Sinagoga.

En el Portico d´Ottavia, había sido recibido por el presidente de la comunidad judía de Roma, Riccardo Pacifici, y por el presidente de las comunidades judías italianas, Renzo Gattegna.

Antes de comenzar su visita a la Sinagoga de Roma, Benedicto XVI se detuvo frente a la placa que recuerda la deportación del gueto de Roma, el 16 de octubre de 1943; y en un gesto altamente simbólico, depuso una corona de flores.

Poco antes de ingresar al templo, Benedicto XVI saludó a quien había recibido en 1986 a Juan Pablo II, el ex rabino jefe de la capital, Elio Toaff, con quien intercambió algunas palabras, ambos visiblemente emocionados.

La llegada a la sinagoga fue acogida con aplausos calurosos y gritos de «Viva el Papa» (sic) Un poco antes de hacer su entrada en el templo, Benedicto XVI se volvió para saludar una vez más a los presentes, que seguían aplaudiendo.

Al ingresar fue recibido con aplausos, mientras el coro cantaba sostenido por el órgano, instrumento característico de la comunidad judía romana y que no utilizan otras comunidades.

Tras las intervenciones de saludo de Pacifici, Gattegna y del Rabino Di Segni, Benedicto XVI comenzó su discurso, interrumpido en siete ocasiones por los aplausos de los presentes. La sinagoga estaba abarrotada con más de mil personas, entre judíos, cristianos y musulmanes.

En su discurso de saludo, el presidente de la comunidad judía romana, Pacifici, afirmó que su visita «dejará un signo profundo», no sólo desde el punto de vista religioso, «sino por la repercusión que esperamos pueda tener sobre la sociedad civil».

De la misma forma, subrayó su aprecio por su «actitud valiente» sobre la inmigración y auguró una laicidad «que nunca se contraponga con la contribución que las religiones monoteístas pueden dar».

Pacifici concluyó su discurso subrayando que el diálogo entre judíos y católicos «puede y debe continuar», concepto retomado del presidente de las comunidades judías de Italia Renzo Gattegna, quien auguró que «las diversidades no sean nunca más causas de conflictos ideológicos o religiosos, sino de recíproco enriquecimiento cultural y moral».

El Rabino Di Segni dirigió a Benedicto XVI un «saludo grato» por su visita, recordando la necesidad de un diálogo que ponga en primer lugar los objetivos comunes entre los dos credos.

Benedicto XVI regaló a Riccardo Pacifici una panorámica de la Isla Tiberina, lienzo de Giovanni Battista Piranesi, y recibió a su vez, por parte de la comunidad judía una obra del artista veneciano Tobia Donà, que representa un bosque azul cuya imagen ha sido realizada con números, letras y palabras judías.

Esta es la tercera visita de Benedicto XVI a una sinagoga.


Visita a la sinagoga de Colonia, en agosto de 2005


Visita a la sinagoga de Nueva York, en abril de 2008

La visita de Benedicto XVI tuvo lugar 24 años después del ingreso de Juan Pablo II al templo mayor judío de Roma, el 13 de abril del 1986.


Benedicto XVI fue acompañado por una comitiva de 15 personas, entre ellas el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone; Walter Kasper, presidente de la Comisión para las relaciones religiosas con el hebraísmo; Agostino Vallini, vicario de Roma; y por los arzobispos Fernando Filoni, sustituto para los Asuntos Generales y James Harvey, Prefecto de la Casa Pontificia. También estaban presente monseñor Brian Farrell y Norberto Hoffman, vicepresidente y secretario de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Hebraísmo, respectivamente.

Recordemos que el lunes 18 de enero, al día siguiente de esta visita, hubo dos reuniones: la de Comisión mixta de judíos y cristianos sobre «La enseñanza católica y judía sobre la creación y el medio ambiente»; y la de los teólogos de la Fraternidad San Pío X con los teólogos del Vaticano sobre…

¿Sobre qué? No lo sabemos… Pero no olvidemos que la decidida voluntad de Benedicto XVI es la de proseguir en el compromiso de aplicación del concilio Vaticano II en continuidad fiel con la tradición de dos mil años de la Iglesia

Es de suponer que los teólogos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío, antes de ir al encuentro con sus homólogos vaticanistas, habrán leído las palabras de Benedicto XVI en la sinagoga romana.

DISCURSO DE BENEDICTO XVI

(los destacados en verde son nuestros)

«El Señor ha sido grande con ellos».

«El Señor ha sido grande con nosotros,

y estamos alegres» (Sal 126)

«Ved: qué dulzura, qué delicia

convivir los hermanos unidos» (Sal 133)

Señor rabino jefe de la comunidad judía de Roma,

señor presidente de la Unión de las comunidades judías de Italia,

señor presidente de la Comunidad judía de Roma,

señores rabinos,

distinguidas autoridades,

queridos amigos y hermanos:

1. Al inicio del encuentro en el Templo mayor de los judíos de Roma, los Salmos que hemos escuchado nos sugieren la actitud espiritual más auténtica para vivir este particular y feliz momento de gracia: la alabanza al Señor, que ha sido grande con nosotros, nos ha reunido aquí con su Hèsed, el amor misericordioso, y el agradecimiento por habernos dado el don de encontrarnos juntos para hacer más firmes los vínculos que nos unen y seguir recorriendo el camino de la reconciliación y de la fraternidad.

Deseo expresarle viva gratitud ante todo a usted, rabino jefe, doctor Riccardo Di Segni, por su invitación y por las significativas palabras que me ha dirigido. Agradezco también a los presidentes de la Unión de las comunidades judías de Italia, abogado Renzo Gattegna, y de la Comunidad judía de Roma, señor Riccardo Pacifici, las corteses palabras que han querido dirigirme. Me dirijo también a las autoridades y a todos los presentes, así como, de modo particular, a la comunidad judía romana y a cuantos han colaborado para hacer posible el momento de encuentro y de amistad que estamos viviendo.

Al venir entre vosotros por primera vez como cristiano y como Papa, mi venerado predecesor Juan Pablo II, hace casi veinticuatro años, quiso dar una decidida contribución a la consolidación de las buenas relaciones entre nuestras comunidades, para superar toda incomprensión y prejuicio.

Mi visita se inserta en el camino trazado, para confirmarlo y reforzarlo. Con sentimientos de viva cordialidad me encuentro en medio de vosotros para manifestaros la estima y el afecto que el Obispo y la Iglesia de Roma, como también toda la Iglesia católica, albergan hacia esta comunidad y hacia las comunidades judías esparcidas por el mundo.

2. La doctrina del concilio Vaticano II ha representado para los católicos un punto firme al que referirse constantemente en la actitud y en las relaciones con el pueblo judío, marcando una etapa nueva y significativa.

El acontecimiento conciliar dio un impulso decisivo al compromiso de recorrer un camino irrevocable de diálogo, de fraternidad y de amistad, camino que se ha profundizado y desarrollado en estos cuarenta años con pasos y gestos importantes y significativos, entre los cuales deseo mencionar nuevamente la histórica visita de mi venerable predecesor a este lugar, el 13 de abril de 1986; los numerosos encuentros que mantuvo con personalidades judías, también durante los viajes apostólicos internacionales; la peregrinación jubilar a Tierra Santa en el año 2000; los documentos de la Santa Sede que, tras la declaración Nostra aetate, han ofrecido valiosas orientaciones para un desarrollo positivo en las relaciones entre católicos y judíos.

También yo, en estos años de pontificado, he querido mostrar mi cercanía y mi afecto
hacia el pueblo de la Alianza. Conservo muy vivos en mi corazón todos los momentos de la peregrinación a Tierra Santa que tuve la alegría de realizar en mayo del año pasado, como también los numerosos encuentros con comunidades y organizaciones judías, de modo especial en las sinagogas de Colonia y Nueva York.

Además, la Iglesia no ha dejado de deplorar las faltas de sus hijos e hijas, pidiendo perdón por todo aquello que ha podido favorecer de algún modo las heridas del antisemitismo y del antijudaísmo (cf. Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo, Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoah, 16 de marzo de 1998). Que estas heridas se cicatricen para siempre.

Vuelve a la mente la apremiante oración del Papa Juan Pablo II ante el Muro del Templo, en Jerusalén, el 26 de marzo de 2000, que resuena verdadera y sincera en lo profundo de nuestro corazón: «Dios de nuestros padres, tú has elegido a Abraham y a su descendencia para que tu Nombre fuera dado a conocer a las naciones: nos duele profundamente el comportamiento de cuantos, en el curso de la historia, han hecho sufrir a estos hijos tuyos y, a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el pueblo de la Alianza».

3. El paso del tiempo nos permite reconocer que el siglo XX fue una época verdaderamente trágica para la humanidad: guerras sangrientas que sembraron más destrucción, muerte y dolor que nunca; ideologías terribles que hundían sus raíces en la idolatría del hombre, de la raza, del Estado, y que llevaron una vez más al hermano a matar al hermano.

El drama singular y desconcertante del Holocausto representa, de algún modo, el culmen de un camino de odio que nace cuando el hombre olvida a su Creador y se pone a sí mismo en el centro del universo.

Como dije en la visita del 28 de mayo de 2006 en el campo de concentración de Auschwitz, que sigue profundamente grabada en mi memoria, «los potentados del Tercer Reich querían aplastar al pueblo judío en su totalidad» y, en el fondo, «con la aniquilación de este pueblo (…), querían matar a aquel Dios que llamó a Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre» (Discurso en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 9 de junio de 2006, p. 15).

En este lugar, ¿cómo no recordar a los judíos romanos que fueron arrancados de estas casas, ante estas paredes, y con horrenda saña fueron asesinados en Auschwitz? ¿Cómo es posible olvidar sus rostros, sus nombres, las lágrimas, la desesperación de hombres, mujeres y niños?

El exterminio del pueblo de la Alianza de Moisés, primero anunciado y después sistemáticamente programado y realizado en la Europa dominada por los nazis, aquel día también alcanzó trágicamente a Roma. Por desgracia, muchos permanecieron indiferentes; pero muchos, también entre los católicos italianos, sostenidos por la fe y por la enseñanza cristiana, reaccionaron con valor, abriendo sus brazos para socorrer a los judíos perseguidos y fugitivos, a menudo arriesgando su propia vida, y merecen una gratitud perenne. También la Sede Apostólica llevó a cabo una acción de socorro, a menudo oculta y discreta.

La memoria de estos acontecimientos debe impulsarnos a reforzar los vínculos que nos unen para que crezcan cada vez más la comprensión, el respeto y la acogida.

4. Nuestra cercanía y fraternidad espirituales tienen en la Sagrada Biblia —en hebreo Sifre Qodesh o «Libros de Santidad»— el fundamento más sólido y perenne, sobre cuya base nos hallamos constantemente ante nuestras raíces comunes, ante la historia y el rico patrimonio espiritual que compartimos.

Escrutando su misterio, la Iglesia, pueblo de Dios de la Nueva Alianza, descubre su propio vínculo profundo con los judíos, elegidos por el Señor los primeros entre todos para acoger su palabra (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 839). «A diferencia de las otras religiones no cristianas, la fe judía ya es una respuesta a la revelación de Dios en la Antigua Alianza». Pertenecen al pueblo judío «la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas, y los patriarcas; de todo lo cual procede Cristo según la carne» (Rm 9, 4-5) porque «los dones y la vocación de Dios son irrevocables» (Rm 11, 29)» (ib.).

5. Numerosas pueden ser las implicaciones que se derivan de la herencia común tomada de la Ley y de los Profetas. Quisiera recordar algunas: ante todo, la solidaridad que une a la Iglesia y al pueblo judío «a nivel de su misma identidad» espiritual, y que ofrece a los cristianos la oportunidad de promover «un renovado respeto por la interpretación judía del Antiguo Testamento» (cf. Pontificia Comisión Bíblica, El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana, 2001, pp. 12 y 55); la centralidad del Decálogo como mensaje ético común de valor perenne para Israel, la Iglesia, los no creyentes y la humanidad entera; el compromiso por preparar o realizar el reino del Altísimo en el «cuidado de la creación» confiada por Dios al hombre para que la cultive y la custodie responsablemente (cf. Gn 2, 15).

6. En particular, el Decálogo —las «Diez Palabras» o Diez Mandamientos (cf. Ex 20, 1-17; Dt 5, 1-21)—, que procede de la Torá de Moisés, constituye la antorcha de la ética, de la esperanza y del diálogo, estrella polar de la fe y de la moral del pueblo de Dios, e ilumina y guía también el camino de los cristianos. Constituye un faro y una norma de vida en la justicia y en el amor, un «gran código» ético para toda la humanidad. Las «Diez Palabras» iluminan el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, según los criterios de la conciencia recta de toda persona humana. Jesús mismo lo repitió en varias ocasiones, subrayando que es necesario un compromiso concreto siguiendo el camino de los Mandamientos: «Si quieres entrar en la vida, guarda los Mandamientos» (Mt 19, 17). Desde esta perspectiva, hay varios campos de colaboración y testimonio. Quisiera recordar tres particularmente importantes para nuestro tiempo.

Las «Diez Palabras» exigen reconocer al único Señor, superando la tentación de construirse otros ídolos, de hacerse becerros de oro. En nuestro mundo, muchos no conocen a Dios o lo consideran superfluo, sin relevancia para la vida; así, se han fabricado otros dioses nuevos ante los que se postra el hombre. Despertar en nuestra sociedad la apertura a la dimensión trascendente, dar testimonio del único Dios es un servicio precioso que judíos y cristianos pueden y deben prestar juntos.

Las «Diez Palabras» exigen respeto, protección de la vida contra toda injusticia y abuso, reconociendo el valor de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. ¡Cuántas veces, en todas las partes de la tierra, cercanas o lejanas, se sigue pisoteando la dignidad, la libertad y los derechos del ser humano! Testimoniar juntos el valor supremo de la vida contra todo egoísmo es dar una aportación importante para un mundo en el que reine la justicia y la paz, el «shalom» deseado por los legisladores, los profetas y los sabios de Israel.

Las «Diez Palabras» exigen conservar y promover la santidad de la familia, en la cual el «sí» personal y recíproco, fiel y definitivo, del hombre y de la mujer abre el espacio para el futuro, para la auténtica humanidad de cada uno, y se abre, al mismo tiempo, al don de una nueva vida. Testimoniar que la familia sigue siendo la célula esencial de la sociedad y el contexto básico en el que se aprenden y practican las virtudes humanas es un servicio precioso que se ha de prestar para la construcción de un mundo de rostro más humano.

7. Como enseña Moisés en el Shemá (cf. Dt 6, 5; Lv 19, 34), y como afirma Jesús en el Evangelio (cf. Mc12, 29-31), todos los mandamientos se resumen en el amor a Dios y en la misericordia hacia el prójimo. Esta regla compromete a judíos y cristianos a practicar en nuestro tiempo una generosidad especial con los pobres, las mujeres, los niños, los extranjeros, los enfermos, los débiles, los necesitados. En la tradición judía hay un admirable dicho de los padres de Israel: «Simón el Justo solía decir: «El mundo se funda en tres cosas: la Torá, el culto y los actos de misericordia»» (Aboth 1, 2). Con la práctica de la justicia y de la misericordia, judíos y cristianos están llamados a anunciar y a dar testimonio del reino del Altísimo que viene, y por el que rezamos y trabajamos cada día en la esperanza.

8. En esta dirección podemos dar pasos juntos, conscientes de las diferencias que existen entre nosotros, pero también de que, si logramos unir nuestros corazones y nuestras manos para responder a la llamada del Señor, su luz se hará más cercana para iluminar a todos los pueblos de la tierra.

Los pasos dados en estos cuarenta años por el Comité internacional conjunto católico-judío y, en años más recientes, por la Comisión mixta de la Santa Sede y del Gran Rabinato de Israel, son un signo de la voluntad común de continuar un diálogo abierto y sincero.

Precisamente mañana, la Comisión mixta celebrará aquí, en Roma, su noveno encuentro sobre «La enseñanza católica y judía sobre la creación y el medio ambiente». Les deseamos un diálogo fecundo sobre un tema tan importante y actual.

9. Cristianos y judíos tienen en común gran parte de su patrimonio espiritual, rezan al mismo Señor, tienen las mismas raíces, pero con frecuencia se desconocen mutuamente. Nos corresponde a nosotros, respondiendo a la llamada de Dios, trabajar para que quede siempre abierto el espacio del diálogo, del respeto recíproco, del crecimiento en la amistad, del testimonio común ante los desafíos de nuestro tiempo, que nos invitan a colaborar por el bien de la humanidad en este mundo creado por Dios, el Omnipotente y el Misericordioso.

10. Por último, un pensamiento particular a nuestra ciudad de Roma, donde, desde hace cerca de dos mil años, conviven, como dijo el Papa Juan Pablo II, la comunidad católica con su Obispo y la comunidad judía con su rabino jefe. Que esta convivencia sea animada por un creciente amor fraterno, que se exprese también en una cooperación cada vez más estrecha para dar una contribución eficaz a la solución de los problemas y de las dificultades que se han de afrontar.

Invoco del Señor el don precioso de la paz en el mundo entero, sobre todo en Tierra Santa. Durante mi peregrinación de mayo del año pasado, en Jerusalén, ante el Muro del Templo, pedí a Aquel que todo lo puede: «Derrama tu paz sobre Tierra Santa, sobre Oriente Medio, sobre toda la familia humana; despierta el corazón de todos los que invocan tu nombre, para caminar humildemente por la senda de la justicia y la compasión» (Oración en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, 12 de mayo de 2009).

Nuevamente elevo a él la acción de gracias y la alabanza por este encuentro, pidiéndole que refuerce nuestra fraternidad y haga más firme nuestro entendimiento.

«Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

Aleluya» (Sal 117).

Benedicto XVI y Riccardo di Segni

VISITA DE BENEDICTO XVI

AL TEMPLO LUTERANO DE ROMA

El domingo 14 de marzo de 2010, Benedicto XVI se hizo presente en el templo luterano de Roma.

