Williamson, el Holocausto y los derechos de la Verdad

Williamson, el Holocausto

y los derechos de la Verdad

La Cuaresma está iniciada cuando escribimos estas páginas, y al tiempo que entramos en la Semana Santa, casi sin pena ni gloria, se cumple un año del desenlace del caso Williamson. Sin embargo, por diferentes que puedan parecer, estos dos temas –el caso de obispo y el tiempo litúrgico– se encuentran íntimamente entrelazados. Lo discutido y lo implicado en aquella polémica excede con creces la figura del pastor, razón por la cual creemos que es una oportunidad para plantear algunas cuestiones al respecto.

Momento para reflexionar en torno al Holocausto, lo cual no constituye —como cualquier observador imparcial sabe— única ni principalmente un debate histórico; oportunidad de desarticular el léxico político manejado hoy día, el cual, haciendo uso de la falsa ecuación antisemitismo=exterminio, pretende perturbarlo todo sin hacernos razonar demasiado. Ocasión, además, para una seria revisión de nuestro pensamiento en esta materia, en una época displicente, que se vanagloria de sostener que todo está sujeto a crítica.

Aunque pareciera que no todo. Queda abierta la puerta para preguntarse, y preguntarles a los transgresores, a los que demuelen tabúes, por qué existe uno que todavía no se atreven siquiera a rozar. De estos audaces pudo decir Nicolás Gómez Dávila que encarnaban el siguiente prototipo: «El inmoralista de este siglo crapuloso, es el asaltante heroico de una fortaleza sin defensores».

No estará de más reflexionar acerca de la calculada indignación del mundo judío y sus innumerables voceros, que descubrió dos meses después de la entrevista de Mons. Richard Williamson que se ofendía la memoria de las invocadas víctimas.

La polémica en torno al Holocausto está conectada con una cuestión de legitimidad para las potencias aliadas, vencedoras de la Segunda Guerra Mundial; al decir esto, invariablemente entramos en el terreno político. Porque la mentalidad del hombre común –y no tan común– es insufriblemente maniquea. Allá los malos, aquí los buenos. Y si repiten su versión hasta el hartazgo, haciendo creer al mundo que son los buenos, automáticamente –por simple mecanismo psicológico– «los otros» quedan en el bando reprobado.

En la vereda de enfrente, Ian J. Kagedan lo confirma indirectamente cuando dice:

«El recuerdo del Holocausto es el elemento principal del Nuevo Orden Mundial».

El caso Williamson mostró, una vez más, cómo opera la guerra semántica: ambigüedades, imprecisiones e inexactitudes respecto de los términos políticos –y también religiosos– fueron utilizadas como estrategia capital de confusión. Resulta lamentablemente infructífero el esfuerzo de las autoridades católicas de tomar distancia respecto al Nacionalsocialismo en la discusión con sus acusadores judíos y no judíos, pues no se puede discutir razonablemente con quienes son impermeables a razones. No interesándoles distinguir ni discriminar con justicia, no hay argumento que valga.

Debe decirse que todo el montaje mediático en torno a lo sucedido –pero también en cualquier tema relacionado con los vencidos en la II Guerra– gira alrededor de una formidable petición de principio: «la realidad del Holocausto es indiscutible porque nos consta la perversidad intrínseca del Nacionalsocialismo; y la perversidad intrínseca del Nacionalsocialismo es indiscutible porque nos consta la realidad del Holocausto». De modo que el fundamento de aquel amarillismo y obsesión periodística puede ser calificado, sin escrúpulos, como un inmenso sofisma.

«Islandia no existe, porque sólo la vieron unos marineros estúpidos; y los marineros son estúpidos sólo porque vieron Islandia», clamaba Chesterton desde las páginas de Ortodoxia, reemplazando Islandia por lo sobrenatural. Y explicaba cómo, haciendo uso de este razonamiento circular, los materialistas cierran el camino de sus inteligencias hacia lo que está por encima del hombre. En ninguno de los dos casos, algo se prueba mediante este recurso. El carácter indiscutible de estas convicciones es producto, exclusivamente, de la fuerza de la rutina y el acostumbramiento mediático.

Afirmamos, entonces, que se presenta una oportunidad importante para reflexionar, además, sobre la Filosofía, discurriendo respecto del significado de las palabras. En el nombre de la rosa, está la rosa, y todo el Nilo en la palabra Nilo, decía Borges en El Gólem. Pues bien, quien mire con atención el caso Williamson y sus implicaciones, advertirá de golpe la falsedad del nominalismo; porque tan importante es para los judíos la palabra Holocausto, que no están dispuestos a retroceder ante nada con tal que ella —y sólo ella— se mantenga incólume en su uso y significación.

