Si uno es católico y como individuo forma parte del ecosistema ¿se lo respetará, como sucede en paises como Irak y la India?

“Un desarrollo es sostenible si no daña el medio ambiente”

LA PAZ VERDE

Benedicto XVI añadió que el respeto a la naturaleza también está ligado a la construcción de una paz sólida. Presentó a san Francisco de Asís como ejemplo de “amor a la creación”. Y volvió a alentar al diálogo y la comprensión con el Islam.

El papa Benedicto XVI afirmó este miércoles en el Vaticano que un desarrollo sostenible sólo se logrará respetando la naturaleza y no dañando el ambiente.
El Pontífice hizo esta afirmación ante los fieles que asistieron en el Aula Pablo VI a la audiencia pública de los miércoles, cuya catequesis dedicó a la figura de Francisco de Asís y aseguró que el mensaje del santo es «muy actual ante los problemas del respeto del medio ambiente».

El obispo de Roma destacó el «amor por la creación» que mostró Francisco de Asís (1181-1226), que le inspiró su «Cántico de las criaturas».

«Sólo es sostenible un desarrollo que respete la creación y que no dañe el ambiente. En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año he subrayado que también la construcción de una paz sólida está ligada al respeto de la naturaleza. Francisco nos recuerda que en la creación se despliega la sabiduría y la benevolencia del Creador», manifestó el Papa.

Benedicto XVI aseguró que la naturaleza es un lenguaje «que nos habla de Dios».

BASTA DE MATAR CRISTIANOS INOCENTES

El Pontífice también recordó como san Francisco viajó en 1219 a Egipto para hablar con el sultán Melek-el-Kamel y para predicar el Evangelio, y señaló que en un época como aquella, marcada por un enfrentamiento entre el cristianismo y el Islam, «armado sólo con su fe y su templanza personal recorrió con eficacia el camino del diálogo».

«Es un modelo que también hoy debería inspirar las relaciones entre cristianos y musulmanes», añadió el Papa, que subrayó la necesidad de promover el diálogo «en la verdad, en el respeto recíproco y en la mutua comprensión».

Concluida la audiencia, el Papa saludó a los presentes en varios idiomas. En español tuvo palabras de afecto para los fieles llegados desde España, México y otros países latinoamericanos, a los que exhortó a seguir el ejemplo de Francisco de Asís «para que aumente la confianza en Dios y fomente un estilo de vida sobrio, sin apego a los bienes materiales».

Fuente: EFE

3 comentarios sobre “Si uno es católico y como individuo forma parte del ecosistema ¿se lo respetará, como sucede en paises como Irak y la India?

  1. Ratsinger es uno de los peones fundamentales del Nuevo Orden Mundial.

    En forma casi recurrente impulsa todos los temas que le son tan caros a la Sinarquía Internacional como el ecologismo y la Paz Mundial. Ya sabemos que engañosa es esta Paz y también el desarme que preconiza, en Caritas in Veritare pide que el Gran Sannedrin de la ONU tenga una fuerza armada, que por supuesto opondrá a las naciones desarmadas, para imponer su yugo.

    Y la verdad histórica nos dice que ese gran santo que Fue San Francisco de Asís no dialogó con el Sultán. El sultán solo se limitó a escucharlo pero no hubo el intercambio que supone el diálogo. Seguro se convenció que San Francisco era un hombre santo y por eso respetó su vida, ya que este déspota por mucho menos que lo que el Santo de Asís realizó, su intento de convertirlo al catolicismo, disponía a su antojo de la vida de los demás.

    Pero Ratsinger trata de forzar esta noble y valiente acción de San Francisco como un precedente del diálogo ecumenista. Desde el Cielo Francisco lo debe contemplar con una infinita tristeza y con no poca indignación, santa indignación por supuesto, porque ante las burdas y traicioneras mistificaciones hasta los mismos santos se sulfuran.

    Todas las acciones y dichos de Ratsinger tienen el copyright de los Hermanos Mayores, no es que sea un obsecuente servidor de ellos y de casualidad lleve un apellido ídem, es que él es un Hermano Mayor.

  2. AZUL, SOTANA BLANCA NO DICE LA VERDAD, COMO MUY BIEN SEÑALA EN SU ACERTADO COMENTARIO QUE HAGO MÍO. NO HUBO TAL DIÁLOGO DE SAN FRANCISCO CON EL SULTÁN Y PRETENDER ESE IMPOSIBLE ECUMENISMO DEL SANTO DE ASÍS ES FALSEAR LA VERDAD HISTÓRICA QUE LE IMPORTA UNA HIGA. UNA TAREA QUE SE LE DA MUY BIEN, POR CIERTO. ESTOY DE MADRE NATURALEZA Y DE MADRE TIERRA HASTA LA CORONILLA. EL DESARME QUE PRECONIZA EN ESA ENCÍCLICA QUE NO HAY POR DONDE AGARRARLA ES SENCILLAMENTE ES EL DE ARMAR A LOS LOBOS Y DEJAR INDEFENSAS A LAS OVEJAS.

  3. La también llamada Primera Regla, dice: «Por eso, todo hermano que quiera ir entre sarracenos y otros infieles, vaya con la licencia de su ministro y siervo… Y los hermanos que van, pueden vivir espiritualmente entre ellos de dos modos. Uno es, que no promuevan disputas ni controversias, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios y confiesen que son cristianos. El otro es, que, cuando vean que agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios… (Rnb 16, 3. 5-7, en San Francisco de Asís. Escritos. Biografías… p.10»

    «San Francisco partió llevando consigo un compañero que se llamaba Iluminado y era de verdad iluminado y virtuoso. Apenas emprendieron el camino, encontraron dos pequeñas ovejas y el Santo se alegró y dijo al compañero: «Ten confianza en el Señor (Si 11,22), hermano, porque se está realizando en nosotros aquella palabra del Evangelio: “Os mando como corderos en medio de lobos”».

    Avanzaron un poco y se toparon con los centinelas sarracenos, quienes, lanzándose como lobos contra las ovejas, capturaron a los siervos de Dios y, amenazándoles de muerte, les maltrataron cruel y despectivamente, les cubrieron de insultos y de golpes y les encadenaron. Finalmente, después de haberles maltratado y ultrajado de mil formas, por disposición de la divina providencia, les llevaron ante el sultán, como el hombre de Dios quería. El príncipe comenzó a indagar de parte de quién, con qué fin y a título de qué habían sido enviados y cómo habían llegado hasta allí. Francisco, el siervo de Dios, respondió con corazón intrépido que no había sido enviado por los hombres sino por Dios Altísimo, para mostrarle a él y a su pueblo el camino de la salvación y anunciar el Evangelio de la verdad.

    Y predicó al sultán el Dios uno y trino y el Salvador de todos, Jesucristo, con tanto coraje, con fuerza y fervor de espíritu, que logró mostrar luminosamente que se estaba realizando con plena verdad la promesa del Evangelio: «Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro» (Lc 21,15).

    El propio sultán, viendo el admirable fervor de espíritu y la virtud del hombre de Dios, lo escuchó gustoso y le pedía vivamente que se quedara junto a él. Pero el siervo de Dios, iluminado por un oráculo del cielo, le dijo: «Si tú con tu pueblo quieres convertirte a Cristo, me quedaré muy a gusto con vosotros. En cambio, si te resistes a abandonar la ley de Mahoma por la fe de Cristo, ordena que enciendan un fuego lo más grande posible y yo, con tus sacerdotes, entraré en el fuego y así, al menos, podrás saber con conocimiento de causa cuál fe debe ser tenida por más cierta o más santa». Pero el sultán le respondió: «No creo que ninguno de mis sacerdotes tenga ganas de exponerse al fuego o de afrontar la tortura para defender su fe» (de hecho, había visto desaparecer inmediatamente ante sus ojos a uno de sus sacerdotes, famoso y de edad avanzada, en cuanto había oído los términos del desafío).

    Y el Santo prosiguió: «Si me prometes, en tu nombre y el de tu pueblo, que os pasaréis a la religión de Cristo si yo salgo ileso del fuego, entraré en el fuego solo. Si me quemo, venga ello imputado a mis pecados; en cambio, si la potencia divina me hace salir sano y salvo, reconoceréis a Cristo, potencia y sabiduría de Dios, como el verdadero Dios y señor, salvador de todos» (1Cor 1,24, Jn 17,3 y 4,42).

    Pero el sultán le respondió que no osaba aceptar este desafío por temor a una revuelta popular. Sin embargo, le ofreció muchos regalos preciosos; pero el hombre de Dios, ávido no de cosas mundanas sino de la salvación de las almas, los despreció todos como fango.

    Viendo cuán perfectamente el Santo despreciaba las cosas del mundo, el sultán quedó admirado y concibió hacia él una devoción cada vez mayor. Y, ya que no quería pasarse a la fe cristiana, o tal vez no se atrevía, rogó devotamente al siervo de Dios que aceptara aquellos dones para distribuirlos entre los cristianos pobres y las iglesias, para la salvación de su alma. Pero el Santo, dado que quería permanecer libre del peso del dinero y al no ver en el ánimo del sultán la raíz de la verdadera piedad, no quiso aceptar de ninguna manera.»

Los comentarios están cerrados.