Esta visita, por invitación del Pastor Jens-Martin Kruse, recuerda la que Juan-Pablo II había hecho el 11 de diciembre de 1983, con motivo de los 500 años del nacimiento de Lutero.

Revestido de un roquete blanco, de una muceta roja y de una estola pastoral, Benedicto XVI participó en la celebración de la Palabra luterana.

Luego de rezar y cantar con los miembros de la comunidad, recitó con ellos el Credo Niceno-Constantinopolitano y el Padrenuestro. Finalmente, sucedió al pastor Kruse en la cátedra del templo donde comentó un pasaje del Evangelio según San Juan.


El pastor Kruse predica a Benedicto XVI

SERMÓN DE BENEDICTO XVI

(los destacados en verde son nuestros)

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Quiero dar las gracias de corazón a toda la comunidad, a vuestros responsables, y en particular al párroco Kruse, por haberme invitado a celebrar con vosotros este domingo Laetare, este día en que el elemento determinante es la esperanza, que mira a la luz que irrumpe de la resurrección de Cristo en las tinieblas de nuestra cotidianidad, en las cuestiones no resueltas de nuestra vida.

Usted, querido párroco Kruse, nos ha expuesto el mensaje de esperanza de san Pablo. El Evangelio, tomado del capítulo 12 de san Juan, que trataré de explicar, es también un Evangelio de esperanza y, al mismo tiempo, es un Evangelio de la cruz. Estas dos dimensiones van siempre juntas: dado que el Evangelio se refiere a la cruz, habla de la esperanza y, dado que da esperanza, debe hablar de la cruz.

Narra san Juan que Jesús subió a Jerusalén para celebrar la Pascua; luego dice: «Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta» (Jn 12, 20). Seguramente eran miembros del grupo de los phoboumenoi ton Theon, los «temerosos de Dios» (cf. Hch 10, 2) que, más allá del politeísmo de su mundo, buscaban al Dios auténtico, que es verdaderamente Dios; buscaban al único Dios, al que pertenece el mundo entero y que es el Dios de todos los hombres. Y habían encontrado a aquel Dios por el que preguntaban, al que buscaban, al que todo hombre anhela en silencio, en la Biblia de Israel, reconociendo en él al Dios que creó el mundo.

Él es el Dios de todos los hombres y, al mismo tiempo, eligió un pueblo concreto y un lugar para estar presente desde allí entre nosotros. Son buscadores de Dios, y han llegado a Jerusalén para adorar al único Dios, para saber algo de su misterio. Además, el evangelista nos narra que estas personas oyen hablar de Jesús, acuden a Felipe, el apóstol procedente de Betsaida, en la que la mitad de la gente hablaba en griego, y le dicen: «Queremos ver a Jesús» (Jn 12, 21). Su deseo de conocer a Dios los impulsa a querer ver a Jesús y a través de él a conocer más de cerca a Dios. «Queremos ver a Jesús»: una expresión que nos conmueve, porque todos quisiéramos verlo y conocerlo verdaderamente cada vez más.

Creo que esos griegos nos interesan por dos motivos: por una parte, su situación es también la nuestra, pues también nosotros somos peregrinos que nos preguntamos sobre Dios, que buscamos a Dios. También nosotros quisiéramos conocer a Jesús más de cerca, verlo de verdad.

Sin embargo, también es verdad que, como Felipe y Andrés, deberíamos ser amigos de Jesús, amigos que lo conocen y pueden abrir a los demás el camino que lleva a él. Por eso, creo que ahora deberíamos orar así: Señor, ayúdanos a ser hombres en camino hacia ti. Señor, concédenos que podamos verte cada vez más. Ayúdanos a ser tus amigos, que abren a los demás la puerta hacia ti.

San Juan no nos dice si esto llevó efectivamente a un encuentro entre Jesús y esos griegos. La respuesta de Jesús, que él nos refiere, va mucho más allá de ese momento contingente. Se trata de una doble respuesta: habla de la glorificación de Jesús, que comenzaba entonces: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre» (Jn 12, 23).

El Señor explica este concepto de la glorificación con la parábola del grano de trigo: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12, 24). De hecho, el grano de trigo debe morir, en cierto modo romperse en la tierra, para absorber en sí las fuerzas de la tierra y así llegar a ser tallo y fruto.

Por lo que concierne al Señor, esta es la parábola de su propio misterio. Él mismo es el grano de trigo venido de Dios, el grano de trigo divino, que se deja caer en tierra, que se deja romper en la muerte y, precisamente de esta forma, se abre y puede dar fruto en todo el mundo.

Ya no se trata sólo de un encuentro con esta o aquella persona por un momento. Ahora, en cuanto resucitado, es «nuevo» y rebasa los límites espaciales y temporales. Ahora llega de verdad a los griegos. Ahora se les muestra y habla con ellos, y ellos hablan con él; así nace la fe, crece la Iglesia a partir de todos los pueblos, la comunidad de Jesucristo resucitado, que se convertirá en su cuerpo vivo, fruto del grano de trigo.

En esta parábola encontramos también una referencia al misterio de la Eucaristía: él, que es el grano de trigo, cae en tierra y muere. Así nace la santa multiplicación del pan en la Eucaristía, en la que él se convierte en pan para los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares.

Lo que aquí, en esta parábola cristológica, el Señor dice de sí mismo, lo aplica a nosotros en otros dos versículos: «El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna» (Jn 12, 25).

Creo que, cuando escuchamos esto, en un primer momento no nos agrada. Quisiéramos decir al Señor: «Pero, ¿qué dices, Señor? ¿Debemos odiar nuestra vida, odiarnos a nosotros mismos? ¿Nuestra vida no es un don de Dios? ¿No hemos sido creados a tu imagen? ¿No deberíamos estar agradecidos y alegres porque nos has dado la vida?».

Pero la palabra de Jesús tiene otro significado. Naturalmente, el Señor nos ha dado la vida, y por ello le estamos agradecidos. Gratitud y alegría son actitudes fundamentales de la existencia cristiana. Sí, podemos estar alegres porque sabemos que mi vida procede de Dios. No es una casualidad sin sentido. Soy querido y soy amado.

Cuando Jesús dice que deberíamos odiar nuestra propia vida, quiere decir algo muy diferente. Piensa en dos actitudes fundamentales. La primera es la de quien quiere tener para sí mismo su propia vida, de quien considera su vida casi como una propiedad suya, de quien se considera a sí mismo como una propiedad suya, por lo cual quiere disfrutar al máximo de esta vida, vivirla intensamente sólo para sí mismo. Quien actúa así, quien vive para sí mismo, y sólo piensa y se quiere a sí mismo, no se encuentra, se pierde. Y es precisamente lo contrario: no tomar la vida, sino darla.

Esto es lo que nos dice el Señor. Y no es que tomando la vida para nosotros, la recibamos, sino dándola, yendo más allá de nosotros mismos, no mirándonos a nosotros mismos, sino entregándonos al otro en la humildad del amor, dándole nuestra vida a él y a los demás. Así nos enriquecemos alejándonos de nosotros mismos, liberándonos de nosotros mismos. Entregando la vida, y no tomándola, recibimos de verdad la vida.

El Señor prosigue, afirmando en un segundo versículo: «Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre lo honrará» (Jn 12, 26). Este entregarse, que en realidad es la esencia del amor, es idéntico a la cruz.

En efecto, la cruz no es más que esta ley fundamental del grano de trigo que muere, la ley fundamental del amor: que nosotros sólo llegamos a ser nosotros mismos cuando nos entregamos. Sin embargo, el Señor añade que este entregarse, este aceptar la cruz, este alejarse de sí mismos, es estar con él, pues nosotros, yendo en pos de él y siguiendo el camino del grano de trigo, encontramos el camino del amor, que en un primer momento parece un camino de tribulación y de sufrimiento, pero precisamente por eso es el camino de la salvación. El seguimiento, el estar con él, que es el camino, la verdad y la vida, forma parte del camino de la cruz, que es el camino del amor, del perderse y del entregarse.

Este concepto incluye también el hecho de que este seguimiento se realiza en el «nosotros», que ninguno de nosotros tiene su propio Cristo, su propio Jesús, sino que sólo lo podemos seguir si caminamos todos juntos con él, entrando en este «nosotros» y aprendiendo con él su amor que entrega.

El seguimiento se realiza en este «nosotros». El «ser nosotros» en la comunidad de sus discípulos forma parte del ser cristianos. Y esto nos plantea la cuestión del ecumenismo: la tristeza por haber roto este «nosotros», por haber subdividido el único camino en muchos caminos, pues así se ofusca el testimonio que deberíamos dar, y el amor no puede encontrar su expresión plena.

¿Qué deberíamos decir al respecto? Hoy escuchamos muchas quejas por el hecho de que el ecumenismo habría llegado a una situación de estancamiento, acusaciones mutuas. A pesar de ello, yo creo que ante todo deberíamos estar agradecidos por la gran unidad que ya existe.

Es hermoso que hoy, domingo Laetare, podamos orar juntos, entonar los mismos himnos, escuchar la misma Palabra de Dios, explicarla y tratar de comprenderla juntos; que miremos al único Cristo que vemos y al que queremos pertenecer, y que de este modo ya demos testimonio de que él es el único, el que nos ha llamado a todos, y al que, en lo más profundo, todos pertenecemos.

Creo que sobre todo deberíamos mostrar al mundo esto: no contiendas y conflictos de todo tipo, sino alegría y gratitud por el hecho de que el Señor nos da esto y porque existe una unidad real, que puede llegar a ser cada vez más profunda y que debe ser cada vez más un testimonio de la Palabra de Cristo, del camino de Cristo en este mundo.

Naturalmente, no debemos contentarnos con esto, aunque debemos estar llenos de gratitud por estar juntos. Sin embargo, el hecho de que en cosas esenciales, en la celebración de la santa Eucaristía no podemos beber del mismo cáliz, no podemos estar en torno al mismo altar, nos debe llenar de tristeza porque llevamos esta culpa, porque ofuscamos este testimonio. Nos debe dejar intranquilos interiormente, en el camino hacia una mayor unidad, conscientes de que, en el fondo, sólo el Señor puede dárnosla, porque una unidad concordada por nosotros sería obra humana y, por tanto, frágil, como todo lo que realizan los hombres. Nosotros nos entregamos a él, tratamos de conocerlo y amarlo cada vez más, de verlo, y dejamos que él nos lleve así verdaderamente a la unidad plena, por la cual oramos a élcon todo apremio en este momento.

Queridos amigos, una vez más deseo expresaros mi agradecimiento por esta invitación, que me habéis hecho; por la cordialidad con la que me habéis acogido —y también por sus palabras, señora Esch—.

Demos gracias por haber podido orar y cantar juntos. Oremos los unos por los otros. Oremos juntos para que el Señor nos conceda la unidad y ayude al mundo para que crea. Amén.

«… ninguno de nosotros tiene su propio Cristo, su propio Jesús,

sino que sólo lo podemos seguir si caminamos todos juntos con él,

entrando en este «nosotros»»

En su Discurso al Consejo de la Iglesia Evangélica, el 17 de noviembre de 1980, en Maguncia, Alemania, Juan Pablo II había dicho.

«Recuerdo en este momento que en 1510-1511 Martín Lutero vino a Roma como peregrino a la tumba del Príncipe de los Apóstoles, pero como alguien que buscaba la respuesta a algún interrogante suyo. Hoy vengo a vosotros, a la herencia espiritual de Martín Lutero; vengo como peregrino, para hacer de este encuentro en un mundo cambiante una muestra de la unión en el misterio central de nuestra fe.»

Recordemos nosotros que el 20 de marzo de 2010, fueron a Roma los teólogos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, y que allí tuvo lugar la tercera reunión de los debates doctrinales con los representantes del Vaticano. Cabe preguntarse si han debatido sobre «la herencia espiritual de Martín Lutero», o sobre la «multiplicación del pan en la Eucaristía, en la que él se convierte en pan…», o simplemente sobre este «mundo cambiante»….

Respiremos un poco de aire puro y demos lugar ahora a las condenas y a los esclarecimientos de Monseñor Marcel Lefebvre.

CONFERENCIA EN ECÔNE DE

MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE

Martes 15 de abril de 1986

«Queridos amigos, ¡pudieron, durante las vacaciones, reflexionar sobre el sermón del domingo de Pascua!…

(En el Sermón del Domingo de Pascua, 30 de marzo de 1986, Monseñor Lefebvre había dicho: «Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en cultos de falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Que conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunión con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje pública y formalmente»).

Entonces querría, puesto que hay distintos ecos, distintas reacciones, querría clarificar un poco, en la medida en que es posible, porque la situación de la Iglesia es una situación tan misteriosa, que no es tan fácil clarificar las cosas…

Digamos, en primer lugar, ¿por qué esta posición adoptada, por qué hablar así de los actos del Papa, y juzgar hasta cierto punto los actos del Papa, como se podría hacerlo de los cardenales, de los obispos, de la Curia Romana?

Pienso que la respuesta es simple, ¿verdad? Estamos convencidos, y debemos estar convencidos, que lo que hay en primer lugar, lo que hay de fundamental en nuestra vida cristiana y en nuestra vida, es la fe.

¿Por qué Ecône, por qué la Fraternidad, por qué la resistencia de tantos sacerdotes y fieles?… para guardar la fe, ya que es el primer mandamiento, y la primera obediencia que debemos a Dios, por la revelación que nos hizo, la revelación de su divino Hijo y de su Encarnación y sus Misterios: Misterio de la Redención, Misterio de la Resurrección, de glorificación. Es toda una revelación, revelación que nos es comunicada por Dios. Y ante la comunicación de esta revelación por Dios, ¿cuál debe ser nuestro primer sentimiento? … obediencia: yo creo. No puedo hacer otra cosa que creer.

Entonces, esta fe no va completamente sola. Esta fe tiene necesidad, por lo tanto, de transmitirse. Y si es necesario transmitirla, son necesarios órganos para transmitirla. Y por eso Nuestro Señor constituyó su Iglesia, constituyó sus sacerdotes, constituyó su sacerdocio.

Y al mismo tiempo que la fe, Dios participó la gracia, la santificación, y en consecuencia todos los medios de santificación. Esto es la Iglesia. Y es lo que la Iglesia hizo durante veinte siglos. Se organizó, se constituyó, se estructuró, de una determinada manera, si se puede decir, para eso.

¿Qué es el Santo Oficio si no la defensa de la fe, la protección de la fe de los fieles, por todos los medios a su disposición? El Santo Oficio de la Inquisición de fe que busca todo lo que puede ser nocivo para la fe de los fieles y debe proteger a los fieles contra los ataques del error, los ataques del espíritu astuto que quiere obviamente introducir herejías y errores dentro de la Iglesia, de la Cristiandad.

¿Qué es el Dicasterio de la Propaganda? Es el dicasterio de la difusión de la fe, de propaganda fide, es eso el título de la Propaganda. De la difusión, pues, de la fe.

¿Para qué el Dicasterio de los obispos? Porque los obispos son los sucesores de los Apóstoles, los que deben difundir la fe. ¿Por qué el Dicasterio de los Sacerdotes, del Clero? Porque el Clero está encargado de difundir la fe, y en consecuencia es necesario dar al clero las directivas, protegerlo contra las dificultades que puede tener. Y es este Dicasterio el que se encarga del Catecismo porque son los sacerdotes los que están encargados de enseñar el Catecismo, y en consecuencia es el Dicasterio del Clero el que enseña el Catecismo.

Todo eso es tan natural, diría, evidente. Se organizó toda la Iglesia Romana para la fe, propagar la fe, comunicar la fe, y luego, al mismo tiempo, comunicar la gracia por supuesto: Dicasterio de los Sacramentos, Dicasterio del Culto, de la Liturgia, de la adoración de Dios, de la manera de adorar a Dios. Y todo eso en función de la fe.

Es lo que han hecho los Apóstoles. Basta con citar solamente dos o tres textos de los Apóstoles… Cuando Pedro hizo ese milagro extraordinario de ese paralítico que curó; a continuación, preguntado por los príncipes de los sacerdotes que querrían impedirlos de predicar, Pedro, lleno del Espíritu, les dice: Jefes del pueblo y ancianos de Israel, si se nos interroga hoy sobre un beneficio concedido a un enfermo para saber cómo se curó a este hombre, sabedlo bien, todos vosotros y todo el pueblo de Israel, es por el nombre de Jesús de Nazareth, a quien crucificasteis —¡a quien crucificasteis, no tiene miedo de decirlo! — y que Dios resucitó muertos.

¡Es por Él que este hombre se presenta ante vosotros, plenamente curado! Este Jesús es la piedra rechazada por vosotros los edificadores del edificio, y que se convirtió en la piedra angular. ¡Y la salvación no está en ningún otro, ya que no hay bajo el cielo otro nombre que se haya dado a los hombres por el cual podamos ser salvos!

Entonces, ¿qué van a hacer los príncipes de los sacerdotes? Porque ven la seguridad de Pedro y de Juan, reconocieron bien que había allí un milagro ante el cual no podían hacer nada. Entonces, ¿qué van a hacer?… Llamándolos, les prohibieron absolutamente hablar y enseñar en nombre de Jesús: Haced todo lo que queráis, pero no habléis más de Jesús… Pedro y Juan respondieron: Juzgad si está bien ante Dios obedecer más a vosotros que a Dios. En cuanto a nosotros, no podemos no decir esto que vimos y oímos. Debemos seguir…

Es esto. Se pueden leer todos los Hechos de los Apóstoles, es siempre la misma cosa.

Los arrestaron nuevamente: Les trajeron, pues, y les presentaron en el Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó y les dijo: «Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre, y sin embargo vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina y queréis hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre». Pedro y los apóstoles contestaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros disteis muerte colgándole de un madero. A éste le ha exaltado Dios con su diestra como Jefe y Salvador, para conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo que ha dado Dios a los que le obedecen».

Así es cómo han respondido los Apóstoles: siempre enseñando a Nuestro Señor. Y la palabra de Dios se extendía cada vez más. El número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y una multitud de sacerdotes obedecían a la fe.

Es necesario hacer bien hincapié en este término: obedecían a la fe. La fe, es una obediencia. Nosotros debemos obedecer a la fe.

Y pienso que es esto lo que ahora es crucial delante de nuestros ojos: que nos encontramos delante de Obispos, e incluso del Papa, que no obedecen ya a la fe…

Por qué ir a los Judíos… Son los mismos Judíos, básicamente, los mismos que los que negaron Nuestro Señor. Es la misma cosa, exactamente, el mismo espíritu.

Están en contra de Nuestro Señor Jesucristo. Cantaron, al partir el Papa de la Sinagoga: Esperamos al Mesías, esperamos al Mesías, esperamos al Mesías…

Si lo esperan, es que no creen en el que vino. Queda claro.

¿Entonces? Pues no es posible rogar con gente como esta, no es posible. Hay allí una desobediencia a la fe en Nuestro Señor Jesucristo. No se predica ya a Nuestro Señor Jesucristo como se debería hacerlo, como lo hicieron los Apóstoles.

Entonces, nos encontramos ante este hecho que los teólogos llaman la communicatio in sacris. Es un hecho: communicatio in sacris.


Tomad vuestros libros de Moral. Ved la virtud de fe, y veréis que en la virtud de la fe hay siempre un pequeño capítulo sobre la protección de la fe y la defensa de algunas cosas que se refieren a la fe.

La communicatio in sacris está, en principio, prohibida. Pero se la distingue entre activa y pasiva.

Pasiva, es el que va por curiosidad a una ceremonia no católica – es siempre no católico; ponen siempre en una misma categoría a los no católicos, por lo tanto los protestantes, los musulmanes, todos los cultos posibles e inimaginables que no son católicos – entonces hay allí la participación pasiva, por lo tanto por curiosidad o por razones de ceremonias para amigos, padres, que no son católicos, pero siempre pasivos: ninguna oración, ninguna comunicación, ningún canto en el cual participan; están allí absolutamente pasivos. Entonces esto se autoriza en algunos casos.

Pero la communicatio in sacris activa está absolutamente prohibida, absolutamente prohibida.

Entonces cuando se trata de los rezos, cantos, incluso el órgano, está prohibido, absolutamente prohibido.

Aunque las palabras de las oraciones sean palabras ortodoxas y que no sean contrarias a la fe católica. Incluso siendo así, no se tiene el derecho a rezar con los que no tienen nuestra fe, que no tienen la fe católica; es, hasta cierto punto, comulgar con ellos en su fe, en una fe que no es católica.

Entonces, implícitamente, es un acto contrario a la fe católica, y en consecuencia un acto que los pone en la situación de sospechoso de herejía. Y si se es advertido, y seis meses después se sigue, se es considerado, entonces, como hereje.

¿Qué queréis? Es un hecho. El Papa rezó con ellos.

Y lo anuncian incluso todos estos últimos días – en el Osservatore Romano que he leído hoy: el anuncio para Asís – y bien el Papa anuncia que va a rezar con todas las religiones a Dios… ¿A qué Dios? Va a rogar a Dios…, pues, con todas las religiones por la paz, se dice…

Esto es un problema, un problema teológico, un problema que pueden consultar… El Derecho Canónico, la communicatio in sacris… En el Diccionario de Derecho Canónico, de Naz, verán lo que dice. Id a consultar todos los libros de moral, la virtud de la fe, encontraréis la communicatio in sacris. No es muy largo, es algo menos explícito que en Naz, en el Diccionario de Derecho Canónico, pero veréis allí lo que es. Veréis si no estamos ante un caso de este tipo.

Entonces me diréis: — Pero el Papa está por sobre la ley.

¡El Papa no está por sobre las leyes divinas!

Está por sobre las leyes eclesiásticas, de acuerdo. No se puede decir que porque hizo eso, él va a ser excomulgado. Esta es una ley eclesiástica, como consecuencia de esta sospecha de herejía y esta herejía… Pero, en fin eso es una ley a pesar de todo…; que está hecha por la Iglesia, es otra cosa.

Pero, en lo que se refiere a la sospecha de herejía y la herejía, es una consecuencia directa de una communicatio in sacris, por lo tanto una comunión con gente que no tiene nuestra fe.

Eso, eso cae exactamente bajo la prescripción, la prohibición que San Pablo hizo a los Corintios, diciendo: — No hay que tener contacto con los infieles. ¿Qué relación hay entre Belial y Dios? ¿Qué relación entre las tinieblas y la luz?

Eso no puede quedar más claro. Pero San Juan también dice la misma cosa. Prohíbe ir precisamente con los infieles, de comulgar con los infieles, encontrarse juntos… ¡y con mayor razón en el rezo!

A continuación, se plantean otros problemas. Hay otro problema. Si de verdad se comprueba que el Papa hace communicatio in sacris y que, por lo tanto, es sospechoso de herejía, y que si sigue – y de hecho hace 3-4 actos similares, y se propone hacer otro aún mucho más grave con todas las religiones de la tierra – entonces… ¿puede un Papa ser herético? Se plantea necesariamente la cuestión.

Se responderá: eso es aún otro problema, por lo tanto no se soluciona, digamos, absolutamente…

Pero en fin, pienso que basta con ir a consultar los teólogos, de ir a consultar a todos los que estudiaron estas cuestiones, para ver…

Es muy probable que, en su conjunto, los teólogos digan que el Papa no puede ser herético públicamente, por lo tanto profesar públicamente una herejía.

Ahora bien, si hay algo que es público, está bien claro que es lo que hizo el Papa; es esto que hizo hace dos días. Hay quizá mil millones de hombres sobre la tierra que vieron al Papa entrar en la Sinagoga, ya que es difundido mundialmente por los satélites y que el mundo entero pudo ver por la televisión.

Saben, cuando digo el mundo entero, yo no me equivoco, porque les garantizo que, id a Perú, id a Bolivia, id a Colombia, id a los barrios más pobres de las ciudades más miserables…, de la gente que sólo tiene cuatro paredes, y de chapas o de la paja… ¡allí está la televisión! Y bien sí, tienen un televisor. Es la primera cosa que se compran. Tienen la televisión… Id a Bombay, en los barrios más pobres, más desamparados, hay una antena de televisión. ¡Es increíble! ¡Esta televisión tiene una influencia increíble!

Entonces ver, todos pudieron ver al Santo Padre que entraba en la Sinagoga. Muchos católicos, por supuesto que hay otros que no son católicos, pero muchos católicos vieron eso… gente pobre, pequeños cristianos de la campaña, sin casi darse cuenta – ya que ahora no se tiene ya la fe, es allí lo grave del problema… no se tiene ya la fe católica, disminuyó por todas partes, se reduce de verdad a pocas cosas – entonces no ven la malicia de eso.

El Papa fue a visitar a los judíos, apretó la mano del gran rabino, hizo un acto de caridad, hizo una visita agradable de cortesía, etc. No ven. Es la reacción de la mayoría de la gente. ¿Por qué? Porque que no tienen ya la fe en Nuestro Señor Jesucristo. No tienen la fe en la única salvación del mundo, en el único Salvador del mundo que es Nuestro Señor Jesucristo: ¡Oh! Uno se salva en todas partes, y tanto más… puesto que el Papa hace eso, por lo tanto es que todas las religiones son buenas, que se sea judío, que se sea musulmán, que se sea cualquier cosa, eso no tienen importancia… Se va siempre hacia el mismo Dios… como el dice, por otra parte, desgraciadamente, el mismo Papa.

Lo tengo en un discurso en Camerún; dice explícitamente: ¡nosotros, católicos, creemos que Jesús es el único medio para ir a Dios, pero respetamos todas las vías que conducen a Dios! … Entonces, si sólo hay un único medio para conducir a Dios, ¿cómo se pueden respetar todas las vías que conducen a Dios?… pues hay otras vías que conducen a Dios… ¡según la conciencia de cada uno!…

¡Es increíble! No es eso lo que dijeron los Apóstoles. ¡Hubiesen dejado a los judíos en su buena conciencia, pero no decirles que debían convertirse!

Entonces el problema se plantea.

Primer problema: la communicatio en sacris.

Segundo problema: la cuestión de la herejía.

Tercer problema: ¿el Papa es aún Papa cuando es hereje?

¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión. No sé. Entonces, ahora, ¿es urgente hablar de esto?…

Se puede no hablar, obviamente… Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes…

¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen:
No, no habléis a los fieles. Van a escandalizarse. Eso va a ser terrible, eso va a ir lejos…

Bien. Yo dije a los sacerdotes, en París, cuando los reuní, y luego a vosotros mismos, ya os había hablado, yo dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco los fieles…

No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos… No. Pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe. Somos encargamos de guardar la fe de los fieles, protegerla.

Van a perder la fe… incluso nuestros tradicionalistas. Incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la fe en Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ya que esta fe se pierde! Se pierde en los sacerdotes, se pierde en los obispos.

No se cree ya en la virtud de Nuestro Señor Jesucristo. No se cree ya en su divinidad. Es el Cardenal Ratzinger él mismo quien lo dijo. Dijo en su informe: – Europa no cree ya en la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, y especialmente el clero europeo no cree ya

Y bien, ¡es grave!, es la cosa más grave que se pueda decir. No creen ya en la virtud sobrenatural de Nuestro Señor y que Nuestro Señor es de verdad el medio de salvar las almas. Entonces ya no buscan más que medios humanos. De ahí la teología de la liberación. De ahí todos los principios revolucionarios. No se busca ya la justicia por la virtud, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, por la conversión de las almas, por la transformación de las almas, la cristianización de las almas: cada uno de los que han sido bautizados revistieron a Jesucristo. He aquí la civilización cristiana, he aquí la transformación de las almas, he aquí la verdadera revolución que debe hacerse en las almas, para la civilización cristiana. Y no la revolución por la base, con las armas si es necesario, contra los tiranos: ¡es poner el fuego en la pólvora! Es excitar el odio en la gente.

Entonces, he aquí la situación en la cual nos encontramos y es necesario volver nuevamente siempre a eso: tengamos la fe, reavivemos nuestra fe, porque es debido a la fe que se pierde que el Concilio fue lo que fue. Porque los obispos no tienen ya la fe, y los sacerdotes no tienen ya la fe. Es por eso que abandonaron el sacerdocio, es por eso que pretendieron ser sacerdotes obreros. Pretendieron hacer cualquier cosa: congresos y congresos, reuniones, asambleas, sínodos, y todo eso… supuestamente por la fe… Pero es necesaria la gracia de Dios, es la gracia de Nuestro Señor Jesucristo. Es Él quien salvará, es Él que es todopoderoso. Es Dios. Es Él que vino adrede para eso, para salvarnos. Es Él quien debe salvar, no somos nosotros, no somos más que instrumentos…

Pienso que allí está el problema.

Y se dice: Monseñor va a hacer cisma… ¿Pero quién hace cisma? … ¡No soy yo! Para hacer cisma es necesario dejar la Iglesia. Y dejar la Iglesia, es dejar la fe, en primer lugar.

¿Quién deja la fe de la Iglesia? La autoridad está al servicio de la fe. Si ella abandona la fe, es ella quien hace cisma. Entonces no somos nosotros quienes hacemos cisma.

En cuanto a la cuestión de la consagración de un obispo, ya os hablé. Yo diría ahora que la cuestión se vuelve casi secundaria, dada la gravedad del problema ante el cual nos encontramos, en fin, que tenemos delante de los ojos, lo que hace el Papa.

Es eso ahora lo que es de verdad trágico, absolutamente trágico… y que nos llena de tristeza, y que debe llenarnos también del deseo de rezar, de sacrificarnos, de suplicar a Dios para que intervenga…

Yo no soy profeta, pero me pregunto si la guerra que ha comenzado hoy – ya que la guerra ha comenzado a la 4 de esta mañana, la guerra abierta de América contra Libia – sea la chispa que quizá que va a poner el fuego en la pólvora en el mundo.

Quizá sea la respuesta de Dios al acto que hizo el Papa el domingo. No sé nada, no soy profeta, pero en la situación actual, es necesaria poca cosa para que la deflagración estalle en todo el mundo.

Rusia tiene la intención de sostener a Libia y comienza a enviar misiles contra los aviones americanos, es la Guerra Mundial. En la radio, comentaban esta mañana: Los aviones americanos fueron a destruir cuarteles a Trípoli, han reducido los cuarteles a nada esta mañana… ¿Qué va a salir de esto?

Será necesario un buen día que Dios hable. No es posible que Dios permita ser dejado de lado por los que deben defenderlo, por los que deben ser sus partidarios… ¡No es posible que eso dure indefinidamente, no es posible, eso!»


Juan Pablo II saluda a un «sacerdote» Voo Doo

durante el encuentro de Asís: terremoto en la Iglesia

DECLARACIÓN DE BUENOS AIRES

De Monseñor Marcel Lefebvre

Y De Monseñor Antonio de Castro Mayer

2 de diciembre de 1986

«Roma nos hizo preguntar si teníamos la intención de declarar nuestra ruptura con el Vaticano con motivo del Congreso de Asís.

La cuestión nos parecería más bien deber ser la siguiente: «¿Creen y tienen la intención de declarar que el Congreso de Asís consuma la ruptura de las Autoridades romanas con la Iglesia Católica?»

Puesto que es eso lo que preocupa a los que siguen siendo católicos.

Es bien evidente, en efecto, que desde el Concilio Vaticano II el Papa y los episcopados se alejan siempre más claramente de sus antecesores.

Todo lo que fue puesto en obra por la Iglesia en los últimos siglos para defender la fe, y todo lo que ha sido realizado para difundirla por los misioneros, hasta el martirio inclusive, de ahora en más es considerado como una falta, de la cual la Iglesia debería acusarse y hacerse perdonar.

La actitud de los once Papas que desde 1789 hasta en 1958, en documentos oficiales, condenaron la Revolución liberal, se considera como «una falta de inteligencia del aliento cristiano que inspiró la Revolución».

De ahí la vuelta completa de Roma desde el Concilio Vaticano II, que nos hace repetir las palabras de Nuestro Señor a los que venían a arrestarlo: «Haec est hora vestra et potestas tenebrarum» (Luc 22, 52-53: Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas).

Adoptando la religión liberal del protestantismo y de la Revolución, los principios naturalistas de Jean Jacques Rousseau, las libertades ateas de la Constitución de los Derechos humanos, el principio de la dignidad humana no teniendo más relación con la verdad y la dignidad moral, las autoridades romanas vuelven la espalda a sus antecesores y rompen con la Iglesia Católica, y se ponen al servicio de los destructores de la Cristiandad y del Reino universal de Nuestro Señor Jesucristo.

Los actos actuales Juan-Pablo II y de los episcopados nacionales ilustran año tras año este cambio radical de concepción de la fe, de la Iglesia, del sacerdocio, del mundo, de la salvación por la gracia.

El colmo de esta ruptura con el magisterio anterior de la Iglesia se realizó en Asís, después de la visita a la Sinagoga. El pecado público contra la unicidad de Dios, contra el Verbo Encarnado y Su Iglesia hace estremecer de horror: Juan-Pablo II animando a las falsas religiones a rogar a sus falsos dioses: escándalo sin medida y sin precedentes.

Podríamos retomar aquí nuestra Declaración del 21 de noviembre de 1974, que permanece más actual que nunca.

En cuanto a nosotros, permaneciéndonos indefectiblemente unidos a la Iglesia católica y romana de siempre, nos vemos obligados a comprobar que esta Religión modernista y liberal de la Roma moderna y conciliar se aleja siempre aún más de nosotros, quienes profesamos la fe católica de los once Papas que condenaron esta falsa religión.

La ruptura no viene, pues, de nosotros, sino de Pablo VI y de Juan Pablo II, que rompen con sus antecesores.

Este renegar de todo el pasado de la Iglesia por estos dos Papas y por los obispos que los imitan es una impiedad inconcebible y una humillación insoportable para los que siguen siendo católicos en la fidelidad a veinte siglos de profesión de la misma fe.

Consideramos, pues, como nulo todo lo que ha sido inspirado por este espíritu de renuncia: todas las reformas post conciliares, y todos los actos de Roma que se realizan en esta impiedad.

Contamos con la gracia de Dios y el sufragio de la Virgen fiel, de todos los mártires, de todos los Papas hasta el Concilio, de todos los santos y santas fundadores y fundadoras de Órdenes contemplativas y misioneras, para que nos ayuden en la restauración de la Iglesia por la fidelidad íntegra a la Tradición.»

Juan Pablo II besando el corán

SIGNOS DE LA PROVIDENCIA

En el mes de noviembre de 1985, Monseñor Marcel Lefebvre entregó en Roma un trabajo sobre la Libertad Religiosa (Dubia). El 9 de mayo de 1987 Roma responde a las Dubia (objeciones) depositadas un año y medio antes. Esta respuesta fue acompañaba de una carta, corta y cortés, del Cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El documento enviado por el Cardenal Ratzinger convenció a Monseñor Lefebvre – si aún era necesario – de que Roma «se obstinaba en el error», y añadió: «Van a conducir a las almas a la apostasía, simplemente, a la ruina de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, a la ruina de la fe católica y cristiana».

La impresión global que extrajo Monseñor Lefebvre de ese documento romano fue: «En resumen, se nos reconoce que la libertad religiosa es una novedad, pero se garantiza que se inscribe en la continuidad«.

En el mes de abril de 1987, la revista italiana Trenta giorni realizó una entrevista a Monseñor Lefebvre, quien expresó:

«El Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe me había pedido poner por escrito mis opiniones y mis dudas sobre este tema; es lo que hice, y le envié, en noviembre de 1985, un estudio de ciento cincuenta páginas mecanografiadas. En enero de 1986, me respondió que había recibido estos documentos y que había apreciado el cuidado filológico. Sabemos que la Santa Sede pidió a todos los episcopados enviar a Roma un estudio sobre el tema de la Libertad Religiosa, y que el episcopado francés ya envió su contribución. El padre jesuita que es el redactor escribió: «es trágico que todos los Papas del siglo XIX no hayan comprendido la verdad cristiana que se encuentra en los principios de la Revolución francesa». ¡Veis!, hay ruptura, ¡y cómo!»

