Mi devastadora experiencia en el seminario

NUNCA MÁS EL SILENCIO

Mi devastadora experiencia en el seminario

Por el Padre Martin Heinz

El Padre Heinz ha sido párroco de la Iglesia de los Santos Ángeles en Aurora, Illinois, durante cuatro años, habiendo servido en los seis años previos, como director de vocaciones para la diócesis de Rockford, Illinois. Su experiencia sobre los seminarios no tuvo lugar en dicha diócesis.

Charlando con un sacerdote amigo, nos enfadamos por el escándalo de los abusos sexuales sacerdotales exhibido a través de los titulares de los periódicos y mostrado por la TV. No estamos disgustados porque se haya hecho público, sino porque la sórdida, chabacana, vil y perversa índole de las acusaciones y de los hechos desafían la realidad. Sacerdotes sodomizando a jóvenes y niños — ¿quién querría hacer eso? Espejos de Cristo que despilfarraron su confianza por unos pocos momentos de lujuria. Pero aún más sorprendente fue el encubrimiento. Los obispos, padres espirituales de la iglesia, escondieron la verdad. Abdicaron de sus responsabilidades y perpetuaron un escándalo de cuarenta años debido a orgullo, arrogancia y a pobres excusas. Casi nunca se refirieron al pecado y parecieron excusar la perversión. Cambiando de parroquia en parroquia a los sacerdotes corrompidos, confiando en la psico-charlatanería de moda para luego esconderse detrás de ella al enfrentarse con la verdad, fallando al no reprender a sus hermanos obispos por guardar en secreto tales crímenes, poniendo a jóvenes cuestionables en seminarios: estas fueron las semillas que crecerían hasta atormentarnos.

Mientras conversábamos, me volví más callado. De verdad, más pensativo. Finalmente, tras un prolongado silencio, él hizo una sentida pregunta nacida de la aflicción: “¿Cómo llegamos a esto?” Lentamente, en respuesta, comencé a contarle las historias de perversión en mi seminario menor. El disgusto cubrió su rostro. Pero la mía es sólo una historia, relatada con mucha suavidad. Es un relato de lo que vi y experimenté, allá cuando no tenía a nadie a quien contárselo.

Corría el año 1974 y yo tenía 14 años. Habían pasado casi 10 desde los días finales del Vaticano II. Los Estados Unidos estaban todavía sufriendo las consecuencias sociales de los asesinatos políticos, comenzaba a explotar el escándalo político de Watergate y la revolución sexual estaba en pleno movimiento. En medio de todo esto, sobre una colina, estaba la madre iglesia con sus ventanas totalmente abiertas, dejando entrar el aire “fresco”. Pero alguien olvidó cerrar las ventanas. El aire estaba envenenado con disensión, confusión y caos. Era necesario cerrar las ventanas porque los vientos que soplaban no eran los del Espíritu Santo. Eran expresión del orgullo humano, vestidos con ropajes de libertad. Hubo una genuina esperanza que mientras se comprometía con el mundo moderno, la iglesia encontrara a éste abierto al mensaje de su verdad. Sin embargo, el mundo no estaba escuchando. Experimentación, conciencias no formadas, y autoexpresión pronto se convirtieron en los nuevos pilares de la cultura — e incluso de la religión. Se fueron manifestando con disminuida culpa y envalentonado orgullo. Los resultados serían rápidamente devastadores. Las puertas del infierno no pueden prevalecer sobre la iglesia, pero no ayuda cuando en vez de alejarnos, pasamos mucho tiempo jugueteando frente a ellas.

Proveniente de las sombras de tal caos mi corazón escuchó una voz. Jesucristo estaba convocándome a ser sacerdote. Desde los primeros días supe que el sacerdocio era mi vocación. Sin embargo, lo que en ese entonces perseguía era un futuro basado en ilusiones, no en la verdad. La atmósfera en la cual escuché mi llamada estaba impregnada de rumores sobre el celibato opcional, sacerdotes casados, mujeres sacerdotes y misas celebradas a gusto propio. Muchos estaban abandonando el sacerdocio y escapando de los conventos. Ver Rosarios arrancados de las manos, dogmas descartados, devociones desacreditadas y promoción de renovaciones iconoclastas parecía raro. Pero esa era una iglesia en transformación, y quien era yo para cuestionar o preguntar por las razones.

