¿CUÁNDO COMIENZA
LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS?
En una oportunidad, una madre que llevaba a su hijito de la mano preguntó a San Pío X: “¿Cuándo comienza la educación de los hijos?” El santo pontífice preguntó a su vez: “¿Cuántos años tiene su hijo?” “Cuatro”, respondió la madre… y escuchó como respuesta: “Usted ha perdido ya cuatro años”.
Si bien la especial solicitud del ser humano por sus hijos en la primera etapa de su existencia radica en el entendimiento y en la voluntad de los padres y no afecta directamente las facultades del niño, sin embargo, debemos afirmar que la actividad educativa comienza antes del nacimiento, desde el momento mismo en que la madre percibe la presencia de una nueva vida en su seno.
Es cierto que en esa primera etapa de la vida debe atenderse especialmente a las necesidades propias de la subsistencia y del desarrollo del cuerpo del niño; es verdad que sólo más tarde llega el momento de ocuparse de las necesidades educativas propiamente dichas: la formación del entendimiento y de la voluntad.
Pero, ocuparse de las exigencias físicas de la prole es asentar las condiciones que hacen posible el desarrollo del espíritu.
La educación, en el sentido de instrucción, comienza cuando el niño llega a los años de la discreción, es decir, aquella edad en que puede distinguir, por medio del raciocinio, entre lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo.
Santo Tomás nos habla de un desarrollo gradual de la razón a lo largo de los tres primeros septenios: “el primero es el que existe cuando el hombre ni entiende por sí mismo ni puede comprender por medio de otro. El segundo es el estado en el que puede comprender por medio de otro, pero en el que no se basta a sí mismo para entender y comprender. El tercero es el que se da cuando el hombre no sólo puede comprender por medio de otro, sino también por sí mismo. Y como quiera que la razón se desarrolla en el hombre de un modo gradual, conforme se halla el dinamismo y la flexibilidad de los humores, el hombre se halla en el primer estado de la razón antes de cumplir los siete primeros años. Comienza, en cambio, a llegar al segundo estado al final del primer septenio, y de ahí que sea entonces cuando se mandan los niños a las escuelas. Y al tercer estado llega el hombre hacia el final del segundo septenio, en lo que atañe a su propia persona; pero en lo referente a lo que le es externo, al final del septenio tercero”.
Para Santo Tomás, el uso de la razón está impedido, durante más o menos tiempo, por factores fisiológicos. Por esta razón, el cuidado físico del niño en los primeros años no es simplemente previo, sino también preparatorio de la formación intelectual y moral.
¿CUÁNDO TERMINA LA EDUCACIÓN?
Hemos hablado ya del comienzo de la educación y de las diversas etapas de la misma. Cabe hablar ahora, aunque más no sea brevemente, del término de la educación: ¿cuándo concluye la actividad educativa?
Podría pensarse que el cuidado de los padres no se extiende más allá de la edad infantil de los hijos. Sin embargo, Santo Tomás afirma lo contrario. Por ejemplo, hablando de la indisolubilidad del matrimonio, dice: “el matrimonio, por intención de la naturaleza, está ordenado a la educación de la prole, no sólo por algún tiempo, sino por toda la vida de la prole. De ahí que sea de ley natural que los padres atesoren para los hijos y que éstos sean herederos de aquellos; y, por lo tanto, ya que la prole es un bien común del marido y su mujer, es necesario, según dictamen de la ley natural, que la sociedad de éstos permanezca perpetuamente indivisa; y de este modo es de ley natural la inseparabilidad del matrimonio”.
La duración de la actividad educativa por toda la vida funda nada menos que la indisolubilidad del matrimonio; dicho de otro modo, la indisolubilidad matrimonial es de ley natural porque el matrimonio se halla naturalmente ordenado a la educación de la prole durante toda la vida de la misma.
Porque esto es así y no de otro modo, mientras los padres viven deben tener solicitud respecto de sus hijos, y éstos deben guardar reverencia para con sus padres. Dice Santo Tomás: “a ningún género además del hombre dio otra solicitud en todo tiempo respecto de los hijos, ni reverencia respecto de los padres; por el contrario, a los demás animales, más o menos tiempo, según sean más o menos necesarios, bien los hijos a los padres, bien los padres a los hijos”.
La educación es una forma de cuidado paterna respecto de los hijos, y no está limitada sino por los términos accidentales de la vida de los padres y la de los hijos.
Evidentemente, el término educación se toma en su acepción más fuerte cuando la actividad correspondiente se aplica hasta la edad perfecta; una vez alcanzada la misma, la educación es algo que conviene seguir dando al hijo, pero sólo en la forma y en la medida en que éste la necesita, que es, especialmente, a través del ejemplo y del consejo.
P. Juan Carlos Ceriani
Tomado del Blog Signum Magnum


En el momento de la CONCEPCIÓN en el SENO MATERNO.
«20 años antes, con la educación de la madre»…
G. Courtois
Logan ¿No empezaba en el año uno? No!! perdón esto era de otro post. Perdón
En realidad pienso que la educación de un niño comienza en la preparación de los padres, no sólo de su mamá como señala Logan ya que son dos quienes engendran un hijo. Y no digo «en la educación» de los padres ya que esa es una palabra muy amplia y hay padres excelentes que no han alcanzado niveles de educacion altos. Para mi la educación del niño se basa en el amor, primero de la pareja en matrimonio y luego desde la gestación hasta siempre. Ese amor de los padres hará que se desarrollen las facultades intelectuales, morales y afectivas del niño de manera sana y fructífera. Con los años, hasta los recuerdos de las enseñanzas de nuestros padres nos sirven. Algunos los tenemos adquiridos y otros, son las circunstancias que nos toca vivir las que nos traen a la memoria esa enseñanza justa y adecuada para ese momento particular.