Conforme a la costumbre, el 29 de junio de 1987 hubo ceremonia de ordenaciones sacerdotales en Ecône.

La homilía de ese día señala una fecha trascendental en la ya larga historia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y en el combate que llevaba a cabo Monseñor Lefebvre, en medio de la más horrible crisis que sacude a la Iglesia, para conservar y transmitir la Fe y el Sacerdocio católicos.

Por primera vez en público, Monseñor Lefebvre anunció que le parecía deber suyo intervenir, siguiendo los signos de la Providencia, previendo como necesario para el futuro del Sacerdocio proceder próximamente a consagraciones episcopales e instituir de este modo Auxiliares, con la única misión de garantizar las ordenaciones sacerdotales y las confirmaciones. Esta decisión significativa fue anunciada por el prelado en estos términos:

«Es necesario decirlo. No puedo callarme. No puedo ocultarlo. Este año ha sido un año muy grave para la Iglesia Católica, para nosotros católicos, para nosotros sacerdotes católicos.

Ustedes lo saben, distintos escritos lo informaron, tuve la ocasión de decir que esperaba señales de la Providencia para realizar los actos que me parecen necesarios para la continuación de la Iglesia Católica. Debo reconocer ahora que tengo la convicción de que estas señales han llegado.

¿Cuáles son? He aquí: Asís y la respuesta que se nos hizo de Roma a las objeciones que habíamos formulado respecto de la Libertad Religiosa.

Asís tuvo lugar el 27 de octubre último y la respuesta de Roma a nuestras objeciones sobre los errores de Vaticano II relativos a la Libertad Religiosa nos llegó a principios del mes de marzo. En sí mismo, es más grave aún que Asís.

Asís es un hecho histórico, una acción. Pero, la respuesta a nuestras objeciones sobre la Libertad Religiosa es una afirmación de principios y eso es pues muy grave. Una cosa es realizar, simplemente, una acción grave y escandalosa, otra cosa es afirmar principios falsos y erróneos, que por lo tanto tienen en la práctica conclusiones desastrosas.

(…) Se trata de una necesidad evidente. Es necesario que estemos convencidos de esto. Esta es la razón por la que, es probable, me proporcionaré sucesores para poder seguir esta obra, porque Roma está en las tinieblas. Roma no puede ya escuchar actualmente la voz de la verdad.

¿Qué eco recibieron nuestras llamadas? Ya hace veinte años que voy a Roma, que escribo, que hablo, que envío documentos para decir: Seguid la Tradición. Volved nuevamente a la Tradición, si no la Iglesia va a su pérdida. Vosotros, que estáis en la sucesión de los que construyeron la Iglesia, debéis seguir construyéndola y no demoliéndola. ¡Son sordos a nuestras llamadas!

El último documento que recibimos lo prueba ampliamente: se encierran en sus errores. Se encierran en las tinieblas. Y van a conducir las almas a la apostasía, simplemente, a la ruina de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, a la ruina de la fe católica y cristiana.

Esta es la razón por la que, si Dios nos lo pide, no dudaremos en darnos auxiliares para seguir esta obra, ya que no podemos pensar que Dios quiera que sea destruida, que no siga ya y que las almas sean abandonados y que, por el hecho mismo, la Iglesia no tenga más Pastores.

Vivimos un tiempo totalmente excepcional. Es necesario que nos demos cuenta. La situación no es ya normal, en Roma muy especialmente.

(…) ¿Qué debemos hacer ante tal realidad? Llorar, seguramente. ¡Oh! lloramos y nuestro corazón está roto y doloroso. Daríamos nuestra vida, nuestra sangre, para que la situación cambie. Pero, la situación es tal, la obra que Dios puso entre nuestras manos es tal, que ante esta oscuridad de Roma, ante esta negativa de volver de nuevo a la Verdad y a la Tradición, nos parece que Dios pide que la Iglesia siga. Esta es la razón por la que, es probable deberé, antes de dar cuenta de mi vida a Dios, hacer consagraciones episcopales.

(…) La apostasía anunciada por la Escritura llega. La llegada del Anticristo se aproxima. Es de una evidente claridad.

Ante esta situación totalmente excepcional, debemos también tomar medidas excepcionales.»

La Roma modernista reacciona ante este anuncio; comienza una larga correspondencia epistolar. Daría la impresión de que Monseñor Lefebvre abandonó su proyecto. Lejos de ello, en plena coherencia con lo revelado y divulgado en junio, el 29 de agosto de 1987 Monseñor Lefebvre escribe una Carta a los futuros Obispos:

«A los Padres Williamson, Tissier de Mallerais, Fellay y de Galarreta.

Bien queridos amigos,

Estando la cátedra de Pedro y los puestos de autoridad de Roma ocupados por anticristos, la destrucción del Reino de Nuestro Señor continúa rápidamente dentro incluso de su Cuerpo Místico aquí abajo, especialmente por la corrupción de la santa Misa, expresión espléndida del triunfo de Nuestro Señor por la Cruz: Regnavit a ligno Deus, y fuente de extensión de su Reino en las almas y en las sociedades (…) Es lo que nos valió la persecución de la Roma anticristo. Esta Roma, modernista y liberal, continúa su obra destructiva del Reino de Nuestro Señor, como lo prueban Asís y la confirmación de las tesis liberales de Vaticano II sobre la libertad religiosa. Me veo obligado por la divina Providencia a transmitir la gracia del episcopado católico, que recibí, para que la Iglesia y el sacerdocio católico sigan subsistiendo para la gloria de Dios y la salvación de las almas.

Esta es la razón por la que, convencido de realizar la santa Voluntad de Nuestro Señor, vengo por esta carta a pedirles aceptar recibir la gracia del episcopado católico, como lo he ya conferido a otros sacerdotes en otras circunstancias.

Les conferiré esta gracia, confiando que sin demora la Sede de Pedro estará ocupada por un sucesor de Pedro perfectamente católico, en las manos de quien podrán depositar la gracia de su episcopado para que la confirme (…)»

«… la santa multiplicación del pan en la Eucaristía,

en la que él se convierte en pan…»

Siempre con el mismo pensamiento, Monseñor Lefebvre toca el tema de las Relaciones con Roma en una Conferencia dada durante un Retiro Sacerdotal, el 4 de septiembre de 1987, en Ecône. Algunos de sus pasajes han recorrido el mundo:

«Debemos resistir, absolutamente resistir, resistir hacia y contra todo.

Y entonces, ahora, llego a lo que les interesa aún más, seguramente; yo digo: Roma perdió la fe, mis queridos amigos. Roma está en la apostasía. No son vocablos, no son palabras en el aire las que les digo. Es la verdad. Roma está en la apostasía. No se puede ya tener confianza en ese mundo, dejó la Iglesia, dejaron la Iglesia, dejan la Iglesia. Es seguro; seguro, seguro.

Lo resumí al cardenal Ratzinger en pocas palabras, porque es difícil resumir toda esta situación; pero le dije: «Eminencia, vea, aunque nos concedan un obispo, aunque nos concedan determinada autonomía respecto de los obispos, aunque nos concedan toda la liturgia de 1962, si nos conceden continuar con los seminarios y la Fraternidad, como lo hacemos ahora, nosotros no podremos colaborar, es imposible, imposible, porque trabajamos en dos direcciones diametralmente opuestas: ustedes trabajan en la descristianización de la sociedad, de la persona humana y de la Iglesia, y nosotros trabajamos en la cristianización. No podemos entendernos».

(…) Es así. No podemos entendernos. Y esto, os lo aseguro, esto es el resumen. No se puede seguir a esa gente.

Es la apostasía. No creen ya en la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, que debe reinar. Y ¿por qué? Porque eso va contra el ecumenismo. Eso va contra la libertad religiosa y contra el ecumenismo. La libertad religiosa, el ecumenismo, estas cosas se tocan, es la misma cosa.

(…) Entonces, ¿cómo quieren que se pueda confiar en gente como esta? No es posible.

Obviamente, se asustaron un poco por el sermón del 29 de junio. El Cardenal de habló de él, lo leyó por lo tanto, lo escuchó en un cassette, supongo. Y entonces me dijo: «¿Cómo es esto que usted juzga que la respuesta a las objeciones que envió sobre la libertad religiosa, nuestra respuesta, es más grave que Asís? Usted dice que es más peligroso que Asís».

Juan Pablo II en Asís,

sentado entre Methodios y el Dalai Lama

Le respondí: «¡Obviamente! Es más grave adherir a un principio que hacer un simple acto. Es el principio el que está en la base de todos los actos, que es la causa de la acción y, por lo tanto, con un principio como el del liberalismo y de la libertad religiosa, y bien, es eso lo que les hace hacer el ecumenismo, es eso lo que les hace hacer la laicidad de los Estados, reclamar la laicidad de los Estados, y así sucesivamente». Entonces, es mucho más grave. Asís, es muy grave, es una apostasía, pero es un hecho, un acto; no es un principio, es el resultado de un principio.»

Otro acto, resultado del mismo principio

Se podrá objetar aquí que Monseñor Marcel Lefebvre, a pesar de todo lo que dijo y escribió respecto de ese principio y de sus consecuencias, a fines de 1987 y a comienzos de 1988 mantuvo gestiones con Roma.

Sabemos y no ocultamos lo que sucedió: como cayó en la trampa que le tendió el Cardenal Ratzinger.

Conocemos como salió de ella y cuales fueron sus decisiones posteriores, durante sus tres postreros años de vida.

En el último reportaje que le hiciera la revista Fideliter, a la pregunta ¿Qué puede decir a los fieles que esperan siempre en la posibilidad de un acuerdo con Roma?, Monseñor Lefebvre dio una respuesta que aclara muchas cosas, tanto sobre el pasado como sobre el futuro:

«Nuestros verdaderos fieles, los que comprendieron el problema y que precisamente nos ayudaron a proseguir la línea recta y firme de la Tradición y de la fe, temían las gestiones que hice en Roma. Me dijeron que era peligroso y que perdía mi tiempo. Sí, por supuesto, he esperado hasta los últimos minutos que en Roma dieran prueba de un poco de honradez. No se me puede acusar de no haber hecho el máximo. Por eso ahora, a los que vienen a decirme: es necesario que usted se entienda con Roma, creo poder afirmar que yo he ido incluso más lejos de lo que habría debido ir.»

Hoy, ante el silencio ensordecedor de sus sucesores, Monseñor Marcel Lefebvre continúa condenando el alocado ecumenismo del Vaticano y sus funestas consecuencias.

53 comentarios sobre “YA NO HAY CONDENAS…En las aguas tranquilas del Ecumenismo El Vaticano y la Fraternidad dialogan…

  1. A éste Papa lo matarán, (¿Benedictus XVI? El Papa 111 según las profecías de San Malaquias, con el lema “La gloria del Olivo”) pero vendrán dos más, el uno bueno (el Papa 112) y el otro malo (el Papa 113); matarán al Papa bueno confundiéndolo y diciendo que han matado al Papa malo, pero en realidad reinará el malo (el anti Papa 113, el Cardenal Tarcisio Bertone, Canciller del Vaticano, con el lema en latín, In persecutione extrema S.R.E. sedebit> persecución extrema, Santa Romana Eclesia, ciertamente se dará. A este anti papa le seguirán todos los enemigos de la religión Católica y en especial los protestantes) este Cardenal, será la primera bestia del Ap. 13, que reinará en conjunto con la segunda bestia del Ap. 13, el Anticristo-Maitreya; unidos harán el cuarto jinete del Ap. 6, 7-8 y el gobierno único mundial (el G-20 nos impondrá el biochip 666 y una sola religión existencialista mundial Págs. 145, 178). Después de éste rompe cabezas apocalíptico, reinara el último de los Papas, PEDRO II, el Papa 114. (PROFECÍAS DEL SEÑOR, EN ECUADOR, 13 DE MAYO DEL 2006)

    Poco antes de morir, San Francisco de Asís reunió a sus seguidores y les advirtió de los problemas que les vendrían, diciendo:

    «EN AQUELLOS DÍAS, JESUCRISTO ENVIARÁ A ELLOS NO UN PASTOR DE VERDAD, SINO UN DESTRUCTOR.»

    – Profecías de San Francisco de Asís http://www.novusordowatch.org/francis.htm

    EL ECUMENISMO EN LA ERA DEL G-7 Y DEL G-20

    Apocalipsis 13: 1Y vi UNA BESTIA que subía del mar, (¿mediterráneo?, es decir un jerarca del Vaticano italiano) la cual tenía siete cabezas, (contará con el imprescindible apoyo de las cabezas del G-7) y diez cuernos y sobre los cuernos diez diademas (contara además con el apoyo restante de 10 príncipes del G-20) y, sobre las cabezas nombres de blasfemias.

    2ESTA BESTIA que vi, era semejante a una pantera, (emblema de Inglaterra, ecumenismo con anglicanos y protestantes) y sus pies eran como de oso, (emblema de Rusia, ecumenismo con ortodoxos) y su boca como boca de león, (emblema del León de Judá, ecumenismo con judíos) Y el dragón le dio su fuerza y su gran poder (emblema de China).

    El cisma en Israel fue la prueba evidente de la Primera Venida de Jesucristo y, al término del cisma en el 2033, será la prueba final para el satánico sionismo masónico iluminati, en su Segunda Venida.

    Que Dios Se Apiade De Nosotros.

  2. Oswaldo: Yo no se si van a matar a B(v)enenito XVI. De lo que estoy seguro es de la diarrea mental que padece ud. He leído varios de sus comentarios a lo largo de los años en que sigo esta ilustre página y he decubierto dos cosas, a saber:
    a. Que nos quiere vender un libro que escribió ud. sobre Fátima.
    b. Que tiene una visión errada de lo que significa: UNA, Católica, Apostólica, Romana. Por un lado en el presente comentario ataca al ecumenismo y por otro lado en el comentario del día Martes 09 de Febrero de 2010 dice: “…Suplico se pida hacer oración en el diario accionar no importa de que religión sean, ya que los que leen este portal, no todos son “católicos”, tan sólo importa su relación en la oración con Dios que a la vez implica su actuación con los demás que debe ser solidaria y comunitaria en el diario vivir…”. En definidas cuentas ¿qué carajos pretende, Sr. Oswaldo?
    Me parece que ud. padece el mismo problema que Domingo F. Sarmiento: leyó de todo, pero desordenadamente. En las lecturas, como en la naturaleza, como en el comer, etc., existe un orden, una prelación, una jerarquía. Me parece que ud. comenzó leyendo el Paturuzú, siguió con una receta de cómo hacer morcilla vazca, continuó con la lectura del Apocalípsis, para proseguir con Pelopincho y Cachirula de García Ferré… y un largo etc…
    En fin, trate de no contradecirse paisano… y mande un poco de morcilla vazca pa’ estos pagos.

    Tom.-

    Nota del Editor:
    Perdón por la edición Tom…

  3. San Pablo en la carta a su amigo entrañable Timoteo, 2Tim. 3, 1-7; allá por el año 50 (más o menos) de nuestra era, DIJO:

    1Has de saber que EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS (Siglo XXI), sobrevendrán tiempos difíciles. 2Porque LOS HOMBRES (modernos como Tom Tom) SERÁN: amadores de sí mismos y del dinero, jactanciosos, soberbios, maldicientes, (los jóvenes) desobedientes a sus padres, ingratos, impíos, 3inhumanos, desleales, (afeminados, homosexuales, bisexuales), calumniadores, incontinentes, despiadados, enemigos de todo lo bueno, (inquisidores como Tom Tom etc, etc) 4traidores, temerarios, prepotentes, (como Tom Tom) amadores de los placeres más que de Dios. 5TENDRÁN CIERTAMENTE APARIENCIA DE PIEDAD, (como Tom Tom) más negarán a Dios, que es su fuerza. A estos apártalos de ti. 6Porque ellos son los que se infiltran en las casas y se ganan mujerzuelas cargadas de pecados, juguetes de las más diversas paciones, 7Y SIEMPRE ESTARÁN APRENDIENDO Y NUNCA SERÁN CAPACES DE LLEGAR AL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD.

    Ahí te va la morcilla para tu estreñimiento Tom Tom.

    Oswaldo

  4. No sé el motivo de la edición al comentario de Tom.

    Mi comentario anterior a esta nota no se publicó, quizá se perdió en el ciberespacio.

    Sin embargo, el año pasado se nos pidió a los foristas ser creativos en cuanto al uso del lenguaje y no usar palabras altisonantes.

    Últimamente, uno que otro comentarista usa y abusa de términos procaces sin que se le amoneste.

    Y si fuera por la extensión, hay comentarios larguísimos que no han sido editados.

  5. Estimado padre Ceriani:

    En alguna época fui feligrés suyo, en la calle Guido. Muy interesante la nota, pero a qué punto de desorientación se ha llegado en la Fraternidad, que para moverla o ponerla en evidencia, hay que recurrir a los discursos o escritos de Mons. Lefebvre en lugar del magisterio de la Iglesia directamente.

    La disolución lenta pero permanente de esa institución (no necesariamente en número de fieles) empezó cuando en ella se planteó la alternativa entre dos «papas» inexistentes: por un lado el de turno en la Iglesia conciliar, y por otro lado el mismo Mons. Lefebvre. Mi retiro de la Frater, ocurrió cuando impusieron el «una cum», pero reservándose el derecho de decidir cuándo el papa era bueno o cuándo era malo.

    Ahora parece que eligieron definitivamente al primero. Y conste que no es una desacreditación que hago de Mons. Lefebvre, a quien Dios tenga en la Gloria.

  6. Me parece terrorífico lo que ha hecho el Papa con la visita a la Sinagoga y a los luteranos. No obstante, no veo el por qué sacar a flote otra vez el tema. Y si se me dice que es relativamente reciente, estoy dispuesto a aceptarlo. Pero sigo sin ver el por qué seguir con Juan Pablo II y sus besitos al Corán. Yo, personalmente, a estas cosas procuro taparlas lo más posible y esperar (aunque sea ingenuamente) que no pasen más, o al menos con mucha menos frecuencia, pero no estar todo el día machacando sobre lo mismo. Hay abundantes críticas para hacer a los recientes mensajes pascuales de los obispos de nuestra Patria. Sería bueno atacar más a los pastores nativos que al Sucesor de Pedro. Un saludo.

  7. «El cisma en Israel fue la prueba evidente de la Primera Venida de Jesucristo y, al término del cisma en el 2033, será la prueba final para el satánico sionismo masónico iluminati, en su Segunda Venida.»

    ¿Se encuentra usted bien?

  8. Excelente nota del P. Juan Carlos Ceriani que nos demuestra que la Iglesia Conciliar sigue tan ecumaníaca como siempre ¿Porqué ocurre eso? Lo explica claramente monseñor Lefebvre: porque han perdido la fe.

    Y para sujetos que han perdido la Fe cualquier camino, hasta el mas absurdo y perverso, es bueno para llegar a Dios pues Dios se ha convertido en una entelequia que recibe mil nombres.

    Y este fruto podrido, la pérdida la fe, produce un clero herético y también degenerado (Sodomitas y pedófilos). El árbol que produjo ese fruto podrido se llama Concilio Vaticano II. Evento desgraciado con el que está en un 95% monseñor Felón.

    Es evidente que con la señalada, por monseñor Lefebvre, herejía ecumenista, monseñor Felón también está en un 95% de acuerdo. Es decir solamente es hereje en un 95%.

  9. Toda la importancia y la fuerza del artículo del padre Ceriani están señaladas en el título y en la conclusión.

    Las visitas ecuménicas de Benedicto XVI son censuradas por anticipación por Monseñor Lefebvre ante el silencio ensordecedor de sus sucesores.

    Este trabajo simplemente muestra (no hay ninguna demostración) que si bien hay una continuidad de pensamiento y de accionar entre Juan Pablo II y Benedicto XVI, sin embargo no existe, lamentablemente, una misma reacción en la condena por parte de los sucesores de Monseñor Lefebvre.

    La última condena del ecumenismo del vaticano mediante un acto público de Monseñor Fellay remonta a abril de 2002.

    Los actos ecuménicos de Juan Pablo II, como las visitas a templo luterano y sinagoga de Roma, encuentros con los ortodoxos, Asís, beso del Corán, etc., tienen una perfecta correspondencia en los actos ecuménicos de Benedicto XVI: visitas a mezquitas, sinagogas, ortodoxos, protestantes, etc., como él mismo se lo propuso desde abril de 2005.

    Los feligreses necesitamos de las autoridades actuales de la Fraternidad (y les exigimos) una condena semejante a la del fundador, e incluso más enérgica, de los reiterados actos escandalosos de Benedicto XVI.

    En 27 años Juan Pablo II visitó una sola sinagoga. En menos de 5 años Benedicto XVI ya visitó tres. Y luego se nos dice que ahora la Barca de la Iglesia navega por aguas más tranquilas…

    NO HAY NINGUNA CONDENA DE MONSEÑOR FELLAY.

    Mientras tanto, las condenas de Monseñor Lefebvre continúan sosteniéndonos.

  10. Oswaldito:
    En concreto
    1. ¿Publicó ud. la nota que cité arriba?
    2. Si lo hizo (cosa de la que estoy seguro), ¿cómo se congenia su ecumenismo con la SANA DOCTRINA?
    En fin, querido Oswaldito, no se me vaya por la tangente…

    Cordialmente…

    Tom.- (El moderno, amador de sí mismo y del dinero, jactancioso, soberbio, maledicente, desobediente, ingrato, impío, inhumano, desleal, calumniador, incontinente, despiadado, enemigo de todo lo bueno, inquisidor, traidor, temerario, prepotente, amador de los placeres más que de Dios, negador de Dios y adúltero – fornicario, según tan amablemente me llamara ud.).

  11. Carísimo Moderador: No veo la razón de la disculpas ya que ud. no ha censurado un ápice mi comentario del día de ayer.
    Dios le guarde,

    Cordialmente…

    Tom.-

  12. La gente despierta se anima a seguir sin importar los comentarios en contra, pues siempre hubo y habrá personas que se creen poseedores de la verdad, que incluso se enfadan si se exponen ideas contrarias a las suyas. EL TIEMPO PONDRÁ A CADA UNO EN SU SITIO.

    Mientras tanto aguantaremos las burlas irónicas con paciencia de los contreras prepotentes amadores de sí mismos, jantacciosos, soberbios y maldicientes, como Tom Tom y JuanMaria.

    Oswaldo

  13. Ave Maria!

    Federico:

    El estupendo comentario de «Una feligresa de la primera hora» contesta su primer párrafo.

    En su segundo párrafo no acabo de entender eso de los dos papas inexistentes. En ninguna parte he visto que siquiera se haya insinuado que Mons. Lefebvre tuviera más autoridad que la que le proporcionaba su investidura episcopal. Tampoco he visto que la FSSPX haya alguna vez emitido un juicio sobre la persona que ocupa la Santa Sede.

    He visto (en el remoto pasado) que se criticaban o condenaban algunos hechos, como la reunión en Asís, pero no que descalificaran al Papa al grado de llegar a desconocerle como tal. Y eso ha sido tema de numerosas discusiones…

    Son muchos los teólogos (muchos santos entre ellos) que afirman que es lícito desobedecer a un Papa e incluso oponérsele cuando ordena algo contrario a la fe o a la moral. Esto implica la capacidad de los fieles de poder juzgar las órdenes del Papa. La gran confianza que se tenía en Mons. Lefebvre fue motivo de que sus juicios fueran atendidos por muchos de los tradicionalistas, pero eso no puede aducirse para afirmar que existía una alternativa entre dos papas inexistentes, mucho menos para referir que la FSSPX se reservó el derecho de decidir cuándo un papa es bueno y cuándo no: como apunté antes, los fieles podemos analizar las órdenes de los papas y juzgarlas. Eso no es un derecho que se haya reservado la Fraternidad.

  14. Mire Oswaldo me cansó… no contesta porque no tiene argumentos. Su ecumenismo, o al menos su errónea visión de la Santa Religión, han sido probados en mi primer comentario sin que ud. pueda rebatirlo. ESTOY ESPERANDO UNA RESPUESTA A MI PREGUNTA: ¿Cómo se congenia la Verdadera Doctrina con su comentario del día Martes 09 de Febrero de 2010 que dice: “…Suplico se pida hacer oración en el diario accionar no importa de que religión sean, ya que los que leen este portal, no todos son “católicos”, tan sólo importa su relación en la oración con Dios que a la vez implica su actuación con los demás que debe ser solidaria y comunitaria en el diario vivir…”.
    ESPERO QUE ME REBATA CON SOLIDEZ Y NO CON ARGUMENTOS DE IMBERBE CHIQUILLO RABIOSO.
    SEA CABALLERO HONRADO Y RESPONDA A MI OBJECIÓN, QUE NO ES FRUTO DE SOBERBIA, MÁS SÍ DE MI INTERÉS POR BUSCAR EN TODO LA VERDAD Y LA GLORIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.
    Así, mientras ud. piensa cómo resolver esta CONTRADICCIÓN, rezaré por ud. para que Dios le haga ver el recto camino.

    La Santísima Virgen, que es Madre de Verdad, le ilumine.

    Tom.-

  15. Debemos apartarnos del mal, pero no juzgar al malechor. El Juicio pertenece únicamente a Dios. Huir al desierto de la Fe, acrisolarla en Oración y Ayuno.

    Ánimo. Hasta la Parusía!

  16. Hace años – y se que a mucha gente le ha pasado lo mismo, gente del común como yo, claro está – que he pensado ¿ Y como podemos estar seguros que todavía Dios está considerando en especial a la Iglesia Católica ? Uno piensa que no puede estar atado a todo esto, que Dios será clemente con uno, que las iglesias, sectas o como se llamen, se partan los cuernos, ¿ pero yo que tengo qae ver Dios mío ? Eso rezé muchas veces. Cuando uno es pequeño está muy segsuro,pero a medida que pasan los años, ve tanta basura, que duda. Yo muchas veces pensé que como nadie puede obligar a Dios, si Este decide cambiar caballo a mitad del río, se acabó.¿ Por que no ? El es el Patrón, y de eso nadie duda.¿ Que opinará Dios de este Papa o de Lefebvre ? No lo sabemos, ni por casualidad. Lo demás es literatura, teología, en suma, papel impreso.

  17. jafg:

    Lamentablemente, la Fraternidad cayó hace tiempo en el pecado y estado de cisma respecto a la Iglesia Conciliar.

    Pueden ser centenas los teólogos que coinciden en opinar algo, pero la Iglesia enseñó y enseña que al papa hay que obedecerlo y no escudriñarlo. (La verdad no se hace por votación)

    Que el papa pueda enseñar algo contra la fe o contra la moral… otra herejía retomada para hacer el guiso del modernismo.

    Y lo de los dos papas inexistentes, sí lo entiende. Compartí muchos años la vida de la Fraternidad. La conozco, le agradezco todo el consuelo espiritual y la seguridad sobre los sacramentos que me dio en años en que el proceso interior, personal, obligaba hasta a pelearse con la familia por decir que la Iglesia conciliar no era la católica. (Tengo varios hijos bautizados por sacerdotes de la Fraternidad). Ahora a nadie le interesa mayormente. Y en esas épocas de particular confusión, Mons Lefebvre era, por derecho propio, una referencia. Tengo el lindo recuerdo de haberle besado el anillo.

    Pero… Casi dijo que la Iglesia conciliar no era la Iglesia católica… Pero no lo dijo definitivamente. Sólo Dios sabe por qué. Y entonces, la fraternidad empezó a navegar las aguas del cisma.

    Claro que es muy fácil decir esto ahora, muchos años después y con un proceso que ha avivado hasta a los más giles. Distinto era resolver en los años ’70 u ’80, y con la responsabilidad de un obispo y superior de una orden religiosa distribuida por todo el mundo, sobre los hombros.

    «Una feligresa de la primera hora» no lo contesta, lo confirma. ¿Se da cuenta de que confían más en la fuerza de una actitud de un obispo que en la clara exposición del magisterio de la Iglesia? Eso es signo de confusión, signo de moverse en la neblina que no permite ver el faro.

  18. Ave Maria!

    Federico: no se trata del número de teólogos, se trata de que ellos sostuvieron eso que señalo y nunca fueron desmentidos ni refutados. Se trata del común de los teólogos.

    La Iglesia no puede enseñar que se debe obedecer algo que va en contra de Dios, sin importar quien lo ordene. Eso es de sentido común y sostenido por el común de la Iglesia.

    Usted sostiene: «Que el papa pueda enseñar algo contra la fe o contra la moral… otra herejía retomada para hacer el guiso del modernismo.» Usted puede decir lo que quiera, pero el Concilio Vaticano I (primero) definió las condiciones para saber cuándo un pontífice hablaba de manera infalible. Es evidente que si se especifican esas condiciones es porque no siempre habla infaliblemente, esto es, porque pudiera darse el caso de que errara aun en materias de fe o moral.

    «Y lo de los dos papas inexistentes, sí lo entiende.»

    Pues no, no lo entiendo.

    Menos entiendo eso que dice de las aguas del cisma…

    “Una feligresa de la primera hora” le ha contestado cabalmente el primer parrafo de su comentario inicial:

    «Este trabajo simplemente muestra (no hay ninguna demostración) que si bien hay una continuidad de pensamiento y de accionar entre Juan Pablo II y Benedicto XVI, sin embargo no existe, lamentablemente, una misma reacción en la condena por parte de los sucesores de Monseñor Lefebvre.»

    Es evidente que el P. Ceriani quiere demostrar la falta de continuidad en la FSSPX. Aquí no se trata de comparar la doctrina de las actuales autoridades de la Fraternidad con la doctrina de la Iglesia.

    En ocasiones queremos leer en los escritos de otros nuestros pensamientos y cuando no los encontramos pensamos que hay un error en esos escritos…

  19. Lisa y llanamente DEJARON DE COMBATIR presumiendo que NO HAY YA HIPÓTESIS DE CONFLICTO.

    Ya NO HAY ENEMIGOS sino DIFERENCIAS, es decir ACUERDO en LO QUE NOS UNE «a la luz de la Tradición», y no en lo que nos separa.

    Pero lógicamente , el acuerdo más perfecto debe estar, justamente, en las DIFERENCIAS.Porque por poco que sea lo que separa YA ES DETERMINANTE.

    La Parusía los va a econtrar INFRAGANTIS.

  20. Transcribo de pluma ajena, y el que quiera entender, que entienda:

    «Los Padres del Vaticano afirman categóricamente la infalibilidad COTIDIANA de san Pedro y de su Iglesia. Por la bula Aeterni Patri de 3 de julio de 1868, Pío IX convoca a un concilio ecuménico y exhorta al mundo católico a tener confianza en la Iglesia. “Para que ella procediera siempre con un orden y una rectitud infalibles, el Divino Salvador le prometió que estaría con ella hasta la consumación de los siglos”.
    La enseñanza de Pío IX fue retomada y desarrollada por los Padres del concilio en su constitución dogmática Dei Filius de 26 de abril de 1870. El prólogo es muy bello: “Jesucristo a punto de retornar a su Padre celeste, promete estar con su Iglesia militante sobre la tierra todos los días (¡!), hasta la consumación de los siglos (cf. Mateo XXVIII, 19-20)”. Un poco más adelante, Los Padres conciliares se alegran de que la Iglesia sea perpetuamente regida por el Espíritu Santo. “Por eso, en ningún tiempo ella sabría dejar de atestiguar y predicar la verdad de Dios, la cual cura todo; ella no ignora lo que le ha sido dicho: “Mi Espíritu, que está en ti, y mis palabras que he puesto en tu boca, no se alejarán jamás de tu boca desde este día hasta la eternidad” (Isaías LIX, 21)”.

    “Deben ser creídas, de fe divina y católica, todas las cosas que son contenidas en la palabra de Dios, sea escritas, sea transmitidas por tradición, y que la Iglesia, sea por un juicio solemne, sea por el magisterio ordinario y universal, propone como siendo divinamente revelada” (Vaticano I, constitución dogmática Dei Filius, 26 de abril de 1870. ch. 3 titulado “de fide”). Así pues, la enseñanza infalible de la Iglesia puede revestir dos formas: una definición solemne con gran pompa (bula, concilio) o un documento de aspecto exterior modesto (alocución, encíclica…).

    Al presentar el esquema de este texto a los Padres del Vaticano, Mons. Simor, relator de la Diputación de la Fe, les dice “Este parágrafo es dirigido contra aquéllos que pretenden que se está obligado a creer únicamente lo que ha sido definido por un concilio, y que no se está obligado a creer igualmente lo que la iglesia docente dispersada predica y enseña con acuerdo unánime como divinamente revelado” (in: Jean Michel Alfred Vacant: Estudio sobre las constituciones del concilio Vaticano según las actas del concilio, Paris y Lyon 1895, 1. II. p. 89).

    Según otro relator de la Diputación de la Fe, Mons. Martin, este parágrafo enseña que el magisterio ordinario es tan infalible como el magisterio extraordinario: “Es necesario creer todas las cosas que Dios ha revelado y nos propone creer, por intermedio de la Iglesia, y esto, CUALQUIERA QUE SEA EL MODO DE EXPRESIÓN que ella eligiera (quomodocumque). Por esta doctrina es excluido el error de aquéllos que quieren que sea necesario solamente creer de fe divina los artículos de fe formalmente definidos, y que en consecuencia, se esfuerzan en reducir casi al mínimum la suma de verdades a creer” (ibídem, p. 372).

    “Jesucristo, a punto de retornar a su Padre Celestial, prometió estar con su Iglesia militante sobre la tierra TODOS LOS DÍAS, hasta la consumación de los siglos. Por lo tanto no ha dejado EN NINGÚN TIEMPO (nullo unquam tempore) de sostener a su esposa bien amada, DE ASISTIRLA EN SU ENSEÑANZA, de bendecir sus obras y de socorrerla en los peligros” (Vaticano I: Dei Filius, Prólogo)

    Digo yo: la idea de que el papa es infalible «a veces» es una herejía nacida de herejes

  21. Ave Maria!

    Quien lea esto y quiera entender, que entienda.

    He aquí cómo se expresa el Concilio Ecuménico del Vaticano en la sesión IV, celebrada el día 18 de julio de 1870:
    ―Por tanto, Nos, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida desde el comienzo de la fe cristiana, y para gloria de Dios Salvador nuestro, exaltación de la Religión católica, y salud de los pueblos cristianos, con aprobación del sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma revelado por Dios: Que cuando el Romano Pontífice habla ex cátedra, es decir, cuando ejerciendo el cargo de Pastor y Doctor de todos los cristianos, define en virtud de su Apostólica suprema autoridad que una doctrina sobre fe y costumbres debe ser profesada por toda la Iglesia, mediante la divina asistencia que le fué prometida en el Bienaventurado Pedro, está dotado de aquella infalibilidad que el divino Redentor quiso que poseyera su Iglesia en el definir la doctrina sobre fe o costumbres, y por consiguiente, que estas definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas, no por el consentimiento de la Iglesia. ―Si alguno osase, lo que Dios no quiera, contradecir a esta nuestra definición; sea excomulgado.

    El siguiente hipervínculo explica de manera sencilla y clara la cuestión de la infalibilidad papal:

    http://www.mercaba.org/ARTICULOS/P/puede_el_papa_caer_en_error_o_he.htm

    Quienes sostienen que es una herejía la idea de que el papa es infalible “a veces”, deberían explicar por qué se indica específicamente las condiciones bajo las cuales se sabría que el Papa está hablando de una manera infalible. También deberían explicar por qué santos como Santo Tomás de Aquino y San Roberto Belarmino (por mencionar sólo a dos de muchos más) afirman categóricamente que es lícito oponerse a un Papa cuando este ordena cosas contrarias a la fe o a la moral.