He estado en “misas de pan francés” en las que partíamos panes y pedazos de Jesús volaron por el aire. Incluso tuvimos una misa para jóvenes en la que pizza (con rodajas de peperoni porque parecían hostias) y Pepsi fueron usadas para la “consagración”. El sacerdote nos dijo que todo estaba bien. ¡Y estaba de moda!

Mi catequesis no fue mucho mejor. Recuerdo que estando en octavo grado, sólo cuatro meses antes de ingresar al seminario, asistí a un taller sobre la intervención de los laicos en la iglesia del Vaticano II. El sacerdote era una buena persona, aunque no muy convencido. Explicó los varios roles que el laicado podía cumplir y luego hizo algunas preguntas. Tan imbuido estaba yo con las sandeces de moda, que pregunté por qué las mujeres no podían ser sacerdotes. El pobre hombre no tuvo oportunidad de contestarme a causa de que el tumultuoso aplauso que siguió, proveniente de las mujeres presentes, ahogó toda posible respuesta. Fue mi primera lección de cómo ser un “buen” sacerdote: Busca el amor de la gente y nunca te equivocarás. Sí, el seminario iba a ser fácil, en la medida que me dedicara a complacer.

Al ingreso en el seminario, tenía las mejores intenciones y las más excelsas esperanzas. Como pensionado, estaría en la escuela por los próximos ocho años, que incluían la formación preuniversitaria. Dejar a mi numerosa familia (siete hermanos y hermanas) y vivir en el seminario prometía ser, virtualmente, un paraíso. Pero no tenía idea de lo que me esperaba. No sabía que el paraíso había sido corrompido, que iba a ser expuesto indefenso a su lado oscuro. Los siguientes ocho años serían demoledores para mi alma.

No obstante, en el seminario, la parte académica era muy buena. Intelectualmente fui bien preparado, y muchos de los profesores que tuve eran sobresalientes. Era en las áreas del desarrollo de la fe y de la formación espiritual en las que se planteaban muchos problemas. Yo no estaba preparado para la inadecuada formación espiritual que se impartía. Si el rigor académico era el lado brillante, entonces la formación era la parte sombría. No era, francamente, ni espiritual ni formativa. Eran las luces más mortecinas del sacerdocio diocesano las que dirigían estos programas. Los formadores eran hombres adolescentes, débiles de carácter: de ningún modo las figuras paternales que necesitábamos. Ellos me robaron la inocencia y destruyeron mis ideales sobre el sacerdocio. Quiero ser claro: mis falsas ideas sobre el sacerdocio hubieran eventualmente dejado lugar a una visión razonada y fiel, más a tono con la de la madre iglesia. No obstante y mientras tanto, presenciaría conductas que desearía dejar para el confesionario. Lo que mi mente nunca pudo evocar por sí misma sería expuesto muy pronto. Lo que ví, no sabia que existía; lo que experimenté, a nadie podía contárselo.

Algunos dicen que el demonio no existe. Como sacerdote, debo estar en desacuerdo. Es cierto, realmente en estos días, él no necesita poseer a alguien. Esas muestras parecerían innecesarias en un mundo de libertinaje sexual y de la cultura de la muerte. Satán es real y merodea por el mundo buscando devorar almas. Es sutil y sus tentaciones son engañosas y bien preparadas. Así eran mis formadores en el seminario. Ellos tenían acceso a nuestro perfil psicológico, conocían nuestra historia familiar, y los puntos débiles que requerían ser “tratados”. Eran sutiles, bien preparados, y engañadores. A cada uno le asignaban un director espiritual que se suponía no hacía pública ninguna de sus conversaciones. Es el llamado foro interno, como el confesional. Confianza era el nombre del juego. Si Ud. no confiaba, se lo consideraba sospechoso. Pero la confianza es una virtud difícil de desarrollar cuando lo conversado en confidencia era hecho público por otros sacerdotes. El foro interno había sido roto y cualquier confianza verdadera destruida.

Los sacerdotes vivían en el seminario y además vigilaban los dormitorios. Muchos eran buenos y santos varones que nos reprendían con justicia y pleno derecho. Pero otros eran predadores que trataban de ser amigables de distintas formas. Algunos te invitarían a sus habitaciones privadas, lo que era contrario a las reglas. La idea era hablar, ofrecerte una cerveza, y tocar tu lado rebelde. Era común llevarte a comer afuera (cuando las luces estaban apagadas). Tratarían de ponerse de tu lado, de ser tu amigo. Uno incluso me enseñó cómo hacer y beber martinis. ¡Yo tenía 15 años!

Un sacerdote me llevaría a su habitación para una cerveza. Otro me invitaría a hacer ejercicio en el gimnasio: yo no sabía que lo obligatorio era una visita al jacuzzi, sin ropa. Dos sacerdotes diferentes me hicieron proposiciones. Uno tomó una foto mientras me vestía junto a mi armario. El otro parecía que no podía conversar conmigo si no era tocándome la pierna, la espalda o el cuello. Incluso llegó al punto en que uno se puso celoso de otro porque estaba pasando mucho tiempo conmigo. Otro se molestó tanto que estuvo meses sin hablarme porque no quise aguantar sus insinuaciones. Aprendí cómo defenderme sin caer en situaciones comprometidas. Era mi única habilidad para sobrevivir.

Probablemente, alguno de uds. esté preguntándose “¿por qué Ud. no le dio un puñetazo a semejante homosexual?” o “¿por qué no se lo dijo a alguien — o simplemente se fue?” Buenas preguntas, una y todas. Pero son hechas por quienes no conocen la vida del seminario. ¿A quién podía decírselo? Eventualmente, todo parecía tan normal que terminé indiferente a ello.

Al entrar al seminario mayor, pensé que con un nuevo equipo para guiarme, las cosas mejorarían. Pronto, sin embargo, ocurrieron similares incidentes. Amenacé con romperle la nariz a un sacerdote después que se me insinuara, pero el incidente trascendió. Yo, no el sacerdote homosexual, fui señalado como el chico malo. Incluso el confesionario no era seguro. Dos veces el secreto fue roto. ¿A quién podía contárselo? ¿Qué poder tenía yo? Quería ser sacerdote no obstante la suciedad y fealdad de mi experiencia. Creía que la llamada de Cristo al sacerdocio podría traspasar el engaño y la perversión y concederme la gracia para perseverar.

En los dos últimos años, Dios fue misericordioso conmigo. Me hizo conocer a un gran jesuita que me ayudó con mis conflictos. Me enseñó a confiar nuevamente en el poder del confesionario y en la belleza real de un sacerdocio casto y en el celibato. La generosidad de Dios, expresada a través de este sacerdote, fue una isla en un mar de caos y confusión. Hoy soy un mejor sacerdote porque el Señor llegó hasta mí y me rescató de la suciedad anterior.

Al sentarme y relatar los acontecimientos de los años transcurridos, se hace muy claro que poco es lo que ha cambiado. Las perversiones de ayer son los titulares de hoy. Hemos llegado a esta situación por ceguera. Muchos dentro de la iglesia quieren ignorar el pasado, descalificándolo como inexperiencia juvenil o imprudencia. Pero se trataba de hombres adultos, de sacerdotes. Tenían autoridad y responsabilidad. Cada uno de ellos era un alter Christus obligado a actuar in persona Christi. Debían ser confiables, pero abusaron de esa confianza.

Se dice que ya pasó la etapa de los escándalos sexuales de clérigos, pero yo no creo. Todos los documentos rectificadores son correctos y buenos, pero no pasan de parches a menos que comencemos a encarar las verdaderas cuestiones que nos llevado a esta situación. Todavía hay ocultas cosas oscuras.

Algunos preguntan si las cosas realmente cambiarán. No lo sé. Pero eso es cierto: cuando la disección ceda el paso a las palabras escritas del Vaticano II y cese de esconderse en la oscuridad de un “espíritu” desconocido; cuando las conciencias desinformadas acepten la “sumisión de la mente y la voluntad” a la verdadera libertad; cuando la agenda homosexual sea rechazada; cuando la subcultura homosexual en el sacerdocio y el ascenso a ciertas cancillerías de sacerdotes homosexuales sea, por fin, encarada; cuando la ausencia de disciplina en el clero y la mentalidad de soltería que la acompaña sean reemplazadas por obediencia, lealtad y fidelidad a Cristo; cuando los obispos comiencen a actuar como los padres espirituales que se espera que sean y no como los desgraciados mequetrefes que parecen; y cuando todos nosotros anhelemos el cielo, temamos el infierno, y deseemos salvar nuestros almas manteniéndonos en la intimidad con Cristo, entonces las cosas comenzarán a cambiar.
La reforma no tiene que ver con la “voz de los fieles” (así se llamo un grupo norteamericano de católicos disidentes) haciendo que les da la gana — tiene que ver con los corazones humildes haciendo lo que deben. Tiene que ver con la obediencia, el ayuno, la oración, la disciplina, el arrepentimiento, la penitencia, la humildad y la conversión de los sacerdotes y los obispos.

Cerca de treinta años han pasado desde mi ingreso en el seminario. La pregunta “¿cómo es que llegamos a esto?” aún resuena en mis oídos. Pero no es realmente un misterio. Sigo viendo mucho del pasado reflejado en el presente. La verdadera pregunta es “¿qué se hará con esto?” Yo sólo deseo y ruego que la gente escuche, sea más consciente y actúe para cambiar estos comportamientos.

La mía no es más que una historia entre tantas. Es el relato de lo que vi, experimenté y no conté a nadie. Hoy lo cuento.

www.newoxfordreview.org

Nota catapúltica

Este desgarrador testimonio fue publicado en mayo de 2004. Lamentablemente,las advertencias del Padre Heinz no parecen haber sido escuchadas durante seis años, tiempo precioso que se perdió. Dios ilumine al Papa para que no le tiemble la mano y que caigan las cabezas que tienen que caer, sean cardenales, obispos o curas.

Si uno tiene que juzgar por estos frutos, el Vaticano II deja mucho que desear. ¿No hubiese cantado otro gallo si Juan XXIII hubiese reflexionado seriamente sobre la inoportunidad de la convocatoria, estando como estaba la Iglesia en manos de modernistas? Ni qué decir tiene cuánta salvaguarda era la Misa de siempre, arrumbada por instancias del masón Bugnini, aprovechando las debilidades de carácter de Pablo VI.

17 comentarios sobre “Mi devastadora experiencia en el seminario

  1. Si los seminaristas nos contaran, quedariamos estupefactos.

    Recuerdo no hace mucho tiempo, al hablar con unos jóvenes que ya no participaban de los sacramentos y tenían a la religión por necedad, uno de ellos me dijo, a mi no me va usted a decir nada,
    le pregunté porqué? pues el ánimo de los demás jóvenes era cordial. No entendí su animosidad.
    Entonces espetó: Yo estuve en el seminario, yo se quienes son los sacerdotes y lo que es la Iglesia y apestan, yo no quiero saber nada más de eso. Y acto seguido me enseñó una cruz con una calavera que colgaba de su cuello, y me siguió diciendo, la semana pasada fuimos a sacar unas películas, y el sacerdote tal, estaba sacando unas películas pornográficas, no tienen vergüenza, yo me quedé pasmada, ¿cuáles fueron sus experiencias no lo se? pero su desengaño fue tal que se volvió enemigo de la fe al paso que perdió su vocación.
    Yo solo atine a decirle, así que como tu viste que «ellos ofendían a Dios de tal manera», la mejor reacción que encontraste es sumarte a su traición, y ofenderle más que ellos, o de que se trata? Pero así como este, he conocido varios casos de seminarista que no soportaron la podredumbre en los seminarios y se salieron o los sacaron, por no adecuarse a las normas mundanas, por rezar el rosario, por pretender ayunar y hacer penitencia.
    No he vuelto a ver a esos muchachos, pero por lo que vemos aquí arriba, no es para nada cuestión de un solo lugar, es una verdadera pandemia adquirida y permitida. Pero lo que antes fue a sotto voce ahora es de dominio público.