“Ave Maria Purissima”
– Sine Labe originali concepta –
Sr. Director, caros Cristianos en la unica y verdadera Fé, saludos en los sagrados corazones de Nuestro Señor JesuCristo, y la Santisima Virgen Maria
… y SIGUE cLelita con su romanticismo moderneado de tercera.
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No Lelita, No hay VERDAD para mi o para TI, La verdad es, y es independientemente de que te o me guste o te disguste, Un ideal educativo, es precisamente como bien señala LOGAN, (Salute), con la preparacion del educados, sin embargo, no debemos perdernos en que la idea concreta, no se limita al ámbito humano, ni con sus humanos parámetros, a contraio sensu, cuando el padre o educados aunque cuente con una Humana erudicion si no cuenta con la Gracia Divina, dificlmente lograra educar bien, en contra parte, aunque sea un Hombre el educando, y MAL EDUCADO, en el mismo momento en que se encuentra con la Gracia, Se REEDUCARA a sí mismo.
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Ergo, La educación comienza con la gracia, la propia y en consecuencia la de la prole, y termina con la muerte del educador.
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SEA PARA GLORIA DE DIOS
Chelita
¿No sabes leer?, no lo digo yo, lo dice el Abad Gaston Courtois, un famosísimo experto en formación y educación de voluntades.
Si no estás de acuerdo con el Abad Courtois, dilo así, pero no te me avalances a tontas y a locas, como si hubiera dicho una tontería de las que acostumbras.
Adeus
Chelita, otra cosa:
Además de tus limitaciones aritméticas, también presentas limitaciones de comprensión de textos. Hay cursos para parbulitos muy entretenidos que comienzan con algunos cuentos sobre un lobo y una niñita. ¿Lo conoces?.
Como dijo Terminator, hasta la vista baby…
Logan, usted seguro los está haciendo (Cursos de párvulos) y respecto a lo tratado en el post, sostengo que la educación comienza en la preparación de los futuros padres, no de la mujer sola o del hombre sólo. Eso los hace familia y negarlo no sólo es una necedad sino también es negar a la familia. Imagen clara la tenemos en José y María que fueron ambos visitados por un ángel y ambos preparados para recibir al Niño.
«LOS PADRES no tienen derecho, en una materia que puede tener repercusiones tan serias, a dejar que esta educación se haga «a la buena de Dios», y con frecuencia, «a la gran desgracia» de los niños, que tanta necesidad tienen de ser instruidos afectuosamente, guiados, ayudados por AQUELLOS que tienen el derecho de decirlo todo, y de quien ellos tienen la obligación de oírlo todo.»
¿Qué tal si el padre no está preparado o educado para vivir la castidad?
Y dale Graciela,
Al menos ya no te autodenigras con ese mote de «Chelita»…
Que no fui yo quien lo dijo, fue Gastón Courtois, y conste que él sí es una autoridad de la materia. Y dices que no eres necia…
Pero además, la formación de la madre es la esencial para formar el corazón del niño. Por ello la Beata Aleth de Montbar reclamaba con fuerza su espacio a la hora de la formación de sus hijos: San Bernardo y sus 6 hermanos, todos Beatificados, y Aleth no permitía que incluso su esposo Tescelín de Fontaines interviniera demasiado hasta que todos llegaron a la adolescencia.
No obstante, la formación del padre es importante para aspectos relacionados a la mente, especialmente en cuestions civiles, del servicio y de amor al trabajo.
Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum
Logan, Logan, lo que yo le puse también lo dijo Gastón Courtois en su Educación para la castidad. Nada que ver con trabajo, servicio, ni cuestiones civiles. Simplemente sexo. Castidad que tanto hace falta en estos días. Veo que no lo has leído en su totalidad. Eres lamentable amigo. Sigues con una cháchara vacía. Ilústrate y no denigres a los demás.
Graciela,
No se contradice lo que dices, con lo que afirmo, por eso no me recrimines a mí, ni a Courtois.
Precisamente la educación de la Moral, que incluye el legítimo vínculo conyugal – a lo que tú llamas sexo-, es potestad de los padres de familia, con su ejemplo y de la madre, especialmente, como maestra de virtud y en su ausencia, del padre o los padrinos; pero especialmente de la madre, como lo explica bien la obra El Verdadero Católico de Pedro Sambrador (Don Germán Herrasti) en su apartado: La Guardiana de la Fe, la Misión Educadora de la Madre.
Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum
Logan, creo que se escapa por la tangente ya que el ejemplo que da Gastón Courtois es sumamente claro y le aseguro que también sirve para los padres que ahora tanto abundan y que no están casados. Se refiere al ejercicio de la paternidad no al vínculo matrimonial, al sexo como yo lo llamo y que no debe asustar a nadie ya que está dirigido a formar en la virtud de la castidad a los hijos. Este es un deber-derecho de ambos padres, y para ello se deben haber preparado los dos, no solamente uno. Con la mamá no alcanza, sería una enseñanza renga que sólo hará que ese niño se golpee. Insiste que se debe explicar claramente para que no haya dudas ni errores ni temores. Aclaro que un legítimo vínculo conyugal como usted dice no es sexo, ya que puede prescindir de él.
Logan, no de tantas vueltas y mire la estampa que figura en este post. La de la izquierda. Son tres ¿verdad? Está todo dicho.
Graciela,
Le daré la razón a la ventaja que podrá acarrear la colaboración del padre y de la madre juntos en este tema. ¿De acuerdo?.
Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum