¡Maldición al perro mudo! ¡Es un mal perro!
¡Maldición al pastor que hace callar a su perro con un golpe de pie! ¡Es un mal pastor!
Empecé leyendo esta carta con cierta abulia. De a poco me fue entusiasmando hasta llegar a sentirme identificado con el autor. No le conozco. Jamás oí hablar de él, o de su publicación. De seguro a él le pasa lo mismo. Sin embargo leerlo ha sido como encontrar un brazo amigo en el que apoyarse. Por su indudable experiencia, por sus inigualables vivencias en el combate por la Tradición.
Ruego porque a usted que lo lee le ocurra lo mismo.
Desde nuestro último rincón, como pecadores, y como recién llegados al combate, levantó en quienes hacemos Radio Cristiandad, nuevamente, nuestra alicaída llama…
Y me dí cuenta que no era cuestión de «ponerse de acuerdo». Todo era cuestión de escuchar el sensus fidei que, como regalo inmerecido, Nuestro Capitán nos ha regalado.
Fabián Vázquez
CARTA A UN AMIGO PREOCUPADO
por Adrien Loubier (Bonnet de Viller,
director de la revista francesa SOUS LA BANNIÈRE.
No 145, de septiembre-octubre de 2009)
Muy Sr. mío:
Gracias por su carta del 21 de agosto, a la cual debo una respuesta, especialmente debido al aprecio que le tengo.
Usted no comparte mis críticas hacia la política actual de Monseñor Fellay. Esencialmente, en su carta usted me dice: “que cada uno permanezca en su lugar; yo en el mío, usted en el suyo; Monseñor Fellay en el suyo”.
Esta observación sería quizá justa y oportuna en una Iglesia en orden, y en una sociedad en orden. Pero en la confusión generalizada dónde vivimos, cuando por todas partes los cuadros se fisuran y se hunden, ¡incluso los simples fieles, los “minores”, así designados por Santo Tomás, es decir, usted y yo, tienen el derecho y el deber de levantarse y de combatir para defender la Fe, la propia y la de los otros!
¡Incluso es necesario hasta relativizar el concepto de Iglesia en orden, y de “cada uno en su lugar” sobre la cual usted se basa!
Así, por ejemplo: ¿estaba en orden la Iglesia en el año 428, cuando el patriarca de Constantinopla, desde la cumbre de la cátedra de su catedral, se atrevió a decir que María no era la Madre de Dios? ¿Y cuando, del medio de la asamblea, un simple laico por nombre Eusebio se levantó para protestar, afirmar su fe, y lanzar el anatema a la cara de su arzobispo?
¡Fue un gran escándalo! ¡¿“Que cada uno permanezca en su lugar”?!
Fue necesario un Concilio, el de Éfeso, para solucionar la crisis, dando razón al simple laico Eusebio, y condenando el patriarca Nestorio y su herejía.
Yo cité recientemente un antiguo editorial de Jean Ousset, durante las memorias que publico actualmente en Sous la Bannière. Su título era: “Desorden en la Iglesia o el misterio de la Cruz » Jean Ousset ponía de manifiesto, en efecto, que este desorden existió siempre, y que ilustra la Historia de la Iglesia. Podrá leerlo en el Nº 116 de Sous la Bannière.
“Que cada uno permanezca en su lugar” ¿Lo hubiese usted dicho a la pequeña pastora, simple laica, que levantaba su dedo sobre el obispo Cauchon para lanzarle a la cara: ¡“Obispo es por ti que yo muero»!?
¿Quién estaba en “su lugar” en aquel tiempo en que hubo dos papas (e incluso tres en un momento), uno de los cuales era defendido por San Vicente Ferrer, mientras que el otro, que era el verdadero, era defendido por una simple laica, llamada Catalina de Siena?
¿Quién estaba en “su lugar” cuando la Universidad de París hacía condenar a Juana, y convocaba un concilio que se llamó el “fraude de Basilea”?
¡He aquí ya más de un medio siglo que un clero progresista busca hacernos callar con este mismo argumento: “permanecer en su lugar”!
¡Pero estamos en nuestro lugar!, con el deber imperioso de defender nuestra Fe y de esclarecer a los que nos escuchan.