    Perdona a tu pueblo Señor…

  2. La Iglesia, en especial la Iglesia estadounidense ha sido infiltrada desde antes del CVII. El CVII fue como el detonante para que se produzcan toda clase de desmanes incluyendo la infiltración homosexual en el clero, que se dio en masa en dicho país especialmente. Obviamente con un efecto calculado: el escándalo pues sabido es la vinculación de la homosexualidad con la pedofilia. Este hecho ha sido relatado en un magnífico libro llamado: «The Rite of Sodomy» escrito por Randy Engel. Pero mucho cuidado con esos «testimonios»a cargo de ex-sacerdotes o ex-seminaristas o personas que vivieron en orfelinatos. Muchos de ellos son FALSOS y pagados por la judería. Porque, pónganse a pensar un poquito: denuncias después de 20 ó 30 años cuando el supuesto violador ya no está vivo. Recuerden sino el caso del Padre Grassi…No seamos caja de resonancia de la judería que su «indignación» es más falsa que un billete de tres dólares…

  3. Como comentario a esta nota reproduzco parte de una carta escrita el 12 de mayo de 1964, entre la segunda y tercera sesión del CVII, por quién era en ese momento arzobispo de Mendoza, Argentina; tiene que ver con un escándalo provocado por sacerdotes en Córdoba, rebelados contra su obispo.

    “…Falta espíritu en una gran cantidad de nuestro clero joven. Hace años que yo vengo afirmando que la nueva ola ha desquiciado en forma muy singular a dos de nuestros gremios, por llamarlos de alguna manera: nuestras jóvenes y nuestros sacerdotes hodiernos. Los muchachos ofrecen todavía alguna esperanza. Hablo de los muchachos laicos. Yo he trabajado mucho con ambas juventudes y he sido rector del Seminario de Córdoba. Conozco, pues, el asunto. El poco clero que hoy rodea con veneración filial a Mons. Castellano ha recibido mis enseñanzas teológicas hace 25 años. Siempre me esforcé por transmitirles todo lo bueno que yo asimilé hace 50 años en Roma. Pero aquella Roma de hace 50 años pasó a la historia. Y es allá donde hay que buscar la madre del cordero.

    “Los tres muchachones alzados hoy contra su Pastor y actores principales de tremendo escándalo, vienen de la Roma actual, es decir de una universidad afrancesada y lamentable tobogán hacia el protestantismo. Eso se notaba ya en los alumnos que venían de allá hace treinta años (…) No habían asimilado las grandes verdades de nuestra teología. Eran exponentes de un historicismo teológico, pero no cultores enamorados de verdades inmutables de cuyas profundas raíces metafísicas nunca demostraron tener conocimientos claros. Si la verdad no se conoce bien tampoco se la puede amar con ese sentido de entrega que fluye de la verdadera asimilación.

    “…(los rebeldes) Infatuados con su formación en el extranjero, doctorados acaso en ciencias que tan sólo recibieron a manera de erudición barata, se sintieron personajes, y, como les faltaba el lastre divino de su vida interior, el vendaval de la fatuidad los echó a la calle con grandísimo escándalo del pueblo fiel.

    “…Es preferible tener un seminario sin muchas borlas a tenerlo como estos niños lo quieren: foco de rebeldía rayano en lo herético. Que Dios nos ayude y bendiga.

    Mendoza, mayo 12 de 1964

    Ésa era la visión de un obispo ordenado en Roma en el año 1915. Para él, la Roma de 1930 ya era incapaz de formar buenos sacerdotes.