¿No era que todas nuestras discusiones eran sólo palabras y no cosas? ¿Se advierte que no es indiferente el uso de determinados términos? ¿Se comprende, entonces, cuánta razón le asistía a San Atanasio al mantener firmemente el vocablo que hacía patente la divinidad de Cristo en el Credo? ¿Se ve qué importancia tiene expresarse mediante una correcta y clara semántica? ¿Se descubre el peligro de usar términos ideologizados para significar cosas buenas? ¿Se comprende que elegir correctamente las palabras no comporta un ridículo detallismo ni purismo sino una preocupación por evitar las confusiones? Evidentemente, a partir de 1945, la palabra «holocausto» adquiere un carácter indiscutible e intocable.

Indudablemente se plantea, como dijimos al inicio, toda una cuestión respecto de la libertad y de la crítica. La palabra libertad —ya deformada y convertida en un absoluto— parece encontrar ciertas limitaciones que sus mismos adoradores no hubiesen sospechado. Sin embargo, lo que habilita a criticar y a juzgar el Holocausto no es la libertad de expresión, sino los derechos de la Verdad.

No sería equivocado reflexionar, en plena Cuaresma, sobre la responsabilidad ineludible de Pilatos, que dándole la espalda a la Verdad, termina yendo a buscar la norma de su conducta en la turba mayoritaria. La quintaesencia de la soberanía popular, como reconoce el mismísimo Kelsen en la última página de su Esencia y valor de la democracia, citando precisamente el ejemplo del Viernes Santo. No, Pilatos, tus manos no estaban limpias aquella mañana. Como tampoco la de aquellos que aceptan la ley de la mayoría y pretenden desentenderse de sus efectos. Pilatos, tú no creías en la Verdad, y le diste la espalda cuando Ella se proclamó delante tuyo. Y la Verdad no insistió. «¡Temed a la verdad que se retira!», grita Castellani en San Agustín y Nosotros.

El último enfoque del tema no puede ser sino sobrenatural. El misterio de la concurrencia de la sobrenaturaleza y la naturaleza queda patente en el caso Williamson. La Iglesia de Cristo goza de la promesa de su Divino Redentor y al mismo tiempo está conformada por unos miserables que somos nosotros. La Iglesia de Cristo, con sus luces y con sus sombras, con el pudor a la contradicción de sus mejores figuras y con el temor mundano de sus autoridades ante el poder judío; la Iglesia de Cristo, con su impecable doctrina en sus mejores teólogos y con sus defecciones diplomáticas y doctrinarias en los otros. Esa, sí. A esa Iglesia amamos y queremos servir. Y por amor a Ella nos atrevemos a decirle estas cosas. Ni desesperanza ni derrotismo. Creemos firmemente en que las puertas del Infierno no prevalecerán. Cree más en Ella quien acepta y admite las defecciones de sus autoridades, manteniendo con todo su carácter sobrenatural, que quienes niegan sus errores, como si la verdad de nuestra fe dependiera de la bondad moral de la jerarquía. Practica mejor la obediencia quien sabe distinguirla de la obsecuencia.

Así, el caso Williamson se vuelve ocasión para reflexionar sobre la Humildad. La humildad es la verdad, y quien no entiende esto, anda en la mentira. Pues bien, ¿Qué es la verdad? Dice Castellani que con las mismas palabras con que se escribe esta pregunta, pero en latín, puede formarse esta otra oración: Est vir qui adest. «Es el varón que tienes delante», pudo haberle dicho Cristo a Pilatos.

Tenían a la verdad delante. Tenían a infinitos periodistas, hombres de negocios, cancilleres, jefes de gobierno, políticos, los más altas autoridades de la Iglesia, movilizándose a su gusto, acaso como un niño caprichoso que –sabedor de la debilidad de su familia– hace y deshace, exige y sube la apuesta, convencido de que maneja los hilos de la tiranía que danza y baila a su son. Entonces, ocurre toda esta movilización inaudita y ¿nadie sospecha nada? ¿Nadie olfatea nada? ¿Nadie se sorprendió de ver cómo la jerarquía católica volvíase de repente poseedora de una semántica unívoca, reacia a sucesivas interpretaciones? ¿Acaso no hubo escándalo cuando las autoridades, portavoces de la nueva enseñanza teológica, afirmaron que «quien niega la Shoah no conoce el misterio de Dios ni de la Cruz de Cristo»?

Nos quieren imponer que el Credo de Nicea se ha ampliado hasta reconocer en el orden de la fe sucesos que, de haber ocurrido, tuvieron lugar en pleno siglo XX. ¡Qué equivocados los mejores teólogos cuando enseñaron que la Revelación estaba cerrada con la muerte del apóstol Juan, autor del Prólogo del Verbo Increado, allá a fines del siglo primero! Apostaríamos que nadie puede explicar el nexo entre la Cruz y el Holocausto sin hacer uso de la picana intelectual.

Por lo dicho, es el momento de reflexionar sobre los límites de la autoridad. Ocasión para entender que algo es ley –o debería serlo– porque es bueno, y no es bueno porque es ley. Y ocasión, sobre todo, para desenmascarar la hipócrita utilización del argumento de «obediencia al Papa», el cual en boca de algunos parece significar el rechazo y obstaculización del Summorum Pontificum de Benedicto XVI, la omisión de la fórmula de la consagración por muchos y la perturbación de la conciencia de los fieles que desean comulgar de rodillas.

Viene a cuento recordar cómo el mundo católico en las garras del progresismo puso el grito en el cielo ante la sola posibilidad de que la Fraternidad San Pío X quedara «incorporada» a la Iglesia. Leonardo Boff se expresó en estos términos: «Esta decisión del Papa me parece despreciable»

Hans Küng, afirmó que el Papa «ha cometido un error colosal acogiendo a los cuatro obispos que dieron la espalda al segundo Concilio Vaticano…». Estos son los rebeldes contra el Papa: pseudo teólogos, falsos profetas, realmente. Hasta el mismísimo rabino Yehuda Levin, cabeza de 800 rabinos ortodoxos, declaró contra «el movimiento izquierdista disidente en la Iglesia Católica», el cual «ha debilitado severamente las enseñanzas morales católicas sobre la vida y la familia durante los últimos cuarenta años».

Y por eso dijo: «¿Qué está haciendo el Papa? Está intentando traer de regreso a los tradicionalistas porque tienen muchas cosas muy importantes para contribuir para el bien del catolicismo»

Hasta el rabino se da cuenta del daño que el progresismo le hace a la Iglesia, en particular lo relacionado con la cultura de la vida.

En el medio de tantas cosas sucedidas, en el medio de tal cruce de caminos, es un deber no añadir más confusión a la ya existente, porque de toda palabra ociosa deberemos dar cuenta en el Último Día. Y por eso publicamos estas líneas, esperando no escandalizar a quienes aman sinceramente a la Iglesia, con el deseo de deshacer la confusión en que los fieles nos hallamos.

¿Se advierte que aquí efectivamente se juega la teología? ¿Acaso el Holocausto podría ser una nueva verdad —intocable— de la fe?: «Pero aún cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema! Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!»

El caso Williamson, además, desafía nuestra comprensión de la Iglesia y de Cristo, por lo que se convierte en una ocasión para profundizar más acabadamente la naturaleza de la Iglesia, divina y humana a la vez, como su Redentor. Esta es nuestra fe. Creemos que Cristo se ha inmolado por muchos y que el requisito para ir al cielo es la santidad, a la que accedemos por la Gracia. Y esto porque admitir que Dios puede hacerse verdadero hombre, implica admitir la naturaleza humana y visible de su Cuerpo Místico, la Iglesia, lo mismo que sus limitaciones, imperfecciones, por desconcertantes que fuesen.

Es más perfecto el amor que ve los defectos que el que no los ve. El primero es un amor lúcido: ama a pesar de lo que ve. El segundo, negándose a admitir las limitaciones de aquello que ama, es notoriamente distinto. Aquí la tensión interior se vuelve dramática, resplandece la virtud de la fe: ««El objeto de la fe es la paradoja» (…) La fe es lo más fácil y lo más difícil que hay. También es lo más claro y lo más oscuro; y así todos los místicos hablan de «la luz de la Fe», y de «la noche oscura de la Fe» (…) Así, el fiel tiene que mantener todas las paradojas de la fe, que crean en él una tensión que a veces lo crucifica. Sin a veces. Siempre lo crucifica, cuando la fe ha ingresado de veras en la vida. (…) Interminable crucifixión interna, Crux intellectus».

Nuestro amor debe ser lúcido, y así será superior, sin eludir las tremendas pruebas que supone el sacrificio de lo más alto que posee el hombre –el entendimiento– cuando movido por la fe es llamado a postrarlo ante una luz que no puede ser colmada. Castellani nos advierte entonces que «Cuando la fe toca el intelecto, se produce la lucha y la oscuridad…».

Concluyamos hacia el punto principal.

Fue nuestro querido maestro, Antonio Caponnetto, el que desde valientes y esclarecedoras páginas puso el núcleo de la cuestión sobre el tapete, al señalar que la palabra Holocausto buscaba ser, en la teología judaica, atribuida exclusivamente al pueblo hebreo, de tal manera que su aceptación implicaba que Cristo ya no fuese el único y verdadero Holocausto:

«Según esta teología, Israel, no Cristo, es el Cordero Inmolado. Perseguido durante siglos y ofreciéndose en sacrificio permanentemente, alcanza el punto culminante de su ofrenda cuando muere masivamente bajo las tropelías del Tercer Reich. Tropelías antisemitas que, en esta cosmovisión mesiánica del Israel carnal, no tendrían sino como fundamento último las mismas enseñanzas católicas que durante siglos y siglos habrían predicado la culpabilidad hebrea en la muerte de Cristo. Al nazismo se llega por culpa del cristianismo; y bajo el nazismo la oblación mesiánica de Israel alcanza su punto culminante».

¿Advertimos que la aceptación de esta falsa teología por parte de los católicos abre el camino para la deformación de toda la historia de la salvación?

Lo que se busca es —arguyendo una inexistente continuidad entre nazismo y catolicismo— quitar de las espaldas de los judíos el adjetivo de deicidas, disfrazando su injusta agresión contra la Iglesia con el ropaje de una legítima defensa.

El lugar de la Víctima pasa a ser ocupado por los victimarios.

Deliberadamente, se omite discutir la cuestión judía a la luz de la mejor teología católica, para reducirla a cuestiones políticas, raciales y aún mundanas, desfigurando y confundiendo las nociones que permitirían resolverla, e impidiendo un honesto acercamiento al tema.

Pero hay algo que nadie puede cambiar, y es lo que se desprende de las Sagradas Escrituras:

«Bien sé que sois la posteridad de Abrahán, y sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros» (Jn. VIII, 37); «Sin embargo, ahora tratáis de matarme a Mí, hombre que os he dicho la verdad que aprendí de Dios» (Jn. VIII, 40); «Vosotros sois hijos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él fue homicida desde el principio…» (Jn. VIII, 44); «Entonces tomaron piedras para arrojarlas sobre Él» (Jn. VIII, 59); «De nuevo los judíos recogieron piedras para lapidarlo» (Jn. X, 31); «Desde aquel día tomaron la resolución de hacerlo morir» (Jn. XI, 53); «¡La sangre de Él, sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» (Mt. XXVII, 25); «Tenga, pues, por cierto toda la casa de Israel que Dios le ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado» (Hc. II, 36); «Vosotros negasteis al Santo y al Justo y pedisteis que se os hiciera gracia de un homicida. Pero matasteis al autor de la vida…» (Hc. II, 14-15).

Si los judíos no son deicidas, Cristo y la Biblia han mentido.

*    *    *

«¿Qué hemos de hacer, hermanos?» preguntaron los judíos afligidos, luego de escuchar al vigoroso Cefas. «Pedro les contestó: Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hc. II, 38).

Si los judíos no necesitan convertirse, Cristo está de más. Y si Cristo está de más, la Iglesia misma no es divina. Vana es nuestra fe.

«Cuando descubrimos que no podemos huir de Tí, huimos hacia Ti». Vayamos corriendo a abrirle a la puerta al Señor en esta Cuaresma, sin responder mañana le abriremos, sino yendo derechamente a la Verdad, si acaso la hemos visto. El Cardenal Pie ponía en boca de un Cristo triste las siguientes palabras: «Si queréis venir a mí oblicuamente, yo también iré oblicuamente a vosotros».

No vayamos a Nuestro Señor de costado, zigzagueando; no vayamos al Verbo con palabras anfibológicas; no vayamos al Crucificado sin asumir la realidad de la Cruz, las presentes y las futuras, las propias y ajenas.

«Si el mundo no te persigue, señal que el infierno no te teme». Monseñor Williamson fue perseguido por las verdades que dijo. No convirtamos los signos de aprobación en signos de reprobación; sería tanto como decir Cristo expulsó a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios. Que nuestra palabra se convierta en luz para los que buscan la verdad y en cólera para los que la niegan con empecinamiento. Y que nuestras oraciones sean para todos, porque también es un precepto el amor a los enemigos.