Usted añade razones aparentes como estas:
“No me agradan aquellos que, no teniendo la responsabilidad de un cargo, son pródigos en críticas y en consejos, sobre todo cuando se expresan con tal seguridad de tener razón”
“La responsabilidad de un cargo” ¿hace imposible el error? ¿Prohíbe las críticas y los consejos que pueden serle útiles?
En 1959, hace medio siglo, los jesuitas teilhardianos de mi escuela de Artes y Oficios me hablaban ya así. ¡Todos han abandonado los hábitos y depuesto su “cargo” en las ortigas!
Era así que hablaban nuestros párrocos y nuestros obispos a nuestros amigos de la Ciudad Católica, porque no teníamos “mandatos” para defender la doctrina de Cristo Rey. ¡Mientras que la Acción Católica era atiborrada de mandatos y de capellanías, y preparaba alegremente el Concilio!
Y en el entusiasmo de mi juventud militante, me acuerdo un día haber dicho a mi padre, antiguo militante de la Acción Francesa: “¡Estamos con el Papa (era Pío XII), y estamos seguros de tener razón!”
Oigo aún su respuesta: “Mi muchacho, ya lo verás; ¡tú también serás excomulgado!”
¡Era la víspera del Concilio! ¡Mi digno padre tenía razón! ¡Que Dios tenga su alma! Él también había luchado toda su vida contra las traiciones del clero. ¡Y tuve que hacer como él desde hace medio siglo!
Después de haber confiado en la obra de Chabeuil, vi, consternado, su adhesión y su traición desde 1962. ¡Y debí luchar y combatir contra ellos para guardar mi Fe y mi fidelidad a Cristo Rey!
Luego, vi la deriva del Office, de Jean Ousset, traicionando nuestra confianza, cayendo en el “sociabilismo” y rechazando el combate por la Misa. ¡Y debí luchar y combatir contra él para guardar mi Fe y mi fidelidad a Cristo Rey!
Luego vi a Dom Augustin, portador de muchas experiencias, construyendo un gigantesco monasterio con los millones de los fieles, y terminando con la nueva misa “bastarda” por el honor de una mitra y de un báculo. ¡Y debí combatir contra él por mi Fe y mi fidelidad a Cristo Rey!
Luego vi a Dom Gérard, portador también de nuestras esperanzas, comprando y construyendo también un gran monasterio con los millones de nuestros fieles, que pobló de 80 monjes tomados de nuestras familias; y él también suscribiendo a la Iglesia Conciliar por el honor de un báculo y de una mitra. ¡Y debí combatir contra él por mi Fe y mi fidelidad a Cristo Rey!
Oí un día el sermón de una primera Misa de un sacerdote de Ecône, que exhortaba a no escuchar las posibles críticas de los laicos, que no tenían el derecho a decirle nada porque no tenían “la responsabilidad de un cargo”. ¡Sólo debían obedecer! Y vi a este joven sacerdote suscribir a la Iglesia Conciliar, y celebrando a continuación la nueva misa en una iglesia de Lyon. ¡Y debí combatir contra él por mi Fe y mi fidelidad a Cristo Rey!
Luego vi al Padre de Blignière, gran antiliberal, fundar un monasterio de dominicos, él también portador de numerosas esperanzas, para suscribir finalmente al Concilio y a la nueva misa. ¡Y debí combatir contra él por mi Fe y mi fidelidad a Cristo Rey!
Conocí de cerca al Padre Lucien, tránsfuga de Ecône, gran antiliberal, que, después de sus cuadernos de Cassissiacum, él también se reinstaló en la Iglesia Conciliar para decir la nueva misa.
Conocí el Padre Laguerie y su adhesión conciliar de Burdeos. Oí el sermón del Padre Fernando Rifan en Montmartre, y asistí consternado a su adhesión al Concilio con báculo y mitra en Sudamérica. Fui amigo del Padre Aulagnier, superior del distrito de Francia; y lo veo unido a la Iglesia Conciliar como tantos otros.
¡Etc.!
¡Y debo combatirlos para conservar mi Fe y mi fidelidad a Cristo Rey! ¡Mi Fe! ¡Y la de algunos otros, si Dios quiere!
Y he aquí que veo ahora a Monseñor Fellay, que tiene “la responsabilidad de un cargo”; la de la fidelidad de la FSSPX, en la cual hemos puesto nuestra confianza y nuestras esperanzas; ¡lo veo tener varios discursos divergentes y a veces contradictorios!
Un discurso que parece firme, delante de sus sacerdotes, de los cuales muchos temen como nosotros el comienzo de una adhesión; ¡y afirmarnos que no hay nada de eso!
Luego otro discurso delante de los medios de comunicación, donde va hasta a desear una “prelatura” en la Iglesia Conciliar y ecuménica; de la cual, el Presidente del panteón de Asís ¡era señalado en el primer discurso como un “perfecto liberal”, y por otros obispos como “modernista”!
Y en cuanto al tercer discurso, el de los tratos secretos, no podemos sino conjeturarlo viendo en La Porte Latine, la sonrisa feliz del mismo Monseñor Fellay, ¡apretando la mano del Presidente del panteón ecuménico, liberal y modernista, que no le hace incluso el honor de mirarlo! Y sabemos, por su propia confesión y por los hechos, ¡que estos tratos secretos ya vienen desde años!
¿Cómo tener confianza ciega?
¿Porque Monseñor Fellay tiene un “cargo”? Pero eso no garantiza nada, ¡cuando se sabe que todos los que traicionaron hasta este día tenían también un “cargo”!
¿Porque “debo permanecer en mi lugar”? ¿Porque este lugar es humilde? ¿Como el del perro que siente al lobo acercarse a la majada? ¿Debería, pues, dejar de ladrar para poner en guardia al pastor?
¡Maldición al perro mudo! ¡Es un mal perro! ¡Maldición al pastor que hace callar a su perro con un golpe de pie! ¡Es un mal pastor!
Tuve antes el honor de estar cerca de Monseñor Lefebvre. En las reuniones de los fundadores de asociaciones San Pío X, donde me encontraba; en los sermones ante multitudes; delante de los medios de comunicación, donde me encontraba como periodista en la abominable fauna que llenaba la sala de conferencias de Ecône. Y puedo dar prueba ante Dios que no he oído nunca de su boca sino un sólo y único discurso, coherente, firme, claro, sin ambigüedad ni contradicción.
Una única vez, en Roma, estuvo a punto de ser engañado por el pérfido Ratzinger, el 5 de mayo de 1988. Pero no le hizo falta sino una noche de rezos para recobrarse, rasgar el papel cuya firma le habían arrancado la víspera, y enfrentar la excomunión, consagrando a cuatro obispos para salvar los sacramentos y salvar su obra.
Y esta obra hoy es sacudida por tratativas secretas que concluyen en señuelos y trampas, como el Motu proprio y el levantamiento de las excomuniones.
Un Motu proprio que consagra la nueva misa bastarda como norma, y que sólo da a la verdadera Misa una autorización, de la que no tenemos necesidad desde el indulto a perpetuidad con que la cubrió San Pío V, ¡relegándola en “lo extraordinario” del almacén de las viejas lunas reservado a “minorías” de nostálgicos en curso de desaparición!
¡Y esta terrible derrota es celebrada por un Te Deum, como fruto de millones de Rosarios!
Un “levantamiento de las excomuniones” que no hace más que confirmar la validez pretendida de dichas excomuniones, ¡conservada sobre los obispos fieles, Monseñor Lefebvre y Monseñor de Castro Meyer! Y que deja a los cuatro obispos actuales y a sus sacerdotes en “el ejercicio ilegítimo de sus Ministerios”, ¡tal como Benedicto XVI lo precisa en su último Motu proprio del 8 de julio de 2009!
¡Pero este último acto, Ecclesiae Unitatem, tiene al menos el mérito de ser claro! ¿No sería la verdadera respuesta de la Santísima Virgen a los millones de Rosarios pedidos para intenciones engañosas?
Ya que me confirma que las Misas celebradas por los sacerdotes de la Fraternidad a las cuales asisto, y que los Sacramentos, fuentes de vida, que allí recibo, son aún legítimos ante Dios, puesto que la Iglesia Conciliar los considera aún ahora como excluidos de su legitimidad.