  4. Hago esta lectura del asunto : donde hay dormitorios comunes merodea el homosexual, y el degenerado, que sean curas es un detalle. Esto es lo principal a considerar y si no se pierde el rastro. El padre Heinz relaciona el Vaticano II con la pederastia, los peperoni con la sodomía. No tiene nada que ver. Si al casos vamos, la culpa se remonta a San José de Calazanz con las escuelas Pías. Hermosa y fecunda idea, pero con un problema a resolver, la sexualidad del alumnado y los maestros.
    En una revuelta carcelaria de la que fui testigo, no como interno, comprobé que entre el humo, las corridas y los alaridos, un enfermero externo arrodillado en el piso, se ocupaba de algunos caídos. Luego 3 o 4 guardiacárceles se le abalanzaron y lo pisotearon. Estaba degollando heridos y ya se había cargado a dos. Eso no sale en los diarios. La autoridad máxima de aquel presidio, hombre maduro con gran experiencia me dijo “ Esto me pasó dos veces antes y es así, los que buscan la sangre están donde hay sangre” Los que buscan sexo están donde hay sexo. Esto funciona de esta forma desde que el hombre inventó la rueda. No se trata de celibato, se trata de una degeneración. Los pedofilos por lo general comienzan practicando con sus propios hijos. Y se estima soto voce que no menos del 10 % en nuestras sociedades. No importa si en el Conciilio Vaticano II canonizaron a Batman , el tema es otro, en otro lugar.

  5. No pasaría nada si no se infiltraran homosexuales en el seminario…Por ello es que los homosexales no pueden ser ni soldados ni curas

  6. Federico
    Tanto disparate no, es la vida real, no hablo pendejadas y hablo de lo que me consta y viví y si lo digo acá es porque pienso que puede ser útil. Las gentes se nuclean por aficción,. Un tipo que dirige enfermeros varones, vigila esto,no tener un psicopata, pero no te lo va a contar a vos ni a un noticiero. Son cosas que se saben.¿ Vos crees que las dos personas que vi matar adelante mío salieron en los diarios ? Pensa en lo que pasa si esto se hub iera denunciado.Pensa un momento en las derivaciones, por favor. Entonces sacá la conclusión que el tipo volvió al hospital y nadie abrió la boca, salvo yo más de un cuarto de siglo después de lo ocurrido. Ya dije que mi abuela me contaba que la suya (Europa siglo XVIII)la prevenía sobre los curas. Esto pasó siempre y pasó porque es así, el sanguinario se enloquece con la sangre y la muerte, si no has conocido esa gente, al menos lee con respeto como yo te leía a vos. Apendé porque aunque yo sea tarado te puedo enseñar algo que no sabés. Así con la sangre, pasa con todo y justamente con el sexo, los tipos que quieren sexo degenerado están pendientes y se meten donde pueden dar rienda suelta a sus instintos y lo mejor son los lugares donde hay dormitorios.Yo traé por años con 3 pedófilos (en 2 casos, me enteré después) y eran un abogado y diplomático, un altísimo oficial de las Fuerzas Armadas y otro, un Jef e de Inteligencia de una fuerza de segurdidad. estos tipos manoseaban y hacían tocar ru miembro a sus hijos e hijas y otras cosas. Los milicos también tienen mucho pedóficlo, lo que pasa es que no te lo van a contar no van a salir en los diarios. Esas cosas quedan en secreto, aún en los Juzgados. La Igleisa siempre ha tapado esto y no como se dice hoy en los diarios, sino muchísimo peor, pero yo no quiero añadir todavía mas suciedad. Y por supuesto que el tipo que cuenta arriba es un mentiroso.Si lees bien el texto tal vez te des cuenta. La verdad en mucho peor.

    Y otra cosa Federico, preferiría que jamás vuelvas a dirigirte a mi.

  7. Me parece que los comentarios del Padre Heins, son muy valientes, ojalá hayan otros Padres que puedan decir la verdad, pues esta palabra parece que es una ilusión. Hoy más que nunca conviene decir la verdad pues nuestro compromiso es exclusivamente con Dios y a él debemos obedecer.
    AVE MARIA

  8. Bebel:

    Por ahora no le voy a dar el gusto. ¿Todo educación cuando paso el dato de un sitio de Internet y ofensa iracunda cuando opino sobre lo que escribió?

    No es mi estilo. No entro en ese juego.