Muy cercanos al Viernes Santo, pedimos, rogamos, imploramos por la conversión de los judíos, para que —rechazando la más injusta sentencia dictada por tribunal humano alguno, tal como los hermanos Lehman— vuelvan sus corazones, sus inteligencias y voluntades a la Verdad, la única excomulgada, y reconozcan a Jesucristo como el Mesías, Salvador del Mundo, incorporándose a las filas de su Santa Milicia.

Juan Carlos Monedero (h)

27 de marzo de 2010

16 comentarios sobre “Williamson, el Holocausto y los derechos de la Verdad

  1. No se debe negar el dolor. Jesus nos enseño que el dolor es designio divino. El dolor es un NO antes del SI.

    No se puede ser cristiano sin aceptar el poder redentor del sufrimiento.

    Jesus tambien hubiese sido deportado a Auschwitz «por judio».

    Si queremos gozar con Cristo tenemos que sufrir con Cristo. (San Alfonso Maria de Ligorio)

  2. «Hay dos historias: la historia oficial, embustera, que se enseña ad usum delphini, y la historia secreta, en la que se encuentran las verdaderas causas de los acontecimientos: una historia vergonzosa» (Honoré de Balzac)

  3. Lo que parece que no comprende don Williamson, pese a que luce madurito, por lo menos las fotos que vi, que a nadie le importa la verdad, salvo a un grupito, que tampoco esta interesado en si mataron a 2 judíos o a 5 mil millones. Puedo suponer también que tiene el derecho a molestar un poco (uno a veces chuzea al enemigo) pero de todas formas, no pasará nada pues el mundo ya hace centurias ( o tal vez desde siempre)se mueve por modas y son como el Tsunami, si lo enfrentás es que sos tarado.
    Ahora a pitar le dicen tabaquismo y a un puto, gay, y para el ue fuma, como para el tipo que es varón, es algo que entra por un oído y sale por el otro. A mi pasa lo mismo con el holocausto.

  4. Hermanos: Os invito a orar, hacer rosarios, novenas, ofrecer los sacrificios de la vida cotidiana con la intención de pedir por la destrución de los enemigos de la Santa Iglesia (la judería, su sierva la masonería y todo el imperio de mentira y odio que han construído) Pidámosle a Dios nuestro Señor para que esto se haga realidad

  5. ¿Piden por la conversión de los judíos? Mejor pidan ustedes por ser cristianos y no invocar iras divinas cuyo correlato humano fue en cierto momento lo que se ha llamado Shoah.

    Y al comentarista Carlos… Flaco favor le hace usted a su fe pidiendo nuestra destrucción y alineándose directamente con los postulados nazis. De verdad, me gustaría que hiciera un esfuerzo por comprender los Evangelios. Que usted desee mi destrucción sin conocerme siquiera… Del cristianismo, al que respeto profundamente, me gusta especialmente el mensaje «amaos los unos a los otros como yo os he amado». Por favor, póngalo en práctica; se sentirá usted mejor y también nos hará más felices al resto.

    Shalom a todos.

  6. Algo más, no hay que creer la versión judaica de los hechos. Recordemos que a los judíos les encanta las leyendas negras, basta el ejemplo de la Inquisición española tan denigrada por la judería. Sin necesidad de mayor análisis no me cabe la menor duda de que el holocausto es una patraña creada para sensibilizar a la gente y ganarse adeptos amén de un cuento chino para evitar acusaciones cuando cometen sus crímenes junto con la famosa palabrita «antisemita». Tanta crítica a Hitler y los nazis es ya de por sí sospechosa. no digo que el tío haya sido un ángel pero no me trago todas las fábulas judaicas. Recordemos también que al haber asesinado a nuestro Señor se hicieron automáticamente hijos del demonio, padre de la mentira. Lo mismo hicieron con Franco.

  7. Rafael Judith Llodrá-Llopis
    Creo que tiene usted bastante razón. Yo particularmente no soy afecto a las guerras, que nadie las gana, como no se gana un terremoto. Introduzcase acá en cancha ajena, a ver si podemos encontrarnos con un “toro de mi rodeo y torazo en rodeo ajeno”. Deale nomá don Rafael. Me gustaría también su autocritica, que no dudo la habrá hecho, porque sus paisanos son bastante jodidos con eso (endogamia, racismo recalcitrante, etc, generalizo claro). Le acaba de echar el guante, y vamos a ver si lo recoge.
    Otra cosa : no olvide que el imbécil de Hitler nos persiguió también.Y otra cosa, yo no deseo su destrucción que si eso correspondieta, está en manos del Gran Jefe, y ojalá que no sea el caso.
    Una despedida en sánscrito : SHANTI, RAFAEL JUDITH

  8. Bebel, le agradezco sus palabras. Y creo que su reflexión sobre las guerras y los terremotos es muy sabia; en unas y en otras, no hay vencedores, sólo vencidos. Y toda guerra es una guerra civil: judíos, cristianos, musulmanes y cualquier otro ser humano es eso, humano, prójimo y hermano. Hijos de un mismo D’os para nosotros, de una misma evolución para los ateos. A los que también respeto. ¿Cómo no iba a hacerlo, si son mis hermanos? Si hay un Eterno, si nos ha creado, ¿cómo no iba a llorar por cada gota de sangre derramada injustamente, en Su Nombre o en el de cualquier otra causa?

    Respecto al lado autocrítico, puede tenerlo por seguro: soy muy crítico con mis correligionarios y conmigo mismo. En especial, precisamente, con aquellos que llaman al odio y/o la intolerancia al goy (gentil, ya saben). Me parece tan absurdo… Yo entiendo que judaísmo moderno y violencia son contrasentidos. Para que vea que no es algo que saco a posteriori, permítame incluir un enlace -si al administrador de la página no le molesta, pues viene al caso-:
    http://ontopop.blogspot.com/2009/05/el-projimo-dos-rabinos-emmanuel-levinas.html
    Por un lado aquí digo lo básico de mi opinión sobre judaísmo y violencia. Por otro, verá que, aunque no desarrollo la anécdota, tuve un encontronazo con un rabino -al que me negué a darle la razón- sobre la interpretación de una de las Leyes de las Tablas, la que dice «no matarás». No sólo eso, sino que, en mi opinión, la prohibición es extensiva a toda forma de violencia. Incluyendo la verbal. En esto, creo, no estoy muy lejos de lo que Jesús, ese valiente, dice y hace en los Evangelios. Él se interpone frente al violento -caso de la adúltera a punto de ser apedreada-, no es cobarde ni se arredra; pero responde «poniendo la otra mejilla» y con su eterno Amor al Prójimo frente a las ofensas. Ya sé que ustedes lo consideran mesías, y yo lo respeto; para mí, como poco, es un Hombre admirable y un ejemplo a seguir. Ojalá pudiera yo ser siempre así.

    Por lo demás, no olvido que Hitler persiguió también a cristianos, a homosexuales, a gitanos y, en general, a cualquiera que no comulgase con su totalitarismo genocida. No se trata de victimizarse, pero entenderán que después de seis millones de muertos, como mínimo, sintamos temor cuando oímos de nuevo resonar las ideas del nazismo. Más terrible aún es si esto es en un contexto supuestamente «cristiano»… Y yo me pregunto, ¿se puede ser cristiano y comulgar con leyes raciales, de exterminio, de intolerancia, crimen y asesinato? Es una pregunta que quisiera que hiciésemos resonar en nuestras conciencias.

    Quedo a su disposición, Bebel. Reciban, usted y los visitantes y administrador de esta página, un fuerte abrazo y shalom. Y que el amor de D’os y de Jesús entren en sus corazones.

  9. No cabe aquí más que reconocer que lo importante es la Verdad y que ella se oculta al que no la busca!!
    No nos vayamos por las ramas, en éste mundo lo que prima es el número, ése es el que tiene la » verdad»…y así va el mundo!!!!
    Dios tenga misericordia de nosotros…»..no lloreis por Mi…

  10. Llodrá-Llopis
    Un pensador francés y judío el, fallecido a fines del siglo XX , Raymonde Aron, definió en dos renglones la situación en que estamos el común de los humanos y dijo : «No hay razas, ni religiones, ni clases sociales, ni colores de piel, ni esto ni lo otro. Solamente una línea. De un lado de la línea estan los hombres de bien y del otro, los que no lo son».
    En todos los bandos hay dementes, sean rabinos, curas, imanes o lo que sea.El resto, millones de seres humanos, son fieles que sufren, que estan en este mundo buscando una razón, una luz, y muchas veces tan solo un gesto de amor.Porque una cosa le digo don Llodrá- Llopis, si Dios no es amor, NO LO NECESITAMOS. A partir de allí viene todo lo demás, y que el Señor sea compasivo con todos nosotros adonde quiera que estemos, adonde sea que hemos llegado.