    Una aclaración más: es muy importante que se considere la diferencia entre infalibilidad del Papa e infalibilidad o inerrancia de la Iglesia:

    La Iglesia nunca ha enseñado algo errado ni lo puede hacer. La Iglesia es inerrante. Un Papa sí puede errar de manera personal (cuando no habla ex cathedra) aun en cuestiones de fe o de moral.

  22. Amigo jafg:

    Tenga en cuenta que no se trata de ver quién gana en la pulseada sino de tener claro cuáles son las armas de que dispone el enemigo para sembrar confusión o disensiones.

    Adjunto un material para que lea , medio largo, pero interesante, a ver si nos ponemos de acuerdo. Hay más, cuando quiera sigo aportando información, que obviamente no sale de mi trabajo personal, salvo como traductor, para beneficio de todos.

    2.3.2 SAN ROBERTO BELLARMINO REFUTA A LOS PARTIDARIOS DE LA TESIS DEL “DOCTOR PRIVADO HEREJE”

    En lo que concierne al papa en tanto que doctor privado, Mons. Zinelli confía en la providencia; se refiere sin duda a un pasaje bien conocido del cardenal Bellarmino sobre las relaciones entre providencia e inerrancia del papa en tanto que persona particular. San Roberto Bellarmino (1542 – 1621), doctor de la Iglesia, sostiene que un papa no puede errar, aún en cuanto simple particular. He aquí sus palabras, de un capítulo titulado “del papa en tanto que simple persona particular”:

    “Es probable y se puede creer piadosamente, que el soberano pontífice, no solamente no puede errar en tanto que papa, sino también que no podrá absolutamente ser hereje o creer con pertinacia cualquier error en la fe en tanto que simple particular (particularem personam). Esto se prueba primeramente porque es requerido por la suave disposición de la providencia de Dios. Pues el pontífice no solamente no debe y no puede predicar la herejía, sino que también debe siempre enseñar la verdad, y sin duda lo hará, siendo que Nuestro Señor le ha ordenado confirmar a sus hermanos (…). Por lo tanto, yo pregunto, ¿cómo un papa hereje confirmaría a sus hermanos en la fe y les predicaría siempre la verdadera fe? Dios podría, sin duda, arrancar de un corazón hereje una confesión de verdadera fe, como en otro tiempo, Él ha hecho hablar la burra de Balaam. Pero esto sería más bien violencia y en absoluto conforme a la manera de actuar de la divina providencia, la que dispone todas las cosas con dulzura.

    Esto se prueba en segundo lugar por los hechos, pues hasta hoy, ninguno ha sido hereje (…); luego esto es un signo de que tal cosa no puede ocurrir. Para más información consultar el manual de teología realizado por Pighius” (San Roberto Bellarmino: de romano pontifice, IV, ch. 6).

    San Bellarmino remite para más informaciones a Pighius. ¿Quién es Pighius? El holandés Albert Pighius (1490 – 1542) era un teólogo muy apreciado por los papas de su época. Compuso un Tratado de la jerarquía eclesiástica (hierarchiae ecclesiasticae assertio, Colonia 1538). En este tratado sobre todo en el libro IV, ch. 8) Pighius demuestra que un papa está en la imposibilidad de desviar de la fe, aún como simple particular
    Para probar sus dichos, él presentaba siete argumentos teológicos, más una demostración histórica:
    a. El papa es la regla de la fe de todos los fieles católicos: si errara, un ciego guiaría a otro ciego (lo que sería contrario a la providencia divina)
    b. Que Pedro no pueda errar es una creencia de la Iglesia universal (todos los católicos de todos los tiempos y de todos los lugares lo han creído: luego, esto es verdad)
    c. La promesa de Cristo en Mateo XVI, 18
    d. La promesa de Cristo en Lucas XXII, 32
    e. La necesidad de guardar la cohesión: es necesario un centro estable y sólido (Roma) para oponerse a las fuerzas centrípetas (tantos pueblos diversos, viviendo a veces en regiones herejes, tienen necesidad de un polo que los mantenga en la fe.
    f. Es necesario evitar a los herejes (Tito III: 2. Tesalonicenses III) “Por lo tanto, no nos es permitido en ningún caso separarnos de la cabeza del cuerpo de la Iglesia: separarse es ser cismático”. Pedro es el fundamento unido indisolublemente a la Iglesia contra la cual las puertas del infierno (…los herejes) jamás prevalecerán: “lo que no se puede si el papa fuera hereje”
    g. El hereje o el cismático no tienen el poder de atar o desatar /San Atanasio, Agustín, Cipriano; Hilario). Por lo tanto, la plenitud del poder es necesaria a la cabeza de la Iglesia visible. Luego, Dios no permitirá que el papa caiga en herejía. El autor emprende enseguida una refutación de los pretendidos casos históricos de papas que se habrían desviado de la fe.

    San Roberto Bellarmino (De romano pontifice, libro 11, cap. 30) emite este juicio sobre la tesis de Pighius: ¡“Es fácil de defender”!

    Contrariamente a los que muchos de los comentadores de San Bellarmino sostienen, el santo cardenal no cree en absoluto en la posibilidad de un papa hereje. Adhiere, en efecto, a la tesis de Pighiius. No es más que a título de especulación intelectual puramente hipotética que estudia la eventualidad de un “papa hereje”. Citamos el pasaje en el que adhiere a la tesis de Pighius, y anuncia que estudiará las proposiciones contrarias:
    “Hay cinco opiniones sobre esta cuestión. La primera es la de Albert Pighius (Hierarchiae ecclesiasticae assertio, libro IV, ch. 8), para quién el papa no puede ser hereje y por lo tanto no puede ser depuesto en ningún caso. Esta opinión es probable y fácil de defender, como lo veremos más adelante en tiempo oportuno. No obstante aceptando que esto no es cierto y que la opinión común es la opuesta, es útil examinar la solución a dar a esta cuestión, en la hipótesis de que el papa pueda ser hereje” (De romano pontifice, libro II, ch. 30).

    Después de haber anunciado así que adhiere a la primera opinión, el santo cardenal presenta enseguida las otras cuatro opiniones. Una vez hecha esta presentación de las cinco hipótesis, san Bellarmino demuestra que la tesis de Pighius es la única verdadera: 1) por la suave disposición de la providencia de Dios; 2) por los hechos (libro IV, cap. 6; ver el texto citado más arriba).

    El libro del cardenal Bellarmino figura en la bibliografía especial sobre la infalibilidad, establecida por los Padres de Vaticano I (ver nuestro capítulo 2.4). A decir verdad, la obra especializada del cardenal Bellarmino sobre el pontífice romano es el punto de referencia constante de los Padres del concilio Vaticano. Se refieren a él constantemente durante sus trabajos, citándolo para probar sus postulatums. e intervenciones. Se puede decir que el libro De romano pontífice es, de alguna manera, la “Biblia” de los Padres del Vaticano, tanto como la Summa theolgiae de santo Tomás ha sido la “Biblia” de los Padres de Trento.

    En una declaración común sobre el esquema preparatorio de Pastor aeternus los Padres, reconociendo la autoridad doctrinal del santo cardenal (“Bellarmini auctoritatem”), le dan largamente la palabra, con exclusión de todos los otros autores (¡!), para la interpretación auténtica de Lucas XXII, 32, lo que prueba que consideran como siendo el mejor de los “autores aprobados” (“probatos auctores”). Este doctor de la Iglesia refuta victoriosamente a los galicanos negadores de la infalibilidad pontificia y prueba que “el Señor ha rogado para obtener dos privilegios para Pedro. Uno consiste en que Pedro no podrá jamás perder la fe (…) El otro consiste en que en tanto que papa Pedro no podrá jamás enseñar algo contra la fe, es decir que no se encontrará jamás que él enseñe contra la verdadera fe desde lo alto de su cátedra”.

    El privilegio de no enseñar jamás el error “permanecerá sin ninguna duda en sus descendientes o sucesores” (de romano pontifice libro IV, cap. 4, citado por los Padres: Relatio de observationibus reverendissimorum concilii Patrum in schema de romani pontifiçis primatu, in: Scheneemann: Acta…col. 288).

  23. Creo que queda poco por decir, las imágenes ilustran muy bien y es muy completo el artículo.
    En este trabajo del Padre Ceriani podemos ver, además, el gran error de estos “diálogos” con el Vaticano.
    ¿Qué podemos esperar después de estos actos de Benedicto XVI, gravísimos por cierto?
    ¿Acaso Benedicto XVI ha demostrado que quiere dar marcha atrás? ¿No!
    ¿Y entonces? Se nos quiere hacer creer que van a Roma para proclamar la verdad en alta voz.
    Les vamos a creer, cuando el Superior General condene públicamente estos y otros actos semejantes de Benedicto XVI.
    Por el momento sólo demuestran que están cumpliendo con el ultimatum que les diera Castrillón Hoyos en junio de 2008.

  24. Estimado Federico

    Veo que en la fe usted no relativiza, le recomiendo ponga mucha atención a las personas que gustan de confundir más a los católicos con relativismos y argumentos contradictorios.

    En Cristo

  25. Ave Maria!

    Estimado Federico:

    Celebro el inicio de su último comentario y le agradezco el recordatorio: ciertamente esto no se trata de competir para erigirse como vencedor en una discusión. Aunque probablemente quienes participamos en estos foros sabemos eso, es fácil dejarse llevar por la soberbia y olvidar lo que usted tan acertadamente comenta.

    He leído lo que escribió acerca de San Roberto Belarmino y recuerdo haber leído algo similar ya hace mucho tiempo. Ahora estoy muy cargado de trabajo y dispongo de poco tiempo, pero releeré con mayor atención su escrito lo mismo que otros documentos que tengo archivados y que no los tengo tan presentes ahora.

    Por lo pronto citaré un dicho que reza: «cuando Roma habla, los teólogos callan». Entonces, creo que una vez que se definió en el Concilio que el Papa es infalible cuando se cumplen tales o cuáles condiciones, la opinión de los teólogos pierde relevancia.

  26. ¿sabe una cosa Alicia?

    Para mí, los errores más peligrosos son los que afectan a la gente que está en la tradición, que ve todo con claridad pero, culpa de los malditos enemigos solapados, no los frontales, aceptan que las cosas son relativas: El papa puede errar, ergo yo puedo desobedecerle; todo es discutible, etc.

    En ese número cuento a los sacerdotes de la fraternidad, aunque tengo muy en claro que, por lo menos la inmensa mayoría, no lo hace por maldad. Habría que ver en la jerarquía.

    El padre Méramo, el padre Ceriani, tendrán que responder alguna vez, supongo, por la gente que han ayudado a que se quede entre dos aguas, y que así como van las cosas, van a ir a parar a la iglesia conciliar.

    Si el papa es papa, se lo obedece. Si no se lo obedece es porque no es papa.

  27. Federico,

    Además de su certero comentario,con el coincido en pleno, también hay seglares, que se dicen fieles.

    En Cristo

  28. Federico:

    «Si el papa es papa, se lo obedece. Si no se lo obedece es porque no es papa.»

    Me permito añadir respetuosamente una observación respecto al presente caso parta precisar el sentido:

    SI EL PAPA ES, SE LO OBEDECE. NO SE LO OBEDECE SI ES ANTIPAPA

    Me explico:

    Como sucede en la actualidad, la inmensa mayoría cristiana ignora que Maledicto Palpatine® es un usurpador, y muchos de buena fe lo obedecen. Y hacen bien.

    Otros lo desobedecen (comenzando por la Curia y los Ordinarios de tooodo el orbe), y hacen mal porque reniegan abiertamente de su jusrisdicción y eso está penado canónicamente con anatema.

    Dogma de Fe: «El Papa (sucesor de San Pedro), posee la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia no solamente en cosas de fe y costumbres, sino también en la disciplina y gobierno de la Iglesia.» (1)

    El Concilio del Vaticano (el Primero) define:

    “Si alguno dijere que el obispo de Roma tiene únicamente el oficio de inspección o dirección, y no la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, no solamente en cosas de fe y costumbres, sino también en todo lo que respecta a la disciplina y gobierno de la Iglesia esparcida por todo el orbe de la tierra; o que tiene la parte más importante pero no la plenitud total de este supremo poder, o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata, bien sea sobre todas y cada una de las Iglesias o sobre todos y cada uno de los pastores y fieles, sea anatema” (2)

    Lo de la FSSPX, se ubican en medio del trángulo, entre los desobedientes anatematizados, los que lo obedecen en lo que les parece bien y los que lo atacan como si fuera un usurpador, pero no se «atreven a declararlo tal» es decir en la total confusión, por obra y gracia de sus pastores.

    Finalmente, los católicos, que obedeciendo al Magisterio Infalible reconocen el cúmulo de advertencias y condenas que durante 20 siglos emitieron desde Nuestro Señor Jesucristo hasta los verdaderos sucesores de San Pedro, postulados que defendieron los santos y que quedaron inscritas en la Ley Canónica auténtica como la «Cum ex apostolus oficcio» y muchas otras, y que por defender el Papado combaten al usurpador, al lobo con piel de oveja, al antipapa hereje y cismático, enemigo de Cristo y de su Iglesia.

    ¿Hay más?

    Ave Maria, gratia plena

    (1) http://www.luxdomini.com/dogma8.htm#_ftn25
    (2) Dz. 1831, cf. Dz. 1827, CIC 218.

  29. Muy a lo bárbaro quise decir que si en las actitudes del «papa» hay herejías evidentes, que obligan a desobedecerlo, quiere decir que no es papa.

  30. Ave Maria!

    Estas citas u otras similares ya se han mencionado en estos foros anteriormente, pero dada la recurrencia del tema de la sede vacante o usurpada y del señalamiento de cisma, vale la pena repetirlas:

    San Bruno, obispo de Segni, se opuso al Papa Pascual II que había cedido al emperador Enrique V en la cuestión de las investiduras, y le escribió: «Yo os estimo como a mi Padre y señor (…) Debo amaros; pero debo amar más aun a Aquel que os creó a Vos y a mí (…) Yo no alabo el pacto (firmado por el Papa) tan horrendo, tan violento, hecho con tanta traición, y tan contrario a toda piedad y religión».

    En el sínodo provincial de 1112, con la asistencia y aprobación de San Hugo de Grenoble y San Godofredo de Amiens, sé envio a Pascual II una carta, donde se lee: «si como absolutamente no lo creemos, escogierais otra vía, y os negarais a confirmar las decisiones de nuestra paternidad, válganos Dios pues así nos estaréis apartando de vuestra obediencia«.

    San Norberto de Magdeburgo, fundador de los monjes canónigos premostratenses, ante el peligro que el Papa Inocencio II cediera al emperador Lotario III, en las investiduras, dijo: Padre ¿qué vais a hacer? ¿A quien entregáis las ovejas que Dios os ha confiado, con riesgo de verlas devorar? Vos habéis recibido una Iglesia libre. ¿vais a reducirla a la esclavitud? La Silla de Pedro exige la conducta de Pedro. He prometido por Cristo, la obediencia a Pedro y a Vos. Pero si dais derecho a esta petición, yo os hago oposición a la faz de toda la Iglesia».

    Vitoria, el gran teólogo dominico del siglo XVI, escribe: «Si el Papa, con sus órdenes y sus actos, destruye la Iglesia, se le puede resistir e impedir la ejecución y sus mandatos».

    Suarez afirma: «Si (el Papa) dictara una orden contraria a las buenas costumbre, no se le ha de obedecer; si tentara hacer algo manifiestamente opuesto a la justicia y al bien común, será licito resistirle; si atacara por la fuerza, por la fuerza podrá ser repelido» («De Fide»)

    Santo Tomas de Aquino, Doctor de la Iglesia, expresó: » habiendo peligro próximo para la fe, los prelados deben ser argüidos, inclusive públicamente, por los súbditos. Así, San Pablo, que era súbdito de San Pedro, le arguyó públicamente».

    San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, sostuvo: » Así como es licito resistir al Pontífice que agrede el cuerpo, así también licito resistir al que agrede las almas, o que perturba el orden civil, o sobre todo, a aquel que tratase de destruir a la Iglesia. Es licito resistido no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad». (De Romano Pontífice, libro II, c. 29).

    En la vida del mismo Santo, quien fue consultor del Papa y gran defensor de la supremacía pontificia, la República de Venecia tuvo dificultades con la Santa Sede. Se reunieron entonces los teólogos de dicha República y emitieron varias proposiciones. De éstas:

    Proposición 10: La obediencia al Papa no es absoluta. Esta no se extiende a los actos donde sería pecado obedecerle.

    Proposición 15: Cuando el Soberano Pontífice fulmina una sentencia de excomunión que es injusta o nula no se debe recibirla, sin apartarse, sin embargo, del respeto debido a la Santa Sede.

    Estas proposiciones fueron sometidas al examen del gran teólogo cardenal Belarmino, quien luego fue canonizado y posteriormente declarado Doctor de la Iglesia por Pío IX. He aquí la respuesta el Santo:

    » No hay nada que decir contra la proposición diez, pues ésta está expresamente en la Sagrada Escritura».

    » Los teólogos de Venecia no tenían necesidad de fatigarse en probar la proposición quince, pues nadie la niega».

    De lo visto más arriba se concluye que en el caso hipotético que algún Papa manifestara doctrinas contrarias al Magisterio de la Iglesia, el cristiano que las resistiera no sería en forma alguna un rebelde o desobediente si no un hijo fiel al Papa y a la Iglesia. Porque el Papa, en cierta forma siempre es el mismo, desde San Pedro hasta la consumación de los siglos; y su doctrina es la del Príncipe de los Apóstoles, “pues no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestara una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles o depósito de la fe”. (Concilio Vaticano I).

    Cfr. http://www.conviccionradio.cl/doctrina/doctrina-catolica-sobre-el-papa.html

  31. Para quienes no quieren caer en la confusión, la indefinición y la contradicción:

    Ningún argumento presentado por un cristiano, así sea de un santo doctor, es superior al del Magisterio Infalible e Inerrable de la Iglesia, que se enseña a través del Sumo Pontífice y de los Concilios Universales (Dogma de Fe).

    Nunca en la Iglesia, un cristiano se opuso a la jurisdicción del Papa con legitimidad o razón, nunca, no hay un solo caso.