Al menos mientras los “debates doctrinales” no hayan conseguido enrollar en la harina a los imprudentes que quieren cenar con el diablo, ¡y cuyas cucharas parecen bien cortas!
Sucede con el combate de la Tradición de la hora presente como con la guerra revolucionaria en los Aurés o en las calles de Argel, o en Afganistán.
El tiempo de las cargas de infantería a la bayoneta contra el cañón, o de las cargas de caballería sable en mano, en fila y codo a codo, es pasado.
El enemigo está ahora por todas partes. Y se infiltró en casa para tirarnos por la espalda.
¿Cada uno en su lugar?
Si la disciplina de un submarino prohíbe toda iniciativa, y el marinero de segunda clase que comprueba un fallo, mecánico u otro, de los órganos vitales, no dice nada para evitarse problemas… ¡significa que la orden es mala! ¡Y el barco se hundirá, quizá!
En los Aurés, un coronel dio la orden de cesar el fuego. Pero el soldado de segunda clase, que conoce al enemigo, descubrió el arbusto donde se oculta. ¿Pedir permiso? ¿Esperar las instrucciones? Será demasiado tarde, y el enemigo habrá huido. Mi soldado descargó su ráfaga de FM y mató al enemigo. ¡Y el coronel le puso en prisión por haber tirado sin permiso!
Cada uno en su lugar, ¡¿no es cierto?!
¡Es tanto más difícil en el combate de la Tradición, cuando los topos están por todas partes, cuando el enemigo actúa por influencias cuidadosamente disimuladas, y que los que tienen, o creen tener, una autoridad son más celosos que nunca de los “cargos”, de los que se creen revestidos! ¡Y cuando los topos están tapiando sus orejas para desviarlos cuidadosamente de los que podrían esclarecerlos sobre el verdadero enemigo!
Entonces, “los grandes taimados”, que se creen revestidos de sus cargos, ¡consagran sus esfuerzos en hacer callar al mecánico del barco que vio la paja en el engranaje; o a poner en prisión al tirador de FM que supo descubrir la guarida del enemigo!
¡Y es la caza de brujas!, a la cual los pocos “clarividentes” que aún quedan asisten impotentes en la hora actual en la Fraternidad.
Se va incluso hasta a organizar “comandos” para venir in situ a calumniar e increpar a los combatientes de la primera hora, y aplicar increíbles métodos para destruir una de las primeras capillas de San Pío X fundada en 1970, y visitada y bendecida varias veces por el mismo Monseñor Lefebvre.
Y si es necesario, se abandonan los escuadrones de un convento, a cuyo superior se deshonora por increíbles calumnias… degradando al mismo tiempo y teniendo encarcelado a un monje culpable de hablar demasiado contra la adhesión en curso.
Y se expulsan de la Fraternidad a sacerdotes que hablan demasiado claramente de los actuales compromisos.
Y se hace reinar una especie de terrorismo para amordazar toda resistencia y toda crítica sobre el diálogo con la Iglesia Conciliar, cuyas conclusiones corren el riesgo de resultar catastróficas.
Estimado señor, perdóneme esta carta un poco larga, que habrán tenido, espero, la paciencia de leer.
Pero me sentía en el deber de escribirla para dar cuenta de mi posición, y esclarecer, quizá, a algunos lectores sobre la gravedad de la situación actual y sobre los engranajes y las trampas que se nos tienden para hacernos bajar los brazos en la defensa de la Fe, contra las herejías del Vaticano II, las apostasías del ecumenismo, y en la fidelidad a Cristo Rey.
Publicaré esta carta, por supuesto sin mencionar a mi interlocutor, como hacía antes Jean Ousset en Verbo o en Permanencias.
Y espero que no se enoje conmigo.
Le reitero mi aprecio fiel, y mi unión de oraciones por la obra de Monseñor Lefebvre.
In Christo Rege

Al final, parece que este pobre cristiano aún no acierta a la diana, lo traicionan por todos lados y aún piensa que rescatar la Fraternidad es rescatar a la Iglesia.
Asimismo cree que la única sucesión apostólica legítima estaba en manos de Monseñor Lefebvre y Castro Mayer….
En fin…