  11. Yaveh Sebaoth, el Dios de Israel, Señor de los Ejércitos es un Dios de Justicia por eso me parece repugnante que algunos olviden que la Justicia sobre las cosas depende, en última instancia, de la verdad sobre las cosas y la verdad sobre las cosas depende de las garantías sobre los acusados. Depende de que la acusación no se va constituir, por si misma, en prueba. ¿Porque no llaman negacionistas a los historiadores que cuestionan que Napoleón fuera envenenado por los ingleses? ¿Cuestionan el honor del Gran Corso quienes sostienen que murió por causas naturales? Y suponiendo que el sostener que la causa de la muerte del emperador fuera natural ¿en qué afecta eso a su dignidad humana? Pues deje que se lo diga porque Razí Schlomo Ben Isaac en el siglo XIII sostuvo que el sujeto del IV Cantico del Siervo Sufriente de Yavéh Isaias 53 «Como Cordero llevado al matadero» se refiere a Israel como sujeto colectivo y no a Jesucristo. Y ustedes insiten en eso por la misma razón que Luzbel en su delirio narcisista pretendía igualarse a Dios. Pues sepan que no tendrán ni paz ni perdón porque la maldición vive en ustedes y se alimenta de ustedes. Han hecho algo peor que un paso falso, han tentado al Espíritu Santo. Han injuriado al Señor de la Vida y no han entendido que la única redención posible ante la desobediencia primera es el cumplimiento de las promesas de Genesis 3, 15, en un acto de obediencia suprema semejante a la desobediencia primera capaz de restaurar el vínculo entre el hombre y Dios. Ustedes sabran si Hitler era mucho, poco, o nada bueno. Ustedes lo financiaron porque los judios de Europa central hacía tiempo que habían dejado de sentirse judíos y «alguien» decidió jugar a ser Pinjas Num 25. Léa la obra de Anthony C. Sutton Wall Street and the Rise of Hitler, y entérese del papel del Mendelhson Bank de Amsterdam, como testaferro de la familia Warburg y otras en la financiación del gran Satán. Así, con un poco de suerte, le cae la cara a pedazos de vergüenza y pide perdón por haber hundido al mundo entero en el infierno para llevar a cabo sus proyectos. No tengo nada contra los judíos, por el hecho de ser judíos, pero tampoco aguanto la arrogancia ni la prepotencia de nadie, aunque sea judio. Que el Señor les bendiga y les de la luz que necesitan sus corazones.

  12. No disimulemos ni ofendamos a la verdad y al buen sentido crítico de las cosas.
    Primera rebatida : el holocausto de seis millones JAMÁS EXISTIÓ, es una vil mentira y los judíos (los encumbrados, por supuesto, la cúpula de Sión), se mofan de la inteligencia goim que propaga tamaña mentira. Eso lo sabemos PERFECTAMENTE quienes estamos aquí (salvo uno o dos despistados que pudiera haber); vaya, no se menciona más del asunto por considerarlo burdo e insultante a toda humana inteligencia y raciocinio.
    Segunda rebatida : yo no sé cómo se atreve alguno a hablar de racismo, cuando es justamente el pueblo judío el más racista, recalcitrante e intransigente en este punto.
    Y las demás rebatidas me las guardo para mi sayo : tanta es la indignación que me causa todo esto.

    Un último apunte : quienes hablan y denuestan la figura de Hitler, sepan que, muy lejos de ser lo que la MENTIROSA PRENSA HEBREA nos cuenta de él, hizo, sí, cosas terribles, porque vivió en tiempos de guerra (como también hicieron cosas terribles (¡y mucho, pero que mucho peores!) Stalin, Churchill y Roosevelt).
    ¿No me lo creen? : pregúnteles a los 22 millones (sí : 22 millones; y esto no ningún cuento, como la Shoa) de ucranianos sacrificados por Stalin. Pregunten por toda la multitud de gente (de : Polonia, Noruega, Bélgica, Francia, Inglaterra, Grecia y Yugoslavia) que fue sacrificada en aras del bolchevismo, para retardar (y debilitar) a las fuerzas germanas que iban enfiladas hacia Moscú. Pregunten por toda la inmensa multitud de pueblos eslavos que, acabada la gran conflagración bélica, fué inhumanamente despedazada por los comisarios judíos y sus esbirros : ¡cuánta destrucción! ¡cuánta asolación y desolación! ¡cuánta gente vilmente masacrada, cuantos templos destruidos! ¡cuántos sacerdotes horriblemente martirizados! ¡cuántas monjas terriblemente profanadas y ultrajadas en un delirante aquelarre demoniaco!
    Todas las tomas fotográficas (de programas documentales, montados por judíos ¡claro!) son obtenidas de lo que los mismos comunistas inferían a los católicos pueblos de la Eslavia y de otros lados. Lo que vemos allí no son judíos muertos de hambre, ni apilados cadáveres de hebreos, no : ¡son pilas de checoslovacos, polacos, yugoslavos, rusos, húngaros, germnaoorientales, que cayeron en las despiadadas garras de los perversísimos comunistas, mascota del feroz judaísmo!
    Pero lo hecho por Hitler fue muy bueno, pues intentó destruir a la diabólica creación judaica de dominio mundial llamada bolchevismo soviético, encarnada en el regimen de Josef Vissarovich David Nijeradse Chizhdov Djugashvili, judío (¡qué raro!), conocido como Satalin (apadrinado por Josef Davidovich Bronstein, judío (¡¡qué raro!!), conocido como Lev o León Trotski), sucesor de Vladimir Ulyanov, también judío (¡¡¡qué raro!!!), conocido como Lenin, que consumó el infernal ideal de Kiessel Mordechai, también judío (¡¡¡¡qué raro!!!!), conocido como Karl Marx. O sea pura podredumbre de lo lindo, señores.
    (Eso sin hablar de los otros «lindos judíos» : Kamenev, Litvinov, Zinoviev (de aquél lado : en la estepa rusa), y los Baruch, Morgenthau, Warburg, Frankfurter, Rosenman, Untermeyer y demás camarilla (de este lado : en los emporios de la cúpula de Wall Street y el gran mundo de las finanzas neoyorquinas)).