    Ante el Dogma de Fe: “El Papa (sucesor de San Pedro), posee la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia no solamente en cosas de fe y costumbres, sino también en la disciplina y gobierno de la Iglesia.” (1)

    y en base a ese Dogma, el Concilio del Vaticano (Primero) define:

    “Si alguno dijere que el obispo de Roma tiene únicamente el oficio de inspección o dirección, y no la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, no solamente en cosas de fe y costumbres, sino también en todo lo que respecta a la disciplina y gobierno de la Iglesia esparcida por todo el orbe de la tierra; o que tiene la parte más importante pero no la plenitud total de este supremo poder, o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata, bien sea sobre todas y cada una de las Iglesias o sobre todos y cada uno de los pastores y fieles (incluidos lo de la FSSPX u otros), sea anatema” (2)

    NO HAY OBJECIÓN POSIBLE.

  32. Para quienes no quieren caer en la confusión…

    Pero además:

    Como se puede leer en la argumentación de la FSSPX colgada en Radio Convicción:

    Santo Tomás de Aquino NUNCA habla de oposición a la jurisdicción del Sumo Pontífice y cuando habla del tema doctrinal reconoce en San Pablo a un miembro leal del Consejo Apostólico quien con su sabiduría y caridad aconseja a su superior, San Pedro, en un tema doctrinal delicado y de gran importancia, pero el Gran León de Dios jamás se lanza o amenaza a la desobediciencia contra el Papa, ni en materia doctrinal ni en materia de jurisdicción por la razón de que es el Pontífice quien posee infalibilidad en materia de Fe y buenas costumbres, tal y como se constató ante la definición de San Pedro, asistido por el Espíritu Santo, asistencia que nunca faltó, falta o faltará a ningún Vicario legítimo de Cristo, así fue prometido por Jesucristo y Él no miente.

    Tras la definición de San Pedro, los apóstoles, incluso quienes estaban por la postura contraria a la de San Pablo, aceptaron con verdadera humildad el mandato papal infalible. Y punto.

    Gracias a esta infalibilidad es posible la Unidad en la fe de la Iglesia Católica.

    Si San Pedro, el Papa, por su misma infalibilidad hubiese definido otra cosa, similar, diferente en parte o en todo a la postura de San Pablo, el Apóstol de los Gentiles igualmente se hubiera adherido con amor filial a la enseñanza papal, como todos los demás, si no sería hereje y no sería San Pablo.

    En cuanto al Papa Pascual II, es conocida la alteración de documentos que se hicieron en éste y otros pontificados por secretarios e infiltrados en la Curia que luego no se dan a conocer en la Historia Oficial Hebrea, ocultando la verdad con la intención de hacer parecer a los Papas como vulgares herejes cuando en realidad nunca sucedió eso.

    Son muchísimos los casos de esos mitos denunciados posteriormente por diferentes sabios y santos teólogos, se pueden leer en la Suma de Sagrada Teología Escolástica (1) o en varios autores pero que la FSSPX no está interesada en dar a conocer.

    (1) http://www.serviciocatolico.com/files/suma_teologia_escolasticasj.htm

  33. Para quienes no quieren caer en la confusión…

    Igualmente se ha alterado y mutilado la versión sobre San Roberto Belarmino cuando analiza la posibilidad o imposibilidad de que un Papa defeccione en la Fe…cosa que jamás ha sucedido en los 2 mil años de la Iglesia, además de que contradice la Promesa de Nuestro Señor «He rogado para que tu fe no falle» y la DEFINICIÓN DOGMÁTICA DEL CONCILIO VATICANO, la cual en todo caso, está por encima de San Roberto o cualquier teólogo privado.

    Por eso, a lo largo de los 260 papas legítimos de la Iglesia del año 33 al año 1958, nunca, uno solo de ellos, siendo pontífices, jamás enseñó algo contrario a la Fe Cristiana…..NUNCA….

    Pero además de la Infalibilidad, está el Primado de Jusrisdicción definido como Dogma y canonizado durante el Concilio Vaticano Primero, el cual es absolutamente indiscutible, y sobre lo cual no hay ninguna duda aceptable, para ningún católico, luego de su definición en 1870. (1)

    Es así que NO HAY JUSTIFICACIÓN alguna para oponerse al Papa en cuanto a su potestad sobre toda la Iglesia, «DE LA CUAL NADIE PUEDE APARTARSE DE ELLA SIN MENOSCABO DE SU FE Y SU SALVACIÓN». (2)

    Ave Maria, gratia plena

    (1) y (2) http://www.apologeticacatolica.org/Primado/PrimadoN041.html

  34. Ave Maria!

    Para quienes no quieren caer en la confusión:

    1. Puesto que «ningún argumento presentado por un cristiano, así sea de un santo doctor, es superior al del Magisterio Infalible e Inerrable de la Iglesia, que se enseña a través del Sumo Pontífice y de los Concilios Universales (Dogma de Fe)», debe aceptarse sin objeciones lo que se expresa el Concilio Ecuménico del Vaticano en la sesión IV, celebrada el día 18 de julio de 1870:

    Por tanto, Nos, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida desde el comienzo de la fe cristiana, y para gloria de Dios Salvador nuestro, exaltación de la Religión católica, y salud de los pueblos cristianos, con aprobación del sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma revelado por Dios: Que cuando el Romano Pontífice habla ex cátedra, es decir, cuando ejerciendo el cargo de Pastor y Doctor de todos los cristianos, define en virtud de su Apostólica suprema autoridad que una doctrina sobre fe y costumbres debe ser profesada por toda la Iglesia, mediante la divina asistencia que le fué prometida en el Bienaventurado Pedro, está dotado de aquella infalibilidad que el divino Redentor quiso que poseyera su Iglesia en el definir la doctrina sobre fe o costumbres, y por consiguiente, que estas definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas, no por el consentimiento de la Iglesia. ―Si alguno osase, lo que Dios no quiera, contradecir a esta nuestra definición; sea excomulgado.

    De aquí se deduce que el Papa no siempre es infalible sino solamente cuando habla ex cathedra, ni siquiera en materia de fe o de moral. Por ende, es lícito desobedecerle y hasta resistirle cuando atenta contra la fe o la moral.

    2. El que nunca haya ocurrido algo no es ni puede ser un argumento para demostrar que esto no pueda ocurrir.

    3. «Santo Tomás de Aquino NUNCA habla de oposición a la jurisdicción del Sumo Pontífice», pero tampoco excluye ese caso. Lo que él dice es en general. Por tanto, el hecho de que no mencione algo específico no es prueba de que no se refiriera a él.

    4. Durante la crisis arriana, algunos obispos, como por ejemplo San Atanasio, San Eusebio de Samosata, sin mandato apostólico, no solamente consagraron sino incluso llegaron a establecer en sedes episcopales a otros obispos cuya santidad no dudó en proclamar la Iglesia (Cfr. Migne, Historiae Ecclesiasticae, L. IV, c. 12, Patres graeci, 82, col. 1148).

    5. Sobre el apostolado extraordinario de estos santos escribe San Teodoro Estudita: “Con motivo de necesidades imperiosas, no siempre, sino en momentos críticos en que se extiende la herejía, hay que hacer conforme a lo establecido en tiempos de paz. Eso es precisamente lo que el bienaventurado Atanasio y el santísimo Eusebio hicieron públicamente: ambos impusieron las manos más allá de los límites (de su jurisdicción). En el momento presente advertimos que ocurre lo mismo con la herejía actual”. (San Teodoro Estudita, Patrologiae Graecae, Migne, T. XCIX, col. 1645-48).

    (4 y 5) http://www.statveritas.com.ar/Varios/Informe%20Doctrinal05.htm

    De lo anterior se concluye que, en caso de extrema necesidad, es lícito oponerse al Papa aun en cuestiones de jurisdicción.

    La cuestión de la alteración de los documentos del Papa Pascual II y de San Roberto la desconozco…

  35. Para quienes no quieren caer en la confusión:

    ¿Cuándo el Papa es infalible?. Cuando habla «ex-cathedra»:

    El papa habla EX CATHEDRA cuando cumple tres condiciones esenciales:

    1. Cuando manifiesta la Doctrina de la Iglesia EN MATERIA DE FE Y BUENAS COSTUMBRES. No cuando habla de política, de artes, ciencia y tecnología, y otros temas ajenos a su investidura Papal.

    2. Cuando habla COMO PAPA, VICARIO DE CRISTO, PASTOR UNIVERSAL DE LA IGLESIA es decir que firma o estampa con SU RÚBRICA PAPAL a un documento oficial, a una carta-encíclica o una declaración como Pontífice a través de los medios masivos de comunicación, por eso el protocolo establece que siempre lo hacen por escrito, independientemente de que los lean de viva voz y esaes la utilidad principal de que al serelecto un Papa, elija un nombre específico para diferenciar cuando habla como Papa, de cuando lo hace como simple católico.

    3. Cuando su declaración no es en privado, por ejemplo en una audiencia privada. Sino cuando se dirije a toda la Iglesia, A esa declaración a toda la Iglesia se le denomina DECLARACIÓN URBI ET ORBI.

    Por definición, el Papa goza de la asistencia del Espíritu Santo, desde el momento mismo en el cual fue elegido canónicamente Papa y aceptó el nombramiento.

  36. Para quienes no quieren caer en la confusión:

    Conforme a la infalibilidad del Papa y su alcance:

    1. No es indispensable que sea coronado para ser Papa, ni -por ende- para poseer la infalibilidad mencionada. Este argumento lo aclara la Iglesia para quienes afirman que se puede errar si el Papa no ha sido coronado.

    2. Para hacer una declaración ex-cathedra, el Papa no necesita invocar ex profeso al Espíritu Santo, ya que no se trata de «palabras mágicas» que sólo son efectivas cuando se hace la invocación.

    No obstante, la dicha invocación, a Dios y a los santos, no ha dejado de ser una costumbre de todo católico hasta para comer, al levantarse, al acostarse, al iniciar una empresa…por eso resulta absurdo el argumento de que desde Juan XXIV y Pablo VI hasta Maledicto XVI nunca hicieron una declaración excathedra porque nunca invocaban previamente al Espíritu Santo antes de hacer sus decenas de declaraciones heréticas…

    3. Es admirable la forma en que fue votado el Dogma de Fe de la Infalibilidad, fue votado 8 de julio de 1870, el día anterior al inicio de la guerra franco alemana; se reunieron en San Pedro 435 padres del Concilio Vaticano I bajo la autoridad del Papa Pío IX. Se hizo la última votación, en la que 433 padres votaron placet y sólo dos, el Obispo Aloisio Riccio de Cajazzo, Italia y el Obispo Edward Fitzgerald de Little Rock, Arkansas, votaron non placet. Durante el evento se desató sobre el Vaticano una tormenta y entre truenos y relámpagos el papa promulgó el nuevo dogma, tal como un Moisés promulgando la ley en el Monte Sinaí. El enemigo entró a Roma por la Porta Pia. El papa se vio prisionero en el Vaticano. ..

  37. Para quienes no quieren caer en la confusión:

    En el tema de la falibilidad del Papa cuando, como hombre, no habla excathedra o como doctor privado se equivoca, entonces es lícito «resistirle», que más bien diríamos combatirle, porque eso hacen.

    En este caso, de los «errores humanos» del Papa, quienes le resisten estarían obligados a hacerlo privadamente para evitar el seguro escándalo, apercibiendo al Pontífice de sus errores en el mismo ámbito que lo cometió, en privado. Naturalmente que el Pontífice, al hacer uso de su infalibilidad, por una declaración como Papa al mundo, corregiría su error y listo.

    Pero de eso a lo que seucede no hay ni punto de comparación:

    Los últimos 5 ocupantes de la Sede (de Juan XXIV a Maledicto XVI) , apercibidos por todos los medios posibles, a través de libros, de prelados, de la propia doctrina de los anteriores Pontífices defenidda una y mil veces a través de medios masivos de comunicación y todo lo que el lector crea posible. Estos usurpadores, nunca han corregido uno solo, mucho menos todo el cúmulo de errores que profesan. Y HACIENDO USO DE LA INVESTIDURA PAPAL, URBI ET ORBI, EN MATERIA DE FE Y COSTUMBRES, HAN PROCLAMADO GRAN CANTIDAD DE HEREJÍAS.

  38. Para quienes no quieren caer en la confusión:

    La INFALIBILIDAD EN MATERIA DE FE Y BUENAS COSTUMBRES, estuvo simpre ligada a la PRIMACIA DEL PAPA EN MATERIA DE JURISDICCIÓN Y DEL GOBIERNO DE LA IGLESIA

    Para gobernar la Iglesia el Concilio vaticano I estableció en la Constitución sobre la Iglesia de Cristo que «la primacía del pontífice romano, en quien descansa la unidad, fuerza y estabilidad de toda la Iglesia, siempre y especialmente ahora, ha sido el objeto de violentos ataques de los enemigos de la Iglesia.»

    Por esto la doctrina de su origen, permanencia continua y naturaleza debe ser claramente definida y establecida, mas sobre todo por los errores en su contra. Consecuentemente, el primer capítulo trata sobre la residencia de la primacía apostólica en los papas de Roma. Cada capítulo termina con un canon en contra de la opinión dogmática opuesta. Los dos últimos capítulos son la parte más importante de la Constitución. En el tercer capítulo se describe claramente el significado y naturaleza de la primacía:

    «La primacía del papa romano no es simple precedente ni cargo honorífico. Por el contrario, el papa posee la primacía del poder regularmente constituido sobre todas las otras Iglesias y el poder episcopal de jurisdicción que es real y directo, respecto al cual los clérigos y laicos de todo rito y rango están obligados a una real obediencia. A nadie se le permite interferir con este proceso. Es falso y debe ser rechazado decir que los decretos promulgados por el papa para el gobierno de la Iglesia no son válidos a menos que sean confirmados por el placet del poder seglar. El Papa es también el juez supremo de todos los fieles y a cuya decisión se pueden apelar todos los asuntos que son tratados por la Iglesia. Por otra parte, la decisión suprema del pontífice es inapelable, incluyendo a un concilio ecuménico.»

    Consecuentemente, el canon anexo al tercer capítulo dice: «Así, pues, si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene tan sólo un oficio de supervisión o dirección, y no la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo concerniente a la disciplina y gobierno de la Iglesia dispersa por todo el mundo; o que tiene sólo las principales partes, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata tanto sobre todas y cada una de las Iglesias como sobre todos y cada uno de los pastores y fieles: sea anatema».

  39. Ave Maria!

    Para aquellos que no quieran caer en confusión:

    El privilegio de la infalibilidad es el medio único de seguridad para sostener nuestra fe: la mentalidad moderna se opone a recibir correctamente las enseñanzas de la Iglesia. Aquellos que tienen algún conocimiento de la religión, examinan y critican las enseñanzas sometiéndolas a su criterio (que debe estar regido por la misma religión); aquellos que prefieren no pensar, hacerse la vida fácil, se conforman con decir: «lo dijo el Papa».

    El magisterio infalible del Papa: dogmas propuestos ex cathedra

    «Cuando ejerciendo el cargo de Pastor y Doctor de todos los cristianos, define en virtud de su Apostólica suprema autoridad que una doctrina sobre fe y costumbres debe ser profesada por toda la Iglesia, mediante la divina asistencia que le fué prometida en el Bienaventurado Pedro, está dotado de aquella infalibilidad que el divino Redentor quiso que poseyera su Iglesia en el definir la doctrina sobre fe o costumbres»

    A fin de que los fieles no tengan duda acerca del caracter infalible de una declaración, el Papa debe

    a) manifestar claramente su deseo de definir (definimos, declaramos, proclamamos…)

    b) dejar en claro que se está dirigiendo a toda la Iglesia

    c) hacer uso de su autoridad explícitamente

    De no hacerlo así, se da lugar a la polémica de si tal o cual declaración es o no infalible, y Dios no se presta a este tipo de ambigüedades.

    Esto es precisamente lo que ha ocurrido desde Juan XXIII. Por cierto que el mismo Juan XXIII dijo en alguna ocasión que él nunca hablaría ex cathedra. Sería interesante que, si alguien piensa que alguno de los ocupantes de la Santa Sede desde 1958 a la fecha ha proclamado algo ex cathedra, lo pudiese probar.

    Sea como sea, ahí están los ejemplos de los santos indicándonos en cuáles circunstancias es lícito oponerse al Papa inclusive en aspectos referentes a la jurisdicción.

    Es así que HAY PLENA JUSTIFICACIÓN para oponerse al Papa en las circunstancias actuales.

    Y si, como en alguna ocasión dijera Mons. Lefebvre, en el futuro alguien CON AUTORIDAD SUFICIENTE declara que la Santa Sede estuvo vacante (en el sentido de que no estuvo legítimamente ocupada), entonces las cosas serán más claras todavía.

  40. Para quienes no quieren caer en la confusión:

    En resumen:

    Es Dogma de Fe que el Papa tiene autoridad eclesiástica sobre todos y cada uno de los cristianos, sin restrcción.

    Si un cristiano le desobedece o si se resiste en materia de Jurisdicción, incurre en la sentencia canónica específica, decretada y vigente hasta hoy.

    Hasta 1958 con Pío XII, después de los 260 Papas legítimos, no existió ningún caso en el cual un Papa haya incurrido en herejía, mucho menos que las haya enseñado o instituido a través de conciliábulos, constituciones o encíclicas, urbi et orbi.

    Incluso hubo una treintena de antipapas, y la gran mayoría de los usurpadores, salvo la simonía, NI SIQUIERA SE ATREVIERON A INCURRIR EN HEREJÍA, aunque sí en cisma y otros crímenes.

    A partir de 1958, con el antipapa promasón público Juan XXIV y masón en secreto, así como kabalista, inició una serie de reformas heréticas y condenadas por el Derecho Canónico como su Nuevo Ordo Missae versión 1962.

    El hecho de la usurpación del papado, está demostrado históricamente; la lícita oposición al Papa en materia de Jurisdicción y en definiciones doctrinales, nunca.