    Y perdóneme si lo ofendí.

    El disparate a que aludo está en esa especie de fatalidad respecto a que las gentes se juntan únicamente por ser afines en sus debilidades, lo que implica desacreditar que se puedan reunir por sus virtudes. Si por los pecados se hubieran agrupado los católicos, la Iglesia no hubiera llegado hasta Pío XII y hoy Radio Cristiandad no existiría y no estaríamos tratando estos temas.

    Otro disparate es eso de los peperoni. Si usted no entiende lo que significa desacralizar y falsificar a tal punto lo más sagrado que tiene la religión, no puede menos que decir disparates.

    Si le ha tocado vivir circunstancias personales que lo han llevado a un extremo de descreimiento, a tal punto que crea que es imposible hacer algo bueno en un lugar donde hay dormitorios comunes, por lo menos contemple la posibilidad de que habemos muchísimos que no tenemos esos frenos mentales. O hágase musulmán o protestante, entre quienes todo se resuelve por la predestinación.

    No se olvide que lo más alto y sagrado que tenemos nosotros es la libertad DE HACER EL BIEN.

  9. Yo soy seminarista de México, puedo decir que Bendito sea Dios no se puede generalizar que los seminarios sean un vivero de hierba mala, en el seminario más grande de mi país, en donde estudio yo los casos no se han dado -hasta donde yo sé- de los sacerdotes formadores, sino que se dan en las etapas iniciales de la formación entre los recién ingresados, en los estudios humanísticos, y es hasta cierto punto -pienso yo- comprensible, ya que esta situación ayuda a la criba de los auténticos candidatos.
    Yo siempre lo he dicho «la Iglesia está necesitada de sacerdotes, pero no está urgida», roguemos juntos al Señor Jesús para que nos mire con misericordia y nos dé pastores según su corazón, auténticos mártires que se dediquen a la salvación y al testimonio. No quiero decir que mi seminario sea el paraíso, tal vez yo no me dé cuenta de muchas cosas, pero lo que sé es que Dios nos ha bendecido con abundantes vocaciones, y que respecto lo que dice el P. Heins vivo en una situación totalmente distinta de la que él vivió, no obstante he de seguir poniendo empeño en la oración y en el ejemplo. Yo no he tenido una devastadora experiencia en el seminario, sino todo lo contrario gracias a él soy lo que soy, jamás me he arrepentido de vestir la sotana y viendo la situación no me da miedo usarla -aunque sí se me hace un nudo en la garganta- si yo escribiera un artículo le pondría mi vida es el seminario y aunque me dejen mucha tarea vivo bien contento.

  10. José,

    Los seminarios conciliares de México, y de tooodo el mundo, son «pastizales de Asmodeo» como los profetizó Nuestra Señora en La Sallete.

    Asmodeo es el «príncipe de la lujuria» de la jerarquía maléfica. ¿Se acuerdan de la pegajosa cancioncita yanqui-pop dedicada a Amadeus (Mozart), en una de sus frases repetía la lujuriosa frase sustituyendo Amadeus por Asmodeus…

    Son famosos los escándalos -no hay razón para reproducirlos- de los seminarios en México, y lo sabes porque estás en uno, el mayor de todos…

    Ave Maria, gratia plena

  11. Disculpa, lamentablemente tú no vives en mi seminario, no conoces mi situación, y ya estás «picado de araña» por eso te crees con la autoridad de juzgarnos tan estultamente.
    Te agradecería que me informes de los famosos casos de los que hablas, porque yo, siendo un ministro lector, ya con un historial largo en el seminario más grande de México no los conozco.
    Además no creo que Nuestra Señora se dedique a estar profetizando el ocaso de los Nuevos Nazareth, o pastizales de Asmodeo, como lo has dicho (que poco tiene que ver con el tópico en cuestión), Dios te bendiga, ánimo.
    Rezemos todos juntos por la santificación de los sacerdotes en este año sacerdotes.

  12. José,

    Lo único que tiene que hacer la gente es leer los periódicos, donde cotidianamente aparecen denuncias de aberraciones sexuales,doctrinales y de todo tipo en los seminarios conciliares de México y del mundo. O al asistir a las «celebraciones de la palabra», «misas de sanación» y demás deformaciones luteranas.