    ¡Fuera con los judíos que quieran seguirnos engatuzando! (hay judíos buenos claro, además de los que ya murieron … y además de los que pertenecieron al verdadero Pueblo Elegido del Antiguo Testamento) ¡Ya hemos sido bastante y suficientemente desangrados por todas sus inmundas sediciones y engaños!

    Y que conste : no hay ni una milésima de gramo de antisemitismo en lo que estoy escribiendo : es simplemente la pura y cristalina verdad (descarnada, lo sé, pero yo no escribí esta verdad : lo hicieron los judíos).

  13. Para mi Hitler fue un pedazo de salchichón imbécil que condujo a su pueblo al hambre y la muerte y que usando todo tipo de tretas lo único que quiso fue poder. Se la agarró con los sainos porque tenían guita y de paso los afanó. No creo que haya liquidado 6 millones, pero no tiene importancia, porque el accionar de los alemanes nos perjudicó a todos los humanos. Mussolini lo despreciaba y con razón. A mi me gusta un poco el fascismo, pero este payaso germano lo pudrió para siempre copiandolo mal del Duce, adosándole la parte racial, el que era un burro que no sabía ni como planear el asalto a un banco de pueblo. Raza, ¡¡ por favor!! raza de gorditos que adoran el oro, nada más. Que persiguieron a los católicos con su mugrosa religión pagana y si no me falla la memoria, hasta quiso imponer este tarado como fecha patria el alzamiento de Lutero (alguno con paciencia que lo indague). Los alemanes han dado mucho a la humanidad pero se equivocaron fiero cuando lo votaron y siguieron masivamente a este oligofrénico que se babeaba por los ingleses. Y no nos olvidemos que fueron los rusos los que vencieron en esa guerra, mal que nos pese. Para un tipo de esa calaña, si le hubiea convenido aliarse con los judíos para vencer a Europa no hubiera dudado un segundo ¿ o alguno piensa que este tardado tuvo algún ideal elevado ?
    Podía llegar alto ún icamente si se subía a una silla. Realmente es para reirse, ¡ un papelón sangirento te mandaste fuhrer !

  14. Dice el judío Rafael Judith Llodrá-Llopis: «que el amor de D’os y de Jesús entren en sus corazones». Pues yo le digo a él: ud. es un judío blasfemo. Nuestro Señor Jesucristo es Dios. De hecho es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
    Por otro lado, si quiere le acerco un banquito para esperar a su «mesías» (¡Cuidado con las sorpresas!).
    ¡Shalom un carajo! La paz que desean uds., los judíos, se asemeja a la paz de los cementerios…
    Pidamos a Dios por los pérfidos judíos para que se conviertan a la VERDAD.

    ¡Viva Cristo Rey!

    Tom.-

  15. ACM…

    Que tristeza da ver dentro de la Iglesia católica la infiltración judáica. Ya que no es posible que se juzgue a un obispo, por una declaración, además manipulada, en la cual se sestá tratando un hecho histórico que no tiene nada que ver con la escencia, o con los dogmas de la nuestra Iglesia.

    O será que el supuesto pueblo víctima del «HOLOCAUSTO» exige que la Iglesia y que la prensa mundial condenen a nuestro obispo por estas declaraciones??????

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