    Ave Maria, gratia plena

  41. Ave Maria!

    Corolario:

    El ejemplo que nos han dado San Atanasio y San Eusebio de Samosata confirma lo aseverado por muchos santos y teólogos (algunos de ellos doctores de la Iglesia) referente a que el Papa no es infalible en todos sus actos y que, por ende, puede errar o fallar cuando no se cumplen las condiciones que se estipulan en la declaración del 18 de julio de 1870 en el Concilio Vaticano I.

    En el caso de que esos errores o fallas pongan en peligro la fe, es lícito oponérsele aun en aspectos referentes a la jurisdicción.

  42. PASTOR AETERNUS, Constitución Dogmática del Concilio Vaticano I sobre la Iglesia de Cristo.

    Capítulo 2: SOBRE LA PERPETUIDAD DEL PRIMADO del bienaventurado Pedro en los Romanos Pontífices:

    Aquello que Cristo el Señor, príncipe de los pastores y gran pastor de las ovejas, instituyó en el bienaventurado Apóstol Pedro, para la perpetua salvación y perenne bien de la Iglesia, DEBE POR NECESIDAD PERMANECER PARA SIEMPRE, por obra del mismo Señor, en la Iglesia que, fundada sobre piedra, SE MANTENDRÁ FIRME HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS.

    “Para nadie puede estar en duda, y ciertamente ha sido conocido en todos los siglos, que el santo y muy bienaventurado Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de nuestro Señor Jesucristo, salvador y redentor del género humano, y que hasta este día y para siempre él vive”, preside y “juzga en sus sucesores” los obispos de la Santa Sede Romana, fundada por él mismo y consagrada con su sangre.

    Por lo tanto todo el que sucede a Pedro en esta cátedra obtiene, por la institución del mismo Cristo, el primado de Pedro sobre toda la Iglesia.

    “De esta manera permanece firme la disposición de la verdad, el bienaventurado Pedro persevera en la fortaleza de piedra que le fue concedida y no abandona el timón de la Iglesia que una vez recibió”.

    Por esta razón siempre ha sido “necesario para toda Iglesia -es decir para los fieles de todo el mundo- estar de acuerdo” con la Iglesia Romana “debido a su más poderosa principalidad”, para que en aquella sede, de la cual fluyen a todos “los derechos de la venerable comunión”, estén unidas, como los miembros a la cabeza, en la trabazón de un mismo cuerpo.

    Por lo tanto, si alguno dijere que no es por institución del mismo Cristo el Señor, es decir por derecho divino, QUE EL BIENAVENTURADO PEDRO TENGA PERPETUOS SUCESORES EN SU PRIMADO SOBRE TODA LA IGLESIA, o que el Romano Pontífice no es el sucesor del bienaventurado Pedro en este misma primado: sea anatema.

  43. Para quienes no quieren caer en la confusión:

    Canon del Concilio Vaticano I:

    «Por lo tanto, si alguno dijere que no es por institución del mismo Cristo el Señor, es decir por derecho divino, QUE EL BIENAVENTURADO PEDRO TENGA PERPETUOS SUCESORES EN SU PRIMADO SOBRE TODA LA IGLESIA, o que el Romano Pontífice no es el sucesor del bienaventurado Pedro en este misma primado: sea anatema.»

    Es neceario explicar la sentencia «PERPETUOS SUCESORES EN SU PRIMADO»:

    La Perpetuidad de Sucesores significa que la institución del Papado será hasta el final de los tiempos, no hasta la eternidad. Es decir que, como la Santa Misa, el Papado no será abrogado o desechado hasta el final de los tiempos.

    Pero además, la perpetuidad del Papado, incluye los 260 periodos de «sede vacante» (así los llama oficialmente la Iglesia desde siempre. Explicación para los necios etiquetistas) , durante los cuales no hubo obispo en la Sede Romana. A este periodo se le llama también «interregnum» y su duración ha variado desde unas pocas horas, hasta meses o años, por situaciones de crisis en la Iglesia como el Gran Cisma de Occidente en los siglos XIV yXV.

    De acuerdo al profeta Daniel, el Apocalipsis de San Juan, San Francisco de Asís y otros santos profetas, está previsto que al final de los tiempos la «Abominación de la Desolación se Aposentará en el Lugar Santo», así como la «Suspensión del Sacrificio Perpetuo».

    Lógicamente, este evento tan catastrófico para la Iglesia apunta directamente a la usurpasión de la Sede y a la suspensión de la Santa Misa, los cuales al final serán gloriosamente restituidos, lo cual concuerda perfectamente con los cánones de la Iglesia que afirman la perpetuidad del papado y de la Santa Misa.

    Ave Maria, gratia plena

  44. Es claro que no nos es dado a los fieles desconocer a un Romano Pontífice en cuanto a que podamos deponerlo : no tenemos el fuero para poder ejecutar tal sentencia.
    Lo que sí es claro es que, por el claro discernimiento de la fe, podemos, en apego a la fe y a la moral milenaria, y ejecutando un acto de libre albedrío, decidir si obedecemos o no al Romano Pontífice cuando él nos manda (implícita o explícitamente, según) hacer algo que, en conciencia, es no solo propio sino aún opuesto a nuestra santa Fe, a nuestra Moral católica.
    «Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán al pozo» nos advierte la Sagrada Escritura. En nosotros está desobedecer cuando es, no solo lícito y legítimo, sino hasta necesario hacerlo. Pero este acto de desobediencia no es, de ninguno modo, una rebeldía a la autoridad constituida del Romano Pontífice, sino un acto de acatamiento al Fautor de la Autoridad, Dios Altísimo y Omnipotente. Tampoco este acto de desobediencia es un acto que nos permita sublevarnos al Romano Pontífice y de ponernos al tú por tú contra él, ni mucho menos descalificarlo, ni llamarlo hereje, antipapa ni todos los denuestos que en ocasiones le aplicamos al Romano Pontífice. La razón por la que no podemos hacer esto está en las primeras líneas de este comentario.
    Deberás otorgar el debido acatamiento a tus superiores, no solo a los mansos y buenos, sino aún a los recios y de dura condición, se nos ha dicho.
    El Romano Pontífice es un personaje en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Solo eso. Representa en el tiempo de su gestión pontificia la sagrada investidura papal, pero nadamás : es un ser humano en todos sus actos, EXCEPTO cuando tiene la asistencia del Espíritu Santo. Y esta asistencia NO ES perpetua, definitivamente. Ocurre en privilegiados momentos que el santo Concilio Vaticano I ha definido muy claramente como ya algunos de los foristas lo han señalado muy claramente también. Fuera de esos momentos el Papa es un ser humano, sujeto a la inicua condición de la decaída naturaleza humana. Aunque él, calro – hablo del Papa – tiene la investidura que merece todo nuestro respeto.
    Hay Papas, como los cuatro inmediatoanteriores y éste, que han hecho cosas terribles y hasta sacrílegas … pero siguen siendo Papas. Tan terribles o más que Alejandro VI, pero Papas al fin. Solo que NO se les sigue ni se les obedece.

  45. Para quienes no quieren caer en la confusión, a pesar del esfuerzo de los confundidos y necios que necesitan graduarse anteojos, o de plano una neurocirujía:

    Nadie ha dicho en esta serie que los católicos podamos deponer a un Papa, ni mucho menos, simple y sencillamente porque nadie puede….ni tampoco es lícito desobedecerlo en cuanto a su jurisdicción, ni contradecirlo como Papa en materia de Fe, conforme a lo definido infaliblemente por el Papa Pío IX en el Concilio Vaticano I, definición a perpetuidad que quedó igualmente atada en el Cielo como en la Tierra.

    Dicha definición dogmática aclaró en definitiva cualquier duda previa respecto dicho punto, como las hipótesis planteadas por San Roberto Belarmino, las cuales él mismo concluyó en favor de la soberanía suprema del Pontífice Romano:

    Específicamente San Roberto señaló al final:

    «La función principal del Papa consiste en conservar y luego en propagar la Verdad revelada: ÉL ES JUEZ SOBERANO EN TODAS LAS CUESTIONES QUE CONCIERNEN A LA FE Y A LAS COSTUMBRES. De aquí su infalibilidad cuando como Pastor Supemo enseña a toda la Iglesia. Los concilios generales mismos le están subordinados, y sus definiciones (conciliares) no son válidas sino con la aprobación de este supremo Doctor (Sobre los Concilios, ll, 2).

    Pero, entiéndase bien, este priviligio de la inerrancia no se aplica a las ciencias puramente humanas (como ya se explicó antes sobre las ciencias, tecnología y demás disciplinas terrenales) (De Romano Pontífice, lV, 2). La infalibilidad pontificia no equivale tampoco a una INSPIRACIÓN PERSONAL PERMANENTE (no se aplica como Juan Pérez, sino como Papa, en materia de Fe). El Papa está moralmente obligado a recurrir a los medios normales de conocer la verdad como si no contara nunca con luces especiales (aunque esa obligación moral consiste en sólo la necesria información de una cuestión, no que se sujete a los dictados de un tecero).

    Finalmente, enseña San Roberto Belarmino, la infabilidad no entraña la impecabilidad: PERO SÍ ENTRAÑA LA INERRANCIA EN MATERIAS ESENCIALES PARA LA VIDA DE LA IGLESIA: DOGMA, MORAL Y CULTO (incluida la Santa Misa y todos los sacramentos).»

    Sobre este punto es necesario recordar que el uso de la inerrancia es para definir, no para inventar nuevas doctrinas, en cuanto a dogma, moral y culto.

    Por lo anterior, la doctrina de la OBEDIENCIA DISCRECIONAL al Papa en materia de Fe y en materia administrativa, es un grave error y una herejía, condenada por el Código de Derecho Canónico, anematizada y que pone en riesgo la propia salvación, como siempre ha sido en la historia.

    Asimismo la desobediencia simple a un ministro legítimo, ya sea obispo o presbítero, al menos es un pecado que con mucha facilidad es mortal, sobre todo en materia de jurisdicción, debido al poder que tienen para enseñar y administrar los sacramentos y la diócesis o parroquia en cuestión.

    Claro está que en se aplica todo lo contrario cuando hablamos de un antipapa, que siendo hereje desde antes de ser electo, convirtió por eso hecho su elección en un sacrilegio inválido o nulo, como claramente sentencia a perpetuidad el Papa Pablo IV en la Bula «Cum ex apostolus oficcio» y fue confirmado por San Pío V en la Constitución.

    Lo mismo es para los obispos o sacerdotes ilegítimos, usuarpadores, quienes carecen por eso mismo poder sobre las diócesis y parroquias ilegítimamente ocupadas.

    En este caso, está claro que no debemos obediencia, ni discrecional ni absoluta al usurpador de la Sede, a quien nadie intenta despojar ilegítimamente de la dignidad de Papa, SIMPLEMENTE POR QUE NUNCA LA TUVO.

    Ave Maria, gratia plena

  46. No se sulfure. Solo estoy exponiendo la verdad que yo leo en estos bloques de comentarios. Trascribo aquí lo que una persona (no mencionaré su nombre, pero creo que Ud. sabrá de quién se trata) que en la noticia de cuando Benito XVI no besó a la Santa Cruz, insertó este comentario (sic) :

    «Diego,

    La cosa extraña que trae en la cabeza Joseph Alois Rat zinger, además de las estrellas de David,tiene 11 gemas por 3 lados, sumando 33, número usado en la masonería y por supuesto en la cábala …..

    Nada que ver con las liturgias católicas.

    una última pregunta: ¿cuál papa?»

    Esta persona pregunta ¿cuál papa?, desconociendo evidentemente a Benito XVI. A eso es a lo que me refiero. Y no tiene que disgustarse, porque se entiende que en el furor e indignación de ver todo lo que está haciendo el personaje de marras todos queramos echarle en cara todo su mal proceder. Sin embargo hay que moderarlo porque, nos guste o no (y a mí no me gusta como, supongo, que a Ud. tampoco), es Papa.

    Es precisamente a este tipo de comentarios con los que hay que tener cuidado.

  47. Para quienes no quieren caer en la confusión, a pesar del esfuerzo de los confundidos y necios que necesitan graduarse anteojos, o de plano una neurocirujía:

    Para ser electo Papa en forma legítima, es necesario cumplir con algunas condiciones:

    Primero que nada se debe ser católico, bautizado. No se puede ser jefe de la Iglesia Cristiana, si no se es previamente cristiano (por cristiano se entiende católico, no como sucede ahora que a cualquier secta, por más hebraizada o satánica, se les pretende llamar crsitianos; incluida la Nueva Iglesia Montiniana).

    Esto implica no ser masón, apóstata, cismático, hereje o hebreo, de acuerdo a las previsiones de la Iglesia de Cristo que siempre rigieron, pero que además fueron claramente enumeradas en la Bula «Cum ex apostolus oficio» y demás definiciones a perpetuidad.

    Así, enseña el Magisterio, si un candidato fuere elegido violentando estas prohibiciones, como sucedió en decenas de ocasiones en la Historia Eclesiática, sería un falso Pontífice, un antipapa, un usurpador. Quienes aseguran que no se lespuede juzgar a los antipapas, niegan absurdamente la Providencia Divina, la historia, la realidad y el deber de la Iglesia.

    Hay otras disposiciones reglamentarias que se han establecido en orden de perfeccionar el procedimiento de elección, pero en esencia no alteran la realidad de que en una elección legítima interviene el Espíritu Santo inspirando a la Iglesia para seleccionar al sucesor del Vicario Pedro, y en una elección ilegítima, interviene otro espíritu, non sancto; como ha sucedido en decenas de ocasiones con la elección de los conocidos antipapas (más de 40 a la fecha, y contando…).

    Ver una lista bastante aproximada de wikipedia, la cual curiosamente incluye a los últimos 5 usurpadores como posibles antipapas:

    * Juan XXIII (Angelo Giuseppe Roncalli)
    * Pablo VI (Giovanni Battista Montini Alghisi)
    * Juan Pablo I (Albino Luciani)
    * Juan Pablo II (Karol Joseph Wojtyla Katz)
    * Benedicto XVI (Joseph Alois Ratzinger)

    Ave Maria, gratia plena

  48. » Para quienes no quieren caer en la confusión, a pesar del esfuerzo de los confundidos y necios que necesitan graduarse anteojos, o de plano una neurocirujía:

    Ver una lista bastante aproximada de wikipedia, la cual curiosamente incluye a los últimos 5 usurpadores como POSIBLES antipapas: »

    (la tipografía en altas de la palabra POSIBLES es mía; lo demás es extraído de comentario de forista).

  49. En realidad, muy lejos de discutir si Benito XVI es o no Papa lo que debemos entender es que si ordena algo que va contra las buenas costumbres, no se le puede obedecer, AUNQUE SEA PAPA.
    La OBEDIENCIA DISCRECIONAL argüida en algún comentario no tiene lugar aquí, pues aquí no se trata de ni de obediencia ni es discrecional : es DESOBEDIENCIA EN PLENA CONCIENCIA, lo que – en los mismos exámenes de conciencia para confesión se lee : no se obedece orden superior alguna que no emane de la Justicia Divina. ¿O qué? ¿acaso la hija que no quiere obedecer al padre que le ordena prostituirse falta al 4º mandamiento? ¿o el hijo que no obedece al padre que le ordena robar, también falta contra este santo mandamiento?
    No confundamos las cosas apegados, como hacían los fariseos (no estoy insultando a nadie, por favor : solo estoy señalando uno de los grandes errores de los fariseos, y que podemos llegar a cometer también nosotros); como los fariseos, decía, que, con un espíritu (?) obtuso querían imponer la letra sobre la ley, lo escrito contra el sentido del madamiento divino mismo.

  50. Creer o pensar que el Papa, como se ha señalado por la particular asistencia divina («He orado mucho para que tu Fe no decaiga») es malentender las cosas. La asistencia divina al Romano Pontífice se da, claro, pero no necesariamente como nos lo han querido hacer ver, en un plano sobrenatural (quizás, ni siquiera preternatural). Pensar otra cosa equivaldría a aducirle al Papa facultades de las que definitivamente carece porque, antes que todo, es una persona, un humano. Según esto, con los atributos que en un malentendido se le endosan, se pretende hacer del Papa poco menos (¿o más?) que un santo, y eso no es así.
    Se le llama Santo Padre al Papa, no porque necesariamente su vida corresponda a la santidad que se le atribuye, sino porque su cargo e investidura lo son. Vaya, lo santo es el Pontificado, no la persona del Papa.
    El Papa es un peregrino más de esta vida, pero es una persona que tiene asistencia divina, pero no una impecabilidad como casi casi nos la quieren hacer ver.
    Se cuestiona inclusive ciertas irregularidades de Fe en el Papa Honorio I (de las que no puedo dar más detalles ahora, porque no los recuerdo ni las tengo a la mano), pero ¿qué mayor irregularidad la que en vida de Nuestro Señor ofreció no solo Pedro (todavía no canonizado) sino los otros nueve apóstoles (sin contar al Iscariote … aunque ¿por qué descontarlo, si a fin de cuentas también perteneció al Colegio Apostólico?) al abandonar a su Maestro? ¿No fue eso una especie de apostasía y claudicación? ¿No fue Pedro el que lo negó tres veces? ¿No fue el Iscariote el que lo traicionó y, después, desesperado terminó ahorcándose él mismo? ¿Y los otros nueve no pusieron pies en polvorosa? ¡ellos, unos obispos (¡y qué obispos, Dios mío : tan heroicos, como lo demostraron todos y cada uno de ellos) ¿Y a ese Pedro negador, a ese Iscariote traidor, a esos diez prevaricadores (sin contar a San juan, que sí estuvo al pie de la Cruz) es a los que, según el forista, hay que seguir? …

  51. Hay quien vive en la confusión completa, gracias a los oificos de la Nueva Iglesia, pero hay quienes siguen empecinados en seguir confundidos y confundiendo…

    Ave Maria, gratia plena

  52. Ave Maria!

    Hay quienes leen sin comprender o, peor aún, comprenden mal.

    Lo más lamentable es que ese tipo de personas pretenda conducir a otros. Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen al pozo…

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