    En México, uno de los más conocidos es el del blasfemo e hipócrita Guillermo Schulenburg, exrector de tu seminario en 1960, «aficionado al golf, a los coches lujosos, al oro y al marfil» entre otros vicios y quien fuera abad de la Basílica de Guadalupe durante 40 años y que de pronto se soltara blasfemando en contra de Nuestra Señora de Guadalupe y negando la veracidad de las apariciones del Tepeyac.

    También es harta conocida la doctrina hipócrita de sus egresados recientes, de permitir de manera discrecional la planificación sexual reproductiva, la permisividad de sus relaciones con jovencitas y jovencitos, uno de sus egresados muerto de SIDA, entre otros casos muy desafortunados y desagradables de contar…

    Sobre el «no creo que Nuestra Señora se dedique a estar profetizando el ocaso de los Nuevos Nazareth, o pastizales de Asmodeo, como lo has dicho».

    Pues no se trata de que me creas a mí, ytú ya lo sabes, pero lo ponemos para quien no lo sepa:

    Haz clic para acceder a aparicioneslasalette08.pdf

    También deberías revisar los cambios en la formación espiritual y el rito de ordenación alterado en los años setentas, contraviniendo y volviendo nula la ordenación sacerdotal, de acuerdo al Magisterio de la Iglesia.

    Pero para ello deberías tener disposición a la Verdad.

    Ave Maria, gratia plena

  13. Lo que cuenta Federico de los años 30 coincide con un link que dejó Logan de Ntra. Sra. de las Rosas. Que la Iglesia fue infiltrada ya desde esa época.

  14. Estimado Logan:
    Con la tristeza de descubrir que creyéndose tan sabio desconoce que el Sr. Schulemburg jamás fue rector de mi seminario; que el seminario al que pertenezco no sólo es el más grande de mi país sino que inclusive es el más grande de América Latina y que no es el de la ciudad de México.
    Que es usted de esas personas que se dejan embabucar por los medios, lee noticias de otros países y las toma como «dogmáticas»… Yo me refería a casos famosos de escándalos de seminarios mexicanos, no a mitotes de barrio.
    ¿Eso es la tradición: Hablar desmesuradamente y sin fundamento? ¿Criticar y ponerse en la postura de juez? Le agradecería que por favor se informe bien y no confunda ni trasgiverse opiniones o argüendes.
    En lo que respecta al ritual de ordenación, es eso, un ritual, yo sé (y me imagino que usted también) que la materia para una ordenación válida es el obispo, la imposición de manos y el candidato diácono, los ritos cambian como han cambiado desde hace milenios (y seguirán cambiando) pero lo esencial es la dependencia del obispo en un vínculo sacramental, que bien puede variar según la legislación en turno, por lo tanto es legítima.
    Y sobre lo del ocaso de los seminarios -que no pueden ser pasto de Asmodeo- como dijo (y que me molestó) porque eso es generalizar, pues sinceramente pienso que usted también está influido no sé de qué manera de una mentalidad protestantoide, porque la doctrina «milenarista» ya ha sido condenada, no debemos ver «moros con tranchete» seamos realistas, la Madre de Dios nos prometió su protección, hasta lo dijo de esa forma «¿No estoy yo aquí que soy tu Madre, no estás bajo mi regazo?» Imposible se me hace pensar que sea ella misma la que se encargue de barrer con la pupila de sus ojos, con las figuras de sus hijos y con el germen de esas figuras -los seminarios- (figura=alter Christus)
    Maiora videbimus!

  15. José el seminarista conciliar,

    Guillermo Schulenburg, «se desempeñó como vicerrector y rector del Seminario Conciliar de la Arquidiócesis de México; también fungió como presidente de la Organización de Seminarios de América Latina.»

    Si no eres capaz de reconocer esta realidad, sólo porque «lo dicen los medios», entonces Dios libre a los fieles de tu Iglesia Montiniana de sujetos como tú…

    Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum

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